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lunes, 29 de noviembre de 2010

Tema polémico: maniqueísmo puro


Después de la tan esperada sentencia del caso Crucitas, las distintas manifestaciones no se hicieron esperar. Entre quienes celebraban el histórico fallo parecía repetirse una consigna: los jueces le habían devuelto la confianza, credibilidad y fe al sistema judicial, virtudes todas ellas que si no estaban perdidas al menos en el mejor de los casos se encontraban en cuidados intensivos. ¿Pero, es esto cierto, es acaso esta una lectura apropiada? No. Lo cierto es que muchos de los impúdicos que pronunciaron dichas declaraciones no tienen ni la menor idea en que consistían las excepciones de forma y fondo que fueron rechazadas, el mérito de los autos o el objeto del proceso.

Así que una pregunta incómoda salta a la vista: ¿Cómo se puede valorar de forma positiva o negativa la labor de los jueces sino se tienen elementos o conocimientos para realizar dicho juicio? Por supuesto que no existe manera racional alguna para avalar dicho proceder. Lo cierto es, que lo que les devolvió la confianza –incluso la esperanza dijeron algunos- fue que el veredicto resultara a su favor, en realidad lo que verdaderamente importaba es el fallo, su fundamentación no interesa ya que ni siquiera se entiende. ¡Cinismo puro!

Pero entonces, ¿cómo pueden estar tan seguros de que el Tribunal obró correctamente? Pues dicha seguridad proviene de su particular cosmovisión de entender el mundo. Estas personas creen a priori que la única forma en que un proyecto como Crucitas pueda darse en el país es a partir de la mala fe, deshonestidad y corrupción. Menos se les puede ocurrir pensar que una empresa transnacional con ganancias obscenas –si es que tal cosa existe- y que para colmo de males tenga la poca vergüenza de dedicarse a la pecaminosa industria minera, pueda tener derecho o interés legítimo alguno. En estas mentes tal cosa resulta imposible de concebir. Así, lo que proporciona el sentido y la legitimidad al fallo, es simple y llanamente su visión maniquea y binaria de ver el mundo: ellos como los buenos y todos los que se le opongan, como los malos

Mientras esta forma de ver el mundo siga siendo la predominante en el país, estamos condenados a repetir nuestros errores de siempre.

sábado, 17 de abril de 2010

Pensar antes de hablar


El día de ayer se informó que en una votación de 5 a 2 los magistrados de la Sala Constitucional, decidieron rechazar los recursos de amparo que se habían interpuesto contra el proyecto Crucitas.

Lo que más nos sorprendió fue cómo explotaron los comentarios (a favor o en contra) de la decisión. Cosa que resulta interesante, ya que el voto ni siquiera ha sido redactado. Entonces, cabe preguntarse cómo es que la gente se pronuncia respecto a algo que no existe todavía.

Este es el problema de nuestro país, la doxa: la necesidad, o mejor dicho, la necedad de abrir la boca cuando nos de la gana sin ninguna responsabilidad. No importa si lo hacen para opinar a favor o en contra, lo que importa es la falta de responsabilidad para emitir criterios.

La pregunta que formuló en Twitter el periodista Iván Meza, de canal 7, resume a la perfección esta actitud: ¿es acertado el fallo de la Sala UV sobre crucitas? ¿Quiénes a favor, quiénes en contra? Así no más, sin ningún asco, como si se tratara de un partido de fútbol.

Por eso estamos como estamos...

martes, 18 de noviembre de 2008

El problema del ambiente son los ambientalistas


En Extra del 28 de octubre de este año, uno de sus colaboradores opina que “Arias quiere extinguir la lapa verde” al autorizar la explotación del oro en Las Crucitas. La razón que esto tiene que ver conmigo es que, por mi reciente artículo “Algo sigue podrido en Costa Rica” (La Nación , Página Quince , 1/11/08), varios ambientalistas me enviaron correos electrónicos castigándome porque defendí esa explotación.

Uno de ellos me increpó diciendo que don Pepe (Figueres), “jamás” podía haber defendido el contrato de ALCOA y la explotación del bauxito a “cielo abierto” como en Las Crucitas. Pues esto fue lo que declaró: “Es lamentable que los estudiantes se dejen caer en una mala causa... felicito a los diputados que votaron a favor por su patriotismo... que no se dejen intimidar por los demagogos... no podemos temer por muchedumbres”.

Medias verdades. En 1962 se publicó el libro Silent Spring de Rachel Carson, el cual desató una cruzada del movimiento ambientalista en Estados Unidos al documentar que rociar DDT en forma masiva amenazaba terminar con el águila calva. Los ambientalistas estaban en lo cierto cuando advirtieron que el uso irrestricto del DDT representaba una amenaza de extinción para esas aves, y, bajo el liderazgo de Greenpeace , lograron que se restringiera su uso, especialmente en el mundo subdesarrollado. Sin embargo, el resultado de esta cruzada fue que la malaria mató más de un millón de personas al año, 800.000 de ellos niños y jóvenes en África.

Ni Greenpeace ni los otros grupos ambientalistas han admitido su culpabilidad en este genocidio y siguen adelante fomentando otras medias verdades con igual pasión y con similares resultados.

Otra bandera ambientalista, “la bomba de la población” tampoco probó ser cierta. La población mundial está creciendo, es cierto, pero la producción agrícola per cápita ha aumentado, y el número de personas que se enfrentan a una hambruna en el mundo, en lugar de aumentar, ha disminuido. En los años 70, el ambientalismo trató de convencer al mundo de que el oleoducto de Alaska devastaría el hato de caribú en el Ártico central, otro de los animales sagrados del grupo. No obstante, como en tantas otras ocasiones, la realidad demostró que el hato de caribú y el de aves migratorias creció y sigue creciendo.

Respetados científicos señalaban en 1975 que venía una “pequeña Edad de Hielo” incluyendo la famosa National Academy of Science . Pero, apenas veinte años más tarde, ya no era el frío sino el calor lo que amenazaba al planeta Tierra.

Credibilidad debilitada. Las contradicciones o la falsedad de muchas de estas denuncias, con el tiempo, ha debilitado la credibilidad no solo de estos grupos ambientalistas, que no tendría mucha importancia, sino de la comunidad científica.

Aquí en Costa Rica, ambientalistas tropicales argumentan que salvar la lapa verde tiene prioridad a darle de comer a 250 familias. Hacen a un lado la verdad de que el hombre no es el siervo de la tierra. No es el siervo ni de la bauxita de Pérez Zeledón ni del oro de Las Crucitas. Ni de los pájaros ni de las lapas verdes.

El científico Bjorn Lomborg piensa que “lamentablemente, tendemos a centrarnos apenas en algunos de los problemas más importantes del planeta, y como resultado, nos formamos una visión distorsionada del mundo”. El ambientalismo es una extravagancia de las sociedades ricas. Para los pobres, para quienes la supervivencia cotidiana es una lucha a muerte, las actividades de los ambientalistas deben parecerles una banal y superflua quijotada.

Es necesario establecer prioridades libre de prejuicios y la primera es ver al planeta Tierra completo, en su conjunto. Esto se logrará el día en que las sociedades occidentales, finalmente, descubran el daño que los ambientalistas le han hecho al establecimiento de estas prioridades y obliguen a sus líderes políticos a darle otro enfoque a la tarea de proteger el planeta Tierra. Hasta la fecha, el mayor problema ambiental han sido los ambientalistas.

Jaime Gutiérrez Góngora