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miércoles, 3 de febrero de 2010

El capital psicológico


El gran tema es el capital psicológico. Los economistas no lo valoran adecuadamente y es una de las claves de la prosperidad o de la pobreza. Una vez al año, el Cato Institute, el gran think-tank libertario de EE.UU., y la Universidad Francisco Marroquín —tal vez la más prestigiosa institución privada de Centroamérica—, reúnen en la bella ciudad de Antigua, Guatemala, a varias docenas de estudiantes de toda América Latina para explicarles la relación que existe entre la libertad y el desarrollo. Lo que sigue es la síntesis de lo que les conté.

Ya se acepta, porque parece evidente, que el desempeño económico de los pueblos es el resultado de cómo se trenzan y armonizan el capital humano (la educación), el capital cívico (el comportamiento social de la mayor parte del grupo) y el capital material (las riquezas naturales, las inversiones, las maquinarias, etc.). Pero en esa ecuación faltaba el capital psicológico. ¿Qué es eso? En esencia, lo constituyen las actitudes con que los individuos se enfrentan a siete factores fundamentales. Esas actitudes, claro, se derivan de percepciones, creencias y aprendizajes previos. Son éstas:

  • Actitud hacia la libertad. Donde abundan los individuos dispuestos a tomar decisiones y a construir con ellas su propia vida y a procurar la felicidad, sin las muletas del Estado, suele arraigar el bienestar personal y colectivo. Donde prevalece la búsqueda de la seguridad y se entrega el diseño de la vida a entidades exteriores, el resultado es mediocre. Algo de esto se imaginó Erich Fromm cuando escribió El miedo a la libertad.
  • Actitud hacia el Estado. Donde, por las razones que fueren, se percibe al Estado como una injusta fuerza coactiva que no responde a nuestros valores e intereses, sino a la conveniencia de quienes lo administran, el comportamiento de los individuos perjudica a la colectividad. Donde el Estado responde a las expectativas de la sociedad sucede lo contrario.
  • Actitud hacia el trabajo propio y ajeno. Donde se aprecian las actividades que se realizan, siempre que sean honradas, cualesquiera que fuesen, incluidos los oficios más humildes, y no sean un obstáculo para el ascenso social sino un tinte de orgullo, las consecuencias colectivas serán benéficas y el esfuerzo tenderá hacia la excelencia.
  • Actitud hacia el éxito. Donde se admira a los triunfadores y se ponderan sus logros, cuando son legítimos, se propaga y generaliza la lucha por destacarse y buscar el aprecio de la sociedad. Donde ocurre lo contrario y el éxito individual provoca rechazo y crítica negativa, desaparece un fuerte incentivo psicológico positivo.
  • Actitud hacia la ciencia y la innovación. Donde impera la curiosidad científica, y donde hay la voluntad de innovar y crear con originalidad, las consecuencias económicas son dramáticas. Es sorprendente, por ejemplo, que en el siglo XX ni uno sólo de los grandes hallazgos, invenciones o desarrollos técnicos que han cambiado la faz de la humanidad haya surgido en América Latina.
  • Actitud hacia los espíritus emprendedores. Donde se aplaude y cultiva la aparición de las personalidades creativas, y donde la sociedad les abre puertas en lugar de cerrárselas, los pueblos prosperan.
  • Actitud hacia el otro. Donde prevalece, a priori, la confianza en el prójimo, en el otro, porque los acuerdos se cumplen, sucede que las transacciones se multiplican y disminuyen los costos de llevarlas a cabo. Sin embargo, donde se desconfía del otro porque se le presume mala fe, las sociedades son más pobres, dado que disminuyen sustancialmente los intercambios entre las personas, única fuente para la creación final de riqueza.

¿Puede aumentar el capital psicológico de una sociedad? Por supuesto. O puede disminuir. Depende del aprendizaje y de las experiencias de los individuos. En los países totalitarios, o en los que marchan en esa dirección, todo lo que las personas aprenden contribuye a disminuir el capital psicológico. En cambio, en los países que aprecian la libertad y aceptan la responsabilidad, el capital psicológico se retroalimenta y multiplica. Tal vez esto es lo que estamos viendo en sociedades como la chilena. Nunca podremos probarlo matemáticamente, nunca podremos medirlo, pero sabemos que hoy el capital psicológico de ese pueblo es muy alto. Vale la pena estudiar esa variante.

Carlos Alberto Montaner

sábado, 26 de enero de 2008

Institucionalidad y desarrollo


¿Por qué los emigrantes generan más divisas en sus países de destino que en sus países de origen? ¿Por qué un emigrante boliviano no puede generar en su país las ganancias que logra en España? ¿Es que acaso era flojo en Bolivia y de repente le nació una valentía inusitada y un amor al trabajo al arribar a España? Dudo que este sea el caso, el emigrante, es tan trabajador en su país de origen como en su país de residencia, y sin embargo por alguna razón gana mucho más en su país de residencia.

Es por tanto menester estudiar este fenómeno para entender las condiciones que impiden países subdesarrollados generar suficientes trabajos con adecuada remuneración.

Este ejercicio requiere un análisis comparativo entre los países que generan migración (Latinoamérica, África, Turquía, etc.) y los que captan la migración (básicamente Unidos y Europa occidental).

¿Qué tienen Estados Unidos y Europa para ser tan atractivos a los emigrantes? La respuesta es libertad, democracia, respeto a las leyes e institucionalidad, es decir, tienen un sistema liberal. Estos son los países que menos restringen el libre mercado y dan mayor libertad al individuo. Son países democráticos, donde se cumplen los derechos civiles mucho mejor de lo que se cumplen en los países generadores de emigrantes. Son estables; España, por ejemplo, es una monarquía parlamentaria desde 1978, Francia es una república desde la II guerra mundial y Estados Unidos desde su independencia en 1776 nunca ha tenido un golpe de estado y mantiene básicamente la misma constitución desde 1787. Son países donde se cumple la ley: en Estados Unidos, si uno no paga la renta, el dueño puede expulsar al inquilino en cuestión de días, sin la necesidad de un engorroso juicio que puede durar años y dinerales como sucede en Bolivia. Son países con instituciones sólidas, con baja corrupción, con reglas de juego claras y estables. Estas son las condiciones que hacen que estos países crezcan y atraigan emigrantes de otras latitudes.

Por otro lado ¿qué características tienen los países que generan la migración? Inestabilidad política, corrupción, amor loco por el estatismo, leyes y reglas de juego que varían de forma caprichosa, trámites engorrosos y eternos, irrespeto a los derechos civiles, restricciones al individuo, a la prensa y al mercado.

Ante esta comprobación, lo prudente ¡lo lógico! sería que imiten a aquellos países exitosos. Los tigres asiáticos han seguido ese camino y están experimentando un crecimiento asombroso e incluso la misma China se mueve en dirección al libre mercado con excelentes resultados. ¿Y sin embargo qué hace Latinoamérica?... Se empecina en sus defectos, toma la dirección diametralmente opuesta y revive sistemas que no pasan ni el dictamen de la historia ni del sentido común. Mira hacia una Cuba en la que no quiere vivir nadie, ni siquiera los mismos cubanos, vuelve al estatismo que logró que los ochentas sea denominada “la década perdida” y no se escapa de ese caudillismo y populismo idiota cuyo final predecible es la repetición de la historia, de una historia que no vale la pena repetir.

Javier Paz

lunes, 21 de enero de 2008

Capital humano y eficiencia


En el largo plazo el desarrollo económico depende de la acumulación de capital humano en educación y salud. Esto es cierto, pero ¿por qué hay países que han crecido y crecen a tasas mucho más altas que lo que puede crecer su educación?

Hay tres razones por las cuales algunos países pueden crecer más rápido que su capital humano: Primero, esto pasa en países que dependen de productos primarios y experimentan una subida en los precios de éstos. Este es el caso de Latinoamérica en los años más recientes. Este crecimiento, sin embargo, no es sostenible porque eventualmente los precios de los productos primarios caen, y estos países crecen más lentamente que el promedio.

Segundo, esto pasa cuando un país sufre la destrucción de su capital físico pero conserva su capital humano, como Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Estos países pasaron muchas pobrezas porque su capital físico —las fábricas, la infraestructura en general— estaba destruido. Pero al final de la guerra crecieron a tasas muy rápidas porque tenían los científicos, los ingenieros, los hombres de negocios y los obreros especializados que necesitaban; sólo tenían que ocuparlos.

El tercer caso en el que puede crecerse a tasas más que las justificadas por el crecimiento del capital humano se da cuando la economía se libera después de haber funcionado por muchos años bajo un sistema que destruye valor. Este ha sido el caso de China. Este país vivió desde 1948 bajo un régimen económico comunista que destruía valor, reprimiendo su crecimiento muy por debajo del potencial que la educación de su población le hubiera permitido.

De pronto, a fines de los años ochenta, aunque el partido comunista siguió imponiendo su tiranía política, China empezó a liberalizar su economía hasta convertirla en una de las más libres en el mundo. China comenzó a crecer a tasas increíblemente altas, utilizando el potencial de su capital humano, que había estado reprimido por casi cuarenta años.

Consideren las trayectorias del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) por persona en términos reales (es decir, ajustado para eliminar la inflación) de China y otros dos países con poblaciones muy similares en términos raciales, culturales y de educación, pero que liberalizaron sus economías mucho antes que China: Hong Kong y Singapur. Verán cómo estos dos países crecieron mucho más rápido que China de 1960 a 1990, con el mismo capital humano inicial. Sólo fue a partir de 1990 que la liberalización económica destapó el potencial de China. Este país está alcanzando el nivel de ingresos que hubiera tenido hace muchos años si no hubiera sufrido el comunismo. A pesar de que después de su liberalización ha crecido más que los otros dos países, su ingreso todavía es sólo un 20% del de Hong Kong y el 25% del de Singapur (recuerde que estos le tomaron ventaja a China desde 1948).

Estas y similares experiencias muestran que la inversión en capital humano es necesaria pero no suficiente para el desarrollo económico y social. También es esencial situar el capital humano en un contexto de eficiencia que le permita desarrollar plenamente su potencial. La historia de todos los países que han crecido a tasas mucho más altas que el promedio mundial, incluyendo a China, Irlanda, India, Finlandia y otros países similares, demuestra que esta ganancia en eficiencia se logra liberalizando la economía. Es importante anotar esto en piedra porque en estos días abundan los que creen que lograrán el desarrollo sin tener que invertir en capital humano, sino a través de eliminar la libertad económica. Es al revés. Hay que invertir en capital humano y liberalizar aún más la economía.

Manuel Hinds

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Cuánto vale América Latina?


El viejo dictum afirmaba que los niños venían al mundo con un pan debajo del brazo. Es al revés. Toda criatura que abre los ojos, en cualquier sociedad del planeta, recibe inmediatamente una dotación virtual. Lo espera, potencialmente, cierta cantidad de capital acumulado. ¿A cuánto asciende ese capital?

Naturalmente, depende del país. El Banco Mundial se ha atrevido a cuantificarlo. El trabajo lo ha hecho un equipo de buenos economistas. Han examinado ciento veinte países. Lo denominaron Where is the wealth of Nations? (Dónde está la riqueza de las naciones). Es una investigación que vale la pena leer.

De acuerdo con el estudio —y el planteamiento es muy persuasivo— la riqueza se compone de tres elementos clave: el capital natural (bosques, minerales, acuíferos, tierras fértiles etc.), el capital producido (fábricas, infraestructura industrial y urbana, servicios, máquinas, etc.) y el capital intangible (educación de las personas, calidad de las instituciones, Estado de Derecho, transparencia, estabilidad, creencias y actitudes, etc.). De esos tres factores, el decisivo es el capital intangible: equivale a las cuatro quintas partes del capital total. ¿Por qué? Porque es el que permite la conversión de la riqueza natural en riqueza creada. De nada vale un pozo de petróleo administrado por un grupo de gente incompetente en medio de una sociedad caótica. Un país potencialmente rico, como Venezuela, con un enorme capital natural, alberga, sin embargo, a una sociedad pobre, porque su capital intangible es mínimo, y ése que tiene se reduce paulatinamente con cada estupidez que cometen sus gobernantes.

La nación que más capital per cápita ha acumulado en el planeta es Suiza: $648.241 dólares. La más pobre es Etiopía, con tan sólo $1.965. A Suiza le siguen Dinamarca ($575.138), Suecia ($513.424), Estados Unidos ($512.612) y Alemania ($496.447). Nueve de las diez naciones más miserables de la tierra son africanas.

La riqueza per cápita acumulada en América Latina es más notable en el cono sur: Argentina ($139.932), Uruguay ($118.463), Brasil ($86.922) y Chile ($77.726). (En Paraguay, sin embargo, se reduce a $35.600). Pero estos países —exceptuado Paraguay— aunque son los más ricos de América Latina, apenas alcanzan a la mitad de lo que vale España per cápita: $261.205.

La franja andina es más pobre: Venezuela $45.196 (tres veces menor que Argentina, dato que hace inexplicable que Chávez haya comprado cinco mil millones de dólares en bonos de deuda argentina para ayudar a su mal administrado vecino), Colombia ($44.660), Perú ($39.046), Ecuador ($33.745) y Bolivia apenas $18.141, el país más pobre de Sudamérica, cifra que pone en duda la afirmación de Evo Morales de que en una década (¿o dijo dos?) su país estaría como Suiza.

Tres países mesoamericanos tienen un nivel de riqueza mayor que la región andina, pero menor que el cono sur: México ($61.872), Costa Rica ($61.611) y Panamá ($57.663). Pero los otros tres países centroamericanos son considerablemente pobres: Guatemala ($30.480), Nicaragua ($13.214) y Honduras ($11.567). En el Caribe, la República Dominicana ($33.410), aunque es una nación con poco capital acumulado per cápita, cuadruplica la riqueza de Haití ($8.235), el país fallido de América Latina, relación que garantiza el constante flujo migratorio ilegal desde el rincón más desdichado de la Isla hacia el más boyante.

En general, cuando se compara el destino económico de los territorios colonizados por los ingleses —olvidándonos de Estados Unidos y Canadá—, con lo acaecido en los de tradición hispana, los resultados económicos británicos son algo mejores. Barbados, con $146.737 de capital acumulado per cápita, supera a la Argentina, la nación más desarrollada de Hispanoamérica, mientras casi todas las islas de cultura inglesa son más ricas que las Antillas de habla española independientes (Cuba y República Dominicana, dado que Puerto Rico está asociado a Estados Unidos). Aunque Cuba no aparece en el estudio, debido a la poca fiabilidad de sus datos estadísticos y el paranoico secretismo de su gobierno, se considera que su capital acumulado hoy debe ser menor que el de República Dominicana y Jamaica ($47.796).

Del estudio del Banco Mundial se derivan, además, algunas lecciones valiosas: el papel del ahorro, de la inversión en educación, la importancia de insertarse en los grandes circuitos comerciales y financieros, y la necesidad insoslayable de fortalecer las instituciones y los derechos de propiedad si queremos avanzar en la dirección del progreso. Nada de lo que dice puede sorprendernos, salvo la manera elegante y bien razonada con que documenta los argumentos y confirma las intuiciones de algunos gigantes como Adam Smith. En 1776 este brillante escocés, observador y moralista, escribió su memorable Indagación sobre la riqueza de las naciones. El Banco Mundial, finalmente, le ha puesto números.

Por Carlos Alberto Montaner

miércoles, 31 de octubre de 2007

El capital intangible y migración


Hay una razón importante por la cual un programa gubernamental para lograr que regresen quienes emigraron no funcionará: el capital intangible (léase educación e instituciones) al cual tienen acceso quienes viven en España, EE.UU. o Italia. Los nuevos e injustificados subsidios como los créditos a través de la banca pública, las rebajas en el precio de los pasajes aéreos, la exoneración de aranceles para enseres, las ayudas para vivienda y la asesoría para instalar negocios en el Ecuador no serán suficientes para atraer a migrantes que se han visto obligados a dejar su país en busca de oportunidades para mejorar sus condiciones de vida.

La calidad de las instituciones (léase un estado de derecho sólido) al final del día afecta la prosperidad de los individuos. ¿De qué le sirve un crédito barato si lo tiene que invertir en un país donde hay tanta incertidumbre como el nuestro? ¿De qué le sirve una asesoría para instalar negocios si Ecuador es uno de los países donde más se dificulta la actividad empresarial (solo Bolivia, Haití y Venezuela nos superan en esto dentro de la región)?

Un reciente estudio publicado, sorprendentemente, por el Banco Mundial titulado “¿Dónde está la riqueza de las naciones?: Midiendo el capital para el siglo XXI” calcula el valor de la riqueza de 120 naciones, incluyendo el valor del capital intangible. Este innovador estudio intenta cuantificar el valor de la educación y las instituciones de cada país. Los hallazgos son impresionantes:

* Considerando al capital natural (la suma de los recursos naturales no renovables), el capital producido (la suma de la maquinaria, equipos e infraestructura) y el capital intangible (la suma de la educación y calidad institucional, que incluye estado de derecho) el estudio descubrió que 78% de la riqueza mundial está constituida por el capital intangible. A su vez, este tipo de capital constituye 59% de la riqueza de los países de ingresos bajos, 80% de la riqueza de los países ricos, y 52,7% de la riqueza en Ecuador.
* El estado de derecho constituye el 57% del capital intangible de los países, siendo el componente más importante. La educación es el segundo más importante, correspondiéndole el 36%.
* las oportunidades de los países no son necesariamente determinadas por su dotación de recursos naturales”.

Lo que los economistas detrás de este estudio han hecho es validar lo que desde hace mucho venía diciendo el difunto economista de desarrollo Peter Bauer: “La prosperidad a largo plazo le debe poco o nada a los recursos naturales. . . La pobreza y la prosperidad no son usualmente cuestiones de tierra. La pobreza o las riquezas y las satisfacciones personales y sociales dependen del hombre, su cultura, y de su marco institucional”.
Ahora de vuelta al migrante ecuatoriano en España, EE.UU. o Italia. Solo con poner un pie en España tiene acceso a un capital intangible (per cápita) 12 veces mayor que el que tenía en Ecuador ($217.300 vs. $17.788), si va a EE.UU. este será 23 veces mayor ($418.009), y si llegara a Italia este será 17 veces mayor ($316.045).

¿Puede el gobierno ecuatoriano compensar esa diferencia astronómica de riqueza intangible simplemente dando créditos subsidiados y pasajes aéreos rebajados y demás dádivas? Por último, la cuestión del regreso de los migrantes debe ser priorizada en base a lineamientos estadísticos y económicos: ¿Queremos que regresen un gran número de migrantes, o primero hay que preocuparse por incrementar el capital intangible y mejorar las condiciones de vida de todos?

Por Gabriela Calderón