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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Desde la tribuna: al final, unos ganan más y el resto está más pobre

Es evidente que en nuestro país la lucha contra la pobreza ha fracasado. El fracaso es indiscutible y va relacionado directamente con el mismo crecimiento del Estado y de los presupuestos públicos.

Un fotografía al estilo de antes, una instantánea, revelaría el quid del tema: mayores presupuestos públicos complican el funcionamiento de la sociedad y de la economía, mayores presupuestos públicos concitan a los buscadores de rentas a vivir del Estado, mayores presupuestos públicos son un lastre para la sociedad, mayores presupuestos públicos no significan mejor desempeño social ni mejor desempeño estatal, mayores presupuestos públicos no implican menos pobreza sino más empleados públicos viviendo del tema de la pobreza. ¡Es un hecho!

Más dinero quitado a la sociedad, más impuestos, más coacción, más dinero gastado, más aparato público, más Estado no implican per se menos pobreza ni mejor desempeño. Todo lo contrario. Los números dicen que estamos peor, más mal, más pobres y más complicados. Y los números… desdichadamente no mienten, aunque las estadísticas le duelan a mucha gente.

Nos han engañado en una apuesta perdida: darle más dinero al Estado para combatir la pobreza, darle más dinero al Estado para mejorar la educación, darle más dinero al Estado… más dinero… más dinero. Al final, unos ganan más y el resto está más pobre.

Muchos servidores públicos han secuestrado al Estado y ordeñan impunemente la teta pública, para solaz personal, para lucro propio, para prosperar sin riesgo, para montarse sobre los demás. Los números no mienten: más presupuesto, más impuestos, más coacción y… más pobreza y desigualdad.
Siempre sale vacilón echarle la culpa al neoliberalismo. Hasta iglesias (con “i” minúscula) se han fundado contra el neoliberalismo: son religiones de mentiras que posiblemente compran sus ornamentos en coopeclero, pero que no aceptan tener las restricciones correspondientes. Inconsecuencia e incoherencia. Pero los números no mienten, porque toda esa pobreza está relacionada con un Estado inútil, torpe, secuestrado, abusador y abusado, gastón, angurriento y postrado que se ha arrecostado sobre la sociedad, causando más pobreza, menos avance de la educación, más desigualdad y menos prosperidad. Eso indican, indubitablemente, los números que no mienten. ¡Duélale a quien le duela!

Así que, igual que en Cuba, Venezuela, Argentina, la ex Unión Soviética y otras sociedades, los números han mostrado que a más Estado, más pobreza, desigualdad y atraso. Los números no mienten.

Federico Malavassi Calvo
Columna Perspectiva de la Prensa Libre

martes, 21 de octubre de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: el alivio de la pobreza

Nótese que Friedman no titula este capítulo de su libro Capitalismo y Libertad, con algo así como “la solución a la pobreza” o “cómo eliminar o suprimir el flagelo de la pobreza”, sino que propone claramente que la idea principal de este capítulo -el llamado impuesto negativo al ingreso y que explicaré de inmediato- serviría para aliviar o moderar el impacto negativo que aquella tiene sobre el bienestar de algunos individuos. 

Friedman empieza este capítulo con un recordatorio muy importante, basado en la evidencia empírica, de algo que en muchas ocasiones es simplemente despreciado o marginado por críticos del sistema capitalista de producción. Tengan presente, antes que nada, que su libro lo escribió en 1963, mucho antes del radical cambio experimentado en las condiciones de vida de naciones de oriente, tales como Hong Kong, Corea del Sur, Malasia, Tailandia, China, Singapur, entre otras, en dónde más recientemente o apenas empezaban en aquel entonces, sistemas fundamentados en mayor o menor grado en los mercados libres. Por tal razón, su remembranza empírica se refiere a los países de Occidente, en donde, dice Friedman, su “extraordinario crecimiento económico experimentado... durante los últimos dos siglos y la extensa distribución de los beneficios de la libre empresa, han reducido enormemente en los países capitalistas de Occidente la extensión de la pobreza en cualquier sentido absoluto. Pero la pobreza es en parte un asunto relativo, y aún en estos países claramente hay mucha gente viviendo bajo condiciones que el resto de nosotros calificaría como de pobreza.” (Milton Friedman, Capitalism and Freedom, Op. Cit., 190).

Para él, la forma más apropiada de aliviar la pobreza es mediante la caridad privada e incluso trae a colación el hecho de que “los días del apogeo del laissezferianismo, a mediados y finales del siglo XIX en Gran Bretaña y los Estados Unidos, vieron una proliferación extraordinaria de organizaciones e instituciones privadas de caridad. Uno de los mayores costos debido a la extensión de las actividades del estado benefactor ha sido la declinación correspondiente de las actividades privada de caridad.” (Ibídem, p. p. 190-191).  Ciertamente un factor que a veces no es debidamente considerado en la discusión usual acerca de políticas sociales en busca de reducir la pobreza, es la sustitución que se ha provocado del libre ejercicio de la caridad privada por la acción compulsiva del estado.

Friedman acepta el argumento de que existe un factor de externalidad -la eliminación de una deseconomía externa- en el sentido de que uno estaría dispuesto a contribuir a eliminar la pobreza, en tanto que todos los demás también lo hicieran. Por ello, propone, “como si así lo fuera, un piso para el estándar de vida de todas las personas en una comunidad,” (Ibídem, p. 191), lo cual lo conduce de seguido a preguntarse en qué tanto y cómo habría que dedicar recursos para el alivio de la pobreza.
Con el objetivo de responder al “cómo”, considera que es indispensable que cualquier programa se dirija directamente a beneficiar a los pobres, en vez de hacerlo mediante el apoyo a grupos específicos. Tales son los casos frecuentes que se suelen promover o indicar por los políticos, de que dicha ayuda constituye un componente esencial de sus programas agrícolas, aranceles, pensiones para ancianos, leyes de salarios mínimos, permisos para el ejercicio profesional o de oficios, ayuda de vivienda, control de precios, en un casi interminable etcétera. Todo ello en formas de “ayuda” que se suele brindar a los miembros o afiliados de tales de organizaciones o grupos específicos, que están detrás de esas políticas, mas no como un paliativo dirigido a personas o a individuos que, como tales, específicamente lo requieren para aliviar su situación de pobreza. Asimismo, dice Friedman que, en tanto sea posible, ese programa de atenuación de la pobreza debe “operar por medio del mercado, sin que se le distorsione o impida su funcionamiento. Éste es un defecto que tienen las políticas estatales de fijación de precios de garantía o máximos, las leyes de salarios mínimos, los aranceles y similares.” (Ibídem, p. 191).

No sé si es algo original de Friedman, pero la discusión de su propuesta para lograr un alivio a la pobreza, conocida como el impuesto negativo al ingreso, ha sido bastante amplia. No señalaré en esta ocasión las particularidades de dicha oposición, sino que tan sólo me limitaré a hacer un breve y simplificado resumen de ella (para lo cual inventaré una cifra en colones que se me ocurre), a fin de interpretar su fundamento. Si suponemos que la exención básica mensual de impuesto sobre el ingreso es de ₡400.000, quien reciba tal salario pagaría 0% de impuesto sobre la renta. Si, por ejemplo, esa persona obtuviera un ingreso de, digamos, ₡600.000, entonces, pagaría el impuesto sobre el exceso de ₡400.000; esto es, el impuesto correspondiente a ₡200.000. Digamos que la tasa impositiva es de un 10%; esto es, pagaría mensualmente ₡20.000 de impuesto sobre la renta. En la propuesta Friedmaniana del impuesto negativo al ingreso, si el salario que percibe la persona es inferior a aquellos ₡400.000; supongamos, de ₡300.000, entonces, recibiría un subsidio en efectivo. Si se asume que la tasa de dicho subsidio es de un 50%, esa persona recibiría un subsidio o impuesto negativo en dicho caso de ₡50.000 mensuales. Si del todo no tuviera ingreso alguno, el subsidio para la persona sería de ₡200.000. 

Evidentemente, los números sencillos aquí presentados -el qué tanto de recursos se pueden dedicar a aliviar el problema, de lo que antes nos habló Friedman- están en función de si se tienen o no otras deducciones, tales como, por ejemplo, si hay esposa e hijos que no laboran en su familia, así como de cuál sea la tasa de subsidio que la comunidad considera puede destinar para ese objetivo. En todo caso, “de esta manera sería posible fijar un piso debajo del cual no podría caer el ingreso neto de una persona (definido ahora para incluir el subsidio)” –en este ejemplo sencillo sería de ₡200.000. (Ibídem, p, 192).

Friedman señala a las siguientes como ventajas de este sistema: (1) “está dirigido específicamente al problema de la pobreza”; (2) “brinda la ayuda en la forma en que es más útil para el individuo; esto es, en efectivo”; (3) “es algo generalizado y podría sustituir un montón de medidas destinadas a grupos específicos que ahora están en vigencia”; (4) “hace explícito el costo del programa que es cargado a la sociedad”; (5) “opera dentro de lo que es el ámbito del mercado”; (6) “reduce el incentivo para que aquellos que son beneficiados se ayuden a sí mismos, pero no lo elimina del todo, como sí sucedería con un sistema por el cual se complementan los ingresos en algún monto mínimo que se determine”; (7) “el sistema empataría con el actual de impuestos a la renta individual, con lo que se les podría administrar conjuntamente”; (8) “si se pone en marcha como sustituto del sinfín de medidas destinadas al mismo objetivo, el costo administrativo total con seguridad que podría reducirse.” (Ibídem, p. p. 192-193).

A su vez, señala que un grave problema de su propuesta lo constituyen las implicaciones políticas que tiene, pues “existe siempre el peligro de que, en vez de ser un acuerdo bajo el cual una gran mayoría está dispuesta a gravarse con impuestos a sí misma, a fin de ayudar a una minoría desafortunada, se convierta en uno en donde una mayoría impone, para su propio beneficio, tributos sobre una minoría que no los desea.” (Ibídem, p. 194). Esta declaración, que muestra la honestidad intelectual de Friedman, y que fuera parte importante de las críticas que posteriormente se le formularon (además de que su propuesta sería un incentivo para que la gente no buscara salir de la pobreza por sus propios esfuerzos), hace que Friedman nos confiese que, ante el hecho de que la propuesta hace tan explícito el comportamiento señalado con anterioridad y que, por tanto, ese peligro es mayor que con otras propuestas, no vea “otra solución a este problema más que descansar en la auto-restricción y la buena voluntad del electorado.” (Ibídem, p. 194).

Finalmente, en este capítulo Friedman formula una serie de apreciaciones sumamente interesantes acerca de la relación entre el liberalismo y el igualitarismo, que con gusto transcribiré. Considero que es esencial que sean más conocidas, dado que es común escuchar el calificativo que se les hace a los liberales, como “insensibles” ante el dolor y la miseria de los desafortunados. Friedman, en lo particular, demuestra que eso está muy lejos de ser verdad y él da fe de ello cuando justifica su planteamiento en favor del impuesto negativo al ingreso. Creo que el liberalismo en general lo hace cuando enfatiza su respeto por la individualidad y al abrir posibilidades para que los individuos puedan progresar en su búsqueda de la felicidad, según sea su libre valoración propia y no la impuesta por algo o alguien.

Friedman escribe que “el corazón de la filosofía liberal es su creencia en la dignidad del individuo, en su libertad para lograr lo máximo de sus capacidades y oportunidades de acuerdo con sus propias luces, sujeto tan sólo a la provisión de que no intervenga con la libertad para cualquier otro individuo de hacer lo mismo. En cierto sentido esto implica una creencia en la igualdad de los seres humanos; pero, en otra dirección, en su desigualdad. Cada ser humano tiene un derecho igual a ser libre. Este es un derecho importante y fundamental precisamente porque los seres humanos son diferentes, porque uno de ellos deseará con su libertad hacer cosas diferentes de lo que otros desean hacer con la suya, y en este proceso pueden contribuir, más que con algún otro, a la cultura general de la sociedad en que muchos de ellos viven.”(Ibídem, p. 195).

Lo anterior es clave para entender la diferencia tajante que hay, por una parte, entre la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades, y, por la otra, de una igualdad material o de resultados. Dice Friedman que el liberal le “dará la bienvenida al hecho de que una sociedad libre tienda en efecto hacia la mayor igualdad, en comparación con cualquier otra forma tratada. Pero mirará a eso como una consecuencia deseable de lo que es una sociedad libre, pero no como la principal justificación de su existencia. Él le dará la bienvenida a medidas que promuevan ambas, la libertad y la igualdad –tales como serían medidas para eliminar el poder del monopolio y para mejorar la operación del mercado. Él apreciará la caridad privada dirigida a ayudar a los menos afortunados, como un ejemplo de un uso afortunado de la libertad. Y podrá aprobar la acción del estado para disminuir la pobreza, como un medio más efectivo cuando la gran mayoría de una comunidad puede lograr un objetivo en común. Sin embargo, esto lo hará con el dolor de tener que sustituir la acción voluntaria con una acción obligatoria.” (Ibídem, p, 195).

Friedman concluye este capítulo de su libro sin dejar de omitir la enorme diferencia que sobre este tema hay entre un liberal y un sujeto creyente en el igualitarismo, cuando nos dice, en relación con la decisión citada en ese último párrafo, que requiere su propuesta, que “También el proponente del igualitarismo llegará a tales límites. Pero querrá ir aún más allá. Defenderá quitarle a alguien para dárselo a otro, no como un medio más efectivo mediante el cual ese ‘alguien’ puede lograr el objetivo que desea, sino con base en ‘la justicia.’ En este punto es cuando la igualdad entra bruscamente en conflicto con la libertad; uno debe escoger. Uno no puede ser ambos, un igualitario en este sentido, y un liberal.” (Ibídem, p. 195).

Jorge Corrales Quesada

jueves, 24 de octubre de 2013

Jumanji empresarial

En 1776, el escocés Adam Smith publica su obra clásica “La riqueza de las Naciones” donde expone una idea que fue un desafío al pensamiento económico de su época y que lo sigue siendo en el siglo XXI. La idea central del libro es que la libertad económica, y no la planificación, es la causa del desarrollo económico.

Los fundamentos de la libertad económica son: libre elección, intercambio voluntario y mercados libres. El argumento de Smith contradice la creencia popular que en el intercambio alguien gana y otra pierde. Según el escocés, todo intercambio voluntario –libre- genera beneficios para ambas partes, caso contrario la transacción no se realizaría. Este es el fundamento generador de la riqueza de las naciones. Por eso es que es absurdo creer que con el libre comercio un país gana y otro pierde porque cuando hay libertad, nadie transa para perder. Las regulaciones en materia económica, el proteccionismo, los impuestos, el gasto público, los obstáculos a la inversión extranjera, los monopolios públicos creados por ley, etc. no hacen más que reducir las ventajas del intercambio voluntario según Smith.

Pero, ¿qué dice la evidencia empírica al respecto? En 1996 se publicó el primer reporte anual del “Economic Freedom of the World” que elabora el Fraser Institute de Canadá en cooperación con el Instituto CATO de los EE.UU. Este primer informe tomó años de investigación con un equipo interdisciplinario que incluyó a varios premios nobel. El informe anual del 2013 clasifica a 152 países utilizando 42 variables en cinco áreas: Tamaño del gobierno, protección a la propiedad privada, libre comercio, una sana política monetaria y regulaciones en los mercados de crédito, negocios y mano de obra. Quien quiera revisar con detenimiento las conclusiones de la publicación le recomiendo visitar la página del CATO y descargar una versión gratuita en formato PDF.

La conclusión del “Economic Freedom of the World” es contundente: Existe una relación directa entre libertad económica y desarrollo económico. Donde los impuestos son más bajos, mayor es la tasa de crecimiento. A menor gasto público, mayor es la tasa de crecimiento de los salarios. Donde hay menos regulaciones en los mercados, existen menores tasas de desempleo. En fin, a mayor libertad económica, más es la riqueza y el bienestar de los pueblos.

José Joaquín Fernández

martes, 8 de octubre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: hombre rico y hombre pobre


Pronto se escuchará el mantra de que “los ricos paguen como ricos y los pobres como pobres”. Eso se suele oír cuando alguien o algunos proponen mayores o nuevos impuestos. Esa frase tiene la virtud de exaltar la presunción de que el rico es, de alguna forma, una persona que ha obtenido ingresos mal habidos o que para poder enriquecerse tiene que haber causado algún daño a alguien.

Hace poco encontré un comentario muy interesante del columnista Daniel Henninger, quien escribió lo siguiente, al leer un documento presupuestario del gobierno, el cual señala que 

“No hay nada malo con hacer dinero, pero hay algo malo cuando dejamos que se sesgue tanto la igualdad de condiciones (“playing field”) en favor de tan pocos… Es un legado de irresponsabilidad y es nuestra obligación cambiarlo.”

Henninger ripostó que

“El lenguaje rencoroso usado para describir a estos contribuyentes (de impuestos), evidencia con claridad que, como un asunto de política pública, a ellos se les obligará a 'pagar por' el hecho de poseer riqueza –sin importar cuántos de ellos trabajaron honesta y honorablemente para producirla.” (Ambas citas provienen de Steve Forbes and Elizabeth Ames, How Capitalism Will Save Us, New York: Crown Business, 2009, p. 110.)

Criticar a los ricos suele ser políticamente rentable.  Los políticos a menudo hablan en términos de “ellos” los ricos versus “nosotros” los pobres, por supuesto que dejando de lado el hecho de que muchos se enriquecen a través de prebendas resultantes de su influencia política. Pero aun así, esos hombres públicos no son capaces de darse cuenta o prefieren ignorar, el hecho de que posiblemente hay mucho más individuos quienes se enriquecer sirviendo a las demás personas, al atender o satisfacer sus deseos y necesidades.  

En muchas ocasiones se han hecho fortunas al actuar los ricos claramente en la satisfacción de los consumidores relativamente más pobres.  Es, tan sólo un ejemplo, el caso de Henry Ford, quien produjo su famoso modelo T mediante técnicas productivas novedosas.  Hizo de éste el vehículo que los pobres podían adquirir.  Los ricos amigos de Ford podían comprar otros vehículos de marcas caras, pero los relativamente más pobres pudieron obtener los vehículos de Ford. Con esto, Ford logró un enorme enriquecimiento personal de los pobres. Tanto Ford como los consumidores pudieron vivir mejor: aumentó su riqueza.

El facilismo con que se esgrime el conflicto entre “ricos” y “pobres”, en especial para lograr la aprobación de mayores impuestos, oculta el hecho frecuente en la historia de la humanidad, cual es que muchos de los bienes que hoy pasan casi sin ser notados, inicialmente se produjeron para satisfacer los deseos de grupos de ricos relativamente pequeños. Piense el lector nada más, por un momento, en la evolución que han tenido artefactos usados para alimentarse, como, por ejemplo, las cucharas o los tenedores. Primero se produjeron exclusivamente para los señores de las cortes, pero la habilidad de los empresarios para producirlos en masa y que fueran más, pero mucho más baratos, permitió que se hicieran presentes en los hogares de las personas relativamente más pobres. Tal fenómeno es altamente conocido por cualquier historiador y es casi característico de todos los bienes, que inicialmente suelen ser producidos para unos pocos, usualmente ricos, pero que luego llegan ser adquiridos por los grupos más pobres de las sociedades.

El hecho de brindar un bien o un servicio para el uso de las grandes masas, es la razón por la cual se han enriquecido muchos individuos. Estos estuvieron dispuestos, en momentos cruciales, a proveer el capital necesario para poder realizar las inversiones, edificaciones y la producción de maquinaria requeridas, así como también a asumir el riesgo de fracasar en su empeño. También crearon empresas que generaron múltiples empleos y fueron capaces de innovar productivamente en los mercados, siempre teniendo en mente la posibilidad de mejorar la situación existente por medio de la competencia.  

Cuando uno compra una computadora no se pregunta si con ello se va a favorecer a un rico como Bill Gates, sino, más bien, si, por lo que paga aumenta su bienestar; es decir, si el beneficio que le brinda una computadora es mayor que el costo de adquirirla y operarla. Acaso cuando uno voluntariamente va a comprar a Wallmart lo hace porque son gringos o porque les caen bien. Lo hace porque allí los productos son mejores o más baratos o ambos o bien porque les queda más cerca.  

Es así como se han enriquecido muchos empresarios, al buscar satisfacer la demanda de los consumidores, quienes casualmente suelen ser aquellos grupos más numerosos.  Esos empresarios ricos normalmente son más acaudalados que el promedio de los individuos en sociedad, pero el hecho es que comparativamente los menos ricos suelen ser un número abrumadoramente mucho mayor.  Lo que en la jerga de la “administración de negocios” se suele llamar “mercados de masas”, muy a menudo es el blanco de los propósitos de venta de los ricos. 

Ello explica por qué se anuncia tanto, masivamente, en las transmisiones televisadas de los juegos de fútbol de nuestra selección, en comparación con la publicidad que se hace en las transmisiones de, digamos, un partido de golf o de regatas de yates. Claramente hay un número mucho mayor de televidentes, el cual suele ser menos rico que el promedio de los vendedores antes mencionados. Por el contrario, los ricos aficionados al golf o a los yates suelen ser una cantidad mucho menor. Por eso los anunciantes pagan tanto por transmitir su publicidad en los juegos de fútbol de nuestra selección y poco por la de esos otros juegos. En los primeros el mensaje le llega a la masa relativamente más pobre, que es mucho más grande que los relativamente pocos ricos que miran programas de golf o de yates.

La riqueza también la pueden obtener algunos si el estado deliberadamente se los faculta.  Por ejemplo, cuando el estado otorga un status monopólico a algún empresario o cuando decreta aranceles que encarecen artificialmente un bien importado, obligando al consumidor a adquirir el bien producido domésticamente a un precio mayor o de una calidad menor. Cuando el estado interviene para evitar la competencia que favorece al consumidor, permite que el empresario protegido se enriquezca artificiosamente. Se da un enriquecimiento a costas del bienestar del consumidor. Esta procedencia de la riqueza difiere radicalmente de aquella que el empresario obtiene al servir al consumidor.

Por razones como estas es que los liberales nos oponemos a que el gobierno le otorgue privilegios a algunos y no a la generalidad. No consideramos deseable que se puedan enriquecer en detrimento del bienestar del consumidor, quien posiblemente es más pobre que el promedio de esos empresarios protegidos.  

También muchos ignoran que los ricos no son siempre los mismos a lo largo del tiempo.  Brindo un ejemplo de los Estados Unidos, pues para ese país si se dispone de la información necesaria: 

“Más de un 90 por ciento de las personas que obtuvieron ingresos en los Estados Unidos en 1975, estaban en el 20 por ciento más bajo, pero tuvieron un estándar de vida más alto en 1991. De hecho, más de la mitad de aquellos que en 1975 estuvieron en el fondo, tuvieron en 1991 un estándar de vida más alto que el obtenido por el estadounidense promedio en 1975. Aún en términos relativos, más de aquellos quienes estuvieron en el 20 por ciento más bajo en 1975, lograron el 20 por ciento superior en 1991, en comparación con aquellos que permanecieron en el 20 por ciento inferior. En efecto, una mayoría absoluta de aquellos que estaban en el 20 por ciento inferior en 1975, en algún momento durante esos 16 años habían logrado ascender al 20 por ciento más elevado.” (Thomas Sowell, Basic Economics: A Citizen's Guide to the Economy, New York: Basic Books, 2000, p. 168).

La competencia, entendida como la libre entrada y libre salida a los participantes en un mercado, es clave para minimizar una distribución estática de los ingresos en una sociedad.  Los ganadores bajo un régimen competitivo ascienden, en tanto que los perdedores van descendiendo. La movilidad entre grupos de ingresos suele ser lo normal en una economía de mercado competitiva. Como dice Sowell,

“Aún entre los millonarios, los estudios muestran que cuatro quintos de ellos no heredaron sus fortunas, sino que las lograron durante sus propias vidas. Las grandes fortunas históricas de los Estados Unidos –Carnegie, Ford, Vanderbilt, etc.- fueron a menudo generadas por personas que comenzaron en circunstancias modestas y hasta humildes. Richard Warren Sears, Aaron Montgomery Ward y James Cash Penney, todos comenzaron trabajando para mantenerse a sí mismos en trabajos inferiores cuando jóvenes, incluso como jóvenes a quienes hoy no se les permitiría trabajar, según las leyes actuales sobre trabajo infantil, aunque todos eventualmente surgieron para convertirse en ricos fabulosos, como creadores de cadenas de tiendas que llevaron esos mismo nombres.

Historias similares se pueden contar acerca de un joven Henry Ford, quien insatisfecho con su trabajo agrícola, caminó ocho millas hasta Detroit en busca de un trabajo.  David Sarnoff, quien más tarde en su vida llegó a crear la red de televisión NBC, también empezó trabajando para mantenerse a sí mismo cuando era joven.  También lo hizo un joven inmigrante trabajador del sector maderero llamado Frederick Weyerhauser, quien terminó estableciendo un imperio de productos de madera.  Un vendedor de edad mediana, que hacía $12.000 al año, terminó creando McDonald's, el imperio de comida rápida de casi 25.000 restaurantes que literalmente le da la vuelta al mundo.  La lista continúa y continúa.” (Thomas Sowell, Op. Cit., p.p. 168-169).

Es notable destacar que muchos de los millonarios a que se ha hecho mención en los párrafos previos y que escalaron los niveles más altos de ingresos en cierto momento, ahora ya ni aparecen ni ellos ni sus herederos y muchos claramente han visto sus fortunas familiares diluirse por el impacto de la competencia.

En resumen, es necesario entender cómo es que ciertos empresarios logran obtener su riqueza, sirviendo esencialmente a consumidores, quienes comparativa e individualmente poseen ingresos menores.  Esa vocación de servicio debe ser tomada en consideración cuando se presume que hacer fortuna es algo indebido, propio de privilegiados y hasta inmoral y, por lo tanto, causal de ser objeto de impuestos que, de alguna manera, compensen dicha injusticia. Tal es la esencia del pronunciamiento estatal al que anteriormente se refirió el comentarista Daniel Hemminger, arriba citado. Declaración que ignoró que hay ricos quienes surgen por el alero protector de la política y no de los negocios o son el resultado de una mezcla de actividad empresarial, en donde un estado les protege de la competencia beneficiosa para los consumidores. Pero también no acepta la premisa de que hay muchos otros quienes surgen cuando satisfacen los deseos y necesidades de los consumidores soberanos.

Es necesario sopesar el grado en que la pretensión de lograr dinero (riqueza) mediante un esfuerzo productor, en donde se asumen riesgos y muchas veces se fracasa, se convierte en un motor de dinamismo esencial en una economía que debe evolucionar, para poder adaptarse eficientemente a nuevas circunstancias.  Si con impuestos descabellados y sancionatorios se anula ese incentivo, es muy posible que el estancamiento y el enriquecimiento indebido sean la norma, en vez del logro de la mayor producción posible al servicio del mayor número de personas, usualmente de menores ingresos relativos en la sociedad.

Jorge Corrales Quesada

jueves, 25 de julio de 2013

Jumanji empresarial: acción social del empresario

Hoy en día, no podemos ignorar que las fronteras económicas y comunicacionales, más abiertas que nunca, están acentuando el espacio social del mercado y poniendo en duda la necesidad de un estado interventor, como consecuencia de dos factores:1) la modificación drástica de los patrones de intercambio, por medio de las redes formales e informales que operan en la sociedad; y 2) el agotamiento del clásico Estado de Bienestar y sobre todo del Estado Empresario.

Sin embargo, pareciera que, en países como Costa Rica, los gobernantes y actores políticos siguen tratando de estirar el modelo de planeamiento y ejecución centralizada de la gestión pública más allá de los límites que permite el nuevo contexto socioeconómico mundial. Esta nueva realidad, caracterizada por una alta movilidad de los agentes económicos y sociales y por una alta flotación del poder, no les permite a los gobernantes mucho margen de acción con respecto a impuestos, regulaciones o centralización del poder. Y sin embargo, el modelo sobrevive por causa de una inadecuada participación empresarial.

Aún más, en los últimos años se ha insistido, dentro del contexto de la administración pública, en la creciente necesidad de un involucramiento empresarial, bajo el espejismo de la responsabilidad social corporativa, a pesar de que esto no contribuye a modificar los roles intervencionistas del Estado hacia una mayor descentralización administrativa, la promoción de la gestión y la democracia local, la reducción de la carga burocrática y tramitológica, el abandono de las funciones benefactoras del Estado central y, sobre todo, la renuncia a sus funciones empresariales. La presión sobre el empresario, en la actualidad, no solo se concentra en que este debe suplir bienes y servicios a la sociedad de una manera eficiente, sino también en el hecho de buscar su complicidad en el marco de las intervenciones planificadas, lo cual supone una forma viscosa de manipulación política y social.

Las empresas por definicion no son altruistas; rol que ostentan solo los individuos, segun sus escalas de valores personales. El tratar de estandarizar una ilusoria responsabilidad altruista de una empresa, menosprecia el verdadero rol de la empresa, que es innovar y suplir las necesidades de consumo; respetando siempre, los derechos de propiedad establecidos.

Es imperativo que el empresario despierte ya de esta pesadilla freudiana y, desde su propia conciencia, le ponga un alto a su enfermiza dependencia de la intervención del Estado, y acepte que la libertad de emprender, es el medio principal de defensa de los pequeños contra los grandes y de los débiles contra los fuertes. E inversamente, el estado, que se presenta como un corrector de las injusticias, acaba la mayor parte de las veces haciendo servir toda su fuerza para proteger a los grandes, o sea, la clase política, la clase burocrática, las grandes empresas, y los poderosos sindicatos.

El empresario es el eslabón que sostiene la cadena que une al capital con el individuo como consumidor y como agente social. Sería nefasto que este rol se perdiera o desviara solo porque el poder estatal y los políticos de turno quieren convertirlo en un apéndice Orwelliano más de sus anacrónicas intenciones.

Andrés Pozuelo Arce

lunes, 29 de agosto de 2011

Tema Polémico: El Malvado Empresario


Frecuentemente los empresarios son acusados de explotadores, inconscientes y codiciosos, de individuos que intentan ganar la mayor cantidad de dinero a expensas de la mayor cantidad posible de personas. Muchísima gente considera políticamente correcto rasgarce las vestiduras por el trabajador, defenderlo de esa codicia empresarial, del afán de lucro, garantizarle protecciones y ventajas por ser la "parte débil" de la relación. No faltan quienes aplauden las convenciones colectivas, los sindicatos, las garantías laborales e, incluso, apoyan las huelgas. En fin, pareciera que está bien decantarse del lado de los trabajadores y que está bien condenar al empresario a que pague, con desgracias, su atrevimiento de tratar de aprovecharse de los demás.

A los sindicatos y otros grupos revanchistas les encanta crear esa imagen de que existe una guerra constante entre los trabajadores y las empresas. Tal parece que a estos grupos les encantaría que dejaran de existir empresarios y que toda la riqueza se repartiera entre los trabajadores. Sin embargo, esas fantasías de opio no son más que ilusiones que algunos idiotas pretenden venderle a las personas. Como brillantemente dijera Ayn Rand "no puede repartirse lo que no ha sido creado". De ahí el increíblemente importante que juega el empresario en una sociedad: es el que crea, innova, arriesga su tiempo y capital, piensa nuevas formas de producir y ser más eficiente y, especialmente, es el que genera la riqueza.

Así pues, aclarando este panorama, debemos comprender algunas cosas. En primer lugar, en ASOJOD nos da la impresión que quienes asumen esa visión del empresario como un multimillonario, explotador y descorazonado ser, ni tienen idea de cómo se genera riqueza ni de cómo es la realidad. No se dan cuenta que si las empresas y el afán de lucro no existieran, simplemente no habría empleo, dinero, productos y oportunidades.

Hay que decirlo: un empresario crea y administra su negocio con el objetivo fundamental de hacer dinero. Esa es su única responsabilidad, su único deber y su más alto derecho. Y si a alguien le pareciera que eso es egoísta y va en contra del interés del trabajador, es claro que necesita utilizar con mayor frecuencia sus neuronas para detenerse a pensar un poco. Cuando el empresario desea ganar dinero, arriesga sus ahorros, pide prestado capital, desarrolla una idea y se tira al agua. Si le va bien y desea aumentar sus ganancias, empieza a contratar personas y a producir aquello que los consumidores desean. Ya con eso está generando un gran beneficio a sus desconocidos. Estas personas colaboran con el empresario a cambio de una remuneración. Una remuneración que se negocia anticipadamente a la contratación y dependerá del valor que agregue ese trabajo al cumplimiento de las metas de la empresa. Por su parte, quienes le compren, lo harán con base en un precio establecido por el mercado, es decir, el precio al que están dispuestos a adquirir un bien o servicio. Hasta acá es claro que en esta relación, las partes no actúan buscando otra cosa diferente a su propio bienestar. Por eso, es sencillo decir que la relación se da en condiciones ganar-ganar: el empresario gana con su producto y el trabajador y el consumidor también lo hacen.

Al trabajador no se le obliga a ocupar ese puesto de trabajo ni al empresario se le debería obligar a contratar a una persona si no existiese la necesidad real. Al consumidor no se le obliga a adquirir un producto y al empresario no se le obliga a venderlo. Es un proceso en el que se establece un contrato entre dos personas y nadie debería interferir en el mismo, pues cualquier obstáculo que se interponga cambia las condiciones, de forma que se tornan en un juego de suma cero: lo que gane uno será a expensas del otro. Y, contrario a lo que la gente cree, no es el empresario el que sale ganando en esos casos.

Políticos y represetnantes de varios grupos organizados se han encargado de que estos procesos no sean tan libres e impulsados por supuestas intenciones de mejorar las condiciones de los trabajadores, han presionado para el marco jurídico esté intervenido y sea el Estado el que defina a los ganadores y perdedores. Gracias a esas leyes, a los empresarios los obligan a contratar al personal ajustándose a ciertos horarios laborales, con condiciones mínimas de salario y garantías para el trabajador en caso de despido. A primera vista suena noble y correcto pero las consecuencias reales son muy diferentes. Estas obligaciones que le imponen al empresario lo que hacen es aumentar sus costos de operación y restarle competitividad. Dado esto, las empresas se ven obligadas a contratar menos personal y en algunos casos hasta a cerrar el negocio. En realidad, para lo único que sirven estas medidas, supuestamente en beneficio de los trabajadores, es para aumentar el desempleo y disminuir las inversiones.

Siendo así, los que más sufren con estas medidas suelen ser los de menos ingresos pues, al verse obligados a cumplir con tantos requisitos, los empresarios tienen que disminuir las contrataciones y esa baja empieza por aquellos puestos de trabajo que le agregan menor valor al negocio. Puestos de trabajo con pocos requisitos que casi siempre ocupan las personas de menores recursos con menos educación. Muchos negocios, en vista de que les es imposible subsistir con estas condiciones, se ven obligados a trabajar al margen de la ley perjudicando de esta manera sus posibilidades de crecimiento.

En el caso de nuestro país es claro que el empresario no es el tipo multimillonario que disfruta de lujos que otros jamás podrían costearse. En realidad, la mayoría de empresas en Costa Rica son MIPYMES. En muchos casos, la empresa la conforma no más que la misma familia del dueño e, incluso, la propia naturaleza hace que allí no se cumplan esas leyes laborales. Los hijos no tienen horario ni salario mínimo, pues entienden que, de hacerlo, su padre quedaría en la ruina. Y entratándose de una relación ganar-ganar, comprenden que cuanto mejor hagan su trabajo, más competitivos serán y más ingresos podrán tener, mejorando la calidad de vida de esa familia.

Sin duda, los empresarios son personas emprendedoras que cada día les cuesta más sacar adelante el negocio a causa de este montón de trabas y regulaciones. Y solo hemos hablado de las dificultades para contratar y despedir personal. Esto es tan solo el comienzo de la inmensa cantidad de trabas que tienen los empresarios para salir adelante. A esto se le debe sumar los impuestos que son cada vez mayores, la tramitología, los gastos para abrir y mantener una empresa, los esfuerzos para poder cumplir con la enorme cantidad de requisitos de prácticamente todos los ministerios. Y la lista puede continuar.

En este país, en lugar de propiciarse mejores condiciones para que se genere inversión privada parece que se está haciendo todo lo contrario. Muchos no se dan cuenta que al propiciar la generación de más empresas se aumentaría la demanda de empleo. Y al aumentar la demanda de empleo se mejoran las condiciones de trabajo de todas las personas.

lunes, 8 de agosto de 2011

Tema polémico: redistribución de la riqueza, mal de muchos y consuelo de tontos


No podemos dejar de insistir en el tema tratado la semana anterior, pues la famosa frase "serán impuestos que no pagarán ustedes sino que pagarán los que más tienen para dárselos a ustedes" graznada por la Presidente aun nos tiene atónitos. El día de hoy nos dedicaremos a tratar de explicar, desde distintos puntos de vista, cuáles son los errores de fondo de esa frase, que de pensamiento no tiene nada, pero de slogan tiene mucho. Empecemos:

ETICO- CULTURAL:
Lo primero que debemos aclarar es que en ASOJOD partimos de que los seres humanos son dueños de sí mismos. No pertenecen ni a Dios, ni al Estado, ni a la Sociedad, ni al Gobierno, ni al partido político ni a nadie más que a ellos mismos. De lo que se deriva que aquello que produce el hombre con su propiedad (mente-cuerpo) también le pertenece y cualquier intento de arrebatarle por la fuerza los frutos de su esfuerzo no es más que un robo.

Así las cosas, cuando se permite el robo institucionalizado -impuestos- dejamos de ser sociedad y civilización, esto es, división del trabajo especialización e intercambio, para convertirnos en una organización mafiosa. Precisamente, el segundo punto de donde partimos, es que cada individuo es un fin en si mismo, es el máximo valor, es un absoluto que debe ser respetado totalmente, siendo que no puede ser instrumentalizado para satisfacer las necesidades, deseos o caprichos de otros. Este es el verdadero humanismo, no aquel que pregonan algunos mal llamados progres. Humanismo que consiste en que las personas deben tratarse unas a otras a través de la cooperación (intercambio) y no por medio de la violencia (lucha de clases). Rand lo resumió muy bien al decir: “Sangre, látigos, cañones o dólares. Elegir... No existe otra opción y el tiempo apremia” En este sentido, sólo existen dos modos de tratarnos unos a los otro: la ética (voluntad, persuación e intercambio) o la antiética (robo, fuerza, violencia y amenaza).

Por último, el aspecto cultural se refiere a lo que Ortega y Gasset analizara en su Rebelión de las Masas. Precisamente, con este tipo de políticas públicas, los ciudadanos empiezan a olvidar que la civilización no se crea del aire y que este tipo de políticas destruyen los cimientos mismos que permiten la generación de la riqueza y el progreso. Es más, cada día que pasa se forman nuevas generaciones parasitarias, que sólo demandan derechos y prebendas, que lo único que desean es poner la mano y que el Estado (o sea los otros) les resuelva sus vidas y pague por sus facturas. Evidentemente, este proceder acaba con el tejido social, alimenta la pereza, la dependencia y la envidia, mientras que socava el emprendimiento, el honor y la responsabilidad.

ECONÓMICOS:
Este punto es muy simple: el dinero que toman por la fuerza los políticos para, supuestamente dárselos a otros más necesitados, deja de ser ahorrado e invertido. Son estas dos actividades las únicas que verdaderamente pueden mejorar de forma sostenida las condiciones de vida de los más necesitados y no la mera demagogia y las soluciones simplistas de nuestros mandatarios. Se necesita ahorrar para que haya inversión, en el momento en que se invierte se demanda más mano de obra, al demandar más mano de obra los salarios aumentan. De igual forma, con la inversión se obtienen mejores formas de producción, lo que permite que los consumidores puedan acceder a mejores precios, con lo que cada vez su dinero les rinde más (siempre y cuando el Estado no haga que el mismo desaparezca a través de la inflación). Esta es la única receta para el desarrollo, el resto es cuento chino.

Además, debemos recordar lo que ya decía el fallecido Milton Friedman, en el sentido de que existen 4 tipos de gastos, donde el más efectivo es aquel en donde una persona gasta su dinero en sí misma, esto por dos razones sencillas: la primera es que al ser su dinero tiene mayores incentivos para cuidarlo y darle un buen uso, y que al gastarlo en sí mismo sabe precisamente cuales son sus necesidades y preferencias. Mientras que la peor forma de gasto, es que alguien gaste el dinero de otro en una persona distinta a sí mismo, esto por las mismas razones expuestas anteriormente sólo que a la inversa. ¿Adivinen dentro de cual tipo se encuentra la resditribución?

Por supuesto, que el argumento de la Presidente es todavía más fácil de desvirtuar cuando agregamos circunstancias “reales”, como lo son: la corrupción, los grupos de presión, la búsqueda de rentas, la inoperancia burocrática, la mala administración y ejecución de políticas públicas, etc. Así que, guanacastecos, eso de quitarle a unos para dárle a ustedes no es tan cierto: los intermediarios siempre se dejan buena parte de los recursos. Y conociendo al Estado costarricense, si acaso les dejará las migajas.
CONCEPTUAL:

Para no pecar de extensos, y además por ser este un mero blog, no nos adentraremos en este punto sino que sólo los dejaremos señalado para que los lectores interesados puedan profundizar en ellos de así desearlo.

Lo primero que se debe apuntar es que, como bien señala Hayek, en “El Atavismo de la Justicia Social”, los procesos de orden espontáneo, como lo son la asignación de recursos dentro de un mercado, no pueden ser considerados justos o injustos, ya que los mismos no son diseñados o decididos por nadie. Pretender dotarlos de dichos calificativos es un mero antropoformismo ingenuo, que carece de tanto sentido como afirmar que un temblor fue bueno o malo.

Lo segundo que se debe recalcar, es que con la teoría del valor subjetivo las asimetrias de ingreso, respecto a las necesidades se vuelven inconmensurables. Para ponerlo en sencillo, conceptualmente hablando no se podría afirmar nunca con algún grado de certeza que por ejemplo Bill Gates “valora” menos un dólar extra que un indigente.

Todos estos puntos apenas son una pincelada acerca de la crítica que se le podría hacer a la majadería de la Presidente. Todavía quedan muchos cartuchos por quemar, no se desesperen amigos lectores.

jueves, 17 de febrero de 2011

Jumanji empresarial: el destino del Tico


Mantener un Estado ineficiente y burocrático –y esto ya es un axioma– se ha convertido en el fin del trabajo del costarricense; pero lo más triste de todo, es que el Tico parece feliz con su destino. Para el Estado, las contingencias son infinitas y, por tanto, los gastos también: la necesidad de más profesores, policías, agricultores subsidiados, etc., siempre será infinita, hasta que la cobija ya no alcance, y el Estado parásito se convierte así en un estado depredador que todo lo absorbe.

Los impuestos se han vuelto un mal necesario y son parte de los sistemas de organización surgidos del gran experimento democrático. Quienes defienden los impuestos dicen que son necesarios para cubrir fallas de mercado que, de otra manera, atentarían contra del desarrollo económico y social. Los que argumentan en contra de estos, alegan que lo que parecen fallas de mercado son más bien fallas atribuibles a la intervención estatal y que hay formas catalácticas para resolver las necesidades de la sociedad en su conjunto.

Lo que sí es un hecho, es que todo impuesto se paga con el sudor de la frente de alguien que trabaja para subsistir. Mientras que los impuestos al consumo, como el IVA, son un precio que hay que pagar por un derecho para poder vivir, los impuestos al capital y rentas son un saqueo legalizado de la propiedad y un impedimento al ahorro e inversión que por lo general se traspasa a las clases trabajadoras de alguna manera u otra. El argumento de cobrar impuestos al que más tiene es una utopía, dado que los dueños del capital lo moverán con facilidad a otras latitudes, donde su retorno de inversión y certeza de utilidades es mayor, afectando de esta manera y por añadidura el empleo y los ingresos del mismo Estado.

Una economía prospera cuando existe un balance entre el consumo improductivo (no comerciable), el consumo productivo (comerciable) y el consumo reproductivo (inversión), permitiendo la innovación y capitalización a lo largo de todo el ciclo. La economía de Costa Rica no prospera porque lo que prevalece es el consumo improductivo y la redistribución de riqueza por parte del gobierno, en tanto la poca riqueza que se genera en el sector privado no se capitaliza dentro del país porque la incertidumbre, falta de libertad y costos de transacción altos hacen que el descubrimiento de nuevas oportunidades de inversión se dificulte.

"Los impuestos de todo tipo desalientan la producción. El hombre trabaja para satisfacer sus deseos, no para financiar el Estado. Cuando se le quitan los resultados de sus trabajos, sea por bandidos o por la sociedad organizada, su inclinación es limitar su producción a la cantidad que puede quedarse y disfrutar" decía Chodorov. Por esta razón, cuando los políticos de turno pregonan la necesidad de aumentar los impuestos incurren en una total contradicción, puesto que una mayor carga tributaria desalienta la producción e innovación por parte de los empresarios.

La emisión de deuda tampoco alienta la producción porque supone captar un dinero del sector privado (ciudadanos, empresas, fondos de inversión, etc.) que podría destinarse a inversiones más productivas y a crear empleo y riqueza, si el Estado no cayera en déficits primarios. Además la deuda (más los intereses) habrá que pagarla tarde o temprano, por lo que la emisión de deuda implica un aumento impositivo en el futuro y una serie de anomalías en los mercados financieros, con todos los efectos negativos que esto arrastra.

Aún si el Estado utilizara estos dineros para" invertir" en infraestructura, la productividad marginal del gasto o deuda tendría que ser lo suficientemente alta para contrarrestar el efecto negativo de mayores impuestos y la baja en inversión causada por las expectativas negativas de los empresarios. Esto raramente se da porque las decisiones sobre inversión en infraestructura siempre estarán políticamente sesgadas y lo que casi siempre prevalece son las llamadas "roads to nowhere" , monumentos improductivos o puentes sobre rios sin cauce.

La pseudoinversión en educación estatal no es más que una ficción política, dado que el ser humano actúa de acuerdo con sus necesidades de conocimiento y especialización según lo requiera el mercado, ya sea asistido por un Estado paternalista o no. En los países donde predomina la falta de conocimiento y especialización, es porque no hay libertad económica, incluyendo el área educativa, lo cual repercute en el inviolable principio de la división del trabajo, los derechos de propiedad y libertad de elección.

Por esta razón, cuando la presidenta Laura Chinchilla dice: "Vivimos un tiempo de cambios, donde la innovación es fundamental", conviene recordar que la innovación surge del libre intercambio de ideas y de la destrucción creativa e iniciativa de los empresarios, y no de la intervención por parte de un Estado burocrático y depredador.

Pretender pasar de un orden adaptativo fiscal malo a un nuevo desorden a base de impuestos nuevos, en momentos en que el pais se encuentra en una recesión económica, es totalmente ilógico e irresponsable. En las palabras de Winston Churchill: “…el que una nación intente lograr la prosperidad con más impuestos es como que un hombre se pare dentro de un balde e intente levantarse jalando su agarradera.

Andrés Pozuelo

viernes, 5 de noviembre de 2010

Viernes de recomendación


Para este viernes de recomendación, les ofrecemos un extraordinario ensayo del economista español Xavier Sala-i-Martín, titulado "Globalización y reducción de la pobreza". En ese texto, el autor se trae abajo el mito de que la globalización "neoliberal" ha generado más miseria y pobreza, como frecuentemente nos dicen los colectivistas.

Con un análisis sencillo y ameno, Sala-i-Martín demuestra que más bien, el libre mercado y la globalización han generado una reducción sorprendente de la pobreza, a ritmos tan vertiginosos como nunca antes se habían visto en la historia de la humanidad.

lunes, 22 de febrero de 2010

Tema polémico: la ética del lucro


Para este Tema polémico, queremos abordar una discusión importantísima en cuanto a la mentalidad económica de los individuos dentro de una sociedad: el lucro.

Muchas veces es posible observar a organizaciones, fundaciones y demás, presentarse como agrupaciones sin fines de lucro; en otras ocasiones, vemos a políticos erigir la bandera del sistema tributario de tipo progresivo, donde los que ganan más, pagan más. También están aquellos que ensalzan la pobreza, la austeridad y rechazan la riqueza y la ostentación. Por supuesto, nunca falta quien atribuya todos los males de la humanidad al dinero, al tiempo que sugiere que el mundo estaría mejor sin él.

Pues bien, todas estas son apenas algunas de las formas en que en nuestras sociedades -especialmente las latinoamericanas-se rechaza la riqueza, el lucro y el dinero, ya que es común que la gente vea esos elementos como negativos y corruptores de la naturaleza humana. ¿Por qué? Bueno, hace ya muchos años, Max Weber explicó, en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" que la religión podría tener algún tipo de influencia respecto a las consideraciones acerca del dinero.

Él decía que en los países europeos del sur, donde predominaba el catolicismo, existía una visión negativa de la riqueza, mientras que en los países del norte, fundamentalmente protestantes, se percibía la riqueza como una bendición. Siguiendo ese razonamiento, al ser las sociedades latinoamericanas eminentemente católicas, podría establecerse que de una u otra forma, el influjo de esa corriente religiosa ha contribuido a la construcción de opiniones negativas en torno a la riqueza. Y aunque quizá no pueda establecerse que tal relación sea directa, el hecho de que en Latinoamérica la "Teología de la liberación" haya tenido espacio, dice muchas cosas, máxime cuando se le analiza a la luz del asentamiento de las teorías socialistas en el ideario político de la región.

Precisamente, este último punto podría dar pistas para entender por qué en Latinoamérica persiste una consideración ética negativa hacia la riqueza, toda vez que el influjo colectivista, en cualquiera de sus expresiones políticas, ha sido considerablemente fuerte, en especial cuando se compara con otras regiones del mundo (quizá con las excepciones de Rusia y China). En todo caso, sea con los regímenes socialistas moderados de Arbenz y Allende, con el estatismo socialdemócrata costarricense, con el socialismo revolucionario cubano, el socialismo del Siglo XXI venezolano, el peronismo argentino, el aprismo peruano, el sandinismo nicaragüense o el priismo mexicano, los países de la región latinoamericana han transitado, durante más de un siglo, por el camino de la lucha de clases, el revanchismo, la ignorancia, la indecencia y el robo institucionalizado como elementos legitimadores de un discurso populista que se ha afincado no sólo en el poder sino que también ha calado hasta los fundamentos éticos de los individuos en torno a la riqueza, el lucro y el dinero.

Por supuesto que han existido variaciones de grado en cuanto a estos regímenes: mientras en Cuba y Venezuela, la riqueza es inaceptable para los individuos libres (no para los gobernantes) y está prohibida por ley, en otras como Costa Rica y Argentina, se permite la acumulación siempre y cuando los ciudadanos se resignen a ver cómo se les arrebata "solidariamente" su dinero para dárselo a otros, en un acto que los progresistas gustan llamar "justicia social" como eufemismo para validar el robo. En cualquier caso, en estos lugares persiste un común denominador: sea por una cuestión religiosa o por una tradición ideológica específica, lo cierto es que en esas sociedades, las calificaciones negativas respecto a la riqueza se han ido consolidando hasta el punto de servir de acicate para la aparición de líderes que le digan a las masas lo que quieren escuchar.

En esos contextos es donde han surgido los Fidel Castro, los Hugo Chávez, los Pepe Figueres, los Juan Domingo Perón, los Salvador Allende y demás figuras de tan "grueso calibre", que quizá no rechazaban obtener riqueza para sí, pero que indudablemente se aprovecharon de una mentalidad imperante en sus sociedades que calificaba éticamente a esta como negativa. Así, arribaron al poder y se han mantenido allí, vivos o muertos (en este caso su tradición), alimentando el odio, la envidia, la mediocridad y la creencia de que la riqueza es obtenida a partir de un juego de suma cero o que conseguirla es un acto indigno que debe avergonzar a las personas con "conciencia social".

Sin lugar a dudas, para ASOJOD, esta mentalidad no sólo atenta contra el progreso individual sino contra la libertad misma, pues en tanto que en una sociedad persista un odio visceral hacia la riqueza, la propiedad privada, el esfuerzo, el trabajo y el ahorro, la fórmula política terminará en un autoritarismo que procure emparejar a todos hacia abajo, redistribuir la riqueza quitándole a unos para dárselo a otros sin importar que no lo merezcan, incentivar la mediocridad de quienes se atienen a esperar la "justicia social" como regalo prometido. Una sociedad guiada por este tipo de regímenes es la antesala de la esclavitud y la pobreza, donde unos trabajarán para que otros disfruten de lo producido o donde ninguno se esforzará porque no tendría sentido hacerlo si todo lo que logre se lo quitarán. Es el camino de servidumbre del que Hayek nos hablaba en su reconocida obra literaria.

Por ello, nosotros no sólo advertimos los peligros que implica la mentalidad enemiga de la riqueza y del dinero, sino que también defendemos una ética del lucro, considerando como un derecho del individuo ganar dinero como resultado de sus ideas, esfuerzo y, por qué no, hasta suerte. ¿Qué hay de malo en querer ser rico? ¿Qué hay de malo en trabajar duro, aplicarse disciplinadamente a una actividad honesta y disfrutar de los resultados? Siempre y cuando la riqueza sea generada por la libre empresa y el libre intercambio, por individuos que voluntariamente dispongan de sus bienes, habilidades y recursos y acuerden, sin coacción alguna, realizar transacciones y entablar relaciones, no habrá ningún daño a los demás. Y, como bien nos enseñó Smith, por la búsqueda del interés individual, se contribuirá indudablemente al progreso de la sociedad.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Tema polémico: la envidia y el socialismo


El Tema polémico de hoy, en ASOJOD queremos comentar un poco sobre la forma en que funciona la ideología socialista. Para esto, queremos empezar el análisis con la siguiente pregunta: ¿Cuál es la actitud de las personas cuando alguien logra tener éxito en algún aspecto de la vida, un éxito basado en el esfuerzo personal y apegado a la responsabilidad ante la ley? Comúnmente hay dos tipos de reacción: las personas que, admiradas, tratan de obtener una enseñanza del éxito alcanzado con el objetivo de obtener resultados similares y las personas que ven el éxito alcanzado con repudio y envidia y les molesta no haber obtenido los mismos resultados aún cuando el esfuerzo invertido fue diferente. Hay un término para el comportamiento de este segundo grupo de personas: envidia.

Empujados por esta envidia, muchas personas de este segundo grupo consideran que el individuo que alcanzó lograr esa meta debería obligadamente compartir los beneficios obtenidos con el resto. ¿Cuál es la justificación para esto? Pues la excusa es que no es justo que esa persona esté en condiciones diferentes a otras. Suena ilógico, sin embargo, es mucha la gente que piensa de esta manera. Tal "argumento" se ha convertido en toda una ideología y su nombre es Socialismo, con la cual se han creado conceptos para "denuciar" lo anteriormente señalado: lo han llamado injusticia social. Según el credo de la injusticia social, la persona que se esforzó en la vida y obtuvo riqueza como resultado es el villano y el castigo que merece es la pérdida de lo suyo para repartirlo entre todos los demás.

En ASOJOD creemos en que todas las personas deben de contar con la libertad de luchar para tener éxito en la vida sin que luego nadie se lo arrebate: por eso defendemos la propiedad privada. Se trata del resultado de un esfuerzo basado en la legalidad, en la dedicación personal, la empresarialidad, en el uso de la voluntad y la libertad y, en fin, en la premisa de tratar a todos como comerciantes, intercambiando valor por valor. Cuando esa forma de pensar es aplicada por un grupo de personas conviviendo en sociedad, el resultado es impresionante. Las personas, cada una luchando por obtener sus metas personales, terminan beneficiando a otras durante el proceso, generando riqueza en forma colectiva. Para poder desarrollar un negocio, esa persona va a requerir contratar bienes y servicios y esos negocios que se contratan van a requerir otra variedad de bienes y servicios para su desarrollo. Esta situación continúa repetidas veces dando como resultado un beneficio colectivo que, empujado por necesidades individuales, permite abrir espacios para que otros obtengan riqueza o éxito.

Por otro lado, los socialistas piensan diferentes. Creen que es necesario distribuir la riqueza para que todas las personas tengan igualdad de condiciones sin importar el grado de esfuerzo que cada una invierta o el riesgo que corra en una operación. Esta forma de pesar tiene dos grandes debilidades: la primera es que el sistema no contempla que, para poder distribuir la riqueza es necesario primero generarla (como bien decía Rand, "para distribuir primero hay que crear" y esa creación sólo se da en un marco capitalista, de pleno respeto por la propiedad privada); la segunda es que en el socialismo no hay ningún tipo de incentivo para que alguien o algunos generen riqueza pues, ¿de qué sirve generarla si luego va ser arrebatada por el sistema? En ese sentido, la historia ha evidenciado que en toda sociedad socialista, la pobreza, la falta de innovación, el totalitarismo, el éxodo y la desgracia son comunes denominadores. Llevaba razón Churchill cuando decía que "el vicio inherente del capitalismo es el desigual reparto de riqueza. La virtud inherente del socialismo es la equitativa distribución de la miseria".

Evidentemente, el socialismo no es un sistema basado en sentido común y lógica; es un sistema basado resentimiento y mediocridad, en la esclavitud y el despojo institucionalizado. En otras palabras, es un sistema creado para que las personas envidiosas puedan obtener una gran porción del pastel sin haber hecho el esfuerzo correspondiente, basándose en definiciones arbitrarias de lo que es justo. Es un sistema que ve a los individuos que se diferencian del resto por sus méritos como amenazas y odia la innovación pues quiere decir que alguien está haciendo algo diferente que, probablemente, deje en evidencia su rezago.

Los que creemos en el mercado y en el capitalismos no vemos el éxito personal con envidia, todo lo contrario, lo vemos como un gran mérito. No creemos que la felicidad sea sinónimo de igualdad. No creemos que la envidia deba impulsar nuestros actos y nuestra forma de pensar. Creemos en la riqueza se puede crear en beneficio de todos y para poder lograr esto no podemos recriminarle ni quitarle a nadie su propiedad en beneficio de otros.

Por eso en ASOJOD siempre hemos defendido a ultranza que cada invididuo sea un fin en sí mismo, lo que significa que tenga plena libertad para buscar sus fines -por diferentes que sean- y que los resultados -positivos o negativos- sean sólo suyos.

miércoles, 20 de agosto de 2008

¡Más empleo!


"La firma estadounidense Emerson contratará aquí a 200 ingenieros eléctricos, químicos e industriales en los próximos cinco años, tras iniciar operaciones en el país.

En la empresa laboran actualmente 36 ingenieros, quienes se encargan de que el hardware y software que diseña la casa matriz de Emerson en EE. UU. se adapte a las necesidades de clientes globales.

La inversión inicial de la compañía aquí es de $150.000, pero planea adicionar $250.000 en el 2011."

Una vez más la realidad desmiente las falacias que proclaman los defensores del pueblo y de la soberanía nacional. Esta peculiar especie animal, parece que no puede conocer ni siquiera a partir de la más vulgar y sencilla empiria. Los ejemplos sobran -este es uno más de ellos-, definitivamente es el capital privado, la inversión extranjera como la nacional quienes ofrecen nuevas y mejores oportunidades de empleo a los trabajadores costarricenses. Mientras unos se dedican a producir riqueza, otros se dedican a destruirla...

viernes, 20 de junio de 2008

Viernes de Recomendación


Este día les ofrecemos el ensayo: "Derechos de Propiedad: la clave del desarrollo económico", Gerald P. O’Driscoll Jr. y Lee Hoskin. En el mismo, los autores se refieren al tratamiento histórico que los economistas han realizado de dicho tema, demostrando la estrecha relación que existe entre derechos de propiedad -claramente establecidos y protegidos- y crecimiento económico.

jueves, 29 de mayo de 2008

¡Hágase obscenamente millonario!


Recientemente dicté una conferencia en una universidad privada. Al finalizar me preguntó un estudiante qué podría hacer él para mejorar al país. Traía una camiseta con el retrato del Che Guevara. Comprendí que era un joven inquieto, de buenas intenciones, pero que se había contaminado con la educación izquierdista que se enseña en las escuelas públicas y algunas privadas. Así que, con tono retador le dije a quemarropa, “¡Usted hágase obscenamente millonario, con eso ayuda a todos!” La cara se le puso roja, no sé si de vergüenza o porque se sintió ofendido.

Yo sabía que mi respuesta chocaba contra todo el sistema de creencias marxistas que le enseñaron sus profesores desde que empezó la primaria porque a mí también me aleccionaron con todos esos mitos comunistas que obnubilan a cualquier mente verde. Siempre nos “enseñaron” que si alguien se hace rico es porque explota a los pobres. Si eres dueño de una fábrica estás explotando a los obreros; si eres dueño de una tienda estás explotando a los clientes. Mientras más millonario, más explotador, enemigo de la sociedad y sólo mereces que el pueblo te ahorque en medio de la plaza pública. Estas ideas se siguen enseñando en todas las primarias, secundarias y universidades mexicanas. Poco les ha importado que hace más de doscientos años Adam Smith descifró el misterio del intercambio voluntario –el comercio–, demostrando que es el mejor mecanismo para lograr la prosperidad de la sociedad.

Así que tuve que explicarle al joven con paciencia. Sólo conozco dos formas de hacerse rico: robando o vendiendo. La primera significa un intercambio involuntario. Usted sale con una daga en la mano para esperar en la esquina a su víctima, le amenaza que si no le da la cartera le corta el cuello. O se hace diputado para darle mordidas al erario, sin que los contribuyentes puedan detenerle, es el robo de cuello blanco. Ambos son intercambios involuntarios, forzados. Pero estos caminos no se los recomiendo.

La segunda forma de hacerse rico es a través del comercio. Eso significa que usted debe producir y ofrecer algo que a los otros les guste, de tal forma que estén dispuestos a pagar el precio. Puede usted hacer lo que se le ocurra. Pero si usted no elabora algo que sea del gusto del cliente, entonces no venderá nada y quedará peor que antes. Pero si usted logra fabricar productos que gusten, venderá mucho.

Observe que usted se está haciendo rico gracias a que su producto es capaz de satisfacer los gustos, necesidades o caprichos de los clientes. A nadie le pone usted una pistola en la cabeza para que le compren, lo hacen voluntariamente. En otras palabras, usted está obteniendo ganancias sanas, lícitas, legítimas en una economía de mercado. Así es que nadie debe criticarlo por el hecho de ganar mucho dinero. Cierto que la gente de ideas comunistas le quieren quemar vivo, pero es por envidia o porque no entienden la lógica de la riqueza. No se dan cuenta que al ganar mucho dinero está haciendo felices a los que le compran sus productos, a los trabajadores que los fabrican, a los que empacan, a los que transportan, a los que hacen las máquinas y vehículos que utiliza, etc. Es muy difícil ver toda la cadena de gente que se beneficia por el hecho de que alguien sea un exitoso fabricante. Si este hombre, por miedo a ser mal visto, no hubiera tomado la decisión de hacer su empresa, no se habría formado esas cadenas de beneficios. Sin proponérselo se transformó en un benefactor de la comunidad.

Pero los comunistas se empeñan en aplastarlo “porque se está pudriendo en dinero”. No entienden cómo se mueve el dinero. Si cuando era pobre se comía un pollo al día, ahora que gana mucho dinero, ¿va hoy a comerse cien pollos diarios? Pero aún si se los comiera, la industria del pollo estaría feliz de estar vendiendo cien pollos más al día, pues allí se crearía otra cadena de beneficiarios.

Para terminar, le dije al estudiante. Suponga que usted es ese fabricante que gana un millón de pesos diarios. ¿Qué haría con ese dinero? Me contestó: “Bueno, ampliaría mi fábrica, pondría sucursales en otros países, me haría un palacio, me compraría autos de lujo o lo guardaría en el banco”.

Muy bien, le dije, pues vea que todo lo que me ha dicho implica crear cadenas de beneficios para miles de personas. Aún cuando usted guarde su dinero en el banco, ese dinero se va a poner a la disposición de otras personas que tengan la iniciativa de fundar otras empresas y eso es bueno para todos.

El joven me miró con ojos tristes y al despedirse me dijo: “creo que me han engañado toda la vida, mis profesores siempre me dijeron que estudiara para conseguir un trabajo. Gracias, muchas gracias por quitarme la idea que hacer dinero era un pecado. Desde hoy, trataré de hacerme obscenamente millonario”. Obviamente salí muy contento de esa conferencia, con la esperanza de haber ganado a un joven para el mundo capitalista.


Santos Mercado Reyes

domingo, 20 de abril de 2008

Por qué Bill Gates odia mi libro


El Wall Street Journal reportó hace unos meses que Bill Gates odia mis ideas. Eso no hiere mis sentimientos. Al final de cuentas Gates se ha aliado con el establishment de la ayuda externa. Este grupo es famoso por ser sensible a las críticas de personas que como yo, no encuentran evidencia de que los grandes programas de ayuda externa estén en realidad sacando a alguien de la pobreza.

Gates ahora ha propuesto su propio programa —el “capitalismo creativo”— en un discurso que dio en el Foro Económico Mundial en Davos. Él argumenta que el capitalismo de hoy no beneficia a los pobres. Para Gates, el capitalismo normal funciona “solo para el bien de aquellos que pueden pagar”. Mientras que los empresarios se esfuerzan por tratar de satisfacer las necesidades de los ricos, “el incentivo financiero para servir [a los pobres] es nulo”. Como resultado, necesidades básicas tales como la comida y la medicina quedan insatisfechas.

Gates parece creer que la solución es persuadir a las empresas con fines de lucro a que satisfagan las necesidades de los pobres mediante la promoción del “reconocimiento” de la filantropía corporativa. Sin embargo, el archivo que contenga evidencia histórica que sugiera la viabilidad de este sistema sería tan delgado como Kate Moss en dieta. Antes que nada, el incentivo al reconocimiento ha demostrado ser tremendamente débil cuando se le compara con el incentivo del lucro. Si esto no fuera cierto, entonces la filantropía corporativa estadounidense al Tercer Mundo sería mucho más que $5.100 millones (cifras del 2005), es decir, cuatro decimales de 1% de los $12.400 billones que es la producción estadounidense para el mercado libre. ¿Acaso la única esperanza de los pobres consiste en que la tienda de ropa GAP done unos cuantos centavos por cada camiseta que venda para el tratamiento del Sida en África?

El capitalismo motivado por el lucro, en cambio, ha hecho maravillas por los trabajadores pobres. Los dueños de las fábricas, que son capitalistas y buscan satisfacer su propio interés, compran máquinas para aumentar la producción, y por lo tanto las ganancias. Los capitalistas buscan los avances tecnológicos que hacen posible conseguir una mayor producción con la misma cantidad de insumos. Trabajando con más maquinaria y mejor tecnología, los trabajadores producen más por hora. En un mercado laboral competitivo, la demanda de estos trabajadores más productivos aumenta y sus salarios también. El incremento constante en los ingresos de los trabajos poco calificados saca a los trabajadores de la pobreza.

La cantidad de personas pobres que no pueden pagar los alimentos para sus hijos es mucho menor de lo que era antes —gracias al capitalismo. El capitalismo no creó la malnutrición, la redujo. La globalización del capitalismo que se dio entre 1950 y el presente ha aumentado el ingreso promedio en el mundo a $7.000 anuales desde una base de $2.000. A diferencia de la leyenda popular, los países pobres crecieron a la misma tasa que los países ricos. Este crecimiento nos dio la reducción masiva de pobreza más grande en la historia mundial.

Las partes del mundo que todavía son pobres están sufriendo de muy poco capitalismo. La inversión extranjera directa en África hoy, aunque está aumentando, constituye tan solo un 1% de los flujos globales. Eso es porque el ambiente para los negocios privados en África todavía es hostil. Hay algunos ejemplos de países e industrias exitosas en África, pero no es suficiente.

Gates también anunció que su fundación está comenzando “una sociedad que le da a los agricultores africanos acceso al mercado de café premium, con el objetivo de duplicar sus ingresos por sus cultivos de café”. Esto es bueno como un esfuerzo modesto para ayudar a algunos agricultores de Rwanda y Kenya, pero difícilmente reconstruirá el capitalismo. Los principales obstáculos para las exportaciones en los países pobres son domésticos, tales como la corrupción y la lucha política, más no la falta de interés por parte de los compradores de café premium en los países ricos.

Además, ¿cómo escogen los filántropos precisamente qué producto será el motor de crecimiento para un país? Bastantes investigaciones sugieren que “escoger a los ganadores” a través de la política industrial gubernamental no ha funcionado. Los ganadores son muy impredecibles como para ser descubiertos por burócratas, peor aún por un filántropo extranjero. ¿Por qué Egipto capturó 94% del mercado de importaciones italianas para las cerámicas de baños? ¿Por qué India, una economía con muy pocos trabajadores altamente calificados, se convirtió en un gigante en servicios de información tecnológica? ¿Por qué Kenya capturó 39% del mercado europeo de flores cortadas? ¿Por qué el pequeño Lesotho se convirtió en un importante exportador de textiles a Estados Unidos? ¿Por qué las Filipinas tomaron control del 72% del mercado mundial de circuitos electrónicos integrados? Porque los capitalistas que buscan el lucro se embarcaron en una búsqueda descentralizada del éxito.

Claro, hay que permitir que aquellos que se han enriquecido bajo el capitalismo traten de hacer cosas buenas por los que todavía son pobres, como Gates ha decidido hacerlo de manera admirable. Pero una mezcla New Age entre incentivos de mercado y reconocimientos no acabará con la pobreza. La historia ha demostrado que el capitalismo motivado por el lucro todavía es la mejor esperanza para los pobres.

William Easterly

martes, 15 de abril de 2008

¡Más y más empleos!


Para todos los costarricenses que se encuentran desempleados o que andan buscando mejores opciones laborales que las que actualmente poseen, en ASOJOD les tenemos una buena noticia: la empresa privada motor del desarrollo a partir de sus inversiones ofrece nuevas oportunidades para mejorar nuestras condiciones de vida.

El primer y más inmediato caso es el de la “malvada” transnacional: Wal-Mart, quiene el 26 y 27 de abril durante su feria de empleo estará ofreciendo 500 nuevos puestos de trabajo.

A Wal-Mart se le une la empresa Alemana Continental AG, cuyas operaciones se esperan que estén funcionando para febrero del 2009, dicha industria aportará $ 60 millones así como 1000 empleos a la economíaa del país.

Ahí lo tienen queridos lectores de ASOJOD, los hechos y la realidad siguen indicando claramente el camino al desarrollo. En ASOJOD esperamos aún el día en cuando veamos que nuestros queridos “intelectuales”, “progres” y defensores de la “conciencia social” creen al menos un solo empleo y contribuyan con hechos y no palabrerías al bienestar individual de los seres humanos.

domingo, 6 de abril de 2008

La enfermedad argentina


Buenos Aires, 25 de marzo de 2008, la clase media de la ciudad se manifiesta cacerola en mano. Los productores agrícolas han decidido cortar los suministros de carne y de grano ante la decisión del gobierno de elevar las retenciones fiscales a la exportación hasta el 44 por 100. ¡Sorpresa…! La gente no protesta contra el campo sino contra el gobierno. La Administración de la Sra. Kirchner se enfrenta a la rebelión de una sociedad civil harta de las arbitrariedades del poder, de los excesos de un Estado “clectocrático” que vampiriza a los sectores productivos de la población para beneficiar a su clientela política y a una nomenclatura que usa el poder en beneficio propio. En la Argentina de 2008 no existe nada parecido a un gobierno que respete las reglas del juego, sino un aparato depredador populista, muy parecido en el fondo al creado por Hugo Chávez en Venezuela, atemperado por el alma porteña.

La guerra de los peronistas contra el campo es histórica. El sector más productivo, competitivo y abierto de la economía argentina ha sido ordeñado de manera sistemática por el peronismo para financiar sus sueños autárquicos y sus objetivos políticos. En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, el general Perón esquilmó la industria agropecuaria para poner en marcha un programa de sustitución de importaciones y de redistribución de la renta que sentó las bases de la decadencia económica del país. El justicialismo, una ideología reaccionaria, de raíz fascista ha convertido a uno de los estados más ricos del mundo en las primeras décadas del siglo XX en una república bananera. Ha contaminado y pervertido de tal modo la Argentina que nadie ha logrado romper la dinámica decadente que asola el país desde hace medio siglo.

En estos momentos la situación de la República fundada por Sarmiento, Mitre y Alberdi es dramática. Se ha transformado en un sistema monopartidista en el cual las únicas alternativas posibles se plantean dentro del justicialismo. No existe una oposición al régimen peronista que, como el Movimiento Nacional o el PRI de los años gloriosos, lo engloba todo. En la práctica, el pluralismo político es puramente formal, no existe, y el social se ve asfixiado por una maquinaria de poder que, como en los regímenes totalitarios, no duda en utilizar la violencia para acallar a sus críticos. Hace una semana, la marcha pacífica de las cacerolas contra la arbitrariedad fiscal del gobierno fue liquidada por los piqueteros, por los matones a sueldo del poder ante la pasividad olímpica de las fuerzas policiales. El Estado no protege a todos los ciudadanos, sino sólo a quienes le rinden pleitesía.

La Sra. Kirchner ha acusado a los huelguistas de representar los intereses de las clases favorecidas frente al hambre del pueblo con la finalidad de mantener unos beneficios extraordinarios. Esta tesis es falsa. De la totalidad del valor obtenido de la facturación agraria, el 58 por 100 se emplea en cubrir los gastos de producción, cosecha y transporte; el 39 por 100 se lo lleva el fisco y el 3 por 100 queda para los empresarios del sector. Cuando se vende una tonelada del oro verde, la soja, el Estado se lleva 235 dólares y el productor 20 dólares. Esto significa que el gobierno se apropia del grueso de la riqueza generada por la empresa privada que arriesga su dinero y emplea su esfuerzo para lograr un rendimiento mediocre. En consecuencia, si se mantiene el régimen actual, los productores carecerán de incentivos para desarrollar su actividad, el Estado ingresará menos y, por supuesto, los precios de los alimentos subirán al reducirse la oferta… elemental lógica económica.

La decisión gubernamental de exprimir a los agricultores no responde sólo a criterios ideológicos, sino también a una estrategia económica surrealista. El gobierno peronista está inmerso en un programa descomunal de gasto público improductivo, de subvenciones a una clientela que demanda dinero fresco y lo obtiene sangrando a quienes crean la riqueza; la energía ayer, hoy y mañana, el agro siempre…Como los malos cazadores, los peronistas disparan a todo lo que se mueve. Una economía que ha crecido a una media del 8 por 100 desde 2003 y ha obtenido unos ingresos fiscales extraordinarios debería tener un superávit fiscal, al menos, similar al chileno, del 8 por 100 del PIB. Por el contrario, el peronismo reinante se ha lanzado a orgía gastadora que es insostenible en un escenario económico normal, esto es, cuando se acabe y/o se desaceleren los precios mundiales de las materias primas. En el interim, el impulso fiscal del gabinete ha alimentado la inflación que según las cifras oficiales se sitúa en los contornos del 10 por 100 y, en términos reales, está alrededor del 20-25 por 100 según el grueso de los analistas independientes, públicos y privados.

Lo peor de la Argentina no es su situación coyuntural sino estructural. Los gabinetes del Sr. y de la Sra. Kirchner no han introducido medida alguna que permita sostener el crecimiento económico cuando la coyuntura internacional se deteriore o se modere. Esto implica que, antes o después, el país volverá a introducirse en una crisis profunda y dolorosa. Sin embargo, eso no garantiza una reacción contra la política que provocó ese resultado. Los argentinos parecen hipnotizados y/o drogados por un partido, movimiento o lo que sea que tiene una capacidad infinita para inyectarles la dosis letárgica necesaria para que nada cambie. Es increíble que una sociedad culta, sofisticada y, en muchos casos, moderna vote una opción tosca, vieja y con tintes totalitarios. Este comportamiento tendría una explicación que supera los límites de este artículo; dilucidar ese enigma, quizá pertenezca a otra disciplina, amada por los argentinos, el psicoanálisis.

Lorenzo Bernaldo de Quirós

jueves, 3 de abril de 2008

¡Contrastes!


La "malvada" transnacional HP, pretende crear 150 nuevos empleos para jóvenes costarricenses. Dicha empresa se instaló en nuestro país desde el año 2003 y hoy cuenta con una planilla de seis mil trabajadores.

Pero mientras la empresa privada genera productividad y riqueza, la Asamble Legislativa produce todo lo contrario: injusticia, chabacanería y alcahuetería. Esto debido a que a partir de una iniciativa perversa del diputado Jorge Eduardo Sánchez, nuestros padres de la patria decidieron condonar una deuda por 20.000 millones de colones a un grupo de agricultores. Precisamente esto es lo que sucede cuando el Estado participa de la economía, situación que en ASOJOD hemos críticado hasta el cansancio. No es posible que al resto de las personas se les pase tan alegremente las facturas de otros, no es posible que el poder político favorezca a grupos de interés no nos importan si estos grupos son desde el más desalmado empresario hasta el más humilde campesino, no hay razón ética por la cual tengamos que cargar a nadie en nuestros hombros a raíz de la fuerza de la ley.

viernes, 28 de marzo de 2008

Viernes de Recomendación


Este día les ofrecemos un pequeño ensayo del escritor sueco Johan Norberg, titualdo: La globalización y los pobres. En el Norberg explica los efectos que el proceso de globalización ha tenido sobre las personas de más bajos recursos, atacando muchos de los slogans anti-globalización que los "progres" suelen utilizar.