
Una vez superado el divertidísimo escándalo Sokal (donde se demostró qué tan crítico es nuestro panfletario favorito, Iván Villalobos), es hora de pasar la página.
El pasado fin de semana se dio un bochornoso acto en las inmediaciones de la U Latina. Un grupo de jóvenes, aparentemente molestos porque no pudieron entrar a un concierto, destruyeron y robaron todo lo que encontraron a su paso. Esto, a todas luces, es lamentable, pues no sólo ensucia la imagen de los jóvenes sino que causa tremendos daños a la propiedad. Y como ya hemos sido testigos, en Costa Rica la gente casi nunca es penalizada.
Estos actos son dignos de bestias. Lo que más impresiona es que, aún cuando esta horda de salvajes tiene conciencia de lo que está haciendo, reclama cuando la policía llega a controlar el disturbio y a arrestarlos. Las fotos mostradas aquí son una muestra de que esos jóvenes no estaban realizando una manifestación pacífica sino que estaban destruyendo y robando propiedad privada.
No sabemos quiénes fueron los responsables de esto pero lo preocupante es que no es la primera vez que esto sucede en Costa Rica. Durante las manifestaciones contra el TLC (no en todas) y contra el Combo del ICE decenas de jóvenes también estuvieron involucrados en aberrantes actos que provocaron millones de colones en pérdidas, destrucción de espacios públicos y agresiones a otras personas.
Tampoco conocemos las causas que los motivan a estos cometer estos actos de vandalismo: algunas personas dirán que es la música, otros que son los problemas familiares, unos cuantos que es por causa del uso de drogas y licor. Hay quienes afirman que es por causa de la ineficiencia de las autoridades gubernamentales en materia de seguridad y hay otros que hasta alegan que esta es la revolución "pop" contra un sistema opresor.
Lo cierto del caso es que, si lo analizamos desde la perspectiva neoinstitucionalista, las reglas del juego no están siendo claramente definidas de antemano, como tampoco lo está el sistema de incentivos y castigos: cuando se establecen esas reglas, se debe explicitar qué es lo válido y lo inválido y cuáles serán los premios y castigos para quienes respeten y transgredan ese código normativo. Pero cuando alguien viola esa norma y no es castigado, entonces se transmite información: impunidad y a partir de ello, se crea un incentivo informal para comportarse de forma inválida.
Justamente eso es lo que debe cambiar. Como en ASOJOD lo hemos venido sosteniendo, es necesario que se castigue a los responsables de cometer este y otro tipo de actos que atenten contra la seguridad, vida, libertad y propiedad de las personas. Esperemos que esta vez las autoridades hagan valer el derecho y castiguen a los responsables (sean quienes sean). Pero también los ciudadanos debemos colaborar: no corresponde sólo al Gobierno mantener la seguridad, sino que a nosotros nos toca prevenirla, en el proceso de formación del ciudadano, es decir, desde la casa y desde las aulas (a cualquier nivel educativo). Y también nos toca reflexionar acerca de la forma en que pretendemos resolver los problemas: haciendo uso de la razón o de la fuerza bruta.
El pasado fin de semana se dio un bochornoso acto en las inmediaciones de la U Latina. Un grupo de jóvenes, aparentemente molestos porque no pudieron entrar a un concierto, destruyeron y robaron todo lo que encontraron a su paso. Esto, a todas luces, es lamentable, pues no sólo ensucia la imagen de los jóvenes sino que causa tremendos daños a la propiedad. Y como ya hemos sido testigos, en Costa Rica la gente casi nunca es penalizada.
Estos actos son dignos de bestias. Lo que más impresiona es que, aún cuando esta horda de salvajes tiene conciencia de lo que está haciendo, reclama cuando la policía llega a controlar el disturbio y a arrestarlos. Las fotos mostradas aquí son una muestra de que esos jóvenes no estaban realizando una manifestación pacífica sino que estaban destruyendo y robando propiedad privada.
No sabemos quiénes fueron los responsables de esto pero lo preocupante es que no es la primera vez que esto sucede en Costa Rica. Durante las manifestaciones contra el TLC (no en todas) y contra el Combo del ICE decenas de jóvenes también estuvieron involucrados en aberrantes actos que provocaron millones de colones en pérdidas, destrucción de espacios públicos y agresiones a otras personas.
Tampoco conocemos las causas que los motivan a estos cometer estos actos de vandalismo: algunas personas dirán que es la música, otros que son los problemas familiares, unos cuantos que es por causa del uso de drogas y licor. Hay quienes afirman que es por causa de la ineficiencia de las autoridades gubernamentales en materia de seguridad y hay otros que hasta alegan que esta es la revolución "pop" contra un sistema opresor.
Lo cierto del caso es que, si lo analizamos desde la perspectiva neoinstitucionalista, las reglas del juego no están siendo claramente definidas de antemano, como tampoco lo está el sistema de incentivos y castigos: cuando se establecen esas reglas, se debe explicitar qué es lo válido y lo inválido y cuáles serán los premios y castigos para quienes respeten y transgredan ese código normativo. Pero cuando alguien viola esa norma y no es castigado, entonces se transmite información: impunidad y a partir de ello, se crea un incentivo informal para comportarse de forma inválida.
Justamente eso es lo que debe cambiar. Como en ASOJOD lo hemos venido sosteniendo, es necesario que se castigue a los responsables de cometer este y otro tipo de actos que atenten contra la seguridad, vida, libertad y propiedad de las personas. Esperemos que esta vez las autoridades hagan valer el derecho y castiguen a los responsables (sean quienes sean). Pero también los ciudadanos debemos colaborar: no corresponde sólo al Gobierno mantener la seguridad, sino que a nosotros nos toca prevenirla, en el proceso de formación del ciudadano, es decir, desde la casa y desde las aulas (a cualquier nivel educativo). Y también nos toca reflexionar acerca de la forma en que pretendemos resolver los problemas: haciendo uso de la razón o de la fuerza bruta.
