
En su discurso de fracción de este primero de mayo, el diputado Merino del Río despotrincó en contra del TLC, diciendo, en su forma tan peculiar de ver el mundo, que no es más que un nuevo intento anexionista por parte del gran imperio (USA). Además, de manera demagógica y populista, hizo una metáfora respecto a la rendición de los filibusteros con el rechazo al TLC. Esto no es soprendente, conociendo las ideas, bastante disparatadas, del diputado Merino. Lo que si se vuelve curioso, confuso y hasta hilarante, es que este patriota no vea nada de malo en que el imperio mediano (pero en crecimiento), la ALBA, cumbre a la cual asistió, dictamine el rumbo que tiene que seguir Costa Rica: los discípulos de Chávez, de manera omnisciente y divina, ordenan rechazar el TLC, pero no le dicen a Nicaragua (miembro de la ALBA gracias a su pintoresco presidente Daniel Ortega) que denuncie el tratado y suspenda relaciones comerciales con los Estados Unidos, país que para ALBA, sólo produce explotación y miseria.
¿Defiende el patriota Merino a la Nación ante tal afronta a la soberanía? No. ¿Será que esta intervención, vía petrodólares bolivarianos, no le parece imperialismo? ¿Pensará Merino que no es imperialismo porque este gobierno panamericano lo dirigen los ángeles que Dios Marx ha puesto sobre la Tierra? Este panorama sólo indica que o don José Merino cree que Chávez, Fidel, Evo, etc son seres superiores, únicos conocedores del bien y del mal, de la verdad y la mentira, los dioses bajados del Olimpo para gobernar la tierra; o el discurso del señor Merino carece de toda lógica y racionalidad, además de que peca de incoherente. ¿Inocencia? No, ya estamos grandecitos como para creernos ese cuento.