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miércoles, 17 de marzo de 2010

No ha empezado y ya se ve mal...


Todavía no empieza el gobierno de Laura Chinchilla, pero ya se pueden ver ciertos vicios de su equipo económico que preocupan. Veamos:

Por ejemplo el flamante vicepresidente Luis Liberman ya valora la posibilidad de intervenir el tipo de cambio con el fin de eliminar aquellas fluctuaciones diarias que representen porcentajes elevados y que se den por coyunturas muy específicas. En este sentido el día de ayer se reunió con la Cámara de Exportadores de Costa Rica (Cadexco), la cual llegó a berrear por las fluctuaciones del tipo de cambio. Evidentemente cuando cae el dólar los exportadores se ven perjudicados, pero esto en nada les da derecho a este grupito de presión para pedir privilegios y la intervención estatal para asegurar sus beneficios. Ya lo decía bien Bastiat: "El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo". Parece que los afiliados de Cadexco han entendido esto a la perfección.

El segundo hecho es que el nuevo Ministro de Hacienda -Fernando Herrero- cree que los ticos tenemos que tener una carga tributaria más alta. La típica solución estatista de nuestros políticos: más Estado, más poder, más impuestos, más intervención, más regulación. No podemos entender ni siquiera cómo puede crecer más la carga tributaria, cuando al día de hoy nuestro país tiene una carga tributaria de diez puntos mayor que la de los países de la OCDE, como menciona el indicador: "Haciendo Negocios" del Banco Mundial.

Es increíble como los fantasmas ideológicos de algunos los lleva a denunciar a este tipo de prácticas como libre mercado. Que quede claro, el PLN ni Laura Chinchilla apoyan la competencia o el libre mercado. Ellos creen en el mercantilismo, en la satisfacción de grupos de poder, en utilizar la violencia institucionalizada del Estado para decretar ganadores y perdedores, Todo este tipo de prácticas difieren mucho de un libre mercado, que no existe ni ha existido en Costa Rica.

martes, 16 de febrero de 2010

Grupos de presión: la historia de nunca acabar


Ya decía Churchill que la democracia era el peor sistema de gobierno exceptuando a todos los demás. Efectivamente la democracia ha proveído un mecanismo para lograr la alternancia pacífica en el poder. Pero el peor mal de la democracia son los grupos de presión o interés. Esto porque los beneficios se concentran en muy pocos, mientras que los perjuicios se diluyen en el resto de la población. Esta situación provoca que los grupos de presión tengan fuertes incentivos para presionar por legislación a su favor, mientras que el resto de los ciudadanos carecen de interés por impedirlo.

Pues bueno ya con el nuevo Gobierno los grupos de presión empiezan a hacer de las suyas. La Cámara de Comercio Exterior de Costa Rica y de Representantes de Casas Extranjeras (Crecex) le solicitó a la Presidenta Laura Chinchilla volver al sistema de mini-devaluaciones. Así los miembros de Crecex desean que el resto de la población reciba una moneda que todos los días valga menos, mientras ellos se ven beneficiados por la certeza del tipo de cambio. El mal de Costa Rica sigue siendo la necia costumbre de tratar de vivir y tener éxito a costa del bolsillo ajeno.

lunes, 21 de julio de 2008

Tema polémico: las fluctuaciones del Dólar


En ASOJOD queremos abordar un tema que causó posiciones encontradas la semana anterior: las fluctuaciones del dólar. Es claro que la gente del Banco Central de Costa Rica (BCCR) debe de andar de capa caída estos días. Todo parece indicar que el sistema de bandas no funcionó. Hay incluso quienes afirman que lo mejor que podría hacer el Banco Central es volver al sistema de mini-devaluaciones.

¿Qué diablos sucedió? El precio del dólar no voló apaciblemente entre las bandas como pretendían los adivinos del instituto emisor, sino que se pegó obstinadamente al piso de la banda. En el BCCR zarandaron el piso hacia abajo para ver si acaso había despegue pero nada. Como moviendo el piso no hubo reacción, quizá no faltó algún aprendiz de hechicero que ideara una intervención del precio dentro de la banda. Efectivamente, en mayo se despegó el tipo de cambio, pero con tanta violencia y volatilidad que se salió de control. Entonces, el BCCR tuvo que achicar la jaula para evitar que el bestial tipo de cambio siguiera haciendo daño.

La conclusión es muy clara para muchos: "el mercado es ineficiente", "el mercado ha fallado". Los sabios economistas han planificado correctamente la apertura de las bandas, las restricciones necesarias a la negociación de dólares y toda una serie de artilugios adicionales pero el mercado es demasiado inestable y la gente demasiado especuladora.

Se dice que hay una ballena en una piscina, en alusión a la influencia del BCCR en el mercado cambiario. Pero ¿fue el mercado -las acciones libres y privadas de individuos- el que sobrealimentó a esta institución estatal o fue más bien el otorgamiento de un monopolio de la emisión de moneda que Alfredo González Flores le dio para cobrar un impuesto inflacionario al sector privado y trasladarle la carga de la crisis posterior a la Primera Guerra Mundial? ¿Y no sería un aporte la aniquilación de la banca privada tras la nacionalización bancaria? Además, independientemente del tamaño del BCCR, ¿no tendrá algo que ver el hecho de que sea prohibido negociar divisas con auténtica libertad?

Esto último resulta evidente: si una persona intentara hacerle competencia a los ¢70 de diferencial cambiario que tiene Global Exchange, poniéndose a vender y comprar dólares afuera del Aeropuerto Juan Santamaría, inmediatamente se lo impedirían debido a una prohibición expresa del BCCR. Si un exportador o importador no financieros pretendiera transar monedas en Monex, el BCCR tampoco se lo permitiría. Los diminutos liliputienses fueron más fuertes que el enorme Gulliver, pero en Costa Rica, los atados son más bien los pequeños.

Se rumora que el más reciente incremento del tipo de cambio se debió a una escasez de dólares del BCCR o alguna subsidiaria para hacer frente a requerimientos de reguladores y/o la Ley de Protección al Trabajador. Pero la pregunta que en realidad hay que hacerse es ¿quién estableció los arbitrarios niveles de encaje mínimo legal, las proporciones por moneda permitidas a las operadoras de pensiones o la cantidad que tienen que guardar los trabajadores para su pensión? ¿Fue acaso el mercado? No; entonces adivine.

Se acusa a los agentes económicos de ser especuladores, pero ¿podría quedarles otro camino si el BCCR no cesa en su charanga de bailar antojadizamente las bandas cambiarias? Si le pone implícitas oportunidades de ganancias e inesperadas amenazas de pérdidas ¿por qué culpárse a los agentes de intentar sacar provecho de las situaciones que artificialmente crea el BCCR?

Ante todo esto, en ASOJOD nos preguntamos: ¿es lo que está ocurriendo culpa del mercado o de las cientos (quizá miles) de intervenciones estatales, las cuales son precisamente las que impiden que las fuerzas del mercado actúen? Evidentemente, ya sabemos la respuesta: es la intervención la culpable de las distorsiones y de los problemas económicos. Por eso, si fuera posible comparar al mercado con una mujer y a los economistas (y más de un panfletario internvencionista de otro gremio) con los varones, entonces la sentencia de Juana Inés de la Cruz quedaría como anillo al dedo:


"Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis"

domingo, 25 de mayo de 2008

Inflación


La inflación es el impuesto más injusto que existe. Las alzas afectan en mayor medida a los más pobres porque son los que menos posibilidades tienen de evitar sus efectos negativos. Esto se da porque las familias más pobres dedican una mayor proporción de sus ingresos al consumo. Pero, además, si logran ahorrar algo, los pobres tampoco tienen muchas opciones de inversión, por lo que altos niveles de inflación terminan comiéndose el valor real de los pocos cincos que tengan en el chanchito. El Banco Central, como máximo responsable en el país de lo que suceda con la inflación, ha venido teniendo problemas para bajarla a niveles más aceptables. Si tomamos el promedio de los últimos 3 años (11,4% ), Costa Rica tiene la tercera inflación más alta entre los 19 países de Latinoamérica.


Don Francisco de Paula, durante una conferencia en la Uccaep esta semana, nos mostró un gráfico en quel Costa Rica aparece como el país de la región con la quinta inflación más baja, durante los primeros 4 meses de este año. Este gráfico lo utilizó, no para decir que el país había mejorado, sino para demostrar que la subida en los precios de los energéticos y de los alimentos está afectando a todos los países latinoamericanos. Eso sí, nos dice don Francisco, los países que han adoptado un régimen de “metas de inflación” (como Chile, México, Perú y Brasil) son los que mejor van controlando la inflación, mientras que hay países “dolarizados” que han tenido problemas con la inflación (como Panamá). Claro, lo que no mencionó fue que Colombia, otro país con el régimen de “metas”, también tiene problemas.

En este tema de cómo controlar la inflación, ningún régimen es la panacea. Las “metas”, con un tipo de cambio flotante, es un esquema que está de moda, y es una estrategia válida. La “dolarización” ha funcionado muy bien durante muchos años en varios países (Panamá, Ecuador y El Salvador, están entre los 6 países con inflación más baja en los últimos 3 años). En Costa Rica, las “minidevaluaciones” sirvieron por mucho tiempo para dar estabilidad (ahora extrañada por muchos), hasta que, al final, se agotó su funcionalidad para bajar la inflación a menos del 10 %.

Claro, la escogencia de régimen monetario y cambiario es solo una parte de la ecuación. Una parte muy importante, pero no la única. La política económica general debe acompañar lo que sea que haga el Banco Central. Así vemos que países como Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador (miembros del ALBA) son los que más problemas han tenido controlando precios en los primeros meses del 2008. En el promedio de los últimos 3 años, Nicaragua y Venezuela ocupan los últimos 2 lugares. ¡Qué irónico! Los gobernantes que más alardean de preocuparse por los más pobres, son los que más los perjudican.

Luis Mesalles

martes, 4 de diciembre de 2007

Qué estaremos pagando con el colón…


Septiembre de 2006. La mitad de la liquidez total de Costa Rica está denominada en dólares. Más y más común se está volviendo poner en dólares los precios de casas, carros, computadoras e incluso ropa. El país se encamina a entablar un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Los dólares en poder del Banco Central cubren dos veces la base monetaria. En otras palabras, hay condiciones suficientes para establecer una dolarización.

¿Las ventajas? Primero, una moneda estable usada por más y más países, incluyendo el socio comercial con el que hacemos la mitad de nuestro comercio internacional. Segundo, los contribuyentes no tenemos que seguir pagando cientos y cientos de empleados del Banco Central ni el mantenimiento de un edificio de varios pisos en el pleno corazón de la capital ni la acuñación de monedas ni la impresión de billetes.

¿Las desventajas? Según manifiesta en diversos medios el presidente del Banco Central, Francisco Gutiérrez, la desventaja es básicamente que el Central pierde la posibilidad de hacer política de estabilización ante los shocks que reciba la economía.

Octubre de 2006. La posición del grupo de interés del Central finalmente se hace valer y se emprende un régimen que nos vuelve más dependiente del colón. Ante la evolución de esta situación durante el siguiente año, algunos comentarios se vuelven indispensables.

El fetiche de la política estabilizadora


Una de las principales piezas en la estrategia de Gutiérrez al frente del Central ha sido el establecimiento de metas de inflación. Estas consisten en poner al Banco Central a actuar exclusivamente en función de controlar la inflación. La evolución de las tasas de interés y el tipo de cambio, por ejemplo no importan. Solo importa mantener una inflación lo más baja posible.

Eso está muy bien. Sin embargo, cuando le preguntan a Gutiérrez por qué no dolarizar, insiste en que ello le quitaría al Central la política de hacer política de estabilización ante shocks externos.

La política de estabilización consiste en emitir colones para contrarrestar fenómenos que debiliten el dinamismo económico. El objetivo es que la actividad económica se mantenga estable. Pero si se emiten colones, se crea inflación. Se contradice entonces el presidente del Central cuando por un lado dice que el objetivo es evitar la inflación a toda costa y por otro dice que hay disposición a provocar inflación con tal de mantener la actividad económica estable.

Cabe destacar, que es imposible que el Banco Central mágicamente elimine los efectos negativos de los fenómenos económicos. Si, por ejemplo, disminuye la demanda de los extranjeros por nuestros productos, eso nos perjudicará, punto. Cuando se le dejan operar naturalmente, los precios transmiten la información de que algo malo está pasando y nos ayudan a adaptarnos a la realidad, reduciendo al máximo los costos de la reducción de la demanda.

Pero supongamos que el Banco Central hace política de estabilización, emitiendo dinero. Eso enturbia las señales de los precios. Por eso ahora nos va a costar más detectar que hay menos demanda de nuestros productos porque siguen llegando colones a nuestras empresas. No nos damos cuenta de que esos colones valen menos y desperdiciamos recursos produciendo productos que tarde o temprano no vamos a poder vender a los precios reales que pensábamos. Al final, no solo perdemos por el efecto original del shock sino además por la política de “estabilización”.



Y es esa política de estabilización el pretexto básico para no dolarizar.

El régimen de bandas


Como el Banco Central no podía reducir la inflación del colón, la gente poco a poco se fue dolarizando. La infame solución que encontró el Central no fue hacer más atractivo al colón sino quitarle a la gente ventajas en el uso del dólar. Como no pudo reducir la inflación del colón, se decidió a incrementar el riesgo para los ticos de usar dólares: estableció un régimen de bandas.

El régimen de bandas pretendía que el tipo de cambio fluctuara entre dos precios, llamados piso y techo de la banda. Solo si se iba a salir de las bandas, intervendría el Central. Eso crearía incertidumbre y la gente se vería obligada a volver a usar colones.

Sin embargo, las cosas no salieron exactamente como se planearon. El tipo de cambio comenzó a bajar y bajar. El Banco Central tuvo que comenzar a comprar dólares al precio de piso, para evitar que el tipo de cambio siguiera bajando. Lo que pasó es que el piso estaba por encima del tipo de cambio que hubiera prevalecido en un mercado sin intervención del Central.

El gráfico 1 puede aclarar lo que ha estado sucediendo. Según la revista The Economist, en enero de 2007, sin intervención del Banco Central, el precio “natural” del dólar habría sido de 351 colones. No obstante, el Central estaba comprando dólares a 519 colones. A este precio al que el Central compra se le llama piso. Si en el mercado el precio fuera más alto nadie le vendería al Central porque los compradores podrían conseguir vendedores que les dieran más que el Central. No obstante, como el precio en el mercado hubiera sido de 351 colones, muchos prefieren vender al Central a 519 colones. Es decir, los precios en el mercado se pegan al piso y el precio del dólar es “artificialmente” alto.

Hay que tomar en cuenta que el precio en colones del dólar tiene que ir subiendo por efectos de la inflación del colón. También hay que tomar en cuenta que el precio de piso actualmente está cayendo todos los días hábiles. Sin embargo, si el Banco Central no hace bajonazos extraordinarios del piso y no cambia la pauta de caída del piso, y si The Economist tiene razón, el precio del dólar se metería dentro de la banda (se despegaría del piso) tan tarde como diciembre de 2011, o sea dentro en cuatro años.

Si el Banco Central quiere que el tipo de cambio se meta dentro de la banda antes, tendría que seguir haciendo bajonazos y/o aumentando la pauta de caída del piso. Por ejemplo, en noviembre de 2007, si el Banco Central quisiera bajar el piso a la estimación de precio natural del mercado de The Economist, tendría que hacerle un bajonazo de 140 colones al piso, o sea una devaluación repentina de 28%.

Ciertamente, el precio del dólar que ha mantenido el Banco Central ha favorecido por años a los exportadores a costa de los importadores, pero cambiar la situación crea incertidumbre sobre una situación que, para comenzar, fue creada originalmente por el propio Central. Nada que ver con estabilidad externa de la moneda nacional, que es por cierto uno de los principales objetivos de la entidad, según su propia ley orgánica.

Bandas: un negociazo para las entidades financieras “registradas”


Lamentablemente, los desaciertos del Central no paran ahí. Las bandas flexibilizaron el precio del dólar dentro de cierto rango, pero no flexibilizaron la cantidad de comerciantes de la divisa. Resulta que no todo mundo puede comerciar dólares. Para hacerlo, requiere de un capital mínimo de quince millones de colones además de una garantía de treinta millones de colones, entre otros requisitos. En la práctica, sólo los bancos, puestos de bolsa, casas de cambios y otras empresas financieras registradas ante la SUGEF pueden hacer comercio con dólares. Esto significa una barrera artificial a la entrada de competencia en el mercado de dólares.

Ello ha provocado que la mayor flexibilidad del régimen de bandas redunde en un diferencial entre el precio de compra y el precio de venta más alto. Como se puede observar, antes del régimen de bandas, la diferencia entre el tipo de cambio de compra y el de venta rondaba el 0.4%. Después de que se abrió el sistema de bandas, el diferencial subió hasta un promedio de 0.9%. Algunos funcionarios del Banco Central han pretendido atribuir este aumento a que antes de las bandas los bancos cobraban una comisión por comerciar dólares que ahora tendrían que incluir en el diferencial. No obstante, esto solo podría explicar alrededor de 0.2% del aumento del diferencial. El resto es puro ordeño a los clientes de las empresas financieras “registradas”. Es más, ante el bajonazo del piso el 22 de noviembre de 2007, el diferencial ha aumentado todavía más hasta llegar a alrededor del 1.20%. ¡Los bancos están haciendo clavos de oro!

Si no existieran barreras artificiales de entrada, seguramente veríamos gente humilde haciendo su negocito compitiéndole en las afueras del Aeropuerto Juan Santamaría los 63 colones de ganancia que hace Global Exchange por cada dólar que compra y luego vende, quitándole así obstáculos a las pequeñas empresas y beneficiando tanto a los usuarios que venden como a los que compran dólares.

¿Qué hacer?


El régimen de bandas ha obligado a la gente a reducir el uso de dólares. Lamentablemente, eso ha hecho que la dolarización fuera un poco más traumática hoy que cuando se inició el régimen de bandas. Por otro lado sin embargo, la cantidad de dólares en poder del Banco Central es más grande, fruto de sus compras para defender el piso, lo que hace más viable la dolarización.



Sin embargo, entendemos que la verdadera razón de fondo, no la contraproducente y contradictoria política de estabilización, sino la permanencia del grupo de interés conformado por los empleados del Banco Central, es todavía muy fuerte y hace inviable políticamente la solución fácil, barata y efectiva de la dolarización.

En ese sentido, cabe hacer algunas recomendaciones en relación con el régimen de bandas. La primera es eliminar barreras de entrada al comercio de dólares, de modo que el diferencial cambiario pueda reducirse. La segunda es evitar los bajonazos repentinos del piso. En vez de eso, se recomienda ir aumentando el ritmo de caída del piso, para que el tipo de cambio se meta en poco tiempo dentro de las bandas y se elimine así la actual distorsión artificial del precio del dólar.

Estas medidas ayudarían a aliviar un poco la cruz de nuestro sistema cambiario que surge a su vez de la necedad de querer usar una moneda que a veces no parece sino una maldición de nunca acabar y que nos tiene preguntándonos: ¡qué estaremos pagando con el colón!

Por Adrián Brenes

martes, 27 de noviembre de 2007

En Guardia


Yo apoyo la decisión de la junta directiva del Banco Central de ampliar la banda cambiaria. La apoyo como paso previo a la liberalización del colón, indispensable para controlar la inflación.

Recordemos qué es una banda cambiaria: un espacio alrededor del valor de mercado del colón, expresado como el equilibrio del tipo de cambio, demarcado por dos líneas de intervención para evitar oscilaciones que alteren ese valor de equilibrio. Así, la esencia de una banda es ubicarse alrededor del punto de equilibrio. No debe ser tan amplia que prohíba intervenir en casos especulativos, ni tan estrecha que lo obligue a hacerlo cotidianamente. Solo así se pueden evitar la emisión e inflación.

Lo difícil es hallar ese equilibrio. Si el tipo oficial no se corresponde con el del mercado, el Banco termina comprando (o vendiendo) divisas. Una equivocación puede ser costosa, como sucedió en octubre del 2006. Se cometieron dos errores: establecer una banda muy estrecha y ubicarla alrededor de un punto ajeno al equilibrio. El mercado no la convalidó. Las cotizaciones tendieron rápidamente a pegarse a la banda inferior, más cercana al equilibrio. Y el mercado, terco, se pasó un año entero tratando de decir que le conectaran la banda más abajo.

Las bandas ascendentes o reptantes de octubre –remedo de las “minis”– eran dos líneas rectas, ambas con pendiente positiva, para forzar una devaluación cuando el colón buscaba revaluarse. Luego, se congeló la banda inferior mientras la superior se alejaba innecesariamente del equilibrio. Lo procedente hubiera sido establecer desde el inicio dos líneas divergentes del centro: una con inclinación positiva (banda superior) y otra con pendiente negativa (banda inferior) para ir abriendo gradualmente el mercado y buscar el equilibrio. La nueva decisión corrige los yerros anteriores. Pero aún tengo varias inquietudes.

La banda superior dejó de tener sentido. Se alejó demasiado del equilibrio. Técnicamente, permitiría una escalada abrupta antes de poder intervenir en casos especulativos. Y ese no es el sentido de una banda. La segunda es saber si se acercó al equilibrio. Pareciera que sí. Si se confirma, el mercado tenderá a estabilizarse alrededor de ese valor y no será importante si se pega a la banda inferior, por irrelevante. El nuevo test es si habrá o no intervención. Si no la hay, habrá equilibrio y se podrá reducir la inflación. Y, para saberlo, no es necesario esperar otro año; bastarán pocas semanas. Pero si las compras continúan, tendrá que olvidarse de las bandas y dejar el cambio flotar. Ningún banco central puede pasarse la vida ensayando bandas sin perder credibilidad.

Por Jorge Guardia

lunes, 26 de noviembre de 2007

¿A dónde se fue el dinero?


El Banco Central avaló establecer, a partir del jueves pasado, el límite inferior de la banda en ¢498,39, reduciéndose en ¢0,06 por día. El límite superior se fijó en ¢562,83 y se incrementará en ¢0,06 diarios. Dicha medidad ha causado estragos entre los banqueros.

Según estimaciones de los propios bancos –agrupados en la Asociación Bancaria Costarricense– con el ajuste al tipo de cambio, se presentaron pérdidas contables por unos ¢10.000 millones.

Las pérdidas contables. Son aquellas que aún no se han materializado, es decir, están únicamente en sus registros.

Se producen dado que los bancos tienen parte del patrimonio en dólares (posiciones en esa divisa), los cuales fueron comprados a un mayor valor que al que actualmente se está cotizando la moneda estadounidense. Si los bancos salen a vender sus posiciones de dólares en este momento, estarían materializando la pérdida.

En ASOJOD hemos sido enfáticos en criticar las intervenciones del estado en la economía, ya que resultan totalmente artificiales como distorsionantes, este ejemplo de la banca no podría ser mejor, de la noche a la mañana se perdieron diez mil millones de colones gracias a las decisiones "técnicas" de este tipo de instituciones, en ASOJOD ponemos en alerta a todos los costarricenses respecto a este tipo de medidas no vaya a ser que mañana sea usted y no los bancos a los que la magia del estado les haga desaparecer su dinero.