
Justo cuando creíamos que las cosas no podrían ir peor, luego de las declaraciones de Laura Chinchilla en contra de la unión civil de personas del mismo sexo, nos encontramos que la Iglesia Católica desea afianzar su relación con el Estado costarricense, para lo cual impulsaría un tratado, tendienet a dotar de "seguridad jurídica" al régimen de privilegios y excenciones del que goza esta institución.
Es increíble que a estas alturas, Costa Rica mantenga una confesionalidad que, en muchos otros lugares del mundo, hace tiempo acabó, para dar paso a un ambiente de respeto a la libertad de culto y creencia y, en particular, consolidar el gobierno temporal sobre el espiritual, para usar la terminología de la Teoría de las dos Espadas. Pero aquí, de forma muy sui generis, nos empeñamos en retroceder, como el cangrejo.
En ASOJOD hemos repudiado, desde nuestros inicios, el contubernio entre la Iglesia (s) y el Estado, pues presupone una imposición sobre la libertad individual y, como en el caso de Costa Rica, otorga gollerías a una agrupación (cualquier parecido a los sindicatos es "mera coincidencia") a costa de los costarricenses. Hoy día, nuestro dinero se usa para financiar a la Iglesia Católica, que mediante las Temporalidades de la Iglesia, cuenta con partidas del Presupuesto de la República bastante altas. Además, la Iglesia sigue determinando la orientación de algunas políticas públicas, específicamente las relacionadas con la educación sexual y la salud sexual-reproductiva, de forma tal que, mediante su influencia espiritual y política, pisotea la libertad de los individuos para decidir la forma en que desean vivir.
Ya en campaña, Laura Chinchilla había demostrado toda la disposición a mantener ese contubernio odioso con la Iglesia, pero ahora en el poder, desea ir más allá, afianzando los privilegios nefastos a una congregación que, mientras siga definiendo el rumbo de las políticas públicas, nada positivo dejará a nuestro país en términos de libertad.
Es increíble que a estas alturas, Costa Rica mantenga una confesionalidad que, en muchos otros lugares del mundo, hace tiempo acabó, para dar paso a un ambiente de respeto a la libertad de culto y creencia y, en particular, consolidar el gobierno temporal sobre el espiritual, para usar la terminología de la Teoría de las dos Espadas. Pero aquí, de forma muy sui generis, nos empeñamos en retroceder, como el cangrejo.
En ASOJOD hemos repudiado, desde nuestros inicios, el contubernio entre la Iglesia (s) y el Estado, pues presupone una imposición sobre la libertad individual y, como en el caso de Costa Rica, otorga gollerías a una agrupación (cualquier parecido a los sindicatos es "mera coincidencia") a costa de los costarricenses. Hoy día, nuestro dinero se usa para financiar a la Iglesia Católica, que mediante las Temporalidades de la Iglesia, cuenta con partidas del Presupuesto de la República bastante altas. Además, la Iglesia sigue determinando la orientación de algunas políticas públicas, específicamente las relacionadas con la educación sexual y la salud sexual-reproductiva, de forma tal que, mediante su influencia espiritual y política, pisotea la libertad de los individuos para decidir la forma en que desean vivir.
Ya en campaña, Laura Chinchilla había demostrado toda la disposición a mantener ese contubernio odioso con la Iglesia, pero ahora en el poder, desea ir más allá, afianzando los privilegios nefastos a una congregación que, mientras siga definiendo el rumbo de las políticas públicas, nada positivo dejará a nuestro país en términos de libertad.
















