El pasado primero de mayo, a la luz de la evaluación del segundo año de su gestión, doña Laura Chinchilla pidió una tregua al pueblo para hacer su trabajo. No me queda claro el significado y la implicación de lo que ella entiende por tregua, pero con ánimos pacifistas y un ambiente tranquilo para vivir, quiero aprovechar la oportunidad para hacer mi solicitud.
Le pido también una tregua, señora Presidente, una tregua a su Gobierno frente a los constantes aumentos en el precio de los combustibles que se decretan entre RECOPE y ARESEP omitiendo la realidad nacional y que más parece responder a una estrategia para comprar producto procesado en el exterior y vendérselo a los ciudadanos a una de las tarifas más caras en toda Latinoamérica. Le pido una tregua contra el incremento en el precio del transporte público, pues este no es consistente con su calidad: un transporte inseguro, contaminante, incómodo, deficiente y contrario a la dignidad humana, y contrario a lo que pago diariamente.
Le pido una tregua frente al incremento en la tarifa de electricidad, que perjudica a todos los hogares, y beneficia solo a algunas empresas, que si bien dan empleo y actividad económica al país, por la falta de oferta eléctrica leo que no habrá un crecimiento real de más empresas en el país pues no se les puede suplir de electricidad o es que me seguirá estrangulando por medio de más aumentos.
Le pido una tregua frente a nuevos impuestos, especialmente aquellos que pesan sobre gran cantidad de alimentos e insumos para su preparación y que, gracias a su reciente Decreto, solamente podrán ser adquiridos por lo que más tienen, ya que parafraseando a su ex Ministro de Hacienda, “son productos que solo consumen los ricos”.
Le pido una tregua frente a las empresas que ganan concesiones de obra pública y luego de avanzado el tiempo, no han iniciado las obras o y se van en un puro peloteo, y el Gobierno no les “jala el mecate” como si fuesen contratos escritos en piedra. Mis necesidades de puentes, carreteras, autopistas, pasos peatonales, aeropuertos, muelles y hospitales son para hoy, no para dentro de 10 o 15 años.
Le pido una tregua frente a las largas filas y listas de espera en la CCSS, para no tener que esperar varias horas en un centro de atención médica y perder mi jornada laboral, y menos el esperar años para una intervención quirúrgica. Le pido una tregua frente a los excesos de los empleados públicos que, gracias a convenciones colectivas y huelgas tienen privilegios que ninguna economía puede soportar y se nos cargan mediante más impuestos o más tarifas.
Le pido una tregua frente a las consultorías, que pago de mi bolsillo sin que existan resultados palpables, sin que mejore la educación, la salud, la administración pública, la seguridad ciudadana, la economía o la infraestructura. Le pido una tregua frente a la conformación de Comisiones de Notables, de contratación temporal de sabios que no dicen nada diferente y que, muchas veces, son los mismos que causaron los grandes problemas que hoy enfrentamos.
Le pido una tregua frente a la corrupción, para que aplique la firmeza y honestidad prometida en campaña contra todos los funcionarios que falten al deber de probidad, a la transparencia y a la responsabilidad en el uso de recursos públicos, no los incluya en su red de cuido!, y le pida la renuncia a los jerarcas que tienen responsabilidad política por los hechos denunciados.
Le pido vehementemente una tregua en el gasto público, para que no se creen más plazas, más instituciones, más burocracia, más regulaciones, más intervenciones, más reglamentos, más decretos, más leyes, más directrices. Así como yo hago recortes en mi presupuesto familiar y me soco la faja cuando la situación anda mal, le ruego que haga lo mismo, no con medidas cosméticas sino con decisión y valentía, a pesar de que ello implique medidas impopulares pero responsables.
Así como usted pide una tregua para que la “dejen gobernar”, yo como ciudadano le pido respetuosamente una tregua para que me dejen vivir en paz.
Kendall Navarro Zumbado
