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domingo, 14 de noviembre de 2010

¡Exprópiese!


El presidente venezolano ha recrudecido el ejercicio del "despotismo electoral" a raíz de los resultados de las elecciones pasadas, donde la oposición logró ganar una presencia importante, que si bien no alcanza para limitar el poder concentrado por el déspota, sí al menos, no le permitiría contar con la "Ley habilitante" una especie de carta blanca para legislar a su antojo.

Antes que en Enero se instale el nuevo legislativo, semana a semana con la boca llena, en las calles, en sus discursos televisados y en cuanto lugar se encuentre, su palabra preferida es: Exprópiese. Centro históricos, industrias, tierras, viviendas, etc., Exprópiense!

No hay garantías legales, no hay Estado de Derecho, no hay indemnizaciones, no hay proceso previos, ni dictamen u orden judicial. Sólo la voluntad del déspota. Algo que ya desde hace tiempo había desaparecido en Venezuela, la estabilidad jurídica, es algo que definitivamente no existe ni volverá, en tanto los venezolanos toleren a este dinosurio en el poder.

A las agresiones verbales, a ese espíritu camorrero y de confrontación permanente, a las amenazas e insultos, al proceso de concetración del poder y el armamentismo de las milicias, turbas de enceguecidos y fanáticos seguidores, del rearme militar y ahora la construcción de una planta nuclear, de sus amistades con otros déspotas y tiranos del mundo, entra en la carrera final de expropiar todos los bienes, servicios, industrias y propiedades a diestra y siniestra.

Los venezolanos deben exporpiarle el poder a este tirano cuanto antes, pues de la concentración del poder y la usurpación de las funciones de las distintas ramas del poder público y de la sociedad, pasa a la confrontación verbal interna y externa, a la expropiación y, su paso ineludible, será la crueldad y el terror. Todo ello, además, en nombre de los pobres!

Javier Loaiza

miércoles, 5 de mayo de 2010

Irrespeto a la propiedad privada


El día de ayer, don Oscar Arias tuvo otra de sus ocurrencias: develar una placa donde, según él, se construirá la nueva Casa Presidencial, a pesar que los terrenos no han sido comprados. Ante la pregunta de rigor, el señor Presidente contestó lo que los socialdemócratas y demás colectivistas siempre han pensado: si no quieren vender, se les expropia.

Una vez más, este tipo de personas nos demuestran que consideran la propiedad privada no como un derecho inalienable del ser humano, sino como una mera concesión graciosa del Estado, revocable cuando al buen funcionario público se le ocurra. El irrespeto a la propiedad que las personas han conseguido a base de esfuerzo y trabajo, puede aparecer si a quienes detentan el poder político consideran que su interés está por encima del interés de los propietarios, para lo cual se vale del mecanismo de compulsión y coerción que es el Estado.

Así, si uno no se adapta a lo que el angelical gobernante desea, el uso de la fuerza se vuelve un imperativo para pisotear los derechos individuales. Quedamos avisados.