Mostrando las entradas con la etiqueta América Latina. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta América Latina. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de octubre de 2010

Tema polémico: la desigualdad social


En varias ocasiones nos han criticado a los liberales por no mostrar interés en el problema de la brecha entre los ricos y los pobres. En gran parte, estos críticos tienen razón: no encontramos sentido en dedicarle tanta atención al problema de la desigualdad social y optamos por concentrarnos en atacar el verdadero problema, que es la pobreza. La desigualdad social, contrario a lo que muchas personas exponen, no es la causa de tantos males que aquejan nuestra sociedad, pero admitimos que una desigualdad social con contrastes tan elevados como es el caso de América Latina, es extraño y no es normal en los países más desarrollados del mundo y amerita un análisis que explique sus razones.

Según el famoso coeficiente Gini que mide la desigualdad, América Latina es la región del mundo con mayor contraste entre ricos y pobres. El 5% más rico de América Latina concentra el 25% de la riqueza, mientras que el 30% más pobre alcanza apenas el 5.5%. Ni siquiera África tiene brechas entre los más ricos y los más pobres tan amplias. Según datos de CEPAL, 36.5% de la población de América Latina vive en condiciones de pobreza y 13,4% en condiciones de extrema pobreza, los que significa que más de 200 millones de personas en la región viven con menos de $2 diarios y cerca de 100 millones vive con menos de $1.

¿A qué se deben estos contrastes tan elevados? Contrario a otras regiones del mundo, América Latina tiene un par de características que, creemos, están directamente relacionada con estos contrastes: el constante irrespeto por la igualdad jurídica que deberían tener todas las personas y el completo irrespeto al imperio de la ley. Las personas más pobres constantemente ven frustrados sus deseos de surgir y aumentar su capital cada vez que quieren iniciar su propio negocio u optar por opciones laborales de mejor remuneración, por causa de un sinnúmero de trabas y requisitos impuestos por el Estado, como lo son regulaciones, permisos, licencias, impuestos, monopolios, salarios mínimos, entre otros, mismos que en ASOJOD hemos venido denunciando desde hace mucho tiempo. Por otro lado, parece que, cuando una persona alcanza cierto grado de poder económico o político en la sociedad latinoamericana, las reglas del juego cambian para ellos. Rápidamente, las puertas de favores, privilegios, excenciones, subsidios y preferencias se abren de par en par a su favor. Vivimos en una sociedad en que las personas pueden incrementar su capital fácilmente por medio de corrupción, favores políticos y creación de monopolios u oligopolios que benefician a unos cuantos.

América Latina se diferencia considerablemente de otras regiones del mundo, en que el poder se puede concentrar con mucha facilidad en tan solo unas cuantos manos, lo que hace que sus detentores puedan usar la maquinaria del Estado para decretar quiénes serán los ganadores y los perdedores, impidiendo que quienes estén ajenos a su círculo puedan surgir como resultado de su esfuerzo personal y deseo de superación. Medidas mercantilistas que traen consecuencias nefastas y que lamentablemente le achacan al capitalismo y al liberalismo cuando en realidad no tienen absolutamente nada que ver con las ideas que exponemos nosotros.

Ahora bien, las medidas que recurrentemente siguen tomando los gobernantes para disminuir esta brecha es la trillada fórmula de quitarles a los ricos para darles a los pobres. Siguen con la majadería de creer que una solución a este problema podría ser el desincentivo de la generación de riqueza y la alcahuetería a la pobreza. Pero por supuesto, esto sin afectar al círculo de amigos que concentran el poder. Por eso seguiremos viendo golpe de Estado tras golpe de Estado, revolución tras revolución, populismo tras populismo.

Sin lugar a dudas, los políticos tradicionales no se han dado cuenta que el círculo está en las cobijas y que para solucionar buena parte de los problemas de la región se requieren reglas claras, simples, transparentes y que no sean modificadas para beneficiar a unos y perjudicar a otros. Sin embargo, hacer esa reflexión no sólo requiere de decencia, honestidad e inteligencia, sino también de una renuncia expresa a las facultades todopoderosas de nuestros gobernantes. Hasta tanto eso no suceda, América Latina seguirá transitando por la senda del subdesarrollo y quienes quieran surgir, tendrán que buscar tierras menos hostiles a sus pretensiones.

lunes, 8 de marzo de 2010

Tema polémico: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe


La reciente Cumbre del Grupo de Río en Cancún dio como resultado, y por aclamación, la conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. En esta cumbre participaron todos los países del hemisferio, con la excepción de EEUU, Canadá y Honduras pero, a pesar de tan nutrida presencia, los cuestionamientos saltan a la vista. En primer lugar, dentro del giro que han dado la mayor parte de las naciones latinoamericanas hacia gobiernos autoritarios, populistas y marcademente socialistas, podría entenderse la ausencia de EEUU y Canadá; sin embargo, es inexplicable que se excluyera a Honduras, usando como excusa el gobierno de facto que se mantiene en ese país, cuando se recibe con abrazos y sonrisas a Cuba.

Todavía no se sabe con certeza cuales son las metas que se desean lograr con esta nueva comunidad, no obstante lo que sí quedó muy claro es el mensaje .que le mandaron todos los países latinoamericano a los Estados Unidos. Estos desean formar un bloque en donde esa nación no tenga ningún tipo de injerencia, tal como se ha dado en la Organización de Estados Americanos (OEA) últimamente. Inclusive se ha hablado de deshacer la OEA y cambiarla por este nuevo grupo. Ésta podría ser una buena idea dado que ha quedado en evidencia que el organismo regional carece de poder y no tiene la capacidad para solucionar conflictos en la región. Un caso clarísimo de esto es la poca efectividad que tuvo este organismo para resolver la reciente crisis en Honduras. Otros casos aún más preocupantes de inoperancia de la OEA están marcados por el completo desinterés a las evidentes violaciones de libertades individuales en Cuba y Venezuela (la clarísima violación a la democracia por parte de Hugo Chavez al arrebatarle el poder al recientemente elegido Antonio Ledezma como alcalde de Caracas, el cierre de 34 emisoras de radio en Venezuela y la opresión a lideres contrarios al régimen cubano como el recién difunto Orlando Zapata Tamayo, solo para mencionar algunos ejemplos)

Ahora bien, la pregunta que nos hacemos es si podrá esta nueva comunidad ser más efectiva que la OEA. En ASOJOD creemos que difícilmente se podrá cumplir con este objetivo, dado que los gobernantes que más han cometido abusos a los derechos individuales son los que más han apoyado esta nueva iniciativa. Creemos que esto no será nada más que un grupito de amigos que se reúnan una vez al año para charlar, comer y seguir culpando a los Estados Unidos por todos los males de la región, al tiempo que hacen caso omiso de los propios errores.

En ASOJOD nos preguntamos cuando llegará el día en que la trillada frase “todo es culpa del imperio estadounidense” deje de existir y los gobernantes de nuestras naciones se den cuenta que los únicos culpables de los males que aquejan nuestros países son todos los latinoamericanos que siguen impulsando formas de gobierno superadas en otras partes del mundo que no favorecen al desarrollo económico y social.

jueves, 3 de septiembre de 2009

¿Uribe al infinito y más allá...?



En este video el analista Andrés Oppenheimer analiza el visto bueno que el congreso de Colombia le dio al presidente Uribe para intertar una nueva reelección.

lunes, 16 de febrero de 2009

Domingo negro para la libertad


Este domingo 15 de febrero será recordado como un día negro para la libertad en Venezuela y en América Latina, pues lamentablemente Hugo Chávez ganó, con el 54,4% de los votos, el referendo que le permitirá postularse indefinidamente para la Presidencia de ese país. Con ello, el teniente coronel podrá continuar con su terco experimento de hacer de Venezuela una nueva Cuba, sin notar que el mismo recorrido le está llevando al mismo resultado: desastre, hambre, pobreza, muerte, y destrucción.

En ASOJOD nos unimos a los individuos venezolanos que dieron una fuerte lucha contra la instauración de esta nueva forma de totalitarismo y nos comprometemos a no ceder en nuestro empeño de denunciar a estos populistas, estatistas y absolutistas que quieren concentrar todo el poder posible para hacer cumplir sus más vulgares fantasías y así limitar los derechos y la libertad de las personas.

domingo, 8 de febrero de 2009

El verdadero Ché Guevara


La historia, cuando es contada por Hollywood, a menudo carece de sentido, pero por lo general los creadores de películas tienen el sentido común de no mostrar bajo una luz amable a los asesinos y los sádicos. Sin embargo, la nueva película de Steven Soderbergh hace eso, y más.

El Che como romántico revolucionario, tal como lo representa Benicio del Toro en la película de Soderbergh, nunca existió. Ese héroe de la izquierda, con su aire hippie y su barba, imagen que hoy es icónica de las remeras y taza de café de todo el mundo, es un mito creado por los propagandistas de Fidel Castro, una especie de cruza entre Don Quijote y Robin Hood.

Al igual que esas historias, el mito del Che tiene una similitud superficial con los hechos históricos, pero la historia real es mucho más oscura. Algún Robin Hood probablemente cometió actos violentos contra los ricos y, para cubrir sus rastros, dio a los pobres parte del botín. En la España medieval, probablemente había caballeros parecidos al Quijote cabalgando por las sendas del reino, librándolo no de dragones, sino de los pocos musulmanes que quedaban. Lo mismo es válido para el legendario Che. Ningún adolescente en rebelión contra el mundo o sus padres parece capaz de resistirse al atractivo de la imagen del Che. Vestir una remera con su rostro es la manera más sencilla y barata de parecer estar del lado correcto de la Historia.

Pose de moda. Lo que funciona para los adolescentes también parece funcionar con los directores de películas que quieren sentirse eternos adolescentes. En los años 60, el estilo Che, con barba y boina, era al menos una atrevida declaración política. Hoy es poco más que una pose de moda que inspira una épica de Hollywood de gran presupuesto. ¿Qué viene después, un parque temático del Che? Sin embargo, una vez hubo un verdadero Che Guevara: es menos conocido que la marioneta de ficción que ha reemplazado a la realidad. El verdadero Che fue una figura más significativa que su clon de ficción, ya que fue la encarnación de lo que la revolución y el marxismo realmente significaron en el siglo veinte.

El Che no era un humanista. De hecho, ningún líder comunista sostuvo nunca valores humanistas. Fieles al profeta fundador de su movimiento, Stalin, Mao, Castro ni el Che tuvieron nunca respeto por la vida. Para bautizar un nuevo mundo, era necesario derramar sangre. Cuando uno de sus primeros compañeros de lucha lo criticó por la muerte de millones de personas durante la revolución china, Mao observó que millones de chinos mueren todos los días, así es que ¿qué importa? De manera similar, el Che podía matar y encogerse de hombros. Estudió medicina en Argentina, pero escogió no salvar vidas, sino eliminarlas. Tras llegar al poder, el Che condenó a muerte a quinientos “enemigos” de la revolución sin juicio previo, ni siquiera con demasiada discriminación.

Destruyó la agricultura. Castro, que no es ningún humanista, hizo lo que pudo por neutralizar a Guevara y lo nombró ministro de Industria. Como era de esperarse, el Che aplicó políticas soviéticas a los cubanos: la agricultura fue destruida y por todo el país quedaron regadas fábricas fantasmas. No le importaban la economía de Cuba ni su pueblo: su propósito era buscar la revolución por si misma, significara lo que significara, como el arte por el arte.

De hecho, sin su ideología el Che habría sido poco menos que otro asesino en serie. La propaganda ideológica le permitió matar en números mayores que lo que habría podido imaginar cualquier asesino en serie, y todo en el nombre de la justicia. Hace quinientos años, el Che probablemente habría sido uno de esos soldados que exterminaron a los nativos de América Latina en el nombre de Dios. En el nombre de la Historia, el Che consideraba que matar era una herramienta necesaria de una causa noble.

Pero supongamos que juzgamos a este héroe marxista según sus propios criterios: ¿realmente transformó al mundo? La respuesta es sí, pero para peor. La Cuba comunista que ayudó a crear es un fracaso indiscutible, mucho más empobrecida y menos libre que antes de su "liberación". A pesar de las reformas sociales de las que la izquierda gusta jactarse acerca de Cuba, el índice de alfabetismo era mayor antes de que Castro llegara al poder, y el racismo contra la población negra estaba menos extendido. De hecho, hoy es mucho más probable que los gobernantes de la isla sean blancos que durante los días de Batista.

Gestor de dictaduras militares. Más allá de Cuba, el mito del Che ha inspirado a miles de estudiantes y activistas en toda América Latina, haciéndolos perder la vida en absurdas guerras de guerrillas. La izquierda, inspirada por el canto de sirena del Che, prefirió la lucha armada a las urnas. Al hacerlo, abrió el camino a las dictaduras militares. América Latina aún no se ha curado de estos efectos secundarios del guevarismo.

De hecho, cincuenta años después de la revolución cubana, los latinoamericanos siguen divididos. Las naciones que rechazaron la mitología del Che y escogieron el camino de la democracia y la libertad de mercado, como Brasil, Perú y Chile, están mejor que nunca: la igualdad, la libertad y el progreso económico han avanzado a la par. Por el contrario, las que siguen nostálgicas de la causa del Che, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, están en estos momentos al borde de la guerra civil.

El verdadero Che, que dedicó la mayor parte de su tiempo como presidente del Banco Central de Castro a supervisar ejecuciones, merece ser mejor conocido. Quizás si la película épica de dos partes de Soderbergh resulta un éxito de taquilla, sus financistas querrán filmar una secuela más ajustada a la verdad. Ciertamente no faltaría material para “La verdadera historia del Che”.

Guy Sorman

miércoles, 28 de enero de 2009

Obama ganó el primer round


¡Pobre Hugo Chávez! Tras contemplar las primeras medidas tomadas por el presidente estadounidense Barack Obama, el líder populista venezolano y sus discípulos en Latinoamérica deben estar pensando: "Contra [George W.] Bush estábamos mejor''.

En sus primeros días en la Presidencia, Obama ordenó el cierre de la prisión de la base naval de Guantánamo, Cuba, en el término de un año, firmó un decreto que prohíbe torturar a los prisioneros de Estados Unidos en cualquier parte del mundo, abrió los registros de la Casa Blanca para hacer su Gobierno más transparente, y reiteró de diversas maneras el mensaje de su discurso inaugural dirigido a los demagogos antiestadounidenses, de que "sus pueblos los juzgarán por lo que sean capaces de construir, no por lo que destruyan''.

Al revertir algunas de las políticas de Bush que más alentaron el sentimiento antiestadounidense en el mundo entero, Obama ha empezado a moverle el piso a Chávez y a otros demágogos aspirantes a presidentes vitalicios que han construido sus carreras políticas culpando a Estados Unidos por el atraso de sus países.

Obama ganó el primer round. Los ha puesto a la defensiva. De repente, les resulta difícil recitar su cartilla de improperios contra un presidente joven, afroamericano, que con frecuencia tiene índices de aprobación más altos en sus propios países que ellos mismos.

Hasta el dictador cubano Fidel Castro --el máximo maestro del arte de usar a Estados Unidos como chivo expiatorio de las falencias de su país --trata a Obama con guantes de seda. En una columna la semana pasada, Castro dijo que no duda de la "honestidad'' de Obama, aunque agregó que todavía es muy temprano para evaluarlo.

Ahora bien, si Obama quiere renovar el liderazgo de Estados Unidos en las Américas, como prometió durante la campaña, debería adoptar las siguientes medidas adicionales --algunas de las cuales ya están siendo estudiadas por sus colaboradores-- antes de la Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en Trinidad Tobago el 17 de abril:

* Antes de llegar a su primera cumbre internacional en Londres, el próximo 2 de abril, Obama debiera proponer la inclusión de Brasil y México en el "Grupo de los 8''. Este grupo, que se reúne todos los años para tratar de solucionar los problemas más graves del mundo, está constituido por Estados Unidos, Japón, Rusia, Canadá, Italia, Alemania, Francia y el Reino Unido.

* Anunciar la designación de un Enviado Especial a las Américas, que tenga acceso directo a Obama. El cargo fue desempeñado por el ex jefe de gabinete y compañero de kindergarten de Bill Clinton, Mack McLarty, durante el gobierno de Clinton, pero fue descontinuado por Bush.

* Tomar medidas que permitan a los estadounidenses usar sus seguros de salud en hospitales del extranjero. Eso ayudaría a solucionar la crisis de los servicios de salud estadounidenses, contribuiría a reducir el déficit presupuestario de Washington, y representaría una enorme inyección de dinero para las industrias de la salud y el turismo en Latinoamérica.

* Debería concretar la promesa de campaña de reducir la dependencia estadounidense del petróleo extranjero y crear una "Alianza Energética de las Américas'', dando fondos y asistencia técnica para las industrias exportadoras de combustibles alternativos de toda Latinoamérica. Eso ayudaría a todos (salvo a Chávez, claro, que vive del petróleo).

* Pedirle al Congreso la aprobación de acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá. Obama se opuso al acuerdo con Colombia durante la campaña, pero ahora podría firmar algunos acuerdos laterales y respaldarlos activamente.

"El continente busca un cambio de tono, pero también busca ciertas acciones específicas'', me dijo Eric Farnsworth, vicepresidente de la Sociedad de las Américas, con sede en Nueva York, quien es coautor de un nuevo informe sobre La construcción de una agenda hemisférica de crecimiento que incluye algunas de estas ideas. "Obama debería aprovechar la oportunidad de la Cumbre de las Américas para crear desde el principio una atmósfera positiva''.

Mi opinión: estoy de acuerdo. Si lo hace, Obama desarmará aún más a Chávez, Castro y a otros mandatarios narcisistas-leninistas de la región.

Obama podría inspirarse en lo que dijo la semana pasada el encargado de negocios estadounidense en Bolivia, Krishna Urs, después de que el presidente Evo Morales afirmara, sin evidencias, que Washington está conspirando contra su gobierno. Urs, quien estaba en la audiencia, se marchó de la sala, y más tarde exigió que el gobierno boliviano "deje de usar a Estados Unidos como una ficha en su política interna''.

Obama podrá exigir que los líderes extranjeros sean juzgados por lo que construyan --y no por lo que traten de culpar a Washington-- si sigue siendo visto en el resto del mundo como un líder bien intencionado, y creíble.

A juzgar por sus primeros días en la Casa Blanca, empezó muy bien.
Andrés Oppenheimer

jueves, 25 de diciembre de 2008

La América amoral


Treinta y tres países de América Latina y el Caribe se reunieron en Sauípe, Brasil, para discutir y estimular la integración latinoamericana. Los convocaba Lula da Silva, con su enorme prestigio nacional e internacional. Deliberadamente, excluyeron a Estados Unidos y Canadá, lo que dejaba a Brasil como la gran potencia regional. Ese es el regalo de despedida que Lula quiere hacerle a su pueblo: el liderazgo del subcontinente.

En principio, parece una meta positiva y no hay nada censurable en vetar la presencia de las potencias anglosajonas, pero es ingenuo esperar grandes logros de ese esfuerzo diplomático. No es verdad que la economía de escala soluciona los problemas de la pobreza. China y la India tenían los dos mayores mercados potenciales del planeta y hasta hace muy poco eran dos de las naciones más miserables del mundo. ¿Cuándo comenzó a cambiar ese triste panorama? Cuando fueron capaces de crear empresas eficientes y competitivas que producían bienes o servicios con gran valor agregado. La clave no está en las dimensiones del mercado sino en la calidad de la oferta.


Tampoco es verdad, como supone el presidente ecuatoriano Rafael Correa, que eso se hubiera podido lograr mejor con una común divisa latinoamericana, con bancos regionales de desarrollo que gestionen el ahorro colectivo y con organismos supranacionales como el ALBA que coordinen el comercio internacional. Eso fue el rublo cuando existía la URSS, eso fue el CAME que conciliaba los intercambios comerciales en el llamado ''bloque del Este'', en lugar de estimular la competencia, y ya sabemos el cuadro de atraso y pobreza que caracterizaba al ''fraterno bloque socialista''. Correa, que se formó como economista, tal vez posee una vaga idea sobre cómo se distribuye la riqueza, pero ignora totalmente cómo se crea.

El dólar, el euro, el yen, la libra esterlina, el franco suizo, son divisas internacionales porque, aún en épocas de crisis, como sucede hoy, los Estados que las emiten son estables, se respetan los derechos de propiedad, y cuentan como respaldo tangible con un poderoso aparato productivo moderno e innovador. ¿Por qué tener confianza en la moneda de naciones que repudian arbitrariamente la deuda externa e incumplen sus compromisos cada vez que les viene en gana? Chile, por ejemplo, Costa Rica o Uruguay, que son países razonablemente gestionados, cometerían la peor locura si entregaran su destino económico a una burocracia regional administrada por representantes de gobiernos terriblemente corruptos, como son casi todos los de América Latina, de acuerdo con los espeluznantes informes de Transparencia Internacional. ¿Se imagina el lector lo que sería un banco continental emisor de moneda bajo la dirección, por ejemplo, de Néstor Kirchner?


Pero, al margen de los delirios integracionistas, hay algo mucho más grave en la Cumbre de Sauípe: la absoluta ausencia de requisitos éticos. Ahí estaba, dando gritos, el señor Daniel Ortega, culpable de tantas cosas feas en su lamentable pasado, que acaba de robarse descaradamente unas elecciones en Nicaragua. Ahí estaba, como una de las estrellas, el pintoresco Hugo Chávez, que intenta fraudulentamente perpetuarse en el poder mientras encabeza la peor cleptocracia que ha padecido ese pobre país. Y ahí estaba, como gran invitado, el general Raúl Castro, hoy presidente de la más larga y empobrecedora dictadura de la historia latinoamericana. Nadie, por supuesto, les hizo la menor crítica: los aplaudieron como si se tratara de honorables representantes de sus pueblos. Era la vieja tradición latinoamericana de complacencia con el delito e indiferencia ante el dolor de las víctimas: todos festejaban o callaban.

En la Cumbre se invocó el ejemplo de la Unión Europea: ¿qué tiene que ver esa América amoral que no defiende la libertad ni la decencia, con una unión de países que, para pertenecer a ella, pone como requisito el comportamiento democrático, el respeto por los derechos humanos, la subordinación de todos al imperio de la ley y la sensatez y la honradez en las labores de gobierno? Mientras las élites políticas latinoamericanas no entiendan que el objeto fundamental de los gobiernos democráticos debe ser luchar por mantener las libertades y garantizar la dignidad de las personas, no sólo van a fracasar en el terreno administrativo, sino que, además, van a continuar provocando en los ciudadanos el desprecio más rotundo y las actitudes más cínicas. Por eso estamos como estamos.

Carlos Alberto Montaner

domingo, 6 de abril de 2008

La enfermedad argentina


Buenos Aires, 25 de marzo de 2008, la clase media de la ciudad se manifiesta cacerola en mano. Los productores agrícolas han decidido cortar los suministros de carne y de grano ante la decisión del gobierno de elevar las retenciones fiscales a la exportación hasta el 44 por 100. ¡Sorpresa…! La gente no protesta contra el campo sino contra el gobierno. La Administración de la Sra. Kirchner se enfrenta a la rebelión de una sociedad civil harta de las arbitrariedades del poder, de los excesos de un Estado “clectocrático” que vampiriza a los sectores productivos de la población para beneficiar a su clientela política y a una nomenclatura que usa el poder en beneficio propio. En la Argentina de 2008 no existe nada parecido a un gobierno que respete las reglas del juego, sino un aparato depredador populista, muy parecido en el fondo al creado por Hugo Chávez en Venezuela, atemperado por el alma porteña.

La guerra de los peronistas contra el campo es histórica. El sector más productivo, competitivo y abierto de la economía argentina ha sido ordeñado de manera sistemática por el peronismo para financiar sus sueños autárquicos y sus objetivos políticos. En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, el general Perón esquilmó la industria agropecuaria para poner en marcha un programa de sustitución de importaciones y de redistribución de la renta que sentó las bases de la decadencia económica del país. El justicialismo, una ideología reaccionaria, de raíz fascista ha convertido a uno de los estados más ricos del mundo en las primeras décadas del siglo XX en una república bananera. Ha contaminado y pervertido de tal modo la Argentina que nadie ha logrado romper la dinámica decadente que asola el país desde hace medio siglo.

En estos momentos la situación de la República fundada por Sarmiento, Mitre y Alberdi es dramática. Se ha transformado en un sistema monopartidista en el cual las únicas alternativas posibles se plantean dentro del justicialismo. No existe una oposición al régimen peronista que, como el Movimiento Nacional o el PRI de los años gloriosos, lo engloba todo. En la práctica, el pluralismo político es puramente formal, no existe, y el social se ve asfixiado por una maquinaria de poder que, como en los regímenes totalitarios, no duda en utilizar la violencia para acallar a sus críticos. Hace una semana, la marcha pacífica de las cacerolas contra la arbitrariedad fiscal del gobierno fue liquidada por los piqueteros, por los matones a sueldo del poder ante la pasividad olímpica de las fuerzas policiales. El Estado no protege a todos los ciudadanos, sino sólo a quienes le rinden pleitesía.

La Sra. Kirchner ha acusado a los huelguistas de representar los intereses de las clases favorecidas frente al hambre del pueblo con la finalidad de mantener unos beneficios extraordinarios. Esta tesis es falsa. De la totalidad del valor obtenido de la facturación agraria, el 58 por 100 se emplea en cubrir los gastos de producción, cosecha y transporte; el 39 por 100 se lo lleva el fisco y el 3 por 100 queda para los empresarios del sector. Cuando se vende una tonelada del oro verde, la soja, el Estado se lleva 235 dólares y el productor 20 dólares. Esto significa que el gobierno se apropia del grueso de la riqueza generada por la empresa privada que arriesga su dinero y emplea su esfuerzo para lograr un rendimiento mediocre. En consecuencia, si se mantiene el régimen actual, los productores carecerán de incentivos para desarrollar su actividad, el Estado ingresará menos y, por supuesto, los precios de los alimentos subirán al reducirse la oferta… elemental lógica económica.

La decisión gubernamental de exprimir a los agricultores no responde sólo a criterios ideológicos, sino también a una estrategia económica surrealista. El gobierno peronista está inmerso en un programa descomunal de gasto público improductivo, de subvenciones a una clientela que demanda dinero fresco y lo obtiene sangrando a quienes crean la riqueza; la energía ayer, hoy y mañana, el agro siempre…Como los malos cazadores, los peronistas disparan a todo lo que se mueve. Una economía que ha crecido a una media del 8 por 100 desde 2003 y ha obtenido unos ingresos fiscales extraordinarios debería tener un superávit fiscal, al menos, similar al chileno, del 8 por 100 del PIB. Por el contrario, el peronismo reinante se ha lanzado a orgía gastadora que es insostenible en un escenario económico normal, esto es, cuando se acabe y/o se desaceleren los precios mundiales de las materias primas. En el interim, el impulso fiscal del gabinete ha alimentado la inflación que según las cifras oficiales se sitúa en los contornos del 10 por 100 y, en términos reales, está alrededor del 20-25 por 100 según el grueso de los analistas independientes, públicos y privados.

Lo peor de la Argentina no es su situación coyuntural sino estructural. Los gabinetes del Sr. y de la Sra. Kirchner no han introducido medida alguna que permita sostener el crecimiento económico cuando la coyuntura internacional se deteriore o se modere. Esto implica que, antes o después, el país volverá a introducirse en una crisis profunda y dolorosa. Sin embargo, eso no garantiza una reacción contra la política que provocó ese resultado. Los argentinos parecen hipnotizados y/o drogados por un partido, movimiento o lo que sea que tiene una capacidad infinita para inyectarles la dosis letárgica necesaria para que nada cambie. Es increíble que una sociedad culta, sofisticada y, en muchos casos, moderna vote una opción tosca, vieja y con tintes totalitarios. Este comportamiento tendría una explicación que supera los límites de este artículo; dilucidar ese enigma, quizá pertenezca a otra disciplina, amada por los argentinos, el psicoanálisis.

Lorenzo Bernaldo de Quirós

lunes, 12 de noviembre de 2007

Seducidos por la reelección


América Latina sufre de fiebre reeleccionista. Efectivamente, tal como lo señala un reciente artículo de Infolatam, Álvaro Uribe y Lula da Silva, quienes apenas llevan un año de su segundo mandato, ya coquetean con la posibilidad de un tercer período. Ellos o algunos de sus partidarios, se han dejado seducir por la tendencia regional a la reelección indefinida, para lo cual deben reformar sus constituciones. Cuestión que viene al alza y que reafirma el caudillismo latinoamericano.

La revolución mexicana de 1910 comenzó con la cuestión de la reelección, y terminó en una dictadura perfecta de un partido que gobernó por décadas. En los años 70 y 80 del siglo XX evidentemente el problema no se planteó, porque las dictaduras se mantuvieron firmes sin darle cuenta a nadie.

Personalismos individuales o juntas de gobierno se encargaron de hacer y deshacer a su antojo. Un paréntesis tuvimos al inicio de las transiciones democráticas, pero ya en los 90 algunos presidentes como Fujimori o Menem hicieron cambios para mantenerse en el poder. La excusa de poder consolidar lo obrado, más bien sonó a querer cosechar lo sembrado.

Hoy la situación es más compleja, pues quien es indicado como uno de los gobiernos más serios de la región, Álvaro Uribe —el polo contrario al populismo de Chávez, Morales y Ortega que impulsan cambios para permanecer en el poder— también podría caer en el juego de la reelección impidiendo el funcionamiento y consolidación de las instituciones, deuda pendiente de la región.

El tema ha sido permanente, ya que otros gobiernos también enfrentan el mismo dilema. Tabaré Vásquez en Uruguay tuvo que salir al paso para aclarar públicamente que no irá a la reelección, aunque cuando el río suena es porque piedras trae. Rafael Correa en Ecuador está a la espera de la reforma constitucional. Algo similar ocurre con Nicanor Duarte en Paraguay, mientras el presidente de República Dominicana Leonel Fernández podrá volver a presentarse el año que viene para un nuevo período presidencial. Ninguno ha escapado al gustillo y al mesianismo del poder.

El gobierno argentino hizo lo mismo, pero de una manera más sutil. El presidente Kirchner apoyó a su esposa Cristina en las recientes elecciones, para en la siguiente campaña, volver a presentarse él y de esta manera perpetuar el reinado de la dinastía “K”. Eso, claro está, solo será posible si la presidenta electa logra terminar su período presidencial, pues es evidente que se viene una situación compleja dado el crecimiento artificial de su economía y un descontento que por ahora está sumergido.

¿Con qué nos encontramos? Con gobiernos que bajo la apariencia democrática del sufragio y la participación, mantienen el control y permanecen indefinidamente en el poder, guiadas por caudillos incapaces no sólo de delegar sus tareas y conformar equipos de trabajo (o quizás no quieren hacerlo para no tener quien les haga la sombra), sino que presas del mesianismo político se autoconvencen de ser los llamados a resolver en forma individual los problemas que nos aquejan.

En Latinoamérica quien llega al poder lo hace para quedarse y la alternancia parece ser sólo retórica para los teóricos académicos. Un juego de participación ciudadana, que al final confirma la escasa confianza que existe en la región con respecto a la democracia, y en donde no son las cartas fundamentales las que determinan el fin del mandato gubernamental, sino que más bien pareciera ser que serán las revueltas populares y los linchamientos públicos.

Ángel Soto