
En la reciente cumbre de las Américas, el presidente venezolano, Hugo Chávez, en un acto en el que quizás pretendió “pasarse de listo”, entregó al mandatario norteamericano, Barack Obama, un ejemplar del libro Las venas abiertas de América Latina , obra escrita por el uruguayo Eduardo Galeano en el siglo pasado.
Obama, como es su costumbre, lo recibió con una amplia sonrisa, que más bien habla de su educación, cordialidad y espíritu de recomponer las relaciones con el subcontinente, pero también de su desconocimiento por lo que estaba recibiendo. Porque de saberlo, más bien debiera ser tema para preocupar a sus agentes de seguridad, dada la toxicidad del contenido entregado al presidente de Estados Unidos. Un verdadero atentado a la seguridad nacional. Nos hizo recordar otro arranque literario de Chávez cuando descubrió a un “tal Noam Chomsky”, que parecía ser quien le abrió (cerró) su espectro cultural.
Efectivamente, el libro de Galeano es uno de los que más daño le ha hecho a nuestro continente. Su argumentación elemental sostiene que somos pobres porque ellos son ricos. El clásico discurso del imperio que succiona la sangre de las venas hasta acabar con su víctima. Un decálogo revolucionario anti imperialista que culpa nuestro atraso primero a los españoles, luego a los ingleses y en el siglo pasado a Estados Unidos. De haberse escrito en el siglo XXI seguro culparía a Coca Cola, Google, Amazon, Internet, Starbucks, McDonalds y alguna otra transnacional que “nos roba”, y claro que los argumentos tendrían la misma seriedad que culpar a las rosquillas.
Odio visceral. Un libro que resume los agravios sufridos por los latinoamericanos y que los victimiza exculpándolos de toda responsabilidad en su fracasada historia. Transmite un odio visceral a cualquier cosa que huela a democracia y mercado, en definitiva a la libertad, para retorcerse en el igualitarismo estrecho de mente que impide alcanzar el desarrollo.
En una próxima cita, Obama tendrá que cuidarse de recibir otros pasquines que invadan la Casa Blanca. Los hay muchos, desde La historia me absolverá , de Fidel Castro, La guerra de guerrillas , de Ernesto Che Guevara, ¿Revolución dentro de la revolución? , de Regis Debray, pasando por Dependencia y desarrollo en América Latina , de Fernando Cardoso y Enzo Faletto, hasta Hacia una teología de la liberación, de Gustavo Gutiérrez, para concluir en el que quizás por el título sorprenderá al mandatario norteamericano: Para leer al pato Donald , de Ariel Dorfman y Armand Mattelard, incubado en las propias universidades norteamericanas.
Por el bien de nuestro continente y del efectivo espíritu de relanzamiento de las relaciones entre nuestros países, es de esperar que el librito de Galeano se le haya quedado a Obama en el hotel. Ojalá que el presidente norteamericano en una próxima oportunidad le devuelva la mano regalándole a Chávez Camino de servidumbre , de Friedrich Hayek, o La acción humana , de Ludwig von Mises.
Mientras tanto, si alguien me dice cómo puedo enviarle un libro al presidente norteamericano, feliz le mando Del buen salvaje al buen revolucionario , de Carlos Rangel, que, como escribió el célebre Jean François Revel, es el primer ensayo sobre la civilización latinoamericana que disipa las interpretaciones falsas, las descripciones mentirosas y las excusas complacientes. Mientras tanto, digamos: ¡No más venas abiertas para América Latina!
Ángel Soto
