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lunes, 26 de noviembre de 2007

En vela


Se escenificó, el 21 de noviembre pasado, frente a la Casa Presidencial, uno de los actos más degradantes de que tengamos memoria. Este acto de barbarie corrió a cargo de uno de los “comités patrióticos” que, desde hace tres semanas, andan descalificando nuestra democracia, anunciando huelgas y atacando las casas de los diputados favorables al TLC.

Mientras el presidente de la República firmaba la ley del TLC, aprobada el 7 de octubre pasado, en su oficina, continuó, en la calle, el guion programado por estos comités contra el veredicto popular sobre el referendo y ejecutado desde la noche de la tarima. Entre insultos y descalificaciones de la institucionalidad democrática, sobresalió esta frase espantosa: “Trejos, saludanos a Natalia”.

Alejandro Trejos es el padre de Natalia, la joven dirigente del SÍ que murió, el 7 de octubre pasado, el día del referendo, víctima de un conductor borracho y asesino. Trejos trabaja en Casa Presidencial, así es que “el saludo” a su hija (q. d. D. g.) fue directo, brutal, cobarde… Todos los adjetivos de esta villanía en manada (comités) se quedan cortos ante la magnitud del ataque y la falta de sentido de lo humano...

Este es el dilema existencial: humano o inhumano. Esta es la frontera perversa no entre el ser humano y la bestia, sino entre el ser humano y aquel que, siéndolo, se despoja de su humanidad. La bestia es irracional. No es culpable de nada. No piensa, no decide, no planifica, no insulta. Siente, pero no es consciente de sus actos. La especialización del animal consiste en la adecuación estímulo-respuesta. Esta conducta automática se denomina instinto, que se manifiesta principalmente en el acto de nutrirse y de reproducirse. El ser humano, en cambio, se rige por el conocimiento, que define fines y objetivos, por ser inteligente y libre. He aquí su grandeza, pero también su bajeza, al descender del pedestal y poner su inteligencia y su voluntad, su libertad, al servicio del mal.

Este es el problema: los que, en manada (comités), atacaron al padre de Natalia no son bestias. Son seres humanos que, voluntariamente, decidieron ser inhumanos, esto es, renunciar a su dignidad. No hay conducta más degradante, aunque, ahora, se gocen de su hazaña.

Pero ¿solo ellos son responsables? También lo son todos aquellos, políticos, profesionales, sindicalistas y académicos, “los patriotas”, que, desde hace tres años, hasta hoy, al atacar la institucionalidad democrática, vienen fomentando este clima de abyección. Lo han logrado plenamente. Su epílogo ha sido este refinamiento de inhumanidad el día de la firma del TLC.

Julio Rodríguez