Mostrando las entradas con la etiqueta elecciones en USA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta elecciones en USA. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de noviembre de 2012

Tema polémico: Democracia, doxa y República


Acaban de pasar las elecciones de Estados Unidos y ya se han presentado una serie de explicaciones para dar crédito a los resultados, las cuales se han centrado, sobre todo, en el cambio demográfico que ha atravesado el país en los últimos años. Independientemente de lo anterior, el día de hoy queremos centrarnos en una serie de incentivos perversos que presenta el sistema democrático, los cuales permiten la descomposición de lo que debiera ser un verdadero sistema republicano (frenos y contrapesos, con una clara delimitación del poder estatal sobre las vidas privadas de los ciudadanos).

Para dar crédito a lo anterior queremos enfocarnos en uno de los máximos problemas: el votante medio. Nos referimos a un votante totalmente desinformado, sin conocimiento alguno en áreas fundamentales para el entendimiento de las políticas públicas (Derecho, Ciencias Políticas, Economía, Filosofía Política, Ética, etc), y divorciado de toda capacidad analítica y crítica (más que la crítica vacía y superficial de que "todos los políticos son corruptos"). En este orden de ideas nos llamó poderosamente la atención el siguiente video que ilustra este post.




Como pudieron observar, en él se aprecia un conjunto de votantes a favor de Obama quienes creen que las políticas impopulares que rechazan son del candidato contrario, cuando mas bien estas han sido políticas implementadas por el mismo Obama. No estamos sugiriendo de forma alguna que en el campo de Romney no existieran votantes de igual o mayor ignorancia, sino que lo que sugerimos es precisamente esta relación derecho sin responsabilidad, la cual se ha convertido en un verdadero problema del sistema democrático, máxime cuando tomamos en cuenta que los costos por este tipo de comportamiento irracional y desinformado no se asumen de forma directa por lo que hace aun más difícil que estas personas puedan salir de sus errores por mera praxis.

Así las cosas, no queda más que preguntarse qué hacer a este respecto. Algunos pensarían que el problema se resuelve con menos democracia (que sólo intelectuales puedan acceder al voto), pero esta en realidad no es la solución. La verdadera respuesta es el establecimiento de un verdadero sistema republicano que en razón de las competencias delimitadas del Estado vuelva irrelevante qué tan malos e ignorantes resulten ser los votantes y gobernantes. Por supuesto, queda una pregunta sin resolver: ¿cómo pasamos de este sistema democrático desbocado a un sistema republicano por medio de los mismos mecanismos democráticos? Definitivamente ese es el reto que se posa sobre muchos países en la actualidad, incluido el nuestro.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Tema polémico: Elecciones en los EUA

No cabe duda del rol preponderante que todavía posee los Estados Unidos a nivel global, especialmente para nuestro país ya que este es nuestro mayor socio comercial. En razón de esta relación cercana que ha caracterizado a nuestros países, deseamos dedicarle  este tema polémico a las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.

Al día de hoy, ya han acontecido las convenciones de los partidos Republicano y Demócrata, con lo cual la cada vez calentará aún más la carrera electoral hacia la Casa Blanca. Pero, para iniciar hablar de estas futuras elecciones, no se puede dejar de tener presente lo que ha sido el desenvolvimiento de la Administración Obama.  Administración que sin duda ha sido una gran decepción a partir de su promesa de campaña de esperanza y cambio, la cual resultó ser un mero eslogan, ya que cada vez es más evidente que el partido Demócrata y Republicano poseen muy pocas diferencias de fondo.

Esta similitud sin duda ha quedado claramente plasmada en los respectivos discursos de las convenciones. Ambos candidatos y plataformas electorales, siguen pensando en que toda la problemática nacional transita en cuanto a la elección del hombre indicado para que “dirija”  correctamente al país. Es decir, en pleno siglo XXI el sistema político estadounidense sigue estancado en la visión platónica del filósofo rey, en donde el problema político más importante es quien debe gobernar, y no bajo que marcos institucionales debe gobernarse.

Sin duda, este modo de pensar también tiene una gran vigencia en nuestro país, lo cual nos debe llevar a la reflexión ya que nuestras elecciones se encuentran a la vuelta de la esquina, siendo necesario un cambio de paradigma, que elimine esta idea paternalista del Estado y el gobernante, que presenta al país como una especie de empresa que debe ser dirigida por alguien, y nos centremos de una vez por todas en liberar las energías creativas individuales permitiéndoles desarrollarse y coordinarse espontáneamente en donde cada persona sea libre para perseguir y alcanzar su propio destino.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Memo al presidente electo Barack Obama


Felicitaciones por su historica victoria electoral, presidente electo Barack Obama. Ahora que ya está armando su gabinete y estudiando como resolver la crisis económica, permítame hacerle algunas sugerencias en un área que requerirá su atención mucho antes de lo que usted se imagina: Latinoamérica y el Caribe.

Está claro que, ante la enormidad de desafíos que hay en el plano interno, América Latina no estará en su lista de prioridades.

Pero una de las primeras cumbres internacionales a las que deberá asistir será la Cumbre de las Américas, de 34 países, que se celebrará entre el 17 y 19 de abril en Trinidad y Tobago. No tendrá más remedio que prepararse con tiempo para el encuentro, y llegar a la cumbre con una nueva agenda de Estados Unidos para la región.

Y también está claro que Latinoamérica nunca ha sido su punto fuerte. Como me dijo usted mismo la primera vez que lo entrevisté, en el 2007, nunca ha visitado la región. Y cuando le pregunté en esa entrevista cuáles eran los tres presidentes latinoamericanos que más respetaba, se quedó petrificado, y no pudo recordar el nombre de ninguno de ellos. (Para ser justo, debo agregar que cuando lo entrevisté más recientemente usted mencionó a varios mandatarios regionales por su nombre.)

Así que permítame darle algunas sugerencias que pueden ayudarlo a cumplir su promesa electoral de renovar el liderazgo de Estados Unidos en las Américas.

En primer lugar, sea usted mismo. No pose para los fotógrafos con un sombrero mexicano, como sus predecesores. Tiene usted una oportunidad tremenda para ganarse la simpatía de la región por el hecho de ser el primer presidente negro del país, por haber crecido en parte en el extranjero, y --quizás lo más importante de todo-- por haberse opuesto a la guerra de Irak desde el primer día.

Por extraño que pueda parecerle, varios países latinoamericanos están entre los más antiestadounidenses del mundo, no por algo que Washington haya hecho recientemente contra la región, sino a causa de la guerra en Irak. Los latinoamericanos no han olvidado la historia de las intervenciones militares de Estados Unidos en el continente, y la invasión a Irak tocó una fibra sensible en la región.

Usted llega a la Presidencia sin ningún lastre político. A los demagogos, como el presidente venezolano Hugo Chávez, les costará mucho pintarlo a usted como un imperialista. Saque ventaja de su virginidad en materia de política internacional para relanzar las relaciones de Estados Unidos con la región. Estas son algunas de las propuestas que podría llevar a la cumbre de Trinidad:

Convierta la Cumbre de las Américas en un evento anual, en vez de trienal y cuatrienal, como usted mismo me dijo durante la campaña. Se trata de la única reunión del presidente de Estados Unidos con los presidentes latinoamericanos, y eso lo obligaría a concentrarse en los asuntos hemisféricos a pesar de todos los temas acuciantes en el resto del mundo. Eso mandaría una señal potente a la región.

Resucite el cargo de Enviado Especial para las Américas, pero con rango ministerial o nombrando a una personalidad de alto perfil en el puesto. Sea audaz: ofrézcale el cargo al ex presidente Bill Clinton, como parte de un paquete más grande de misiones diplomáticas.

Comprométase a proponer en los próximos dos años una ley de reforma inmigratoria integral, que permita la legalización de los más de 11 millones de trabajadores indocumentados. Las economías de México y América Central dependen en buena medida de las remesas de dinero que hacen esos trabajadores a sus familias, y de las exportaciones al mercado norteamericano, y ambas están cayendo peligrosamente.

Olvídese de Hugo Chávez. El presidente narcisista-lininista de Venezuela hará todo tipo de piruetas para captar su atención y tratar de posicionarse como un líder mundial. Simplemente ignórelo, y concentre sus energías en mejorar los vínculos de Washington con países más serios, como México, Brasil, Colombia, Chile y Perú.

Amplíe los planes de cooperación energética con Brasil, América Central y el Caribe para producir etanol de caña de azúcar, que es más barato y menos contaminante que el etanol de maíz que se produce en Estados Unidos. Eso ayudaría a Estados Unidos a reducir su dependencia petrolera del Medio Oriente, y ayudaría a América latina.

Proponga un acuerdo de integración regional de servicios de salud, por el cual millones de estadounidenses podrían usar sus seguros de salud en América latina, y conseguir atención médica más personalizada y a mucho menor costo en hospitales certificados por Estados Unidos en varios países de la región.

Estas son apenas algunas ideas para empezar. ¡Buena suerte! Aunque sus vínculos personales más directos sean con Africa, tiene usted una oportunidad única de abrir un nuevo capítulo en las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica.

Andrés Oppenheimer

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¡Que diferencia!



Uno de los aspectos más positivos de la contienda electoral fue la aceptación de la derrota por parte del Republicano John Mccain. Fue un discurso humilde, conciliador, que reconocía la importancia histórica de la victoria de Obama por la lucha de los derechos civiles, un discurso que invitaba a la colaboración y al trabajo constructivo, y lo que es más increíble un discurso donde Mccain no buscó chivos expiatorios, el mismo se responsabilizó totalmente por la derrota, sin tratar de culpar a otros de su fracaso electoral. Esperamos que en nuestro país estas actitudes sean imitadas y no tener que volver a escuchar y ver los eventos que acontecieron en la tarima del NO el 7 de octubre del 2007.

En ASOJOD reiteramos nuestro deseo a que Estados Unidos pueda superar los problemas que hoy le aquejan.

jueves, 30 de octubre de 2008

Porque los hechos hablan



¿Fue la crisis culpa del sistema de mercado? ¿La misma se dio por culpa de las políticas de Bush y los Republicanos? ¿Tuvieron alguna responsabilidad los demócratas respecto a la misma? Que cada quien saque sus conclusiones a partir de los hechos y no la retórica de los sofistas.

domingo, 11 de mayo de 2008

EE.UU.: ¿La esposa de Pinocho?


Hay muchas cosas que se pueden decir de Bill Clinton, pero es un personaje simpático y a su gobierno lo echa de menos un creciente número de norteamericanos, hartos de Bush y de la fracasada “construcción de la democracia en Irak”, la cual ya ha costado la vida de 4 mil soldados de Estados Unidos y más de 510 mil millones de dólares.

Todos recordamos la frase famosa del presidente Clinton: “Yo no tuve relaciones sexuales con esa mujer, la señorita Lewinsky”. Pero la frecuencia de exageraciones, medias verdades y obvias falsedades de su esposa, Hillary Clinton, durante la actual campaña presidencial, parece romper todos los récords históricos.

Recordemos algunas de esas mentiras y exageraciones que llaman la atención:

Dijo que se había opuesto, desde el principio, al Tratado de Libre Comercio con México.

Dijo que había sido una pieza vital en las negociaciones de paz en Irlanda del Norte.

Dijo que había comenzado a criticar la guerra en Irak antes de que lo hiciera su contrincante Barak Obama.

Al recién fallecido Sir Edmund Hillary le contó que su madre la había bautizado con el nombre de Hillary por él, el primero en alcanzar la cima del Everest, en 1953. El problema es que ella nació en 1947.

Recientemente dijo que había visitado a Bosnia en 1996, siendo primera dama, y aterrizó “bajo disparos de francotiradores. Supuestamente debía haber una ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, pero en vez de eso tuvimos que correr con nuestras cabezas bajas hasta los vehículos que nos llevarían a la base”. Poco después de tales declaraciones, CBS proyectó un video de esa llegada a Bosnia que muestra a la Sra. Clinton y a su hija Chelsea siendo recibidas por una niñita con un ramo de flores, rodeada de gente sonriendo, no corriendo asustados por los disparos de guerrilleros.

Pero ya los políticos no debieran sorprendernos. Hemos leído últimamente columnas de Karl Rove en el Wall Street Journal denunciando el proteccionismo de candidatos y políticos demócratas; muy cierto. Pero no debemos olvidar que Rove, en el año 2000, cuando era asesor de la campaña presidencial de Bush y Cheney, insistía en prometer a los electores que el gobierno republicano protegería a la industria del acero. Así se hizo, con el resultado que los altos precios internos del acero causaron el desempleo de unas 200 mil personas, ya que muchas fábricas de Estados Unidos mudaron sus operaciones al exterior, mientras que la industria del acero de este país empleaba a 187 mil trabajadores.

Palabras similares a las de Rove se le oyen hoy a Obama, en contra del comercio con China, NAFTA, CAFTA y el tratado con Colombia. Así los políticos buscan apoyo de poderosos sindicatos, aunque sus propuestas vayan contra los verdaderos intereses de la mayoría y contra la especialización de la industria nacional en aquellos campos donde existen claras ventajas comparativas vis-a-vis el resto del mundo, sin necesidad de protección arancelaria ni de los subsidios de Washington que terminamos pagando todos con nuestros impuestos.

Carlos Ball

viernes, 25 de enero de 2008

Dios en las elecciones estadounidenses


A Barack Obama, que desde hace veinte años está seriamente afiliado a la Trinity United Church of Christ, sus enemigos políticos, sin la menor prueba, le imputan haber sido musulmán en su niñez. Creer o haber creído en el Corán es un grave inconveniente para cualquier político occidental en estos tiempos. A Mike Huckabee, en cambio, como fue predicador bautista, lo acusan de fundamentalista cristiano. Acepta las Escrituras literalmente y pone en duda la teoría de la evolución. Es un creacionista y a sus adversarios eso les parece ridículo. ¿Cómo —se mofan de Huckabee— se puede ser presidente de una nación guiada por el culto a la ciencia y al progreso y, al mismo tiempo, pensar que la vida y la existencia de la materia son consecuencias del ''diseño inteligente'' de un ser todopoderoso?

Contra Mitt Romney la hostilidad proviene de los cristianos. Romney es mormón y, aunque los mormones reconocen la deidad de Cristo, esa creencia no forma parte del mainstream religioso americano, como también les sucede a los testigos de Jehová. Los mormones suscriben cierta forma de politeísmo y sus orígenes son demasiado recientes. Los cristianos están dispuestos a creer que el arcángel Gabriel se le apareció a la Virgen María hace dos mil años, pero dudan que el ángel Moroni se le apareciera a Joseph Smith exactamente el 21 de septiembre de 1823. Casi todos los cristianos les reconocen a los mormones una fuerte ética de trabajo y un comportamiento, en general, decente y solidario, pero les inquieta el secretismo y las camisetas y calzoncillos especiales que suelen utilizar bajo la ropa. Desde su perspectiva, son buenos ciudadanos, pero raros.

Hillary Clinton y Rudy Giuliani —ella protestante, él católico— no son famosos por sus creencias religiosas, sino por el escaso relieve que éstas tienen en sus vidas. El hecho de ser ambos pro-choice —como también lo es John McCain—, es decir, de admitir el derecho de las mujeres embarazadas a decidir el destino del feto, y de defender los derechos de homosexuales y lesbianas, los convierte en sospechosos ante los ojos de quienes colocan los juicios morales ortodoxos de inspiración religiosa por encima de cualquier otra consideración. Para la autoproclamada ''mayoría moral'' —ese inmenso grupo de cristianos intensamente practicantes, especialmente en el llamado Bible Belt del sur del país— tener que elegir entre Hillary y Giuliani o McCain será como escoger entre un dolor de muelas y una patada en la canilla.

¿Tiene sentido este debate religioso? No mucho. En realidad, los mejores presidentes norteamericanoestadounidenses no han tenido una militancia religiosa sectaria. George Washington fue un hombre reservado en las cosas del espíritu. Esa no era una preocupación central en su vida. John Adams, Thomas Jefferson, James Madison y Abraham Lincoln creyeron, pero de esa manera intelectualmente cómoda con que creían los deístas. Estaban dispuestos a aceptar que existía un supremo hacedor, un arquitecto del universo, pero les parecía difícil admitir que ese Dios omnipotente y eterno realmente hubiera encarnado en una figura humana o en una religión organizada, y mucho menos que vigilara meticulosa y constantemente los actos personales con el objeto de castigarlos o premiarlos.

Tal vez el único presidente estadounidense que confundió la misión religiosa con la política fue William McKinley. La razón principal por la que ordenó la ocupación de Filipinas en 1898, tras una noche de agónica meditación religiosa en la Casa Blanca, fue para cristianizar a esa pobre gente, hasta entonces bajo la influencia del bárbaro catolicismo español o del paganismo precolonial. El disparate le costó a Estados Unidos varios miles de muertos y medio siglo de una onerosa presencia imperial en un complicado rincón del planeta que nunca comprendió y en el que nada tenía que ganar.

En rigor, tener creencias religiosas no garantiza nada, y mucho menos el buen gobierno. Jimmy Carter y George W. Bush han sido dos presidentes profundamente creyentes —ambos born again Christians— y la historia no los tratará muy bien. Sin embargo, los dos Roosevelt, Teddy y Franklin, acaso los mejores presidentes norteamericanos del siglo XX si nos guiamos por el inmenso apoyo popular que tuvieron en su tiempo, fueron ''cristianos de baja intensidad''. Creían, sí, y asistían esporádicamente a las ceremonias religiosas, pero sin aspavientos y sin golpes de pecho. Tal vez eso sea lo más conveniente: excluir del debate las creencias religiosas. Dios no tiene vela en este entierro.


Carlos Alberto Montaner