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martes, 22 de mayo de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: de buenas intenciones está lleno el infierno

Me imagino que muchos lectores consideran deseables los objetivos del programa del IMAS conocido como Red de Cuido, por el cual se brindaría cuido a los hijos de mujeres cuando ellas salían a trabajar o a estudiar.  Por eso, debe prestarse mucha atención a lo que expone el comentario de La Nación del 11 de abril, bajo el titular “Estado cuida a miles de madres que están en la casa: Red de Cuido acepta a niños de mamás que no trabajan.”

Según el IMAS, institución rectora del programa, “de las 17.572 familias que reciben subsidio de la Red de Cuido, en 4.156 (23.6%) de estas, las madres no estudian ni trabajan. Esto ocurre a pesar de que 1.893 familias se hallan en la lista de espera por un cupo para obtener el beneficio del cuido en el IMAS.” 

Les soy franco, más bien me sorprende que tan pocas familias estén en “lista de espera,” pues el único condicionamiento que uno esperaría para ese subsidio, como es que la madre trabaja o estudia, evidentemente no es objeto del control esencial a su cumplimiento, que debería ejercerse en el uso de recursos públicos para tal objetivo.

Acerca de otra entidad participante del programa, como es el conocido como CEN-CINAI, se señala que “de 11.764 niños beneficiarios de Red en los CEN-CINAI, cuyas madres son jefas de hogar, el 18.6% (2.188) tampoco tiene trabajo ni estudian. De otros 10.977 menores” que también reciben beneficios en la Red de Cuido del CEN-CINAI, “no se tiene reporte de a qué se dedica la mamá, porque solo se registra la ocupación del jefe de hogar y, en estos casos, no es la mamá.”

Además, acerca de los casos en que el cuido es financiado por el PANI, no se tiene “la información centralizada de a qué se dedican las progenitoras de los 4.126 chiquitos...” 

El IMAS dedicó en el 2017 ₡29.230 millones y no se tiene conocimiento en el ente rector del programa, el IMAS, de cuánto gastaron los CEN-CINAI ni el PANI en tal proyecto. 

Lo cierto es que, si no se certifica que la madre está trabajando o estudiando y que se pueden obtener los beneficios de la Red de Cuido sin tener que cumplir con alguna de esas tareas, las madres no se verán incentivadas a trabajar o a estudiar, sino a dedicarse a cualquier otra cosa menos a eso, que implica un sacrificio y un esfuerzo.

Este comportamiento lo revela una afirmación de una representante de los Centros de Cuido y Desarrollo Infantil (CECUDI): “Nosotros hicimos un trabajo de campo y fuimos a lugares que son de pobreza y pobreza extrema ahí en Alajuela. Y vimos que a las mujeres que viven en casas humildes, con piso de tierra, no les interesa trabajar porque están completamente asistidas.” Ello es lo esperable al crearse una cultura de dependencia en la asistencia estatal, que no estimula a que las familias superen sus condiciones de pobreza, de ignorancia y de desarrollo de los hijos. Si papá estado se encuentra allí para mantenerlos, pues los beneficiarios harán lo antes expuesto, utilizando los recursos de todos los costarricenses y sin tener que esforzarse en algún grado... tal vez, excepto haciendo filas para que les entreguen la plata. Triste, pero eso sucede cuando los programas de esa naturaleza se diseñan inadecuadamente, más bien creando incentivos perversos.


Jorge Corrales Quesada

miércoles, 1 de agosto de 2012

Desde la tribuna: en desagravio

La exViceministra de Juventud cometió algunos serios errores en su vida privada. Fue víctima de una vil difamación. No hay palabras para calificar a quien publicó el vídeo íntimo.

De acuerdo con el Código Penal y la ley 9048 (la tan criticada ley de delitos informáticos), la exViceministra es víctima de un delito. Quizás también sea víctima de extorsión y otras figuras similares. Pero …¡qué curioso! Se da una reacción veloz del Ejecutivo y la exViceministra es “renunciada” ipso facto. ¡Víctima de una acción ruín y delictiva!

No puedo abstenerme de comentar las cuestiones que suscita tal reacción del Ejecutivo. Días atrás, ante un pronunciamiento de la Procuraduría de la Ética en relación con actuaciones de funcionarios públicos que transgredieron la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito, el Ejecutivo se deshizo en argumentos y excusas para no aplicar las sanciones correspondientes a la responsabilidad administrativa. Se trataba de actuaciones enmarcadas en la deleznable figura del “tráfico de influencias”, conducta que la Ley contra la Corrupción (¡sí, “corrupción”) tipificó y sancionó (con el voto de la ahora presidente). No obstante, el Ejecutivo se ha hecho el tonto con el asunto.
 
Ahora, en cambio, con el escandalillo del vídeo amoroso de la exViceministra, actuó otro hemisferio cerebral:  pronto, contundente y duro. De una vez para afuera. Algunos dicen que es doble moral. A mí me parece que es simplemente inmoral. Obsecuencia con las infracciones a la Ley contra la Corrupción e inflexibilidad y fariseísmo con la víctima del delito. 

Si estuviéramos en la escena que narran los Evangelios de la adúltera, la Presidente estaría lanzando pedradas. Pero con el contraste de los funcionarios implicados en el tráfico de influencias, no tengo problema en interpretar aquello de ver la astilla en el ojo ajeno y no la viga en el propio. ¿Qué es peor para la moral pública, el vídeo o la corrupción?  

Me quedo pensando también en la mentada Ley 9048 (delitos informáticos). No me he olvidado de que ante la protesta pública por los riesgos para la libertad de expresión,  el Ejecutivo actuó ambiguamente.  Porque a pesar de que instaló una comisión para ver si la ley requería reformas, no dudó en ponerle el “Ejecútese” y promulgarla. Ahora, que una exViceministra fue víctima de un delito informático (la difusión del vídeo por la Internet), queda claro que no importaban tales delitos, pues la víctima fue revictimizada.
 
Me quedo pensando en la soledad de la exViceministra. ¡Todo hundido! Renunciada y difamada. Me pongo a imaginarme a aquella mujer de los Evangelios, que tuvo la ventaja de ser defendida por el propio Jesús, una vez pasada la trifulca ¿cómo se sentiría?  Allí temblando, ultrajada y a punto de perder todo, sin saber quizás qué había pasado. Pero al menos tuvo una relación directa con Él, que la perdonó y la aleccionó. La exViceministra, en cambio, no tuvo quien parara las pedradas. Esta vez el fariseísmo triunfó.
 
¿Qué norte orienta las actuaciones del Ejecutivo? ¿Se salvan los hombres y no las mujeres? ¿Se salvan los que cometen actos que transgredan la Ley contra la Corrupción pero no las que realicen actos bochornosos aunque sean de la esfera privada? ¿Será que se salvan los “vivazos” y no las tonterías? 
 
La vida privada, la esfera privada, las preferencias privadas no deberían trascender de esta forma. Quizás todos deberíamos haber actuado como los vecinos de Conventry, cuando Lady Godiva fue obligada a salir desnuda. Sin embargo, la exViceministra ha sido víctima del amor, ¡pobre desdichada! y  el delincuente victimario nos ha convertido  a todos en voyeristas o samueleadores.  ¡Grave y terrible!
 
¡La mayor lección de educación sexual para los ingenuos! ¡Hay que temerle al enamoramiento que nos arrebata y nos convierte en incondicionales esclavos del capricho ajeno! Estado mental lindante con la inconsciencia que nos lleva a despreciar lo propio, lo seguro y a arrojarnos irreflexivamente en las pasiones.  En un segundo, el Ejecutivo ha hecho más que las guías del ministro implicado en las cartas prohibidas por la Ley contra la Corrupción. Ha demostrado que el fariseísmo sigue campando, que sigue lapidando a las adúlteras como los fundamentalistas Estados islámicos, ha ejemplificado la tragedia de la entrega sin correspondencia, el vacío social en que puede caerse y el escarnio público sobreviniente. 
 
Este artículo, aunque no parezca, pretende exponer temas de libertad, teoría del Estado, forma de gobierno, probidad en la función pública y política criminal. 
   
Federico Malavassi Calvo.

martes, 27 de marzo de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: un buen resultado de la encerrona


La semana pasada el gobierno decidió llevar a cabo una muy esperada encerrona, que permitiera evaluar los resultados de la gestión de los primeros dos años de esta administración. Tal actividad tiene un matiz de rendición de cuentas a la ciudadanía, pero eso realmente brilló por su ausencia. Lo que de allí en verdad salió es un misterio insondable. Los medios de comunicación, que se supone transmiten la información a la ciudadanía, casi no dijeron nada acerca del parto de los montes y, lo que es el gobierno, ni siquiera pudo estrenar con brillantez a su bien ponderado nuevo ministro de información. Doña Laura, la presidenta, no dijo nada acerca de la valoración que el propio gobierno dio a su gestión y a las metas esenciales que debe cumplir al cierre de su jornada.

Por ello, me baso en lo que, en palabras de un buen informado analista, don Constantino Urcuyo, se señalaron como los tres objetivos principales que este gobierno definió para lo que le falta, para dar mi opinión, si es que vale de algo.

El primer aspecto que se reiteró es continuar la lucha por la seguridad en el país. Esta tiene dos rostros: una interna y una externa. Creo que en ambos esta administración, al fin, ha logrado mejorar lo que angustiosamente se vislumbró como un fracaso a inicios de su gestión. En cuanto a la seguridad externa, se sustituyó a un ministro que inocentonamente se dejó rodar por las palabras de un político nicaragüense, en torno a la navegación en el Río San Juan y cuyo resultado final fue la posesión extranjera de nuestra Isla Calero. Pero más allá de ese episodio, la construcción de una carretera, que desde hace muchos años debía haber sido edificada, la cual recorre una parte importante de nuestra frontera norte, ha incrementado sustancialmente la seguridad de los vecinos y de sus haberes ante el extranjero, tal cual es una de las funciones principales que tiene todo estado. Es un buen principio de corrección de las labores propias de un estado, que se ha metido en todo, excepto en lo que propiamente debe de estar. No se le debe escatimar el apoyo a nuestra administración en el tema de la seguridad externa.

En cuanto a la seguridad interna, también en los últimos tiempos parece que se han logrado algunos progresos importantes. Una vez más, la ubicación de una persona preparada y dispuesta a cumplir con su labor, puede explicar esos resultados. Don Mario Zamora va bien y con la cantidad de recursos que le van a ingresar, aunque sea provenientes de un impuesto sumamente regresivo, cual es el impuesto a las sociedades anónimas, es de esperar aún mejores resultados. Al menos creo que en lo que a delincuencia común se refiere, pues dudo que pueda contener la marea de un narcotráfico con abundancia de recursos. Don Mario, eso sí, deberá cuidar que los mayores fondos le sean entregados y que no pasen a ser simplemente otra fuente de financiamiento de un gasto público desbordado, que, en mi opinión, es el problema principal que hoy confronta esta administración.

El otro tema, que supuestamente esta administración fortalecerá en lo que le falta, es la provisión de obra pública. Ya es una excelente noticia la modernización que se tendrá del muelle de Moín, pero es claramente insuficiente para las necesidades detectadas en el ámbito de la infraestructura. Debe reiterarse el uso del instrumento de la concesión para lograr el avance requerido. Para ello es crucial evitar los patentes errores detectados en el caso de la concesión de la carretera a Caldera, pues la incapacidad demostrada y la opacidad con que las cosas fueron hechas, no debe de repetirse jamás. Por supuesto, para ello debemos empezar por asignar las responsabilidades a quienes no cumplieron con una buena y correcta labor. Pero la utilidad del instrumento sigue en pie. Una de sus mayores ventajas es que, quienes usan las instalaciones concesionadas, son quienes pagan por el servicio recibido. No debemos caer en el cuento que, de nuevo, vuelve a escucharse, cual es que sea el estado quien se encargue de hacer las obras y que seamos todos los costarricenses quienes paguemos por ella. ¡Que paguen quienes las usan! Quienes no las utilizan, pues que no tengan que pagar. La mejor forma de hacer un uso eficiente de los recursos, es no dejando que los vivillos de siempre utilicen la infraestructura, a la vez que seamos los otros que tengamos que pagar por ella.

Uno entiende que esta administración quiera impulsar, como tercer pivote para sus próximos dos años, el avance de los centros u hogares de cuido. Se ha dicho que los políticos requieren realizar algún tipo de obra social para gozar del voto popular. También se ha aseverado que la obra social es impostergable. No creo en esas dos afirmaciones, pero, por el momento, voy a aceptarlas como correctas. “La primacía de la acción ‘social’ debe tener su lugar”. Pero, he aquí el dilema: no alcanza toda la plata del mundo para hacer todo lo “social” que algunos desean. Por eso, es necesario escoger entre alternativas: el problema económico es real.

Lo peor es que, hoy por hoy, la cuestión es aún más trascendente: ver qué se escoge hacer con los fondos que se pueden disponer. El cáncer que carcome nuestro sistema de seguridad social, exige que el estado costarricense asuma una buena cuota de responsabilidad por las actuaciones que al respecto ha seguido. En vez de meterse a nuevos proyectos “sociales”, como los hogares de cuido, el estado debe tratar de resolver de la mejor manera posible el serio problema de la Caja, lo cual incluye el fortalecimiento de los Ebais. Por supuesto, que el arreglo no puede consistir en pasarle la cuenta de sus errores a los ciudadanos, aumentándole, una vez más, los impuestos.

No soy enemigo de este gobierno como para alegrarme de sus trifulcas financieras, pero sí creo que es mi deber advertirle que no puede estar en todo al mismo tiempo, dado el límite natural en los recursos. Porque no se trata de seguirle quitando fondos a los ciudadanos por la vía de impuestos, para seguir gastando cada vez más y más. Como parte esencial del reordenamiento de las finanzas pública que debe hacerse, está limitar cualquier nuevo emprendimiento que signifique fuertes erogaciones, en especial a la luz de los serios problemas que hay en nuestra seguridad social.

Un buen resultado de la encerrona sería que, quienes participaron en ella, logren darse cuenta de que no hay capacidad para que se haga todo lo que los políticos quisieran hacer, en especial ante los graves problemas financieros que afectan a nuestro país y del grave daño que está carcomiendo a la Caja, la cual, si bien requiere de profundas transformaciones, sigue siendo un pilar de la salud del ciudadano.

Jorge Corrales Quesada