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martes, 21 de septiembre de 2010

Seminario de dolarización en Costa Rica


En ASOJOD queremos invitarlos a la siguiente actividad organizada por ANFE:

Seminario de dolarización en Costa Rica


Expositores:

* Dr. Rodrigo Bolaños, Presidente del Banco Central
* Dr. Roberto Brenes, Gerente de la Bolsa de Valores de Panamá
* Dr. Claudio de Rosa, Ex Asesor de la Presidencia de El Salvador
* Dr. Juan Muñoz, Catedrático Universitario
* Sr. Thelmo Vargas, Ex Ministro de Hacienda
* Dr. Norberto Zúñiga, Ex Funcionario del Banco Central
* Sra. Mónica Araya, Presidenta de CADEXCO
* Dr. Luis Loría, Redactor de Propuesta
* Dr. Jorge Corrales Quesada, Moderador

Lugar: Hotel Radisson, Salones Zurquí 1 y 2

Fecha y hora: Martes 28 de Septiembre del 2010, de 2:00 a 6:45 p. m.

Costo: ¢ 6.000 (Incluye refrigerio).

Reservaciones:

Telf.: 2253-4460 / 2224-7350 / 8996-6569 / Fax 2253-4497;
E-Mail: anfe@anfe.or.cr ,
Oficinas de ANFE: Barrio Francisco Peralta, frente Costado Iglesia Sagrado Corazón de Jesús.

martes, 7 de septiembre de 2010

Seminario de Dolarización en Costa Rica


En ASOJOD queremos invitarlos a la siguiente actividad organizada por ANFE:

Seminario de dolarización en Costa Rica


Expositores:

* Dr. Rodrigo Bolaños, Presidente del Banco Central
* Dr. Roberto Brenes, Gerente de la Bolsa de Valores de Panamá
* Dr. Claudio de Rosa, Ex Asesor de la Presidencia de El Salvador
* Dr. Juan Muñoz, Catedrático Universitario
* Sr. Thelmo Vargas, Ex Ministro de Hacienda
* Dr. Norberto Zúñiga, Ex Funcionario del Banco Central
* Sra. Mónica Araya, Presidenta de CADEXCO
* Dr. Luis Loría, Redactor de Propuesta
* Dr. Jorge Corrales Quesada, Moderador

Lugar: Hotel Radisson, Salones Zurquí 1 y 2

Fecha y hora: Martes 28 de Septiembre del 2010, de 2:00 a 6:45 p. m.

Costo: ¢ 6.000 (Incluye refrigerio).

Reservaciones:

Telf.: 2253-4460 / 2224-7350 / 8996-6569 / Fax 2253-4497;
E-Mail: anfe@anfe.or.cr ,
Oficinas de ANFE: Barrio Francisco Peralta, frente Costado Iglesia Sagrado Corazón de Jesús.

jueves, 25 de febrero de 2010

¿Soberanía de los gobernantes o de los individuos?


A raíz del debate sobre dolarización que acompañó a mis dos comentarios previos, salió a relucir una discusión muy interesante sobre el tema de la soberanía. Una de las objeciones válidas (hasta cierto punto) a dolarizar la economía es la pérdida de la llamada soberanía monetaria, es decir, la capacidad que tiene nuestro Banco Central de adecuar las políticas monetarias a la realidad económica nacional, en lugar de dejarlas a la mano de la Reserva Federal en Washington. Pero, en realidad, nuestra cacareada soberanía monetaria es en la práctica casi que una quimera dado el alto nivel de dolarización de la economía y el hecho de que tengamos una cuenta de capital abierta, lo cual limita severamente el margen de maniobra del Banco Central.

Sin embargo, quiero retomar la discusión filosófica sobre el concepto de soberanía inherente en éste y otros debates similares, como el que tuvimos con el TLC con Estados Unidos.

En el siglo XIX, un gran liberal francés, Benjamint Constant, brindó una conferencia titulada “Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos". En ella, Constant marcó la diferencia entre los dos conceptos de libertad que caracterizaban el debate político en la Grecia Antigua y en los tiempos modernos (en ese entonces siglo XIX). Constant indicó que en las polis griegas, la libertad implicaba la capacidad de los hombres libres (una minoría) de participar en los debates públicos y votaciones democráticas con las que se regían dichas entidades. Era la libertad de los hombres de gobernar sus propios estados sin estar sometidos a un monarca o pueblo extranjero. Sin embargo, la libertad de los antiguos, como Constant la describió, era muy diferente a la libertad de los modernos. Los griegos tenían esclavos después de todo, y la libertad de los pueblos podía desembocar en la aniquilación del individuo y en la instalación de tiranías como la de Esparta. “Hace del individuo un esclavo de tal forma que los pueblos sean libres”.

Constant la comparó con la libertad de los modernos, que es la capacidad de un individuo de vivir su propia vida de la mejor manera siempre y cuando respetara los mismos derechos de los demás. Dicho concepto versaba en el individuo, a diferencia del colectivo (llámese patria, polis, pueblo, nación, etc.).

Casi 200 años después de que Benjamin Constant hiciera dicha distinción, en nuestro país, y en muchos otros, sale a relucir una y otra vez la discusión sobre soberanía y libertad. Veámoslo en el tema del TLC con Estados Unidos. En la campaña sobre el referéndum del 2007, los opositores cargaban contra el acuerdo ya que éste pisoteaba nuestra soberanía. La interrogante es, ¿la soberanía de quién? ¿La de los gobernantes de decidir por los demás qué compañía de teléfonos podemos usar o a quién le podemos comprar pollo? Pues sí, esa soberanía se veía limitada por el TLC. ¿Pero qué hay de la soberanía del individuo de poder tomar esas decisiones por sí mismo? El TLC, con todos sus defectos, ampliaba dicha soberanía.

De igual forma, cuando hablamos de “soberanía monetaria” estamos hablando de la soberanía de un puñado de economistas (junta directiva del Banco Central) de decidir las condiciones y el valor de la moneda que usamos de manera obligatoria. Varias objecciones se vienen a la mente, desde las propias de la escuela austriaca (¿cuéntan estos economistas con toda la información económica necesaria para tomar decisiones acertadas?) hasta las de la escuela de Public Choice (¿defenderá esta junta directiva, nombrada por políticos, el supuesto interés común de los costarricenses o impulsará los intereses particulares de grupos de presión?). Pero el tema de la soberanía radica en que los individuos deberían tener la libertad de escoger la moneda que más les conviene. En este sentido, aún mejor que dolarizar, sería permitir que todas las divisas tengan poder liberatorio en Costa Rica, de tal forma que las personas escojan la moneda que prefieren a la hora de hacer sus transacciones económicas (en la medida que eso se permite en Costa Rica, ya la gente escogió el dólar).

De tal forma, podemos hablar de una sobería de los gobernantes y una soberanía de los individuos. Los matices varían. La tiranía de los Castro apela a la “soberanía del pueblo cubano” para mantener una prisión al aire libre en Cuba. Es la soberanía de los Castro, no de los cubanos. De igual forma (aunque guardando dramáticamente las distancias), la soberanía monetaria es la soberanía de la Junta Directiva del Banco Central (con nombres y apellidos) y no de los costarricenses.

Cuando se trata de cualquier debate político, prefiero la soberanía de los individuos sobre la soberanía de los gobernantes.

Juan Carlos Hidalgo

jueves, 6 de agosto de 2009

Viernes de Recomendación


Para este viernes de recomendación, en ASOJOD queremos ofrecerles una publicación del Instituto Libertario escrito por José Joaquin Fernández, titulado "Causa de la inflación, Cierre del banco Central y Dolarización en Costa Rica".

En este documento se trata el tema de la inflación, sus consecuencias y se expone la opción de dolarizar la economía como una forma para acabar con este mal.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Tema polémico: dolarización


Para este Tema Polémico, en ASOJOD queremos abordar un tema de suma trascendencia en esta época de post-crisis financiera: la dolarización. En realidad, nosotros defendemos el uso libre de moneda, de forma tal que la gente pueda hacer sus transacciones con aquellas monedas que deseen. Después de todo, se trata de un asunto de libertad de escoger y no hay argumento válido para obligar a alguien a usar una moneda que no le da los réditos que espera. Sin embargo, somos concientes de la poca viabilidad, por el momento, que tiene esta propuesta. No se vislumbra en el panorama de la política económica costarricense, una posibilidad, por minúscula que sea, de llegar a este nivel de libertad. Por eso, nos parece que como una medida alternativa, se debería aceptar la dolarización. Procedemos a explicar nuestras razones para apoyar esta propuesta.

En primer lugar, el actual sistema de bandas utilizado por el BCCR tenía como objetivo controlar la inflación. Si bien en un principio, la medida parecía tener grandes ventajas sobre el sistema de minidevaluaciones, siendo la principal la no intervención del Estado en el mercado cambiario, con lo cual se disminuía el riesgo inflacionario que esto implicaba, la medida tenía sus problemas: al tener un tipo de cambio impuesto en la economía, el BCCR anualmente tenía que colocar grandes sumas de dinero para compensar la diferencia entre lo impuesto y la realidad. En el 2005, por ejemplo, el BCCR registró gastos por concepto de estabilización monetaria próximos a $331 millones. Esta entrada de dinero afectó negativamente el bolsillo de los costarricenses con un aumento general de los precios como resultado del exceso de dinero circulante.

Es cierto que, en esta época convulsa, gran cantidad de factores han contribuido al aumento considerable de la inflación en nuestro país, pero sin duda la labor del BCCR antes que controlarla, ha colaborado a su aumento. A esto hay que sumar el hecho que desde hace casi un año el precio del dólar está pegado con la banda superior, por lo tanto, se podría decir que hemos vuelto “sin querer queriendo” al dañino sistema de las minidevaluaciones. Parece que la única medida que se le ha ocurrido a don Francisco de Paula para corregir este problema es ampliar las bandas o quitarlas, dejando el tipo de cambio del dólar completamente a la libre. Parece que este señor se le olvida que también hay otra solución y sería la más beneficiosa de todas: dolarizar la economía.

Errado el primer objetivo del BCCR con la adopción de las bandas -controlar la inflación-, habría que poner atención al segundo: devolverle al costarricense la confianza en el colón al hacer el tipo de cambio del dólar más variable y poco predecible a futuro. Antes de empezar con este nuevo sistema, casi el 50% de la liquidez costarricense ya estaba en dólares ¿Y que tenía eso de malo? Nada: el dólar era y continúa siendo una moneda más fuerte y mejor aceptada internacionalmente ¿Por qué obligarnos a los ticos a volver a tener nuestras cuentas bancarias y créditos en colones? La respuesta es que al tener una economía en su mayoría dolarizada, el BCCR tenía poco control sobre la misma y sus medidas, para bien o para mal, tenían poca relevancia.

Una realidad irrefutable es que, al ser nuestra economía tan pequeña, la variabilidad del tipo de cambio es demasiado elevada y eso tiene grandes repercusiones sobre el sector industrial y comercial del país. Es muy difícil ahora para cualquier negocio hacer sus presupuestos en forma certera, fijar los precios para bienes y servicios, decidir en qué moneda es mejor solicitar un préstamo, realizar contratos, etc. En otras palabras, esta incertidumbre ha dificultado el buen funcionamiento de los negocios y ese es un problema que amerita toda nuestra atención.

Esto demuestra que tanto el sistema de minidevaluaciones como el de bandas cambiarias no son los más aptos para nuestro país. La opción válida es dolarizar la economía, lo cual traería grandes beneficios. Al desaparecer la moneda nacional, los riesgos de crisis financieras causadas por grandes fluctuaciones del tipo de cambio desaparecerían por completo convirtiendo a Costa Rica en un país más confiable como sede de inversión tanto nacional como extranjera. A esto se pueden sumar ventajas en los sectores industrial y comercial como menores tasa de interés y menores costos de las transacciones bancarias.

Un ingreso que dejaría de percibir el Estado con este cambio sería el del señoreaje (diferencia entre lo que cuesta hacer la moneda y su valor de mercado). Sin embargo, ya en los Estados Unidos hay propuestas de ley como la “Ley de Estabilidad Monetaria Internacional” que proponen compartir el beneficio del señoriaje con aquellos países que estén dispuestos a adoptar el dólar como moneda principal y, a pesar de que no es seguro el avance de estas propuestas en el Senado, quiere decir que hay buenas posibilidades de que esta desventaja sea menos significativa.

Colaboró con ASOJOD en la redacción de este artículo el Ing. Arturo Rosabal Arce

martes, 4 de diciembre de 2007

Qué estaremos pagando con el colón…


Septiembre de 2006. La mitad de la liquidez total de Costa Rica está denominada en dólares. Más y más común se está volviendo poner en dólares los precios de casas, carros, computadoras e incluso ropa. El país se encamina a entablar un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Los dólares en poder del Banco Central cubren dos veces la base monetaria. En otras palabras, hay condiciones suficientes para establecer una dolarización.

¿Las ventajas? Primero, una moneda estable usada por más y más países, incluyendo el socio comercial con el que hacemos la mitad de nuestro comercio internacional. Segundo, los contribuyentes no tenemos que seguir pagando cientos y cientos de empleados del Banco Central ni el mantenimiento de un edificio de varios pisos en el pleno corazón de la capital ni la acuñación de monedas ni la impresión de billetes.

¿Las desventajas? Según manifiesta en diversos medios el presidente del Banco Central, Francisco Gutiérrez, la desventaja es básicamente que el Central pierde la posibilidad de hacer política de estabilización ante los shocks que reciba la economía.

Octubre de 2006. La posición del grupo de interés del Central finalmente se hace valer y se emprende un régimen que nos vuelve más dependiente del colón. Ante la evolución de esta situación durante el siguiente año, algunos comentarios se vuelven indispensables.

El fetiche de la política estabilizadora


Una de las principales piezas en la estrategia de Gutiérrez al frente del Central ha sido el establecimiento de metas de inflación. Estas consisten en poner al Banco Central a actuar exclusivamente en función de controlar la inflación. La evolución de las tasas de interés y el tipo de cambio, por ejemplo no importan. Solo importa mantener una inflación lo más baja posible.

Eso está muy bien. Sin embargo, cuando le preguntan a Gutiérrez por qué no dolarizar, insiste en que ello le quitaría al Central la política de hacer política de estabilización ante shocks externos.

La política de estabilización consiste en emitir colones para contrarrestar fenómenos que debiliten el dinamismo económico. El objetivo es que la actividad económica se mantenga estable. Pero si se emiten colones, se crea inflación. Se contradice entonces el presidente del Central cuando por un lado dice que el objetivo es evitar la inflación a toda costa y por otro dice que hay disposición a provocar inflación con tal de mantener la actividad económica estable.

Cabe destacar, que es imposible que el Banco Central mágicamente elimine los efectos negativos de los fenómenos económicos. Si, por ejemplo, disminuye la demanda de los extranjeros por nuestros productos, eso nos perjudicará, punto. Cuando se le dejan operar naturalmente, los precios transmiten la información de que algo malo está pasando y nos ayudan a adaptarnos a la realidad, reduciendo al máximo los costos de la reducción de la demanda.

Pero supongamos que el Banco Central hace política de estabilización, emitiendo dinero. Eso enturbia las señales de los precios. Por eso ahora nos va a costar más detectar que hay menos demanda de nuestros productos porque siguen llegando colones a nuestras empresas. No nos damos cuenta de que esos colones valen menos y desperdiciamos recursos produciendo productos que tarde o temprano no vamos a poder vender a los precios reales que pensábamos. Al final, no solo perdemos por el efecto original del shock sino además por la política de “estabilización”.



Y es esa política de estabilización el pretexto básico para no dolarizar.

El régimen de bandas


Como el Banco Central no podía reducir la inflación del colón, la gente poco a poco se fue dolarizando. La infame solución que encontró el Central no fue hacer más atractivo al colón sino quitarle a la gente ventajas en el uso del dólar. Como no pudo reducir la inflación del colón, se decidió a incrementar el riesgo para los ticos de usar dólares: estableció un régimen de bandas.

El régimen de bandas pretendía que el tipo de cambio fluctuara entre dos precios, llamados piso y techo de la banda. Solo si se iba a salir de las bandas, intervendría el Central. Eso crearía incertidumbre y la gente se vería obligada a volver a usar colones.

Sin embargo, las cosas no salieron exactamente como se planearon. El tipo de cambio comenzó a bajar y bajar. El Banco Central tuvo que comenzar a comprar dólares al precio de piso, para evitar que el tipo de cambio siguiera bajando. Lo que pasó es que el piso estaba por encima del tipo de cambio que hubiera prevalecido en un mercado sin intervención del Central.

El gráfico 1 puede aclarar lo que ha estado sucediendo. Según la revista The Economist, en enero de 2007, sin intervención del Banco Central, el precio “natural” del dólar habría sido de 351 colones. No obstante, el Central estaba comprando dólares a 519 colones. A este precio al que el Central compra se le llama piso. Si en el mercado el precio fuera más alto nadie le vendería al Central porque los compradores podrían conseguir vendedores que les dieran más que el Central. No obstante, como el precio en el mercado hubiera sido de 351 colones, muchos prefieren vender al Central a 519 colones. Es decir, los precios en el mercado se pegan al piso y el precio del dólar es “artificialmente” alto.

Hay que tomar en cuenta que el precio en colones del dólar tiene que ir subiendo por efectos de la inflación del colón. También hay que tomar en cuenta que el precio de piso actualmente está cayendo todos los días hábiles. Sin embargo, si el Banco Central no hace bajonazos extraordinarios del piso y no cambia la pauta de caída del piso, y si The Economist tiene razón, el precio del dólar se metería dentro de la banda (se despegaría del piso) tan tarde como diciembre de 2011, o sea dentro en cuatro años.

Si el Banco Central quiere que el tipo de cambio se meta dentro de la banda antes, tendría que seguir haciendo bajonazos y/o aumentando la pauta de caída del piso. Por ejemplo, en noviembre de 2007, si el Banco Central quisiera bajar el piso a la estimación de precio natural del mercado de The Economist, tendría que hacerle un bajonazo de 140 colones al piso, o sea una devaluación repentina de 28%.

Ciertamente, el precio del dólar que ha mantenido el Banco Central ha favorecido por años a los exportadores a costa de los importadores, pero cambiar la situación crea incertidumbre sobre una situación que, para comenzar, fue creada originalmente por el propio Central. Nada que ver con estabilidad externa de la moneda nacional, que es por cierto uno de los principales objetivos de la entidad, según su propia ley orgánica.

Bandas: un negociazo para las entidades financieras “registradas”


Lamentablemente, los desaciertos del Central no paran ahí. Las bandas flexibilizaron el precio del dólar dentro de cierto rango, pero no flexibilizaron la cantidad de comerciantes de la divisa. Resulta que no todo mundo puede comerciar dólares. Para hacerlo, requiere de un capital mínimo de quince millones de colones además de una garantía de treinta millones de colones, entre otros requisitos. En la práctica, sólo los bancos, puestos de bolsa, casas de cambios y otras empresas financieras registradas ante la SUGEF pueden hacer comercio con dólares. Esto significa una barrera artificial a la entrada de competencia en el mercado de dólares.

Ello ha provocado que la mayor flexibilidad del régimen de bandas redunde en un diferencial entre el precio de compra y el precio de venta más alto. Como se puede observar, antes del régimen de bandas, la diferencia entre el tipo de cambio de compra y el de venta rondaba el 0.4%. Después de que se abrió el sistema de bandas, el diferencial subió hasta un promedio de 0.9%. Algunos funcionarios del Banco Central han pretendido atribuir este aumento a que antes de las bandas los bancos cobraban una comisión por comerciar dólares que ahora tendrían que incluir en el diferencial. No obstante, esto solo podría explicar alrededor de 0.2% del aumento del diferencial. El resto es puro ordeño a los clientes de las empresas financieras “registradas”. Es más, ante el bajonazo del piso el 22 de noviembre de 2007, el diferencial ha aumentado todavía más hasta llegar a alrededor del 1.20%. ¡Los bancos están haciendo clavos de oro!

Si no existieran barreras artificiales de entrada, seguramente veríamos gente humilde haciendo su negocito compitiéndole en las afueras del Aeropuerto Juan Santamaría los 63 colones de ganancia que hace Global Exchange por cada dólar que compra y luego vende, quitándole así obstáculos a las pequeñas empresas y beneficiando tanto a los usuarios que venden como a los que compran dólares.

¿Qué hacer?


El régimen de bandas ha obligado a la gente a reducir el uso de dólares. Lamentablemente, eso ha hecho que la dolarización fuera un poco más traumática hoy que cuando se inició el régimen de bandas. Por otro lado sin embargo, la cantidad de dólares en poder del Banco Central es más grande, fruto de sus compras para defender el piso, lo que hace más viable la dolarización.



Sin embargo, entendemos que la verdadera razón de fondo, no la contraproducente y contradictoria política de estabilización, sino la permanencia del grupo de interés conformado por los empleados del Banco Central, es todavía muy fuerte y hace inviable políticamente la solución fácil, barata y efectiva de la dolarización.

En ese sentido, cabe hacer algunas recomendaciones en relación con el régimen de bandas. La primera es eliminar barreras de entrada al comercio de dólares, de modo que el diferencial cambiario pueda reducirse. La segunda es evitar los bajonazos repentinos del piso. En vez de eso, se recomienda ir aumentando el ritmo de caída del piso, para que el tipo de cambio se meta en poco tiempo dentro de las bandas y se elimine así la actual distorsión artificial del precio del dólar.

Estas medidas ayudarían a aliviar un poco la cruz de nuestro sistema cambiario que surge a su vez de la necedad de querer usar una moneda que a veces no parece sino una maldición de nunca acabar y que nos tiene preguntándonos: ¡qué estaremos pagando con el colón!

Por Adrián Brenes

martes, 20 de noviembre de 2007

El Salvador: Ya se olvidaron de los males del colón


En un artículo anterior comenté cómo proponer que en el país circulen los colones y los dólares es el equivalente monetario de proponer que los carros circulen a la derecha o a la izquierda dependiendo de sus gustos. Hay que escoger un sistema o el otro, pero nunca mezclarlos.

Ahora bien, como descubrió recientemente el presidente Correa de Ecuador, enemigo acérrimo de la dolarización en su país, la gente no se deja des-dolarizar. Esto es lógico. La gente sabe que los políticos populistas quieren tener una moneda nacional porque pueden crearla cuanto y cuando quieran para financiar los gastos de sus gobiernos, sin tener que tomar dinero prestado. Sólo ponen a funcionar la maquinita de hacer dinero, lo cual lleva a tasas más altas de inflación, porque los precios suben no sólo debido a las alzas de los precios internacionales como el del petróleo, sino también debido a las devaluaciones de la moneda local. Si la inflación internacional que tenemos ahora es alta, las inflaciones nacionales en Latinoamérica son mucho más altas debido a este efecto. Regresar al colón sería volver a un pasado que algunos idealizan, sin recordar cómo se devaluaba el colón en los años ochenta y cómo ganar en dólares era un privilegio que todos buscaban. Los jóvenes no recuerdan cuándo para conseguir dólares había que ir al mercado negro, pagando precios más altos que el tipo de cambio oficial.

Pero hay dos problemas más en el regreso al colón: Primero, lo que el presidente Correa descubrió fue que con sólo el rumor de que se va a des-dolarizar la gente saca su dinero del banco, para evitar que les den pesos por los dólares que ellos depositaron. Si los retiros no se detienen, los bancos quiebran, produciendo una grave crisis financiera. El comienzo de una corrida de este tipo fue lo que llevó a Correa a anunciar que no iba a des-dolarizar. Aquí, en Ecuador o en Panamá, el que quiera des-dolarizar al país se buscaría una crisis financiera. Sería como pegarse un tiro en el pie.

Segundo, los que se quejan de la dolarización no visualizan el efecto que la moneda tiene sobre las tasas de interés y los plazos de los créditos. La relación pasa por la oferta y la demanda de depósitos bancarios, que son la fuente de los fondos para los créditos. Para depositar en colones, la gente pedía la tasa en dólares más el efecto de una posible devaluación. La tasa de interés en colones era mucho más alta que aquella en dólares y solamente se unificó con la tasa de interés en dólares después de la dolarización. Eso debería recordarle cómo los préstamos en colones tenían tasas de interés que eran mucho más altas que los préstamos en dólares.

La tasa promedio en Latinoamérica era mucho más alta e inestable que la nuestra. Además en el país no había crédito a largo plazo antes de la dolarización, ni que dicho crédito no existe en Latinoamérica. Esto lo que significa es que si todavía tuviéramos el colón las cuotas que usted pagaría en sus créditos para comprar casa, carro y artículos de la casa o para realizar inversiones serían más del doble que las que ahora paga.

Si el colón regresa, olvídese de comprar casa, de operar con crédito de largo plazo. A pesar de su odio por el dólar, Correa prefirió dejar al dólar que arriesgar su presidencia. Cualquiera que no quiera suicidarse políticamente haría lo mismo.

Por Manuel Hinds