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lunes, 16 de junio de 2014

Tema polémico: lucha estatal contra la pobreza, un verdadero fiasco.


En el año 2007, una de las ponencias del XIII Informe del Estado de la Nación advirtió que existe una serie de programas selectivos de atención de la pobreza, como lo son los comedores escolares, los CEN-CINAI, las pensiones no contributivas y el bono familiar de la vivienda,  cuyo análisis confirma la filtración de beneficiarios. Las poblaciones meta de esos programas están circunscritas al 20% de las familias de menores ingresos pero, en realidad, los comedores escolares tienen un diseño universal en el acceso, el bono de la vivienda puede llegar hasta las familias ubicadas en el cuarto quintil de la población total y los CEN-CINAI introducen criterios de riesgo infantil para definir quiénes tienen acceso. 

La cobertura de esos programas también resultó problemática: las Pensiones No Contributivas y el Bono de la Vivienda mostraron que la población atendida en el 2006 es del 45,2% y del 41,0% respectivamente. En tanto, los centros infantiles tuvieron la menor cobertura efectiva, pues solo atendieron al 13.2% de su población meta en 2006 disminuyeron a solamente el 13,2%, dejando por fuera al 86,8% de la población meta en el 20% más pobre. 

De acuerdo con el XIV Informe del Estado de la Nación del 2008, todos estos errores de focalización, filtraciones, cobertura alcanzada y exclusiones dependen de la definición de la población objetivo, es decir, si se toma como tal al 20% o al 40% más pobre de los hogares. Si la atención se pone en el 20% más pobre, tres programas se encuentran sobredimensionados, pues en los comedores escolares, las pensiones contributivas y el bono de la vivienda, los beneficiarios efectivos sobrepasan con creces a la población meta, que es el primer quintil.  

Tanto en el Informe XVIII (2012) como en el Informe XIX (2013), el Estado de la Nación sostiene que estos problemas no han sido corregidos, ni siquiera atenuados. De hecho, manifiesta que la ausencia de criterios claros para la selección de beneficiarios sigue siendo un problema pues aumenta las posibilidades de filtraciones que atentan contra la eficacia y eficiencia en el uso de los recursos públicos.

Recientemente, el diario La Nación publicó que el 37% de las ayudas en efectivo que entrega el Estado en la lucha contra la pobreza termina en hogares que no son pobres ni están en situación de vulnerabilidad. Se trata de pensiones del Régimen No Contributivo (RNC) de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), becas educativas del Ministerio de Educación (MEP) y del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) o ayudas directas que da esta última entidad, programas que en su conjunto consumen ¢200.000 millones por año, lo que equivale al 0,9% del producto interno bruto (PIB). 

En esa noticia se indica que en el caso de las pensiones del régimen no contributivo, las filtraciones son del 33%, al igual que en el caso de las becas estudiantiles. En cuanto a los giros en efectivo del programa del IMAS, Bienestar y Promoción Familiar, que da ¢50.000 o más a unas 50.000 familias, las filtraciones son del 22%.

Han pasado varios años entre ambas investigaciones –en las cuales participó el mismo investigador, Juan Diego Trejos– y los problemas de filtraciones no se han corregido. Por el contrario, han aumentado. Si a eso se le suma lo que ha venido señalando tanto la Contraloría General de la República como la Comisión para el Control del Ingreso y Gasto Públicos de la Asamblea Legislativa en los dictámenes de liquidación presupuestaria sobre la ausencia de un sistema de indicadores que permita medir el costo unitario de los programas y el impacto del gasto público en la situación de los ciudadanos, es de esperar que la vulnerabilidad a la Hacienda Pública sea todavía mayor, pues no se sabe a quién se le destinan los recursos ni el impacto que tienen las transferencias y programas.

Siendo así, estos resultados deben encender las luces de alarma. Los programas sociales, especialmente los de atención a la pobreza, consumen gran parte del presupuesto público y resulta inadmisible que el Estado no sólo sea incapaz de determinar, con claridad, la población meta y circunscribirse a ella, sino también que no tenga indicadores que permitan medir el impacto de esos programas. Hoy día, no se sabe qué pasa con las familias o individuos que reciben algún subsidio: si salen de la pobreza o si permanecen en ella. En otras palabras, nadie es capaz de decirle a los tax payers si los recursos que se le quitan mediante impuestos, supuestamente para ayudar a los más necesitados, realmente son bien utilizados y cumplen el objetivo con el que el Estado trata de justificar la exacción. 

Ludwig von Mises decía que "el Estado no puede hacer a un hombre rico, pero sí puede hacerlo pobre". Eso es precisamente lo que ha pasado en el caso costarricense. Tenemos un Estado que nos arrebata una gran porción del fruto que ganamos con nuestro esfuerzo, trabajo y creatividad para, en teoría, trasladárselo a los "más necesitados", y con eso nos hace un poco más pobres a todos pues los recursos que nos quita el Estado bien podríamos utilizarlos para satisfacer por completo nuestras necesidades o para generar más riqueza, más empleo y más oportunidades.

En ASOJOD repudiamos esta política de Robbin Hood, donde se le quita a los que tienen, a los que se han esforzado por producir para regalarlo a los que no tienen. Probablemente la pobreza que estos viven no es su culpa -aunque hay muchos casos que muestran lo contrario- pero tampoco nosotros somos responsables por su situación y es completamente inmoral que se nos haga pagar para remediarla. Nosotros creemos en la caridad como medio libre y voluntario por el cual unos, preocupados por la situación de otros y sin que medie coacción, colaboran para ayudarlos a mejorar sus vidas. Eso es loable y virtuoso. Pero lo peor es que la política de lucha contra la pobreza en nuestro país ni siquiera alcanza el concepto de Robbin Hood. Las filtraciones muestran que mucha gente que no está en situación de necesidad está recibiendo fondos públicos. En muchos casos, como el que bien explica Trejos sobre los bonos de vivienda, pueden beneficiar a poblaciones ubicadas en el cuarto quintil, es decir, personas con suficientes ingresos para poder costear una vivienda sin ayuda estatal. Y ni qué decir con la educación superior, en cuyo caso el Informe del Estado de la Educación ha mostrado que casi un 70% de los estudiantes de las universidades estatales pertenecen al cuarto y quinto quintil mientras apenas un 4% pertenece al primero, a pesar que estas nacieron bajo el concepto de ofrecerle una oportunidades de estudios superiores a las poblaciones que no podían costearlas. Sin duda, toda una política de Hood Robbin, donde los de menos recursos le están subsidiando programas a los que pueden pagarlos. 

Los datos son claros: las políticas de lucha contra la pobreza han resultado un verdadero fiasco. El Estado ha demostrado, con creces, ser completamente ineficiente para combatir la pobreza. Antes bien, con una política del regalo, del subsidio, más bien la fomenta, toda vez que incentiva a las personas a permanecer en esa situación para recibir sin esforzarse y desestimula a quienes trabajan pues no pueden disfrutar de su riqueza porque se les quita una buena porción de ella. Y, para colmo de males, lo que se le quita supuestamente para ayudar a los que menos tienen, termina en los bolsillos de quienes no lo necesitan pero que se benefician de la incapacidad estatal para delimitar la población objetivo de sus programas. 

Lo hemos dicho hasta la saciedad: solo hay dos formas de combatir la pobreza. La primera es a través de la creación de riqueza y en lo que el Estado puede colaborar es en no entorpecer el proceso productivo, el emprendimiento, la iniciativa privada, en generar un marco jurídico estable que permita a los individuos operar con certeza y en resolver prontamente los conflictos que surjan. La segunda es a través de la iniciativa privada, en la voluntaria decisión de aquellos que deseen ofrecer sus recursos (tiempo, dinero, trabajo, etc.) para ayudar a los demás. Miles de asociaciones voluntarias nos demuestran que eso es posible y que tiene más éxito que ningún otro esfuerzo para ayudar a quienes lo necesitan. Cualquier otro planteamiento, especialmente este de transferir riqueza de unos a otros, termina convirtiéndose en un mecanismo perverso.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Desde la tribuna: lucha contra la pobreza

Hemos insistido en varias oportunidades en este tema.  Es obvio que el tema de la pobreza ha resultado una veta inacabable para algunos grupos políticos.  La pobreza es caldo de cultivo para el clientelismo electoral, ¿tendrán interés quienes viven de ello en combatirla efectivamente?

Por otro lado, es obvio que la acción directa contra la pobreza es el establecimiento de condiciones, facilidades o ambiente para crear riqueza.  Lo complicado es que el Estado, por regla, no crea riqueza, no crea ni produce nada y más bien administra mal todo.

Cuando hay pobreza extrema, carencia total, es obvio que debe haber algún tipo de asistencialismo inmediato para superar la indigencia.  Pero el asistencialismo permanente es un vicio social, una perpetuación de la pobreza y un concepto de repartición que no alienta la creación de riqueza.

Por ello resulta tan evidente que las famosas expoliaciones y robos, despojos y reparticiones del despojo (estilo los electrodomésticos de Maduro) no son otra cosa que robo, demagogia y abuso.  Jamás son lucha contra la pobreza.

Porque hay otro punto elemental en el tema, se trata de la sostenibilidad o consistencia de la generación de riqueza o crecimiento.    Algunas acciones individuales podrían permitir a alguno salir de la pobreza (un robo, un despojo, una estafa, una defraudación, un cohecho y algunas otras acciones ilícitas similares) pero … no es socialmente sostenible o consistente utilizar estas vías como puerta de salida de la pobreza.  

Hay actuaciones estatales que, por más que pretendan contribuir a la lucha contra la pobreza, no son más que un empobrecimiento general:  la inflación, el gasto corrupto, las gollerías, el abuso del poder, el déficit originado en el desorden, la angurria fiscal y el exceso de impuestos no contribuyen a la lucha contra la pobreza ni a la formación de riqueza.  ¡Todo lo contrario, son causa de desposicionamiento económico, de desestímulo a la actividad empresarial y formación de empresas, de ausencia de generación de empleo, de exceso de peso del Estado en la sociedad y de abusos y crecimiento burocráticos.

Federico Malavassi Calvo

viernes, 15 de marzo de 2013

Viernes de recomendación

Para este Viernes de recomendación y a propósito de la elección del nuevo Papa, Jorge Mario Bergoglio, queremos compartir con ustedes un interesante artículo de Alberto Benegas Lynch, en el que aclara las confusiones ideológicas del entonces Arzobispo de Buenos Aires. Esperamos que, a partir de entonces, tanto Bergoglio como muchos otros líderes mundiales, comiencen a entender que solamente puede enfrentarse la pobreza con más libertad, más propiedad privada, más generación de riqueza, más emprendedurismo y no sobre la base de prejuicios y revanchismos plasmados en políticas públicas de corte redistribucionista.

martes, 8 de febrero de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: un arroz que sigue amargo


El proteccionismo arrocero sigue siendo noticia en nuestro país. Ciertamente, los protegidos conforman un gremio muy poderoso e influyente, pues tras muchos años de tratar de que ese crucial alimento de la mesa del costarricense no nos costara más que los que se pagaría con un mercado sin interferencias -esto es sin protección arancelaria- obtuvieran un éxito reciente al lograr que una jueza contencioso-administrativa les diera la razón ante el intento del Gobierno de bajar el precio del arroz en cien colones. Este fallo pone en evidencia que el problema debe enfrentarse de una vez por todas, a fin de acabar con la enorme transferencia de recursos que hacen los pobres consumidores hacia unos pocos productores protegidos, que se han enriquecido de más gracias a políticas gubernamentales consentidoras.

Ante la queja de muchos países ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para que el Gobierno costarricense terminara con su subsidio a la producción doméstica de arroz, la actual Administración propuso que se elevara el rendimiento requerido de la producción de arroz nacional. Con ello se esperaba una reducción del precio fijado al consumidor costarricense cercana a los cien colones, disminuyendo así el subsidio del cual se quejaban aquellos otros países productores. Pero la jueza decidió que esa medida administrativa del Ministerio de Comercio no cumplía con la legalidad -según el fallo, casi que la medida era un abuso de parte del Estado- lo que significa que ahora tan sólo se podrá reducir el precio al consumidor en cincuenta colones el kilo.

La Ministra de Comercio Exterior, doña Anabelle González, señaló la gravedad del problema y agravio que se le hace al consumidor costarricense, al señalar que en Costa Rica el precio del arroz era el sexto país más caro del mundo y que el abuso se reduciría parcialmente si, para efectos de la fijación del precio de sustentación, se obligaba a que el productor nacional fuera más eficiente.

En cierta manera esta es una vieja estrategia utilizada en el pasado para tratar de disminuir el impacto dañino que el proteccionismo tiene sobre el consumidor. Se puede considerar que, si se eleva la productividad doméstica, conceptualmente el país puede competir mejor ante la producción externa, al reflejarse en menores precios para el consumidor. Pero la realidad es que posiblemente aún con los nuevos requisitos de productividad propuestos, el consumidor nacional seguiría pagando precios más altos que los que podría obtener si se importara el arroz sin aranceles proteccionistas.

Aún cuando se dé una fijación de precios domésticos basada en cierta productividad “relativamente” baja, en tanto que haya otros productores que tienen una rentabilidad relativamente mayor, el proteccionismo arancelario significará que persista un subsidio hacia estos en detrimento de los consumidores nacionales. Tan es así ello que traigo a colación como en el pasado, en el caso de la fijación de precios de sustentación al productor de maíz (esto es, un precio mínimo garantizado), los grupos de presión se organizaban para que el Estado costarricense, por medio del difunto Consejo Nacional de Producción, adquiriera cualquier producción al precio garantizado al productor, el cual se fijaba con base en la productividad (menor) de los más pequeños. El problema se evidenciaba al fijar el estado el precio de sustentación, pues los productores grandes relativamente más eficientes “apoyaban” de muy distintas maneras a los productores pequeños relativamente menos eficientes, para que fuera ésta la productividad que se tomara en cuenta para la fijación del precio de sustentación. Por supuesto, con ella los grandes -con mayor productividad que los pequeños- tendrían un mucho mayor margen de ganancias.

La solución que el Gobierno pretendió poner en práctica en verdad contribuiría a mejorar el desorden actual. Incluso si se elevara la productividad usada para fijar el precio de venta al consumidor a un nivel lo suficientemente alto, podría, sin arancel, competirse ante la producción externa y acabar así de cuajo con el daño del proteccionismo. Pero esta idea se la trajo abajo una jueza -por las razones que sean- y ello asegura que el desorden y el perjuicio al consumidor se perpetúen. Pero hay una idea que ojalá el Gobierno se atreviera a tomar (y que incluso sería ahora muy útil para disminuir la presión experimentada de la revaluación del tipo de cambio del colón ante el dólar): reducir radicalmente la protección arancelaria actual al arroz, que creo anda en alrededor de un 100%. Así cumplimos con nuestras obligaciones ante la OMC y reducimos los altos costos del arroz que afecta principalmente a los consumidores relativamente más pobres del país. Así no habría jueza que eche a perder las buenas pero tal vez ilegales intenciones de los funcionarios del gobierno.

Jorge Corrales Quesada

sábado, 8 de marzo de 2008

¡Que tomaran en el agua!


En ASOJOD vemos con asombro las declaraciones de una infiltrada a un evento del INCAE, donde llamaba de non grato al señor Alberto Padilla. Nos preguntamos si será posible que este tipo de personajes se encuentren enajenados de toda realidad, culpando al señor Padilla por todos los males de la humanidad. No les pedimos ni siquiera que lean un libro sabemos bien que eso requiere por lo menos de tiempo y compromiso así como algo de inteligencia, pero al menos por favor lean los periódicos. Con ello se darán cuenta de ciertos hechos muy sencillos pero reveladores, como por ejemplo: como la concesión de Caldera ha hecho que este puerto supere en mucho a los administrados en JAPDEVA (incluso en temas de obra social), como hoy existen veinte mil personas trabajando en el sector de servicios gracias a las malditas transnacional que sólo vienen a robar nuestras riquezas, como por ejemplo el día de ayer estas mismas transnacionales ofrecieron tres mil nuevos empleos a nuestros jóvenes.

En ASOJOD nos preguntamos por qué algunos todavía no se han dado cuenta que el camino al desarrollo es el de la inversión, el que la mejor política social es una buena política económica la cual le permita a todos los sectores de la población tener oportunidades de empleo que les posibilite mejorar sus condiciones de vida.

viernes, 28 de diciembre de 2007

El futuro económico de Latinoamérica


Estamos ya al final del año y se habla mucho de los pronósticos económicos para 2008, que se emiten con números que llegan a las décimas de punto decimal como si fuera posible ver el futuro con esta precisión. Este ejercicio de adivinación es muy popular, al punto que distrae la atención de un ejercicio mucho más importante que deberíamos de hacer continuamente. No debemos tratar de adivinar cuál va a ser nuestra tasa de crecimiento, sino tomar las acciones necesarias para determinarla, elevándola consistentemente en el largo plazo para resolver los problemas más serios que afectan a nuestra sociedad: la pobreza y la división social que ella implica. Está probado que en el largo plazo el capital social (contenido en la salud y la educación del pueblo) es el factor decisivo en la creación de riqueza. Si invertimos en dicho capital, vamos a crecer; si no, no.

Desgraciadamente vivimos en una región en la que se da muy poca importancia a la educación. Preferimos creer que el desarrollo cae del cielo, o es el resultado de prestigitaciones económicas, ignorando toda la evidencia que muestra que la educación es la única ruta al desarrollo y la riqueza.

Este problema lo compartimos con toda Latinoamérica, en donde los populistas han reinado por casi dos siglos, ofreciendo mentirosamente el desarrollo de los países sin nunca atender al desarrollo del individuo. Los problemas de la región se han visto evidenciados otra vez en la prueba que la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, conocida como la OECD por sus siglas en inglés, realiza cada tres años para determinar el estado de la educación en sus miembros (que son treinta, en su mayoría desarrollados) y en 27 países que se han anotado para las pruebas para medir su preparación académica.

Las pruebas se realizan en tres materias: ciencia, lectura y matemáticas. Cubren a estudiantes de 15 años. La OECD reporta los resultados en niveles que van desde el 1 al 6, de acuerdo a la excelencia de los alumnos. Es una prueba similar a la de la PAES ( La Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para estudiantes de Educación Media) que se realiza en El Salvador, pero estandarizada a través de 57 países, lo que permite comparar los resultados internacionalmente.

Hay 6 países latinoamericanos en estas pruebas con muy mala calificación: Chile, Uruguay, México, Argentina, Brasil y Colombia. Los mejores de ellos fueron Chile y Uruguay, pero aun para ellos los resultados fueron muy descorazonadores: alrededor del 70% de sus estudiantes clasificaron en el nivel 2 o menos. Todos los otros tuvieron a más del 80% en 2 o menos. Como comparación, Finlandia, el país que sacó las mejores calificaciones: menos del 20% de sus estudiantes estuvieron en el nivel 2 o menos.

Visto desde el otro punto de vista, sólo el 1,9% de los estudiantes chilenos, los mejor calificados de los países latinoamericanos, tuvieron una calificación de 5 o más, mientras que el 20,9% de los finlandeses estuvieron en esa categoría. Los países recién desarrollados de Asia, como Corea, Hong Kong y Taiwán tuvieron 10,3%, 15,9% y 14,6% en esa categoría. Por eso es que esos países son ricos y nosotros pobres. Es allí donde está la clave de la política económica que debemos seguir para que, año con año, nuestro crecimiento sea fuerte y consistente, y podamos pronosticar que en un período razonable habremos eliminado la pobreza del país.

Manuel Hinds

martes, 20 de noviembre de 2007

Bondades del capitalismo


En un mundo más honesto veríamos a más intelectuales, profesores, artistas, periodistas y estudiantes defendiendo el capitalismo y elogiando las bondades del sistema que derramó el cuerno de la abundancia sobre la humanidad, erradicando pestes y hambrunas. En nuestro mundo prevalecen las falsedades difundidas por socialistas en sus inmisericordes ataques al capitalismo. Los pueblos que aceptan la propaganda socialista están sumidos en la pobreza. Los que se encaminaron hacia el capitalismo, en cambio, pronto comprobaron la generosidad implícita y su propensión a fortalecer la democracia y el estado de derecho, como sucedió en Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Chile, España, Irlanda, Australia, Nueva Zelanda, Estonia y otros.

El capitalismo es natural, no fue inventado por nadie. No es un dogma como el socialismo. Sus inicios se remontan, no a Adam Smith, sino a la Edad de Piedra, cuando nuestros ancestros comenzaron a fabricar herramientas y armas para la cacería y a intercambiar productos en un esquema de cooperación y división social del trabajo. El respeto a la propiedad privada hizo posible el trueque y el comercio. La economía de mercado es inherente a la naturaleza humana, al igual que la familia, el lenguaje, la religión. Surge naturalmente en cualquier grupo humano, inclusive para un náufrago que llega a una isla desierta. Su eliminación, como la supresión de la familia o la religión, conduce al infortunio.

El capitalismo lleva a los pueblos a la prosperidad porque multiplica la productividad del esfuerzo humano mediante la aplicación del factor trabajo a los recursos naturales. Picando piedras, los homínidos hace más de un millón de años fabricaban hachas, cuchillos, puntas de lanza –bienes de capital– que agilizaban la cacería, la pesca y la obtención de alimentos. La característica resaltante del capitalismo es la tendencia a la continua acumulación de capital y el aumento de la productividad a través del intercambio y la cooperación pacífica. Cuanto más capital se acumula en una sociedad, mayor es la productividad y más elevados son los salarios reales de la gente.

El capitalismo es la expresión de la libertad en el campo económico. La libertad económica es muy antigua. Los griegos ya la honraban como el logro de su gran civilización, al igual que el libre comercio y la apertura al mundo. Pero mucho antes, más de 100 mil años antes, ya habían hombres libres y esclavos. Los que gozaban de libertad económica eran libres y los que no eran esclavos. Los unos eran dueños de sí mismos y los otros pertenecían a sus amos, como ocurre en el socialismo.

Los orígenes, causas y efectos de la Revolución Industrial son muy diferentes a los mitos inventados por la izquierda. En 1740, millones de personas morían de hambre en Inglaterra. Nadie sabía qué hacer. Pero entonces Inglaterra dio un gran paso hacia el capitalismo; protegió sólidamente la propiedad privada, instituyó una justicia independiente y otorgó amplias libertades económicas, siguiendo el ejemplo de Holanda. Nunca más hubo hambrunas.

La innovación tecnológica del capitalismo en Inglaterra promovió la fabricación de textiles y manufacturas para intercambiar por alimentos importados, haciendo posible alimentar a su creciente población. En 1740 se pensaba que el país jamás podría sostener a más de 6 millones de habitantes. Pero un siglo más tarde, la población alcanzó 60 millones, con un nivel de vida superior al de los monarcas del siglo XVIII. El capitalismo demostró sus bondades y convirtió a Inglaterra en el país más poderoso de la tierra. El auge que trajo en todos los campos fue reconocido por el propio Karl Marx en su “Manifiesto Comunista”.

Las mentiras del socialismo le dieron al capitalismo un nombre bochornoso al que incluso los liberales evitan referirse, a menudo reemplazando el término por “economía de mercado”. ¿Cómo es posible que en plena globalización todavía sean tan pocos quienes tienen la integridad y el coraje intelectual de decir una verdad a la vista de todos? La gente debe saber que el capitalismo es tan natural y necesario como la familia y tan poderoso como el ingenio humano.

Por Porfirio Cristaldo Ayala

domingo, 18 de noviembre de 2007

$9.000.000.000.000 de asistencia social no acabaron con la pobreza


Esta semana, durante la Convención Nacional Republicana, se está hablando mucho de dinero: aumentos de sueldos para los bomberos, dinero para reconstruir a Irak, dinero para la campaña electoral, etc. Lo que no mencionan los candidatos ni los analistas es la cantidad de dinero que se ha gastado en la llamada “guerra contra la pobreza” a lo largo de 40 años: 9.000.000.000.000 de dólares (9 billones en español o 9 trillones en inglés).

Sin embargo, el reciente informe de la Oficina del Censo reportó un aumento de la pobreza en Estados Unidos. Entonces, ¿qué proponen los candidatos?

Bueno, ambos candidatos creen que la solución es más dinero para programas sociales. Desde el año 2000, la Asistencia Temporal para Familias Necesitadas ha aumentado 6%. Y ¿qué logramos con ese aumento? Una mayor tasa de pobreza. Entonces es obvio que gastar más dinero en programas sociales no es la solución.

La mejor manera de reducir la pobreza es convencer a la gente que evite ser pobre, completando sus estudios de bachillerato, posponiendo tener hijos y consiguiendo trabajo, cualquier trabajo. Aquellos que no obtienen su título de bachiller tienen tres veces más posibilidades de ser pobres. La causa más frecuente de no seguir los estudios es por tener hijos fuera del matrimonio. Las jovencitas que salen en estado sin casarse inician una vida de dependencia que es muy difícil superar, especialmente si siguen teniendo hijos. Más de la mitad de la asistencia económica gubernamental va a madres solteras que tuvieron su primer hijo antes de la mayoría de edad.

Conseguir trabajo parece una medida de sentido común contra la pobreza. Claro que no todos los empleos pagan sueldos de clase media. Sin embargo, todos los empleos proveen experiencia, lo cual es conducente a mejores empleos. El puesto que paga el salario mínimo puede no ser el camino para convertirse en gerente, pero así se demuestra ser un trabajador confiable que puede aprender sus obligaciones, lo cual un futuro empleador sabrá apreciar.

A pesar de que se trata de sentido común, el Partido Demócrata rehúsa apoyar reformas a la asistencia pública que hagan énfasis en trabajo y experiencia. Prefieren gastar el dinero enviando a las madres solteras a tomar cursos que nada tienen que ver con la demanda de mano de obra ni con lo que los empleadores buscan. El Partido Republicano malgasta el dinero en programas conducentes al matrimonio de las madres solteras, sugiriendo que al convertirse en parejas de algún modo saldrán de la pobreza.

Si la educación, la prevención a salir en estado y el empleo son las soluciones a la pobreza, necesitamos a un candidato presidencial que promueva esas iniciativas. La reforma educacional, incluyendo la libre opción sobre dónde estudiar, daría una oportunidad real a los jóvenes de comenzar a competir en un campo nivelado, evitaría que tantos dejaran sus estudios y aportaría una fuerza de trabajo competitiva. Programas de prevención evitaría que tantas muchachas jóvenes tuvieran hijos antes del matrimonio. Y, finalmente, el crecimiento de los puestos de trabajo es el resultado de una economía dinámica. Impuestos más bajos, menos regulaciones al comercio y a la industria y más libertad para el comercio internacional producirían los puestos necesarios para escapar de las amarras de la pobreza.

Por lo tanto, debemos escuchar cuidadosamente las soluciones a la pobreza que ofrecen los candidatos a la presidencia y desconfiemos de las fracasadas promesas de lanzar más dinero al problema. Eso simplemente no funciona.

Jenifer Zeigler