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sábado, 28 de marzo de 2009

¿Este es el futuro de Costa Rica?


Una vez más, los llamados a ser los futuros tomadores de decisiones a nivel nacional, los futuros representantes y profesionales de Costa Rica hacen de las suyas, pisoteando las esperanzas de aquellos que deseamos un lugar más próspero donde vivir. Resulta que este viernes, estudiantes de la Universidad Nacional, de la Universidad de Costa Rica y de algunos colegios de secundaria, bloquearon el paso en la salida a Heredia y en la Fuente de la Hispanidad, protestando contra la supuesta reducción del presupuesto educativo, aunque al final terminaron bramando contra el TLC, el calentamiento global y hasta el papel de la prensa mexicana de cara al esperado partido entre aztecas y costarricenses.

Estos jóvenes, que en lugar de estar estudiando, asistiendo a clases, leyendo o trabajando, despilfarran los recursos de los tax payers en manifestaciones callejeras, generando gran caos vial y afectando el derecho al libre tránsito de las demás personas, que perdieron compromisos o tuvieron afectaciones directas en sus vidas. Estas personas no han comprendido que su libertad de expresión es tal en tanto y en cuanto no vaya aparejada de la violación de las libertades de otras personas. Perfectamente pueden bailar, cantar, brincar, gritar, en donde sea, pero no pueden limitar el paso de las personas.

¿Dónde quedó la Policía? Evidentemente faltó su presencia y el cumplimiento de la garantía del respeto a los derechos de los ciudadanos. A nuestros gobernantes le tiembla el pulso cuando de hacer valer los derechos consagrados en la Constitución se trata. Por eso, en ASOJOD no podemos dejar escapar esta oportunidad para criticar con dureza tanto a esos holgazanes que, sin el más mínimo reparo, pretenden conseguir las cosas por la fuerza, por las tácticas de amedrentamiento y por el atropello de nuestros derechos individuales, como a las ineficientes y torpes autoridades que no pueden hacer valer las normas.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La universidad en latinoamericana


En América Latina existen universidades con casi 500 años de antigüedad; sin embargo, no figuran entre las mejores del mundo, con excepción de la Universidad Autónoma de México. Por otro lado, en muy contadas ocasiones en ellas se han hecho descubrimientos trascendentales y ocupamos uno de los últimos lugares en cuanto a patentar innovaciones tecnológicas.

Eso sí, estas universidades han sido plataformas de subversión marxista y continúan con tan extravagante obsesión en este siglo XXI, en violento contraste con lo que sucedió en el mundo desarrollado, donde durante los años 60 y 70 se presentaron rebeliones contra el orden establecido que muy pronto pasaron de moda porque se comprendió que era necesario llevar a cabo reformas pero conservando el espíritu académico que se caracteriza por ser riguroso, creativo y libre por encima de cualquier otra consideración.

En nuestros países, desde entonces, profesores y alumnos quedaron atrapados en la viscosa telaraña de la izquierda primitiva y sustituyeron la búsqueda de la verdad por los dogmas y mitos que magistralmente describió Volpi en “El fin de la locura”; cuando la Unión Soviética colapsó, crearon nuevos fantasmas para espantar a los ingenuos, se acantonaron en sitios estratégicos como los colegios de enseñanza secundaria e instituciones públicas neurálgicas, y se aliaron con el grupúsculo de sacerdotes católicos que se convirtieron a la trasnochada “teología de la liberación” con el propósito de confundir la mente de los jóvenes y boicotear el avance del país.

Como las naciones industrializadas no tomaron en serio estos movimientos y sus locuras se consideraron equivalentes a un sarampión, continuaron formando profesionales competentes para liderar un progreso sostenido de sus poblaciones; en cambio, en las menos desarrolladas, sus universidades se dedicaron, en gran medida, a preparar líderes para oponerse a la prosperidad de los ciudadanos con lo cual solo consiguieron que la brecha entre unos países y otros se hiciera aún más grande.

El camino equivocado. A pesar de tener costosas universidades durante tantos años y cerca de 500 millones de habitantes, América Latina contribuye con menos del 1% a la masa crítica del conocimiento universal. ¿ Por qué?

Porque sus centros de estudios superiores y los sindicatos del sector público, generaron en todos estos años una gran cantidad de ideas, pero ideas equivocadas. Por ejemplo, creyeron que nuestros socios comerciales eran unos filibusteros, que el sector privado productivo era su enemigo y creyendo con fe de carbonero en tales errores, dividieron a las familias y sembraron tempestades en las instituciones que habían asaltado, haciendo muy difícil nuestro progreso y en ciertos casos, imposible. Sus héroes no son aquellos que ganan un Premio Nobel en Física, Medicina o Economía, sino el Che Guevara o Fidel Castro.

No puede entonces extrañarnos que todos los países que compartieron esta visión apocalíptica continúen siendo subdesarrollados y aquellos que se dieron cuenta de que se trataba de un camino equivocado y rectificaron, se transformaron en comunidades prósperas, redujeron drásticamente la pobreza y forjaron las bases de una sociedad de bienestar generalizado como soñaba John Rawls en su “Teoría de la Justicia”. Quienes están creando la era del conocimiento, hace décadas comenzaron a establecer alianzas entre universidades y empresas tecnológicas porque es evidente que ambas se benefician y actualmente el concepto de empresa universitaria ha fusionado la formación, con la producción y la innovación científico-tecnológica. Desafortunadamente, la universidad latinoamericana, con las honrosas excepciones del caso, utiliza bases conceptuales desactualizadas a pesar de que cuenta con internet avanzada, porque las convicciones políticas son las peores enemigas de la verdad, como decía Popper.

Por Edgar Mohs

lunes, 17 de septiembre de 2007

¿Agresión o libertad de expresión?


La mañana del 6 de setiembre, asistí a una manifestación pacífica organizada por estudiantes de diversas carreras de la UNA, denominada “UNA SÍ” pues me sentí totalmente identificada con el mensaje que se reflejaba en la invitación: “Un pensamiento diferente, una oportunidad para TODOS”. Cómo no identificarme si vivimos en un país donde todos tenemos la oportunidad de expresarnos y, más aún, en una casa de enseñanza donde bien lo asegura el Estatuto Orgánico en el artículo 1, inciso d: “el respeto a las distintas posiciones teóricas, metodológicas, ideológicas, religiosas y filosóficas de los miembros de la comunidad universitaria”.

Al hacerme presente en la explanada de Ciencias Sociales, observé a administrativos, académicos y estudiantes retirando el material a favor del Tratado de Libre Comercio (postales, pancartas, boletines informativos, etc.). Me sorprendió mucho ver la intolerancia de estas personas, pues no soportaron la presencia de material que iba en contra de su ideología. Los ánimos se caldearon y la violencia verbal emergió por parte de los miembros del NO. Un alto funcionario administrativo dio una orden verbal a los guardas para no dejar entrar a ninguna persona con camiseta alusiva al SÍ TLC o con material de la misma tendencia, por lo que nos trasladamos de la explanada de Ciencias Sociales a la explanada del 11 de Abril.

Defensa de posiciones. No me caracterizo por gritar en este tipo de eventos, pero sí por defender lo que pienso. Y en esa explanada afirmé a más de un estudiante y académico que estaba a favor del TLC, de modo que ejercí responsablemente mi derecho a la libre expresión, consagrado en la Constitución. No obstante, al ver que los opositores al TLC se encontraban alterados por la manifestación de mis compañeros, decidí retirarme hacia mi casa. Cuando me dirigía hacia el parqueo de la Biblioteca Central, un estudiante que portaba una camiseta con distintivos del NO al TLC me preguntó a mis espaldas que si efectivamente yo estaba a favor del TLC. Cuando volteé para responderle afirmativa y orgullosamente, el joven me golpeó con puño cerrado y certero en mi rostro.

El golpe fue tal que, además de lesionar mi rostro (confirmado médicamente por el Centro de Salud de la UNA) perjudicó mi sentimiento de seguridad. No obstante, y a sabiendas de que mi puesto dentro de la Federación de Estudiantes de la UNA me hace vulnerable e identificable, decido hacer público este hecho. Lo que más me duele no es el golpe, sino que en esta casa de enseñanza no sea posible transmitir opiniones diferentes y que el respeto a la diversidad no sea más que una utopía. Pero, como estudiante de Educación de Preescolar, comprendí que mi obligación es trasmitir valores a niños en formación, por lo cual debo inculcar la fortaleza y la tolerancia.

Golpe a la razón. Me lamento y entristezco, al darme cuenta de que las universidades públicas dejaron de ser centros de estudio donde se inculcan el respeto a la diferencia, el debate equilibrado y sano; y se convirtieron en sectas de adoctrinamiento donde, si usted no piensa igual que ciertos grupos, acallan su diferencia a golpes.

Siendo así, me preocupa pensar qué pasará de ahora en adelante. Temo pensar que las manifestaciones de violencia por parte de personas con ideologías radicales aumenten al punto de la irracionalidad. Y eso es lo más decepcionante de todo, máxime cuando se trata de un país con tradición democrática y pacífica como Costa Rica.

Mi libertad de expresión esta lesionada y amedrentada, pero mi decisión continúa firme: SÍ a las oportunidades, SÍ al TLC.

Por Cristina Bartels González
Tomado de la Nación

jueves, 6 de septiembre de 2007

UNA mañana triste para la racionalidad


El día de hoy me presenté a una actividad en la Universidad Nacional convocada por el grupo de Universitarios por el SÍ en esa casa de estudios. Desde el inicio, la intolerancia e irracionalidad de los del NO buscó entorpecer una manifestación pequeña. Primero fue un par de estudiantes (una señorita que es meritoria de cualquier calificativo excepto ese) que arrancaron los carteles pegados y hasta escupieron a uno de los del SÍ. Nosotros grabamos el acto vandálico y se lo facilitamos a la prensa.

Con ánimos de evitar problemas, decidimos apostarnos en la explanada de la UNA con una manta del SÍ y con panfletos informativos para repartirlos entre la gente que pasaba por el lugar. Inmediatamente, los reaccionarios del NO llegaron en manada con sus pancartas y una folclórica máscara de Oscar Arias. Nosotros llevábamos cimarrona y el espíritu pacífico para hacer de esto una expresión de criterio pero ellos comenzaron a provocar hasta el punto de poner su manta frente a la nuestra, gritarnos vendidos, "how much" y advenedizos.

Fieles a las normas, los del SÍ acatamos las disposiciones de los guardas de seguridad: permanecer en la acera y no repartir panfletos dentro de las instalaciones, a pesar de que los guardas no quisieron mostrar el reglamento o documento donde así se establecía, luego de que yo les pregunté de qué norma se derivaba su acto. Digo, como el principio de legalidad se supone también cubre a las universidades. ¿O será que es dicho principio es, para las autoridades universitarias, una prueba más de la intención violatoria de la autonomía de la Administración para con las universidades?

Pero lo más sorprendente fueron las palabras: el Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la UNA (SITUN), Gerardo Cháves (curioso apellido) me gritó, frente a la prensa escrita (La Extra) y la radiofónica (Radio América): "¡ustedes vienen a mi casa a insultar y provocar! ¡Fuera de mi casa advenedizo, esta es mi casa y aquí yo digo que estamos con el NO!. Viva, este señor demostró su nivel intelectual y racional con la máxima "es así porque yo lo digo". ¿Se habrá dado cuenta de que estaba en una universidad pública (si, a pesar de que no me gustan para nada los impuestos no me queda más que pagarlos y de ellos se le giran recursos a las universidades públicas)? Pero peor aún, se habrá dado cuenta que lo que decía no debería tener cabida en una institución que, se supone, es una academia y como tal, debe privilegiar los debates, las ideas y los argumentos, no los escupitajos e insultos propios de un estadio.

Mientras insistía a los guardas aplicaran con justicia e imparcialidad la supuesta disposición prohibitiva de repartir propaganda, un supuesto profesor, llamado por unos Edwin Cedeño pero por otros Raúl Rivera, se avalanzó sobre mí (por dicha intervino el guarda, pues sino este servidor estaría no escribiendo, sino dictando su nota en algún hospital), increpando "¿por qué llegás a imponer la ley del Senado gringo?". El mismo señor pasó toda la mañana rondando, cual buitre, la zona donde los del SÏ nos apostamos y cada vez que pasaba, además de bufar y bramar, lanzaba insultos.

En otro momento, discutí con una empleada administrativa de la UNA que me exigía mi cédula, carnet universitario y nombre (sólo le faltó constancia de nacimiento y número de cuenta bancaria)a lo cual respondí negativa pero amablemente. Eso parece haber irritado a la señora pero no supo que decir cuando le pregunté con qué autorización y amparada en cuál norma me exigia lo que exigía. A pesar de su ignorancia, me sorprendió lo que dijo: "dígame su nombre, nosotros tenemos todo un sistema donde lo vamos a identificar". Me pregunto: ¿estaba yo en una universidad o en una sucursal de la Gestapo? Lo digo porque me asustó la amenaza nazi que esbozó la susodicha.

Y para terminar, los amables y educados opositores al tratado agredieron a una de las dirigentes universitarias del SÍ. De manera muy valiente, dos hombres (machos de los machos) la golpearon cuando no había nadie cerca para defenderla. En ese momento comprendí que, a pesar de que en todo lado la palabra UNIVERSIDAD estaba escrita, en ningún lado se reflejaba la acepción propia del término: universalidad de ideas, de culturas, de personas, de criterios y argumentos. Y esa historia se repite también en la casa de enseñanza por excelencia de nuestro país: la UCR donde parece que es preferible premiar el insulto y el ataque en vez de la idea. Hace rato dejaron de abundar las personas razonables en las universidades costarricenses, para dar paso a los fanáticos que, como tales, actúan exclusivamente con la pasión. Por eso su lema es mi corazón dice NO y punto, mientras las neuronas están ocupadas en memorizar las alabanzas a Fidel y a Hugo Cháves (Cháves como el Secretario General del SITUN). Pero al fin y al cabo relucieron dos cosas hermosas del comercio: vendedores haciendo su agosto con los refrescos (el sol calentó en exceso las cabezas de algunos) y la acción de los mismos revolucionarios criollos que importan cánticos y consignas y exportan apoyos y sentimientos. Y todo eso gracias a que el comercio de ideas es libre.

Alejandro Barrantes Requeno