El Estado, que prometía un sueño donde todos serían prósperos sin tener que esforzarse, que auguraba que la felicidad estaba al alcance de una petición, ha sacado a relucir su verdadero rostro: el de la distopía tiránica hecha realidad cual maquinaria engrasada para acabar con nuestra libertad... excepto que nosotros lo evitemos
lunes, 24 de junio de 2013
Tema polémico: la distopía hecha realidad
El Estado, que prometía un sueño donde todos serían prósperos sin tener que esforzarse, que auguraba que la felicidad estaba al alcance de una petición, ha sacado a relucir su verdadero rostro: el de la distopía tiránica hecha realidad cual maquinaria engrasada para acabar con nuestra libertad... excepto que nosotros lo evitemos
martes, 7 de mayo de 2013
La columna de Carlos Federico Smith: breves reflexiones sobre la visita de Obama a Costa RIca
martes, 20 de noviembre de 2012
La columna de Carlos Federico Smith: la próxima política fiscal de USA y posibles efectos sobre la economía costarricense
Jorge Corrales Quesada
lunes, 12 de noviembre de 2012
Tema polémico: Democracia, doxa y República
Para dar crédito a lo anterior queremos enfocarnos en uno de los máximos problemas: el votante medio. Nos referimos a un votante totalmente desinformado, sin conocimiento alguno en áreas fundamentales para el entendimiento de las políticas públicas (Derecho, Ciencias Políticas, Economía, Filosofía Política, Ética, etc), y divorciado de toda capacidad analítica y crítica (más que la crítica vacía y superficial de que "todos los políticos son corruptos"). En este orden de ideas nos llamó poderosamente la atención el siguiente video que ilustra este post.
Como pudieron observar, en él se aprecia un conjunto de votantes a favor de Obama quienes creen que las políticas impopulares que rechazan son del candidato contrario, cuando mas bien estas han sido políticas implementadas por el mismo Obama. No estamos sugiriendo de forma alguna que en el campo de Romney no existieran votantes de igual o mayor ignorancia, sino que lo que sugerimos es precisamente esta relación derecho sin responsabilidad, la cual se ha convertido en un verdadero problema del sistema democrático, máxime cuando tomamos en cuenta que los costos por este tipo de comportamiento irracional y desinformado no se asumen de forma directa por lo que hace aun más difícil que estas personas puedan salir de sus errores por mera praxis.
Así las cosas, no queda más que preguntarse qué hacer a este respecto. Algunos pensarían que el problema se resuelve con menos democracia (que sólo intelectuales puedan acceder al voto), pero esta en realidad no es la solución. La verdadera respuesta es el establecimiento de un verdadero sistema republicano que en razón de las competencias delimitadas del Estado vuelva irrelevante qué tan malos e ignorantes resulten ser los votantes y gobernantes. Por supuesto, queda una pregunta sin resolver: ¿cómo pasamos de este sistema democrático desbocado a un sistema republicano por medio de los mismos mecanismos democráticos? Definitivamente ese es el reto que se posa sobre muchos países en la actualidad, incluido el nuestro.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Tema polémico: Elecciones en los EUA
jueves, 2 de julio de 2009
ECONOMÍA: EE.UU.: ¿Cuál fue el resultado de rescatar a General Motors?

En noviembre GM le pidió al gobierno federal un préstamo o salvataje—la única y última alternativa a la bancarrota. Luego de bastantes discusiones y algunos debates profundos, el congreso votó en contra de un salvataje, aparentemente cerrándole la puerta a todas las opciones excepto aquella de la bancarrota. Pero antes de que GM pudiera valerse de la protección de bancarrota, el Presidente Bush tomó la desafortunada decisión de eludir al congreso y desviar $15.400 millones del Programa para Aliviar Activos Tóxicos (TARP, por su sigla en inglés) hacia GM (en el cálido espíritu de evitar malas noticias alrededor de las festividades).
Ese fue el pecado original. George W. Bush es en gran parte culpable de la nacionalización de GM y de la cascada de intervenciones similares que puedan suceder de ahora en adelante. Si Bush no hubiese financiado a GM en diciembre (bajo autoridad cuestionable), la empresa probablemente hubiese aplicado para obtener la protección de bancarrota el 1 de enero, momento en el cual los potenciales compradores, tanto extranjeros como domésticos, hubiesen aparecido y hecho ofertas para obtener activos derivados o porciones de activos en el “Nuevo GM”, tal como está sucediendo ahora.
Por supuesto, un juez de bancarrota, actuando en un ambiente despolitizado, hubiese tenido que determinar si GM podría salir del proceso del Capítulo 11 como una entidad viable. Esa determinación hubiese requerido diferentes concesiones por parte de los diferentes intereses involucrados. Por ejemplo, el sindicato de Trabajadores de Automóviles Unidos hubiese tenido que aceptar cortes reales de salarios (no solamente reglamentos de trabajo reformados) y puede que a los tenedores de los bonos no se los habría forzado a recibir pennies por sus inversiones en dólares. Y, seguramente, los recursos del contribuyente no hubiesen sido tocados. Seguro, hubiesen habido cierres de fábricas, concesionarios de carros y pérdidas de trabajos, de igual manera que los hubo bajo el plan de nacionalización.
Pero el camino que hemos tomado, lamentablemente, atraviesa un campo político minado. Si GM sale de la bancarrota organizado y gobernado por el plan creado por la administración de Obama, es imposible ver cómo los mercados libres tendrán algo que ver con la industria automotriz estadounidense de ahora en adelante. Con el gasto de $50.000 millones del dinero de los contribuyentes (como mínimo), la administración hará lo que sea que tenga que hacer—incluyendo la implementación de políticas que induzcan a los consumidores a comprar GM, hacer las cosas más difíciles para la competencia de GM o subsidiar los costos de GM—para que GM triunfe. Por lo tanto, $50.000 millones es una suma que es más probable que crezca a que sea repagada. También es una suma que servirá como justificación para que hayan más intervenciones del gobierno a favor de GM.
Por lo tanto, ¿qué sucederá con Ford? Con el respaldo del gobierno a GM, ¿estará dificultado el acceso al capital de Ford? ¿Puede competir en contra de una entidad respaldada por la tesorería nacional sin límites? O, ¿será que habrán más bancarrotas patrocinadas por el gobierno en el futuro?
Los fabricantes de autos que no pueden competir deberían desaparecer
Yo odio la política industrial paternalista, bajo la cual las decisiones acerca de quién hace cuánto de qué son tomadas en centros de investigación de políticas públicas en Washington y en oficinas estatales por “expertos” en políticas públicas que se creen ingenieros sociales. Eso es una manera condescendiente de mirar el mundo, la cual busca homogenizar las preferencias individuales hacia una concepción orwelliana del “bienestar social” o del “interés nacional”.
Se ha sugerido que yo veo el destino de GM como un asunto de irrelevancia nacional. Eso es correcto, porque yo no he cometido el error de igualar el estado de GM con aquel de la industria automotriz estadounidense. Estén en juego o no los supuestos “intereses nacionales” en mantener una industria automotriz saludable (y yo no estoy convencido que los hay), creo que la salud viene de un proceso evolutivo en el que las empresas que han tomado las decisiones correctas sobreviven y crecen, y aquellas que han tomado malas decisiones se contraen y algunas veces inclusive desaparecen.
No es solamente justo pero además eficiente y sabio que el mercado recompense a las empresas que hacen mejores productos a mejores precios con ganancias mayores y mayores porciones del mercado, mientras que las empresas que hacen productos no deseados a un costo alto pierdan ganancias y porciones del mercado.
Algunos no están de acuerdo con esa perspectiva al decir que necesitamos una industria automotriz estadounidense para que esta diseñe y construya la próxima generación de carros que sean eficientes en el uso del combustible. Bueno, esa industria existe—en el momento actual. Pero su existencia está amenazada por un gobierno que parece estar dispuesto a mover la balanza a favor de una empresa.
Hay bastantes productores de autos en EE.UU., todos ellos se enfrentan a una demanda en contracción. Pero socavamos el objetivo si Ford, Toyota, Kia, Honda, Volkswagen y todos los demás no pueden competir bajo condiciones iguales con GM para poder diseñar la próxima generación de autos eficientes en el uso del combustible.
Algunos hablan de los peligros de la “administración obsesionada con el costo” rápidamente deshaciéndose de los recursos necesarios para hacer autos mejores y más innovadores. Pero la eficiencia o la obsesión con el costo (como la llaman de manera despectiva) es la esencia de la competencia.
Y no vayamos a endilgarle a aquellos que favorecemos los procesos de mercado el pecado de “destruir la capacidad productiva de nuestro fabricante más grande de autos y de forzar a que miles de proveedores quiebren”. Los administradores de GM y el sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos hicieron eso solos, al ser cómplices en una mala administración y ambición y luego justificar su comportamiento destructivo con la presunción de que ellos eran demasiado grandes para fracasar y que el gobierno estaría ahí para limpiar el desastre.
¿De verdad GM es demasiado grande para fracasar? La pregunta es importante. La demanda de autos ha caído en EE.UU. a lo largo del último año. El mercado se está contrayendo. No todos los productores pueden cubrir sus propios costos y conseguir ganancias. Los más eficientes y valiosos sobrevivirán.
Algunos solamente ven destrucción en este proceso, pero la creación vendrá de las mayores oportunidades, del mayor espacio para las economías de escala y los mayores incentivos para tomar las decisiones correctas que las firmas sobrevivientes enfrentarán—a menos que la política interfiera con el proceso.
CEObama
El plan pre-empacado de bancarrota de la administración de Obama para General Motors es una receta para el desastre. Aún si el Presidente Obama fuese sincero acerca de su aseveración de que el no quiere conducir una empresa de autos, será imposible que evite políticas que favorecen claramente a GM. Con el gasto de $50.000 millones del dinero de los contribuyentes (para empezar), la administración hará lo que sea que tenga que hacer para demostrar que fue sabia su intervención.
Eso requerirá, por lo menos, un retorno positivo por sobre la inversión realizada de manera coercitiva. Pero para simplemente recuperar lo invertido por los contribuyentes en el 60% de las acciones de la empresa, GM tendrá que valer $83.000 millones (60% de $83.000 millones es $50.000 millones). ¿Cómo y cuándo sucederá eso alguna vez? En su cima en el 2000, el valor de GM (basado en su capitalización de mercado) era de $60.000 millones. Por lo tanto, la barra más baja para declarar “éxito” requerirá un aumento de 38% en el valor de GM desde donde estaba en los días felices del 2000, cuando los estadounidenses estaban comprando 16 millones de autos al año. Las proyecciones de demanda en EE.UU. de autos para los próximos años está en alrededor de 10 millones de autos al año. Que los contribuyentes sean dueños de GM es algo a lo que todos nosotros deberíamos acostumbrarnos y la “inversión” solamente crecerá. Considere el caso de Amtrak.
Debería ser obvio que la administración se valdrá de políticas públicas (política tributaria, comercial y regulaciones) para inducir a los consumidores a comprar productos de GM, para subsidiar la producción y de hecho, socavar la competencia de GM. Esto tendrá efectos perversos sobre Ford y otras empresas a las cuales se les hace difícil competir en contra de una Tesorería que gasta sin límites. Y todo esto sucederá aún si el presidente cumple con su promesa de no querer administrar una empresa de autos. Él puede tomar su distancia de la administración de la empresa y al mismo tiempo favorecer a GM.
Pero el presidente quiere administrar esta empresa de autos. Es central para su misión de convertir a EE.UU. de una economía basada en el carbón hacía una basada en energías renovables. “CEObama” ya ha despedido a su antecesor, prometido al sindicato de Trabajadores de Automóviles Unidos que GM no importará carros pequeños de sus fábricas extranjeras y ha prometido convertir a GM en el modelo de la producción verde. Pero el gobierno nunca ha sido bueno para inducir a los fabricantes de autos a producir vehículos que las personas quieran comprar. Si algo logra, es que los fabricantes de autos hagan carros que la gente no quiere comprar. Los estándares de eficiencia en el uso del combustible han inducido a los fabricantes a hacer vehículos costosos de alto millaje a lo largo de los años y para que los vendan sin derivar ganancias de ellos o generando pérdidas debido a la limitada demanda. De acuerdo con esto, la política gubernamental es una de las razones por las cuales GM colapsó.
La única cosa que puede salvar a EE.UU. de este matrimonio apresurado de GM es un juez de bancarrota dispuesto a rechazar el plan de reorganización de la administración. Es posible que el juez insistirá que GM aumente su capital por parte de inversionistas privados en lugar de depender del dinero de los contribuyentes, pero dado que hace poco el juez aprobó el plan de la administración para Chrysler, no esperemos que eso suceda.
Daniel Ikenson
sábado, 23 de mayo de 2009
Inmigrantes o emigrantes

Por muchos años, los estudiantes extranjeros que completaban sus estudios de postgrado en Estados Unidos y buscaban empleo allí, para quedarse y luego traer a sus familiares. Hoy siguen asistiendo y graduándose de estupendas universidades norteamericanas, pero una vez completados sus estudios suelen regresar a su país de origen o buscan empleos en Europa y el Lejano Oriente.
La inmigración crecía año tras año en Estados Unidos, de 252.000 en 1991 a 311.000 en 2005, pero esas cifras se han desplomado últimamente. La demanda de mano de obra, tanto para ingenieros como para obreros poco calificados, ha caído vertiginosamente.
Muchos menos mexicanos indocumentados tratan, hoy en día, de cruzar la frontera, al punto que los guardias fronterizos tienen poco trabajo y la construcción del paredón -que especialmente políticos republicanos apoyaban apasionadamente- dejó de tener sentido alguno.
El supuesto problema de la inmigración se ha estado transformando últimamente en un verdadero problema de emigración. Norteamericanos jóvenes y viejos se están yendo al exterior. Los primeros porque consiguen mejores oportunidades de trabajo y los ya retirados porque no quieren o no pueden pagar los altísimos impuestos a la propiedad que los políticos han ido incrementando sin piedad durante dos o tres décadas. Entonces, la gente vota con los pies en respuesta al exceso de intervencionismo, inseguridad jurídica, fiscalizaciones, regimentaciones, impuestos, inflación y regulaciones. Los extranjeros que emigramos a Estados Unidos sufrimos muchos de esos mismos males en los países donde nacimos y crecimos, pero ahora vemos con pesar la versión norteamericana.
El presidente Obama promete crear millones de nuevos puestos de trabajo con una política energética que pretende reemplazar el petróleo y el gas con turbinas de viento y la construcción de paneles solares en lugar de plantas eléctricas. Suena muy limpio y muy bonito, pero cada vez que decisiones políticas sustituyen las de individuos en un libre mercado, el inevitable resultado es el exagerado aumento de los costos y, por consiguiente, una dura caída del bienestar general. Ejemplos de las consecuencias del bien intencionado socialismo sobran, tanto en América Latina como en Gran Bretaña y la vieja Unión Soviética. Y el gobierno de Obama ya rompió un récord en este país imprimiendo billetes.
Si algo debiéramos haber aprendido desde hace mucho tiempo es que la prosperidad de la gente y un gobierno grande son conceptos radicalmente opuestos.
Carlos Ball
martes, 10 de marzo de 2009
La doctrina del shock de Obama
“Una emergencia económica profunda”, dice el presidente Obama. El fracaso de aprobar su plan “convertiría una crisis en una catástrofe”. Cualquier demora significará “parálisis” y “desastre”. Todo esto es tomado del guión de “la doctrina del shock”: asuste a la gente y luego demande que su agenda sea aprobada sin demoras. Naomi Klein causó revuelo hace dos años con su libro La doctrina del shock , en el cual dice que los gobiernos conservadores utilizan las crisis para imponer políticas de libre mercado. Como afirmara en una entrevista: “La doctrina del shock es una estrategia política que la derecha republicana ha estado perfeccionando a lo largo de los últimos 35 años para utilizarla en distintos tipos de shock . Estos podrían ser guerras, desastres naturales, crisis económicas, cualquier cosa que ponga a la sociedad en un estado de shock con el fin de imponer lo que los economistas llaman ‘terapia económica de shock ’ –políticas expeditas pro transnacionales que no podrían realizarse si la gente no estuviese en un estado de miedo y pánico–”.
Y eso es justamente lo que estamos viendo hoy, solo que al revés. El año pasado la economía estadounidense fue golpeada por un shock tras de otro. Y ¿qué sucedió? ¿Acaso el Gobierno republicano invocó al espíritu de Milton Friedman y redujo el gasto público? ¿Acaso redujo las regulaciones y privatizó? No. Hizo lo que los Gobiernos en realidad hacen durante una crisis: se adjudican nuevos poderes sobre la economía. Aumentó dramáticamente los poderes de regulación de la Reserva Federal e inyectó billones de dólares en créditos inflacionarios al sistema bancario. Nacionalizó parcialmente los bancos más grandes. Destinó $700.000 millones para intervenir la economía. Hizo de General Motors y Chrysler responsabilidades del gobierno federal. Escribió una ley de salvataje que le daba al secretario del Tesoro poderes extraordinarios que no podían ser supervisados por las cortes u otras agencias del gobierno.
Control gubernamental. Ahora el gobierno de Obama está continuando este camino hacia la centralización y el control gubernamental de la economía. Y sus jugadores claves están explícitamente refiriéndose a su propia versión de la doctrina del shock . Rahm Emanuel, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, dijo que la crisis económica es “una oportunidad para nosotros”. Después de todo, dijo: “Uno nunca quiere que una crisis seria se desperdicie. Y esta crisis provee la oportunidad para nosotros de hacer algo que antes no se podía hacer”, tal como tomar el control de las industrias financieras, energéticas, de informática y atención médica.
Eso es precisamente lo que Naomi Klein nos haría creer que piensan los defensores del libre mercado como Milton Friedman. “Algunas personas acumulan productos enlatados y agua en preparación para los desastres”, escribió Klein. “Los seguidores de Friedman acumulan ideas de libre mercado”. Pero eso es exactamente lo que los izquierdistas estadounidenses han estado haciendo en anticipación a que llegue al poder un Gobierno demócrata en momentos en que el público pueda estar tan asustado como para aceptar más Estado del que normalmente aceptaría. Por ejemplo, Paul Krugman, el columnista del New York Times , respaldó el entusiasmo de Emanuel: “Los progresistas esperan que el gobierno de Obama, como el New Deal , responderá a la actual crisis económica y financiera creando instituciones, especialmente un sistema de atención médica universal, que cambiará a la sociedad estadounidense para las próximas generaciones”.
Libro profético. Arianna Huffington ha llamado al libro de Klein “profético”. Mientras que el equipo de Obama comenzaba a diseñar sus planes, Klein mostró qué tan en lo correcto estaba cuando dijo: “Una crisis es algo terrible que desperdiciar. Y puede ser esta crisis en particular la que hará posible que el gobierno de Obama haga algo verdaderamente innovador, cosas atrevidas respecto a la atención médica, a la independencia energética, y a todas las áreas que han sido ignoradas”.
Nada de esto debería sorprendernos. Es descabellado pensar que la mayoría de los Gobiernos responderán a una crisis reduciendo sus propios poderes y regulando menos la economía, como Klein nos haría creer. Los líderes políticos responden a las crisis entrando a la escena como el hombre sobre el caballo blanco que toma control de la situación. En Crisis y Leviatán , el historiador liberal Robert Higgs probó que el crecimiento del Estado en EE. UU. no ha sido lento y constante. En cambio, su envergadura y poder han aumentado mucho durante guerras y crisis económicas.
Ocasionalmente, alrededor del mundo, ha habido instancias en las que una crisis derivó en reformas liberales, como en Gran Bretaña y Nueva Zelanda. No obstante, los Gobiernos generalmente buscan expandir su poder y se aprovechan de las crisis para hacerlo. Pero pocas veces deletrean sus intenciones tan claramente como Rahm Emanuel lo hizo.
David Boaz
Publicado en el diario La Nación el 8 de marzo de 2009
sábado, 14 de febrero de 2009
¿Más de lo mismo?

Ahora Obama desmantela la truculenta e inaceptable cárcel de Guantánamo, elimina la posibilidad de torturar y ofrece la posibilidad de que el público se entere de informaciones ocultas tras los “secretos de estado”. Pero insiste con los llamados “rescates” a quienes reúnen más poder de cabildeo, en perjuicio del ciudadano común, que se ve compelido a financiar los platos rotos de quienes recurrieron al uso imprudente de instrumentos financieros, erraron el camino o fueron batidos por intervenciones gubernamentales como las llevadas a cabo a través de las tristemente célebres Freddie Mac y Fannie Mae que produjeron un verdadero zafarrancho en el mercado inmobiliario.
Sería lamentable insistir por este camino porque en economía no hay alquimias posibles: lo que gasta el gobierno lo recauda compulsivamente de otros o deteriora el signo monetario a través de a inflación, lo cual también es financiado por toda la comunidad. La situación no da para adoptar políticas que son más de lo mismo. No hay espacio para más gasto estatal, endeudamiento público y déficit fiscal. Al mundo le va la vida con esto, ya que si se profundiza la crisis que tiene por epicentro a Estados Unidos, el resto del mundo libre sufrirá consecuencias aún más graves de las que hoy soporta.
Carlos Alberto Montaner con su pluma potente y siempre esclarecedora ha difundido en el mundo hispanoparlante el contenido de las páginas coordinadas por Cato Institute y aparecidas en The New York Times, The Wall Street Journal y Washington Post en la que 200 economistas estadounidenses se expresan a raíz de que Obama declaró el 9 de enero que “no está en discusión que necesitamos acción por parte del gobierno” para resolver la crisis. Ellos aclaran: “con todo respeto Señor Presidente, eso no es cierto”. Entre los firmantes hay tres premios Nobel en Economía también críticos de los “rescates”, gastos estatales desmesurados, endeudamiento irresponsable y déficit alarmante. En su lugar sugieren cortar las erogaciones gubernamentales y reducir las cargas tributarias que padece la población. Para bien del mundo es de esperar que se escuchen estas voces autorizadas.
El Fondo de Cultura Económica acaba de publicar mi libro “Estados Unidos contra Estados Unidos”, donde señalo los marcados desvíos en ese país con respecto a los sabios valores y principios sustentados por los Padres Fundadores. Es imperioso modificar el rumbo... no se soporta más de lo mismo.
Alberto Benegas Lynch
miércoles, 11 de febrero de 2009
¿Cambio?

Ya la administración Obama lleva un tiempo en el poder, así que sería un ejercicio muy sano preguntarnos si el tan anunciado cambio es tal.
Nadie puede olvidar los ataques de Obama durante la campaña contra los TLCs, incluso llegó a manifestar que NAFTA debía de ser renegociado. A pesar de tanta verborrea, Obama decidió nombrar como Secretario de Comercio al Republicano Judd Gregg el cual es calificado por el Center for Trade Policy Studies como un senador que apoya al libre comercio. ¿Será posible que el magnánimo Obama fuera capaz de mentirle descaradamente a la opinión pública sólo con el fin de ganar unos votos de más? Eso que cada quien lo juzgue.
El segundo ejemplo son las respuestas de Obama a la crisis. Obama ha seguido la misma política de Bush, ayer se aprobó el plan de estímulo de Obama por la módica suma de $838.000 millones. Vale la pena preguntarse de donde saldrá dicho dinero, en una economía que ya es deficitaria. Efectivamente sólo pueden existir dos vías: a) nuevos impuestos, b) inflación. Ninguna de las dos soluciones puede estimular la economía, sino que únicamente provocarán una serie de problemas macro para el futuro. Lo cual nos lleva a una pregunta ética que es más importante que cualquier debate económico respecto a la viabilidad del plan: ¿es legítimo que las generaciones futuras paguen la irresponsabilidad de las presentes, es ético traspasar las consecuencias de nuestros actos a personas que no los cometieron? En ASOJOD esta es la pregunta del millón de dólares, como seres responsables la única respuesta aceptable es, NO.
miércoles, 28 de enero de 2009
Obama ganó el primer round

En sus primeros días en la Presidencia, Obama ordenó el cierre de la prisión de la base naval de Guantánamo, Cuba, en el término de un año, firmó un decreto que prohíbe torturar a los prisioneros de Estados Unidos en cualquier parte del mundo, abrió los registros de la Casa Blanca para hacer su Gobierno más transparente, y reiteró de diversas maneras el mensaje de su discurso inaugural dirigido a los demagogos antiestadounidenses, de que "sus pueblos los juzgarán por lo que sean capaces de construir, no por lo que destruyan''.
Al revertir algunas de las políticas de Bush que más alentaron el sentimiento antiestadounidense en el mundo entero, Obama ha empezado a moverle el piso a Chávez y a otros demágogos aspirantes a presidentes vitalicios que han construido sus carreras políticas culpando a Estados Unidos por el atraso de sus países.
Obama ganó el primer round. Los ha puesto a la defensiva. De repente, les resulta difícil recitar su cartilla de improperios contra un presidente joven, afroamericano, que con frecuencia tiene índices de aprobación más altos en sus propios países que ellos mismos.
Hasta el dictador cubano Fidel Castro --el máximo maestro del arte de usar a Estados Unidos como chivo expiatorio de las falencias de su país --trata a Obama con guantes de seda. En una columna la semana pasada, Castro dijo que no duda de la "honestidad'' de Obama, aunque agregó que todavía es muy temprano para evaluarlo.
Ahora bien, si Obama quiere renovar el liderazgo de Estados Unidos en las Américas, como prometió durante la campaña, debería adoptar las siguientes medidas adicionales --algunas de las cuales ya están siendo estudiadas por sus colaboradores-- antes de la Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en Trinidad Tobago el 17 de abril:
* Antes de llegar a su primera cumbre internacional en Londres, el próximo 2 de abril, Obama debiera proponer la inclusión de Brasil y México en el "Grupo de los 8''. Este grupo, que se reúne todos los años para tratar de solucionar los problemas más graves del mundo, está constituido por Estados Unidos, Japón, Rusia, Canadá, Italia, Alemania, Francia y el Reino Unido.
* Anunciar la designación de un Enviado Especial a las Américas, que tenga acceso directo a Obama. El cargo fue desempeñado por el ex jefe de gabinete y compañero de kindergarten de Bill Clinton, Mack McLarty, durante el gobierno de Clinton, pero fue descontinuado por Bush.
* Tomar medidas que permitan a los estadounidenses usar sus seguros de salud en hospitales del extranjero. Eso ayudaría a solucionar la crisis de los servicios de salud estadounidenses, contribuiría a reducir el déficit presupuestario de Washington, y representaría una enorme inyección de dinero para las industrias de la salud y el turismo en Latinoamérica.
* Debería concretar la promesa de campaña de reducir la dependencia estadounidense del petróleo extranjero y crear una "Alianza Energética de las Américas'', dando fondos y asistencia técnica para las industrias exportadoras de combustibles alternativos de toda Latinoamérica. Eso ayudaría a todos (salvo a Chávez, claro, que vive del petróleo).
* Pedirle al Congreso la aprobación de acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá. Obama se opuso al acuerdo con Colombia durante la campaña, pero ahora podría firmar algunos acuerdos laterales y respaldarlos activamente.
"El continente busca un cambio de tono, pero también busca ciertas acciones específicas'', me dijo Eric Farnsworth, vicepresidente de la Sociedad de las Américas, con sede en Nueva York, quien es coautor de un nuevo informe sobre La construcción de una agenda hemisférica de crecimiento que incluye algunas de estas ideas. "Obama debería aprovechar la oportunidad de la Cumbre de las Américas para crear desde el principio una atmósfera positiva''.
Mi opinión: estoy de acuerdo. Si lo hace, Obama desarmará aún más a Chávez, Castro y a otros mandatarios narcisistas-leninistas de la región.
Obama podría inspirarse en lo que dijo la semana pasada el encargado de negocios estadounidense en Bolivia, Krishna Urs, después de que el presidente Evo Morales afirmara, sin evidencias, que Washington está conspirando contra su gobierno. Urs, quien estaba en la audiencia, se marchó de la sala, y más tarde exigió que el gobierno boliviano "deje de usar a Estados Unidos como una ficha en su política interna''.
Obama podrá exigir que los líderes extranjeros sean juzgados por lo que construyan --y no por lo que traten de culpar a Washington-- si sigue siendo visto en el resto del mundo como un líder bien intencionado, y creíble.
A juzgar por sus primeros días en la Casa Blanca, empezó muy bien.
martes, 20 de enero de 2009
¿El redentor?

Los retos que se avecinan para el nuevo Presidente son bastante complejos: pacificar el Medio Oriente, resolver la crisis financiera, reactivar la economía estadounidense, mejorar la imagen de su país en el exterior, variar 8 años de política exterior pro bélica, mantener la seguridad de su nación ante una creciente ola de actos terroristas y, de paso, incluir a América Latina y África como puntos prioritarios en su agenda. En ASOJOD somos de la opinión que existen fuertes posibilidades de que Obama no pueda cumplir con todas las expectativas y sueños que giran sobre su figura, cual satélites, no porque sea incapaz, sino porque la magnitud misma de esos retos implican soluciones de mediano y largo plazo, fortalecimiento de la institucionalidad y cooperación de cientos de millones de individuos.
Sin embargo ¿podrá Obama resolver todo lo que se le pide? Sólo el tiempo dará la respuesta. Al inicio de su gestión, no queda otra cosa que esperar que medite bien sus decisiones, pues en sus manos está aplicar o no medidas cuyos efectos podrían desatarse al mejor estilo de una bola de nieve, para bien o para mal. A pesar de que en ASOJOD discrepamos respecto a muchas de sus propuestas, le seguiremos la pista al desempeño de cada una de ellas para analizarlas y comentarlas en este espacio.




