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martes, 4 de mayo de 2010

Conferencia Salarios Mínimos


En ASOJOD queríamos invitar a todos los interesados a la siguiente conferencia organizada por la Revista Hermenéutica:

Tema: ¿Cuáles son los efectos de las leyes de salarios mínimos? Respuesta económica y crítica

Lugar: Auditorio de Derecho de la UCR

Hora y Fecha: Martes 4 de mayo a las 6:30 PM

lunes, 14 de julio de 2008

Tema polémico: el salario mínimo

Todos los días escuchamos a la gente decir frases como "las grandes trasnacionales pagan salarios de hambre", "las empleadas domésticas no ganan bien", "los trabajadores del campo son explotados", entre otras tantas. Pues bien, el tema polémico de hoy va dedicado a refutar ese tipo de argumentos.

El salario mínimo nace como una pretensión de proteger a los empleados (parte débil) de los empleadores (parte fuerte), de forma tal que se evite que los segundos exploten a los primeros pagándoles una miseria por su trabajo. No obstante, la legislación pro salarios mínimos (ojalá Carlos Gutiérrez, diputado del Movimiento Libertario pudiera leer este post) presenta varios e importantes problemas: en primer lugar, implica que el Estado se meta en un contrato entre privados. En ASOJOD hemos dicho, en reiteradas ocasiones, que esto es injustificable, toda vez que es el Estado, y no las partes, el que impone su criterio sobre lo justo y válido. En realidad, corresponde a las partes, únicas interesadas en el negocio o transacción, definir el punto de acuerdo al que llegarán. Piénsese en una situación hipotética donde no exista legislación pro salario mínimo: el empleador "A" ofrece una cantidad "X" y el trabajador "B" acepta vender sus servicios -cualesquiera que estos sean- a ese precio. Ambas partes salen beneficiadas, pues voluntariamente deciden entrar en la transacción y voluntariamente aceptan los términos del contrato.

El segundo problema que comporta el salario mínimo está muy relacionado con el anterior: el Estado, al meterse en algo que no le corresponde, interfiere y perjudica a una o a todas las partes de la transacción. Siguiendo con el ejemplo antes mencionado, se introduce un salario mínimo de "X+25". A ese precio, el empleador "A" no está dispuesto a contratar los servicios del trabajador "B", por lo cual este queda desempleado. En una situación de pobreza, es totalmente posible que"B" acepte trabajar por el salario "X" (pues prefiere "X" a nada) pero no puede hacerlo porque la ley fija que su remuneración debe ser, como mínimo, de "X+25", cantidad que no muchas empresas estén en capacidad o disposición de pagar. Siendo así, no sólo se limita la libertad de "B" para decidir sobre lo que le conviene o no, sino que también se establece, con el salario mínimo, una barrera de entrada que le impide al trabajador obtener empleo, con lo cual se perpetúa la situación de pobreza.

Ahora, resulta curioso que las más atacadas por pagar "salarios de hambre" son las empresas trasnacionales. No obstante, algo que llama la atención es que son estas las que más empleos generan alrededor del mundo. En Costa Rica, el incremento de inversión extranjera directa (IED) de $658,4 millones en 2002 a $1884,6 millones en 2007 (en términos porcentuales, un incremento de 286%) es lo que ha permitido mantener una de las tasas de desempleo más bajas de América Latina (fluctuando entre el 4,5% y el 5,5% del total de la población económicamente activa). Pero esto no es lo único sorprendente: estas empresas pagan salarios más competitivos que la gran mayoría de empresas costarricenses y, por supuesto, que el sector público. Basta con preguntarle a los trabajadores de 3M, H&P, Intel, Conair, Amanco, Mabe, Barceló, Baxter, Hospira, BATCA, Firestone, Coca Cola, y otras tantas empresas, para confirmar que ellos reciben un sueldo que, muy posiblemente, no recibirían fuera de esas empresas y desempeñando las mismas labores.

Ahora bien, alguna gente podría decir que esas empresas pagan ese tipo de remuneraciones porque la ley las obliga. Esto puede ser cierto, pero parcialmente. La razón de lo anterior radica en que, aún sin salario mínimo, los trabajadores pueden salir beneficiados con la llegada de empresas con grandes cantidades de capital. Ello porque, piénsese que un trabajador reciba un "salario de hambre" en su país, pagado sea por el Estado o por una empresa privada nacional pero otra empresa nacional o extranjera le ofrece un salario mayor, aunque relativamente bajo para alguna gente. El trabajador incremetó su ingreso y por lo tanto se benefició, aún cuando eventualmente podría recibir menos de lo establecido por la ley.

Hay que recordar un punto importanet: el salario se paga por las capacidades, habilidades y requerimientos de un trabajo, no por criterios como dignidad, justicia, etc. Además, es el reflejo de la situación económica de una empresa o de un país. En el primer caso, no puede pretenderse que por un trabajo que cualquiera puede hacer, que no necesita preparación académica ni grandes habilidades o conocimientos, se le deba pagar a una persona 1.000.000 de colones. Y tampoco puede pretenderse que en una situación de crisis económica se remunere a los trabajadores con una cantidad de tal magnitud.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Salario Mínimo


En períodos cercanos a las elecciones, uno de los temas que más suele sacar a colación la clase política es el del salario mínimo. Las leyes que lo regulan establecen un importe mínimo, por debajo del cual está prohibido celebrar cualquier contrato de trabajo. Este concepto fue introducido en su forma actual en el siglo XIX en Australia y Nueva Zelanda, y en la actualidad la mayoría de los países del mundo lo implementan de alguna forma.
Los defensores del salario mínimo suelen ver esta medida como uno de los pilares de la llamada "justicia social", que permite elevar el nivel de vida de aquellos trabajadores cuyos ingresos son más reducidos, y que, sin este tipo de medidas, estarían condenados a la pobreza.

Este argumento no tiene gran solidez y la prueba la tenemos en que ni los más acérrimos defensores del salario mínimo se atreven a subir el importe de esta cifra más allá de ciertos límites. Si la retribución de los trabajadores dependiese sin más del cuerpo normativo de un país, lo lógico no sería dejar esta cifra en 570,6 euros al mes, sino elevarla a importes más elevados, como 5.000 ó 10.000 euros mensuales. Puesto que los ingresos del trabajador dependen de lo que marque la legislación, lo razonable sería incrementar esta cifra lo máximo posible.

No obstante, esto no ocurre así, y las subidas suelen mantenerse dentro de determinados márgenes, ya que los defensores de este concepto son conscientes de la poca consistencia del concepto del salario mínimo como defensor de los trabajadores con menores ingresos.

La lógica empresarial no entiende de los buenos deseos políticos y la contratación laboral se rige por otros parámetros. Cualquier persona, a la hora de contratar a otra, busca obtener un beneficio del trabajo de ésta. Así, el bien o servicio que va a ayudar a producir dicho trabajador debe valer para los clientes de la empresa más que todos los costos en que se han incurrido para elaborarlo, incluido el salario del empleado. En caso contrario la empresa no podrá sobrevivir en el mercado y acabará quebrando.

En el caso de que se produzca una subida del salario mínimo pueden darse dos circunstancias, que dicha empresa siga siendo rentable o que no. En el segundo de los casos, los efectos del salario mínimo habrán sido catastróficos para los empleados que trabajaban allí, ya que, por culpa de los nuevos importes mínimos, habrán perdido su trabajo. En el primero, la situación es un poco más compleja, ya que son más difíciles de medir los efectos. Si el precio de los productos de la empresa se mantiene, la subida de salario mínimo producirá un estrechamiento de los márgenes, lo que puede llevar a tratar de recuperarlos. Esto se puede producir, entre otras medidas, mediante un adelgazamiento de la plantilla, lo que de nuevo elevaría el desempleo, o una subida de precios, lo que repercutiría negativamente en los clientes de la empresa, que a su vez se verían obligados a recortar de alguna manera sus costos o a trasladar la elevación de los mismos. También podría suceder que, en lugar de buscar la recuperación de dicho beneficio, el empresario considerara dicha bajada como definitiva. Esto último traería como consecuencia el que menos empresarios se viesen atraídos a ejercer dicha actividad, por lo que se demandarían menos trabajadores y más gente quedaría desempleada.

Por lo tanto parece claro que el primer efecto de la subida del salario mínimo es que determinados trabajadores quedarán desempleados, aquellos cuya productividad no sea lo suficientemente elevada como para justificar dicho nuevo salario. Pero el efecto más perjudicial no radicaría ahí, sino en los trabajadores que carecen de experiencia y tienen una formación más reducida. Estos trabajadores aportan muy poco valor a la empresa cuando se incorporan por lo que una subida del salario mínimo puede hacer que su salario sea superior al producto que son capaces de ofrecer. Al no tener formación su productividad es muy reducida y la única forma de incrementarla, y por tanto, de ganar más, radica en la experiencia que puedan obtener. No obstante, al existir un salario mínimo no existirán empresas interesadas en contratar personas de tan baja productividad.

Por tanto se puede concluir afirmando que la mera existencia del salario mínimo perjudica a los trabajadores, por muy buena que haya sido la intención del legislador. Y es especialmente grave en el caso de los trabajadores con menores ingresos, al ser éstos los que cuentan con menor formación, que verán cómo se limitan las posibilidades de incrementar su productividad mediante la experiencia, siendo condenados a la pobreza el resto de su vida.

Por Juan José Mora Villalón

sábado, 29 de septiembre de 2007

Del salario mínimo a la pobreza


Actualmente se cree que el salario mínimo aumenta el nivel de vida. Sin embargo, la auténtica realidad es que el salario mínimo crea desempleo y empobrece la sociedad. Pero, ¿por qué? ¿Cómo? Espero que lo podamos ver claro y de forma sencilla en cuatro puntos.

Primero: obligar a las empresas a remunerar a sus empleados con un sueldo mínimo significa que los que actualmente cobran una cantidad inferior a éste automáticamente quedan fuera del terreno laboral o bien pasan a cobrar lo mismo pero dentro de la economía informal. Imaginemos que de repente el gobierno de turno decide imponer un salario mínimo de $1.500 mensuales. ¿Eso significará que el empresario tendrá que renunciar a parte de sus beneficios para subir el sueldo a sus empleados? Evidentemente que no (aunque por fuerza se le verá reducido a posteriori). Lo que eso significa es que todo aquel que cobre menos de $1.500 mensuales inevitablemente quedará despedido, o bien, primero quedará despedido y luego pasará a otra empresa —o la misma— cobrando el sueldo anterior pero de forma no declarada, esto es, pasa a ser parte de la economía informal. En este sentido vemos cuan útil es realmente la economía informal, ya que ésta siempre da elección y libertad al necesitado (gente joven, inmigrantes, etc.).

Aquí alguien podría pensar que sólo el salario mínimo “alto” puede crear desempleo, pero uno reducido no. La verdad es que cualquier impedimento a la producción, por pequeño que sea, distorsiona su estructura de precios y esto siempre conduce a más desempleo y menos elección para el consumidor, trabajador o empresario.

Segundo: un incremento en el salario siempre es un aumento en los costos (el sueldo no es más que otro costo sobre el producto). En principio, esto no tiene porque ser maligno, pero si este aumento se debe a la coacción de las leyes que no obedecen la estructura productiva real —o la decisión del consumidor— el resultado serán precios irreales. Pero, ¿todos los productos se encarecen por igual? No, pero al final todos acaban encareciéndose. Los primeros segmentos en los que se notará este aumento serán los que provienen de empresas con una estructura más trabajo intensivas, es decir, que para la elaboración de su producto son necesarias más personas que máquinas, como por ejemplo, las pequeñas empresas, el sector agrícola, etc. ¿A qué se debe? A que toda la estructura productiva, en última instancia, está entrelazada entre sí. Si aumentó el costo de la madera (subiendo el sueldo al leñador de forma artificial o por coacción legal) ésta tendrá que ser vendida más cara al fabricante de sillas, mesas, etc. A la vez, el que vende las sillas las tendrá que vender más caras a la inmobiliaria, y la inmobiliaria que provee a otras empresas que no están relacionadas con la madera repercutirán el costo a sus consumidores (consumidores finales, empresas, etc.). A esto hay que agregar que a cada paso intermedio en la producción también se añade un aumento en su costo por trabajador, con lo que el aumento realmente no es nada despreciable. ¿Cuál ha sido la consecuencia? Que el aumento impuesto de los sueldos sólo ha beneficiado a una minoría que “cobra más” (si no ha sido despedida antes) pero ha empobrecido a una mayoría, ya que esta mayoría, percibe los mismos ingresos pero paga más por los productos que consume.

Tercero: de aquí se deduce rápidamente que este encarecimiento sobre algunos bienes serán demasiado caros para que alguien los quiera comprar. En este caso habrá una disminución de la demanda global, y de forma más acusada puede ocasionar que el margen sobrante para el empresario (beneficio puro) sea tan bajo que provoque la desaparición de algunos productores marginales. Esta reducción de la demanda en los productos marginales (es decir, de poca demanda per se) podrán crear monopolios o reforzarlos si ya existen. Un monopolio, en este caso, se crea gracias a los elevados costos de la elaboración del producto donde inevitablemente sólo pueden ser costeados por una sola empresa ya que no hay margen para nadie más. Y es que ciertamente la tendencia al monopolio es un hecho característico de las leyes y el estado. En ausencia de los dos, los monopolios serían prácticamente inexistentes.

Como consecuencia de este punto podemos llegar a la conclusión que el salario mínimo (y leyes in extenso) destruyen la principal base que puede sostener el trabajo continuo y sano: La Producción. El fin no es el trabajo, éste es un medio o herramienta, sólo la masiva, anárquica y compulsiva producción es el fin; ¡y cuanto más mejor! Esto es lo que realmente, junto al ahorro y capitalización, crea trabajo para todos.

Cuarto: al reducir coactivamente los beneficios de las empresas, donde las más afectadas serán las pequeñas, éstas se volverán menos competitivas perdiendo mercado y trasladando, consecuentemente, una parte de su demanda a las grandes firmas. La otra parte de la demanda queda literalmente muerta, es decir, la gente y otras empresas (demanda) compran menos debido un aumento de los precios. Por ejemplo, una de las consecuencias de la funesta política inflacionista salarial puede llevar a cerrar la clásica ferretería para transmitir parte de su demanda al gran almacén. Si este proceso hubiese sido libre y natural no habría habido ningún problema (en estos momentos la explicación de la causa no importa, sino el efecto) porqué habría venido de la libre elección del consumidor y el empresario podría haber encontrado otra oportunidad en otro negocio, pero al ser impuesta significa que ese pequeño comerciante ya no podrá montar otro pequeño comercio porque tendrá que pagar igualmente el salario mínimo a sus nuevos trabajadores; por lo tanto, la única solución que tiene es pasar a ser un desempleado más o un nuevo asalariado frustrando gracias a la “justa ley social”.

Aquí podemos volver al punto primero; y es que quedar desempleado en un mercado saturado (en parte gracias al salario mínimo) dificulta la recolocación en el mercado de trabajo. No ocurre lo mismo en una economía totalmente libre donde la rotación es alta, fluida y sana. Esto me recuerda una entrevista que concedió Henry Hazlitt a un periodista. Como él decía más o menos: cuando era un muchacho y empecé a trabajar no duraba más de tres días en una empresa, pero en aquel entonces —primer cuarto del siglo XX— no había problemas con el trabajo. Cuando me despedían sólo tenía que comprar el periódico y esa misma tarde ya tenia trabajo en otro sitio, al menos durante tres días más… De esta forma Hazlitt llegó a convertirse en un renombrado y prolífico periodista y en un auténtico campeón de la libertad en el campo filosófico y muy especialmente en el económico.

El auténtico problema no es el salario mínimo en sí, sino toda la amalgama de leyes que intentan crear una justicia distributiva. La consecuencia es un empeoramiento o degeneración de la situación laboral. La libertad no sólo es un imperativo ético, metafísico ni difuso, sino que la negación de ésta también afecta de forma nefasta en temas tan prácticos como pueden ser la economía.

Jorge Valin, tomado de www.liberalismo.org