Como parte de los negocios que montó el Gobierno anterior al romper relaciones diplomáticas con Taiwán y establecerlas con China, tuvimos el "regalo" del Estadio Nacional y la compra de bonos por más de $300 millones, con posiblemente algunas comisiones y premios para los "negociadores" criollos. Pero nos faltó una sorpresita más, que avanza silenciosa pero muy peligrosamente: la refinadora china.
Como bien saben todos, RECOPE no cumple un rol necesario ni destacado en el imaginario costarricense: no refina y se ha dedicado a convertirse en una simple bodega de almacenaje financiado con recursos públicos y como el único importador autorizado por ley de petróleo y sus derivados. Gracias a su monopolio y a la decisión de sus dirigentes, los costarricenses tenemos el combustible más caro de Centroamérica y uno de los más caros de todo el continente.
Frente a este problema de altos precios, la lógica y la evidencia empírica ordenan que, para solventarlo, se requiere abrir el monopolio de la importación de petróleo y permitir un mercado competitivo que le pueda ofrecer mejores condiciones a los consumidores. Pero no. Ya sabemos que la gran mayoría de políticos costarricenses no creen ni en la lógica ni en la evidencia: sus decisiones se orientan por el simple interés de llenar sus billeteras valiéndose de sus puestos.
Así pues, se inventaron un "negocio" con China para instalar una refinería en Moín -la zona donde los trabajadores son los más responsables del mundo y nunca van a huelgas para no perder ni un minuto de sus apreciadas labores- con cuatro objetivos: 1) utilizar recursos económicos liberados por la sustitución de importación de combustible por importación de crudo (cualquier parecido con el modelo de sustitución de importaciones de la década de los 60 es mera coincidencia); 2) contar con producto terminado de una calidad mayor al que actualmente se importa, 3) garantizar la seguridad en el suministro de producto y 4) generar una disminución en el precio interno de venta de los combustibles.
Como podrán pensar, estimados lectores, estos cuatro objetivos nunca se van a cumplir. Y lejos de poner como razón para suponer este fracaso la experiencia del pasado, en ASOJOD queremos ofrecer algunos datos que pueden ayudar a entender por qué los costarricenses quedaremos peor si se implementa esta ocurrencia.
Para echar a andar el negocito, se creó una compañía llamada Soresco, con 50% de capital puesto por el Gobierno de China y el otro 50% por el Gobierno de Costa Rica. Soresco será la encargada de construir el megaproyecto de la refinería y cobrará a RECOPE una cuota por concepto de arrendamiento (que según los estudios técnicos deberá ser de un 5% anual sobre el valor del proyecto), que deberá contemplar el costo del financiamiento más los intereses, el costo por depreciación y la utilidad, que según los cálculos pactados en el contrato suscrito por esta última y CNPC (la compañía petrolera china), será del 16%.
Ahora bien. El costo del financiamiento se las trae, porque según el contrato, se requieren alrededor del $1.500 millones. China pondría $500 millones y le correspondería al estado costarricense poner otros $500 millones. Siendo que RECOPE no tiene recursos para ponerlos, es muy probable que el Gobierno de Costa Rica tenga que solicitar un préstamo internacional y eso significa que todos los costarricenses tendremos que pagarlo en el futuro.
Adicionalmente, RECOPE deberá asumir en su presupuesto, los costos del financiamiento, esto es, la amortización e intereses por los préstamos que incurra, así como los costos adicionales en la operación de la nueva planta, entre los cuales se deben incluir mano de obra adicional, cuya cantidad estima la empresa que será de 200 funcionarios nuevos. Esto con el inconveniente de que proyectos similares realizados en otras latitudes son intensivos en uso de tecnología y no así en mano de obra. De hecho, se dice que plantas del calibre de la que quiere tener RECOPE no requerirían más de 50 empleados, casi todos de nivel superior, por tratarse de manejo y supervisión de equipos que utilizan tecnología de punta.
El costo del arrendamiento y los costos adicionales para Recope han sido calculados en aproximadamente $ 586 millones anuales, los cuales deben ser absorbidos, de acuerdo con los objetivos del proyecto, por el ahorro en la sustitución en la importación de productos terminados por crudo y que, en términos de costo por barril, representa la cifra de $ 40.83. Esto significa que, para que el proyecto sea factible desde el punto de vista económico, el ahorro que se debe producir entre el costo del barril de producto terminado y el costo del barril de petróleo debería ser mayor $ 40.83 para que los precios internos de venta de los combustibles fuesen menores. Viendo el comportamiento histórico de mediano y largo plazo de las diferencias entre el precio del producto terminado y el crudo, el promedio en el periodo 2002-2011 es de apenas $9. En otras palabras, con el porcentaje de utilidad pactado, los costos operativos y las constantes fluctuaciones en el precio del crudo, es muy poco probable que los costarricenses paguemos un precio menor por el combustible.
El costo del arrendamiento y los costos adicionales para Recope han sido calculados en aproximadamente $ 586 millones anuales, los cuales deben ser absorbidos, de acuerdo con los objetivos del proyecto, por el ahorro en la sustitución en la importación de productos terminados por crudo y que, en términos de costo por barril, representa la cifra de $ 40.83. Esto significa que, para que el proyecto sea factible desde el punto de vista económico, el ahorro que se debe producir entre el costo del barril de producto terminado y el costo del barril de petróleo debería ser mayor $ 40.83 para que los precios internos de venta de los combustibles fuesen menores. Viendo el comportamiento histórico de mediano y largo plazo de las diferencias entre el precio del producto terminado y el crudo, el promedio en el periodo 2002-2011 es de apenas $9. En otras palabras, con el porcentaje de utilidad pactado, los costos operativos y las constantes fluctuaciones en el precio del crudo, es muy poco probable que los costarricenses paguemos un precio menor por el combustible.
Como puede verse, es claro que los números no calzan con los fantásticos castillos de arena construidos por RECOPE. Esta ocurrencia, en la cual deben abundar las consultorías, las comisiones, los viajes a China y los negocios indirectos (como el alquiler de oficinas en Forum para Soresco, pagado aparentemente con fondos de RECOPE), será en beneficio de unos pocos que están dentro de la "argolla" que negoció con el gigante asiático. Los demás, los ciudadanos comunes y corrientes, los que trabajamos todos los días para ganarnos nuestro dinero honradamente, asumiremos los costos. Esa es la lógica del modelo mercantilista que domina este país y del cual, el PLN es el mayor exponente: privaticemos ganancias y socialicemos pérdidas.
Costa Rica no requiere una refinería como esta, que le terminará costando millones de dólares a los tax payers actuales y futuros. Para tener una mejor calidad, precios más baratos y un sector más dinámico, con más empleos y oportunidades, lo único que se requiere es abrir el mercado para que todo el que quiera pueda importar combustible y venderlo, con reglas simples y claras, fáciles de cumplir y que le permitan al consumidor ejercer su derecho a escoger libremente el producto que mejor satisfaga sus necesidades.


