Todos recordamos el famoso grito de guerra de la campaña electoral
del Presi: ¡Con Costa Rica no se juega! Pero a menos de un año de Gobierno,
cualquier observador cauto y medianamente objetivo se podrá haber dado cuenta
que este Gobierno además de ser un puro vacilón, forma parte de lo que en
campaña se denominó, como: “más de lo mismo” o “los mismos de siempre”. Es
decir, no solamente no hemos visto ningún avance importante, sino que han
aparecido viejas “prácticas” que supuestamente quedarían erradicadas de la
función pública una vez que los militantes del PAC accedieran al poder (¡que
ingenuidad!). En este sentido, en las últimas semanas han acontecido dos
eventos que muestran a la perfección lo aquí afirmado, veamos:
El primero de
ellos fue el escándalo Soley, lo cierto del caso es que sin importar las
consideraciones de fondo que cada uno de nosotros pueda efectuar sobre este
evento, lo cierto es que el Ejecutivo no mostró ser la “Casa de Cristal” que
había prometido el Presi al inicio de su mandato. Durante todas estas semanas,
se instauró un silencio sepulcral en Casa Presidencial, y cada vez que se hizo
referencia al tema se hizo de forma confusa y sospechosa.
El segundo hecho
refiere a la noticia publicada el día de ayer en el periódico La Nación, en
donde se denuncia que las embajadas en este gobierno han sido adjudicadas bajo
la más vil forma de botín político, alejado de todo parámetro de objetividad y
meritocracia. Supuestamente este modus
operandi también desaparecería por arte de magia gracias a la ética PAC.
Sin duda alguna
el inicio de este Gobierno ha sido una total decepción, pero antes de señalar
culpables, lo mejor que podemos hacer es que cada uno de nosotros realice su
mea culpa y se pregunte así mismo si se dejó seducir por los cantos de sirena
del Presi, en su versión de rutas de la alegría, mejengas y marchas con
perritos. No podemos olvidar que el Presi no llegó solo…


