
A pesar de las críticas que hizo Carlos Marx al capitalismo en su Manifiesto Comunista, no negó el gran auge de la Revolución Industrial, el cual evidentemente no hubiera sucedido sin estar acompañado de un acelerado crecimiento de la población y del número de trabajadores. La población de Inglaterra en el año 1061 era de un millón de habitantes y en los siguientes ocho siglos aumentó apenas ocho veces. Sin embargo, en sólo el siglo XIX se cuadruplicó.
El aumento de longevidad fue uno de los beneficios de la producción capitalista. En vez de morir, los sobrevivientes constituyeron la clase pobre. Sólo en ese sentido se podría afirmar que la pobreza es producto del capitalismo. El capitalismo creó diferencias de riqueza por la sencilla razón de que antes del capitalismo, solamente los nobles eran ricos y vivían más tiempo, mientras que todos los demás eran pobres y morían a temprana edad. Quienes gracias al incipiente capitalismo sobrevivieron, se fueron enriqueciendo. Claro que la transferencia del poder adquisitivo de la nobleza a industriales y comerciantes no fue de la noche a la mañana. Y, quienes ofrecían empleo lo daban en las condiciones de esa época, que hoy nos parecen deplorables, pero entonces significaba la salvación de muchos.
Los productores nunca pueden pagar salarios que no logran cubrir con los precios que cobran a sus clientes, ya que son intermediarios entre los dueños de recursos, incluyendo el trabajo, y los consumidores. Tienen que competir en la compra de recursos con otros productores y competir con otros vendedores en atraer clientes. Las circunstancias sociales bajo las que operan no son causadas por ellos y confrontan claras limitaciones: no pueden cobrar precios fuera del alcance de su clientela y tienen que competir porque todos los bienes y servicios privados tienen sustitutos. No pueden pagar salarios inferiores a los demás porque no conseguirían trabajadores. De manera que si la clientela es pobre, los salarios también son pobres.
Eso que parecía un círculo vicioso lo rompió el capitalismo. Surgieron las maquinarias que aumentaron la productividad de los trabajadores; es decir que con el mismo o menor esfuerzo y tiempo se logró producir mucho más. Entonces sí se pudieron aumentar los salarios porque se redujo el costo de mano de obra por unidad producida. Solamente debido al aumento de la productividad se pudieron aumentar los salarios sin subir los precios por encima de lo que los clientes podían pagar.
Recordemos que la mayoría de los clientes son los mismos trabajadores. La producción en masa es para las masas. Y bajo el capitalismo, como existe libertad de competir, los productores compiten unos con otros por satisfacer a los clientes. Quien gana es porque enriquece más a los clientes. Es el único sistema que pone a todos a competir para enriquecer a todos los demás. Si los medios de producción fuesen del estado, no existiría la presión ni los incentivos de la competencia que obliga a economizar recursos reduciendo los costos. Entonces, nos tenemos que conformar con lo dispuesto por los burócratas.
La realidad es que el capitalismo, sea democrático o no como en China hoy, ha sido el único medio para reducir la pobreza. Pero al mismo tiempo, como ya se nota en China, las diferencias de ingresos se disparan. Aunque lo que es realmente importante no es disminuir las diferencias sino reducir la pobreza.
El filósofo e historiador francés Philippe Nemo mantiene que “el pauperismo será vencido por la fecundidad de la economía de mercado y no por las vanas imprecaciones de milenaristas religiosos o secularizados.”
Por Manuel Ayau
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