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miércoles, 30 de abril de 2014

Desde la tribuna: la función del Parlamento

Mañana se inicia un nuevo período constitucional, hay un nuevo grupo de diputados en la Asamblea Legislativa.

Los que fungieron en el período actual olvidaron algunas cosas esenciales y entraron marcados por el intento se subirse sus dietas.  Luego cundieron algunas actuaciones que han complicado el concepto acerca de su desempeño (desde el acuñamiento del “chuchinguismo” hasta los problemas con el levantamiento de inmunidades y actuaciones personales muy discutibles).  Algunos han querido lavarse la cara invocando el número de leyes aprobadas, como si ello fuera un buen índice.  

La verdad es que no se trata de cantidad de leyes sino de entender con claridad en qué radica la función republicana de un parlamento.

Hasta 1949, el nombre que recibía nuestro Parlamento era el de “Congreso”. Ello ayudaba mucho a conceptualizar mejor su función. En la Constituyente de 1949 se optó por denominarle “Asamblea Legislativa” y  tal nombre ha contribuido a confundir su función y centralizarla en aprobar leyes.

“Dictar la ley” y aprobar los impuestos y presupuestos son atribuciones exclusivas de la Asamblea Legislativa, pero no son obligaciones.

Lo paradójico del asunto es que la Constituyente del 49 incorpora al presidencialismo costarricense una serie de mecanismos del parlamentarismo y más bien debilita la figura del Ejecutivo en fortalecimiento de la Asamblea. Se trataba de que hubiese más control, más rendición de cuentas, más actuaciones colegiadas y más responsabilidad.   

Entre el nombre “Asamblea Legislativa” y una serie de circunstancias (entre las cuales están las mismísimas actuaciones del Partido Liberación Nacional, el desarrollo de las instituciones autónomas con su “4-3” y las “presidencias ejecutivas”, la estatización de los bancos y otras cuestiones) han llevado más bien a una prelación de hecho del Ejecutivo sobre el Legislativo, una exigencia social por aprobar leyes (no discutirlas sino aprobarlas) y un descuido total de las demás atribuciones (fundamentalmente la del control político y sus derivaciones como control presupuestario, control administrativo y financiero).

Algunos diputados llegan a olvidar que son el primer poder de la República (después del pueblo) e incluso ignoran que son “gobierno”. El resultado es desastroso, pues se confunde la función parlamentaria con una fábrica de leyes, en menoscabo de la libertad y otros derechos fundamentales.  Se ha entronizado un activismo legislativo rampante y unas ansias de regular todo.

Por supuesto que tales vicios llenan a la gente de obligaciones, al Estado de gasto y el control no existe, no aparece y no es bienvenido.

Federico Malavassi

miércoles, 3 de julio de 2013

Desde la tribuna: la majadería de hacer leyes

No me cansaré de explicarlo.  La Ley debe respetarse integralmente, no solo cuando está vigente sino, sobre todo, en el proceso de creación.

Antes de la actual Constitución (1949) existía el “Congreso Constitucional”. Las funciones muy parecidas, pero el nombre daba una proyección más comprensiva de las competencias del órgano. Cuando se inventó tomar la denominación afrancesada de “Asamblea Legislativa”, paradójicamente concomitantemente con la aprobación de una serie de limitaciones al Poder Ejecutivo que inspiraron a algunos a concluir que ahora sería un régimen “semipresidencialista” o “semiparlamentario”, se fomentó el activismo legislativo.

La Asamblea Legislativa tiene entre sus atribuciones (exclusiva e indelegable, pero retenida por el Pueblo, según las reformas constitucionales del siglo XXI) la de hacer leyes. No significa que solo eso pueda hacer ni que tenga que aprobar cuanto proyecto le pongan en el orden del día.

La primera función de la Asamblea Legislativa es ser un parlamento nacional, un congreso constitucional, un órgano que representa al pueblo en el control político, en la reflexión pública acerca del Estado de la República y que delibere, discuta y piense públicamente acerca de lo que debe hacerse.

Su principal instrumento es la palabra, el intercambio de razones, la deliberación, la polémica, la facilidad para llamar la atención, el nombramiento de magistrados judiciales, el nombramiento de contralor y subcontralor, el nombramiento de quienes dirigen la Defensoría, el nombramiento de comisión ad hoc, la posibilidad de interpelar a los ministros, la facilidad para hacer interpelaciones públicas, la publicidad de sus actuaciones, los dictámenes y los informes y, eventualmente, la emisión de una ley.

La palabra es uno de las más poderosas herramientas del ser humano.  Aristóteles (La Política) concentra en el “logos” (vocablo comprensivo de “palabra” y “razón”) la distinción entre el ser humano  (“zoon politikon”) y otros seres vivientes, apuntando precisamente a la vida política.

La ley, por su parte, es una de la invenciones más poderosas del mundo jurídico. La ley puede imponer conductas, crear penas, privar de la libertad, invadir muchos campos de la vida humana, sancionar, limitar las libertades, crear obligaciones, perfilar el actuar público, permitir actuaciones de la Administración Pública, condicionar y dirigir la actividad judicial, trazar caminos de progresos, limitar el desarrollo de las sociedades, imponer dogmas, violar la vida y la libertad, coadyuvar con o estorbar la justicia, permitir la vida humana o alterarla.

No hay similitud entre ley y justicia. Puede haber coincidencia, pero no son valores equivalentes.  Deberían ir en la misma dirección. El mundo jurídico no es de los abogados, ni de los juristas y ni siquiera de los jueces. Es de los seres humanos con poder y es una realidad humana. El mundo jurídico es cada vez más invasivo … cada vez abarca más áreas de la vida humana. No faltan quienes legislan situaciones que van más allá de la muerte …

El constitucionalismo es un gran movimiento que ha pretendido limitar el poder de los Estados y, asimismo, la emisión de las leyes.  El constitucionalismo impone límites formales y materiales a la ley.

Muchos autores señalan que, por ello, lo elemental en una Constitución es la declaración de las libertades públicas  (un elenco  de derechos que se erigen en límites a la acción coactiva, a la imposición de conductas, a las invasiones públicas).

Federico Malavassi Calvo

martes, 25 de junio de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: la Asamblea da pena.

Un par de días antes de que la Contraloría General de la República le diera un fuerte golpe al proyecto de refinería de SORESCO (sociedad entre RECOPE y la empresa petrolera estatal china CNPC), en la gloriosa Asamblea Legislativa se desechó un proyecto del diputado Luis Fishman, para que esa entidad fijara su posición en torno a la bondad de aquel proyecto.  Se han dado varios argumentos para ese rechazo, entre ellos el del presidente legislativo, Luis Fernando Mendoza, de que la propuesta del diputado Fishman no contenía una resolución o declaración de fondo. Por esto, que me parece una excusa falaz, el diputado Mendoza decidió mandarla al fondo del basurero; esto es, la ubicó para que sea analizada detrás de una serie de proyectos que llevan muchos años pendientes de ser vistos en la Asamblea. En la decisión de este diputado, fue apoyado mayoritariamente por la fracción de su partido político.

No nos hagamos tontos.  Esta vez se trata, una vez más, del ejercicio del poder que tiene el Partido Liberación en la Asamblea Legislativa.  Por supuesto que a dicha agrupación un análisis del tema de la refinería no le era conveniente en ese momento. Así que, para no darse el color total de su oposición a discutir razonadamente acerca de la cuestionada inversión, decidieron enviar la petición de Fishman a lo que se conoce como el refrigerador. Simplemente ejercitaron el poder de tapar lo que ya olía mal.

Ya conocemos de la prudente decisión que en torno a la refinería tomó la Contraloría General de la República. Sin embargo, si bien es un golpe fuerte a las pretensiones del gobierno, de imponernos a medias con los chinos una refinería innecesaria y muy costosa, tampoco la resolución de la Contraloría significa que le haya dado un golpe de gracia a ese mal proyecto.  Se trató de un cato bien pegado, pero no de un knock-out paralizante. Prueba de ello es que le dejó las puertas abiertas a los políticos de hoy y a los de mañana, para que resuciten el aparente cadáver petrolero. Solo que esta vez deberá ser endulzado o, mejor, oreado, con el cuento de las energías limpias, pero que resultan ser muy costosas, así como proponer el ahorro energético, por el cual entienden disminuir el uso de combustibles. Sin embargo, ese plan B que pidió el Ministro de Energía, René Castro, como resultado del rechazo de la Contraloría, será formulado por quienes hoy cercenan la posibilidad privada de generar energía hidroeléctrica, entre otras opciones igualmente privadas. Es decir, el plan B será algo, dentro, por y para el monopolio de RECOPE, pero, eso sí, con la plata china, aunque terminemos pagando con creces lo recibido.

Hay un hecho fundamental del cual la Contraloría no puede ser omisa, cual es, como lo ha señalado el abogado Manrique Jiménez, experto constitucionalista y en contratación administrativa, la existencia de nulidad absoluta de todo lo actuado por RECOPE, en unión de CNPC, mediante la firma SORESCO.  Si existe una nulidad absoluta, las cosas deberán volver a ser como estaban antes; es decir, nada vale de lo hecho hasta hoy por SORESCO. 

Afortunadamente, el diputado liberacionista Víctor Hugo Víquez salió por el camino de la decencia e insistió en que la Asamblea debería de entrarle al tema de la refinería china. Esa debería de haber sido la actitud de toda la fracción liberacionista desde el momento en que el diputado Fishman propuso que la Asamblea tomara una posición al respecto. Pero optaron por frenarla, a como diera lugar.
El enredo es muy grande y no le doy cabida a la chismografía que suele rodear este tipo de cosas. Pero el tema de la refinería tiene que ser investigado muy a fondo por la Asamblea Legislativa.  No sólo se deberá buscar la responsabilidad de quienes han provocado gastos que, se dice, ascienden a $50 millones, los cuales han sido incurridos por RECOPE en el proyecto de SORESCO, sino que también, quienes se supone que representan a la ciudadanía –los diputados- deberán buscar ver cómo se le explica esta aventura gubernamental a los costarricenses.

Sé que habrá escépticos que, con mucha razón, me dirán: “cuándo la Asamblea ha descubierto a los grandes involucrados en algún tamal con fondos públicos”. Pero, al menos, las comparecencias de algunos caracteres a las comisiones investigadoras legislativas, permiten que los ciudadanos nos demos cuenta, con algún detalle, del grado en que se ha extendido la corruptela en nuestro país -y tal vez hasta poder vislumbrar a algunos de los principales actores.  Así ha sucedido con casos tan sonados, como la Trocha o con las recomendaciones impropias e ilegales y no olvido la comparecencia ante la Asamblea de políticos por nombramientos incorrectos de diplomáticos o por el viaje que, en su momento, realizó acompañado el ex gerente de Acueductos y Alcantarillados. Sabemos que hay otros incidentes que deberían haber sido objeto del control político legislativo, como, por ejemplo, el viaje en jet o las andanzas de políticos peruanos en nuestro país o Crucitas o la concesión a la firma OAS para construir la carretera a San Ramón. Pero no ha sido así. Por algo será…

Puede ser que me está seduciendo el histrionismo que uno observa en las comisiones investigadoras, pero, además de los estrados penales, es tal vez el escenario más visible en esta democracia, de lo que puede suceder con los fondos públicos.

El problema es que posiblemente esas exhibiciones no le convengan a quienes detentan el poder momentáneo y escogen hacer lo que muchas veces practica el avestruz: meter la cabeza en la arena, para que no se les vea (o mire a los ojos). Tapar y tapar parece ser el objetivo del poder, el cual sólo puede ser derruido si todos los ciudadanos nos constituimos en vigilantes del uso que se hace de nuestros recursos, que los gobiernos nos extraen mediante impuestos, deuda o inflación.

Restaurar la vergüenza en la Asamblea Legislativa es crucial. No sé si lo podremos lograr en las próximas elecciones.  Lo único que sé es que DonBurro Diputado bien puede resultar mejor que lo que hoy se tiene allí, con notorias excepciones. Aunque se resienta el actual presidente de la Asamblea Legislativa, Luis Fernando Mendoza, quien ahora ataca a quienes escrutan a los políticos, él y todos los demás diputados son empleados nuestros (y muy bien pagados). Están obligados a dar cuentas de sus actos al pueblo costarricense, tanto en lo moral como en lo político. Esa es la regla en las democracias. La pretensión de infalibilidad que algunos creen tener, no sólo sería un ejercicio de arrogancia, sino demostraría una ambición medio-frustrada de lograr el poder totalitario.

Así que, a pedirles cuentas bien claras a los diputados en cuanto a su accionar político, pues la alternativa sería dejar que florezca una corruptela rampante y sin freno. No podemos dejar que el poder, que una mayoría relativa detenta en cierto momento en el Congreso, permita que se tapen cosas que, a los ojos de los ciudadanos, son vistas como totalmente incorrectas, impropias y soberbias.

Jorge Corrales Quesada

viernes, 20 de julio de 2007

¿Qué PACsa?


¿Qué pasa con el Partido Acción Ciudadana, que tanto habló en campaña sobre la transparencia y que tanto cacarea de control político y conflictos de intereses en la Asamblea? Hoy nos damos cuenta que la ex diputada Nidia González solicitó ante la Junta de Pensiones y Jubilaciones del Magisterio Nacional la revisión de su pensión para que se le adecué según el salario más alto percibido en los últimos meses, o sea, los 1.8 millones de colones que ganaba como diputada. ¿Y el PAC? bien gracias, como si la cosa no fuera con ellos.

En ASOJOD recordamos a Alberto Salom denunciando con ímpetu un supuesto conflicto de intereses de la diputada Evita Arguedas respecto a su participación en la comisión que vería la ley de telecomunicaciones. Pero lamentablemente no recordamos a ese diputado haciendo lo mismo contra su compañera de fracción cuando esta tramitó un proyecto de ley que buscaba crear un fondo de estabilización para arroceros, con el cual ella recibió más de $16.000. ¿Por qué Salom no pegó el grito al cielo en esta ocasión? ¿Será que el control político sólo aplica para las otras fracciones pero no para la propia?

Lo que si recordamos es que Ottón Solís, el caudillo del PAC, amenazó con expulsar a Nidia González de ese partido si ella solicitaba aumentar su pensión, pues con ello violaría todos los principios éticos del partido. Bueno, esperamos que de verdad don Ottón cumpla esta promesa lo más pronto posible y que no sume a su ya larga lista de incoherencias un indulto a la señora González.

Que de verdad hagan lo que predicen, pues si aseguraron al electorado ser un partido transparente y comprometido en la lucha contra la corrupción, deben cumplirlo aún cuando se trate de sus propios compañeros de fracción y partido. Si no, qué vergüenza.


Para ver la noticia completa, acceder a http://www.nacion.com/ln_ee/2007/julio/20/pais1174328.html