Mostrando las entradas con la etiqueta abolición del Estado paternalista. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta abolición del Estado paternalista. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de abril de 2008

Tema polémico: la abolición del Estado paternalista


En ASOJOD siempre hemos expresado nuestro desprecio por el Estado paternalista y por toda la serie de perversiones que de él se desprenden. El día de hoy, queremos presentarles, a manera de compendio, nuestras razones para rechazarlo.

1. Toda acción tiene una reacción. En ese sentido, las actuaciones a lo interno de un conjunto humano transmiten información al mismo, influyendo (no determinando) en los cursos de acción que los individuos tendrán. Así como el sistema de precios le da ciertas señales a los productores y a los consumidores para que ordenen sus estrategias, las políticas públicas transmiten un mensaje que repercute sobre las actitudes de las personas. Cuando el Estado, por medio de sus intervenciones, le deja saber a las personas que si tienen hijos les serán mantenidos, que si tienen problemas de salud, su atención estará previamente pagada, que cuando estén desempleados se les pagará una especie de salario y que cuando no tengan casa se les dotará de una, entonces les está enseñando un código moral, según el cuál el ser humano sólo tiene derechos y no deberes. Es por ello que la gran mayoría de los habitantes de Estados paternalistas se acostumbran a exigir una serie de privilegios a los que, según ellos, tienen derecho, a pesar de no haber trabajado por ellos. Y esto los lleva a justificar cualquier método que el Estado utilice para proporcionárselos, aún cuando dichos métodos sean delictivos, confiscatorios o expoliativos.

2. Ese tipo de Estados generan que la pobreza se convierta en un modus vivendi. Las personas, acostumbradas a exigir sus "derechos" comienzan a entender que no vale la pena esforzarse por mejorar su situación, sino que basta con elevar las plegarias al Estado y estirar las manos para recibir los dulces de la piñata. Por eso vemos que muchas personas irresponsables ven el tener hijos como una inversión, pues con el niño (a) en brazos, tienen un boleto sellado para ir a las puertas de las instituciones "sociales" para pedir todo tipo de ayudas. Otras saben que pueden alegremente drogarse o intoxicarse pues tienen atención médica "gratuita". Para otros, lo mejor es abandonar los estudios y luego exigir todo tipo de becas o subsidios para retomarlos. Unos prefieren construir ranchos en zonas topográficamente inestables y una vez que los mismos son destruidos, ir a reclamar un bono de vivienda. En cualquiera de los casos, el común denominador es que las políticas públicas del Estado paternalista les permiten a esas personas a renunciar a la responsabilidad de mantenerse a sí mismos y trasladárle la misma al Estado, que para poder cumplirla, debe quitarle recursos a aquellos que todavía se quieren valer por sí mismos.

3. Cualquier sociedad que favorezca la existencia de un Estado paternalista es éticamente la más perversa de las sociedades. Ello porque el Estado, para usar el término de Ludwig von Mises, es un instrumento de compulsión y coerción y para poder repartir los beneficios que la gente exige, debe utilizar la fuerza para obtenerlos. Así pues, esa sociedad está caracterizada por ser un conjunto de saqueadores organizados para robarle a algunos y regalarle a otros. El código de Robbin Hood no es otra cosa que castigar al productivo, al responsable, al inteligente, al creador, por sus virtudes y premiar al inútil, al parásito, al irresponsable y al inepto por sus defectos. Pero lo peor está cuando buscan justificar moralmente el robo, pretendiendo utilizar las ideas de justicia y de solidaridad para darle un hálito de decencia a una actuación que saben indecente.

4. El Estado paternalista olvida que para repartir, primero es necesario crear. Pero con su actuación, lo que provoca es el desestímulo para los creadores. ¿Quién desea producir si su creación no será intercambiable, sino que le será arrebatada, sin pago alguno, para dársela a gente que no aportó nada para que la obra tuviera existencia? ¿Quién va a querer colaborar con otros cuando esos otros se pueden acostar a dormir la siesta mientras los primeros deben trabajar? El Estado paternalista es incapaz de cumplir con la promesa que le da origen: acabar con la pobreza. Esto es así porque si despoja de riqueza a quien la produce, este huirá o dejará de producirla y los que antes se beneficiaban ya no tendrán sangre que succionar. Entonces habrá escacez y miseria y la solución habrá sido peor que el problema que la originó.

5. Las políticas paternalistas no han acabado con la pobreza porque hacerlo significaría el fin de ese tipo de Estado. Si ya no hay pobres, no hay justificación para tener grandes burocracias que desarrollen programas de "ayuda social". Está demostrado que mayores cantidades de gasto público no han reducido la pobreza sino que han generado una sociedad de aves rapaces que necesitan perpetuar la pobreza para poder recibir un salario.