Nuevamente Hugo Chávez demuestra el estado de paranoia en que ha sumido a Venezuela, pues ve invasiones y tramas militares por todas partes: primero con Colombia y ahora con el reciente fallo de una corte a favor de Exxon-Mobil que obliga a Petróleos de Venezuela (PDVSA) a congelar más de $12.000 millones por la nacionalización de un proyecto de crudo. Respecto a este último caso, no sería de extrañar que la Exxon-Mobil tenga razón, pues la nota común de los gobiernos como los de Chávez es la violación sistemática a los derechos de propiedad y al imperio de la ley, aunque el teniente coronel despotrique diciendo que es una estratagema del "imperio" para derrocar al democrático y pacífico gobierno revolucionario de la República Bolivariana de Venezuela.
Tampoco es de extrañar la amenaza lanzada por Chávez luego de conocerse el fallo (no hay que soslayar sus inicios como matón de ejército), advirtiendo que si el "acoso" continúa, entonces dejará de venderle petróleo a los Estados Unidos. Con esto, Chávez deja claro que no toma en cuenta la opinión de los ciudadanos, condición indispensable de todo régimen que se haga llamar democrático, pues dispone de Venezuela como su feudo. Y de paso decide por sus aliados, pues en la amenaza incluye a sus "aliados" Ecuador, Rusia e Irán.
Ante tal delirio de persecución, el segundón de Chávez, Daniel Ortega, salió en defensa de su ídolo intelectual diciendo que si el gobierno venezolano cae, se acabarán todos los programas sociales, educativos y de infraestructura que ése régimen despliega entre todos sus aliados latinoamericanos. En ASOJOD siempre nos hemos preguntado si Ortega conocerá el término dignidad, pues cada vez que Chávez dice algo, Ortega sale a ladrar en su favor, actitud que no pareciera adecuada para un mandatario. Pero lo más irracional de todo no es el espaldarazo ideológico de Ortega, sino la actitud de Chávez: negarse, eventualmente, a vender petróleo a su principal comprador. En caso de que se congelen las ventas, el problema para el régimen venezolano no sería qué hacer con el sobrante de petróleo sino qué hacer con el faltante de dinero, pues para nadie es un secreto que Chávez ha desahucido todas las otras ramas del sector productivo venezolano para dar impulso al petróleo. Así las cosas, la ecuación es fácil: si no puede vendérselo a su principal comprador, la economía de Venezuela, indefectiblemente, colapsará.
Se trataría de un evidente error de cálculo político-económico del teniente coronel, lo cual revelara su estrabismo mental. Error derivado de una extrema estupidez que sólo en su mente podría tener cabida: la gestación de una gran conspiración para derrocarlo, que lo lleva a desconfiar de todo el que se le acerque. Dicen que ese es último paso antes de la caída de todo megalomaniáco. Hitler, Stalin, Idi Amin y otros tantos son claros ejemplos de lo anterior. Por dicha, para suerte de la democracia, la libertad y la decencia, casi siempre este tipo de megalomaniácos terminan muertos.
Tampoco es de extrañar la amenaza lanzada por Chávez luego de conocerse el fallo (no hay que soslayar sus inicios como matón de ejército), advirtiendo que si el "acoso" continúa, entonces dejará de venderle petróleo a los Estados Unidos. Con esto, Chávez deja claro que no toma en cuenta la opinión de los ciudadanos, condición indispensable de todo régimen que se haga llamar democrático, pues dispone de Venezuela como su feudo. Y de paso decide por sus aliados, pues en la amenaza incluye a sus "aliados" Ecuador, Rusia e Irán.
Ante tal delirio de persecución, el segundón de Chávez, Daniel Ortega, salió en defensa de su ídolo intelectual diciendo que si el gobierno venezolano cae, se acabarán todos los programas sociales, educativos y de infraestructura que ése régimen despliega entre todos sus aliados latinoamericanos. En ASOJOD siempre nos hemos preguntado si Ortega conocerá el término dignidad, pues cada vez que Chávez dice algo, Ortega sale a ladrar en su favor, actitud que no pareciera adecuada para un mandatario. Pero lo más irracional de todo no es el espaldarazo ideológico de Ortega, sino la actitud de Chávez: negarse, eventualmente, a vender petróleo a su principal comprador. En caso de que se congelen las ventas, el problema para el régimen venezolano no sería qué hacer con el sobrante de petróleo sino qué hacer con el faltante de dinero, pues para nadie es un secreto que Chávez ha desahucido todas las otras ramas del sector productivo venezolano para dar impulso al petróleo. Así las cosas, la ecuación es fácil: si no puede vendérselo a su principal comprador, la economía de Venezuela, indefectiblemente, colapsará.
Se trataría de un evidente error de cálculo político-económico del teniente coronel, lo cual revelara su estrabismo mental. Error derivado de una extrema estupidez que sólo en su mente podría tener cabida: la gestación de una gran conspiración para derrocarlo, que lo lleva a desconfiar de todo el que se le acerque. Dicen que ese es último paso antes de la caída de todo megalomaniáco. Hitler, Stalin, Idi Amin y otros tantos son claros ejemplos de lo anterior. Por dicha, para suerte de la democracia, la libertad y la decencia, casi siempre este tipo de megalomaniácos terminan muertos.
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