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sábado, 10 de mayo de 2008

¿Una ola separatista en Latinoamérica?


La victoria por el 84 por ciento de los votos de las fuerzas proautonomía en el referendo del domingo realizado por la rica provincia oriental de Santa Cruz, Bolivia, en abierto desafío al gobierno central, ha provocado el temor de que se produzca una reacción en cadena de los movimientos separatistas en toda América Latina.

Los gobiernos de izquierda radical de Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Cuba fustigaron el voto autonomista de Santa Cruz, alegando que representa el inicio de un intento estadounidense de desmembrar a los países latinoamericanos para crear en la región nuevo estados proestadounidenses. El Departamento de Estado dice que estas acusaciones son absurdas, y agrega que ``respaldamos la unidad y la integración territorial de Bolivia''.

Veamos lo que dicen ambas partes. El presidente narcisita leninista de Venezuela, Hugo Chávez, afirma que el supuesto complot estadounidense está diseñado contra él y su ''revolución bolivariana''. Según Chavez, el ''imperio'' está buscando que las élites adineradas de Bolivia y otros países -como el departamento venezolano de Zulia, rico en petróleo, o la provincia ecuatoriana de Guayas -se subleven muy pronto e intenten crear estados independientes.

El presidente ecuatoriano Rafael Correa acusó en un discurso radial de este fin de semana que ''grupos oligárquicos y separatistas'' con apoyo extranjero de querer ''desestabilizar'' la región y ''crear un proceso de balcanización en América Latina'' para crear nuevos estados adeptos al neoliberalismo.

Mientras escuchaba estas teorías, no pude evitar pensar en el libro Los estadosdesunidos de América, del 2005, de Juan Enríquez Cabot, que nos recuerda que la última vez en que se cambiaron las fronteras en el continente americano desde 1910, pero que cada vez más provincias ricas en todo el mundo se están rebelando contra gobiernos centrales ineficientes o despóticos.

El número de países miembros de las Naciones Unidas se ha elevado de 50 en 1950 a 192 en la actualidad. Desde 1900 hasta 1950, se crearon un promedio de 1.2 países por año. Desde 1950 a 1990, el promedio se elevó a 2.2 por año, y durante la década de los noventas el promedio llegó a 3 nuevas soberanías anuales. ''Las banderas pueden aparecer y desaparecer muy rápidamente'', decía Enríquez Cabot.

Sin embargo, los líderes del estatuto autonómico de Santa Cruz niegan categóricamente que estén buscando independizarse. Dicen que Chávez y sus seguidores intentan desacreditarlos al rotularlos de separatistas.

El gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, me dijo en una entrevista la semana pasada que sólo busca obtener mayores derechos para su estado, semejantes a los que gozan las regiones autónomas españolas o los estados de Estados Unidos.

En las próximas semanas, los estados bolivianos de Beni, Pando y Tarija celebrarán similares referendos, y las encuestas revelan que la propuesta autonómica también triunfará allí. Y todo parece indicar que los estados de Cochabamba y Chuquisaca harán lo propio en el mes de julio. Todos ellos dicen que no se separarán del resto del país, sino que quieren mayores derechos para protegerse de un gobierno central cada vez más autoritario.

Mi opinión: el 84 por ciento de apoyo a la autonomía en Santa Cruz, un departamento con una población de dos millones y medio de habitantes, y las encuestas que revelan un amplio apoyo a la autonomía en los estados vecinos, dificultan mucho creer que se trata de un movimiento ``de la oligarquía''.

Lejos de ser un movimiento oligárquico, o un siniestro complot del imperio norteamericano, lo que estamos viendo es una reaccion natural de gobiernos locales bolivianos que quieran conservar cierta sanidad económica y libertades democráticas ante el plan del presidente boliviano Evo Morales de ''refundar'' la nación y crear un estado socialista totalitario, asumir poderes absolutos, y reelegirse de por vida.

Como me señaló el prefecto -o gobernador- de Cochabamba Manfred Reyes Villa en una entrevista esta semana, es Morales quien está dividiendo a Bolivia y amenazando la unidad nacional. Morales está impulsando una nueva Constitución -aprobada por sus seguidores en una controversial sesión a la que, según la oposición, se impidió la entrada a los miembros de la oposición -que crearía 36 ''nacionalidades'' sobre una base étnica y que trasladaría los poderes del poder legislativo y los gobiernos estatales a ''comunidades'' municipales que apoyan a Morales.

Dijo Reyes Villa: ``Quieren pulverizar el país para consolidar su control político''.

Estoy de acuerdo. La comunidad internacional debería oponerse a cualquier movimiento potencialmente independentista de Santa Cruz y los demás estados descontentos de Bolivia, pero rechazar al mismo tiempo el intento de Morales de imponer una nueva Constitución que crearía un estado totalitario.

Ambos bandos deberían llegar a un acuerdo que garantice tanto la unidad del país bajo una bandera como los derechos de los estados, y deberían hacerlo cuanto antes, para evitar el espectro de una guerra civil.

Andrés Oppenheimer

sábado, 3 de mayo de 2008

Bolivia ante un momento crucial


Según el presidente boliviano Evo Morales, el país más pobre de Sudamérica está amenazado por un movimiento oligárquico respaldado por Estados Unidos en el departamento de Santa Cruz, que desea separarse del resto de la nación a través de un referéndum autonómico que se realizará este domingo.

Contrariamente a lo que me aseguró el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, en una entrevista el miércoles, Morales y sus aliados en la región dicen que si Costas logra que el estatuto autonómico de Santa Cruz gane la votación por una mayoría abrumadora --algunas encuestas sugieren que puede ganar por un 70 por ciento--, lo mismo ocurrirá en los referéndums autonómicos previstos para junio en los departamentos de Beni, Pando y Tarija, y que las regiones más ricas del país acabarán por independizarse.

El presidente venezolano Hugo Chávez presidió la semana pasada una cumbre de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba realizada en Caracas, destinada a alertar al mundo sobre un supuesto plan "del imperio'' para dividir a Bolivia. La dictadura cubana, a su vez, dijo en una declaración oficial que Bolivia está amenazada con la "desestabilización'' impulsada por "los planes separatistas de la oligarquía''.

El miércoles le pregunté al prefecto de Santa Cruz en una entrevista telefónica si realmente está buscando la independencia de su provincia, o de la región conocida como la "media luna'' de Bolivia.

"Es absolutamente falso'', me dijo Costas. "Es la misma vieja historia que el gobierno central nos ha estado repitiendo desde hace más de 100 años. Todo lo que queremos es mayor independencia política, económica y administrativa, como ocurre en España''.

Contrariamente a lo que afirma Morales, una mayor autonomía regional contribuirá a mantener unida a Bolivia, dijo Costas. Si España no hubiera admitido las autonomías regionales, el país podría haber terminado como la antigua Yugoslavia, agregó.

Juan Carlos Urenda, un abogado graduado de Harvard que asesora a Costas y es considerado por muchos como el ideólogo del movimiento autonomista santacruceño, me dijo en otra entrevista que el gobierno de Morales está usando su acusación de separatismo para desacreditar a quienes apoyan una mayor descentralización del país.

"Bolivia es uno de los pocos países del mundo que en la actualidad sólo tiene dos niveles de gobierno: el gobierno nacional, y el gobierno municipal. Y de lo que se trata aquí es de crear un gobierno intermedio, como en el 98 por ciento de los países del mundo'', señaló.

Santa Cruz afirma que contribuye con $600 millones anuales a las arcas nacionales, pero que solamente recibe anualmente $150 millones del gobierno central. El departamento busca un mayor control de sus recursos, sin dejar de hacer aportes al gobierno central, dicen los autonomistas.

¿Planean crear sus propias fuerzas armadas, tal como dice el gobierno de Morales?, le pregunté a Urenda.

"Eso es falso'', respondió. "Lo que establece el estatuto autonómico es una institución policial en concordancia con la policía nacional, para algunas tareas específicas, como el control de carreteras, para garantizar el libre tránsito cuando hay bloqueos''.

¿No es anticonstitucional el referéndum autonómico, como dice el gobierno?, le pregunté.

Urenda señaló que es el gobierno de Morales quien transgredió la Constitución, porque en un referéndum vinculante realizado el 2 de julio del 2006, Santa Cruz votó a favor de incluir su autonomía en la nueva Constitución, pero Morales ignoró ese voto y aprobó una reforma constitucional que sólo otorga autonomía a las comunidades indígenas y municipalidades que apoyan al gobierno central.

Además de esa movida para quitarle todo poder a los departamentos liderados por la oposición, Morales aprobó las reformas constitucionales por la fuerza, rodeando con fuerzas progubernamentales el edificio donde se realizó la votación en Sucre e impidiendo que los opositores ingresaran a la sala de votación, afirman los partidarios de la autonomía.

Mi opinión: ambos bandos --el gobierno de Morales y las regiones que buscan una mayor autonomía-- tienen razón en que la otra parte ha violado las leyes. Morales ha hecho aprobar, mediante la fuerza, una reforma constitucional destinada a crear un estado socialista autoritario controlado por una mayoría étnica, y a quitar todo poder a los prefectos de oposición. Y los prefectos están burlando las leyes electorales del gobierno para garantizar sus derechos, y su supervivencia política.

Es difícil predecir lo que pueda ocurrir después del referéndum del domingo, pero resulta claro que Morales está intentando cooptar las instituciones democráticas con su reforma constitucional, siguiendo el modelo de Chávez. Sólo que no tiene el petróleo de Chávez, y la cosa se le ha hecho más difícil.

Dudo que el 70 por ciento de la población de Santa Cruz pueda ser calificada de oligarquía. Morales tendrá que decidir si reprime al pueblo de Santa Cruz, algo que seguramente provocará derramamiento de sangre, o si incluye autonomías regionales como las de España en su Constitución. Ojalá que opte por esta última alternativa.

Andrés Oppenheimer

lunes, 24 de diciembre de 2007

Bolivia secuestrada, quebrada y salvaje


El secuestro: Bolivia se encuentra invadida por oscuros personajes, que se despliegan dentro del escenario oficialista, en forma ofensiva y humillante para sus ciudadanos. El gobierno regaló la soberanía del estado. La guardia personal del presidente está formada por esbirros venezolanos y cubanos, que informan a Chávez de todo lo que hace el servil mandatario.
¿A Evo Morales lo están protegiendo o manipulando? La respuesta es obvia, el hombre no tiene la capacidad de pensar por sí mismo. Bolivia está secuestrada por los comunistas, que enviaron asesinos para controlar el país y adiestrar a grupos afines, de manera que puedan desarticular las protestas populares opositoras, que cada vez son más frecuentes y multitudinarias.

¿Por qué un presidente que se considera el auténtico representante de las mayorías, y que en su exacerbado etnocentrismo se rebela contra todo lo foráneo, acude a extranjeros para gobernar? ¿Por qué Morales no se apoya en su propia gente? Sencillamente, porque conoce a los suyos, y sabe que son tan poco fiables como él.

Los indigenistas vociferan contra 500 años de dominio criollo, pero no tienen problema en dejarse comandar por un paranoico ególatra venezolano. El gobernante aimara habla de no someterse a intereses imperialistas, pero nadie se arrodilló tan despreciablemente como él ante otro estado. Chávez es el presidente de Bolivia, Morales no es más que la fachada.

La quiebra: El líder cocalero, en su diminuto mundo intelectual, no percibe las consecuencias de sus viscerales decisiones. Rompió con el FMI y el Banco Mundial. Nadie quiere hacer negocios con Bolivia. El aislamiento que el presidente-campesino ha logrado ocurrió en tiempo récord. El país está marginado de cualquier proyecto productivo de importancia.

Una de las compañías mineras más grandes del globo, que tenía planificado invertir cientos de millones en el altiplano boliviano, prefirió colocarlos en Pakistán y perder 15 millones de dólares que gastaron en prospecciones, antes que trabajar con Morales. Consideran que la nación asiática es más segura, pese a la guerrilla islamista en el sur del país, la presencia de Al Qaeda, los conflictos políticos internos y la disputa con India sobre Cachemira.

Las medidas tomadas por el régimen autocrático, que incluyen la confiscación de los hidrocarburos, la elevación de los impuestos a los mineros, la redistribución de tierras privadas, el asalto a los ingresos de los gobiernos regionales, la imposición de una caricaturesca Asamblea Constituyente integrada por analfabetos, que se escondieron en un cuartel para aprobar de forma sigilosa e ilegal una constitución marxista-indigenista, que restringe las libertades económicas, son rechazadas por el pueblo.

El salvajismo: La población pensante empieza a reaccionar, demandando su derecho a vivir en la cordura y la legalidad. Los enfrentamientos entre los estudiantes de la Universidad de San Francisco Xavier y los represores neocomunistas, en la ciudad de Sucre --que es la legítima capital de Bolivia y cuna de los próceres que dieron nacimiento a la independencia sudamericana del colonialismo virreinal-- son un aliento de esperanza para la nación, y demuestra que Chuquisaca mantiene vibrante su histórico espíritu libertario.

Desde que Evo Morales asumió el poder 22 meses atrás, se acreditó 27 muertos y más de 300 heridos. Sus desaforados paramilitares, los campesinos de Achacachi --un poblado de sanguinarios aimaras que visten ponchos de color rojo, y que alguna vez fueron acusados de canibalismo-- degollaron a dos perros vivos, entre risas y vítores amenazantes. En su sádico show, advirtieron que ese es el futuro que les espera a los opositores. El salvajismo de los indígenas comienza a asustar.

Ante los abusos del régimen y el desmoronamiento de la democracia, seis de los nueve gobernadores del país declararon la desobediencia civil, que ha pasado a convertirse en resistencia civil movilizada. Los eventos van cobrando envergadura y las posibilidades de diálogo con un presidente que no tiene cerebro ni corazón, son nulas. El departamento (provincia) de Santa Cruz ha convocado a partir del 3 de diciembre, a una huelga de hambre general e indefinida en todo el país. La situación es impredecible. Bolivia necesita de un líder con conocimientos políticos, carisma, experiencia, inteligencia, y fundamentalmente coraje, que según Aristóteles es la primera de las cualidades humanas, porque garantiza las demás. Ninguno de los dos partidos opositores cuenta con él, o ella.

Por José Brechner

martes, 4 de diciembre de 2007

Los empresarios y la nueva Guerra Fría


Hace casi medio siglo, Fidel Castro y el Che Guevara proclamaron la doctrina del internacionalismo revolucionario. Se concretaba en una frase mil veces repetida por ellos: “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución en cualquier parte del mundo”. Cuba, pues, tan celosa en su soberanía, siempre dispuesta a denunciar a cualquier país o grupo que se atreviera a ayudar a los demócratas cubanos de la oposición, proclamaba, en cambio, su derecho a intervenir en cualquier país para promover su modelo político por cualquier procedimiento, incluida la violencia armada.

La doctrina, según todos los síntomas, hoy tiene discípulos convencidos y muy activos. A fines de 2007 la Asamblea Nacional de Venezuela, el parlamento de ese país, asignó 250 millones de dólares del presupuesto del año próximo para fomentar la revolución bolivariana en el exterior. Ese dinero irá a las manos de los grupos chavistas y a las organizaciones de izquierda que siguen las ideas propuestas por el eje cubano-venezolano-boliviano, popularmente conocidas como “el socialismo del siglo XXI”. Para que se tenga una idea del impacto potencial de ese dinero, vale la pena recordar que una campaña política presidencial en cualquier país centroamericano cuesta unos quince millones de dólares aproximadamente.

¿En qué consisten esas ideas del llamado Socialismo del siglo XXI?¨

* Es, en esencia, retomar paulatinamente la fórmula del colectivismo estatista en el terreno económico y en suprimir progresivamente las libertades democráticas en el campo político, como se observa en Venezuela y Bolivia, o como acontece en Cuba desde hace casi medio siglo.

* Es la vuelta al Estado-empresario, pese a la horrenda tradición de corrupción, despilfarro, nepotismo e ineficiencia que dejó a su paso por la historia latinoamericana del siglo XX.

* Es el control de precios y salarios dictado por funcionarios tan arrogantes como ignorantes, convencidos de que saben lo que hay que producir, cómo hay que producirlo, quién debe consumirlo y en qué condiciones.

* Es la pulverización paulatina de la sociedad civil y de sus estructuras espontáneamente generadas a través del tiempo, sustituyéndolas por organizaciones estabularias concebidas para encerrar a la sociedad con el objeto de controlarla eficientemente.

* Es la militarización creciente de las personas, incardinándolas en milicias civiles dedicadas a la vigilancia y la coerción.

* Es la demolición total de las estructuras institucionales republicanas, con los clásicos tres poderes que se equilibran para limitar la autoridad de los gobernantes.

* Es el abandono del pluripartidismo y su sustitución por un partido único que hará metástasis por el cuerpo social contaminando y corrompiendo todo lo que toque y controle.

* Es una variante del modelo militarista islámico que Nasser y Gadaffi ensayaron en el Medio Oriente, donde el caudillo militar o civil se vincula con las masas para guiarlas a su antojo por medio de la correa de transmisión de las Fuerzas Armadas, con el apoyo propagandístico constante de los medios de comunicación previamente controlados.

* Es la construcción de enemigos artificiales, como Estados Unidos o Europa Occidental, para tratar de galvanizar a la sociedad detrás de esa corriente de odio disfrazada de nacionalismo.

* Es, en general, el rechazo visceral al Occidente próspero, impulsado e instrumentado por las técnicas de propaganda del viejo comunismo de la Guerra Fría, más los procedimientos de legitimación populista diseñados por Fidel Castro, con esos batallones de médicos, maestros y deportistas, con los que fabrica una hábil operación de relaciones públicas y mercadeo político denominada “misiones” a la manera del catolicismo tradicional.

* Es la organización de turbas paramilitares que intimiden a la sociedad mediante el uso de pogromos para someterlas a la obediencia y hacer abortar cualquier brote de rebeldía.

* Es el modelo de “solidaridad orquestada”, forjado para suscitar respaldo internacional, desarrollado por la KGB en los tiempos en que la URSS experimentaba un fuerte espasmo imperial y necesitaba proyectar su imagen en el exterior.

* Es la constitución de un bloque anti occidental, remedo de la guerra fría, que preconiza la hostilidad al primer mundo y sueña con su liquidación eventual.

* Es la asociación internacional con el radicalismo islámico para atacar los intereses de Occidente, calumniando, de paso, a Israel y a los judíos en una franca campaña antisemita.

* Es el respaldo a las narco guerrillas comunistas sudamericanas o a cualquier violento movimiento radical, como se desprende de las excelentes relaciones que existen entre el gobierno de Hugo Chávez y las FARC colombianas.

* Es un híbrido folclórico y vistoso, muy simpático para los ojos de los progres del primer mundo, con ingredientes de Juan Domingo Perón, de Getulio Vargas, de Velasco Alvarado, alusiones a Lázaro Cárdenas y a los corridos de la revolución mexicana, camisetas del Che, retratos de Sandino, y confusas referencias a ideólogos de distintos calibres como Antonio Gramsci, Norberto Ceresole, Marta Harnecker, Heinz Dieterich, Noam Chomsky, James Petras y otros elucubradores de esa cuerda delirante que continúa reivindicando el marxismo con una total indiferencia a la devastadora experiencia producida por la puesta en práctica de esas ideas erróneas durante el doloroso siglo XX.

* Es, en suma, la mayor cantidad de comunismo soviético que permiten las circunstancias tras la desaparición de la URSS, pero ahora con su centro operativo situado en el eje Caracas-La Habana, como explicó el canciller cubano Felipe Pérez Roque en un discurso pronunciado en Venezuela en diciembre de 2005.

El nuevo Moscú


En efecto, en ese texto se resumían con toda claridad las conclusiones a que habían llegado Fidel Castro y Hugo Chávez tras sus largas y frecuentes conversaciones. La URSS y los comunistas europeos habían traicionado la causa de la revolución marxista-leninista y se habían entregado al cruel capitalismo occidental capitaneado por el imperio norteamericano. Ya no se podía esperar nada de ellos, así que el foco central de la revolución mundial se trasladaba a América Latina, concretamente al eje La Habana-Caracas, al que poco después se agregaría La Paz. Por otra parte, dentro de la evaluación que hacían de las circunstancias internacionales, ese eje estaba obligado a expandirse para poder sobrevivir. Había, claro, diferencias con relación al análisis tradicional marxista-leninista. Esta vez la revolución mundial no llegaría de la mano de una gran huelga general dirigida por el Partido Comunista, como suponían Marx y Lenin, ni de las guerrillas campesinas, como proponía Mao, ni tampoco de la creación de un foco insurreccional urbano-rural, como sucedió en la Cuba de Fidel y del Che, sino arribaría por métodos electorales democráticos, como ocurrió en la Alemania nazi de los años treinta o previamente en la Italia fascista de Benito Mussolini. La estrategia era utilizar los resortes de la democracia representativa para desarmarla desde dentro y vaciarla de contenido ideológico.

También existía otra diferencia: el tiempo que tomaría el proyecto revolucionario era mucho más dilatado. Había que llegar al poder por medio de las urnas y redefinir constitucionalmente las relaciones entre el Estado y la sociedad, demoliendo, de paso, las instituciones republicanas y su sistema de equilibrios y contrapesos concebido para limitar la autoridad de los gobernantes. Todo el poder recaería en las manos de un enérgico caudillo que gobernaría en nombre del pueblo, legitimando su gobierno por medio de medidas asistencialistas de corte populista capaces de seducir a las capas más necesitadas con una mezcla caritativa de sopa boba, como la que se dispensaba a los mendigos en los monasterios de la Edad Media, y operaciones de catarata, mientras se utilizaba al ejército o a cuerpos paramilitares como instrumento de su incontrolada autoridad.

Una nueva guerra fría


Estamos, pues, en una nueva versión de la guerra fría. Tras la Segunda guerra mundial, la URSS se lanzó a la conquista de una buena parte de Europa y desarrolló un proyecto de dominio planetario en el que invirtió grandes recursos, ya fuera directamente con sus tropas, como sucedió en Afganistán, o ayudando a los partidos comunistas y a los grupos subversivos locales de todas partes, logrando tan grandes y graves éxitos que, a principios de la década de los ochenta, parecía inevitable el triunfo del comunismo en el mundo.

Pero, como sabemos, las cosas ocurrieron de otro modo. Ante este espasmo imperial de los soviéticos, a fines de los cuarenta, durante la presidencia de Harry Truman, espoleado por las reflexiones del diplomático George Kennan, el gobierno de los Estados Unidos creó lo que se llamó la estrategia de contención. Cada centímetro disputado por los soviéticos o sus aliados en China, Grecia, Malasia, Berlín, Corea del Sur, Vietnam, Guatemala, Cuba, El Salvador, Nicaragua, etc., sería defendido con más o menos éxito, utilizando para ello una amplia variedad de instrumentos de lucha, desde la ayuda masiva (el Plan Mashall), la propaganda y la información políticas (Radio Free Europe, Radio Liberty), hasta la creación de la OTAN y el uso de tropas o de acciones encubiertas de la CIA.

La razón final de esa estrategia era, si se quiere, muy simple: Estados Unidos no podía sobrevivir como nación independiente, gozando del sistema que libremente se había dado a partir de 1776, en un mundo gobernado por los comunistas de manera creciente. Defender la democracia y la libertad en cualquier lugar del mundo o, simplemente, resistir el embate de los regímenes comunistas, era una manera de preservar la libertad en Estados Unidos. Así pensaban todos los presidentes norteamericanos, desde Truman, Eisenhower, Kennedy (muy especialmente Kennedy), hasta George Bush, padre, el gobernante al que le tocó presenciar en la Casa Blanca el derribo del muro de Berlín y la disolución de la URSS a partir de 1989, hace ya casi 20 años. La contención había dado resultado. Estados Unidos, en síntesis, había ganado la Guerra fría.

Desde la perspectiva norteamericana, pues, ese episodio había terminado. La URSS se transformó en Rusia, una nación sin apetencias de conquista en la que rige una forma brutal y primitiva de capitalismo, y los satélites europeos se convirtieron en los mejores aliados de Washington, mientras China y Vietnam evolucionaron en una dirección parecida. Sólo quedan algunos manicomios comunistas ortodoxos, como Corea del Norte y Cuba, pero demasiado débiles y demasiado desacreditados para poner en riesgo a estados Unidos. Son sólo anacrónicas molestias en vías de extinción, no peligros serios, distinción que suele hacer Manuel Rocha, ex embajador de Estados Unidos en Bolivia y gran experto en la zona.

Entre los verdaderos peligros que acechan a Estados Unidos en el primer cuarto del siglo XXI no está el socialismo preconizado por Chávez, sino el terrorismo islámico, la proliferación nuclear y el tráfico de drogas hacia el país. El venezolano sólo pasaría a ser considerado realmente peligroso si se convirtiera en un cómplice evidente y de esas tres actividades consideradas muy lesivas para la seguridad nacional de Estados Unidos. Mientras tanto, sólo es un folclórico demagogo dedicado al insulto y a las payasadas, mientras le vende regularmente a su archienemigo americano el diez por ciento del petróleo que Estados Unidos importa.

Una guerra asimétrica


Conocer esta percepción norteamericana, acertada o errónea, es clave para los latinoamericanos. De Washington no van a partir iniciativas consagradas a derribar a Chávez ni a oponerse firmemente a su socialismo del siglo XXI. No es una prioridad para Estados Unidos. Venezuela es un suministrador de petróleo poco fiable, pero USA va disminuyendo paulatinamente su dependencia de este vendedor. Cuando llegó Chávez al poder, provenían de Venezuela el 16% de las importaciones. Hoy ese porcentaje se ha reducido al diez, mientras USA, paralelamente, ha aumentado de forma notable sus reservas para enfrentarse a un eventual recorte de suministro del crudo venezolano. Por otra parte, la prolongada huelga de PDVESA en el 2002 demostró que no era difícil encontrar otras fuentes sustitutas. El precio, sí, aumentará un poco, pero no en una proporción que la opulenta sociedad norteamericana no pueda afrontar.

En suma: ese disparate, el chavismo, es una calamidad que afecta, en primer término, a los latinoamericanos, y son ellos, los demócratas de ese continente, y los defensores de las libertades económicas y políticas, quienes deben crear el muro de contención frente al castro-chavismo para impedir que su influencia crispe y empobrezca aún más a las sociedades de esta zona del mundo.

El problema, naturalmente, es que ningún grupo político que ocupe el poder, y ningún gobernante con nombre y apellido, tienen un interés especial en asumir ese riesgo y enfrentarse a las bien apertrechadas izquierdas locales. Repasemos brevemente a los principales actores:

* Felipe Calderón, que ganó la presidencia combatiendo al chavismo atribuido a López Obrador, una vez instalado en Los Pinos dejó de atacar a Chávez y le lanzó un ramo de olivo. Se siente demasiado débil para abrir otro frente.

* El mismo fenómeno se observa en el Perú de Alan García. Tras una campaña contra Humala ferozmente antichavista, el líder aprista prefirió hacer las paces con el venezolano.

* Álvaro Uribe, pese a tener el apoyo del 70% de los colombianos y de ser inmensamente respetado, no puede arrastrar a su país a un choque con Hugo Chávez por dos razones. Primero, porque el venezolano puede multiplicar su hoy no tan discreto apoyo a las narco guerrillas comunistas y complicar aún más la situación en la enorme frontera que comparten los dos países; y, segundo, porque Venezuela es el primer destinatario de las exportaciones colombianas y Chávez puede decretar la interrupción de las relaciones comerciales entre los dos países

* El ecuatoriano Rafael Correa, mientras tanto, ganó las elecciones declarando sus simpatías chavistas y su aprecio por las ideas intervencionistas de esa cuerda política, modelo de relación entre la sociedad y el Estado en el que parece respaldarlo la abrumadora mayoría de sus compatriotas.

* Los países centroamericanos y República Dominicana tienen un acuerdo petrolero con Venezuela, ligeramente favorable en el aspecto financiero, que no desean sacrificar, ni tampoco quieren exacerbar demasiado a los grupos chavistas locales. En el caso de El Salvador, sus dirigentes están conscientes de que, con la asesoría y el dinero venezolanos, los viejos comunistas del FMLN pueden ganar las próximas elecciones y devolver el país a la incertidumbre de los años ochenta. Nicaragua, por otra parte, está gobernada por un presidente sandinista, con minoría en el Congreso, que ya forma parte del cónclave chavista, aunque la realidad política de su país le impide adoptar las medidas recetadas por el eje Caracas-La Habana.

* Argentina y Uruguay, pese a ser mucho más ricos que Venezuela, han sido objetos de la millonaria beneficencia bolivariana destinada a comprar influencias.

* Lula da Silva tal vez sienta cierto rechazo instintivo por Chávez como persona, pero hay una complicidad ideológica de fondo, sumada a la tradicional indiferencia brasilera hacia los asuntos políticos latinoamericanos.

* Sólo queda un Chile muy preocupado por la alianza entre Venezuela y Bolivia, que incluye la asistencia militar del primero al segundo y las constantes intromisiones de Chávez en el viejo pleito entre los dos países, pero el gobierno de la señora Bachelet, como antes el de Ricardo Lagos, han optado por rearmar calladamente a sus fuerzas armadas, a la espera del peor de los escenarios posibles, y a nadie en ese país le pasa por la cabeza la idea de construir un muro internacional de contención democrática capaz de hacerle frente a la arremetida chavista. Los chilenos saben que están solos.

La última línea defensiva


Si el gobierno norteamericano, los líderes políticos, y los gobiernos latinoamericanos no se atreven a defenderse de este peligro, ¿quién puede hacerlo? Sólo queda una opción disponible: la sociedad civil de cada uno de los países colocados bajo la mirilla de los chavistas, y, dentro de esa vasta red de instituciones y organizaciones, los empresarios. Sólo quedan los empresarios.

¿Por qué los empresarios? Porque son los que más tienen que perder en el orden material, y porque el socialismo del siglo XXI, como ocurría con el comunismo del siglo XX, está encaminado a reducir y limitar hasta la extenuación los derechos de propiedad, a debilitar progresivamente el mercado hasta hacerlo irrelevante, a impedir o frenar el comercio internacional, y a darle al Estado un rol absolutamente hegemónico como productor de bienes y servicios, planificador y regulador de todas las actividades empresariales que consigan sobrevivir.

Son los empresarios los que tienen que defenderse y defender a la sociedad, porque son los que tienen la información esencial y no ignoran que todos esos experimentos dirigistas y colectivistas sólo conducen a la destrucción del capital material y del capital intangible, a la inflación, al atraso tecnológico, a la erosión de las clases medias, al estancamiento, al autoritarismo, a la pérdida de libertades, y a un aumento exponencial de las fricciones entre los distintos grupos y estamentos que componen el tejido social, reduciendo los niveles de confianza entre las personas, y entre las personas y las instituciones, clima moral que impide el desarrollo armónico de los pueblos.

Los empresarios saben que con ideas del vecindario socialista, o social fascista, el peronismo destruyó la base productiva de la Argentina, y el país, que en 1930 estaba en el pelotón de avanzada del primer mundo, pasó a ser una nación rezagada y pobre cada vez más alejada de la proa del mundo. Saben que Velasco Alvarado, con fórmulas parecidas, mezcladas con el militarismo dictatorial convencional, arruinó severamente a Perú, y algunos sectores, como la agricultura, nunca pudieron recuperarse. Saben que los sandinistas en los años ochenta acabaron con el relativo ímpetu empresarial nicaragüense y devolvieron el país a los niveles de producción de cuatro décadas anteriores. Saben que la Cuba previa a Castro, pese a todas las imperfecciones de su sistema político, era uno de los países más y mejor desarrollados de América Latina, hasta que el castrismo se apoderó de las riendas de la economía y pulverizó y dispersó a los sectores empresariales.

En otras palabras: los empresarios, los creadores de riqueza, conocen los horrores del socialismo real, no el de los manuales de la secta; tienen memoria de los efectos nocivos de las falacias cepalianas diseminadas en los años cincuenta; del demostrado error keynesiano de usar el gasto público para modular la economía; del disparate de la Teoría de la dependencia propagado por Fernando Henrique Cardoso cuando era un ideólogo del intervencionismo, análisis del que felizmente se despojó cuando le tocó gobernar a los brasileros. Los empresarios, en suma, tienen muy presentes las devastadoras consecuencias del gobierno chavista, creador de una vasta e improductiva masa de estómagos agradecidos a los que compra su respaldo político con dádivas, creando la paradoja de los pobres rentistas, una enorme legión de gentes infelices que viven paralizadas por las migajas que les lanza el Estado, sin otro estímulo laboral que el de poner la mano, mientras cada día más y más empresas se ven obligadas a cerrar como resultado de los controles y candados a las que las someten.

Por la otra punta del mismo fenómeno, por la punta exitosa, los empresarios también están al tanto de las historias de los países que en las últimas décadas consiguieron abandonar el subdesarrollo y convertirse en naciones del primer mundo, industrializadas y prósperas, cada una con sus características, pero todas coincidentes en la necesaria apertura al exterior, en el requisito de prudencia en el manejo de los factores macroeconómicos, control de la inflación, inversiones sustanciales en educación y salud, políticas públicas sensatas, primacía del mercado, protección de los derechos de propiedad, fortalecimiento del Estado de Derecho, y sostenimiento del empresario y de la persona emprendedora como ejes y factores principales de la creación de riquezas. Es decir: exactamente la receta opuesta al viejo y fallido modelo que proponen Chávez, Castro y sus tercos seguidores, personas dispuestas a chocar mil veces con la misma piedra.

¿Pueden los empresarios diseñar una estrategia de lucha y enfrentarse en el plano cívico al reto que significa el chavismo para defender inteligentemente las libertades políticas y económicas? No lo sé, pero lo que me parece evidente es que, si no lo hacen ellos, nadie asumirá ese papel, y es mucho lo que pueden perder, pero más aún lo que perderán las naciones en las que viven y crían a sus hijos. En esta batalla, sencillamente, se juegan la fortuna, la estabilidad y la felicidad colectiva. No librarla sería una peligrosa irresponsabilidad.

Por Carlos Albero Montaner