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lunes, 5 de julio de 2010

Tema polémico: ¿afrenta a la soberanía?


¡Nos invaden!, la sospecha y la paranoia levemente apaciguada volvió a florecer en la cabeza de muchos costarricenses. ¿Cuál es la razón, o sinrazón, de tan súbita alarma? Hace pocos días se informó a la ciudadanía sobre la aprobación, por parte de la Asamblea Legislativa, del ingreso de 46 buques de guerra estadounidenses a territorio costarricense entre el 1° de julio y el 31 de diciembre de este año. El objetivo de la llegada de las fuerzas estadounidenses será, según se anuncia, realizar operaciones antinarcóticos y en misiones humanitarias.

Las reacciones ante la noticia entre los patriotas no se han hecho esperar, ¿Cómo se atreven los diputados a abrirle la puerta de la patria a los militares yankees?, ¿Cómo, si en este remanso de paz, eliminamos el ejército? La molestia ha provocado las más épicas declaraciones de advertencia: la flamante diputada del PAC, Carmen Muñoz lo ha dicho "¡nos preparamos para enfrentarnos a un conflicto bélico de grandes proporciones!". Como exclamó don Juanito Mora, "Compatriotas: ¡A las armas! Ha llegado el momento que os anuncié".

Entre tanto alboroto es natural que los costarricenses, no acostumbrados a las demostraciones de fuerza militar, se muestren impresionados ante el eventual despliegue. Después de todo, lo más cercano a un ejército que tenemos son las avionetas no artilladas, las pangas de seguridad y la Pancha Carrazco. Por supuesto, ¡46 buques de guerra anuncian un Apocalipsis en mares territoriales!

No obstante, es importante aclarar el panorama. El artículo 121 de la Constitución Política de Costa Rica, en el artículo 121, inciso 5) referente a las atribuciones que le confiere la Constitución de forma exclusiva a la Asamblea Legislativa contempla la posibilidad de presencia buques de guerra en nuestro territorio del Mar Caribe o el Océano Pacifico cuando señala, como parte de tales atribuciones, “Dar o no su asentimiento para el ingreso de tropas extranjeras al territorio nacional y para la permanencia de naves de guerra en los puertos y aeródromos”.

Entonces, es claro que la propia Constitución contempla la posibilidad de ingreso de tropas al territorio nacional bajo las condiciones señaladas. Caso contrario sería la incursión de fuerzas militares a territorio nacional sin contar con la autorización del Poder Legislativo. Bajo dicha hipótesis estaríamos, sin lugar a duda, ante la violación de la soberanía nacional. Pero en lo concerniente a la situación que da pie a este Tema Polémico, las cosas no son así. Por tanto, las voces que señalaban una afrenta a la patria y la entrega de la soberanía no tienen sustento; se percibe el fantasma de la paranoia.

Pero no sólo la Constitución lo contempla como texto, sino que el accionar de los diferentes Gobiernos así lo contempla. Desde 1998 los gobiernos de los Estados Unidos y Costa Rica firmaron un acuerdo de cooperación para combatir el tráfico ilícito de drogas, en las regiones costeras de Costa Rica. Dicho acuerdo fue ratificado por Costa Rica y firmado como ley de la República nº 7929 “Acuerdo con los Estados Unidos USA para suprimir el Tráfico Ilícito de Estuperfacientes” por el Presidente Miguel Angel Rodríguez en octubre de 1999. Pero la cooperación entre ambos países no se ha limitado a eso, sino que alcanza temas más diversos que se enmarcan dentro del Convenio General de Ayuda Económica y Técnica para propósitos afines entre Costa Rica y Estados Unidos de América. Así, la construcción de puentes colgantes en la zona indígena de Talamanca a cargo de 16 militares del Comando Sur de Estados Unidos en 2008, la cooperación entre la Comisión Nacional de Emergencia, el Ministerio de Salud y el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos para prevenir el contagio de la pandemia Influenza en 2009 o el envío de ayuda médica a la comunidad de comunidad de Piedra Mesa de Talamanca, son ejemplos de estos programas de cooperación.

Independientemente del debate de si debe o no darse la lucha contra la droga -que en ASOJOD hemos considerado que la mejor opción es la legalización- es claro que la entrada de buques y personal militar responde a una decisión tomada por ambos Gobiernos. Por tanto, la reacción de los "patriotas" está más que fuera de contexto. No hay, como algunos creen, intención de los estadounidenses de invadir nuestro pequeño país.

Sin embargo, no es de extrañar que aquellos que gustan de construir elaboradas fantasías e intrigas, pronto salgan a desmentir tales hechos y nos anuncien que este es el primer paso del gobierno "imperialista" por hacerce con la Isla del Coco, como ellos habían premonizado hace unos años atrás en la discusión del TLC. No peguemos el grito al cielo, clamando por sensatez, cuando los Nostradamus modernos nos informen que los marins vienen con un batallón de botellas vacías para llevarse toda el agua dulce de nuestro país. No exclamemos sorpresa cuando estos "patriotas", vigilantes de la pulcritud y la soberanía, nos digan que en el casco de los barcos se esconden figuritas indígenas de oro o nuestras codiciadas ballenas, tesoros todos que se venderán en el mercado negro a muy buen precio y del cual, no sacaremos tajada alguna.

Por eso, conforme pasan los días, en ASOJOD nos convencemos que con los costarricenses, cualquier cosa puede pasar. Ya perdimos la capacidad de sorprendernos con las ocurrencias de nuestros coterráneos y ahora, sólo quedamos a la espera que los nunca bien ponderados y apreciados defensores de la soberanía, desempolven sus bayonetas y sus figuritas de Juan Santamaría y de la Virgen de los Ángeles, para lanzarse a las armas contra el "malvado imperio gringo" y sacarlo, una vez más, de territorio costarricense. De por sí, ya hay muchos cabezas calientes que están haciendo la tarea de motivar a los guardianes de la patria para tan magna empresa.

jueves, 25 de febrero de 2010

¿Soberanía de los gobernantes o de los individuos?


A raíz del debate sobre dolarización que acompañó a mis dos comentarios previos, salió a relucir una discusión muy interesante sobre el tema de la soberanía. Una de las objeciones válidas (hasta cierto punto) a dolarizar la economía es la pérdida de la llamada soberanía monetaria, es decir, la capacidad que tiene nuestro Banco Central de adecuar las políticas monetarias a la realidad económica nacional, en lugar de dejarlas a la mano de la Reserva Federal en Washington. Pero, en realidad, nuestra cacareada soberanía monetaria es en la práctica casi que una quimera dado el alto nivel de dolarización de la economía y el hecho de que tengamos una cuenta de capital abierta, lo cual limita severamente el margen de maniobra del Banco Central.

Sin embargo, quiero retomar la discusión filosófica sobre el concepto de soberanía inherente en éste y otros debates similares, como el que tuvimos con el TLC con Estados Unidos.

En el siglo XIX, un gran liberal francés, Benjamint Constant, brindó una conferencia titulada “Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos". En ella, Constant marcó la diferencia entre los dos conceptos de libertad que caracterizaban el debate político en la Grecia Antigua y en los tiempos modernos (en ese entonces siglo XIX). Constant indicó que en las polis griegas, la libertad implicaba la capacidad de los hombres libres (una minoría) de participar en los debates públicos y votaciones democráticas con las que se regían dichas entidades. Era la libertad de los hombres de gobernar sus propios estados sin estar sometidos a un monarca o pueblo extranjero. Sin embargo, la libertad de los antiguos, como Constant la describió, era muy diferente a la libertad de los modernos. Los griegos tenían esclavos después de todo, y la libertad de los pueblos podía desembocar en la aniquilación del individuo y en la instalación de tiranías como la de Esparta. “Hace del individuo un esclavo de tal forma que los pueblos sean libres”.

Constant la comparó con la libertad de los modernos, que es la capacidad de un individuo de vivir su propia vida de la mejor manera siempre y cuando respetara los mismos derechos de los demás. Dicho concepto versaba en el individuo, a diferencia del colectivo (llámese patria, polis, pueblo, nación, etc.).

Casi 200 años después de que Benjamin Constant hiciera dicha distinción, en nuestro país, y en muchos otros, sale a relucir una y otra vez la discusión sobre soberanía y libertad. Veámoslo en el tema del TLC con Estados Unidos. En la campaña sobre el referéndum del 2007, los opositores cargaban contra el acuerdo ya que éste pisoteaba nuestra soberanía. La interrogante es, ¿la soberanía de quién? ¿La de los gobernantes de decidir por los demás qué compañía de teléfonos podemos usar o a quién le podemos comprar pollo? Pues sí, esa soberanía se veía limitada por el TLC. ¿Pero qué hay de la soberanía del individuo de poder tomar esas decisiones por sí mismo? El TLC, con todos sus defectos, ampliaba dicha soberanía.

De igual forma, cuando hablamos de “soberanía monetaria” estamos hablando de la soberanía de un puñado de economistas (junta directiva del Banco Central) de decidir las condiciones y el valor de la moneda que usamos de manera obligatoria. Varias objecciones se vienen a la mente, desde las propias de la escuela austriaca (¿cuéntan estos economistas con toda la información económica necesaria para tomar decisiones acertadas?) hasta las de la escuela de Public Choice (¿defenderá esta junta directiva, nombrada por políticos, el supuesto interés común de los costarricenses o impulsará los intereses particulares de grupos de presión?). Pero el tema de la soberanía radica en que los individuos deberían tener la libertad de escoger la moneda que más les conviene. En este sentido, aún mejor que dolarizar, sería permitir que todas las divisas tengan poder liberatorio en Costa Rica, de tal forma que las personas escojan la moneda que prefieren a la hora de hacer sus transacciones económicas (en la medida que eso se permite en Costa Rica, ya la gente escogió el dólar).

De tal forma, podemos hablar de una sobería de los gobernantes y una soberanía de los individuos. Los matices varían. La tiranía de los Castro apela a la “soberanía del pueblo cubano” para mantener una prisión al aire libre en Cuba. Es la soberanía de los Castro, no de los cubanos. De igual forma (aunque guardando dramáticamente las distancias), la soberanía monetaria es la soberanía de la Junta Directiva del Banco Central (con nombres y apellidos) y no de los costarricenses.

Cuando se trata de cualquier debate político, prefiero la soberanía de los individuos sobre la soberanía de los gobernantes.

Juan Carlos Hidalgo