Jorge Corrales Quesada
martes, 3 de marzo de 2020
La columna de Carlos Federico Smith: ahora, ¡siembren aguacates!
Jorge Corrales Quesada
martes, 30 de julio de 2019
La columna de Carlos Federico Smith: más proteccionismo ad portas
Jorge Corrales Quesada
martes, 26 de junio de 2018
La columna de Carlos Federico Smith: proteccionismo a la vista
Jorge Corrales Quesada
lunes, 5 de mayo de 2014
Tema Polémico: Arroz para ricos
“El Gobierno y el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE) de la Universidad de Costa Rica, concluyeron que la fijación por ley del precio perjudica al consumidor y al final beneficia solo a unos pocos productores.”
viernes, 21 de marzo de 2014
Viernes de recomendación
lunes, 25 de junio de 2012
Tema Polémico: ¿Adonde están los del NO?
viernes, 25 de mayo de 2012
Viernes de recomendación
viernes, 30 de julio de 2010
Viernes de Recomendación

jueves, 25 de febrero de 2010
¿Soberanía de los gobernantes o de los individuos?

Sin embargo, quiero retomar la discusión filosófica sobre el concepto de soberanía inherente en éste y otros debates similares, como el que tuvimos con el TLC con Estados Unidos.
En el siglo XIX, un gran liberal francés, Benjamint Constant, brindó una conferencia titulada “Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos". En ella, Constant marcó la diferencia entre los dos conceptos de libertad que caracterizaban el debate político en la Grecia Antigua y en los tiempos modernos (en ese entonces siglo XIX). Constant indicó que en las polis griegas, la libertad implicaba la capacidad de los hombres libres (una minoría) de participar en los debates públicos y votaciones democráticas con las que se regían dichas entidades. Era la libertad de los hombres de gobernar sus propios estados sin estar sometidos a un monarca o pueblo extranjero. Sin embargo, la libertad de los antiguos, como Constant la describió, era muy diferente a la libertad de los modernos. Los griegos tenían esclavos después de todo, y la libertad de los pueblos podía desembocar en la aniquilación del individuo y en la instalación de tiranías como la de Esparta. “Hace del individuo un esclavo de tal forma que los pueblos sean libres”.
Constant la comparó con la libertad de los modernos, que es la capacidad de un individuo de vivir su propia vida de la mejor manera siempre y cuando respetara los mismos derechos de los demás. Dicho concepto versaba en el individuo, a diferencia del colectivo (llámese patria, polis, pueblo, nación, etc.).
Casi 200 años después de que Benjamin Constant hiciera dicha distinción, en nuestro país, y en muchos otros, sale a relucir una y otra vez la discusión sobre soberanía y libertad. Veámoslo en el tema del TLC con Estados Unidos. En la campaña sobre el referéndum del 2007, los opositores cargaban contra el acuerdo ya que éste pisoteaba nuestra soberanía. La interrogante es, ¿la soberanía de quién? ¿La de los gobernantes de decidir por los demás qué compañía de teléfonos podemos usar o a quién le podemos comprar pollo? Pues sí, esa soberanía se veía limitada por el TLC. ¿Pero qué hay de la soberanía del individuo de poder tomar esas decisiones por sí mismo? El TLC, con todos sus defectos, ampliaba dicha soberanía.
De igual forma, cuando hablamos de “soberanía monetaria” estamos hablando de la soberanía de un puñado de economistas (junta directiva del Banco Central) de decidir las condiciones y el valor de la moneda que usamos de manera obligatoria. Varias objecciones se vienen a la mente, desde las propias de la escuela austriaca (¿cuéntan estos economistas con toda la información económica necesaria para tomar decisiones acertadas?) hasta las de la escuela de Public Choice (¿defenderá esta junta directiva, nombrada por políticos, el supuesto interés común de los costarricenses o impulsará los intereses particulares de grupos de presión?). Pero el tema de la soberanía radica en que los individuos deberían tener la libertad de escoger la moneda que más les conviene. En este sentido, aún mejor que dolarizar, sería permitir que todas las divisas tengan poder liberatorio en Costa Rica, de tal forma que las personas escojan la moneda que prefieren a la hora de hacer sus transacciones económicas (en la medida que eso se permite en Costa Rica, ya la gente escogió el dólar).
De tal forma, podemos hablar de una sobería de los gobernantes y una soberanía de los individuos. Los matices varían. La tiranía de los Castro apela a la “soberanía del pueblo cubano” para mantener una prisión al aire libre en Cuba. Es la soberanía de los Castro, no de los cubanos. De igual forma (aunque guardando dramáticamente las distancias), la soberanía monetaria es la soberanía de la Junta Directiva del Banco Central (con nombres y apellidos) y no de los costarricenses.
Cuando se trata de cualquier debate político, prefiero la soberanía de los individuos sobre la soberanía de los gobernantes.
Juan Carlos Hidalgo
lunes, 28 de diciembre de 2009
Tema polémico: ¿no era que defendían el libre comercio?

martes, 8 de diciembre de 2009
"En guerra avisada no muere soldado y si muere, es porque quiere"

lunes, 23 de noviembre de 2009
¿Empresarios? vrs libre comercio: reflexiones en torno al TLC con China

Lo primero que se debe decir es que en nuestro país no existe ni ha existido nada que se le parezca al libre mercado, no importa cuantos gritos pregonen ciertos “académicos” a este respecto. Precisamente aquí se encuentra la primera distinción que debemos hacer: distinguir entre lo que se denomina capitalismo democrático (libre mercado) y capitalismo antidemocrático (mercantilismo). El libre mercado se caracteriza por reglas claras y abstractas, un Estado de Derecho y una economía abierta y competitiva, donde los empresarios para triunfar deben atender de la mejor manera posible las múltiples necesidades de sus consumidores. En este sistema todos los días el consumidor sale a votar con su dinero y elige la opción que más le plazca, determinando así quienes son los grandes ganadores y perdedores del mercado. Por otra parte, el mercantilismo ocurre cuando la competencia sale del mercado económico y se traslada al mercado político. Así los “empresarios” no deben tener que prestar atención a sus consumidores, sino que dedican sus esfuerzos y recursos para ganar el favor político. Así esperan que sus amigos en el poder se dediquen a emitir normativa que los favorezca: barreras de entrada, barreras de salida, exenciones fiscales, tarifas de servicios públicos preferenciales, aranceles, subsidios, etc. Los CATS son el mejor ejemplo del drama y la tragedia mercantilista que ha secuestrado a nuestro país a lo largo de los últimos años.
Dada esta distinción podemos encontrar como bien lo mencionara el Nobel de Economía James Buchanan dos tipos de comportamiento: rent seeking behavior (búsqueda de rentas) vrs porfit seeking behavior (búsqueda de ganancias). La búsqueda de rentas se refiere al comportamiento económico que realizan ciertos individuos dentro de un marco institucional, en donde sus esfuerzos por maximizar valor generan mayores pérdidas sociales que beneficios. En cambio en la búsqueda de ganancias encontramos un mayor beneficio social, ya que la misma se produce a raíz de la creación de riqueza y no de la extracción de la misma. Esta situación se produce debido a que los grupos de interés o presión tienen mayores incentivos y reportan un mayor beneficio, que aquellos que tienen que financiar sus privilegios. Así un grupo de productores de arroz tiene mayor interés en mantener los precios altos, que el que puedan tener los consumidores en que los precios bajen, Esto porque el costo para los consumidores se difumina entre millones de personas, mientras que los beneficios para los productores se concentran en un sector que ha decidido como mencionamos con anterioridad utilizar sus recursos y esfuerzos en el mercado político.
Dada esta situación es ininteligible como ciertos progres que se autodenominan los defensores de los desprotegidos, de los pobres, del pequeño productor nacional, etc, apoyen iniciativas de corte mercantilista, estatista o dirección central de la economía. Resulta casi increíble la ingenuidad de estos grupos, ¿si el gobierno tiene la posibilidad de intervenir en la economía, y convertir en ganadores a uno y en perdedores a otros, quiénes creen que se verán beneficiados? Por supuesto, que serán los grupos económicamente más poderosos, aquellos que contribuyeron con la campaña, etc. Es precisamente este contubernio entre el poder político y económico el que se debe evitar a toda costa, si deseamos una sociedad justa y próspera.
En conclusión, lo que menos existe en nuestros país son empresarios en cambio lo que abundan son lobistas profesionales, que en todo momento buscan obtener beneficios a costa del resto.
martes, 21 de julio de 2009
¡Que joya!

Para variar un diputado libertaria atrasa un proyecto de ley que favorece a un grupo de agricultores.
Mario Quiros se opone al proyecto de ley, que obligará a adquirir el total de la cosecha de frijoles producidos en el país, que es como el 20% o el 25% del total de consumo.
Por supuesto que los importadores de frijoles se oponen a ese proyecto porque tendrían menos negocio y suponemos, que por eso entra el diputado.
La doctrina libertaria parece impulsar el principio de que, aunque se lleve el diablo a los agricultoes ticos, no hay que limitar el negocio de los importadores.
Pero la obligación del país es garantizarles a los frijoleros nacionales, que venderán su reducida cosecha.
¡Que maravilloso análisis! Es una pena la caricatura que hace del liberalismo este desatinado y desentendido filósofo político. Le informo al señor machaquero que el liberalismo ni favorece a los productores nacionales o extranjeros ni tampoco a los consumidores, lo que el liberalismo tutela es el libre acuerdo entre las partes, la posibilidad que tienen los individuos de comerciar e intercambiar libremente según ellos crean conveniente. El liberalismo es el imperio de la igualdad ante la ley, es la eliminación de privilegios (ley privada) a grupos especiales. Por último, sería bueno que el señor machaquero se de la vuelta por una clase de introducción de economía para que aprenda lo que es La Ley de Asociación de Ricardo, esta simple lección le evitaría hacer comentarios tan burdos como el anterior.
lunes, 20 de julio de 2009
Testosterona

Qué dicha que el diputado Mario Quirós Lara sí tiene bien puestos los principios libertarios! Valiente y viril, le ha atravesado el caballo a los que pretenden transplantar a los frijoles el asqueroso proteccionismo arrocero.
Adelante don Mario!
martes, 14 de julio de 2009
¡Proteccionismo!

Es una lástima el empleo de estos mecanismos para impedir el libre comercio, pierden los productores y los consumidores con este tipo de medidas.
miércoles, 8 de abril de 2009
Más allá del G-20

El proteccionismo, al parecer, se ha re-posicionado en la agenda comercial de los gobiernos —a pesar de la formidable evidencia en su contra. Pero esto pasa en tiempos de crisis. Empero, es precisamente en tiempos de crisis cuando la protección comercial es más peligrosa.
La rara premisa del proteccionismo es que la prosperidad requiere otorgar poder monopólico a los productores nacionales. Ello genera pobreza, no prosperidad, tanto al reducir la capacidad de exportación de países, como en la reducción de la libertad de elegir de consumidores.
En la antesala del G-20, se destacó un dato esperanzador: la caída del volumen de compraventa comercial global, la cual se estima en un 9% para este año —la peor en la época de la posguerra, y la primera contracción comercial desde 1982.
El nuevo proteccionismo amenaza con profundizar esta caída. Sin duda, existen varias modalidades de proteccionismo, unas más sofisticadas que la versión vulgar, y bien conocida, de provocar confrontaciones a punta de aranceles a bienes externos. En las palabras de la revista The Economist, hoy en día, el proteccionismo “viene en 57 variedades”.
Aun así, de explotar aranceles u otras medidas como armas comerciales, habrá que tomar riesgos calculados. Al norte de la frontera, nos quedan mal con el programa para permitir el libre tránsito de camiones mexicanos. Nosotros respondemos con una batería de represalias comerciales, pero debidamente seleccionadas, precisamente con la idea de no perjudicar nuestras propias industrias. Pero el riesgo existe que se abra la puerta a un círculo vicioso de represalias y contra-represalias.
¿Había algo que el G 20 pueda hacer, más allá de la retórica, para evitar una escalada de guerras comerciales? Hay dos problemas, dice el mismo The Economist. Por un lado, deberemos identificar las medidas no arancelarias que pretenden dichas protecciones; por otro lado, se necesita pensar en formas de desarticular esas medidas con rapidez, con determinación. Es muy difícil eliminar una medida proteccionista, una vez que esta entra en vigor, por los intereses especiales que genera.
Más allá del G-20, habrá que recordar las palabras de Montesquieu, escritas hace dos siglos y medio: la paz y la satisfacción de necesidades mutuas son efectos naturales del comercio abierto entre países.
Roberto Salinas
miércoles, 25 de marzo de 2009
Proteccionismo latinoamericano

La situación actual parece estar todavía lejos de tan funesta consecuencia, pero ¿por qué jugar con fuego? Ahora las economías operan de manera diferente y la imposición de barreras destruye el funcionamiento de empresas que importan componentes de subsidiarias en otros países. Eso no era así en los años 30. Hoy, la producción es global y, a menudo, la unidad de producción local depende del insumo importado de una subsidiaria en otro país.
Pero en América Latina, la crisis revela las convicciones contra el comercio de algunos gobiernos. Si bien el presidente Lula visita a Obama para que abandone sus tendencias proteccionistas, Argentina y Uruguay ya realizan maniobras que violan tanto la letra como el espíritu de su asociación comercial en Mercosur.
Uruguay comenzó a aplicar una tasa consular del 2% a todas las importaciones, incluyendo las que provienen de Argentina, aunque el tratado no lo permite. Uruguay y Brasil, a su vez, se quejan de que Argentina exige licencias especiales de importación para productos textiles y cueros que deberían emitirse en 60 días, pero tardan mucho más.
Esto se suma a las manipulaciones cambiarias. Mientras Brasil denuncia el proteccionismo global, acelera la devaluación del real y Argentina sigue los mismos pasos. Todo ello bajo la presión de industriales nacionales, cuya solución para todos los problema económicos suele ser el aumento de aranceles y la devaluación de la moneda.
Pocos se ocupan de incrementar su competitividad, reduciendo costos, y los gobiernos no los apoyan en eso reduciendo impuestos y regulaciones. Pero los costos de tales políticas no se pueden ocultar y dañan el poder adquisitivo de los salarios. Para proteger a algunos pocos, se empobrece a todos, especialmente a los más débiles.
Bajo la excusa de proteger a los más desposeídos, esas políticas “progresistas” son diseñadas para beneficiar a sectores específicos, a costa de todos los demás ciudadanos.
Martín Krauze
domingo, 15 de febrero de 2009
¡Buenas Noticias!

En ASOJOD esperamos que este TLC traiga nuevas oportunidades tanto a productores y consumidores.
lunes, 19 de enero de 2009
Tema polémico: ¿qué ganamos con los taxis rojos?

Por tal razón, creemos que perfectamente, el servicio de transporte se podría dejar por la libre, de forma tal que si la gente demanda conocimiento previo de los precios, el mercado dará "maría". Si la gente demanda seguridad, el mercado ofrecerá companías que certifiquen a sus choferes. Si la gente demanda distinción de vehículos para este uso, el mercado dará coloridos diseños. Para nada de esto se necesita regulación. Y si aún se insistiera regular la actividad, el gobierno podría exigir una lista de requisitos como colores determinados, dispositivos para discapacitados, entre otros, pero aún así permitir que cualquiera que cumpla con estos requisitos pueda brindar el servicio de transporte automovilístico sin necesidad de concursos y concesiones.
No obstante, para ciertas personas, el servicio de transporte no puede dejarse por la libre. ¿Por qué? ¿Cuáles beneficios le trae al usuario tomar un taxi autorizado? Algunos aducen que las tarifas son las que marcan las marías y que eso le da tranquilidad al cliente. Pero, en realidad, cualquier persona que intente tomar un taxi a altas horas de la noche, en un lugar algo alejado o en circunstancias de alta demanda de taxis (navidad, bajo aguaceros, etc.), notará que los taxistas se permiten subir el precio hasta donde aguante la demanda. Y, conociendo lo deficiente que es el sistema actual para procesar las denuncias del usuario, es muy probable que esa persona no tenga más remedio que pagar el capricho o esperar a un conductor honesto. Otros, por su parte, creen que es más seguro viajar en un taxi rojo pero no se han detenido a pensar que el personaje de los correos electrónicos masivos que viola, mata y toma licor mientras maneja un "taxi pirata", podría también usar un taxi rojo para ejecutar sus planes. Lo que queremos decir es que la paranoia creada en torno a la supuesta inseguridad que existe al tomar taxis no autorizados no es más que el producto de la imaginación de personas con poca capacidad racional o demasiado tiempo libre. Si en realidad existiera tal personaje, ¿por qué usaría sólo un tipo de vehículo en específico? Es decir, es perfectamente posible que conduzca un bus, un taxi rojo, una patrulla, un camión de productos, etc. El color del vehículo, las placas y demás información, no son garantía seguridad porque, en realidad, es muy difícil que el usuario pueda saber a priori cuál individuo es una buena persona y cuál no. Además, quien conduce el taxi no necesariamente es el titular de la concesión, pues también hay casos en que se ha admitido que esta se herede, por lo que ya ni siquiera quien concursó para obtener la placa es quien la ostenta. En fin, los supuestos controles no cumplen los fines por los que fueron creados.
Si la gente pudiera tomar el transporte que desee -público o privado-, podría premiar o castigar a quien le de el servicio, pero como en la realidad no puede hacerlo, prácticamente tiene que soportar lo que se le dé. Además, cuando el mercado está cerrado, como en este caso, es falso que la gente pueda escoger su trabajo. Piénsese en alguien que tenga un vehículo y quiera obtener un ingreso extra transportando gente: no puede hacerlo, aunque el cliente de su consentimiento, porque ni el Estado ni el gremio de taxistas rojos se lo permiten. Y a pesar de que la opción del porteo ha surgido, los intentos por borrarlo del mapa se cuentan por decenas. ¿Por qué? Porque muchos de los que están involucrados en el negocio de los taxis rojos son un importante cúmulo de votos y apoyos políticos y, además, constituyen uno de los gremios mejor organizados y con mayor capacidad de movilización, lo cual es de cierta manera un recurso de poder muy fuerte en contra de los gobiernos. ¿Quién quiere tener roces con el gremio de taxistas y obstruirse a bloqueos, huelgas, tortuguismo y protestas?
En ASOJOD nos hemos caracterizado por decir las cosas de frente, sin hipocresías. Y una manifestación de esa virtud es esta denuncia contra un oligopolio que sólo beneficia a los que son parte de él. Defendemos la idea de que el servicio de transporte, al igual que los demás servicios, no deben ser regulados por el Estado, que ni debe ni sabe hacerlo. Deben ser regulados única y exclusivamente por las partes involucradas, por oferentes y demandantes, por individuos tomando libremente sus decisiones.
Lamentablemente, hasta que los tomadores de decisiones y la ciudadanía en general no entienda este simple concepto, seguiremos viendo cómo nuestros derechos a comprarle el servicio a quien nos plazca y a escoger libremente nuestro trabajo, son mancillados.
martes, 23 de diciembre de 2008
Por unas fronteras abiertas
Las migraciones son un fenómeno tan antiguo como la humanidad, hasta tal punto que se podría afirmar que forman parte de la propia naturaleza humana. Desde siempre, el hombre se ha desplazado en un afán de mejorar su vida, ya sea en grupos ya sea de manera individual. De hecho, en el ser humano era nómada en los primeros estadios de su desarrollo, lo que supone quizá el grado máximo del migrante al suponer un constante cambio geográfico a lo largo de la vida de una persona. En la mayor parte de los casos los motivos han sido y son económicos, pero no siempre es así. También ha habido y hay quien cambia de país de residencia en el afán de conseguir un nuevo hogar donde poder desarrollarse según sus propios valores o donde gozar de un mayor respeto a sus derechos.En la actualidad el fenómeno migratorio ha alcanzado unos niveles en números absolutos mayores que en ninguna otra época. Los motivos son diversos. Nunca antes habían habitado tantos seres humanos sobre la tierra, lo que aumenta la cantidad de potenciales migrantes. Los medios de transportes son más veloces, cómodos y baratos que en cualquier momento del pasado. Si hace tan sólo un siglo cruzar de Europa a América (la ruta entonces habitual) suponía semanas de travesía en barcos mal acondicionados y con billetes caros, hoy en día el viaje en sentido contrario implica tan sólo unas horas de vuelo en cómodos y modernos aviones y a un precio proporcionalmente inferior al que pagaban españoles, alemanes, italianos o irlandeses por llegar a Argentina o Estados Unidos. Hay excepciones, no obstante, a esta norma de "más barato, corto y cómodo", sobre todo en lo que se refiere a los africanos.
Otro motivo que conduce al incremento de la inmigración es la diferencia de niveles de vida entre países, tal vez mayor que nunca antes en la historia, lo que supone un incentivo para emigrar. Esto no se debe al lugar común de que "los pobres son cada vez más pobres". No hay unos niveles de miseria que no haya conocido la humanidad en el pasado. Sin embargo, en amplias regiones del mundo (Norteamérica, Europa occidental y Sudeste Asiático, sobre todo) la mejoría ha sido mayor que en el resto del mundo y la diferencia se ha incrementado.
Y es este mundo rico el que trata de poner coto a la inmigración, al tiempo que la incentiva. Los gobiernos de los estados más desarrollados invierten cada vez mayores cantidades de dinero (procedente de los impuestos que pagan los ciudadanos) en sistemas que tratan de impedir la entrada de personas procedentes de otros países. Imponen asimismo visados para disminuir la cantidad de hombres y mujeres que cruzan legalmente las fronteras como turistas para después pasar a la categoría de irregulares o establecen moratorias como la que impide a rumanos y búlgaros establecerse en los demás países de la Unión Europea en igualdad de condiciones con el resto de los ciudadanos europeos.
Sin embargo, nada de esto logra frenar la inmigración. El motivo es que los mismos estados que ponen todas estas trabas son los que no cejan en su empeño de frenar el crecimiento económico de los países de origen de los inmigrantes. En un intento de proteger la "propia" industria y la agricultura, los gobiernos de la Unión Europea, Estados Unidos y otros países subvencionan al campo, así como otros bienes y servicios producidos dentro de sus fronteras, al tiempo que a la producción externa le imponen altísimos aranceles. Esto no sólo obliga a los locales pagar precios artificialmente elevados (lo que supone un freno a la economía de estos lugares), sino que además impide que se enriquezca el resto del mundo. Quien no puede vender su producción a otros, con independencia de que estos estén a cientos o miles de kilómetros, termina por no mejorar su nivel de vida o incluso se empobrece más. Y ante esta tesitura la emigración se transforma en la vía más factible de mejorar la situación personal.
Por muchas trabas que se traten de poner o por muy alto que llegue a ser el nivel de vida en todo el mundo, siempre habrá migraciones y es un fenómeno que no para de crecer. La única política realista para que estos flujos se reduzcan es el desarrollo de los países de origen, y este ha de llegar por el libre comercio. Mientras los países ricos se nieguen a permitir que las naranjas o los coches nuevos crucen las fronteras, quienes las pasarán legal o ilegalmente serán las personas. Y se trata de algo legítimo.
Es necesario, por tanto, poner fin a las trabas al comercio entre países. Los gobiernos de los países más desarrollados deben dejar de impedir que sus ciudadanos adquieran libremente bienes y servicios procedentes de las regiones del mundo más pobres. Si lo hacen, las personas de viven en ellas se enriquecerán y la emigración perderá gran parte de su atractivo para muchos. Bajarán los flujos migratorios y las fronteras podrán estar como debería ser su situación: abiertas para todo el que las quiera cruzar con el fin de hacer turismo, estudiar o quedarse a vivir. Desaparecería así la irregularidad y los cruces ilegales, que ponen en manos de mafias a miles de personas que tan sólo buscan una legítima mejora de su vida.
Antonio José Chinchetru






