Mostrando las entradas con la etiqueta Grupo del sí. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Grupo del sí. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de septiembre de 2007

Del TLC y miedos


Hoy es día de nuestra Independencia, es un momento ideal para reflexionar sobre los valores de la democracia y los sacrificios que se deben hacer cuando se quiere actuar en una sociedad basada en la justicia y en los derechos. Será un día lleno de discursos sobre el referéndum, unos y otros se aprovecharán de la fecha histórica para sacar provecho de su posición.

La democracia es así, incluye a todos aquellos que quieren trabajar por Costa Rica, abriendo nuevas oportunidades y haciendo que el país progrese, y también incluye a todos aquellos que, a sueldo de países extranjeros, desean mantener las cosas como están, ganando dineros en cuentas extranjeras que nadie controla, mientras desestabilizan el país cada vez que pueden para tratar, según ellos, de volver el hemisferio americano al régimen de dictaduras comunistas de años anteriores.

El tema del memorando no me parece tan grave ni merecedor de tanta bulla. Se trata de una idea plasmada por dos personas que, como dicen los chiquillos, “no pegó”. Pero bueno, no puede castigarse a las personas por pensar, ni tampoco es que se haya girado una directriz o decreto o ley sobre lo dicho, simplemente fue una mala idea que nunca se implementó. Si por cada “metida de patas” que uno haya hecho en su vida le hicieran ese tipo de escándalo, viviríamos llenos de temor. Y ese es el problema de todo este escándalo, sus opositores utilizan la táctica que ellos mismos denuncian: ¡qué ironía!, infunden temor en las personas para que no piensen en el TLC, y si piensan, que no lo expresen públicamente.

Es decir, lo que desean no es una posición pensada del votante, sino una actitud del hígado, donde llenos de falsos miedos: que se van a vender órganos humanos, que van a venir tanques de guerra, que las medicinas van a costar mucho más, etc., decidan no votar a favor del TLC. Cómo es que dice la canción: “Bla, bla, bla, bla, bla… bla ,bla, … llueve sobre mojado”.

Costa Rica no puede quedar aislada del concierto internacional, es imposible subsistir hoy en día sin poner en marcha una política agresiva de libre comercio con sus principales socios. Después de Estados Unidos, seguirá la Unión Europea y luego China. Claro la alternativa es mantenernos como quieren los sindicatos, aislados del mundo y jugando de islita, como Cuba, pero no creo que ustedes ni yo queramos vivir haciendo fila para comprar raciones de alimento que nos da el Gobierno.

Yo no voto con el corazón, mi corazón está para otras cosas, para enamorarme, para amar, para tener sentimientos. Yo voto con mi mente, pongo a funcionar mi cerebro y digo enfáticamente: Sí.

Hermes Navarro del Valle, tomado del periódico La Prensa Libre

jueves, 6 de septiembre de 2007

UNA mañana triste para la racionalidad


El día de hoy me presenté a una actividad en la Universidad Nacional convocada por el grupo de Universitarios por el SÍ en esa casa de estudios. Desde el inicio, la intolerancia e irracionalidad de los del NO buscó entorpecer una manifestación pequeña. Primero fue un par de estudiantes (una señorita que es meritoria de cualquier calificativo excepto ese) que arrancaron los carteles pegados y hasta escupieron a uno de los del SÍ. Nosotros grabamos el acto vandálico y se lo facilitamos a la prensa.

Con ánimos de evitar problemas, decidimos apostarnos en la explanada de la UNA con una manta del SÍ y con panfletos informativos para repartirlos entre la gente que pasaba por el lugar. Inmediatamente, los reaccionarios del NO llegaron en manada con sus pancartas y una folclórica máscara de Oscar Arias. Nosotros llevábamos cimarrona y el espíritu pacífico para hacer de esto una expresión de criterio pero ellos comenzaron a provocar hasta el punto de poner su manta frente a la nuestra, gritarnos vendidos, "how much" y advenedizos.

Fieles a las normas, los del SÍ acatamos las disposiciones de los guardas de seguridad: permanecer en la acera y no repartir panfletos dentro de las instalaciones, a pesar de que los guardas no quisieron mostrar el reglamento o documento donde así se establecía, luego de que yo les pregunté de qué norma se derivaba su acto. Digo, como el principio de legalidad se supone también cubre a las universidades. ¿O será que es dicho principio es, para las autoridades universitarias, una prueba más de la intención violatoria de la autonomía de la Administración para con las universidades?

Pero lo más sorprendente fueron las palabras: el Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la UNA (SITUN), Gerardo Cháves (curioso apellido) me gritó, frente a la prensa escrita (La Extra) y la radiofónica (Radio América): "¡ustedes vienen a mi casa a insultar y provocar! ¡Fuera de mi casa advenedizo, esta es mi casa y aquí yo digo que estamos con el NO!. Viva, este señor demostró su nivel intelectual y racional con la máxima "es así porque yo lo digo". ¿Se habrá dado cuenta de que estaba en una universidad pública (si, a pesar de que no me gustan para nada los impuestos no me queda más que pagarlos y de ellos se le giran recursos a las universidades públicas)? Pero peor aún, se habrá dado cuenta que lo que decía no debería tener cabida en una institución que, se supone, es una academia y como tal, debe privilegiar los debates, las ideas y los argumentos, no los escupitajos e insultos propios de un estadio.

Mientras insistía a los guardas aplicaran con justicia e imparcialidad la supuesta disposición prohibitiva de repartir propaganda, un supuesto profesor, llamado por unos Edwin Cedeño pero por otros Raúl Rivera, se avalanzó sobre mí (por dicha intervino el guarda, pues sino este servidor estaría no escribiendo, sino dictando su nota en algún hospital), increpando "¿por qué llegás a imponer la ley del Senado gringo?". El mismo señor pasó toda la mañana rondando, cual buitre, la zona donde los del SÏ nos apostamos y cada vez que pasaba, además de bufar y bramar, lanzaba insultos.

En otro momento, discutí con una empleada administrativa de la UNA que me exigía mi cédula, carnet universitario y nombre (sólo le faltó constancia de nacimiento y número de cuenta bancaria)a lo cual respondí negativa pero amablemente. Eso parece haber irritado a la señora pero no supo que decir cuando le pregunté con qué autorización y amparada en cuál norma me exigia lo que exigía. A pesar de su ignorancia, me sorprendió lo que dijo: "dígame su nombre, nosotros tenemos todo un sistema donde lo vamos a identificar". Me pregunto: ¿estaba yo en una universidad o en una sucursal de la Gestapo? Lo digo porque me asustó la amenaza nazi que esbozó la susodicha.

Y para terminar, los amables y educados opositores al tratado agredieron a una de las dirigentes universitarias del SÍ. De manera muy valiente, dos hombres (machos de los machos) la golpearon cuando no había nadie cerca para defenderla. En ese momento comprendí que, a pesar de que en todo lado la palabra UNIVERSIDAD estaba escrita, en ningún lado se reflejaba la acepción propia del término: universalidad de ideas, de culturas, de personas, de criterios y argumentos. Y esa historia se repite también en la casa de enseñanza por excelencia de nuestro país: la UCR donde parece que es preferible premiar el insulto y el ataque en vez de la idea. Hace rato dejaron de abundar las personas razonables en las universidades costarricenses, para dar paso a los fanáticos que, como tales, actúan exclusivamente con la pasión. Por eso su lema es mi corazón dice NO y punto, mientras las neuronas están ocupadas en memorizar las alabanzas a Fidel y a Hugo Cháves (Cháves como el Secretario General del SITUN). Pero al fin y al cabo relucieron dos cosas hermosas del comercio: vendedores haciendo su agosto con los refrescos (el sol calentó en exceso las cabezas de algunos) y la acción de los mismos revolucionarios criollos que importan cánticos y consignas y exportan apoyos y sentimientos. Y todo eso gracias a que el comercio de ideas es libre.

Alejandro Barrantes Requeno

martes, 4 de septiembre de 2007

Cinco razones para el SÍ


Existen cinco razones primordiales por las que los costarricenses debemos ir a las urnas el próximo 7 de octubre a decir SÍ al TLC:

1. Consolida la apertura comercial en Costa Rica. A inicios de la década de 1980, el país decidió cambiar el modelo de desarrollo de sustitución de importaciones, por uno basado en la apertura comercial.

Para ello nos propusimos atraer inversión extranjera, promover exportaciones de productos no tradicionales, reducir sustancialmente los impuestos de importación y suscribir tratados de libre comercio con otras naciones para tener reglas de comercio claras (ya tenemos con Canadá, México, Chile y 15 países del Caribe).

Esa apertura comercial ha creado miles de puestos de trabajo directos relacionados con la exportación de más de 3.600 productos diferentes, y cientos de miles de empleos indirectos en el resto de la economía. También ha mejorado la calidad de vida de los consumidores a través de productos más variados, más baratos y de mejor calidad.

El TLC con Centroamérica, República Dominicana y EE. UU. consolida la apertura comercial y nos permitirá aumentar el bienestar de los costarricenses.

2. Tendremos reglas claras y permanentes para comerciar con Estados Unidos. Este país es el principal socio comercial de Costa Rica. Un 40% de nuestras exportaciones y la gran mayoría de la inversión extranjera que llega a nuestro país proviene de esa nación. Sin embargo, actualmente la mitad de los productos que exportamos a Estados Unidos entran libres de impuestos a ese país gracias a una concesión que nos hicieron los norteamericanos en los años ochenta, y que podría desaparecer en cualquier momento, llamada Iniciativa de la Cuenca del Caribe.

El 80% de las empresas que exportan a Estados Unidos lo hacen a través de ese programa. En el caso de los textiles y los productos del mar, gozan hasta el 30 de septiembre del año entrante del privilegio de no pagar impuestos cuando ingresan a los Estados Unidos. A partir de esa fecha, si no hay una extensión del plazo para ese privilegio, deberán pagar impuestos. Con el TLC, estamos formalizando esta relación de tal forma que no tengamos que depender más de concesiones unilaterales. Lo que antes era un privilegio será ahora un derecho.

Con el TLC no dependeremos de una decisión unilateral del Gobierno de Estados Unidos. Tendremos un contrato exigible ante organismos internacionales. Esa seguridad en las reglas para comerciar con Estados Unidos nos permitirá atraer más inversión orientada a la exportación a ese gran mercado, lo que significará más puestos de trabajo y oportunidades para los costarricenses.

3. Podremos exportar más productos libres de impuestos a Estados Unidos. Actualmente, el 80% de los productos que exportamos a Estados Unidos no pagan impuestos para entrar a ese mercado. Con el TLC, prácticamente todas las exportaciones costarricenses no pagarían impuestos de manera inmediata, y aquellos sujetos a cuotas, como la leche, el azúcar y la carne, tendrán el beneficio de que estas fueron aumentadas con el TLC.

Esto beneficiará a sectores que son sumamente importantes como el textil y el atunero, debido a que brinda miles de empleos en zonas del país que desesperadamente necesitan de fuentes de trabajo.

4. Contaremos con servicios de telecomunicaciones y seguros más eficientes. Con el TLC, Costa Rica se está comprometiendo a permitir la competencia en telefonía celular, Internet y seguros. Esto significa que, además del ICE y el INS (que seguirán en manos del Estado), se permitirá la operación de otras empresas en estas áreas que vengan a ofrecer sus servicios a los consumidores costarricenses.

Este proceso será muy similar al que experimentó el país hace como 20 años con la apertura bancaria. Recordemos que durante muchos años los bancos estatales funcionaron en monopolio. No era de extrañar que en ese entonces el servicio en los bancos del Estado fuera muy malo, caracterizado por las largas filas y el tortuguismo, así como por los horarios de atención, de 9 a. m. a 3 p. m. A mediados de los ochenta empezó un proceso para abrir ese monopolio estatal y permitir la competencia con la banca privada. Esto hizo que la misma banca estatal tuviera que mejorar sus servicios para conservar la clientela. El beneficiado de esa competencia ha sido el consumidor.

La apertura en telecomunicaciones y seguros, al igual que la de los bancos hace unos años, traerá servicios más modernos y de mayor beneficio para todos los costarricenses.

5. Los pobres tendrán acceso a bienes de la canasta básica más baratos. En nuestro país se protege a ciertos productores de la competencia internacional mediante altos impuestos de importación, lo que hace que los productos para los consumidores sean más caros. Esta protección es principalmente para bienes de consumo básico como el arroz, la leche, el pollo y el azúcar, lo que afecta más a los más pobres (un millón de personas), quienes gastan una importante parte de sus escasos ingresos para comprar esos productos. Si esos bienes no tuvieran esa protección, su precio sería más barato, y con esa reducción en el precio las personas podrían contar con dinero extra para otros gastos, como una mejor alimentación, salud, vestido, vivienda, y transporte.

Con el TLC, Costa Rica se está comprometiendo a permitir la entrada libre de impuestos de esos productos. Pero, con tal de darles suficiente tiempo a los productores para ajustarse a la competencia, esa reducción de impuestos no resultará efectiva hasta en un plazo que va de 15 a 20 años.

Como vemos, el TLC ofrece una gran oportunidad para mejorar el bienestar de todos los costarricenses.


Otto Guevara Guth y Juan Carlos Hidalgo (Movimiento Libertario)

lunes, 30 de julio de 2007

UCR: represión, formación política antisistema y parcialidad


Apoyo la argumentación de Andrea Marín, quien escribió en La Nación (30/07/07) que en la UCR se adoctrina a los estudiantes, de modo tal que la casa de enseñanza ha perdido su norte y su vocación crítica y académica para convertirse, por decirlo de manera elegante, en una organización de formación política revolucionaria. Desde que entré a Ciencias Políticas, en el 2004, he sido testigo de cómo algunos de los profesores (no todos, porque también hay profesores decentes) se empeñan no sólo en transmitir sus puntos de vista, sino incluso evaluarlos como si fueran hechos objetivos y teorías comprobadas, no ya tentativas como afirmara Popper. Algunos de esos profesores, hoy fieles activistas del NO al TLC, han buscado crear soldados para la lucha y transmitirles sus miedos y frustraciones como espadas y lanzas. Podría pensarse que son casos aislados, de profesores con poco profesionalismo y reducida ética, pero cuando uno ve que la situación se extiende de escuela en escuela y de facultad en facultad, tiene que comenzar a ser un poco más suspicaz.

Problema institucional. De manera irremediable, el mal que se extiende como cáncer por la UCR (y por muchas otras universidades y colegios) es resultado de una clara política institucional que promueve el NO como símbolo de patriotismo (más bien nacionalismo, diría yo) y de posesión exclusiva de la verdad y de la razón. Lo más preocupante es que la UCR, en este caso específico, se preste para este circo y después afirme que está obrando bien. Sin ningún empacho en contradecirse, aún cuando financian propaganda, “debates” (curiosamente atiborrados de gente del NO), espacios radiales y televisivos totalmente parcializados, impedimentos fácticos para la participación de la gente del Sí, reclamos de supuesta violación a la autonomía tan sólo porque se les recuerda no usar fondos públicos para la campaña del TLC y, peor aún, tolerancia (activa o pasiva) de la violencia sistemática contra los que pensamos diferente.

Represión. Sí, la UCR de una manera u otra tolera la represión en su propio seno. El mes pasado, los integrantes de la Asociación de Jóvenes para el Desarrollo (ASOJOD), recibimos una amenaza de muerte a nuestro correo electrónico, y a pesar de haberlo denunciado a las autoridades correspondientes en la primera del debido proceso, aún no hay resultados. También, la Asociación de Estudiantes de Ciencias Políticas, en asamblea general, acordó limitar el derecho de expresión de aquellos que estamos a favor del TLC, prácticamente reduciendo, sino impidiendo, el uso de pizarras y espacios para transmitir información positiva respecto al TLC. Y las autoridades correspondientes guardaron silencio, aduciendo que las asociaciones son autónomas. Y como si eso no fuera suficiente, diversos personajes políticos de clara posición favorable al TLC, han sido insultados y atacados cuando se acercan a instalaciones de la UCR. Y las autoridades universitarias no investigan, no castigan, no sientan responsabilidades. Los agresores, los marchistas, los bloqueadores de calles, los irrespetuosos, siguen gozando de impunidad. Si eso no es complicidad, entonces alguien por favor explíqueme qué es. Yo considero que ya la UCR perdió su etiqueta de conciencia lúcida y decidió ser parte del suicidio intelectual colectivo.

A pesar de todo eso, algunos estudiantes nos mantenemos con la frente en alto, tratando de funcionar como contrapeso a lo interno de la Universidad, sin temer toda la amplia gama de amenazas y obstáculos de los que hemos sido objeto.


Alejandro Barrantes Requeno