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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Desde la tribuna: al final, unos ganan más y el resto está más pobre

Es evidente que en nuestro país la lucha contra la pobreza ha fracasado. El fracaso es indiscutible y va relacionado directamente con el mismo crecimiento del Estado y de los presupuestos públicos.

Un fotografía al estilo de antes, una instantánea, revelaría el quid del tema: mayores presupuestos públicos complican el funcionamiento de la sociedad y de la economía, mayores presupuestos públicos concitan a los buscadores de rentas a vivir del Estado, mayores presupuestos públicos son un lastre para la sociedad, mayores presupuestos públicos no significan mejor desempeño social ni mejor desempeño estatal, mayores presupuestos públicos no implican menos pobreza sino más empleados públicos viviendo del tema de la pobreza. ¡Es un hecho!

Más dinero quitado a la sociedad, más impuestos, más coacción, más dinero gastado, más aparato público, más Estado no implican per se menos pobreza ni mejor desempeño. Todo lo contrario. Los números dicen que estamos peor, más mal, más pobres y más complicados. Y los números… desdichadamente no mienten, aunque las estadísticas le duelan a mucha gente.

Nos han engañado en una apuesta perdida: darle más dinero al Estado para combatir la pobreza, darle más dinero al Estado para mejorar la educación, darle más dinero al Estado… más dinero… más dinero. Al final, unos ganan más y el resto está más pobre.

Muchos servidores públicos han secuestrado al Estado y ordeñan impunemente la teta pública, para solaz personal, para lucro propio, para prosperar sin riesgo, para montarse sobre los demás. Los números no mienten: más presupuesto, más impuestos, más coacción y… más pobreza y desigualdad.
Siempre sale vacilón echarle la culpa al neoliberalismo. Hasta iglesias (con “i” minúscula) se han fundado contra el neoliberalismo: son religiones de mentiras que posiblemente compran sus ornamentos en coopeclero, pero que no aceptan tener las restricciones correspondientes. Inconsecuencia e incoherencia. Pero los números no mienten, porque toda esa pobreza está relacionada con un Estado inútil, torpe, secuestrado, abusador y abusado, gastón, angurriento y postrado que se ha arrecostado sobre la sociedad, causando más pobreza, menos avance de la educación, más desigualdad y menos prosperidad. Eso indican, indubitablemente, los números que no mienten. ¡Duélale a quien le duela!

Así que, igual que en Cuba, Venezuela, Argentina, la ex Unión Soviética y otras sociedades, los números han mostrado que a más Estado, más pobreza, desigualdad y atraso. Los números no mienten.

Federico Malavassi Calvo
Columna Perspectiva de la Prensa Libre

lunes, 27 de junio de 2011

Tema polémico: solidaridad y Estado


La solidaridad es un valor muy noble. Consiste en un apoyo a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. Ayudar voluntariamente a personas más necesitadas económicamente es un ejemplo de un acto de solidaridad. En ASOJOD también creemos que los actos solidarios son muy nobles, siempre y cuando se realicen en forma voluntaria y sin afectar a terceros. Sin embargo, de lo que hablaremos en el tema polémico del día de hoy es del inmoral uso de la palabra solidaridad para sacar adelante agendas y proyectos que distan significativamente de ese valor.

Innumerable cantidad de personas e instituciones utilizan la palabra solidaridad constantemente para impulsar objetivos con mayor facilidad, puesto que es una palabra demasiado bien recibida. Asimismo, grupos se guindan de esto para obligar a otras personas a actuar de una forma determinada, creyendo que son dueños de la verdad. De todo esto, ha surgido una frase que, a diferencia de la solidaridad, en ASOJOD si repudiamos, pues pone en peligro la libertad de las personas. Esta frase es la famosa “justicia social”. Esta frase, tan usada por grupos de poder, gobiernos, grupos religiosos y partidos políticos, es la misma que usa la gente que cree las personas con mayor capital tienen que estar obligados a destinarlo a otras que cuentan con menos y que estas últimas tienen derecho a que alguien los saque de la situación económica en la que se encuentran. Es en estos casos que la solidaridad deja de existir y lo que se da es un legítimo robo a la propiedad.

Esta “justicia social”, el Estado la ejercita normalmente por medio de impuestos, con los que financia sus programas de regalías y alcahueterías. Muchos de estos programas de regalar comida, casas y dinero en efectivo son inventados por personas que, tal vez, tienen un deseo de ayudar, sin embargo, el gran engaño consiste en hacer actos de buena voluntad pero con dinero ajeno y aun así se sienten moralmente justificados. ¿Y a quien se le cobra estos impuestos? Según lo expuesto por la “justicia social” deberían ser los que más tienen los que más paguen impuestos. ¡Como si tener dinero fuera algo inmoral y reprochable!. Y es en este momento que surge una frase que en ASOJOD detestamos aún más, esta frase es “la solidaridad tributaria”. 0

Lo más triste de todo esto es que, fuera de sacar a la gente de la pobreza, estos programas hacen que los pobres se vuelvan dependientes de las regalías del Estado y desincentivan completamente le generación de más riqueza y oportunidades para todos. En otras palabras, con este sistema tan nefasto, los ricos son cada vez menos ricos y los pobres siguen siendo igual o más pobres.

En ASOJOD lamentamos mucho este uso malintencionado de la palabra solidaridad y esperamos que cada vez más gente se logre dar cuenta de lo infectivas que son estas medidas aplicadas por el gobierno y otros grupos para sacar a la gente de la pobreza.