lunes, 21 de julio de 2008

Tema polémico: las fluctuaciones del Dólar


En ASOJOD queremos abordar un tema que causó posiciones encontradas la semana anterior: las fluctuaciones del dólar. Es claro que la gente del Banco Central de Costa Rica (BCCR) debe de andar de capa caída estos días. Todo parece indicar que el sistema de bandas no funcionó. Hay incluso quienes afirman que lo mejor que podría hacer el Banco Central es volver al sistema de mini-devaluaciones.

¿Qué diablos sucedió? El precio del dólar no voló apaciblemente entre las bandas como pretendían los adivinos del instituto emisor, sino que se pegó obstinadamente al piso de la banda. En el BCCR zarandaron el piso hacia abajo para ver si acaso había despegue pero nada. Como moviendo el piso no hubo reacción, quizá no faltó algún aprendiz de hechicero que ideara una intervención del precio dentro de la banda. Efectivamente, en mayo se despegó el tipo de cambio, pero con tanta violencia y volatilidad que se salió de control. Entonces, el BCCR tuvo que achicar la jaula para evitar que el bestial tipo de cambio siguiera haciendo daño.

La conclusión es muy clara para muchos: "el mercado es ineficiente", "el mercado ha fallado". Los sabios economistas han planificado correctamente la apertura de las bandas, las restricciones necesarias a la negociación de dólares y toda una serie de artilugios adicionales pero el mercado es demasiado inestable y la gente demasiado especuladora.

Se dice que hay una ballena en una piscina, en alusión a la influencia del BCCR en el mercado cambiario. Pero ¿fue el mercado -las acciones libres y privadas de individuos- el que sobrealimentó a esta institución estatal o fue más bien el otorgamiento de un monopolio de la emisión de moneda que Alfredo González Flores le dio para cobrar un impuesto inflacionario al sector privado y trasladarle la carga de la crisis posterior a la Primera Guerra Mundial? ¿Y no sería un aporte la aniquilación de la banca privada tras la nacionalización bancaria? Además, independientemente del tamaño del BCCR, ¿no tendrá algo que ver el hecho de que sea prohibido negociar divisas con auténtica libertad?

Esto último resulta evidente: si una persona intentara hacerle competencia a los ¢70 de diferencial cambiario que tiene Global Exchange, poniéndose a vender y comprar dólares afuera del Aeropuerto Juan Santamaría, inmediatamente se lo impedirían debido a una prohibición expresa del BCCR. Si un exportador o importador no financieros pretendiera transar monedas en Monex, el BCCR tampoco se lo permitiría. Los diminutos liliputienses fueron más fuertes que el enorme Gulliver, pero en Costa Rica, los atados son más bien los pequeños.

Se rumora que el más reciente incremento del tipo de cambio se debió a una escasez de dólares del BCCR o alguna subsidiaria para hacer frente a requerimientos de reguladores y/o la Ley de Protección al Trabajador. Pero la pregunta que en realidad hay que hacerse es ¿quién estableció los arbitrarios niveles de encaje mínimo legal, las proporciones por moneda permitidas a las operadoras de pensiones o la cantidad que tienen que guardar los trabajadores para su pensión? ¿Fue acaso el mercado? No; entonces adivine.

Se acusa a los agentes económicos de ser especuladores, pero ¿podría quedarles otro camino si el BCCR no cesa en su charanga de bailar antojadizamente las bandas cambiarias? Si le pone implícitas oportunidades de ganancias e inesperadas amenazas de pérdidas ¿por qué culpárse a los agentes de intentar sacar provecho de las situaciones que artificialmente crea el BCCR?

Ante todo esto, en ASOJOD nos preguntamos: ¿es lo que está ocurriendo culpa del mercado o de las cientos (quizá miles) de intervenciones estatales, las cuales son precisamente las que impiden que las fuerzas del mercado actúen? Evidentemente, ya sabemos la respuesta: es la intervención la culpable de las distorsiones y de los problemas económicos. Por eso, si fuera posible comparar al mercado con una mujer y a los economistas (y más de un panfletario internvencionista de otro gremio) con los varones, entonces la sentencia de Juana Inés de la Cruz quedaría como anillo al dedo:


"Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis"

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