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lunes, 9 de abril de 2012

Tema Polémico: "Janos" políticos


Jano era un Dios de la mitología Romana que se caracterizaba por tener dos caras. Pero parece que los eventos de las últimas semanas en nuestro país nos han mostrado que no sólo personajes mitológicos son capaces de poseer dicha cualidad, sino que nuestra pintoresca fauna política también puede ostentar dos caras. Por supuesto, como todos se imaginarán, nos referimos a las últimas noticias que han mostrado que altas figuras políticas del Gobierno prefieren no pagar sus impuestos, incluyendo a los titulares de Hacienda y Tributación Directa, todo ello al amparo y patrocinio de la Presidente de la República, cuya única firmeza y honestidad ha sido demostrada con su obcecada insistencia en meternos la mano en el bolsillo con su nefasto PACquetazo de impuestos.

Debemos admitir que dichos acontecimientos nos han llenado de júbilo. ¿Por qué? Ya estábamos cansados del juego maniqueo y simplista de la Administración. Todo un discurso legitimador del paquete de impuestos tendiente a satanizar como malos y perversos a aquellos que no encontramos propósito o beneficio alguno en seguir llenando de dinero al Estado para que sea administrado por gente que carece de uno de los más elementales valores: la coherencia. Ejemplo de esta táctica falaz es el mismo nombre del Proyecto: “Solidaridad Tributaria”. Para nuestros gobernantes, es injustificable que exista gente capaz de oponerse a algo tan puro y hermoso como la solidaridad.

Pero nosotros, en ASOJOD, pensamos muy diferente. Para el museo de la hipocresía quedarán las trilladas frases de ciertos personajes políticos que no han hecho más que moralizarnos para que paguemos más impuestos, que no han hecho más que advertirnos que para ser un país desarrollado debemos pagar como ricos. Hoy –gracias a La Nación– sabemos que ni ellos mismos creen ni practican sus disparates. Ni siquiera pueden hacer el pequeño esfuerzo de sostener su farsa cumpliendo con lo que predican.

Por eso, es que estos eventos han desnudado la vulgaridad de nuestros gobernantes, especialmente de aquellos que se dicen portadores del estandarte de la ética y la moral: el PAC. Denunciando la mentira, el engaño y la corrupción, este partido logró posicionarse en la arena política de Costa Rica. Pero su empeño a seguir apoyando a una banda de pillos institucionales como el PLN, solo muestra la verdad: son tan vulgares como aquellos de los que se separaron. Dime con quién andas y te diré quién eres, es una frase que aplica muy bien en estos momentos.

Pensamiento, palabra y acción, todos ellas juntas y en sintonía, esa es la única forma posible de vivir éticamente, cosa que no pareciera ser preocupación de muchos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Jumanji empresarial: más impuestos no significa mayor recaudación


En los últimos cinco años, el Gobierno costarricense se ha empeñado en gastar más de lo que recibe dejando como resultado uno de los déficit fiscales más altos de la región. La pregunta obvia que procede ante semejante situación es de qué manera se podrá disminuir o eliminar este déficit. Como siempre, la primera solución que se le ocurre siempre a los políticos para resolver esto es aumentando los impuestos. Pues parece obvio, si la gran mayoría de los ingresos del Estado provienen del cobro de impuestos entonces, para obtener mayores ingresos, lo que procede sería cobrar más impuestos. Por supuesto, los políticos locales no se caracterizan por su creatividad, sensatez, sentido común, dominio de los aspectos básicos de la economía, inteligencia, prudencia y mesura.

Para ellos, es tan lógico proponer un aumento de los impuestos, a pesar de nunca haberse preguntado si será cierto que los ingresos del Estado aumentarán conforme incrementen los impuestos. En ASOJOD nos proponemos demostrar que los políticos criollos están totalmente equivocados.

En primer lugar, es necesario recordar qué es un impuesto. Según la Real Academia Española, un impuesto es “un tributo que se exige en función de la capacidad económica de los obligados a su pago”. Vale la pena resaltar las palabras “exige” y “obligados” en esta definición para entender la verdadera naturaleza de los impuestos. El impuesto no es más que una obligación. Los ciudadanos generan riqueza y parte es arrebatada por el Estado para financiar proyectos que no necesariamente coinciden con los intereses de esa persona. Dado esto, es natural que las personas no solo no les guste pagar los impuestos sino que constantemente busquen maneras para evadir esta obligación. Es por esto que un aumento en las tasas de los impuestos o nuevos impuestos no necesariamente dan como resultado una mayor recaudación fiscal.

De hecho, en los últimos 60 años se han aprobado 10 paquetes de impuestos en nuestro país y los aumentos en la carga tributaria no coinciden con los mismos. Lo que sí es muy probable es que los aumentos de impuestos solo hayan logrado que la evasión fiscal sea cada vez mayor. Y con un sistema tributario tan complicado como el nuestro, la evasión fiscal tanto legal como ilegal es cada vez más sencilla. No en vano la misma Contraloría estima que ese fenómeno alcanza la magnitud del 70% en nuestro país.

Es más, siempre los más afectados con el aumento de los impuestos son las clases más pobres puesto que son las que tienen menos posibilidades para evadir impuestos. Por el contrario, como brillantemente ha expuesto el economista español Juan Ramón Rallo y como lo hemos expuesto reiteradamente en ASOJOD, ante aumentos en los impuestos, los ricos tienen más recursos e incentivos para evadir. Esto ha quedado más que evidenciado con los resultados del nuevo impuesto solidario para las casas de lujo. El Ministerio de Hacienda tan solo recuperó una cuarta parte de lo estimado en su primer año de implementación.

El aumento de los impuestos no solo no cumple adecuadamente su objetivo primordial, sino que pone en riesgo el crecimiento de la economía. A nadie le interesa invertir en una economía donde una parte importante de las ganancias serán arrebatadas por el Estado. Los famosos paquetes fiscales aumentan el riesgo de que los capitales privados tanto nacionales como extranjeros sean colocados en otras partes disminuyendo de esta manera el nivel de competitividad del país y la generación de mayor riqueza.

En ASOJOD creemos que un aumento de los impuestos no es la solución para disminuir el déficit fiscal. Es más, considerando las experiencias pasadas que se han obtenido con el aumento de los impuestos, existe la posibilidad de que con este nuevo paquete de impuestos presentado por doña Laura Chinchilla, el déficit no disminuya del todo. Es necesario que el Gobierno administre los ingresos que tiene actualmente en forma mucho más eficiente. Es más, una disminución en impuestos clave como renta, por ejemplo, y un sistema de recaudación más sencillo podría dar mejores resultados en la labor de recaudación. Al disminuir los impuestos aumenta la inversión y, por lo tanto, la recaudación podría ser mayor.

Sin embargo, como lo hemos dicho ya, los políticos costarricenses no se caracterizan por su inteligencia, sensatez, sentido común y creatividad.

martes, 1 de febrero de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: los mismos de siempre


En la administración tributaria hay que hacer una diferencia entre lo que se llama evasión del impuesto y evitación del gravamen. Traigo esto a colación por la facilidad con que se confunden los conceptos, en especial cuando se menciona que, por una falta de pago malévola de parte de algunos, se hace necesario aumentar los gravámenes que paga el resto de ciudadanos.

La evasión tributaria se refiere a la falta del pago de un impuesto que debería, de acuerdo con la ley, ser pagado por alguien. Por ejemplo, Al Capone, el famoso criminal estadounidense, en su momento fue detenido por dejar de pagar los impuestos a que legalmente estaba obligado. En cambio, la evitación tributaria es el no pago de un impuesto cuando éste legalmente no tenía que ser pagado por esa persona; o sea, legalmente se puede utilizar la ley para no tener que pagar tantos impuestos como lo sería sin dicha autorización. Por ejemplo, usted recibe ingresos como profesor aquí de una universidad ubicada en Costa Rica, sobre los cuales, en la práctica usual tributaria, debería pagar impuestos, pero, gracias a un acuerdo legal especial, el Estado exime dichos ingresos del pago del tributo. Usted, si no declara esos ingresos está evitando impuestos. Si, por el contrario, no existe tal acuerdo jurídico y solicita que sus salarios sean pagados en una sede en el exterior de esa universidad, a fin de que no se considere como un ingreso disponible generado en el país, se le podría llamar evasión del gravamen, aunque alguien, sin duda, podría alegar que más bien es una evitación del impuesto. Un clara evasión sería recibir el ingreso en el país y no declararlo del todo.

Señalo todo esto porque hay diversos estudios que se han mencionado acerca de la evasión y la evitación en el país, pero a veces revuelven ambos conceptos y así se le utiliza como argumento para justificar aumentos en los tributos. Me parece importante separar ambos -la evitación y la evasión- pues, de no ser así, se podría incurrir en graves errores. ¿Cuál es el más grave de ellos? Que la evasión es ilegal, en tanto que la evitación se lleva a cabo acogiéndose al marco jurídico. Mientras que en el primer caso posiblemente se acepte más la acción del Estado para sancionar tal conducta, no lo es así en el segundo. Ciertamente, podría ser que la sociedad acepte la evasión de los impuestos aún cuando la medida se tomó legalmente por medio de un cuerpo legislativo representativo. La gente puede considerar que va en contra de algo que en principio las personas consideraban no debería ser objeto de un gravamen. Por ejemplo, la caída del gobierno inglés de la señora Thatcher se debió, en opinión de algunos, a su decisión de que el Parlamento Británico aprobara el llamado “head tax”, cargado anualmente a todas las personas con independencia de sus condiciones o características. El Parlamento rechazó la propuesta de ese impuesto per cápita y el gobierno de la Thatcher cayó por el repudio a la idea original.

La historia está llena de casos de impuestos aprobados por los gobernantes que los ciudadanos rechazaban del todo. Alguien aficionado a la lectura de la Biblia podrá leer en ella diversos episodios sucedidos de lo que modernamente alguien podría llamar “revuelta anti-impuestos”, como fue el caso de la Propuesta 14 en el estado de California hace poco más de una década. Pero, normalmente, por lo general, en las sociedades se da algún grado de aceptación de la imposición y los ciudadanos esperan que todos lo que deben cumplir con el pago de los impuestos lo hagan. En consecuencia, moral y legalmente, por lo general se suele “condenar” la evasión en el pago de los impuestos.

Caso contrario sucede con la llamada “evitación”, porque los sistemas tributarios no siempre dan el mismo tratamiento tributario en todas las circunstancias, tanto a personas como a las formas en que se perciben los ingresos. Así, se le deja la opción a los contribuyentes de acogerse a lo que la ley dicta al respecto, que en este caso de evitación significa que paga menos impuestos que en la situación alternativa. Un ejemplo sencillo: si usted se casa, tanto el ingreso suyo como el de su cónyuge se pueden juntar para efectos del pago del impuesto sobre la renta. Si éste es progresivo -es decir, que conforme crecen los ingresos proporcionalmente crece más el pago de impuestos- sería mejor que cada uno de los dos generadores de ingreso en el hogar declaren por separado y con ello disminuyen la carga tributaria total. Esto es legalmente posible hacerlo y así se suele hacer. Esta es la razón, por ejemplo, de que muchas empresas hagan su declaración separadamente, en vez hacerlo como una sola entidad. Este fraccionamiento en diversas empresas declarantes es legalmente posible, si bien los recaudadores de impuestos tratarán ingentemente de mostrar que se trata de una única firma, pero separada en varias tan sólo para efectos del pago de los tributos y eso, de acuerdo con la ley, no se vale.

Normalmente en todos los sistemas tributarios hay, además del criterio de equidad horizontal, otros principios que definen la imposición, lo cual da lugar a lo que se ha denominado evitación. Esos diversos criterios son válidos y estarán sujetos siempre a interpretaciones acerca de su conveniencia frente a otros distintos.

Por todo lo expuesto, esas cifras que a veces se brindan literalmente en los medios, deben ser más rebuscadas y no repetidas como loros para tratar de señalar que algo está mal con el sistema tributario debido a lo que suelen llamar “evasión”. En síntesis, es posible que la sociedad no acepte la evasión (no siempre) del pago de impuestos, pero mayor posibilidad hay de que esté de acuerdo con su evitación.

En días recientes el Ministro de Hacienda confesó en un medio televisivo que en Costa Rica “era imposible acabar con la evasión” tributaria y que, en parte por ello, formulaba algunas propuestas que fomentaban el control cruzado (argumento usado para justificar el llamado Impuesto al Valor Agregado IVA), y también se quejó de que nadie en los tribunales había sido pasado a la cárcel por evadir impuestos (y la periodista de inmediato agregó “¡qué barbaridad!”).

En realidad el Ministro no hizo propuesta alguna para reducir la evasión y, más bien, lo que al fin de cuentas señaló es la facilidad que hay para practicarla, además de que esa conducta no se sancionaba. En resumen: el Ministro reconoce que el incentivo para la evasión es claro y contundente y confirma que nada va a pasar por la infracción si se le practica. Tal vez porque no se revisa plena y adecuadamente la información tributaria que, de diferentes fuentes, les llegan a las autoridades tributarias.

Tristemente el paquete tributario que propone el gobierno para llenar su hueco deficitario en gran parte se va a centrar en quienes no pueden “evadirlo” -¡es lo más fácil de cobrar!- posiblemente porque se les retiene el gravamen en la fuente. Quienes deberán pagar los mayores impuestos serán los mismos de siempre.

Jorge Corrales Quesada

jueves, 10 de abril de 2008

Más y más impuestos


Los aumentos de impuestos son noticias en todas partes. Dos candidatos presidenciales en Estados Unidos expresan sus intenciones de aumentar los impuestos a quienes ganan mucho y en especial a las petroleras. En Venezuela, Hugo Chávez amenaza con altos impuestos a empresas de alimentos con “exageradas utilidades”, mientras que en ese paraíso del socialismo del siglo XXI escasean los alimentos.

Al otro lado del Atlántico, en Alemania proponen impuestos “especiales” a las transferencias de dinero a Suiza, Liechtenstein y Mónaco. En Gran Bretaña anuncian impuestos más altos a los no residentes, pero dieron marcha atrás ante protestas generalizadas. Hasta la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) ha estado reclamando a Mónaco, Liechtenstein y a Andorra que sus tasas impositivas son “anticompetitivas”. Con eso quieren decir que son más bajas que las de los demás miembros.

Otra sorpresa es que algunos sacerdotes y políticos en Estados Unidos están citando la Biblia para justificar impuestos más altos, como si se tratara de algún precepto o mandamiento de la Iglesia.

Claro que no hay nada inmoral ni injusto en fijar impuestos bajos a personas o las empresas, pero muchos políticos y grupos interesados que quieren vivir de los demás ven las propuestas de rebajar impuestos como algo criminal. Por su parte, los europeos occidentales se han acostumbrado a que sus gobiernos les arrebaten más del 40 por ciento de los ingresos.

En Estados Unidos el impuesto federal más alto en 1913 era de 7% sobre ingresos de medio millón de dólares al año. Hoy es 35% sobre ingresos de 357.700 dólares. No sólo la tasa es mucho más alta, sino que con un dólar se compra hoy una mínima fracción de lo que entonces se podía comprar.

En su libro “La riqueza de las naciones”, Adam Smith mantenía que los impuestos son necesarios para que el gobierno cumpla con sus funciones esenciales: la defensa nacional, la seguridad personal, la administración de justicia y la infraestructura necesaria. Smith pensaba que mucho de eso podía subcontratarse a empresas privadas.

Hoy se utiliza dinero proveniente de los impuestos para todo lo que se les ocurre a los políticos, incluyendo la redistribución y la “ingeniería social”. Justifican los aumentos de impuestos para proveer servicios sociales, pero altos impuestos destruyen incentivos, por lo que la gente invierte menos y se esfuerza menos. Por otra parte, la caridad privada suele ser mucho más efectiva que la caridad gubernamental.

Además están las consecuencias negativas de altas tasas de impuestos, como el debilitamiento de los derechos de propiedad. Si el gobierno nos quita 40% de lo que es nuestro, no debe sorprendernos que otras personas quieran también despojarnos de algo. A su vez, los políticos buscan votos ofreciendo beneficios especiales a determinados grupos, fomentando la corrupción.

Esos impuestos exageradamente altos son una invitación a la evasión. Y, cuando los impuestos son altos la gente deja de invertir de la manera más efectiva y prefiere hacerlo minimizando más bien sus impuestos.

El remedio es bastante simple: tasas impositivas bajas. Ellas significan mayor respaldo al imperio de la ley, el cual es un ingrediente indispensable para el crecimiento económico. Muchas de las naciones que pertenecían a la Unión Soviética han reducido los impuestos, fijando una tasa impositiva única y baja para todos, logrando así incrementar considerablemente la recaudación total. La gente de países con bajos impuestos gasta menos en abogados y en los contadores que elaboran las declaraciones de impuestos.

Así se libera dinero para reinvertir y para hacer caridad. Cuando la gente logra retener una mayor parte de lo que gana, suele ser más generosa.


Samuel Gregg