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lunes, 25 de octubre de 2010

Tema polémico: las Repúblicas bananeras


Repúblicas Bananeras es un término peyorativo utilizado para calificar a los países atrasados, empobrecidos, corruptos y carentes de instituciones democráticas sólidas. Particularmente es empleado para referirse a Centroamérica, el Caribe y varios países de África, que se caracterizan (o caracterizaban) además, por ser productores agrícolas dependientes de una compañía extrajera.

El término, acuñado por el humorista y escritor de cuentos cortos estadounidense William Sydney Porter, viene a la memoria a raíz de la reciente diferencia entre Costa Rica y Nicaragua, a partir de la polémica generada por el supuesto dragado del rio San Juan.

Varias son las causas, a lo largo de la historia, que han motivado las tensiones entre ambos países y no es un secreto que el tema, en los últimos años, ha sido utilizado por el Gobierno nicaragüense como estrategia político-electoral, con el ánimo de exacerbar el sentimiento nacionalista del votante, alejando su atención de los problemas que aquejan a la segunda nación más empobrecida del hemisferio occidental. Como es conocido, para las próximas elecciones en 2011, el actual presidente, Daniel Ortega, tiene intenciones de ser reelecto (pese a que la Constitución nicaragüense no lo permite). Sin embargo, ya en América Latina hemos visto numerosos casos de gobernantes que impulsan reformas para que el ordenamiento jurídico les quede "a la medida".

En respuesta a la aparente violación a la soberanía costarricense, producto de las labores del hipotético dragado del río, el ministro de Seguridad José María Tijerino, envió a la zona norte del país (específicamente isla Calero) un contingente de la Fuerza Pública como parte de la operación denominada "Misión Paz", en aras de resguardar la autoridad sobre el territorio patrio. Como parte del operativo, los oficiales izaron la bandera costarricense en la isla, lo que fue observado por militares del Ejército de Nicaragua que estaban al otro lado del San Juan, sin que reaccionaran.

Ante todo esto, resulta simplemente deprimente observar cómo las autoridades políticas de ambos países distraen su atención ante temas tan insignificantes cuando la población de ambas naciones se debaten entre un mar de burocracia, ineficiencia y corrupción que limita el desarrollo y cercena el potencial de sus ciudadanos. El tema del San Juan palidece de intrascendencia ante los desafíos reales que enfrentan ambos países, por lo que resulta cuestionable el actuar de los Gobiernos.

¿Acaso el Gobierno nicaragüense realiza el supuesto dragado del San Juan para con la simple motivación de limpiar el cauce del afluente? Las declaraciones del Presidente Ortega reflejan la verdadera intención de la labor: "Este es nuestro río San Juan. ¡Cuánta historia, cuantas ambiciones, imperialismos y expansionismos derrotados!"

Por otra parte, ¿cómo explicar el reciente interés del Gobierno costarricense por “recuperar” el territorio nacional, cuando históricamente las fronteras norte y sur han sido sistemáticamente abandonadas a su suerte?, ¿no bastaba la vía de la diplomacia para que el Gobierno nicaragüense corrigiera sus acciones?, Edén Pastora tiene razón cuando dijo que el terreno al que el “ejercito” nicaragüense ingresó es tierra de nadie. De hecho, las fronteras costarricenses son tierra de nadie.

Como sabemos, la disputa por el río ya había sido dilucidada por la Corte Internacional de Justicia cuando falló que Costa Rica posee libre navegación con propósitos de comercio y transporte de turistas y Nicaragua goza de la soberanía sobre la vía fluvial. Sin embargo, en nuestras banana republics lo importante es lo intrascendente y, el sinsentido, los temas sustantivos pueden esperar.

lunes, 20 de julio de 2009

Tema polémico: la disputa por el Río San Juan


En este Tema polémico, queremos abordar la noticia del fallo de la Corte Internacional de Justicia en el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua por el Río San Juan. Primero que todo, es importante realizar un recorrido histórico de esta disputa, para comprender sus alcances e implicaciones.

Antecedentes:

Las relaciones entre Costa Rica y Nicaragua siempre han sido conflictivas. Sea por cuestiones limítrofes, políticas, migratorias y hasta humanas, ambos países se han visto el uno al otro con cierto recelo desde que iniciaron sus relaciones diplomáticas como Estados independientes, en 1838, especialmente por el Río San Juan. Apenas ocho años después, se presentó el primer conflicto por la soberanía sobre dicho río, cuando el gobierno de Nicaragua, interesado en controlar la ruta interoceánica, externó pretensiones territoriales no sólo sobre la totalidad del río, sino sobre gran parte del territorio costarricense, hasta la región atlántica de Matina. Este asunto no pasó a más luego de que Costa Rica expusiera su rechazo a tales pretensiones y que se decidiera someter el diferendo limítrofe a un arbitraje, el cual finalmente Nicaragua no aceptó.

Las complicaciones continuaron hasta que el 15 de abril de 1858, con la mediación del Gobierno de El Salvador, se firmó el Tratado limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua ―Tratado Cañas-Jeréz― en el cual se establecieron tanto las líneas divisorias entre ambas repúblicas, como la soberanía sobre las aguas del San Juan, de forma tal que

La República de Nicaragua tendrá exclusivamente el dominio y sumo imperio sobre las aguas del Río San Juan, desde su salida del Lago hasta su desembocadura en el Atlántico, pero la República de Costa Rica tendrá en dichas aguas los derechos perpetuos de libre navegación, desde la expresada desembocadura, hasta tres millas inglesas antes de llegar al Castillo Viejo con objetos de comercio ya sea con Nicaragua ó al interior de Costa Rica, por los Ríos de San Carlos o Sarapiquí, o cualquiera otra vía procedente de la parte que en la ribera del San Juan se establece corresponderá a esta República.- Las embarcaciones de uno u otro país podrán indistintamente atracar en las riberas del río, en la parte en que la navegación es común, sin cobrarse ninguna clase de impuestos, a no ser que se establezcan de acuerdo entre ambos Gobiernos.

Los primeros años que siguieron a la firma del Tratado Cañas-Jerez transcurrieron sin grandes contratiempos, pero en la década de 1870, el Gobierno de Nicaragua planteó algunas objeciones a la validez del mismo. Para buscar una respuesta satisactoria, se dieron varios acercamientos entre ambos Estados, entre los que se destacan las negociaciones Herrera-Zavala en 1872 y Víquez-Pasos en 1886. Asimismo, se firmaron dos tratados: Zambrana-Álvarez, en 1883 y Castro-Navas, un año después. Sin embargo, todos estos esfuerzos fueron insuficientes, por lo cual, gracias a la mediación del Gobierno de Guatemala, se suscribió una convención arbitral entre Costa Rica y Nicaragua, donde se acordaba someter la validez del Tratado a un arbitraje del Presidente de los Estados Unidos, Groover Cleveland. El 28 de marzo de 1888, en el Laudo Cleveland, se reconoció la validez del Tratado Cañas-Jerez y se declaró que

Conforme a dicho Tratado y a las estipulaciones contenidas en su artículo sexto, no tiene derecho la República de Costa Rica de navegar en el Río San Juan con buques de guerra; pero puede navegar en dicho Río con buques de servicio fiscal relacionados con el goce de los objetos de comercio que le está acordado en dicho artículo, o que sean necesarios para la protección de dicho goce.


Queda claro, en virtud tanto del Tratado Cañas-Jerez como del Laudo Cleveland, que Nicaragua tiene soberanía sobre el Río San Juan, pero Costa Rica tiene derecho de libre navegación para actividades comerciales y fiscales, y también para embarcaciones que protegan ese derecho. No obstante, el gobierno de Nicaragua planteó, en su objeción a la decisión estipulada en el Laudo Cleveland, que

Las naves de servicio fiscal son del mismo género que las naves de guerra. Aunque no tienen todos los medios ofensivos de las últimas, aún así son naves de guerra capaces de respaldar demandas por la fuerza y deben ser clasificadas en la categoría de naves de guerra.


El 24 de marzo de 1916, luego de la firma del Tratado Bryan-Chamorro suscrito entre los Estados Unidos y Nicaragua para la construcción de un canal en el Río San Juan, Costa Rica demandó a Nicaragua ante la Corte de Justicia Centroamericana, alegando que el gobierno nicaragüense no consultó su opinión a la hora de suscribir el Tratado Bryan-Chamorro, que dicho sea de paso, coartaba los derechos de libre navegación de Costa Rica en el Río San Juan. El 30 de setiembre de 1916, la Corte de Justicia Centroamericana falló a favor de Costa Rica, argumentando que el dominio de Nicaragua bajo el Río San Juan no es absoluto ni ilimitado, sino que tiene que estar restringido por los derechos de libre navegación y anexos, otorgados a Costa Rica, pero Nicaragua desconoció la sentencia, aunque el asunto no pasó a más.

Luego de dicha sentencia no se presentaron conflictos relevantes entre ambos Estados por el Río San Juan sino hasta la década de 1970, en el contexto de la revolución sandinista. En ese momento, el Río San Juan resultó de capital importancia para el régimen sandinista, toda vez que servía como vía de transporte de armas y hombres, por lo que se presentaron constantes enfrentamientos diplomáticos por los controles que las autoridades nicaragüenses impusieron a las embarcaciones costarricenses que navegaban regularmente por el Río San Juan, llegando incluso al cierre temporal del paso en 1982. Esta problemática se agudizó cuando se presentaron capturas de embarcaciones costarricenses que se le imputaron a los sandinistas.

La situación volvió a la calma con los procesos de paz iniciados en Centroamérica y con la transición democrática en Nicaragua, pero en 1998 se reactivó la polémica por el Río San Juan, cuando, una vez más, el gobierno nicaragüense prohibió el tránsito de embarcaciones costarricenses que trasnportaran efectivos de la Fuerza Pública por el Río San Juan. En esa ocasión, el entonces Presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, expresó que “solamente el ejército nicaragüense podía portar armas y el Jefe del ejército de Nicaragua, Joaquín Cuadra, manifestó que tal decisión se mantendría y que los policías costarricenses podrían volver a circular por el Río San Juan sólo con previa autorización y sin armas. Pero tras una serie de reuniones entre los Cancilleres de ambos Estados, el gobierno de Nicaragua cambió de criterio y se comprometió a reestablecer la libre navegación de embarcaciones costarricenses, incluso las policiales, por el Río San Juan, lo cual no sucedió. Esto motivó al gobierno de Costa Rica a considerar acudir a la Corte Internacional de Justicia para la resolución del conflicto.

Ante tal posibilidad, Alemán avisó que Nicaragua no aceptaría la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia en relación con ningún asunto o reclamo basado en la interpretación de los tratados o de laudos arbitrales que fueron firmados y ratificados o hechos, respectivamente antes del 31 de diciembre de 1901, lo cual enturbió la negociación en torno a este tema. Para apaciguar los ánimos, el 26 de setiembre de 2002, se suscribió el acuerdo Tovar-Caldera, el cual pretendía otorgar una tregua por tres años, dejando por fuera de la agenda de discusión bilateral al menos por un tiempo, ese tema.

Vencido el plazo de prórroga y ante la falta de una solución al conflicto, Costa Rica presentó una demanda contra Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia el 29 de setiembre de 2005 por los derechos de navegación y demás derechos conexos en el Río San Juan, argumentando que la Asamblea Nacional de Nicaragua, mediante la resolución Nº 17-2005, amenazó con imponer sanciones económicas contra Costa Rica en el caso de que se presentara la demanda contra la Corte» por la discusión de un proyecto de ley para imponer un impuesto de importación del 35% a todos los bienes y servicios costarricenses.

En el proceso contradictorio, el Estado nicaragüense alegó que Costa Rica ha pretendido tergiversar la interpretación del tratado para tratar de obtener abusivamente nuevos “derechos” que ni remotamente le han sido concedidos, como por ejemplo, navegar en el río con buques de guerra, cuando su derecho se limitaba únicamente a la navegación con objetos de comercio, en un trecho determinado.

Desde esa fecha se ha generado una gran actividad diplomática, que involucró a los Cancilleres y Ministros responsables de las carteras de seguridad y defensa de Nicaragua y Costa Rica, a los Presidentes de ambas Naciones, al Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos y al Secretario General de dicha organización, aunque la disputa se iba a dirimir, definitivamente, en la sede jurisdiccional de La Haya, hasta que el día de ayer se emitió una resolución al conflicto.

En tal sentencia, se determinó que Costa Rica tiene plena derecho a la libre navegación con propósitos comerciales, lo que implica el traslado de pasajeros y turistas que no requieren visas ni autorizaciones nicaragüenses. Del mismo modo, se reconoce el derecho de los habitantes de Costa Rica de navegar en el río cuando se trate de satisfacer sus necesidades elementales y cotidianas, así como el de los oficiales de los buques en situaciones específicas, para proporcionar los servicios esenciales para los habitantes de la ribera del río, donde el transporte expedito es una condición para la satisfacción de las necesidades de los habitantes.

Sin embargo, también declara que ningún barco costarricense tiene derecho a navegar con funciones de policía; lo cual incluye que está prohibido el traslado de armas o municiones para suplir a su personal de seguridad en la zona o el cambio de funcionarios en tales labores, al tiempo que le reconoce a Nicaragua su derecho a detener para inspección navíos costarricenses y a sus pasajeros en sus puntos de control fijos cuando ingresen o salgan las embarcaciones y a solicitar a los tripulantes identificación tales como pasaporte u otro documento de identidad.

¿Qué está detrás de este conflicto?

En ASOJOD creemos varias cosas respecto a esta discusión. En primer lugar, nos preocupa que, siendo el conflicto del Río San Juan una historia reiterativa, se le utilice para limitar el libre comercio entre los individuos de ambos países o de estos con los de otras naciones, en tanto dichas aguas son una vía muy importante de comunicación y transporte, que a la postre, termine en un intercambio de medidas de castigo que sólo van a afectar a los individuos.

Pero quizá el inconveniente que más resultados negativos podría acarrear es la aparición de gobernantes como Daniel Ortega, quienes serían capaces de utilizar un tema como este para buscar "unidad nacional" y presentar al otro bando como el “enemigo del pueblo y la soberanía”. Lo peor de todo, es que Costa Rica no está exenta de caer en ese juego, y de hacerlo, se entraría en una dinámica de repulsión del “enemigo común” y glorificación de la “patria” que, aunque muy dificilmente derive en conflicto militar (dada la carencia de ejército de Costa Rica), un resultado posible sería una serie de bloqueos comerciales, ruptura de relaciones diplomáticas, búsqueda de solidaridad internacional y algunas manifestaciones xenofóbicas.

Conceptos como "Patria", "enemigo común", "raza", "religión", entre otros, más que retóricos, expresan todo un programa epistemológico–metodológico que ha tenido nefastas consecuencias a lo largo de la humanidad. Se trata de el holismo o colectivismo como proyecto sociopolítico, el cual está basado, de acuerdo con Minor Salas, en la falacia del Todo. Dicha falacia es

en una tendencia dominante en el análisis social (y en el pensamiento ordinario de las personas) a agrupar bajo unidades conceptuales o bajo categorías generales, fenómenos de muy diversa y heterogénea índole. Tal proceso de unificación semántica lleva implícito un desconocimiento de que los elementos agrupados lingüísticamente son, con muchísima frecuencia, parcial o enteramente contradictorios entre sí.


Otro autor que advirtió sobre esta idea en el pensamiento político fue Mises, quien señaló:

Según las tesis del universalismo, del holismo, del colectivismo y de algunos representantes de la Psicología de la Forma (Gestalppsychologie), la sociedad es una entidad que tiene existencia autónoma, independiente y separada de la vida de los diversos individuos que la integran, actuando por cuenta propia hacia la consecución de precisos fines distintos de los que persiguen los individuos que la componen. De ahí que pueda surgir un grave antagonismo entre los objetivos sociales y los individuales, lo que conduce a la necesidad de domeñar el egoísmo de los particulares para proteger la existencia y desenvolvimiento de la sociedad, obligando a aquellos a que, en beneficio de esta, renuncien a sus designios puramente personales. Una vez llegadas a tal conclusión, todas esas doctrinas se ven forzadas a dejar de utilizar el análisis científico y el razonamiento lógico, desviándose hacia puras profesiones de fe, de índole teológica o metafísica. Han de suponer que la Providencia, por medio de profetas, apóstoles y carismáticos jerarcas, constriñe a los hombres, de por sí perversos, a perseguir fines que estos no desean, haciéndoles caminar por las buenas sendas que Dios, el Weltgeist o la Historia desean que sigan.

(…) En cuanto se admite la existencia de una entidad que opera por encima y con independencia de la actuación individual, persiguiendo fines propios distintos de aquellos a los que los mortales aspiran, se ha formulado ya el concepto de una personalidad sobrenatural. Ahora bien, planteadas así las cosas, es preciso enfrentarse resueltamente con el problema de qué fines u objetivos, en caso de conflicto, deban prevalecer: si los del estado y la sociedad o los del individuo. (…) Admitida la existencia de una entidad que ex definitione es superior, más noble y mejor que el individuo, no cabe duda alguna de que sus aspiraciones deben prevalecer sobre las de los míseros mortales


Se trata entonces de creer que existe algo superior a los individuos, un Todo homogenizante que los agrupa y protege. Para ello, las ideas holistas apelan a conceptos antes mencionados, ratando de generar una especie de comunión mística entre los sujetos para luego cumplir determinados fines señalados por una entidad metafísica.

Lamentablemente, los pueblos latinoamericanos son muy dados a este tipo de cosas, máxime por la creencia de que los líderes políticos son seres iluminados, infalibles y omniscientes que tienen la tarea divina de guiar a los demás hacia la gloria. Y si bien uno podría pensar que los tiempos de Perón, Fidel, Pancho Villa y otros personajes ya está superado, con tristeza se puede observar que en la actualidad, una banda de populistas encabezados por Hugo Chávez se ha dado a la tarea de revivir este tipo de movimientos políticos.

Por eso, un escenario como el actual genera preocupación en aquellos que defendemos la libertad y la racionalidad, pues no es de extrañar que Chávez y sus secuaces comiencen a buscar oportunidades como la del conflicto por el Río San Juan para tratar de influir en los regímenes de otros países, con el fin de expandir sus ideas místicas y totalitarias.

sábado, 20 de diciembre de 2008

¿Hay hipocresía en la defensa de la democracia?


La decisión de la Unión Europea y Estados Unidos de suspender la ayuda exterior a Nicaragua por el aparente fraude gubernamental en las recientes elecciones municipales es una buena noticia, pero plantea una pregunta espinosa: si los países ricos no se están ensañando con la diminuta Nicaragua mientras se hacen los distraídos cuando Venezuela y otros países más grandes cometen atropellos contra las libertades democráticas.

El embajador estadounidense en Nicaragua, Robert Callaghan, anunció esta semana que Washington suspenderá unos $175 millones de ayuda externa a Nicaragua bajo la Corporación Cuenta del Milenio (CCM) si el presidente Daniel Ortega no resuelve la disputa con los partidos de oposición respecto de los resultados de la elecciones municipales del 9 de noviembre. El gobierno izquierdista de Ortega alega haber ganado en la capital, Managua, y en casi todas las otras ciudades, pero la oposición, la Iglesia Católica y organizaciones internacionales --incluyendo el Centro Carter-- tienen serias dudas sobre los resultados oficiales.

Anteriormente, la Unión Europea había suspendido alrededor de $31.7 millones en ayuda a Nicaragua, tras las denuncias de fraude en las elecciones municipales. Para Nicaragua, uno de los países más pobres del continente, la ayuda externa equivale a la mitad de los ingresos por exportaciones y es crucial para financiar los planes contra la pobreza.

Los políticos venezolanos de oposición mueven la cabeza con desconcierto cuando leen sobre las medidas económicas de la Unión Europea y Estados Unidos contra Nicaragua.

¿Por qué los países ricos no hicieron nada cuando el presidente venezolano Hugo Chávez prohibió a casi 300 políticos de la oposición --incluyendo a algunos de los más populares-- presentarse en las elecciones regionales del 23 de noviembre en Venezuela?, se preguntan. ¿O cuando el gobierno de Chávez cerró la cadena de televisión independiente RCTV?, se interrogan.

''Hay una alta dosis de hipocresía en la manera en que Estados Unidos y Europa hacen estas cosas, que perjudica su imagen'', dijo Oswaldo Alvarez Páez, un ex candidato presidencial venezolano, en una entrevista telefónica desde Caracas. ``Si Europa y Estados Unidos actúan en base a principios , deberían aplicarlos en todas las circunstancias similares''.

Los países ricos deberían usar sus compras de petróleo venezolano como herramienta para presionar a Chávez para que respete las libertades fundamentales, de la misma manera en que Chávez usa sus exportaciones de petróleo como arma política en Latinoamérica, agregó. Si la oposición venezolana gana algunas elecciones es porque a veces puede superar la enorme maquinaria de fraude del gobierno, concluyó.

En Bolivia, los políticos de la oposición denuncian que el gobierno del presidente Evo Morales cometió fraude en el referéndum nacional del 10 de agosto, y que Morales habitualmente pasa por alto las leyes en su intento de permanecer indefinidamente en el poder.

El gobierno de Bush recientemente suspendió algunas preferencias comerciales a Bolivia tras la expulsión de su embajador allí, pero Washington mantiene otros programas de ayuda en el país.

''En Bolivia hay fraude electoral'', dice Manfred Reyes Villa, ex prefecto de Cochabamba y posible candidato presidencial el año próximo. ``¿Por qué Washington toma medidas contra Nicaragua y no contra Bolivia?''

Manuel Orozco, un experto centroamericano del instituto de investigación centrista Inter-American Dialogue, con sede en Washington, afirma que Nicaragua ha sido el país latinoamericano en el que más se deterioró la democracia en el 2008, seguido por Bolivia. ''En Venezuela por lo menos los resultados de las elecciones fueron más creíbles'', señaló.

Funcionarios del gobierno norteamericano dicen que el caso de Nicaragua es diferente al de Bolivia o Venezuela.

''De los países que usted menciona, Nicaragua es el único que firmó un contrato con la Corporación Cuenta del Milenio por el cual el país se compromete a actuar en 17 áreas concretas, incluyendo el respeto a las libertades políticas'', me dijo Heide Bronke Fulton, una vocera del Departamento de Estado.

Mi opinión: En un momento en el que la mayoría de los presidentes latinoamericanos le están dando la espalda a la defensa colectiva de la democracia --apenas esta semana le dieron una bienvenida de rey en la cumbre celebrada en Brasil al gobernante militar cubano Raúl Castro, que no ha permitido una elección libre en cinco décadas--, resulta difícil no apoyar medidas para presionar a Nicaragua para que realice un recuento de votos transparente.

Pero me pregunto si Washington y los países europeos no están exigiendo elecciones limpias en países chicos, mientras que aceptan ''fraudes tolerables'' en países más grandes.

Espero que el gobierno de Barack Obama logre inspirar a la región para que vuelva a abrazar la defensa colectiva de la democracia, bajo los términos de la Carta Interamericana del 2001, sin excepciones, y en el marco de organizaciones internacionales. Si Estados Unidos y Europa son vistos como potencias que sólo exigen la democracia a los países más chiquitos, nadie los tomará muy en serio

Andrés Oppenheimer

domingo, 10 de febrero de 2008

Nicaragua hace agua


Es en verdad escalofriante la historia de este país centroamericano que viene sufriendo todo tipo de peripecias debido a los patéticos gobernantes que los nicaragüenses han debido padecer una y otra vez como una maldición imposible de revertir. Claro que, como en tantos otros casos, estas desgracias no son casualidad sino que se deben al descuido de la educación al efecto de comprender y defender los principios de una sociedad abierta.

Durante cuarenta años han soportado estoicamente los desmanes del somocismo, luego la entrega de Carter al férreo control de la guerrilla sandinista, mas adelante la corrupción e ineptitud de gobernantes como José Arnoldo Alemán del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), una grotesca ironía que en nada se asemeja a un partido republicano ni mucho menos liberal y, de mas está decir, tampoco constitucional.

El totalitario y prepotente Daniel Ortega volvió al gobierno con el 37% de los votos en noviembre de 2006 merced a las maniobras del mencionado Alemán con el compromiso de no denunciar sus saqueos y multimillonarias transferencias de recursos malhabidos. El desgobierno anterior del propio Ortega fue financiado por los soviéticos, ahora lo es por los iraníes y por el estridente bolivariano del Orinoco.

Resulta en verdad una afrenta al buen gusto y al decoro mas rudimentario el que la idea mas reciente que propone la oposición sea la de una amnistía general para ex gobernantes al efecto de que Ortega no siga amenazando con denuncias y así neutralizar a sus oponentes políticos.

Todos los indicadores en Nicaragua revelan problemas graves: un país devastado en su economía y diezmado en el cuadro institucional en el que su gobernante sigue despotricando contra el “capitalismo salvaje” mientras insiste con insuperable terquedad en las recetas del socialismo mas cavernario y que conduce a situaciones desesperantes para la gente necesitada. Promete tan poco ambiciosas y faltas de ingenio como que todos los agricultores tendrán una vaca, un cerdo y semillas suficientes, como si por arte de magia pudiera aumentarse la producción destruyendo todos los incentivos posibles y ahuyentando las inversiones.

También le promete a su par venezolano ayuda en granos, leche y carne que curiosamente escasean en el país de los petrodólares. Pero es que las bravuconadas de Ortega no se podrán cumplir porque Nicaragua también está con problemas alimentarios: debe importar 350 millones de dólares solo en concepto de arroz, maíz y frijoles, lo cual significa cerca de una cuarta parte de las importaciones totales.

Por otra parte, el orteguismo ha promulgado una disposición por la que se imponen los Consejos de Poder Ciudadano que son copia fiel de los Comités de Defensa de la Revolución en Cuba (“aquel circo sin pan” como escribió Cabrera Infante) para reforzar la delación, el espionaje y así desvirtuar y contrarrestar toda posible oposición, al tiempo que se intensifica el adoctrinamiento totalitario y el ejercicio de la milicia revolucionaria. En este contexto (a confesión de parte, relevo de prueba) es que Ortega acaba de llamar “mi querido hermano” al terrorista, asesino y secuestrador de las FARC, Antonio Marín Marín, luego rebautizado Manuel Marulanda Vélez, conocido como Tirofijo.

En otro orden de cosas, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha declarado que en Nicaragua la libertad de prensa presenta un panorama de “incertidumbre y tiempos difíciles”, principalmente debido a las múltiples presiones ejercidas a periodistas y a raíz de la negativa gubernamental de discutir la ley de acceso ciudadano a la información pública. Asimismo, preocupa la permanente intromisión e interferencia en la circulación de noticias y en otras áreas de gobierno por parte de Rosario Murillo, la mujer de Ortega (que, dicho sea de paso, lleva el mismo nombre que una de las mujeres de Rubén Darío).

En el año que acaba de finalizar la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN) protestó reiteradamente por las agresiones y la inseguridad de los periodistas. Incluso manifestaron con un simbólico ataúd con la leyenda “no hay país ni sociedad libre sin libertad de expresión y de prensa”. Entre muchas otras quejas, los periodistas nicaragüenses destacan el manejo arbitrario y discriminatorio de la propaganda oficial que administra la antes mencionada primera dama.

Solo para poner un ejemplo en este tema crucial de la libertad de prensa, una iniciativa de importancia sería, en lugar de reclamar por no recibir suficiente publicidad oficial, proponer la eliminación de la respectiva oficina estatal y en lugar de rechazar las concesiones arbitrarias de radio y televisión proponer la privatización de las ondas electomagnéticas al efecto de contar con una verdadera libertad de expresión, reduciendo sustancialmente chantajes y presiones innobles. Hoy esto puede parecer alejado de las posibilidades actuales pero resulta m´s fértil y mucho más digno que pelear por migajas que graciosamente otorga el soberano.

Hay que tener sumo cuidado con estos personajes como Ortega, Morales, Chávez y Correa porque no sólo instalan un régimen de democracia tramposa al no respetar los derechos de las minorías, sino que pretenden perpetuarse en el cargo. En este último sentido debe tenerse muy presente lo que dice Robin Williams en una de las producciones cinematográficas en las que actúa: “los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos frecuentemente y por los mismos motivos”.

Alberto Benegas Lynch

domingo, 10 de junio de 2007

¿Xenofobia? Una reflexión

Recientemente en un fallo histórico, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró inadmisible la demanda con los alegatos de supuesta xenofobia esgrimidos por Nicaragua en contra de Costa Rica.
Aún así los problemas entre estas naciones no se acaban. Para nadie es un secreto el odio de ciertos sectores ciudadanos de estos países hacia sus “vecinos”, viéndose de manera mutua como enemigos (visión que ha sido utilizada de manera mutua por políticos de ambas naciones en pos del beneficio electoral).
Siempre es muy cómodo ver el mal en los demás y no enfrentar los problemas propios. Así mientras todos le echan la culpa al supuesto “coco”, miles de nicaragüense siguen emigrando en búsqueda de subsistencia y miles de costarricenses ven perjudicados sus intereses comerciales por la inseguridad del que ira a pasar con el problema pendiente del Río San Juan, los problemas de estabilidad económica siguen pululando en ambas naciones, en fin la lista sigue y sigue.
El problema de estos países no es la xenofobia ni tampoco las ligerezas de sus gobernantes, se llama intolerancia. Mientras el grueso de la ciudadanía de estos países no comprenda que esos supuestos “antagonistas” son seres de carne y hueso como ellos y dejando de prestarse para manipulaciones políticas decidan buscar el bienestar común de ambas naciones nada se va a arreglar.
TOLERANCIA: decirlo es fácil y de todos depende que en la practica se haga posible.