martes, 5 de febrero de 2013
La columna de Carlos Federico Smith: Cesantiadas
martes, 19 de agosto de 2008
En Vela

Publicó ayerLa Nación una noticia aparentemente trivial: más empleados públicos y privados dejan la oficina, sin romper el vínculo laboral formal, para trabajar desde la casa (teletrabajo). El Gobierno emitió, el 1.° de agosto pasado, un decreto ejecutivo para estimular esta modalidad, implantada en 11 entidades públicas. Otra cara de la globalización, que se ensancha y reduce la verticalidad.
El teletrabajo no es la obligación del Estado de dar una “tele” a los trabajadores, como dijo alguien. Significa, como escribió ayer el Dr. Enrique Margery Bertoglia, en la sección Opinión de este periódico, “un profundo cambio cultural, el gran desafío”, al calor de la conectividad tecnológica, la capacidad organizativa y la vivencia de diversos valores éticos, como la responsabilidad y la autodisciplina. Refuerza, a la vez, en la familia la ética del trabajo.
Como otras noticias en la actualidad, esta aparece, de pronto, como información prosaica de un hecho en marcha. Quizá no ahondamos en ella porque, presas de la instantaneidad y de la frenética innovación, hemos perdido realmente el sentido del asombro, que hasta el final del siglo XIX, un siglo de gigantes, compartían, como se ha dicho, los místicos, los poetas y los científicos. Teletrabajo: apenas estamos comenzando, como en casi todo. Otra relación con el trabajo, el espacio, el tiempo y nuestra vida. “El tiempo de una vida –escribe Séneca a su amigo Lucilio– es la sola propiedad del ser humano. Es necesario utilizarlo plenamente, a fondo”. La ciencia y la tecnología nos tienden la mano.
Hace una semanas, interpelado alguien sobre sus propuestas para resolver los problemas nacionales, contestó: “Volver atrás”. No podemos retroceder o desandar el camino de la ciencia y la tecnología. Desarraigar lo peor, rectificar, arrancar la cizaña, luchar, mejorar y conquistar nuevas marcas. No nos queda más. Volver atrás es el “no” total. Decimos esto por cuanto ya aparecieron los primeros artículos en Internet contra el teletrabajo, por parte de los líderes de la “telecalle” y la democracia callejera, por violar, según sus autores, el Código de Trabajo, el derecho de asociación y el derecho de huelga…
No es una broma. Es una mentalidad pétrea, enemiga del “cambio cultural”. Pronto se presentarán los primeros recursos ante la Sala Constitucional contra el teletrabajo, como ya surgieron voces de oposición contra los cursos de inglés para los profesores de secundaria, por cuanto degradan la profesión, máxime si, según los quejosos, se realizan en el Centro Norteamericano-Costarricense. Nuestro enemigo está dentro…
Julio Rodríguez
