miércoles, 17 de marzo de 2010

EL ERROR FILOSÓFICO DE SEPARAR ENTRE UN MUNDO REAL Y UN MUNDO MEDIÁTICO (la filosofía es lo invisible en las palabras visibles)


Diego es estudiante avanzado de Economía. Está por dar su última materia y recibe una invitación de unos amigos para ir jugar al fútbol. Le dice por teléfono a uno de ellos “decile a Juan que no, el miércoles rindo la última”. Juan es el organizador del partido. Alberto (el que habló por teléfono con Diego) le dice a Juan: “che, Diego no puede, rinde la última el miércoles, está como loco”. Juan responde “bueno”.
Pero todo podría haber sido diferente. Diego podría haber dicho a Alberto: “decile a Juan que no me moleste, por favor, a ver si se aviva de que no tengo tiempo”. Alberto le dice a Juan: “che Diego está insoportable y nos mandó a la miércoles”. Juan responde: “qué imbécil…”.

Dos situaciones diferentes. Dos significaciones diferentes. Dos juegos de lenguaje diferentes. Dos interpretaciones diferentes.

Y la cuestión no es que Diego emita un mensaje y Juan lo reciba. Alberto recibe el mensaje de Diego y se lo transmite a Juan. Alberto no es un cero a la izquierda. Es parte del proceso. Gadamer lo llama “eslabón participativo de sentido”. Alberto, el comunicador entre Diego y Juan, no es un mero transmisor. Es parte de la realidad, realidad social, inter-subjetiva, de la cual son co-creadores y participantes Diego, Alberto y Juan, más todo el mundo cultural que habitan.

El ejemplo, que es un resumen de semiótica, de filosofía del lenguaje, de hermenéutica, de Husserl, Schutz, Gadamer y Wittgenstein, muestra que no hay un mundo mediático y un mundo real. El mundo real humano ES mediático; los medios forman parte de la realidad social que habitamos. No siempre hubo medios masivos de comunicación social, pero siempre hubo comunicación social, comunicación de lo socialmente relevante.

Esto no es una crítica a la posición política de la Sra. Presidente. Es una crítica a su desconocimiento de filosofía de la comunicación y de todos esos autores. Tiene obligación institucional de saberlo, porque su ignorancia agrava la situación política: creer que los medios son meros informadores entre la realidad por un lado y la población por el otro implica que entonces los gobiernos pueden criticarlos por “no ser objetivos”, y la oposición y los medios caen en el mismo error cuando contestan que sí, que son objetivos. Si por objetividad se entiende honestidad, ok, pero si por objetividad se entiende NO ser parte del proceso social y su sentido, imposible. Pero ello no es una mala noticia: todos debemos saber y asumir que somos parte del proceso social con cada una de nuestras palabras elegidas, dichas y calladas.

En todo caso, la Sra Presidente tiene todo el derecho a estar en desacuerdo con la interpretación y-o la ética de un determinado medio de comunicación, de igual modo que yo, ciudadano, puedo estarlo. Sin embargo, el rol institucional de un presidente debe ser más cuidadoso. Claro que puede estar en desacuerdo con un medio o con la corte, pero cómo lo diga forma parte de la realidad social. Su rol de presidente debe implicar que su juego de lenguaje no implique un intento de minimizar el papel de la libertad de prensa y de la independencia de los poderes. Igual crítica merece Obama en estos momentos.

Pero, en fin, no creo que de la conciencia hermenéutica emane la libertad. Emana de una actitud interior que es inútil pedirla, humanamente, al matrimonio Kirchner, que no es fruto de un repollo sino de la realidad social que llamamos Argentina.

Gabriel Zanotti

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