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miércoles, 27 de agosto de 2008

El petróleo y la política


Si le proponen hacer una apuesta sobre el precio del petróleo dentro de 10 años, ¿apostaría usted por un aumento o por la caída del precio? Algunos argumentan que se está acabando el petróleo fácil de extraer, por lo que el precio seguirá subiendo. Otros aseguran que el alto precio actual provocará una inundación de nuevas fuentes petroleras, por lo que los precios caerán, siempre y cuando los políticos en Washington no sigan con su marcha fúnebre sobre la energía y el medio ambiente.

El argumento sobre la caída de los precios petroleros es que existen cientos de años de reservas petroleras, al nivel actual y al proyectado aumento del consumo, si incluimos las reservas de petróleo pesado. En países como Arabia Saudí e Irak queda mucho petróleo barato por producir (a $15 o menos el barril), pero no en cantidad suficiente para suplir toda la demanda mundial. Por eso se está produciendo más petróleo en aguas profundas que es más costoso, como también el petróleo pesado proveniente de arenas bituminosas.

El monto de las reservas petroleras se mide en función del costo. Hay más de 1.300 millones de barriles de reservas de petróleo convencional, concentradas principalmente en el Medio Oriente. Las mayores reservas de petróleo pesado están en la faja del Orinoco en Venezuela, que se estiman en 1.200 millones de barriles, cuya producción costaría menos de $50 el barril.

De las arenas petroleras de la provincia de Alberta en Canadá se está actualmente extrayendo petróleo, a un costo de unos $45 y esas reservas se estiman en 1.800 millones de barriles. El total de las reservas mundiales de petróleo bituminoso de esquisto, una roca negra azulada, se estiman en 3.300 millones de barriles, de los cuales 70% están en Estados Unidos, principalmente en Colorado, Utah y Wyoming.

La empresa Shell informó el año pasado haber desarrollado una técnica para extraer petróleo de esquisto a un costo de alrededor de $35 por barril. Estados Unidos también tiene las mayores reservas de carbón, suficiente para suplir la demanda por varios siglos. El carbón se puede convertir en petróleo (como lo comprobaron los alemanes y sudafricanos hace años) y el costo estimado de conversión en la actualidad es de unos $35 el barril.

Entonces, ¿no parece muy raro que el precio actual del petróleo sea más del doble del costo de producir lo que ahora se consume y de lo que necesitaremos en el futuro? La razón del exagerado precio es que la oferta ha sido artificialmente restringida por los gobiernos. El 88% de las reservas de petróleo convencional pertenece a gobiernos y esos gobiernos invierten cantidades insuficientes en nueva producción. Por su parte, el gobierno de Estados Unidos ha restringido las perforaciones costa afuera, en tierra firme y la conversión del carbón.

Algunos políticos dicen que tomaría años aumentar la producción en este país. Mentira. Nuevos pozos se pueden taladrar a un promedio de mil pies diarios, por lo que la elaboración de un pozo promedio tarda apenas una semana y estaría produciendo en pocos meses. Las perforaciones submarinas tardan más, pero lo que toma más tiempo son los permisos gubernamentales.

Los políticos que dicen que no se puede aumentar rápidamente la producción petrolera son los mismos que proponen fuentes alternas de energía, tales como molinos de viento y energía solar, sin tomar en cuenta que eso sí tomará mucho más tiempo.

Felizmente, la gente comienza a comprender que está pagando por la gasolina el doble de lo necesario y que el ambiente no se está beneficiando en nada por ello. Energía barata y un ambiente limpio no se logran con fuentes diferentes de energía, sino con políticos diferentes.

Richard W. Rahn

miércoles, 23 de julio de 2008

La ley de la oferta y la demanda


Uno de los principios más importantes de la economía es el de la ley de la oferta y la demanda: cuando el precio de un producto sube, las empresas aumentan su producción (porque un precio superior hace provechosos procesos que de otra manera no son rentables) y los consumidores reducen las compras (porque pasan a comprar substitutos más baratos). En una economía de mercado como la nuestra, el equilibrio entre la oferta y la demanda determina el precio final: el precio sube cuando aumenta la demanda o cuando cae la oferta. Así de simple.

A pesar de que todo eso se enseña durante la primera semana en cualquier facultad de economía moderna, la reciente escalada del petróleo ha puesto de manifiesto que son muchos los políticos y analistas económicos que siguen sin entender las leyes fundamentales de la economía. Veamos tres ejemplos reveladores. Primero: cada día está más extendida la idea de que el petróleo está subiendo por culpa de unos supuestos especuladores malignos, especuladores que, dicho sea de paso, han sustituido a los empresarios capitalistas en el papel de causantes de todos los males de la humanidad en el ideario de socialistas, medioambientalistas y demás descendientes intelectuales del marxismo.

Normalmente, los especuladores ganan dinero a base de comprar un producto barato, guardarlo durante un tiempo mientras esperan (especulan) que su precio suba y, cuando lo hace, venderlo y quedarse con la diferencia. Cuando muchos especuladores compran al mismo tiempo, ellos mismos crean una demanda que hace subir los precios. Es por eso que se les acusa de encarecer el petróleo. El problema es que los presuntos especuladores del petróleo no compran barriles de crudo, no los guardan en sus casas y no los vuelven a vender al cabo de unos meses. Para hacer eso necesitarían tener unas casas muy grandes y pagar unos costes de almacenamiento descomunales. Lo que hacen en realidad es comprar contratos de “futuros”. Es decir, adquieren unos papelitos que les da derecho a comprar barriles de petróleo dentro de seis meses a un precio determinado. Si dentro de seis meses el precio de mercado es superior al determinado, comprarán los barriles al precio determinado y los venderán inmediatamente después al precio de mercado apropiándose de la diferencia. De alguna manera, es como si los especuladores “apostaran” a que el precio del petróleo subirá sin tocar nunca ni un solo barril de crudo. Y del mismo modo que los que apuestan a las quinielas de fútbol no tienen ningún impacto sobre el resultado de los partidos, la gente que compra “futuros” de petróleo sin comprar barriles no afecta ni la oferta ni la demanda de crudo y, por lo tanto, no afecta su precio. ¿Por qué sube, pues, el petróleo? Pues por varias razones, la principal de las cuales es el enorme aumento de demanda que proviene de los grandes países en vías de desarrollo como China e India, cuyos ciudadanos cada vez más ricos han decidido ir en coche, utilizar la calefacción y el aire acondicionado. Es la ley de la oferta y la demanda.

Segundo ejemplo: una amplia gama de políticos y huelguistas españoles, europeos y estadounidenses proponen eliminar temporalmente los impuestos sobre carburantes con el objetivo de reducir su precio. Eso es un craso error. Imaginemos que la oferta y la demanda dictan un precio de la gasolina de 100 y que el gobierno pone un impuesto de 30: los consumidores pagan 100, los productores de gasolina cobran 70 y el gobierno recauda 30. Hasta aquí todo normal. Pensemos qué pasará si el gobierno elimina el impuesto de 30. Si la oferta de gasolina es más o menos constante a corto plazo (y lo es, dado que cambiar la producción de crudo es extraordinariamente costoso), la oferta y la demanda seguirán siendo las mismas, por lo que el precio que deberá pagar el consumidor seguirá siendo 100. Pero el gobierno ya no cobrará los 30. ¿Pero si el consumidor sigue pagando 100, a dónde van a parar los 30 que hasta ahora recaudaba el gobierno? Pues directamente al bolsillo de los productores. Es decir, la eliminación del impuesto sobre la gasolina no sólo no contribuirá a reducir precios sino que representará un enorme regalo fiscal a los ya millonarios regentes de Arabia Saudita o Venezuela.

Tercer ejemplo: muchos gobiernos progresistas, después de darnos la lección diaria sobre el cambio climático, van y firman todos los tratados internacionales habidos y por haber, buscan reducir emisiones a través de la coerción estatal y dedican millones de euros a “campañas de concienciación” o a promover las tendenciosas y deliberadamente histéricas películas de Al Gore. A la hora de la verdad, sin embargo, esos gobiernos fracasan e incumplen sistemáticamente los objetivos a los que se han comprometido. Pues bien, esos mismos gobiernos se quejan de la subida de los precios del crudo e intentan tomar medidas para paliar los efectos sobre los ciudadanos, sin darse cuenta que es esa misma subida de precios la que va a lograr lo que ellos no han conseguido hasta ahora: reducir las emisiones de CO2. Porque lo que realmente va afectar el comportamiento de la gente no son las campañas institucionales a favor de una "nueva cultura de la energía” o las películas porno-climáticas sino el bolsillo: los consumidores ahorrarán de verdad cuando les sea demasiado costoso no hacerlo y las empresas ofrecerán alternativas cuando eso les reporte beneficios. Así de simple. Es la lección más antigua de la economía. Es la de la ley de la oferta y la demanda.

Xavier Sala-i-Martin