Mostrando las entradas con la etiqueta libertad de expresión. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta libertad de expresión. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de marzo de 2016

Tema polémcio: Derechos humanos: contradicciones

En las últimas semanas han ocurrido importantes eventos en nuestro país en materia de derechos humanos. El primero de ellos se refiere a la añeja discusión de la fecundación in vitro. Finalmente, con el último pronunciamiento de la Corte, todo parece indicar que el camino se ha allanado para que la técnica se aplique en suelo costarricense.

Ahora bien, a pesar de que en ASOJOD estamos totalmente de acuerdo con el procedimiento, hay una cosa que nos preocupa: su implementación.  Como ya es sabido por todos, la seguridad social también suministrará este procedimiento médico, lo cual evidentemente no ayuda a atenuar el colapso financiero e institucional en que se encuentra la entidad. Los defensores de esta política argumentan que si la CCSS no participa se generará una odiosa discriminación de facto, toda vez que solo las personas con recursos económicos podrían acceder a la FIV. Si bien entendemos la preocupación, otra interrogante nos surge: ¿si las personas no tienen recursos para pagar el procedimiento, tienen entonces la capacidad económica suficiente para mantener a su futuro hijo? Este no es un tema menor, ya que estamos hablando aquí de traer a un tercero al mundo, por lo que el mero deseo del progenitor no puede ser suficiente. Todos los derechos deben ejercerse con responsabilidad, y si la responsabilidad ha de significar algo es precisamente el acto de auto-contención de la persona para evitar exponerse a situaciones por las que no puede asumir cabalmente sus consecuencias.

El otro caso que deseábamos comentar se refiere al del comediante nicaragüense a quien se le prohibió la entrada al país, aduciendo razones de seguridad pública. Vamos a partir del hecho de que efectivamente existía algún peligro para efectos de comentario, ya que si las autoridades se inventaron el mismo únicamente para prefabricar una excusa para impedirle la entrada al país dicho acto sería más que reprochable. En este sentido, si efectivamente existía dicha amenaza, ello nos retrata de muy mala manera como sociedad. No es posible que una persona se vea amenaza en su integridad física por lo que piensa decir. A todos se les debe tutelar su derecho a la libertad de expresión, por más grotescas que nos parezcan sus manifestaciones.


Como podemos ver, todavía en materia de derechos humanos tenemos mucho que avanzar, siendo en este campo uno de los temas pendientes que más urgen, el matrimonio de personas del mismo sexo. Ojalá podamos como sociedad enrumbarnos por los caminos de la inclusión y tolerancia.

lunes, 21 de julio de 2014

Tema polémico: libertad de expresión y redes sociales

La libertad de expresión es ese derecho humano fundamental que nos garantiza poder manifestar nuestras ideas y creencias. En él se fundan los valores que sustentan nuestra forma de vida, nuestra cultura y en gran medida los conceptos de democracia y convivencia.

La libertad de expresión es el camino ancho de las libertades, el puente que necesitamos para transitar de la libertad del pensamiento hacia la libre difusión de las ideas. Sin ese camino nos privaríamos de la información, de la prensa libre, de las creaciones artísticas y literarias, de las ideas y de la producción de conocimiento, es decir, sin ella no hay progreso humano posible.

Así, la libertad de expresión es para la sociedad el mejor barómetro de la sana democracia. Basta observar, por ejemplo, el funcionamiento de los medios de comunicación y valorar la independencia de los periodistas para saber si estamos en presencia de una sociedad libre y democrática, o si lo que existe es el eco del statu quo gubernamental, de las voces oficiales y las limitaciones a la expresión libre de la ciudadanía.

El auge de las plataformas de comunicación digital a través de las redes sociales ha planteado nuevos escenarios para la libertad de expresión. Hoy cada ciudadano con acceso a Internet tiene un camino tan ancho como nunca antes en la historia de la humanidad para pasar, casi sin filtros ni limitaciones, del mundo de las ideas al mundo de la difusión de las ideas. Con las nuevas herramientas digitales de comunicación quedó atrás la época en que ese salto era exclusivo para aquellos con recursos y acceso a los medios tradicionales de difusión de ideas.

La frase “todo tiempo pasado fue mejor” no puede estar más lejos cuando de libre expresión se trata, pero tampoco podemos ignorar que este nuevo mundo de las comunicaciones digitales y las redes sociales nos obliga a repensar aquella frontera, ahora tensa, entre la libre expresión y la responsabilidad ante lo manifestado.

El tema adquiere relevancia en Costa Rica cuando en los Tribunales de Justicia se desarrolla un juicio entre la ex presidenta de la República, Laura Chinchilla contra el empresario Alberto Rodríguez Baldí, teniendo como tema de fondo precisamente la supuesta difamación del Baldí contra Chinchilla, a través de redes sociales.

El resultado de este caso sin duda sentará un precedente en el país, pero la sentencia que dicten los jueces no nos debe confundir. El juicio de la expresidenta Chinchilla contra el señor Baldí no trata de reescribir los términos de la libertad de expresión, ni de interpretar su fundamento, garantizados ya en el artículo 29 de nuestra Constitución Política, así como en Convenios Internacionales aprobados por Costa Rica y sentencias de nuestra Sala Constitucional.

La libertad de expresión de la que gozamos sigue siendo la misma, y la responsabilidad que implica también, con o sin redes sociales. De lo que se trata es de madurar y comprender el uso de las nuevas herramientas de comunicación y sus implicaciones.

El precedente que siente el juicio entre Chinchilla y Rodríguez Baldí debe orientarnos hacia la correcta utilización de las herramientas de comunicación digital. La evaluación de las políticas públicas, así como la fiscalización de la actuación de nuestros representantes deben ser rigurosas, pero deben estar amparadas en la búsqueda legítima de la verdad.

Sin importar el resultado de la querella el tema debe estar sobre la palestra pública. El contenido del señalado artículo constitucional debe verterse e interpretarse a la luz del nuevo paradigma comunicacional que plantean las redes sociales. Ese es el reto que enfrentamos todos los usuarios de las redes sociales: entender hasta dónde podemos llegar, cuál es el límite, casi siempre difuso, entre la crítica legítima, sana, racional e informada, y el abuso en el ejercicio de este derecho.

martes, 8 de abril de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: mi vivencia en Facebook...hasta el momento

Seré franco y les cuento que yo no creía en aquellas bondades de Facebook que me contaban mis amigos y mis hijos. En aquel entonces creía que se prestaba para el intercambio ligero, superficial, de ideas, además de que muchas veces el lenguaje empleado no era el deseable (al menos de acuerdo con mis relativamente flexibles reglas), pero también porque creía que uno se “mataba” escribiendo, con la esperanza de que se pudiera avanzar en el conocimiento personal y, a la hora de las cosas, pasaban desapercibidas o bien saboteadas por algún patán o un ignorante de turno.

De pronto, cuando por avatares de la vida dejé de escribir la columna semanal de ANFE en el periódico La Extra, me pregunté por qué no me metía en Facebook. Eso hice y ahora les narraré algo de mi visión personal que en este momento tengo acerca de Facebook. Creo que aún hay algo de cierto en las razones que con anterioridad me habían movido a no entrar en Facebook, pero también he podido encontrar muchas cosas buenas, que creo que me permitirán a mi (y espero que a muchos de ustedes) mejorar en calidad de vida, al lograr enormes satisfacciones y beneficios con el intercambio, mayoritariamente positivo, de ideas que se da en Facebook.

Trataré de explicarme. En primer lugar, me ha permitido hacer una enorme cantidad de nuevos amigos. Claro que parece ser natural que sean aquellos que están de acuerdo con muchas de las cosas que uno puede pensar que son buenas o deseables, pero también porque, al diferir algunos en los conceptos que expreso, me exigen pensar más y más acerca de cosas que uno podría considerar, al menos en su mente, que estaban muy bien definidas. Esto es, exige una constante meditación de uno acerca de las cosas que afirma. Reconozco, eso sí, que a veces, al estar frente a un teclado, se dicen (escriben) cosas sin un análisis profundo y detallado, pero al menos sirve para que uno exprese una opinión, que siempre deberá estar sujeta al cuestionamiento Popperiano. Muchas “verdades” son sólo transitorias y su fortaleza reside en que no se pueda probar lo contrario de lo que plantea como “cierto”. Por supuesto, siempre deberemos buscar pruebas en contrario para formular con ello mejores explicaciones o creencias.

En segundo lugar, al entrar a Facebook me he sentido favorecido con el restablecimiento de contactos con amigos de quienes no había vuelto a saber de ellos, que no había vuelto a ver, que no había vuelto a contactar. Con Facebook sé de ellos, incluso más que lo que pude conocer en el pasado. Eso es muy enriquecedor, puesto que volver a encontrarse con viejos amigos es una gracia que a menudo no es posible lograr en la vida usual previo al ingreso a Facebook.

En tercer lugar, en ocasiones lo que uno considera como una opinión “ligera o superficial”, en realidad puede tener mayor profundidad de lo que en un inicio mi mente limitada puede haber percibido.  Por ello, normalmente trato de leer el mayor número de opiniones posibles y, si algo que considero relevante debo ponerlo en Facebook (posiblemente equivocadamente de mi parte), lo hago, siempre con el deseo de que el intercambio de ideas nos haga mejores y más preparadas personas. Claro que en Facebook le sale más de un intemperante, que lo que quiere es jugar con uno o convertirlo en un peón de sus posiblemente malas intenciones, pero la solución parece ser muy sencilla: si no le está aportando nada a uno, pues ignórelo y se acabó. He tenido un par de casos así y vieran que, al momento, esa medicina me ha funcionado muy bien. (Claro que siempre está la posibilidad de fumigarlo de la lista de amigos de uno, pero eso lo dejo para casos extremos, si es que se presentan. Tengan en mente que uno puede aprender mucho de quienes difieren de las opiniones propias que uno puede, en cierto momento, sostener.)

En cuarto lugar, me gusta Facebook porque permite divulgar en mayor grado las opiniones de las personas. Esto es, ofrece una enorme posibilidad para asegurar la vigencia de la libertad de expresión, así como su derivada libertad de prensa o comunicación. Siempre los ambiciosos del poder tratarán de coartar la libertad de expresarse de aquellos quienes opinan diferente. Hoy lo vemos, por ejemplo, en Venezuela o Turquía. Pero también el pasado tiene enorme cantidad de ejemplos de esta pasión por el poder, que aqueja a muchos humanos. De aquí que admiro enormemente la lucha, tanto de quienes desde fuera como desde los adentros de Cuba, para que los ciudadanos de ese país tengan libertad para intercambiar, para expresar, sus ideas sobre lo que les dé la gana, acerca de lo que les plazca, de todo aquello que quieran (por supuesto que respetando los derechos de las demás personas).

Pero, además de aquellas desventajas o inconveniencias que antes de ingresar a Facebook me habían frenado a hacerlo –intercambio superficial de ideas, ligereza en cuanto a opiniones, uso de lenguaje impropio, frustración en comunicar opiniones y estar sujeto a molestias de personas que no buscan un intercambio racional de ideas, sino sólo “joder”, como decimos los ticos- al menos hay una cosa de Facebook que me ha molestado. Me refiero a las invitaciones que uno puede hacer de nuevos amigos. Uno espera que personas que va conociendo (incluso debido a la existencia de Facebook) pueda invitarlas a participar. Uno lo hace, pero resulta que, tal vez, muchas de esas personas leen o participan muy poco de Facebook y posiblemente lo abran muy poco. O sea, no leen la invitación que uno hizo y dicha invitación queda allí dando vueltas. También puede ser que personas que uno puede considerar como valiosas para que engrosen la lista de amigos, no tienen deseos de serlo, por lo cual dejan de lado la invitación que uno les formuló. 

El problema con Facebook es que, después de que uno ha hecho un cierto número de invitaciones sin haber recibido su confirmación de aceptación –creo que unas diez en cierto momento dado- el administrador de Facebook congela el número de invitaciones que uno puede hacer y de ello Facebook no le informa de la situación sino cuando ya ha aplicado la regla draconiana, por la cual le prohíbe, creo que hasta por dos semanas, invitar a un nuevo amigo potencial. Lo increíble es que, con toda la capacidad moderna de informar que tiene Facebook, no le puedan avisar a tiempo para que uno elimine las invitaciones que ahora hacen fila. ¡Que Facebook no le pueda advertir de la situación, con la capacidad que tiene para informar del problema, me parece que es una tremenda insania, puesto que esa conducta impide el mismo crecimiento de Facebook!

Tal vez la solución a este problema está en mis manos: después de cinco días sin que la persona que he invitado me la haya aceptado, le retiro la invitación y podré proceder a invitar otros amigos potenciales que ya tengo en una lista mía. Pero ojalá que la administración de Facebook se modernice, según lo que indiqué anteriormente, pues el que un mayor número de personas participe en redes, va en beneficio del mismo negocio de Facebook y, a la vez, de todos nosotros, los aficionados que ya formamos parte de Facebook.

Jorge Corrales Quesada

miércoles, 26 de marzo de 2014

Desde la tribuna: espionaje de teléfonos

La Sala Constitucional ha restaurado el derecho a la privacidad y ha condenado el rastreo telefónico impulsado por el mismo Ministerio Público y el OIJ contra un periodista de Grupo Extra. En el fondo, es un triunfo no solo del respeto a la privacidad sino de la libertad de expresión.

Curiosamente, la invasión a la privacidad, el irrespeto al derecho a la confidencialidad, se ha originado en órganos públicos obligados a proteger al ciudadano. Tal irrespeto tiene relación con una información que trascendió hace unas pocas semanas, según la cual el dirigente de un sindicato hacía alarde de una persecución tributaria contra un dirigente político.  Finalmente, la maniobra tributaria estaba mal sustentada, pero los empleados de la Tributación y el sindicalista evidenciaron una gran falta a la privacidad y al Derecho.

¡Qué relevante resulta que los propios órganos llamados a tutelar el Derecho y el respeto a la ley son los que con total descaro violenten el ámbito de la intimidad!

Es indispensable reflexionar al respecto y entender cuán ilusos somos al poner tantas responsabilidades en manos públicas.  Ello es una mala asignación de la fe, un acto de estatolatría y una mala idea.  El funcionario público, per se, no es garantía de nada (¡claro que debería serlo!) y resulta inconducente estar asignando sagradas tareas en manos de un Estado que tiene en su seno y en su planilla gente con los mismos defectos de todos, pero amparados al poder.

No es factible ni conveniente cargar al Estado de tareas, funciones, posibilidades, competencias, facultades excepcionales ni creer en que lo que está en manos públicas está mejor que en las privadas.

Lo mejor es que cada cual maneje sus cosas, tenga segura su libertad y privacidad y no nos atengamos al Estado, al funcionario y a su infabilidad.  La experiencia muestra que las cosas están mejor en las manos de su dueño, que la libertad está mejor en manos de los particulares, que la creatividad crece cuando hay libertad y que es falso que hay mayor seguridad con el crecimiento del Estado.

A las pruebas me remito.

Federico Malavassi Calvo 

martes, 11 de diciembre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: la ONU y el control de la internet

Costa Rica debe tener una posición clara y firme acerca de lo que está en proceso de discusión en Dubái, en torno a regulaciones que la Organización de Naciones Unidas tendría sobre la Internet. Dicha reunión se realiza, sospechosamente, en forma secreta y no está abierta al público interesado.

La pregunta que uno se formula es ¿por qué la ONU busca regular una institución como la Internet, la cual funciona eficientemente en un marco de libertad? Ya sabemos que la ONU es un cuerpo político que en muy diversas ocasiones ha tomado decisiones, que no precisamente favorecen el ejercicio de la libertad. Mi impresión es que la ONU desea posesionarse de lo que hoy funciona eficientemente en manos privadas. Posiblemente sea con el fin adicional de crear un impuesto mundial (como si no tuviéramos suficientes con los nacionales y locales), a fin de lograr recursos para sus objetivos propios.

La apertura es la base de la Internet. No se vale aducir que es para luchar en contra de los cibercrímenes, como ejemplos la pedofilia y el narcotráfico, que se hace necesario el control de la Internet por parte de la ONU. De hecho ya las naciones están organizadas al respecto. Lo que más bien va a suceder es abrir la oportunidad a naciones totalitarias o muy cerca de serlo, para que se facilite el control de sus ciudadanos “inconformes” y desafectos, quienes podrían organizarse por dicho medio, para luchar contra gobiernos que no quieren. Ejemplo han sido los recientes sucesos en Oriente Medio, en donde los pueblos han usado la Internet para comunicarse y organizarse en contra de tiranías, aunque a veces más bien haya servido para caer en otras.

En todo caso también hemos visto como en poderosas naciones como China y Rusia y en otras menos importantes, como Cuba, a los blogueros se les ha controlado, imponiendo sus gobiernos limitaciones acerca del uso de la Internet. Esta restricción a la libertad se facilitaría mediante controles generalizados impuestos a través de las Naciones Unidas. Pero también la medida promovería una desintegración de una red que, por definición, es universal. De esta forma, cada país podría instaurar sus propias reglas restrictivas, alterando el libre flujo de comercio e información que hoy se disfruta con la Internet. Esa balcanización estimularía el proteccionismo deseado por algunas naciones. El mismo impuesto pretendido por la ONU, supuestamente con el propósito de que esos recursos se destinen a naciones menos desarrolladas en el uso de la Internet, tendría un costo enorme al limitar la libertad mundial de comercio y el derecho de las personas de estar libremente informada.  

La lucha por la libertad nos exige el mantenimiento de una Internet libre y abierta, tal como lo es en la actualidad. No debemos permitir que haya una apertura a la censura, que siempre pretenden lograr los dictadores, como medio para refrenar los derechos de los ciudadanos. Los mercados libres, al igual que los sistemas democráticos y las sociedades que consideran deseable vivir en libertad, requieren la existencia de un flujo de información libre. Precisamente lo que pretende la ONU es que esa libertad quede sujeta a la voluntad de sus burócratas y de sus políticos, a quienes nunca los hemos elegido.

Jorge Corrales Quesada

martes, 2 de octubre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: acallando a Leonardo Garnier

Muchos habrán observado los diversos intentos por censurar la herejía de Leonardo Garnier, quien se atrevió a publicar algo titulado ”El Padre Nuestro”, en donde expresa sus opiniones acerca de la validez o lógica de tan reconocida oración cristiana.
 
Los intentos poco disfrazados de lincharle que he observado en distintos medios, van más allá de peticiones para que renuncie como Ministro de Educación, algo tal vez más que merecido por su afán de recomendar a amigotes para que accedieran a ciertos recursos públicos, lo cual se supone ningún funcionario público debería de hacer. Pero también exceden aquellas pretensiones de exigirle que se disculpe públicamente, principalmente ante la grey cristiana, conminación que más me huele a deseos de extremistas musulmanes de aplicar la pena de muerte, con base en la llamada Ley Sharia, a quien se atreva a blasfemar contra el profeta.

Me ha sorprendido que esas pretensiones de expiación y censura y no de una crítica sana en su contra, se hayan dado en un país que supuestamente endosa y garantiza la libertad de expresión.  Se puede considerar como indeseable, innecesario, agraviante y, para algún espíritu muy religioso, hasta odioso, lo que el señor Garnier escribió. Pero precisamente lo que la libertad de expresión garantiza es que el estado no pueda censurar, silenciar, tapar la boca, limitar la expresión, de los ciudadanos, excepto que directamente cause daño u ofenda (me imagino que definido por un juez) el honor de alguna otra persona. Incluso la libertad de expresión puede limitarse en casos en que notoriamente, mediante su ejercicio, se puede poner en peligro a terceros, como es el caso harto conocido en el Derecho, de gritar “fuego” en instalaciones cerradas, como es el de un cine lleno de gente.  

Pero de ello a exigirle a Leonardo que cierre su pico por ser ofensivo o pedir que lo quiten de su trabajo actual debido a lo que expresó, hay un mundo de distancia, en donde lo único que se muestra con notoriedad es una enorme intolerancia ante una opinión ajena acerca de la cual se puede diferir. ¡Que los sabios y los doctores de la ley, escribas y fariseos, los que ni saben de qué están escribiendo, todo el que quiera, que le muestren a Leonardo su error, le indiquen sus equivocaciones, le señalen un tal vez merecido desacuerdo, pero no pidan que se le impida pensar y decir lo que él piensa!  Esa es la libertad de expresión en la práctica: que cualquiera pueda escribir lo que quiera, sin ofender el buen nombre de otro. Refutar con lo que no se está de acuerdo o se disiente. Aunque me disguste lo que expresa un ser humano, me desagrade, esté en desacuerdo o discrepe en su totalidad, o ya sea que la considere como perversa o errónea, la persona debe estar en libertad de expresar lo que opina sobre cualquier cosa. Tolerar no significa aceptar lo que ese otro expresa, sino que se le permita hacerlo sin más consecuencia que lo que la ley determina si se practica un daño evidente contra un tercero. 

Por ello, comparto lo que una vez en 1859 escribió John Stuart Mill:   

“… debería existir completa libertad de profesar y discutir, como materia de convicción ética, cualquier doctrina, aunque sea considerada inmoral…” (John Stuart Mill, Sobre la Libertad, Madrid: Aguilar, 1971, p. 27), quien luego agrega: “La libertad completa de contradecir y desaprobar nuestra opinión es la única condición que nos permite suponer su verdad en relación a fines prácticos; y un ser humano no conseguirá de ningún otro modo la seguridad racional de estar en lo cierto.” (Id, p. 32).

Pero tanto como ha incomodado mi conciencia la pretensión de castigar a Leonardo (se ha escrito que hay una moción para que se presente a juicio ante nuestra sacrosanta, culta y tolerante Asamblea Legislativa), tal vez más lo ha sido la forma en que Leonardo intentó justificar lo que hizo.  Dijo que sólo se trataba de un cuento y que por ello fue que lo incluyó en la sección de “Cuentos” de su sitio personal en Internet. 

Creo que uno no debe justificar sus actos tratando de encubrirlo con propósitos ajenos a los que alguien considera como justificante para perseguirlo. Debería enhiestamente haberse plantado con base en su derecho esencial a la libre expresión y no en si se trata de un ensayo que refleja su ideario o en un cuento que sólo permite decir en terceros lo que tal vez piensa.  Esto último es irrelevante. Lo que en verdad está en juego es el derecho a la libertad y particularmente la de expresión.  

No creo que don Leonardo haya actuado así por cobardía, aunque debe ser muy doloroso luchar contra turbas intemperantes. Tal vez lo haya hecho más por oportunismo que por cualquier otra cosa. Lo que hoy tristemente he observado es una excusa flexible que le permita salir oportunamente del intríngulis, en vez de una columna construida con valores firmes y que está dispuesta a defender sus derechos esenciales. Yo defiendo a don Leonardo, porque así defiendo mi libertad.  Aunque después él se encoja de hombros y diga “no me defiendas, compadre”.

Jorge Corrales Quesada

miércoles, 18 de julio de 2012

Desde la tribuna: ¿ley mordaza?

Para una república, para una democracia, es elemental (vital) el tema de la libertad de expresión. No hay que olvidar que el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos consagra este importante derecho (buscar, recibir y difundir información).
 
La posibilidad de que una ley relativa a los delitos informáticos (9048), cuyo formato es una reforma al Código Penal, esté atentando contra la libertad de expresión (pariente cercanísima de las libertades de pensamiento, prensa y enseñanza) es pareja con el hecho de que nuestro Estado no ha superado los entuertos contra la libertad de expresión señalados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Mauricio Herrera.
 
Por eso es risible el argumento de los diputados, en el sentido de que cualquier error es un gazapo de los asesores. Igual, el desempeño de la Presidencia de la República, que no veta el proyecto de ley sino que le da el “Ejecútese” y la promulga, pero que se deshace en cumplidos hacia la prensa y organiza una comisión de reformas (un placebo).
 
Preocupa que la técnica legislativa sea tan pobre y complicada (la ley 9048 es un exceso de verbos que no logran determinar un tipo penal preciso y es obvio que hay una serie de disposiciones que amenazan la libertad de información). Preocupa que la Presidencia de la República sea evasiva y finja complacencias.  Preocupa que una parte de la prensa sea tan contradictoria, pues un día apura a los legisladores y exige leyes al por mayor y al día siguiente se rasga las vestiduras por el contenido de las leyes (la misma historia que con la Ley de Tránsito).
 
 Asusta el entorno, pues hace pocos días el CONAVI recordaba a sus funcionarios que tenían el deber de confidencialidad y hay una acusación contra funcionarios por sospechas de haber filtrado la información que descabezó el  nudo de negocios de la familia Herrero-Procesos.  
 
El Estado debería ser como una casa de cristal, transparente y con todo a la vista. Esta ley y el entorno nos dejan ver que el panorama se complica. Sin libertad de expresión el pueblo no puede informarse adecuadamente para tomar decisiones. Cae así una garantía básica y un supuesto de la forma republicana que caracteriza a nuestro Estado. 
 
Hay que reconocer que la tendencia en el poder costarricense (Asamblea y Ejecutivo) no es pro libertad de expresión. Una vez que entendamos esto entonces será claro que hay que promoverla la libertad de expresión y sus garantías.

Federico Malavassi Calvo

lunes, 10 de enero de 2011

Tema polémico: redes sociales


La revista TIME nombró a Mark Zuckerberg -el creador de Facebook- como la persona del año 2010, reconociendo el efecto de su proyecto, el cual logró conectar a medio billón de personas en la red social más grande en la historia.

Sin lugar a dudas, las redes sociales como Facebook, Twitter, Youtube, Blogger han transformado la forma en que la sociedad se comunica e interactúa. Ellas son, simplemente, una nueva herramienta de comunicación y pueden favorecer o no la lucha por la libertad, dependiendo de las ideas que se comuniquen. Por esto, sería absurdo decir que las redes sociales son más afines a alguna ideología; sin embargo, creemos que estas nuevas formas de comunicación si han favorecido un poco a la libertad, por lo menos desde el punto de vista de libertad de expresión, pues han permitido que el individuo pueda expresar sus ideas a un grupo grande de personas con mayor facilidad que antes y un riesgo mucho menor de que existan posibles reprimendas por parte del gobierno o cualquier otro grupo de poder.

La comunicación de ideas ha generado una indudable descentralización, pues ha pasado de estar controlada por una minoría en medios de comunicación como televisión, radio y prensa escrita a estar al alcance de cualquier persona que tenga acceso al internet. Por ejemplo, difícilmente ASOJOD hubiera tenido cabida en alguno de los canales costarricenses de televisión o en algún periódico. Es gracias al Blogger, Facebook y Twitter que tanto ASOJOD como millones de grupos o individuos pueden exponer sus ideas a otros tantos millones de personas y, mejor aún, sin grandes costos o una junta directiva que censure. También, otra ventaja del internet es que no tiene fronteras físicas, así que puede ser visto por cualquier persona alrededor del mundo que tenga acceso a la red. De ahí el mérito de estas redes: han potenciado la comunicación, han expandido los alcances de las ideas y han democratizado la posibilidad de convertirse en formadores de opinión.

Las personas que critican las redes sociales aducen que las mismas invaden la privacidad de la gente. Esto es relativo pues las redes sociales les permiten a los usuarios exponer su vida personal en el nivel que ellos quieran y a las personas que ellos deseen. Con el adecuado uso de niveles de privacidad no debería existir una invasión indeseada de la vida de alguien y, en última instancia, si alguna persona tiene desconfianza de estos medios de comunicación pues está en toda la libertad de no utilizarlos.

Creemos que la interacción de las personas por medios virtuales apenas está empezando a desarrollarse y definitivamente ha llegado para quedarse. Países como China, Cuba e Irán, que repudian la idea de que las personas se expresen libremente encuentran cada vez más difícil censurar estos comportamientos y es una batalla que difícilmente podrán ganar pues las maquinarias gubernamentales de Estados represivos casi siempre son demasiado lentas y les cuesta mucho alcanzarles el paso a estas innovaciones que ponen a interactuar a las personas libremente.

Celebramos que existan herramientas como estas, pues no sólo representan un buen ejemplo del orden espontáneo que en ASOJOD defendemos, toda vez que no hay una autoridad central planificando las comunicaciones, ideas, efectos y demás cosas relativas a su impacto, sino que también funcionan como puertas de entrada para la libertad. Cada día queda más claro que su impacto en la generación de debate, en la comunicación de ideas y, particularmente, en la dotación de información es fundamental para que los individuos tengan acceso a noticias y datos que probablemente no conseguirían de otra forma. Y al expandir el conocimiento, se reduce el poder de grupos organizados y se disemina hacia individuos, dándoles más herramientas para tomar sus propias decisiones.

lunes, 15 de junio de 2009

Venezuela está sola

Aeropuerto de Caracas, Venezuela, 11 de Junio de 2009. Delante de mí camina una mujer blanca, de unos cincuenta años y de apariencia potentada. Se dirige a la clase business de Lufthansa. Al verla, un policía le exige el pasaporte. La mujer, que no había hecho o dicho nada, le dice que se espere un momento porque sus manos están ocupadas con maletas. El policía, contrariado ante la falta de sumisión de la señora, la detiene y le impide volar. Un ejemplo más de la arbitrariedad con la que las autoridades bolivarianas de Venezuela abusan del poder que les da el ex teniente coronel Hugo Chávez.

Después de un intento fallido de golpe de estado en Febrero de 1992, Chávez ganó unas elecciones democráticas en diciembre de 1998. Desde entonces, ha intentado imponer lo que llama “revolución bolivariana”, una revolución que, creo, se ha basado en cuatro ejes fundamentales. El primer eje es político: desde en 1999 Chávez ha ido sometiendo a los partidos políticos de la oposición a una campaña de hostigamiento, persecución y asfixia económica y mediática. El proceso culminó en las elecciones municipales de noviembre de 2008, cuando los opositores Antonio Ledezma y Manuel Rosales ganaron las alcaldías de Caracas y Maracaibo respectivamente. Lejos de aceptar los resultados democráticos, Chávez reescribió las leyes y creó un ente por encima de la alcaldía de Caracas desposeyendo al alcalde de todo poder efectivo hasta el punto que Antonio Ledezma no puede ejercer su cargo. El alcalde electo de Maracaibo, segunda ciudad más poblada de Venezuela, corrió peor suerte si cabe: ante las acusaciones de corrupción y la falta de garantías que le ofrecía un sistema judicial entregado al régimen, Manuel Rosales optó por exiliarse en Perú.

El segundo eje, el mediático-informativo, consiste en ir estrechando el nudo a la libertad de expresión. Ante las constantes amenazas de los “círculos bolivarianos de la verdad” la mayoría de los medios de comunicación han ido claudicando uno tras otro. En 2007 sólo quedaban Radio Caracas Televisión y Globovisión. El 27 de mayo de 2007 se produjo uno de los mayores atentados a la libertad de expresión que ha vivido América Latina en los últimos 30 años cuando Radio Caracas fue cerrada por expreso mandato presidencial y ante la pasividad de los tribunales de justicia y la opinión pública internacional. Y la semana pasada tuve la oportunidad de comprobar que Globovisión está a punto de seguir el mismo camino: la única cadena televisiva independiente que todavía se atreve a exponer a la luz pública los abusos y los fracasos del socialismo del siglo XXI se enfrenta a una desproporcionada multa de 2,5 millones de dólares cuyo impago la va a obligar a cerrar. El presidente del canal y magnate de la automoción, Guillermo Zuloaga, ha sido acusado de irregularidades en el almacenamiento de vehículos y “violación de las leyes medioambientales” por (por favor no se rían) poseer algún animal disecado en su mansión particular.

El tercer eje, el económico, es eso que Chávez llama el “socialismo del siglo XXI” y al parecer consiste en ahogar la economía a través de la persecución de empresarial: los propietarios de negocios son sistemáticamente amenazados y vilipendiados por unas autoridades que no dudan en expropiar las fábricas de quien no se somete. Venezuela ha caído hasta las últimas posiciones del mundo en los rankings internacionales de competitividad, calidad institucional, infraestructuras, libertades, eficiencia empresarial, sanidad y educación. Docenas de entidades reguladoras impiden que las empresas operen y compitan en un entorno internacional. La arbitrariedad y el abuso de poder que demostró el policía del aeropuerto no hacen más que fomentar la corrupción rampante de un sector público ineficiente y voraz. Los industriales se levantan cada día con la espada de Democles de la nacionalización, sabiendo que el sistema judicial no les va a proteger de los abusos del tirano. En 1999 había 14000 empresas en Venezuela. Hoy solo quedan 8000. Los alimentos escasean. Los índices de pobreza se disparan. Los jóvenes más preparados han huido o están huyendo del país en busca de la libertad, la ilusión y las oportunidades que la revolución bolivariana les niega. El socialismo del siglo XXI está conllevando el mismo fiasco económico, la misma miseria, la misma falta de libertad, la misma corrupción rampante y la misma pobreza que el socialismo del siglo XX. Porque el socialismo que ya fracasó en Europa del Este, en China, en la Unión Soviética, en Corea del Norte o Cuba es una ideología que no funciona y que no va a funcionar por más que Chávez utilice la factura del petróleo para camuflar sus catastróficas consecuencias.

Y claro, ante ese evidente fracaso, el descontento de la ciudadanía es cada vez mayor. Pero, con el sistema político secuestrado, la libertad informativa exterminada y el poder económico sometido, esa insatisfacción popular no sale a la luz pública. Sólo queda la presión internacional y eso es lo que mantiene vivo a Chávez porque los Estados Unidos están demasiado preocupados buscando terroristas en oriente medio y los europeos seguimos enamorados de cualquier payaso que tenga un discurso antiamericano. Y ese es el cuarto eje de la revolución bolivariana: una política exterior con marcado discurso antiamericano. Es la manera de comprar la opinión pública de la IPPE (Internacional Papanatas Progresista Europea, Barbeta dixit). Venezuela está mal. Y lo que es peor: Venezuela está sola.

Xavier Sala-i-Martin

domingo, 22 de marzo de 2009

La Nueva Inquisición

En el 2005, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución no vinculante titulada “La lucha contra la difamación de las religiones” , que a partir de entonces ha sido revalidada anualmente. En la votación más reciente, de diciembre del 2008, Costa Rica –que había apoyado la iniciativa en años anteriores– se abstuvo, en parte quizás a causa de la oposición encabezada por Gobiernos como los de Francia y Estados Unidos.

Aunque está disfrazada en el lenguaje de los derechos humanos y de la lucha contra la discriminación, la resolución hace algo curioso: extiende la protección de ese ordenamiento ya no a las personas (que –como debería ser obvio– somos los únicos y auténticos destinatarios del sistema internacional de tutela de los derechos humanos ), sino a las ideas y opiniones religiosas, escudándolas de expresiones que puedan ser consideradas “ofensivas”.

El documento contiene cosas inauditas. Por ejemplo, su punto quinto “ [expresa la] profunda preocupación [de la ONU] por el hecho de que, con frecuencia y sin razón, se asocie al Islam con violaciones de los derechos humanos y el terrorismo” . En el punto 8, la ONU “deplora el uso de la prensa y los medios de comunicación audiovisuales y electrónicos, incluida Internet, así como de cualquier otro medio para incitar a [la] intolerancia y discriminación contra el Islam o cualquier otra religión…” .

Es decir, cuando un medio de prensa informa, por ejemplo, que en aplicación de la ley musulmana de la Sharia , una mujer siria de 75 años ha sido condenada a recibir 40 azotes, cuatro meses de prisión y a ser deportada de Arabia Saudita, tan solo por confraternizar con unos amigos varones ( CNN , 9/3/09), ese medio se expone a ser acusado de estar ofendiendo al islam y de incitar a la intolerancia en su contra, al asociar “sin razón” a esa religión con violaciones a los derechos humanos.

El punto 10 establece que el ejercicio de la libertad de expresión “lleva consigo deberes y responsabilidades especiales y puede verse por tanto sujeto a las limitaciones que contempla la ley y que son necesarias para (…) el respeto de las religiones y las convicciones” . En Costa Rica –como dispone el artículo 28 de la Constitución Política– el ejercicio de un derecho fundamental puede verse legalmente restringido en atención a la necesidad de proteger el orden público, la moral y los derechos de terceros. Pero, conforme al llamado de la ONU, esos derechos –y, en especial, la libertad de expresión– deben ser limitados además en pro del “respeto de las religiones y las convicciones” y para fomentar “la comprensión de sus sistemas de valores” (punto 11).

No se podría opinar, entonces, que la idea de que un hombre que se llena de explosivos y se detona dentro de un autobús lleno de personas inocentes se convierte en un mártir, al que 72 vírgenes aguardan en el Paraíso para satisfacer todos sus deseos, es no solo una locura sino también un concepto profundamente degradante. No, eso sería considerado ofensivo y, por ende, susceptible de censura, si nuestras leyes fuesen reformadas del modo a que nos insta la ONU.

Lo que digo no solo vale para el islam. Aunque el Vaticano llamó a votar en contra del acuerdo de la Asamblea General, aduciendo que podría ser utilizado en algunos países contra las “minorías religiosas” (léase: los católicos que viven en países musulmanes), el texto aprobado serviría para acusarme de intolerante si sostengo que la actitud de la Iglesia Católica hacia la planificación familiar, la anticoncepción o los homosexuales me parece absolutamente irracional. O que la afirmación de Benedicto XVI en Brasil, en cuanto que no cabe sostener que los indígenas americanos fueron forzosamente convertidos durante la colonia, ya que estos “anhelaban secretamente en su corazón” conocer a Cristo ( 20 Minutos , 14/5/07), fue –por ponerlo amablemente– desafortunada.

La ONU, pues, parece haber olvidado que los derechos los tenemos las personas, no las ideas o las creencias. En palabras de una vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores canadiense, “el enfoque no debería ser el de proteger las religiones, sino los derechos de sus adherentes, incluyendo los de las personas que pertenecen a minorías religiosas, o quienes elijan cambiar de religión o no practicar una religión del todo”. ( Canada.com , 24/11/08). O, mejor aún, como lo advirtieron conjuntamente, aunque sin éxito, los Relatores Especiales para la Libertad de Expresión de la propia ONU y de la OEA apenas unos días antes de la votación:

“El concepto de ‘difamación de religiones’ es incompatible con los estándares internacionales relativos a la difamación, los cuales se refieren a la protección de la reputación de las personas individuales y no de las religiones que, como cualquier otra creencia, no tienen un derecho a la reputación.

Las restricciones de la libertad de expresión deben limitarse a la protección de intereses sociales y derechos individuales imperativos, y no deben usarse nunca para proteger instituciones particulares ni nociones, conceptos o creencias abstractas, incluidas las de índole religiosa.

Las restricciones de la libertad de expresión para prevenir la intolerancia deben limitarse a la apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia.

Las organizaciones internacionales, incluyendo la Asamblea General de la ONU y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, deberían desistir de la adopción de pronunciamientos adicionales que apoyen la noción de ‘difamación de religiones’”.

El hecho de que las personas que profesan una determinada religión merezcan no ser discriminadas en razón de sus creencias –y a que esa conducta sea sancionada, como sucede en nuestro país según el artículo 373 del Código Penal–, no implica que no haya derecho a criticar esas creencias, especialmente cuando estas puedan tener efectos perniciosos sobre el resto de nosotros, como en el citado caso de las políticas de natalidad.

Textos como el que aquí se critica pueden ser (y han sido) empleados para acallar tanto a gente que solo quiere expresar sus dudas personales sobre el credo en que fueron criadas, como a académicos y periodistas que cumplen con su función de crítica y denuncia.

Porque las malas ideas son malas ideas, por religiosas que sean. Y exponer y criticar las malas ideas es, precisamente, para lo que existe la libertad de expresión.

Christian Hess

http://www.nacion.com/ln_ee/2009/marzo/22/opinion1913103.html

lunes, 11 de junio de 2007

NO al silencio


Al fin ha llegado, Chávez ha cumplido y ha logrado sacarse una piedra del zapato cerrando la televisora RCTV. Oppenheimer menciona en su libro Cuentos Chinos, que ya desde el mismo año de llegada al poder de Chávez, inicia el camino del desmantelamiento del sistema republicano y su institucionalidad; entre los hechos mencionados destacan :

En 1998 la modificación de la Constitución y el establecimiento de un sistema que le facilitaría ganar futuras elecciones.En el 2001 la aprobación de leyes de tierras, hidrocarburos y bancos que promulgaban su estatización.En el 2002 la destrucción de la Federación de Cámaras Venezolana.En el 2004 la ampliación de la Corte Suprema de 20 a 32 miembros llenándola de sus partidarios, quienes tendrían la tarea de resolver las disputas que nacieran en torno a la libertad de prensa y reglas electorales. Con esta victoria de Chávez se pone una piedra más al gran muro del Socialismo del Siglo XXI.

Lo curioso es ver como los grupos en nuestro país que se dicen ser defensores de la libertad de expresión, que acusan a este gobierno de reprimir a la sociedad civil, se hacen de la vista gorda ante este tipo de situaciones. Lo curioso es que no solo se quedan callados sino que obtienen ayuda del ¨presidente¨ Chávez. De cara al referéndum es necesario que los grupos del NO sean honestos y le digan a todos los costarricenses si lo que verdaderamente quieren es que nuestro país transite por el tortuoso camino de la revolución cubana o venezolana