Jorge Corrales Quesada
martes, 15 de enero de 2013
La columna de Carlos Federico Smith: las predicciones del fin del mundo
Jorge Corrales Quesada
lunes, 12 de octubre de 2009
Tema polémico: algunos efectos nocivos de las religiones

En primera instancia hay que señalar que la religión es un mecanismo que ha sido tan eficiente en auto-sustentarse que ha transformado cualquier intento de crítica por parte de las personas no religiosas en una lucha perdida. Esto se observa en el documental -y en la vida real- en el momento en que las personas religiosas, al confrontarse contra argumentos que podrían poner en peligro la consistencia lógica de sus creencias (e.g, paradojas semánticas como ¿si dios es omnipotente, podría crear una piedra que no pueda levantar? o ¿cómo la creencia en la trinidad cristiana no hace que el creyente cristiano entre en el politeísmo?), alegan que los temas concernientes a dios trascienden los límites de la razón humana y que nuestras mentes no pueden accesar a ese conocimiento religioso por la vía de la razón sino que por la fe, por lo que no aplica un análisis lógico.
En este momento, cualquier posibilidad de argumentación se acaba, ya que la persona con quien uno discute (en nuestro caso, el creyente) reconoce que sus posiciones no se pueden resolver racionalmente y que no desea hacerlo (lo cual es lo verdaderamente grave del asunto), ya que quieren que sus creencias no puedan se cuestionadas al afirmar que es imposible demostrar que dios no existe o al decir que la razón es incapaz de comprender los misterios más profundos del universo. Ahora bien, hay que reconocer que es difícil responder a las demandas demostrativas que pueda pedir el creyente, sin embargo, también hay que decir que se dificulta mucho cualquier discusión racional sobre el tema de dios si el mismo creyente nunca se toma la molestia de dar alguna definición de dios o, al menos, de decir cuales facultades le otorga, ya que cualquier intento de hacerlo violaría la premisa de que dios está por encima de las facultades racionales del hombre.
Así, una vez que la religión ha terminado de transformar la carencia de una visión racional del mundo en una virtud, no es sorprendente esperar que algunos creyentes de los distintos cultos religiosos se emocionen de más con sus propias creencias y lleguen a absolutizar sus posiciones (nuevamente en contra de los lineamientos socráticos del reconocer nuestra ignorancia) hasta el grado de considerar hereje a cualquier otra persona que todavía no haya aceptado la palabra sagrada que ha sido comunicada por dios.
Ahora bien, se podría argumentar que el fundamentalismo religioso no representa al 100% de las personas creyentes y que este más bien es una minoría. Es claro que dentro de las religiones hay diversidad de criterios y, por ende, es de esperar que existan grados de tolerancia distintos dentro de los creyentes. En ese sentido, es posible que también los grados de tolerancia varíen según el período histórico (por ejemplo, el islam ha tenido épocas de mayor tolerancia que el cristianismo y viceversa). Empero, lo importante por recalcar no es si en estos momentos las religiones atraviesan por un mayor período de tolerancia o no; lo importante es que las religiones (dada la estructura según la cual operan) facilitan la oportunidad a personas inescrupulosas de aprovecharse de la ingenuidad y la ignorancia de la mayoría de los creyentes para satisfacer sus propias ambiciones personales (que pueden ir desde el convertirse en millonario como en el caso de muchos pastores cristianos hasta el control político en regiones tan inestables como en medio oriente).
En conclusión, el documental “Religulous” presenta una temática muy importante: las religiones son estructuras que favorecen más fácilmente la división entre las personas que otros fenómenos sociales, y es responsabilidad de los individuos laicos el mantener bajo presión a los grupos religiosos ya que de lo contrario estas seguirán un fenómeno de intolerancia cada vez mayor.
martes, 15 de septiembre de 2009
Religulous

A continuación les presentamos los avances de la misma:
martes, 8 de septiembre de 2009
Nunca falta un idiota

Si dios existiera, una cosa es cierta: que no no ha cumplido con las peticiones de iluminación que debe hacerle Ulloa, pues estupideces como esas no pueden resultar más que hilarantes. En primer lugar, el obispo no ha caido en cuenta que el Estado no se puede volver ateo porque no es una persona: el Estado no siente, no piensa, no cree, no baila, no come, no habla. El Estado no es otra cosa que un conjunto de individuos agrupados de determinada forma jurídico-política.
En segundo lugar, Ulloa olvida que varias de las más grandes aberraciones de la historia se han cometido en nombre de dios. Los europeos que "evangelizaron" América, no sólo exterminaron a los dioses indígenas, sino también a los creyentes; las guerras religiosas en el Viejo Continente fueron ejemplo de las más burdas carnicerías divinas. Hitler invocaba a dios cuando sacrificaba judíos. Y ni qué decir de la Inquisición, creación de la Iglesia Católica que terminó en el exterminio sistemático de todo aquel que, arbitrariamente, fuera tildado de hereje. Definitivamente llevaba razón Anhouill cuando decía que lo maravilloso de las guerras es que cada bando se cree el ungido por dios para matar en su nombre.
Lamentablemente, con la presentación del sensato proyecto para eliminar la confesionalidad del Estado -que ha resultado una bocanada de aire fresco en cuanto a la racionalidad en nuestra vida política se refiere- se ha convertido en un mecanismo para tomarle el pulso a las posiciones que genera. La de los fanáticos, irracionales, idiotas y necios como este prelado, son las que más nos hacen lamentar que todavía, en pleno siglo XXI, nunca falte un idiota.
En definitiva, a veces hay que reir para no llorar.
lunes, 27 de julio de 2009
¿Son la religión y la mitología distintas?

En primera instancia es interesante observar cómo define la REA (Real Academia Española) tanto al mito como la religión:
“Mito: Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heróico. Con frecuencia, interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.”
“Religión: Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.”
Si se observa ambas definiciones, pareciera ser que el mito posee una connotación mucho más fantástica que la religión, ya que el primero es descrito como una narración maravillosa mientras que la segunda es un corpus de creencias que se refieren a la divinidad.
Ahora bien, si se analizan desde un plano histórico, es posible encontrar tantos diferencias como similitudes entre la religión y el mito (en nuestro caso nos basaremos en la mitología griega y el cristianismo, ya que son los casos con los que estamos más familiarizados). Por ejemplo, es posible identificar textos sagrados o fundamentales en ambas creencias. En el caso del cristianismo podría pensarse en la Biblia (escrita por diversos autores) mientras que en la mitología griega en la Teogonía de Hesíodo y en la Odisea y la Ilíada de Homero. Es posible que estos libros mencionados, en todo caso, representen la recopilación hecha por estos autores de tradiciones orales de mucho tiempo en sus respectivos pueblos.
Ahora bien, es cierto que podría decirse que la mitología posee un carácter menos histórico que la Biblia, aunque también no habría que olvidar la antigua ciudad de Troya fue descubierta gracias a investigaciones inspiradas en la Ilíada y que, además, la Biblia tiene un claro comienzo mitológico con el relato del Génesis y las subsecuentes intervenciones divinas en una u otra forma. También desde un punto de vista institucional la mitología tenía sacerdotisas (el oráculo de Delfos siempre fue muy famoso en la antigüedad) como en la actualidad existirán los correspondientes líderes espirituales de cada religión.
Recapitulando, lo más posible es que la distinción entre religión y mitología se comenzó a concretar cuando los primeros profetas del cristianismo, al tener que separar su religión de las “paganas”, tuvieran que clasificarlas como un fenómeno distinto al de ellos. Luego, con el intento del cristianismo de incorporar la filosofía griega a su creencia durante la Edad Media (por ejemplo San Agustín con Platón y Santo Tomás con Aristóteles) posiblemente sus escolares creyeron que el cristianismo tenía que ser distinto a la superstición del mito, puesto que este se había racionalizado (al menos eso pretendía). Así, la religión sembró la idea de que la superstición y lo fantasioso era propio de la mitología, pero no de ella misma. Por eso, hoy en día observamos que las personas ven con incredulidad que, en el pasado, otros creyeran en Zeus pero conciben como algo completamente racional (o al menos evidente) que un hombre pueda resucitar en 3 días.
Claro está que, como el intento de racionalizar la religión nunca fue muy exitoso, el concepto de “fe” contribuyó a fundamentar la religión, ya que se transformó en virtud el tener creencias que, en última instancia, no pudieran ser refutadas al transformarse en dogmas. Se podría considerar que la religión ha cambiado algunas de sus posturas a lo largo del tiempo, por ejemplo, la posición de la iglesia católica con respecto a la evolución. Sin embargo, lo importante, para nuestros efectos, es que toda creencia religiosa debe tener un núcleo duro que, en el momento en que lo cambia, dejaría de ser un fenómeno religioso. Por ejemplo, al parecer, la teoría de la evolución podría ser leída bajo la luz de la teología católica, pero si esta renunciara a la creencia de que Jesús resucitó, entonces sería difícil concebir en que sentido el catolicismo seguiría siendo la misma religión de antes.
Así, hemos observado cómo, en realidad, la diferencia entre la mitología y la religión es muy poca, pues ambas tienen una teoría sobre el origen del mundo, ambas tienen entes sobrenaturales que intervienen en la vida del hombre, ambas sugieren una moral para que el ser humano viva, ambas tienen sus libros “sagrados”, sus instituciones religiosas, entre otras y, en realidad, radica más en una distinción con el fin de desprestigiar a lo mitológico y así considerar a lo religioso como un fenómeno superior, cuando en realidad es igual irracional creer que Atenea ayudó a Ulises a regresar a su hogar con Penélope, que creer que Yahveh guío a los judíos fuera de Egipto.
miércoles, 15 de julio de 2009
Lord Bauer sobre la encíclica Populorum Progressio

Peter Bauer, Ecclesiastical Economics: Envy Legitimized. En: "Reality and Rhetoric". 1984. Página 87. Traducción ad hoc de Adrián Brenes.
lunes, 15 de junio de 2009
Tema polémico: la política y la religión

En ese sentido, resulta evidente para cualquier persona que el factor religioso es un elemento influyente en las campañas políticas, en tanto muchos de los partidos han aprovechado, en gran cantidad de oportunidades, la argumentación irracional para llamar al elector,. Ejemplos abundan; para citar unos cuantos, c0mo la campaña política de 1962, donde Calderón Guardia, a la sazón candidato a la presidencia por el PartidoRepublicano, utilizaba el lema de campaña “Calderón Guardia, presidente Católico” y citaba frases de Pio XII. Más adelante, en 1966, el entonces candidato del PLN, Daniel Oduber (que también había sido embajador ante la santa sede), se promocionaba como “el buen amigo del Eco Católico y de la iglesia católica”, a la vez que resaltaba la condecoración de la gran cruz de la orden Piana recibida de manos del santo padre.
Ya para 1974 la iglesia católica había notado que ejercía tal influencia sobre el electorado costarricense y los partidos políticos, por lo que se animó a emitir un comunicado en medio de la campaña titulado “Mensaje” en el cual 17 sacerdotes señalaban los peligros del comunismo en la política nacional". El mismo día apareció en el periódico La Nación una nota en la que los obispos decían que, “el cristiano no puede aceptar esa ideología (marxista) sin contradecir su fe”. Fruto de este mensaje se suscitó una controversia entre líderes de izquierda y miembros del clero en la que se recordaron los planteamientos de Mons. Víctor Manuel Sanabria. Este “mensaje” marcaría la campaña, al punto que el lema del entonces Partido Demócrata era “Ni con la izquierda ni con la derecha, con Dios, con la justicia y el deber de los ticos”. En 1978 la iglesia reiteró este pronunciamiento. Más recientemente, en 1994, el obispo de San José tuvo que reiterar que el entonces candidato del PLN, José Maria Figueres, había sido bautizado bajo la iglesia católica ante los cuestionamientos que surgían en cuanto a su credo religioso,; nclusive se dice que Figueres se habría “convertido” al catolicismo de cara a las elecciones.
En Fin, ejemplos sobran para demostrar como la religión se ha entronizado en la vida política del país, sobre todo en la faceta de las campañas políticas. Las razones que explican este fenómeno son múltiples, sin embargo nada justifica que los partidos apelen al sentido religioso y, mucho menos, que el Estado costarricense mantenga su confesionalidad.
Primeramente, es inadmisible que el Estado, con una población pluralista, mantenga un credo oficial y, peor aún, que lo financie. El dinero de los ateos, judíos, cristianos, musulmanes, taoístas, etc. es usado para que la iglesia católica pueda actuar a costa de otros. Si alguien quiere financiar a su congregación, por el motivo que sea, que lo haga, pero que no obligue a quienes no participan de él, a dar parte de sus recursos.
En segundo lugar, apelar a un sinsentido como la religión y la creencia de dios para ganar elecciones es una vulgaridad. Es pretender que la realidad física no está sometida a la acción humana, sino simplemente al capricho de una entidad metafísica que, por puro antojo, designa ganador al candidato que más "almas" reune. No se apela a propuestas, a ideas y a programas de Gobierno, sino que se apuesta por quien más veces invoque a un dios para justificar sus tonterías. Esto explica, en buena parte, por qué nuestro país anda tan mal.
lunes, 13 de abril de 2009
Tema polémico: la terapia con células madre

Este incremento vendría acompañado por una mayor libertad en la investigación científica en células madres, lo cual acarrearía un mayor progreso en los descubrimientos científicos en esta área que podrían traducirse en beneficios como la mitigación de la leucemia, el cáncer, la diabetes y muchas otras. No obstante, a lo que deseamos referirnos es, sobre todo, a las opiniones en contra suscitadas por esta medida. Por ejemplo, el republicano John Boehner dijo que Obama "ha eliminado protecciones importantes para la vida inocente, dividiendo nuestra nación aún más en un tiempo en el cual necesitamos una mayor unidad para dirigirnos a los retos frente a nosotros”.
Otro ejemplo contra la terapia con células madres fue el Papa Juan Pablo II quien indicó: “La experiencia ya nos está mostrando como una coacción trágica de las conciencias acompañan el asalto sobre la vida inocente humana en el útero, llevando a la acomodación y la aceptación sobre otros males similares, como la eutanasia, el infanticidio, y más recientemente, propuestas para la creación de investigaciones sobre embriones humanos, destinados a su destrucción en el proceso”.
Estos ejemplos muestran que en el fondo del conflicto existe un problema de antropología filosófica, ya que lo que se discute es cuándo comienza la vida humana. Por tal razón, en ASOJOD queremos abordar las versiones según la cual el hombre sería “hombre” por razones espirituales o religiosas y otra que argumenta en contra de la terapia con las células madres ya que para ella la vida humana comenzaría desde la concepción biológica.
Generalmente desde la vertiente religiosa se consideraría que el embrión humano sería una persona desde la concepción, ya que estaría dotado de un alma (al menos en varias tradiciones religiosas en Occidente) lo cual sería su elemento distintivo para ser persona y, por ende, no sería ético experimentar con embriones. Sin embargo, esta visión tiene sus problemas. El primero y más importante es como dar evidencia de que el alma (si es que existe) verdaderamente “penetra” (todavía no quedaría claro si el alma siempre existe o si sería creada a la hora de la concepción) al cuerpo del embrión, otorgándole de esa forma su humanidad. También desde una concepción donde dios, se supone, es bondadoso y amoroso, no queda muy claro porque él decidiría darle un alma a un embrión desde su nacimiento cuando es bien sabido que existen muchos abortos naturales: cabría preguntarse si con eso no se estaría produciendo un desperdicio de almas. Es más probable pensar que la impregnación del alma ocurriría al menos cuando haya un mayor desarrollo del embrión, toda vez que de esa forma sería menos probable la pérdida de esa alma y así dios se evitaría un “infanticidio” de almas terrible. Otros problemas nos lo menciona Sam Harris cuando menciona que, durante el desarrollo de un embrión, es posible que este se separe en dos para dar origen a gemelos por lo que no estaría claro si en este caso el alma del embrión antes de la separación se “corta” en dos o da lugar a dos nuevas almas, Un problema similar ocurriría cuando dos embriones se fusionan para seguir en el desarrollo de un único embrión: ¿se fusionan las almas de los embriones o se crea una nueva? Así, la versión del alma incorpora todos los problemas del dualismo mente-cuerpo, sobre el cual la neurociencia nos va indicando poco a poco que en realidad cada vez es más difícil sostener esta posición (véase por ejemplo a Francis Crick, Mario Bunge, Daniel Dennett y Roger Penrose para distintas teorías sobre como explicar el origen de la conciencia desde causas naturales).
Suponiendo de que no se quiera argumentar desde la posición del alma, podría aducirse en contra de las células madres diciendo que la vida humana representa un continuo y por ende la humanidad de algo sería dado por una condición biológica que estaría presente desde la concepción. Aquí el principal problema sería el de precisar sobre cuál criterio biológico se estarían basando quienes están en contra de la terapia con células madre. Es cierto que desde un punto de vista genético, el embrión si pertenecería a la especie humana y en este sentido sería un humano, pero la similitud genética es condición necesaria pero no suficiente para ser considerado humano. Esto es así porque cualquier célula somática del cuerpo humano tiene un genoma completo y, bajo esta lógica, cada célula somática sería un ser humano. Entonces, es claro que también sería necesario un criterio neurológico para la condición de “humanidad” de algún ser, por cuanto, según la biología moderna, el lugar más plausible donde se desarrollaría la conciencia sería en el cerebro humano (ver referencias anteriores).
Así, buscando en el desarrollo del embrión, al parecer es hasta la tercera semana que comienza a desarrollarse las primeras conexiones neuronales en el embrión y mediante un principio de precaución alguien podría considerar que desde este momento podría aparecer algún grado de “self-awareness” en el embrión, que igual sería sumamente primitivo, debido a la simplicidad de sus conexiones neuronales. Sin embargo, las terapias con células madres utilizan generalmente embriones con no más de una semana de desarrollo, donde no han desarrollado ningún sistema neural por lo que sería casi imposible algún grado de conciencia por parte del embrión. Así las cosas, no habría problema en declararlo un “humano en potencia” si se quiere, pero no un humano al carecer de este criterio neurológico. Por ejemplo, un embrión de 3 días de desarrollo tiene cerca de 150 células mientras que el cerebro de una mosca tiene cerca de 100000 células por lo que en esta etapa es más arriesgado suponer que el embrión es más consciente que una mosca. O, por el contrario, si se deseare llevar el argumento al absurdo, podría decirse que es más humana la mosca por contar con más células.
Esperamos que con este artículo podamos ayudar a dilucidar por qué muchos de los argumentos en contra de la terapia con células madres en realidad son muy difíciles de sostener cuando se analizan a profundidad.
jueves, 9 de abril de 2009
Entrevista con Daniel Dennett

En este link se puede encontrar una entrevista interesante con Daniel Dennett sobre la religión y el ateismo.
domingo, 22 de marzo de 2009
La Nueva Inquisición
En el 2005, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución no vinculante titulada “La lucha contra la difamación de las religiones” , que a partir de entonces ha sido revalidada anualmente. En la votación más reciente, de diciembre del 2008, Costa Rica –que había apoyado la iniciativa en años anteriores– se abstuvo, en parte quizás a causa de la oposición encabezada por Gobiernos como los de Francia y Estados Unidos.Aunque está disfrazada en el lenguaje de los derechos humanos y de la lucha contra la discriminación, la resolución hace algo curioso: extiende la protección de ese ordenamiento ya no a las personas (que –como debería ser obvio– somos los únicos y auténticos destinatarios del sistema internacional de tutela de los derechos humanos ), sino a las ideas y opiniones religiosas, escudándolas de expresiones que puedan ser consideradas “ofensivas”.
El documento contiene cosas inauditas. Por ejemplo, su punto quinto “ [expresa la] profunda preocupación [de la ONU] por el hecho de que, con frecuencia y sin razón, se asocie al Islam con violaciones de los derechos humanos y el terrorismo” . En el punto 8, la ONU “deplora el uso de la prensa y los medios de comunicación audiovisuales y electrónicos, incluida Internet, así como de cualquier otro medio para incitar a [la] intolerancia y discriminación contra el Islam o cualquier otra religión…” .
Es decir, cuando un medio de prensa informa, por ejemplo, que en aplicación de la ley musulmana de la Sharia , una mujer siria de 75 años ha sido condenada a recibir 40 azotes, cuatro meses de prisión y a ser deportada de Arabia Saudita, tan solo por confraternizar con unos amigos varones ( CNN , 9/3/09), ese medio se expone a ser acusado de estar ofendiendo al islam y de incitar a la intolerancia en su contra, al asociar “sin razón” a esa religión con violaciones a los derechos humanos.
El punto 10 establece que el ejercicio de la libertad de expresión “lleva consigo deberes y responsabilidades especiales y puede verse por tanto sujeto a las limitaciones que contempla la ley y que son necesarias para (…) el respeto de las religiones y las convicciones” . En Costa Rica –como dispone el artículo 28 de la Constitución Política– el ejercicio de un derecho fundamental puede verse legalmente restringido en atención a la necesidad de proteger el orden público, la moral y los derechos de terceros. Pero, conforme al llamado de la ONU, esos derechos –y, en especial, la libertad de expresión– deben ser limitados además en pro del “respeto de las religiones y las convicciones” y para fomentar “la comprensión de sus sistemas de valores” (punto 11).
No se podría opinar, entonces, que la idea de que un hombre que se llena de explosivos y se detona dentro de un autobús lleno de personas inocentes se convierte en un mártir, al que 72 vírgenes aguardan en el Paraíso para satisfacer todos sus deseos, es no solo una locura sino también un concepto profundamente degradante. No, eso sería considerado ofensivo y, por ende, susceptible de censura, si nuestras leyes fuesen reformadas del modo a que nos insta la ONU.
Lo que digo no solo vale para el islam. Aunque el Vaticano llamó a votar en contra del acuerdo de la Asamblea General, aduciendo que podría ser utilizado en algunos países contra las “minorías religiosas” (léase: los católicos que viven en países musulmanes), el texto aprobado serviría para acusarme de intolerante si sostengo que la actitud de la Iglesia Católica hacia la planificación familiar, la anticoncepción o los homosexuales me parece absolutamente irracional. O que la afirmación de Benedicto XVI en Brasil, en cuanto que no cabe sostener que los indígenas americanos fueron forzosamente convertidos durante la colonia, ya que estos “anhelaban secretamente en su corazón” conocer a Cristo ( 20 Minutos , 14/5/07), fue –por ponerlo amablemente– desafortunada.
La ONU, pues, parece haber olvidado que los derechos los tenemos las personas, no las ideas o las creencias. En palabras de una vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores canadiense, “el enfoque no debería ser el de proteger las religiones, sino los derechos de sus adherentes, incluyendo los de las personas que pertenecen a minorías religiosas, o quienes elijan cambiar de religión o no practicar una religión del todo”. ( Canada.com , 24/11/08). O, mejor aún, como lo advirtieron conjuntamente, aunque sin éxito, los Relatores Especiales para la Libertad de Expresión de la propia ONU y de la OEA apenas unos días antes de la votación:
“El concepto de ‘difamación de religiones’ es incompatible con los estándares internacionales relativos a la difamación, los cuales se refieren a la protección de la reputación de las personas individuales y no de las religiones que, como cualquier otra creencia, no tienen un derecho a la reputación.
Las restricciones de la libertad de expresión deben limitarse a la protección de intereses sociales y derechos individuales imperativos, y no deben usarse nunca para proteger instituciones particulares ni nociones, conceptos o creencias abstractas, incluidas las de índole religiosa.
Las restricciones de la libertad de expresión para prevenir la intolerancia deben limitarse a la apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia.
Las organizaciones internacionales, incluyendo la Asamblea General de la ONU y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, deberían desistir de la adopción de pronunciamientos adicionales que apoyen la noción de ‘difamación de religiones’”.
El hecho de que las personas que profesan una determinada religión merezcan no ser discriminadas en razón de sus creencias –y a que esa conducta sea sancionada, como sucede en nuestro país según el artículo 373 del Código Penal–, no implica que no haya derecho a criticar esas creencias, especialmente cuando estas puedan tener efectos perniciosos sobre el resto de nosotros, como en el citado caso de las políticas de natalidad.
Textos como el que aquí se critica pueden ser (y han sido) empleados para acallar tanto a gente que solo quiere expresar sus dudas personales sobre el credo en que fueron criadas, como a académicos y periodistas que cumplen con su función de crítica y denuncia.
Porque las malas ideas son malas ideas, por religiosas que sean. Y exponer y criticar las malas ideas es, precisamente, para lo que existe la libertad de expresión.
Christian Hess
http://www.nacion.com/ln_ee/2009/marzo/22/opinion1913103.html
lunes, 9 de marzo de 2009
Tema polémico: Ciencia vrs Religión

Claro está que independientemente de la compatibilidad o no de la ciencia y la religión, esto no quita que una persona profundamente religiosa sea capaz de realizar aportes significativos al corpus científico de su época (por ejemplo Newton y Galileo en la física o Adam Smith y John Locke en economía y filosofía política). Tampoco quiere decir esto que no hayan existido momentos históricos donde la religión y la ciencia hayan atravesado sus períodos de relaciones cordiales o relaciones más conflictivas. Por ejemplo, podría afirmarse que durante el ambiente fuertemente escolástico de la Edad Media entre el siglo XI y XV se generó un ambiente cultural donde se prefería darle gran credibilidad a las fuentes (e.g, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, etc) en vez de apoyar un espíritu de cuestionamiento intelectual. Por el otro lado, han existido ocasiones en que la religión ha apoyado ciertas teorías científicas como por ejemplo la interpretación del Big Bang por parte del Vaticano como un momento adecuado para la intervención de un Creador.
En ASOJOD deseamos analizar la compatibilidad de la ciencia y religión desde un aspecto metodológico y no histórico u ontológico (es decir, no nos referiremos al problema de la existencia de Dios). Una vez aclarado todo esto, pensamos que existen ciertas inconsistencias metodológicas entre ciencia y religión que dificultan a una persona a dedicarse a ambas actividades sin supeditar una sobre la otra.
En primer lugar se puede hacer referencia a la navaja de Ockham, la cual podría parafrasearse como sigue: “Dadas dos o más teorías que pretenden explicar un fenómeno X, ha de escogerse aquella que necesite de la menor cantidad de presupuestos.” Ahora bien, alguien podría pensar que en realidad es injusto decir que la ciencia y la religión discrepan en cuanto a esto, puesto que ambas constituyen teorías que pretenden explicar distintos fenómenos y por ende no están compitiendo. Sin embargo, si se piensa más profundamente el problema, se presentan ciertos temas donde ambas pretenden dar una explicación. Por ejemplo, supongamos que se tiene una teoría científica (teoría A) que es capaz de explicar todo en el universo -concerniente a su funcionamiento- salvo su creación. Supongamos por el otro lado que la teoría B no discrepa con la A respecto al funcionamiento del Universo y sus leyes, pero agrega el supuesto de Dios como creador del Universo para explicar su origen. Ahora bien, mientras que para la teoría A sólo es necesario suponer la existencia del universo, para la teoría B es necesario también suponer la existencia de Dios, es decir, la teoría B traslada el problema de la existencia del universo a algo mucho más complejo como podría ser por qué existe Dios. Nuevamente, esto no quiere decir que Dios exista o no exista sino que simplemente suponer su existencia no añade ninguna información relevante a la explicación del universo y por ende, si se quiere ser consistente con la navaja de Ockham habría que desecharlo como hipótesis.
El segundo y último argumento que queremos mencionar sobre la incompatibilidad entre ciencia y fe se refiere más que todo a las creencias religiosas de algunas religiones y no tanto a la creencia en dios. Con esto nos referimos a otro principio metodológico que podríamos llamar “Principio Copernicano” y que podría enunciarse así: “En la explicación de una fenómeno natural cualquiera, el ser humano debe evitar al máximo cualquier explicación en términos antropomórficos, es decir, haciendo referencia a cualidades propiamente humanas.”
Cabe resaltar en este caso que este principio ha surgido a partir de una acumulación de información científica abundante, donde cada vez ha existido una mayor tendencia a explicar los fenómenos naturales sin asignarles cualidades humanas, mientras que en otra época habría parecido sensato darles cualidades humanas a la naturaleza. Con respecto a las religiones, bastaría con hacer referencia a que, en la mayoría de ellas existe, un antropomorfismo enorme ,puesto la mayoría de los dioses religiosos gozan de características humanas como la capacidad de amar, odiar, etc. y porque en ciertas cosmovisiones como el cristianismo, el hombre adquiere un rol central dado que Dios asume forma humana y en este sentido el hombre posee un rol privilegiado entre el resto de la creación.
Finalmente, desde ASOJOD hemos querido referirnos a este tema porque consideramos mejor un “monismo epistemológico” sobre un “dualismo epistemológico”, donde en el último tenemos distintos presupuestos para entender el mundo y en el primero solo uno: la ciencia.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Entrevista: Richard Dawkins
En esta entrevista, el biólogo de Oxford Richard Dawkins explica los males de la religión.
viernes, 22 de agosto de 2008
Viernes de recomendación

lunes, 4 de agosto de 2008
Tema polémico: la Romería para " La Negrita"

Lamentablemente, los romeros no ponen a prueba su razón. Antes bien, renuncian a ella. Tienen energías para soportar grandes recorridos, frío, lluvia, hambre y corren el riesgo de ser atropellados, pero nunca dedican un sólo segundo a razonar. Se trata de gente que cree que existe una relación de causalidad entre el camino hacia la Basílica de Los Ángeles y la obtención de un milagro. Los antivalores que están detrás de ese acto no son otro que la renuncia explícita a la razón y a la grandeza del ser humano; en el primer caso, en vez de buscar explicaciones racionales a las cosas (como por ejemplo por qué se obtiene un trabajo), se escoge la salida más fácil: endilgarle el "milagro" a dios y su equipo. En el segundo caso, la entrada de rodillas y con la cabeza baja a la iglesia, demuestra el sentimiento de inferioridad que embarga a esas personas: no se creen lo suficientemente dignos y capaces para vivir su vida y resolver sus asuntos, sino que ruegan por la misericordia instantánea.
Además, es gente que ha decidido poner su vida en manos de otro. No quieren asumir la responsabilidad de vivir sino que pretenden que "el señor y la virgen" guíen sus pasos y hagan con él/ella su santa voluntad. Y como si fuera poco, algunos de ellos dedican grandes cantidades de tiempo para trasladarse de todas partes del país, siendo ese tiempo un desperdicio de productividad. Sólo hay que imaginar cuánto crecería la economía costarricense si toda esa gente trabajara con el mismo ímpetu y dedicación con que caminan a visitar a "La Negrita".
Pero como si la cuestión moral no fuera suficiente para reprobar esta triste costumbre, todavía hay un argumento económico: ¿cuánto dinero, en remuneraciones, gasolina y equipo, gasta la Cruz Roja y la Fuerza Pública en brindar atención y protección a los romeros. Para muestra un botón: el operativo de seguridad para los romeros costó 117 millones de colones.
Ojalá cada día más gente pudiera darse cuenta de su actitud tan anticonceptual y antirracional para así abandonarla. Obviamente, nosotros defendemos la libertad de cada quién a llevar su vida como mejor le parezca, por lo que apelamos a la toma de conciencia personal y el retorno voluntario a la realidad y a la razón.
viernes, 6 de junio de 2008
Viernes de Recomendación

miércoles, 2 de abril de 2008
El opio del pueblo

La crítica de la religión es la premisa de toda crítica. (Por tanto, esa crítica es aplicable también, mutatis mutandis, a la manera cómo la ideología dominante presenta los valores en general, esto es: al hacerlos figurar como si no fueran creados por los hombres mismos, sino como supraordinarios respecto a la realidad social. La religión no es, de acuerdo con tal posición, sino el ejemplo más eminente de tal inversión óptica en la percepción de lo valorativo.)
La existencia del error ha quedado comprometida, una vez que se ha refutado su celestial oratio pro aris et focis (Oración por la casa y el hogar). El hombre, que sólo ha encontrado en la realidad fantástica del cielo, donde buscaba un superhombre, el reflejo de sí mismo, no se sentirá ya inclinado (una vez que se da cuenta de tal cosa: i.e., que en verdad se trata de un
El fundamento de la crítica de la religión es: el hombre hace la religión, no es la religión quien hace al hombre. Y la religión es, bien entendido, la autoconciencia y el autosentimiento del hombre que aún no se ha adquirido a sí mismo o ya ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es un ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad. Este Estado, esta sociedad, producen la religión, una conciencia del mundo invertida, porque ellos son un mundo invertido. La religión es la teoría general de este mundo, su compendio enciclópedico, su lógica bajo forma popular, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne complemento, su razón general de consolación y justificación.
La religión es el suspiro de la criatura humana agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque la religión es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo.
La superación de la religión como la dicha ilusoria del pueblo, es plantear la exigencia de su dicha real. Exigir sobreponerse a las ilusiones acerca de un estado de cosas, vale tanto como exigir que se abandone un estado de cosas que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad. La crítica no arranca las cadenas de las flores imaginarias para que el hombre soporte las sombrías y escuetas cadenas, sino para que se las sacuda y puedan brotar las flores vivas (i.e., las no-religiosas). La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón para que gire en torno a sí mismo y a su sol real. La religión es solamente el sol ilusorio que gira en torno al hombre, mientras este no consiga girar en torno a sí mismo.
La teología explica el origen del mal por el pecado original: dando por supuesto como hecho, como historia, aquello que debe(ría empezar por) explicar. Cuando más pone el hombre en Dios, tanto menos guarda en sí mismo. En la religión, la actividad propia de la fantasía humana, de la mente y el corazón humanos, actúa sobre el individuo independientemente de él, es decir, como una actividad extraña, divina o diabólica.
Karl Marx
jueves, 20 de marzo de 2008
Viernes de Recomendación

Siempre se nos ha dicho que Semana Santa es un tiempo para reflexionar, por ello en este día ASOJOD presenta un texto que precisamente invita a ello. Este es el ensayo de Bertrand Russell: ¿Ha hecho alguna contribución útil la religión a la sociedad? En el Russell busca analizar los efectos que ha tenido la religión en la vida en este mundo y sobre la felicidad de los hombres. Esperamos que disfruten el texto y que el mismo les aporte algo distinto a lo que se suele escuchar en estas épocas.
sábado, 16 de febrero de 2008
¡Mahoma se defiende!

Incluso los extremistas islamistas pensaban en realizar un atentado de muerte en contra del caricaturista.
Evidentemente la cultura imperante del medio oriente se ha convertido en una verdadera amenaza para la civilización, es una lástima que existan personas dispuestas a matar y a destruir a raíz de unas inocentes caricaturas. Simplemente esta actitud es inaceptable, sino les gustan las caricaturas no las vean, no las compren. Desgraciadamente nuestro país no esta exento de episodios similares en cuanto a la estrechez mental, por ejemplo el diputado Guyón Massey se ha dedicado en la última semana ha advertir la "amenaza" que representa la llegada de Iron Maiden al país, simplemente ridículo. Hacemos nuestras en estos momentos las palabras de una celebre calcomonía: ¡Señor líbranos y protégenos de tus seguidores!
sábado, 26 de enero de 2008
La verdadera virtud

Por supuesto esta concepción es totalmente absurda, la negación de dios no lleva consigo la negación de la ética: no significa un cheque en blanco para obrar como se antoje. El ateo, a diferencia del hombre temerario a dios, es alguien que ha elegido sus valores por el valor mismo y no como una transacción comercial para obtener las llaves del cielo y librarse del infierno; el ateo elige su moral a partir de la razón, la escogencia y la comprobación, no a partir la obediencia y la revelación. Elige no por el miedo sino por la convicción. El ateo sabe bien que la virtud es un estado de constancia en la vida y no algo que se alcanza por el mero arrepentimiento durante los santos oleos.
Evidentemente el ateo es un hombre verdaderamente libre, pues actúa no para lograr la gracia de un ser superior ni su salvación en el paraíso, sino para si mismo. Al ser libre inmediatamente pesa sobre él la responsabilidad, una de las virtudes más detestadas por los hombres. Al ser responsable no tiene chivo expiatorio a quien culpar o deidad a quien acudir: todas las consecuencias de sus actos y omisiones, las buenas y las malas, son suyas única y exclusivamente, por lo que el ateo no busca refugio en frases vacías como: “si dios quiere”, “dios sabe porque hace las cosas” o “dios tiene cosas mejores preparadas para mí”. El ateo disfruta de este mundo plenamente porque sabe que el tiempo perdido jamás podrá ser recuperado, que lo dejado de vivir jamás podrá ser experimentado. El ateo tiene el reto de cultivarse plenamente en este mundo, de alcanzar sus metas en esta tierra ante la inexistencia de una segunda oportunidad más allá de la muerte.
Por todo ello el ateo tiene la difícil tarea de descubrir el arte de vivir, de no enajenarse de su realidad, de alcanzar la felicidad por sus propios medios en el hoy y en el ahora, sin acudir a seres fantásticos que le deparen la salvación. Ante esto ¿quién es el verdaderamente virtuoso?
Manuel Echeverría
sábado, 1 de diciembre de 2007
Libertad religiosa para todos
Un artículo mío del 18 de setiembre desató una cadena de comentarios de quienes afirman o niegan la existencia de Dios, cuyo previsible resultado es que ninguno de los bandos convence al otro. Confío, aun así, en que lo que voy a decir sea de completa satisfacción para todos.
Lo bonito de la libertad (religiosa y de expresión) es, justamente, que haya espacios para debatir sobre el tema, aunque el resultado sea quedar de acuerdo en seguir en desacuerdo. Lo que muchos no perciben es que disfrutar esa posibilidad no ha sido constante a través de la historia. Ha habido –y hay– lugares y épocas en que discutir sobre si Dios existe puede poner en peligro la vida o la libertad. En pleno siglo XXI, hay países donde quienes escriben para defender a su Dios (¡y ni hablar de los que escriben para lo contrario!) se ven perseguidos y agredidos por autoridades políticas o por fanáticos. En consecuencia, los dos bandos (creyentes y escépticos), al menos deberían coincidir sobre la importancia de preservar y profundizar el derecho de discutir libremente a favor de su punto de vista.
¿De quién debemos defender la libertad de creer o no creer? Por un lado, del Estado; y, por otro, de los demás.
Importante separación. En cuanto al Estado, no debe haber duda del peligro de que el poder político utilice sus recursos (materiales o jurídicos) para influir sobre el derecho de las personas a decidir libremente sus convicciones religiosas. Basta con mirar a los regímenes teocráticos de ayer y de hoy, o a los que han hecho más bien de la antirreligiosidad su programa de gobierno, para apreciar la importancia de mantener separados Estado y religión. En un régimen de libertad, decidir sobre las propias creencias debe ser un derecho soberano de cada persona, sin injerencia de la autoridad.
En cuanto a los demás, es similar: nadie debe sufrir presión (de familia, amigos, vecinos, compañeros, etc.) para adoptar o cambiar sus convicciones. El derecho de practicar o no un credo religioso termina donde empieza el de los demás a hacer lo mismo. Aquí la intervención del Estado sí se justifica, sin terciar a favor o en contra de alguna posición, para proteger la posibilidad de que cada uno tome su decisión y luego la practique sin estorbo.
¿Qué impide que esto, a pesar de lo razonable que suene, sea plena realidad en Costa Rica? Para comenzar, el artículo 75 de la Constitución, que asigna al Estado una confesión y lo autoriza a aplicar recursos públicos para favorecerla. Si usted es católico, seguro no querría que sus impuestos favorezcan –digamos– el culto de Buda. Pues eso mismo sienten quienes no son católicos –que, según algunos, podrían constituir casi la mayoría de la población– por el hecho de que el texto actual dispone ese favorecimiento expreso.
Respeto a cada uno. Por eso, creo que todos podemos coincidir en que la mejor manera de que se respete nuestra elección, sea la que sea, es que se respete la de todos por igual, sin favorecer o desfavorecer a nadie, sujeto –eso sí– a que la posición elegida respete los derechos humanos básicos (o sea, nadie podría tener derecho a practicar un culto que defienda la trata de personas, el genocidio, etcétera).
En vez del absurdo y anacrónico texto actual, me parece que la Constitución podría decir así:
“Artículo 75.- Toda persona es libre de profesar un credo religioso compatible con los derechos humanos, o bien de no profesar ninguno. El Estado velará por el respeto de esa elección, así como de la libertad de practicar actos de culto individualmente o en grupo, conforme a la ley, siempre que se respete el orden público y los derechos de terceros.
El Estado, sus instituciones y los funcionarios públicos –cuando actúen en calidad de tales– no podrán emitir actos o normas, destinar ninguna clase de recursos, manifestarse públicamente o realizar otras conductas que impliquen tomar partido a favor de un credo religioso en particular”.
¿No suena eso perfectamente razonable?
Por Christian Hess
