lunes, 30 de junio de 2008

Tema Polémico: Ley de Cobro Judicial


El pasado 20 de mayo entró a regir en nuestro país la nueva Ley de Cobro Judicial, una verdadera bofetada al valor de la propiedad privada y, consecuentemente, a la libertad. Una vez más, el código del altruismo gana una batalla en una Asamblea Legislativa que no tiene, lamentablemente, a defensor alguno de la libertad y da paso a que el "bien común" imponga todo tipo de atrocidades y arbitrariedades.

En nuestro tema polémico de hoy, queremos reflexionar acerca de las consecuencias que traería tan "magna" ley. Si bien es cierto que la misma no define que su ámbito de aplicación sea en favor únicamente de los gobiernos locales, sino que se presume generalidad, resulta curioso ver que, de acuerdo con La Nación, son las Municipalidades las que se han mostrado más interesadas en su aplicación, toda vez que podrían utilizar dicha ley "para acelerar el embargo y remate de propiedades" a contribuyentes que se encuentren en mora con el pago de impuestos, servicios municipales y patentes.

El artículo 18 de la Ley de Cobro Judicial permite realizar un embargo sobre los bienes (muebles, inmuebles y productivos) de los morosos a partir de una interpretación de estos como prendas de garantía, de acuerdo con el numeral 8 del mismo texto normativo. Es decir, si una persona se encuentra en deuda con el pago, por ejemplo, de impuestos de bienes inmuebles, patentes o servicios municipales (recolección de basura, policía municipal, etc.), es posible realizar un procedimiento de apremio patrimonial en su contra y, de no darse un depósito por la suma adeudada que evite el remate (art. 18.6.), este procederá en favor del acreedor. Pero eso no es todo, pues según el artículo 18.5., un tribunal puede determinar la venta anticipada de esos bienes "cuando exista peligro de que estos puedan desaparecer, desmejorarse, perder su valor o sean de difícil o costosa conservación".

Algunos medios de comunicación han hecho una interesante pero incorrecta analogía de esta situación con la petición de préstamos a entidades bancarias, en el sentido de que los bienes del deudor responden como garantía ante falta de pago. No obstante, se olvidan de una premisa básica: quien pide un préstamo en el banco lo hace por su propia voluntad, sea para salir de un apuro económico, para invertir en consumo o en actividades productivas. En caso de morosidad o negativa a saldar la deuda, el banco procede a solicitar un embargo y realiza un posterior remate para recuperar su dinero. En cambio, cuando se trata, por ejemplo, de deudas por impuestos o servicios municipales, el ciudadano no necesariamente accede, por su voluntad, a pagar esas cantidades, sino que le son decretadas, o impuestas. Y si se niega a pagar, la nueva ley establece procesos más expeditos para despojarlo de su propiedad.

Quizá algunos dirán que eso está bien, que los ciudadanos tienen que contribuir con el Gobierno (nacional o local) para la consecución de determinadas metas, entre ellas, el cacareado bienestar general. Sin embargo, esto es tan sólo una fórmula vacía: ¿qué es exactametne el bienestar general? ¿cómo se consigue? ¿cómo se mide? ¿cómo se justifica? Cuando la gente, y entre ellos los legisladores, se deciden a perseguir esa quimera, no ven más allá de sus narices; en otras palabras, no contemplan las consecuencias lógicas de sus acciones.

Analicémoslo, para seguir con el ejemplo de las Municipalidades, en este sentido hipotético: un ciudadano "X" se encuentra, independientemente de la razón, en mora con el pago del impuesto sobre bienes inmuebles o con los servicios municipales. Con la nueva ley, la Corporación Municipal puede solicitar la realización de un apremio patrimonial y un posterior remate. Siendo así, cabe preguntarse cuál es el status de la propiedad (bien mueble, inmueble, de producción, dinero, etc.) de ese ciudadano? Evidentemente, el mensaje que este tipo de legislaciones transmite es que la propiedad está supeditada al interés superior del Estado (representado en este caso por el gobierno local). Es decir, la propiedad no es más que una graciosa concesión del Estado en favor de un individuo, revocable cuando el primero lo considere necesario para el cumplimiento de fines distintos a los del segundo (interés general o bien común).

Cuando la propiedad se encuentra en esa situación, las limitaciones a la libertad son el resultado lógico. En "Estado, gobierno y sociedad: por una teoría general de la política", Bobbio expone la existencia de una dicotomía entre lo público y lo privado, reflejada en tres subdicotomías: a) sociedad de desiguales/sociedad de iguales, b) ley/contrato y c) justicia distributiva/justicia conmutativa, de forma tal que las primeras variables de cada subdicotomía (sociedad entre desiguales, ley y justicia distributiva) pertenecen a lo público y las segundas de cada subdicotomía (sociedad de iguales, contrato y justicia conmutativa) están vinculadas a lo privado.

Todas esas dicotomías están axiológicamente cargadas: por un lado, se habla de una supremacía de lo privado, cuya principal expresión es la inviolabilidad de la propiedad y su reconocimiento como espacio de resistencia a la injerencia del Estado. Por el otro, se menciona la supremacía de lo público frente a lo privado, que consiste en la subordinación y hasta supresión del interés individual en favor del interés general (sea lo que sea que eso signifique). Como expresa Bobbio, esto da pie "a la intervención estatal en la regulación coactiva del comportamiento de los individuos".

¿Qué quiere decir todo lo anterior? Que según la postura axiológica que se sostenga, existirán caminos distintos. Si se valida la tesis de la supremacía de lo privado, se defienden las ideas de la libertad, la propiedad y la vida, toda vez que las tres son mutuamente necesarias. El ser humano no puede vivir si no es libre para tomar las decisiones que su naturaleza y las situaciones en que se encuentra le demandan. Tampoco puede hacerlo si no produce algo, lo que sea, y lo intercambia con otros para satisfacer sus necesidades. Siendo que la propiedad es resultado del uso de sus facultades mentales y corporales, el ser humano necesita también libertad para disponer de ellas y de sus resultados como mejor le parezca.

En cambio, si se sostiene la supremacía de lo público, que es lo que caracteriza al código altruista que está detrás de la legislación en cuestión y de todo el ordenamiento jurídico y ético costarricense, entonces se está favoreciendo el trimonio esclavitud, colectivismo y muerte. No es posible vivir sin libertad y no se puede ser libre si la propiedad -el resultado del uso de las facultades intelectuales y/o manuales humanas- depende de una concesión del Estado, pues quien lo da puede quitarlo cuando lo desee. Es cierto que esa revocación debe seguir un procedimiento, pero también lo es que los procedimientos son parte de las normas legales y estas son resultados de una positivación de valores. En ese sentido, cuando un conjunto humano valora el código del altruismo, de forma tal que considera el bien común como superior al bien individual, los legisladores simplemente positivarán esa consideración axiológica.

Lo anterior tiene una fatal evidencia: si resulta que por no pagar una deuda adquirida contra la voluntad, el individuo puede perder su propiedad, entonces quiere decir que también puede perder su libertad. Todos los totalitarismos han empezado por ese camino: suprimiendo lo privado y lo individual para dar paso a la primacía de lo público y de la colectividad. Y no es necesario explicar en este artículo en lo que terminaron ese tipo de regímenes, pues esto es harto conocido.

sábado, 28 de junio de 2008

¿Son los americanos partidarios de la esclavitud?


Para empezar, podríamos buscar una descripción de la esclavitud que capte la esencia de tal institución. Se me ocurre, por ejemplo, ésta: se trata de un cúmulo de circunstancias que impiden a la gente disfrutar del fruto de su trabajo y la fuerzan a servir a los propósitos de un tercero.

Durante cuatro meses de cada año, el americano medio trabaja para cumplir con el fisco. Una mínima porción del fruto que su trabajo ha rendido durante ese tiempo se emplea para financiar las funciones que la Constitución asigna al Estado; pero la parte del león, unos dos tercios, acaba en manos de otros americanos, gracias a programas como Medicare y Medicaid y a subvenciones de todo tipo. Así que los americanos, como los esclavos, son forzados a servir a un tercero.

Llegados a este punto, puede que alguien me diga: "Hey, Williams, ¿no estás yendo demasiado lejos? ¿Acaso olvidas que los esclavos tenían dueño?". No, no lo he olvidado. Pero es que resulta que la cuestión de si una persona tiene o no dueño es menos importante que saber si alguien tiene o no derecho a servirse de ella. A un terrateniente le daría igual poder disponer de esclavos o poseerlos; de hecho, incluso podría salirle más barato lo primero que lo segundo, pues no tendría que preocuparse por el estado físico de los mismos ni vería reducida su riqueza cuando murieran.

Los nazis no eran dueños de los judíos, pero tenían la facultad de obligarles a trabajar para ellos. Y como no eran sus amos, matarlos les salía muy barato. En América los esclavos sí tenían dueño, gente que pagaba por ellos entre 800 y 1.300 dólares y que tenía un interés económico en mantenerlos vivos y en buenas condiciones.

Cabe argumentar que mi analogía es irrelevante porque nosotros, a diferencia de los esclavos del Sur y de las víctimas de la Alemania nazi, podemos ir libremente de acá para allá, vivir donde queramos y gastarnos en lo que nos plazca el dinero que nos queda después de cada exacción estatal. Bien, veamos si la diferencia es tan grande.

Cuando aún estaba en vigor la esclavitud en el Sur, numerosos viajeros observaron que en aquellas tierras había "muchos negros [viviendo] a su aire". En ciudades como Savannah, Mobile y Charleston había funcionarios que se quejaban de la existencia de "esclavos nominales", "negros prácticamente libres" que ignoraban por completo las leyes. Nos ha llegado este testimonio de Frederick Douglass, un esclavo que trabajaba como calafateador de barcos en Baltimore: "Yo era dueño de mi tiempo. Podía cerrar acuerdos laborales, fijar mis tarifas, etcétera; a cambio de esta libertad, tenía que pagarle [a su amo] tres dólares al final de cada semana, pagarme la ropa y el alojamiento y comprar mis propias herramientas de trabajo".

Lo mismo hay alguien que sigue pensando que estoy llevando demasiado lejos la comparación y haciendo un uso ilegítimo del término esclavitud. Bien, ¿sería ese alguien tan amable de decirme cuándo piensa que podremos considerarnos sólo parcialmente libres? ¿Habrá que esperar a que el Estado se quede con el 90% de nuestras ganancias, o bastará con que llegue sólo al 70?

Walter Williams

viernes, 27 de junio de 2008

Viernes de recomendación


Este viernes queremos presentarles un interesante artículo de José Antonio Noguera, titulado "¿Quién teme al individualismo metodológico? Un análisis de sus implicaciones para la teoría social", donde se explica y analiza la perspectiva del individualismo metodológico como una herramienta analítica y explicativa en las Ciencias Sociales.

jueves, 26 de junio de 2008

Lo que nos enseña Walt Disney sobre economía


Una de las teorías más populares en los libros de texto de economía, que justifican las amplísimas intervenciones estatales, es la de las fallas del mercado. Éstas, aunque tradicionalmente se han dividido en tres, se pueden identificar siempre que la realidad económica no coincida con el equivocadamente llamado modelo de competencia perfecta; es decir, en la gran mayoría de los casos. ¿Incertidumbre, información imperfecta, monopolios, perturbaciones económicas...? Todo puede caber dentro del gran saco de las fallas del mercado, para justificar mayores intervenciones y llenar el estómago insaciable del estado.

Dentro de este gran saco, la teoría de los bienes públicos sostiene que el sector privado será incapaz de proveernos de aquellos bienes cuyo consumo sea conjunto, es decir, que el hecho de que una persona consuma una unidad adicional de un bien o servicio, no hace disminuir el consumo de otra. Por ejemplo, en el caso del alumbrado de las calles, el que aumente el número de transeúntes que se benefician de la luz no implica que otros se perjudiquen. Además, estos bienes también suelen presentar la cualidad de que su consumo no se puede excluir. En el ejemplo, no se puede evitar que un transeúnte concreto, que no haya pagado por el alumbrado, disfrute de él. Por estas razones, se dice que estos bienes deben ser provistos de manera coactiva por las administraciones públicas, ya que los agentes privados no lo harían, debido especialmente al problema del gorrón o free-rider.

Un caso real bastaría para refutar la afirmación de que resulta imposible que instituciones privadas provean adecuadamente de bienes colectivos. El que he escogido, dentro de la infinidad de ejemplos que existen, es el de Walt Disney World (WDW). Es un complejo de ocio del tamaño de San Francisco, situado en Florida, que cuenta con parques temáticos, acuáticos, campos de golf, complejos deportivos, numerosos hoteles y tiendas, así como centros de entretenimiento y restaurantes. Lo más destacable es que el sector público ha participado muy poco en ese gran proyecto y ha concedido gran autonomía y libertad (como ciertas exenciones legales y regulatorias) a la compañía de Disney para llevar a cabo sus ideas. ¿Y qué hizo la compañía con esta libertad? ¿Contaminar salvajemente, destruir la fauna y la flora a su antojo, establecer la ley de la selva? Pues no, todo lo contrario, y es que destaca la actitud de respeto al medioambiente y de preservación de los espacios naturales en todo el parque. ¿Y qué hay de los bienes públicos? Los provee la misma compañía: bienes públicos de toda variedad desde las calles y el alumbrado hasta sistemas de recogida de basuras, con una tecnología muy innovadora. Han leído bien, se trata de una gran ciudad o comunidad que demuestra que la provisión privada de bienes colectivos es perfectamente viable.

No obstante, WDW es más que una comunidad privada donde hay numerosos bienes colectivos. Fue una excelente visión empresarial del creador Walt Disney (paradigma del self-made man y muestra de la existencia del American Dream), que como buen empresario, se adelantó al resto y ofreció la posibilidad de satisfacer necesidades que él mismo descubrió, siendo un gran ejemplo del ejercicio de la función empresarial austriaca. Su visión consistió en crear una comunidad utópica, un espacio recreativo en el que imperase la armonía, la felicidad y la diversión.

Podemos llegar a varias conclusiones. En primer lugar, el caso de Walt Disney World y otros parques de la misma compañía, demuestra lo errado de la conclusión principal de la teoría de los bienes públicos, a saber, que la provisión privada de estos bienes es inviable. Por el contrario, es un caso claro de cómo pueden funcionar comunidades privadas, especialmente en relación a los bienes colectivos. En segundo lugar, también se puede ver cómo en un ambiente de mayor libertad y menores regulaciones, en el que el estado tiene poco que decir, se fomenta la intervención.

Ángel Martín Oro

miércoles, 25 de junio de 2008

Invitación a actividades sobre el TLC-UE


La Escuela de Ciencias Políticas de la UCR está organizando una conferencia respecto al tema del Acuerdo entre la Unión Europea y Centroamérica. La misma se realizará este jueves 26 de junio, a las 6 pm en el Miniauditorio de Ciencias Sociales, UCR. El tema será la agenda de interés y posiciones de Centroamérica y Costa Rica.

Como expositores estarán el Sr. Roberto Echando (Jefe Negociador de CR) y la MSc. Evelyn Hernández (académica).

Obama y el cambio


Ted Sorensen, uno de los ideólogos del gobierno de John F. Kennedy, dijo que tal vez la elección de un presidente católico en 1960 era más difícil que la de un afroamericano en 2008. Puede ser. Hasta esa fecha todos los ocupantes de la Casa Blanca habían sido protestantes. Pero la sociedad americana, por su propia dinámica interna, cambió en la dirección en la que se ha movido incesantemente desde su fundación a fines del XVIII: la apertura y asimilación progresiva de todos los grupos étnicos, de todas las tendencias culturales y de las diversas minorías. Como parece que sucede en el Universo, Estados Unidos es una sociedad en perpetua y acelerada expansión.


Lo explicó muy bien el premio Nobel Douglass North en un ensayo reciente: Estados Unidos, sin proponérselo, inventó para el mundo lo que llama la ''sociedad de acceso abierto'' basada en la competencia y la subordinación a la ley. La combinación de esos dos elementos ha generado, por una punta, la renovación permanente de la élite dirigente en el terreno político, y, por la otra, el mayor desarrollo tecnológico y científico que ha conocido la especie. Este fenómeno, a su vez, ha producido una cantidad increíble de riquezas. Tras el ejemplo norteamericano hoy existen, al menos, dos docenas de países de ''acceso abierto''. Exactamente los más prósperos y estables del planeta.


Si esta perspectiva es correcta, el senador Obama no viene a traer el cambio: él es el producto de los cambios. En apenas medio siglo, los afroamericanos han pasado de luchar gallardamente por un puesto en la parte delantera del autobús a luchar por la conquista del despacho presidencial en la Casa Blanca. Pero este modo de entender a Estados Unidos también define el verdadero sentido de la presidencia norteamericana: la principal función del jefe del Estado no es guiar a los americanos en una dirección elegida por él o por los líderes de su partido, sino perfeccionar las instituciones y facilitar los mecanismos que hacen posible que las personas compitan en un clima justo para que el conjunto de la sociedad evolucione como consecuencia del resultado de las decisiones que libremente toman todos los días millones de personas. Eso es lo que ha hecho grande a Estados Unidos.


Esto se entiende mal en el exterior. Leo que los españoles votarían abrumadoramente por Obama si pudieran participar en las elecciones norteamericanas. Y esa misma fue la impresión que me llevé tras recorrer recientemente varios países latinoamericanos: prefieren a Obama. ¿Por qué? Por las malas razones: porque la imagen de Estados Unidos que prevalece en el mundo es muy negativa. Sin matizar, sin detenerse a comparar, ven al país como una potencia imperial manejada por las grandes corporaciones económicas, que atropella militarmente a los más débiles, consume una parte sustancial de las riquezas del planeta, ensucia la atmósfera y los océanos sin la menor conciencia, margina a los pobres dentro de sus fronteras --al extremo de negarles cuidados médicos--, y provoca graves turbulencias financieras internacionales con su irresponsabilidad en el manejo de sus gastos internos. O sea: exactamente la imagen que proyectan Michael Moore en sus sesgados documentales y una buena parte del establishment académico norteamericano en sus clases y publicaciones universitarias.


Para el mundo, esto es lo que Obama va a cambiar. Hay una relación directamente proporcional entre el grado internacional de obamismo y la mala percepción de Estados Unidos. Mientras peor es la imagen que se tiene del país, más confianza se posee en que el joven senador afroamericano eliminará esas conductas reprobables que le atribuyen a Estados Unidos. Cuando Obama dice que va a cambiar el país (aunque no haya definido qué va a cambiar y cómo), fuera de las fronteras americanas se le percibe como un revolucionario que, finalmente, terminará con los abusos de la CIA y el Fondo Monetario, retirará a las tropas acantonadas en el extranjero, someterá al orden a las multinacionales, cuidará del medio ambiente al costo que sea y gobernará para los pobres.


Entonces, ¿qué ocurrirá, realmente, si Obama llega a la Casa Blanca? Prácticamente nada de lo que sueñan los simpatizantes de Obama en el exterior. Como tampoco el católico Kennedy introdujo un cambio fundamental en la vida americana en los 1,000 días que gobernó al país. La inercia de la sociedad de acceso abierto se irá imponiendo. La competencia y el funcionamiento de las instituciones guiarán a la sociedad en la dirección que aleatoriamente vaya desplegándose. Contrario a la premisa retórica de Kennedy, lo importante, lo revolucionario, no es lo que Obama pueda hacer por su país, sino lo que su país ha podido hacer por Obama en un periodo relativamente breve. Eso es lo admirable.


Carlos Alberto Montaner

John Galt Speaking pt. 10



En esta parte John Galt explica la forma en que deben tratarse los seres humanos. Dando paso al principio del comerciante: dar valor con valor.

martes, 24 de junio de 2008

Ecuador: Ambientalistas obtusos


“Ecuador será un país libre de transgénicos”, dijo el presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta. Sería saludable tener líderes que cuando tratan de intervenir en cuestiones de suma importancia para la salud de los individuos, hagan un balance de los beneficios y perjuicios.

En el 2001 la Unión Europea publicó un resumen de 81 estudios científicos—comisionados por ella—en el cual se establecía que todos los estudios concluían que los procesos tecnológicos detrás de los transgénicos “probablemente los hacen más seguros que los cultivos tradicionales de plantas”. En el 2005 la Organización Mundial de Salud concluyó que “es improbable que [los organismos genéticamente modificados] presenten más riesgos para la salud humana que sus contrapartes convencionales”.

Indur Goklany en su libro The Improving State of The World (2007) argumenta que los beneficios de los transgénicos exceden sus potenciales perjuicios. La prensa se ha enfocado mucho en el sensacionalismo de las posibles consecuencias negativas por lo que yo utilizaré este espacio para destacar lo que Goklany dice acerca de los beneficios.

Él señala que hoy en día la agricultura constituye el 38% del uso de la tierra y 85% del consumo de agua fresca. No es una exageración, por lo tanto, decir que la principal amenaza al medio ambiente es conversión de hábitats naturales hacia el uso agrícola.

Lo ideal, si uno está genuinamente preocupado por el medio ambiente y el hambre, sería producir más alimentos en menos tierra. ¿Cómo se hace eso sin la ayuda de los transgénicos? Expandiendo la cantidad de tierras bajo cultivo. Si no se utilizan transgénicos el área bajo cultivo a nivel mundial aumentará por lo menos en 182 millones de hectáreas (Mha). No obstante, si se permite la biotecnología la cantidad de tierras bajo cultivo podría más bien ser reducida en 193 Mha para 2050.

Si el hambre es un problema de urgencia y seguramente lo es para los 854 millones de individuos que actualmente tienen deficiencias calóricas, los transgénicos podrían ser la respuesta.

Un ejemplo de esto es el algodón Bt en la India. Este país es el tercer productor más importante de algodón en el mundo y el algodón es uno de los cultivos que más pesticidas requiere. En 1998, algunos agricultores se enteraron de que el rendimiento podría aumentar entre 14 y 38 por ciento sin necesidad de rociar los cultivos y desesperados por una tecnología más confiable y por su supervivencia, plantaron algodón Bt ilegalmente en alrededor de 10.000 hectáreas. El gobierno amenazó con confiscar y quemar la cosecha pero finalmente no lo hizo y para marzo de 2002 legalizó el cultivo de ese transgénico. Una encuesta realizada en 2003 había demostrado que el rendimiento por hectárea había aumentado en un 29%, reducido el uso de pesticidas en un 60% y aumentado las ganancias netas de los agricultores en un 78% en comparación a los agricultores que no utilizaron el algodón transgénico. El algodón Bt resultó ser bueno para el agricultor, el medio ambiente y el consumidor.

Si los ambientalistas obtusos—que en base a miedos no científicamente comprobados quieren cerrarse a los avances tecnológicos—tienen una mejor solución para el hambre y el retraso del agro en el mundo en vías de desarrollo, seguimos esperando que la propongan. Simplemente oponerse a algo sin presentar alternativas no es constructivo y seguramente no llenará los estómagos de los pobres del mundo ni los bolsillos de nuestros agricultores.


Gabriela Calderón

lunes, 23 de junio de 2008

Tema polémico: crisis de los combustibles.


Este día, en ASOJOD queremos abordar un tema que está muy en boga: la crisis de los combustibles. Todos los noticiarios informan de los altos precios del petróleo y cómo esto tiene efectos colaterales en casi todas las actividades económicas. Asimismo, evidencian la interconexión entre la crisis petrolera y la crisis alimentaria, lo cual presupone grandes catástrofes humanas en el futuro cercano. Ante esa situación, queremos ofrecer algunas soluciones que nos parecen adecuadas:

Siendo precisamente el auge de los "biocombustibles" una de las causas de esa crisis alimentaria. toda vez que para su elaboración se destina gran parte de la producción agrícola que podría estarse vendiendo en el mercado internacional, lo que se propone es sencillamente eliminar todos los subsidios destinados para ellos. Dichos subsidios lo que generan es una enorme distorsión en los mercados, ya que los productores obviamente prefieren vender a quien mejores precios ofrezca. Pero en este caso no existe una libre y voluntaria disposición de los recursos de los consumidores para destinárselos a productores específicos, sino que el Estado usa los fondos de los tax payers para incentivar una actividad económica. Y no hay que tener dos dedos de frente para saber qué pasa cuando un Estado trata de impulsar a la economía: la Centroamérica de los años 60 y 70 es una prueba fehaciente de ello: crisis, pobreza, corrupción, despilfarro, pérdida de competitividad, etc.

Esa eliminación de los subsidios a los "biocombustibles" debe dir acompañada de la desaparición (o al menos reducción) de los impuestos que se imponen a los combustibles. En Costa Rica, por ejemplo, los fondos recaudados por concepto de impuesto a los combustibles -que supuestamente estaban destinado al mantenimiento, reparación y construcción de infraestructura vial- en realidad forman parte de una caja chica que el Estado usa para todo tipo de gastos: pensiones, aumentos salariales, etc. pero nunca para su verdadero fin. De existir esa infraestructura, estamos seguros que las presas disminuirían, y con ello el desperdicio de combustible que en ellas se da. Sin embargo, el impuesto a los combustibles no es el único que debe ir al cesto de la basura: también los impuestos a la importación de vehículos nuevos, pues estos tienen sistemas más eficientes de consumo de combustible y, a la vez, son menos contaminantes. Este impuesto hace que dichos vehículos sean inaccesibles para más personas, las cuales, por su necesidad de medios de trasporte, terminan comprando carros usados y contaminantes.

Por otra parte, estamos concientes de la importancia del ahorro y la reducción de consumo de combustible, pero esa decisión es plenamente individual. Si una persona tiene recursos y puede pagar el gasto que su vehículo implica, no hay ninguna justificación para impedírselo. Por eso, repudiamos las declaraciones de algunas autoridades gubernamentales que dicen estar estudiando la posibilidad de restringir la circulación de ciertas placas durante algunos días de la semana. Lo que en realidad hay que reducir es el gasto de combustible de las flotillas vehiculares del Estado, puesto que para nadie es un secreto que muchos vehículos de instituciones públicas circulan a horas no laborales y para actividades fuera de las permitidas. Perfectamente el Estado podría implementar planes institucionales de eficiencia en las rutas y así reducir el gasto de combustible de esos vehículos públicos.

Lo que no se vale es pretender culpar al consumidor de la "factura petrolera" y usarla como justificación para prohibir la circulación. ¿Cómo pretenden las autoridades que la gente deje sus vehículos en casa y se movilice por medio del transporte público con las pésimas condiciones en que se encuentran los buses? ¿Cómo hacer para convencer a un ciudadano que no use su automovil con la ascendente ola de criminalidad que afecta al país? Si se quiere que la gente reduzca el consumo de combustible, deben darse opciones válidas. Una de ellas sería la concesión de transporte público eficiente como tranvías o trenes. En los últimos años, un consorcio checo se ha reunido en más de tres ocasiones con el Gobierno costarricense para ofrecerle toda una red de trenes eléctricos: ya tienen el financiamiento, el equipo y el personal operativo, sólo necesitan los derechos de paso y la reconstrucción de algunos tramos de vía férrea. Y a pesar de todo eso, el Gobierno se niega a aceptar la propuesta, por amenazas de grupos de presión como los camioneros. En ASOJOD hemos advertido hasta el cansancio que eso es lo que pasa cuando se alimentan a ciertos grupos de prebendas y privilegios: después, no hay forma de quitárselos de encima.

Otra posible solución, además de la eliminación de subsidios e impuestos y de la concesión de transporte público a empresas que implementen sistemas de transporte público eficiente, es permitir el desarrollo de nuevas tecnologías. Esto se consigue eliminando las trabas a los productores de energía privada, pues la gran mayoría de ellos la obtiene haciendo uso de tecnologías limpias: hidráulica, eólica, geotérmica, biomásica, etc. El Estado debe permitir que más y más investigadores y empresarios busquen fuentes alternativas de energía, pues tienen la capacidad para hacerlo.

Así, estamos seguros, la crisis de los combustibles será una situación que no golpeará tanto el bolsillo de los individuos.

domingo, 22 de junio de 2008

El Estado benefactor corrompe


Los mayores receptores de ayuda gubernamental no son las madres solteras ni la gente muy pobre, sino grandes empresas con buenos contactos políticos que reciben subsidios, protección de la competencia extranjera y las rescatan si hacen malos negocios. Todo eso es ilegítimo e injusto.

En 1970 publiqué “Justicia y el Estado benefactor”, un ensayo demostrando que el Estado benefactor destruye la necesaria conexión entre causa y efecto, promoviendo la injusticia. La gente que se gana la vida no se queda con el dinero que gana con su esfuerzo, mientras que aquellos que no lo hacen tienen al gobierno saqueando a los demás para beneficiarlos.

Claro que se puede ayudar a los demás sin injusticias, cuando otros contribuyen voluntariamente para ayudar a quienes lo necesitan, a menudo por poco tiempo. Esa generosidad, caridad y filantropía es frecuente y apropiada entre los seres humanos. Lo que no es eficiente ni apropiado es la extorsión de dinero por parte de políticos y burócratas para financiar empresas fracasadas y a gente que se acostumbra a vivir de la caridad gubernamental.

Otro resultado del Estado benefactor es que promueve la corrupción de la responsabilidad individual. A millones se les dice que pueden actuar irresponsablemente, no practicar la virtud ni la moral ni la prudencia porque otros pagarán por sus errores. Es humano dar ayuda temporal a quien se equivoca, pero eso no es lo mismo que fomentar que cientos de miles vivan indefinidamente del esfuerzo de quienes trabajan y son responsables.

Parte de la tragedia es que a millones de niños se les está inculcando que ellos no son responsables de su propio futuro y que los funcionarios y políticos estarán siempre a su lado para que cuenten con lo necesario.

Claro que el Estado benefactor nada tiene que ver con generosidad, compasión ni caridad porque se fundamenta en redistribuir lo que pertenece a otros. El Estado benefactor tiene más bien que ver con utilizar la fuerza para transferir la propiedad perteneciente a ciertos ciudadanos para ser redistribuida por quienes buscan conseguir apoyo político de determinados grupos en las próximas elecciones.

¿Por qué tanta gente se endeuda más de lo que va a poder pagar? ¿Por qué se inician empresas con insuficiente capital? En parte, quizás, porque la educación pública enseña que no hay que preocuparse mucho por el futuro, ya que siempre tendremos a un gobierno benefactor que nos protegerá.

Así, además de corruptor, el Estado benefactor promueve creencias falsas sobre lo que se requiere para alcanzar el éxito en el ámbito personal y familiar, en los negocios y como país.

Tibor Machan

sábado, 21 de junio de 2008

Argentina: Los sistemas autocráticos no dialogan, imponen


El conflicto con el campo sacó a la luz la necesidad de discutir no sólo una determinada política económica sino, además, las bases republicanas del país.

Antes de la protesta del campo, ya se sabía que la economía estaba deslizándose rápidamente hacia una crisis. La inflación se había disparado mucho antes del paro agropecuario, mientras que los problemas energéticos, fiscales y ausencia de inversiones eran más que evidentes. Hoy, por lo tanto, no estamos asistiendo a una crisis política, social y económica inesperada ni gratuita, sino que vivimos el resultado inevitable de una acumulación de disparates que tenía que terminar de esta manera.

Es que el supuesto paradigma del nuevo modelo económico no era tal por más que algunos empresarios pretendían verlo como un descubrimiento de la ciencia económica, por el cual se podía emitir sin generar inflación, crecer sin tener inversiones y lograr que la economía funcionara con crecientes controles e intervencionismo.

Todo lo que estamos viviendo hoy es el resultado de un modelo intrínsecamente perverso que se basa en el autoritarismo económico y político.

Néstor Kirchner creyó que podía, sin costo alguno, emitir moneda en cantidades crecientes para sostener el eufemismo del tipo de cambio competitivo, hasta que un día se dio cuenta que había inflación. En vez de corregir el rumbo económico, lo mandó a Guillermo Moreno a controlar los precios y a apretar a los empresarios para disimular la inflación mientras el Banco Central de la República de Argentina (BCRA) seguía imprimiendo billetes. Como eso no le alcanzó, destruyó el INDEC (índice de inflación) para que dijera que los precios no subían en Argentina. Prohibió exportaciones, aumentó sistemáticamente los impuestos a las exportaciones, denunció y acusó a sectores productivos de avaros. Hoy el gobierno dice que aumentó las retenciones para que se produzca, entre otras cosas, más carne. Todavía me acuerdo de su discurso, vociferando desde la tribuna que el campo quería lucrar con el hambre del pueblo argentino. Hizo todo lo posible para destruir la ganadería, lo consiguió y ahora se queja que no se produce carne.

No conforme con todo esto, metió la economía en una maraña de subsidios para disimular la inflación, duplicando en un año los subsidios a la energía para que no se tocaran las tarifas. El resultado es que a las empresas le bajan la palanca cada vez más seguido porque si no tienen que dejar sin luz a la gente mientras el gasto público crece por la necesidad de mayores recursos para financiar estos subsidios.

Néstor Kirchner creyó que podía manejar indefinidamente a las trompadas la economía y hoy se encuentra con que la realidad le devuelve las trompadas a él. Desabastecimiento, inflación galopante, un país económicamente paralizado y una imagen del gobierno que cae en picada como nunca antes se había visto.

Pero frente a la cruda realidad que cualquier persona puede ver, el gobierno sigue empeñado en negarla. La presidente sigue diciendo que el país crece, que hay menos pobreza, que nunca antes en toda la historia de la Argentina habíamos crecido como lo hicimos en los últimos 5 años. Ella y sus funcionarios han llegado a formular declaraciones que ofenden la inteligencia de la gente. Alberto Fernández afirmó que las retenciones no son un impuesto sino que son una herramienta de política económica y, por lo tanto, no tienen que pedirle permiso al Congreso para aumentarlas.

Después de 90 días de conflicto Cristina Fernández de Kirchner quiere hacernos creer que cuando se anunciaron las retenciones móviles se olvidó de explicar que lo hacía para destinar más fondos a planes sociales. La verdad es que tratar de “vender” el impuestazo al campo como una necesidad de “solidaridad social” es casi una falta de respeto al coeficiente intelectual de los argentinos. ¿Cómo puede pararse frente a las cámaras de televisión y decir, sin que se le mueva un pelo, que los recursos van a ser destinados a construir más hospitales si los que hay se caen a pedazos? ¿En serio creen que con ese discurso van a convencer a la gente que ellos son buenos y el resto son avaros?

El gobierno y Moyano se cansaron de decir que por culpa del paro agropecuario la inflación se había disparado. Había inflación por culpa del campo. Pero resulta que el INDEC acaba de “informar” que la inflación en mayo fue de solamente el 0,6% y los alimentos subieron el 0,1%.

Es curioso, los Kirchner despotrican contra el libre mercado, pero se mueven políticamente recurriendo a las reglas del intercambio comercial.

Permanentemente buscan el precio de conseguir el apoyo de gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y sectores productivos. La caja por un lado y el apoyo por el otro. Obviamente, un esquema de este tipo nada tiene que ver con una democracia republicana. Por el contrario, el matrimonio parece ver el poder como un negocio personal. Si consigo el poder tengo el monopolio de la fuerza y con el monopolio de la fuerza puedo apropiarme del trabajo de la gente y con ese dinero construir más poder comprando voluntades. Para conseguir ese objetivo todo el sistema económico tiene que estar subordinado al mantenimiento del poder, por más inconsistentes que sean las políticas económicas que se apliquen. El costo de semejante esquema está a la vista.

El discurso de que las retenciones se ponen para que la gente tenga comida en sus mesas ya no convence a nadie, porque no solo los precios de los alimentos se han disparado fruto de la inflación que generó el gobierno sino que, además, han logrado uno de los desabastecimientos más grandes de la historia argentina.

De aquí en más sabemos que los Kirchner no van a dialogar porque no conciben el diálogo como un mecanismo de entendimiento. Los sistemas autocráticos no dialogan. Imponen. Ellos creen en la prepotencia, la descalificación, las amenazas y en infundir miedo utilizando el monopolio de la fuerza que los argentinos le delegamos para que defendiera nuestro derecho a la vida, la libertad y la propiedad.

Lo que hoy se está discutiendo en Argentina ya no es un tema de retenciones o de política económica. Estamos discutiendo la defensa de una democracia republicana contra un sistema autoritario basado en el abuso del poder delegado por los ciudadanos.

Roberto Cachanosky

viernes, 20 de junio de 2008

Viernes de Recomendación


Este día les ofrecemos el ensayo: "Derechos de Propiedad: la clave del desarrollo económico", Gerald P. O’Driscoll Jr. y Lee Hoskin. En el mismo, los autores se refieren al tratamiento histórico que los economistas han realizado de dicho tema, demostrando la estrecha relación que existe entre derechos de propiedad -claramente establecidos y protegidos- y crecimiento económico.

jueves, 19 de junio de 2008

En Vela


El problema del PAC, en este período legislativo (2006-2008), no ha sido la diputada Andrea Morales, como tampoco lo fue, del 2002 al 2006, la desbandada de otros diputados. La causa es la mentalidad imperante en el PAC: su incapacidad para afrontar hechos previsibles y, con más razón, imprevisibles. El PAC llega a la cancha con una táctica férrea, acartonada, y no está preparado para la posibilidad de que le anoten un gol.

Esa mentalidad, además, está escrita en piedra y firmada. Su núcleo no son los principios, cuyo incumplimiento, en este caso, no se ha probado, sino la línea de partido, cuya ruptura la definen, al parecer, los dirigentes (moral de situación). De persistir el diputado en su posición, el castigo es la pérdida de la curul, garantía de que nadie se saldrá del redil o se convertirá, como se ha dicho, en oveja negra. En síntesis, el partido sobre todas las cosas, aun sobre la conciencia del diputado. Esta es, política y moralmente, la cuestión de fondo.

Este proceder pétreo evade la naturaleza de la falta de cualquier diputado, que, al no explicitarse y concretarse, pone en manos de los dirigentes un arma poderosa y peligrosa: el dictum de la infidelidad al partido. Pero ¿quién determina el carácter de esta infidelidad? Y, más aún, ¿qué poder tienen los dirigentes para obligar a un diputado, supuesta una falta, a renunciar a la curul, un acto totalmente diferente de la renuncia del partido? ¿Qué poder tienen para imponerse sobre un voto popular?

La obligación de renunciar a la curul, en el período 2006-2010, se inspiró en el miedo a la repetición de la rebeldía de un grupo de diputados, en el 2002-2006, quienes renunciaron del partido sin poder siquiera ser conminados a la renuncia a la curul. No advirtieron los dirigentes del PAC que la solución no era obligar a los diputados a firmar previamente la pena de muerte (la renuncia a la curul), sino abrir puertas y ventanas a la deliberación interna y al respeto a la conciencia.

Un partido no puede progresar a punta de compromisos previos que violan la libertad, que llevan a una política inaceptable de control y dominio, antítesis de una organización democrática. No es la vía para enfrentar situaciones nuevas en un mundo sorprendente y retador.

Lo dicho encaja, asimismo, en la obligación de los precandidatos a diputados del PAC, en la elección pasada, a someterse a un curso previo y a un examen escrito sobre la ideología del PAC. He aquí un hecho revelador del que se pueden extraer esclarecedoras conclusiones sobre la mentalidad imperante en este partido.

Julio Rodríguez

miércoles, 18 de junio de 2008

¿Control de armas? ¿No será mejor controlar a los criminales?


El gobernador de Pensilvania, Ed Rendell, y el alcalde de Filadelfia, Michael Nutter, han exigido en un escrito que vuelva a prohibirse, a escala federal, la tenencia de armas de asalto. "La aprobación de dicha ley contribuirá en gran medida a proteger a aquellos que ponen todos los días sus vidas en peligro para salvaguardar las nuestras (...) No hay excusa para no hacerlo", dice la misiva que han remitido a los miembros de la delegación estatal en el Congreso.

El control de armas no nos va a proteger de los asesinos. Lo que necesitamos es protegernos del sistema penal que han ideado los políticos.

Según ha relatado el ex policía de Filadelfia Michael P. Tremoglie ("Who freed the cop-killers?") ¿Quién libera a los asesinos de policías?], Philadelphia Daily News, 8-V-2008), los tres sospechosos del asesinato de Liczbinski tenían historiales penales formidables. Si no hubieran sido puestos en libertad mucho antes de lo estipulado en sus condenas, el agente Liczbinski seguiría vivo. Así que, ¿quién es el responsable de su muerte, las armas o el sistema que permitió a estos delincuentes abandonar sus celdas antes de tiempo? En su artículo, Tremoglie habla de otros casos de policías asesinados por presos en libertad condicional.

Según un estudio publicado por el New York Times en abril de 2006, el 90% de los 1.662 asesinatos registrados en la ciudad de los rascacielos durante el período 2003-2005 fueron cometidos por delincuentes con antecedentes penales. De acuerdo con otra investigación, los homicidas que comparecen ante los tribunales de Massachusetts ya se las han visto con la justicia en otras nueve ocasiones. En su libro More Guns, Less Crime (Más armas, menos crímenes), John Lott informaba de que, en los 75 condados más populosos del país, más del 89% de los asesinos mayores de edad tenían antecedentes por delitos cometidos una vez alcanzada la mayoría de edad.

Poco después del asesinato de Liczbinski, el gobernador Rendell declaró, en una conferencia de prensa a la que asistieron funcionarios electos y altos mandos policiales: "Ha llegado el momento de que los políticos decidan. Han de decidir si están del lado de los agentes de policía o del lobby de las armas". La segunda parte de la disyuntiva debería ser otra; ésta: "O de parte de los criminales y de los tribunales, de los fiscales y de los servicios de vigilancia penitenciaria, que llegan a acuerdos con los criminales y los sueltan para que se ceben con los oficiales de policía y los ciudadanos que respetan la ley".

Si hay una función básica del Estado, ésa es la de proteger a los ciudadanos de los criminales. Cuando el fracaso del Gobierno llega hasta el punto de que caen aquellos que están encargados de proteger la vida de los demás, los funcionarios se dedican a buscar cabezas de turco; sus preferidas suelen ser la Asociación Nacional del Rifle y otras organizaciones que luchan por conservar nuestro derecho a tener y portar armas, recogido en la Segunda Enmienda.

Se suceden los llamamientos a un más estricto control de armas, pero lo que se necesita verdadera y perentoriamente es un mayor control sobre los criminales.

Hay muchas leyes relacionadas con la responsabilidad civil subsidiaria. Pues bien, creo que habría que aplicarlas también a los encargados de conceder las libertades condicionales cuando los presos que han puesto en la calle cometen delitos violentos. Hoy en día no pagan precio alguno por ello. Me apuesto lo que sea a que si hubieran de afrontar las consecuencias, prestarían más atención al bien de la comunidad que al de los criminales.

Walter Williams

John Galt speaking pt. 9



En este segmento John Galt critica la esclavización de la cual es vícitma el hombre de mente por parte del salvaje.

martes, 17 de junio de 2008

30.000 visitas


Orgullosamente, el blog de la ASOJOD ha alcanzado las 30.000 visitas. Cada día más y más personas nos visitan y leen nuestros artículos, accediendo a visiones diferentes de los temas más importantes de la realidad política nacional e internacional.

Agradecemos la fidelidad y el interés de todos esos visitantes. En ASOJOD seguiremos trabajando para brindar seriedad y nuevos enfoques dentro de la blogsfera.

Cuba: Gracias a la revolución...


Al principio no veía ni entendía nada y por eso era fácil que la palabrería oficialista del gobierno cubano y sus mas acérrimos detractores de la lógica me engañaran.
Y el engaño me lo dio la revolución, no por la que mis abuelos lucharon, sino la que impusieron los hermanos Castro.

Es por eso que hoy, gracias a la revolución, tuve que intentar salir de cuba en una balsa por que sentía que aquí no se respetaban mis derechos. Por la revolución cuando fui devuelto por los guardacostas estadounidenses y pise suelo cubano fui decretado no confiable, quedando así, por siempre relegado.

Gracias a la revolución, mi vida, mi juventud y mis sueños se van muriendo, mis pertenencias por uso sin reposición se van deteriorando, gracias a la revolución no puedo trabajar pues simplemente no soy confiable, según dicen los si confiables, los de la policía, los del departamento de la seguridad del estado, esos que se cansan de mentir y nadie puede cuestionarlos.

Por la revolución existen dos monedas en mi país, la moneda nacional y la libremente convertible. Una para mi y la otra para los jefes de estado y de gobierno, pero gracias a la revolución con la mía nada puedo comprar, pues no me sirve en las tiendas de ropa y artículos de primera necesidad.

En la revolución de dos lideres, un único partido y una sola y única política permitida otros jóvenes como yo se ahogan en el estrecho de la Florida o perecen bajo dudosas circunstancias. Así fue cuando lanchas guardacostas de esta invicta y humanitaria revolución de dos un triste 13 de julio de 1994 hundió a otra embarcación con niños y jóvenes que solo querían vivir como seres humanos.

Gracias a la revolución las cárceles están llenas de jóvenes no confiables como yo, existen casi 300 presos políticos, pero hay mujeres que luchan y eso es bueno, por que esas no son de esa revolución. Mujeres que por ser madres y esposas de personas que sufren. A cualquier hombre se le aprieta el pecho de emoción por ellas porque, gracias a la revolución, y como en el 1956 Fidel castro lo dijo, en un país sin justicia los hombres y mujeres jóvenes estarán siempre muertos o presos.

Gracias a la revolución hubo un mariel por los años 80—gran emigración de cubanos—con gritos de “¡fuera la gusanera!” (epíteto para los que deciden irse de la isla). Después, gracias a la revolución, esos que repudiaron a los “marielitos” de Cuba forzosamente, esos que gritaron “¡fuera!” entraron a la sección de intereses de EE.UU. en la Habana a pedir visas.

A mi no me crean, después de todo según ellos nunca tendré razón, al fin y al cabo solo soy un apatria, un mercenario sin dinero. Para ellos, los confiables, solo soy un contrarrevolucionario y por si eso no era suficiente, amigo de la mafia anticubana y terrorista de Miami—honor que me hacen. Según ellos de quienes yo considero esos hermanos exiliados que luchan por la libertad de Cuba allá en el exilio en el país del susto para la dictadura Fidelista y Raulista.

En fin, a la revolución le debemos mucho, gracias a la revolución.


Álvaro Yero Felipe

lunes, 16 de junio de 2008

Tema polémico: la condonación de la deuda externa

En muchas ocasiones hemos escuchado a la prole progre decir que la pobreza es culpa de las grandes potencias. Tan es así que todavía, a estas alturas del siglo XXI, algunas personas consideran que persiste una deuda de Europa para con sus excolonias por el "saqueo y robo de metales preciosos, cultivos y vírgenes", deuda que es decenas de veces mayor que la contraída por estas en favor de aquellos. De esta forma, esa gente pide a gritos que, como compensación, los países del Primer Mundo le condonen la deuda a los tercermundistas.

Evidentemente, ese reclamo no tiene fundamento alguno. ¿Por qué un europeo o un estadounidense de hoy deben pagar por las atrocidades y errores que sus antepasados cometieron hace más de 500 años? Siendo así, resulta que toda la humanidad continúa pagando porque un glotón como Adán se tragó una manzana que no debía. La gente que cree eso no se da cuenta de algo tan elemental que la responsabilidad es individual: sólo quien comete el acto debe cargar con las consecuencias. Si el culpable murió, ¡qué pena, proscribió la responsabilidad!

Algunos, ligeramente menos irracionales pero todavía muy lejos de la lucidez, solicitan más bien mayor cooperación de los países ricos hacia los pobres, que no incluya sólo el perdón de las deudas, sino la transferencia de más y más dinero. Entonces aparecen proyectos como el recordado Live 8, una especie de Woodstock moderno donde cientos de artistas piden acabar con la pobreza tratando de que el G-8 "duplique la ayuda, condone totalmente la deuda e imparta justicia comercial para África".

En el mundo rosa, donde los progres creen que todas sus sandeces pueden llevarse a la práctica y generar un final de cuento de hadas ("y vivieron felices para siempre..."), la idea del Live 8 puede sonar muy bonita pero en la realidad, tal propuesta está plagada de problemas. Para demostrarlo, vamos a realizar un breve pero conciso análisis, para el cual utilizaremos las categorías "países ricos y pobres" que sabemos que son etimológica y metodológicamente incorrectas, toda vez que lo que en realidad existen son individuos ricos y pobres. Pero por cuestiones de facilidad escrita, los reuniremos en dichas categorías para ser coherentes con el discurso progresista que estamos criticando.

A nivel conceptual, hay que desglosar que entienden los seguidores de esa idea por justicia comercial: ¿que los países ricos compren a precios mayores los productos de los tercermundistas? ¿que los países ricos vendan sus productos más baratos? Contestaremos esas preguntas para evidenciar los problemas conceptuales de quienes las hacen: si lo que se pide es que los países ricos compren a precios más caros o vendan más barato se comete el error, primero, de creer que quien compra es el país y no los individuos que habitan en él y, segundo, de que siendo los individuos quienes realizan las transacciones, ese tipo de medidas puede perjudicar severamente no sólo a los productores, sino a los consumidores y especialmente a los trabajadores en esos países primermundistas, trabajadores que, dicho sea de paso, muchas veces son migrantes de los países pobres.

Obviamente, pretender que los gobiernos de los países ricos emitan normas para que los productos que se exportan desde sus territorios se vendan más barato en el mercado internacional o para que los productos que se importan desde territorio de los países pobres se compren más caro en el mercado interno, significa que los Estados intervengan en la economía. Curiosamente, cuando uno analiza la organización político-económica de los países tercermundistas (ver Freedom House y Heritage) verá que precisamente son los lugares donde más intervención estatal en la economía existe. O sea, lo que esta gente pide es que los males de los países tercermundistas sean calcados en los países primermundistas. ¡Vaya maravillosa solicitud: mal de todos, consuelo de tontos!

Ahora, otra de las categorías del pedido progre hacia los países ricos es la condonación de la deuda. En este sentido existe una paradoja: la gente que escupe ante la inversión extranjera directa, que ataca al Banco Mundial o al Fondo Monetario Internacional es la misma que, muy luego, exige préstamos de parte de esos "buitres". Si no les prestan dinero porque no pueden pagarlo, entonces son "unas organizaciones o países del diablo, deseosas de ver a los pobres hundirse en la miseria"; si les prestan y les cobran, son unos "carroñeros, unos extorsionadores, unos usureros". Es claro que lo que desean es que se les regale (no preste) dinero. Pero ¿en qué mundo un banco o entidad financiera otorga dinero que no es suyo, sino de sus ahorrantes (o en este caso de sus tax payers) y luego no lo pide de regreso? ¿Cómo responderá a quienes depositaron el dinero? Pero además, tal regalo genera un problema ético: ¿por qué ha de regalársele a otro lo que alguien produjo?

Finalmente, el requerimiento de los progres acaba con la rimbombante exigencia de aumentar la cooperación económica internacional. Esto no significa otra cosa que solicitar a los países ricos que envíen más dinero a los países pobres para que éstos últimos salgan de su situación. Pero, como es a todas luces observable, los maravillosos progres no son asiduos científicos: no observan la evidencia para luego hacer sus apreciaciones. Esto porque un breve recorrido por la historia permite notar que, especialmente tratándose de África, la transferencia de fondos de los países primer mundistas sólo ha logrado agravar la situación: dictadores con más fondos para comprar más armas y así reprimir más a su población; gobernantes corruptos con más recursos para repartir; desórdenes institucionales y burocráticos con más dinero que desperdiciar. Y todo sin tener que rendir cuentas. ¿No es eso fantástico?

De tal forma, cuando escuchamos a alguien pedir más dinero hacia los países pobres o comercio justo y equitativo, en realidad estamos escuchando un pedido por mayor intervención del Estado en la economía. Es decir, que algunos, valiéndose del monopolio de la coerción impongan sus fines a los demás, de forma tal que unos terminemos sirviendo a otros.

Es claro que la pobreza no se acaba regalando dinero a los pobres, pues cuando lo gasten seguirán igual. Se soluciona eliminando todos los impedimentos existentes para que ellos puedan iniciar actividades productivas: barreras comerciales, cuotas, impuestos, permisos, licencias, concesiones, patentes, en fin, todas resumibles en la categoría de intervención estatal. Se elimina atrayendo mayor inversión extranjera directa, la cual significa más fuentes de trabajo y transferencia de tecnologías y procesos productivos a los cuales, de otra manera, quizá no se podría acceder.

Lo que África, América Latina, Asia, etc. ocupan es más libertad en todo el sentido de la palabra: los ejemplos históricos han demostrado que cuanto más libre es un sistema societal, los niveles de pobreza se reducen de forma más veloz.

domingo, 15 de junio de 2008

Marx, Lenin y Gramsci


En el Manifiesto Comunista de 1848, se sostiene que “la burguesía es incapaz de gobernar” porque “la existencia de la burguesía es incompatible con la sociedad” ya que “se apropia de los productos del trabajo. La burguesía engendra, por sí misma, a sus propios enterradores. Su destrucción es tan inevitable como el triunfo del proletariado” (secciones 31 y 32 del segundo capítulo).

Y mas adelante Marx y Engels escriben que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” (sección 36 del capítulo tercero), para concluir en la necesidad de que el proletariado se ubique en el vértice político : “los proletarios se servirán de su supremacía política para arrebatar poco a poco a la burguesía toda clase de capital para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, en las del proletariado organizado como clase gobernante” (sección 52 del mismo capítulo, el cual concluye con la necesidad de la revolución en la sección 54).

Lenin era mas sagaz que sus maestros ya que nunca creyó que el llamado proletariado podía dirigir y mucho menos gobernar una revolución (ni en ninguna circunstancia). Por eso escribió lo que aparece en las páginas 391-2 del quinto tomo de sus obras completas en el sentido que el vehículo de lo que denominaba “la ciencia socialista”, a su juicio, “no es el proletariado sino la intelligentsia burguesa: el socialismo contemporáneo ha nacido en las cabezas de miembros individuales de esta clase”. Por esto también es que Paul Johnson en su Historia del mundo moderno destaca que Lenin “nunca visitó una fábrica ni pisó una granja”.

Todas las revoluciones de todas las épocas han sido preparadas, programadas y ejecutadas por intelectuales. Los obreros han sido carne de cañón y un adorno para los distraídos. Por esto es que resulta tan importante la educación, los estudiantes y los intelectuales porque, para bien o para mal, de esa formación depende el futuro.

De todos los dirigentes comunistas el que mejor vislumbró este punto crucial fue Antonio Gramsci en sus escritos desde la cárcel fascista. Denominaba “guerra de posición” a la tarea de influir en la cultura y “guerra de momento” a la toma del poder. Creía en la trascendencia de la educación en todos los niveles, especialmente en las faenas realizadas en las familias de obreros para entrenarlos y formarlos como intelectuales defensores de los principios comunistas.

Es muy común al indagar en las experiencias de antiguos socialistas convertidos al liberalismo, que se advierta que el autor que mas atrajo atenciones en cuanto a sus posturas intelectuales anteriores era precisamente Gramsci. Pensadores de fuste no son atraídos por los métodos violentos sino por las tareas de la educación y la cultura. Por otra parte, en mis conversaciones con estas personas he comprobado que, en general, el campo de conocimiento que los ayudó a transitar el cambio de una posición a otra ha sido el de los mercados competitivos, al percibir que, además de la falta de respeto a la dignidad humana, la prepotencia estatal no puede contra los arreglos libres y voluntarios en el contexto de los marcos institucionales de una sociedad abierta.

El conocimiento está disperso y fraccionado, lo cual se pone de manifiesto a través de los precios de mercado que tramiten información a los operadores para asignar factores productivos a las áreas más requeridas. En la medida en que aciertan obtienen ganancias, en la medida en que se equivocan incurren en quebrantos. Los megalómanos de turno, con la intención de “dirigir la economía”, están, de hecho, concentrando ignorancia y apuntan a sustituir el conocimiento de millones de personas es sus respectivos “spots” por directivas ciegas emanadas desde el vértice del poder, puesto que resulta imposible contar con la información presente en los millones de arreglos contractuales simplemente porque no está disponible antes que las operaciones se concreten.

Por otra parte, al arremeter contra la propiedad privada se debilitan hasta desaparecer las antes mencionadas señales, es decir, los precios, con lo que nadie sabe como proceder con los siempre escasos factores productivos. En otros términos, además de la falta de respeto a las libertades de las personas, las distintas vertientes del régimen de planificación estatal constituyen un imposible técnico. Sin precios o con precios falseados se desvanece la posibilidad de la evaluación de proyectos y la misma contabilidad. Se puede mandar, ordenar y decretar por puro capricho con el apoyo de la fuerza bruta, pero no puede conocerse la marcha de la economía allí donde se bloquean las señales que permiten asignar económicamente los recursos disponibles.

Entre otros, estos han sido los errores fatales de Marx y sus seguidores de todos los colores y constituyen las razones del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín y de los reiterados y estrepitosos fracasos de la planificación estatal de las haciendas ajenas. Por eso los almacenes están rebosantes de mercancías cuando se permite que funcionen los procesos de mercado y quedan anémicos y vacíos cuando se entromete la arrogancia y la soberbia inaudita del planificador gubernamental.

En un contexto más general respecto del aparato estatal, vale la pena tomar nota de las crudas observaciones de Hanna Arendt en Truth and Politics, en cuanto a que “nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas” y, en esa misma línea por cierto alarmante, Talleyrand había escrito mucho antes en correspondencia dirigida a Madame de Staël que “no se puede confiar en un político a menos que sea corrupto puesto que, en ese caso, hay un pacto personal y directo en el que sostenerse”.


Alberto Benegas Lynch

sábado, 14 de junio de 2008

Mi criterio como Ministra de Salud


El día de hoy queremos presentarles un muy interesante artículo de la Ministra de Salud María Luisa Ávila, denominado "Mi criterio como ministra de Salud" sobre el tema de la legalización de unión civil entre homosexuales. A pesar de que discrepamos en cuanto al criterio religioso expresado por la Ministra, consideramos que el resto del artículo es muy valioso como criterio profesional sobre un tema que ya hemos tocado en ASOJOD.

Quizá el aspecto más importante que. acertadamente aborda la Ministra, es que el tema reviste un interés en el marco de la salud pública en tanto mayores niveles de tolerancia permiten alcanzar mejores niveles de estabilidad emocional y psicológica. Es claro que la sra. Ávila se adscribe a una definición más extensa y completa de salud, que supera la simple creencia de que es la ausencia de enfermedad para llegar a considerar el elemento físico, mental y emocional del ser humano.

viernes, 13 de junio de 2008

Viernes de recomendación


Para este viernes de recomendación queremos presentarle un interesante ensayo de Friedrich Hayek titulado "Individualismo: el verdadero y el falso", en donde el autor expone las diferencias que existen entre dos corrientes que se han asociado al término individualismo: la versión inglesa y la francesa.

jueves, 12 de junio de 2008

Obama y el desafío latino


Uno de los mayores desafíos que le esperan al candidato presidencial demócrata Barack Obama será conquistar el voto hispano, porque en las elecciones primarias no le fue muy bien con los latinos, y no podrá llegar a la Casa Blanca sin un apoyo masivo de este grupo étnico.

No le será fácil. Si bien los hispanos han votado históricamente por los demócratas y lo hicieron en aún mayores procentajes en las recientes elecciones primarias de ese partido- en parte por la creciente retorica antiinmigrante del Partido Republicano-, gran parte del voto latino fue para la entonces rival de Obama para la candidatura del partido, Hillary Clinton.

La senadora Clinton derrotó a Obama entre los votantes hispanos por un 73 al 27 por ciento en Nueva York, un 69 contra un 30 por ciento en California, un 68 contra un 32 por ciento en Texas, un 70 contra un 30 por ciento en Nueva Jersey, y un 61 contra un 35 por ciento en Florida. Obama derrotó a Clinton entre los hispanos en Illinois, su estado, y otros, pero muy pocos.

Obama es particularmente débil entre los hispanos nacidos en el extranjero, que representan casi la mitad de los 13 millones de latinos registrados para votar.

Todo esto implica un enorme desafío para Obama. Para ganar en noviembre, no sólo necesita conquistar el voto hispano en los estados indecisos, que serán clave en esta elección -como Florida, Nuevo México y Colorado- sino que deberá hacerlo con un margen de ventaja más amplio del habitual.

''En las elecciones de este año el voto latino será más importante que nunca,'' afirma el encuestador demócrata Sergio Bendixen. ``Es posible que la elección nacional se defina en Florida, Nuevo México, Colorado y Nevada, donde el voto hispano será decisivo para determinar al ganador de esos estados.''

Según Bendixen, Obama necesita ganar el voto hispano con un margen de más del 55 por ciento en Florida y más del 65 por ciento en Nuevo México, Colorado y Nevada. Y si el candidato republicano, senador John McCain, les da pelea a los demócratas en Nueva Jersey, California y Pennsylvania, el margen de victoria de Obama en estos últimos estados tendría que ser aún mayor.

¿Lo logrará Obama? Una encuesta realizada la semana pasada por el grupo Carville-Greenberg muestra que Obama está ganándole a McCain entre los hispanos a nivel nacional por un 60 por ciento a un 34 por ciento. Otra encuesta difundida en estos días por Gallup revela que Obama tiene un 62 por ciento de intención de voto entre los hispanos a nivel nacional, contra un 29 por ciento para McCain.

Muchos estrategas demócratas citan estas encuestas como un buen augurio para Obama. Un nuevo estudio del New Democrat Network señala que el número de votantes hispanos en las elecciones primarias de este año se triplicó respecto de las primarias del 2004, y que el Partido Demócrata ha aumentado su intención de voto entre los hispanos en un 66 por ciento en los últimos cuatro años.

''Las últimas encuestas nacionales indican que la candidatura de Obama está muy fuerte entre los latinos, especialmente considerando la debilidad que mostró en ese grupo en las primarias,'' dice el presidente de la NDN, Simon Rosenberg. ``El electorado hispano tiene una nueva dinámica: estamos viendo un nivel muy alto de participación cívica, y un decidido vuelco hacia los candidatos demócratas.''

Los republicanos, a su vez, dicen que McCain sólo necesita acercarse al 38 o 40 por ciento del voto hispano que logró el presidente Bush en las dos elecciones anteriores, y que no está tan lejos de conseguirlo.

''Esta carrera recién ha comenzado, y todavía tenemos cinco meses para recordarle a los hispanos que John McCain siempre nos ha acompañado y se ha arriesgado políticamente por nuestra comunidad, mientras que los vínculos de Obama con la comunidad hispana son escasos o nulos,'' dice Ana Navarro, codirectora del Consejo de Asesores Hispanos de McCain. ``Las últimas encuestas son positivas para McCain, y un buen punto de partida sobre el que construir la victoria.''

Mi opinión: Obama tratará de conquistar el voto hispano centrando su discurso en las cuestiones que más los afectan, como la economía, el seguro universal de salud y la guerra con Irak. Es muy probable que McCain trate de no discutir esta agenda, sino que haga una campaña negativa contra Obama, recalcando su falta de experiencia y pintándolo como un hombre débil en seguridad nacional en un mundo cada vez más peligroso.

Obama no tiene más remedio que poner todo su empeño en ganar el voto hispano por un margen abrumador. En una reciente entrevista, el virtual candidato demócrata, que nunca ha visitado América Latina, me dijo que está planeando viajar a México antes de las elecciones de noviembre. Buenísimo. Pero tendrá que hacer mucho más que eso.

Andrés Oppenheimer

Enemigos del comercio


Las diferencias entre las personas en cuanto a aptitudes, vocaciones y productividades permite que cada uno se dedique a diversas actividades y, a su vez, eso hace posible la cooperación social a través de las transacciones comerciales. Se entrega lo que la persona considera tiene menos valor respecto a lo que recibe de otro y, en sentido inverso, eso ocurre con la otra persona en la transacción de marras. En otros términos, por la razón apuntada, en los intercambios libres y voluntarios ambas partes ganan, lo cual, a su turno, significa que la riqueza se ha revalorizado y en esto reside el progreso.

Pero henos aquí que irrumpen megalómanos del aparato estatal que ponen palos en la rueda y tratan de manejar precios, márgenes operativos, cuotas, barreras aduaneras y todo tipo de atropellos a los derechos de propiedad que perjudican gravemente el proceso anteriormente descrito. Estos son energúmenos que no producen nada sino que, como queda dicho, obstruyen y se quedan con tajadas crecientes de lo producido por otros. No se limitan a recaudar para proteger derechos sino que todo lo invaden y lo distorsionan.

En estas líneas quisiera centrar la atención en el comercio que tiene lugar entre empresas y personas ubicadas en distintos puntos del planeta y que son obstaculizadas en sus transacciones por disposiciones gubernamentales que se suelen denominar tarifas aduaneras. Es increíble que a esta altura de los tiempos después de tanto esfuerzo para reducir fletes terrestres, aéreos y marítimos resulta que cuando el producto llega a la aduana se contrarrestan esos progresos y se retrotrae la situación a la época de las cavernas debido a las susodichas tarifas aduaneras que elevan innecesariamente los costos.

Pues bien, por increíble que parezca, hay quienes sostienen que dichas barreras al comercio son beneficiosas porque "protegen la economía local"(sic). Semejante desatino pasa por alto que cuando se incrementa artificialmente el costo en la aduana las erogaciones por unidad de producto se elevan, lo cual naturalmente significa que la productividad cae que, a su vez, conduce a que la cantidad de productos disponibles se contrae y, consecuentemente el nivel de vida se reduce. Es lo mismo que lo que ocurre en la familia. Cuando los ingresos disponibles deben destinarse a productos mas caros, estos serán menores en su cantidad o calidad (o las dos cosas a la vez), lo cual empobrece a la familia.

Las importaciones constituyen la otra cara de la moneda de las exportaciones, del mismo modo que las compras dependen de las ventas. Cuando se vende al exterior ingresan divisas lo cual hace que su mayor oferta las torne mas baratas, cosa que permite comprar del exterior a menor precio. Pero, a su vez, esto último encarece la divisa, lo cual torna mas atractiva la venta al exterior y así sucesivamente. Al limitarse las importaciones se restringe la demanda de divisas, situación que perjudica a los exportadores puesto que obtendrán menores ingresos por sus productos. En verdad, las exportaciones constituyen los costos de las importaciones, del mismo modo que la venta de nuestros servicios profesionales o la venta de los productos que fabricamos es el esfuerzo en el que debe incurrirse para poder adquirir lo que necesitamos. Lo ideal para todos sería poder adquirir lo que deseamos sin necesidad de incurrir en los costos de producir y vender algo, pero esto significaría que otros nos estarían regalando los bienes y servicios que requerimos. Lo mismo ocurre en el comercio internacional, con la única diferencia que los interlocutores están mas alejados entre sí.

Las tarifas y barreras aduaneras de diverso tipo ponen de manifiesto que aún no hemos entendido que resulta mejor comprar más barato y de mejor calidad que más caro y de peor calidad. Cuando se alude al “proteccionismo” en realidad se desprotege a la gente que se ve obligada a desembolsar mayores porciones de sus ingresos para obtener una cantidad menor de bienes. Las llamadas integraciones regionales de la actualidad revelan que aun no se han comprendido las ventajas de integrarse con el mundo.

Cuando se dice que la integración es un primer paso en esa dirección no parece percibirse que muchas veces es un primer paso en la dirección opuesta ya que los aranceles aduaneros del conjunto muchas veces significan, para ciertos países miembros del bloque, retrocesos respecto de las situaciones tarifarias antes de implantarse la integración. De todas maneras, el léxico militar utilizado como si se tratara de ejércitos de ocupación: “conquistas de mercados”, “invasión de productos” y demás parafernalia, revela que no se han entendido las ventajas del librecambio como para adoptar ese meta y dejar de lado pasos y etapas que no son mas que burdos pretextos para negociaciones inconducentes que pretenden ocultar la manifiesta incomprensión respecto del comercio libre. Al insistir que se trata de un primer paso —que ya viene durando mas de tres siglos desde que expusieron la idea los economistas clásicos— se pone en evidencia que la razón por la que no resulta posible ir al último paso es debido a que aún no se han entendido las ventajas de abrir paso al comercio libre, a lo que se suman los intereses subalternos de empresarios prebendarios que sacan tajadas ilegítimas para engrosar sus bolsillos.

Si no fuera por los aranceles aduaneros no habría tal cosa como contrabando que, en última instancia, no es más que el sustituto del comercio libre y no se limitarían los beneficios de la tontera de los “free shops” que tanto encandila a turistas que no siempre son capaces de articular el sentido de esos islotes que graciosamente concede la autoridad, en lugar de ampliar la idea a todo el país. Los oficiales de aduana apuntan a una de dos cosas o las dos simultáneamente: al cohecho o al insolente revisar valijas y efectos personales para cubrirse de la posibilidad de que se ingresen bienes más baratos y de mejor calidad, lo cual "perjudicaría a los compatriotas" (?).

Aún estamos rodeados de demasiados enemigos del comercio que, entre otras muchas cosas, perjudican a los mas necesitados. Es sabio el proverbio chino que reza así: “si quieres ayudar a un necesitado no le entregues un pez, enséñale a fabricar una red de pescar”. En este sentido, el eje central para ayudar a los necesitados consiste en explicar y difundir las ventajas de la sociedad abierta. El comercio —una de las bases de la cooperación social— permite ayudarse a uno mismo, al tiempo que hace bien a los demás en un clima en el que se abren las compuertas de par en par a las múltiples obras de filantropía dirigidas a quienes están imposibilitados de manejarse por sus propios medios en la vida.

Tal como resume Alfred Whitehead en Adventures of Ideas: “El intercambio entre individuos y entre grupos sociales es de una de dos formas, la fuerza o la persuasión. El comercio es el gran ejemplo del intercambio a la manera de la persuasión. Las guerras, la esclavitud y la compulsión gubernamental es el reino de la fuerza”.

Hoy preocupa el incremento en los precios de los alimentos sin prestar la debida atención a las razones centrales del aumento. Dejando de lado causas naturales como la sequía en Australia y la irrupción de la población de la India y China en el mercado, las razones artificiales son de mucho mayor peso.

Esto es así debido a los caprichosos decretos gubernamentales para frenar los enormemente beneficiosos transgénicos, la manía por cargar los alimentos con una maraña de impuestos y reglamentaciones inauditas, los subsidios a emprendimientos antieconómicos, las barreras aduaneras, la implantación de cupos absurdos, permisos, certificados, cortapisas y trabas burocráticas y demás embrollos y parafernalia estatal que no permite asignar eficientemente los factores productivos y, consecuentemente, los encarece de modo innecesario.

Curiosamente el presidente de México y el de Nicaragua acaban de recurrir a idénticas palabras para aludir a la situación alimentaria del momento. Como una gran concesión humanitaria declararon que “con carácter transitorio y como una medida de emergencia” (sic) dejarán sin efecto algunos aranceles a la importación de alimentos. Sería de gran utilidad que esos gobernantes y muchos otros del planeta tuvieran en cuenta que la politización de estos delicados asuntos no constituye la solución sino que allí precisamente estriba el nudo del problema y que también prestaran la debida atención a lo dicho por el premio Nobel en economía Milton Friedman: “si a los gobiernos se les diera la administración del Sahara, pronto se quedaría sin arena"


Alberto Benegas Lynch

miércoles, 11 de junio de 2008

John Galt pt. 8



En este video, John Galt explica la importancia de la honestidad intelectual, como medio para evitar el autoengaño y con ello poder entender el mundo.

martes, 10 de junio de 2008

Ecuador sin brújula


El presidente ecuatoriano Rafael Correa va cuesta abajo. Según la última investigación (Cedatos-Gallup), sólo el 41% apoyaría el extravagante texto constitucional que sus partidarios van forjando lentamente en el pueblo de Montecristi. Necesita el 50% para que se apruebe. Ha dicho que, si fracasa, abandonará la política. No ha aclarado si volverá a enseñar en la universidad, donde no dejó una huella memorable, o si se dedicará a cantar y tocar la guitarra, actividades que practica con más talento que Abdalá Bucaram, otro músico que pasó por el Palacio de Carondelet, al que derrocaron acusándolo de loco, poco después de que perpetrara un CD de rock and roll con la complicidad de un conjunto uruguayo llamado Los Iracundos. El CD era una prueba irrefutable de los cargos que le imputaron.

Parece que la constitución que están redactando los patricios ecuatorianos es un adefesio socialista cargado con la noble intención de hacer justicia social y lograr la felicidad espiritual y corporal de las personas, incluida la delicada región inguinal. Hace pocas fechas, una señora se empeñaba en consagrar los derechos de las mujeres, sin olvidar el de disfrutar de los placeres sexuales. Nunca supe si se aprobó su propuesta, pero a mí, francamente, me pareció razonable. Una de mis heroínas predilectas es Mary Wollstonecraft, quien planteó eso mismo en Inglaterra a fines del siglo XVIII. Alguna vez, hasta pensé en novelar su interesante vida. Toda dama frígida merece una pensión del Estado por su injustificado sufrimiento.

Pero hay más locuras, como explica, azorado, el analista Walter Spurrier. Uno de los aportes de las etnias indígenas al texto constitucional que se prepara consiste en que la economía se guíe por el principio del sumak kawsay, una ancestral filosofía del desarrollo que entiende que el ''buen vivir'' radica en la convivencia armoniosa con la naturaleza, lo que necesariamente excluye el progreso y el consumismo, dos depredadoras actitudes que destruyen el hábitat en el planeta. ¿Como sustentan esa dulce visión precolombina de la sociedad los ilustres legisladores ecuatorianos en nuestros días? Muy fácil: en el pensamiento de los filósofos radicales europeos Iván Illich y Serge Latouche. Lo revolucionario no es crecer, sino decrecer. Involucionar. Huir de la demencia occidental. Una tontería, por cierto, que hace ya muchas décadas también formuló Gandhi cuando defendió el regreso a la rueca y el abandono de la búsqueda del progreso como objetivos para la nación que se proponía fundar.

Pobres ecuatorianos. Ecuador es una nación preciosa, potencialmente riquísima, ocupada por una clase dirigente tenazmente empeñada en agravar los problemas que padece la sociedad. Si la nueva constitución ''social y solidaria'' es aprobada, seguramente la promulgarán en el Congreso Nacional ante el enorme mural de Oswaldo Guayasamín, un exitoso pintor expresionista de filiación comunista que trató de exterminar al imperialismo yanqui acaparando todos los dólares que se ponían a su alcance. El mural se titula, precisamente, Historia de la constitución del Ecuador, y en él se denuncia, entre otros horrores, a la malvada CIA, culpable, por supuesto, de todos los males que aquejan al país.

Cuando el profesor Rafael Correa fue elegido presidente, dos de los argumentos que se esgrimieron a su favor fueron su buena formación universitaria y su condición de católico practicante. El señor Correa había hecho estudios postgraduados en la Universidad de Lovaina (Bélgica), una antigua y prestigiosa universidad católica, y luego había obtenido un doctorado en una institución norteamericana de Illinois. El señor Correa sabía de economía. Lo que nadie se preocupó en averiguar es cuáles eran sus ideas sobre la naturaleza humana, la libertad, la tolerancia, el pluralismo, la democracia, la historia, la justicia, o la dignidad del otro, sin percatarse de que los conocimientos, distorsionadamente integrados en una estructura de valores disparatada, administrados con una dosis enorme de arrogancia y falta de sensatez, pueden dar lugar a las conductas más perjudiciales.

¿En qué va a parar este nuevo sainete latinoamericano?

Obviamente, en otra frustración de la que no parece haber escape: si el presidente Correa tiene éxito y aprueban la constitución, ese texto será la partida de bautismo de un despropósito que empobrecerá sustancialmente a los ecuatorianos durante el tiempo que se dediquen a tratar de ponerla en práctica. Si no lo tiene y la rechazan, dentro de un par de años (o antes) saldrá de la presidencia sin pena ni gloria escoltado por la perplejidad y el desconcierto de sus compatriotas. Es lo que les ocurre a los pueblos cuando han perdido la brújula. Así está Ecuador desde hace años.

Carlos Alberto Montaner