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lunes, 14 de julio de 2008

En Vela


Hace unos meses, un “analista” tico denunció la formación en América Latina de un ominoso eje: Uribe, en Colombia; Arias, en Costa Rica, y Saca, en El Salvador. Todo lo demás sería un continente de bienandanza socialista liderado por Hugo Chávez (con sus acólitos Evo Morales, Correa y el bufón del norte) y los otros, como si los otros, entre ellos Lula y la señora Bachelet, hubiesen renegado del capitalismo, de la democracia representativa o del sentido común.

Pues bien, bastó un bombazo en tierra ecuatoriana, de parte del Ejército de Colombia, en marzo pasado, para que salieran a flote las computadoras de Raúl Reyes , que le cerraron la boca a Chávez y dejaron en cueros a los defensores de las FARC y a los revolucionarios y patriotas de cafetín. No hay enfermedad política peor que la esquizofrenia, la pérdida del sentido de la realidad. Tarde o temprano, los hechos que no quisimos ver, por vanidad o por falta de deliberación y de consejo, que interpretamos mal, o que, de mala fe o por oxidación ideológica, no pudimos ver, se nos plantan de frente, tozudos e irónicos, y nos obligan, en buena hora, a rectificar, que es de sabios, o a proseguir en la insensatez…

La historia está llena de lecciones. Hay que abrevar en ellas. Ayer, por ejemplo, La Nación nos dio una noticia morrocotuda: Raúl Castro anunció un apretón económico. Podría ser más duro, pero va poco a poco, pues su hermano, intoxicado por su pasado, sigue vivo, enfundado en su buzo. Sin embargo, está viendo los hechos, para ira y desazón de ciertos compatriotas ticos que, desde años, padecen otra enfermedad terrible: la viejera intelectual, que no perdona edad, fuente de tonteras sin fin.

Pues bien, Raúl nos habló de “apretarse el cinturón” por “la inevitable” crisis internacional (no por el hiperexplotado embargo gringo) y, ¡cáigase el cielo!, dijo: “No es ético crear falsas expectativas. Decir lo contrario sería engañarlos… Es necesario actuar con realismo”, no el opuesto al idealismo, agrego, sino a la estupidez, a la utopía o al angelismo. El realismo de ver las cosas de frente y como son para adaptarse inteligente y eficazmente a ellas. El realismo, sin conspiraciones, virus devastador de la vanidad y de la tontera humana.

Y dijo: “La asignación de recursos debe ajustarse estrictamente a los ingresos disponibles”. Y dijo: “Socialismo significa justicia social e igualdad, mas igualdad de derechos (sic), de oportunidades, no de ingresos”. Y dijo: “Igualdad no es igualitarismo. Este es una forma de explotación”. Y unos profesores, profesionales y consejos universitarios ticos gritaron: “¡Maldito traidor, neoliberal!”.

Julio Rodríguez