miércoles, 11 de noviembre de 2009

En Guardia


Don Luis Liberman dice que lo descalifiqué por su oficio de banquero y no es así. Resulta que él tiene dos sombreros: banquero y cabildero. Sobre el primero, nada que objetar; más bien, se le reconoce su éxito personal y patrimonial. Pero en su función de cabildeo está en deuda con el país.

Representa una generación de banqueritos criollos agremiados, influyentes y bien conectados con los partidos políticos, caracterizados por cabildear a favor de los grandes intereses de su gremio. Lograron aprobar leyes, decretos y políticas económicas que los beneficiaron en cantidades muy grandes, tan grandes, que nadie las ha podido cuantificar. Amasaron fortunas.

Fueron tan influyentes que persuadieron a los partidos tradicionales para ubicar a miembros de su clan en puestos claves: Hacienda, Banco Central, Sugef, Conassif y Supen. Puedo mencionar nombres. Esa influencia política fue reconocida por un exempleado de don Luis en Interfin que fue, nada menos, presidente del Central y ministro de Hacienda. Lograron, por ejemplo, una interpretación favorable de los gastos asociados con ingresos gravados a tasas preferenciales para ahorrar millones en impuestos. Afortunadamente, fue revertida por Tributación y hoy está en litigio.

Lograron que les rebajaran los encajes bancarios en ciertos períodos para poder prestar y lucrar más, obligando al Banco Central a absorber esos recursos e incurrir en pérdidas y afectar la inflación, que castiga a los más pobres. Lucraron con los bajos impuestos de renta a los intereses (8%) mientras que los demás mortales, incluyendo asalariados, pagaban tasas mucho más elevadas, del 15%, 25% y hasta un 30%, y pueden deducir los intereses de préstamos obtenidos de bancos del exterior ( offshores ), pero sin pagar impuestos por los intereses del exterior.

Se opusieron furiosamente a la renta mundial pues no les convenía que les gravaran los ingresos de los grandes capitales ocultos en el exterior. Lograron que entes públicos tuvieran durante algún tiempo altas tasas de interés, mayores que las de los bancos, para captar barato y ganar prestándoles al Central y Gobierno. Disfrutaron de los beneficios de las minidevaluaciones, pues traían capitales extranjeros mientras el Banco Central asumía todo el riesgo cambiario. Pero lo más grave es que captaron y prestaron mediante sus offshores sin satisfacer encajes, someterse a la Sugef, ni pagar impuestos. Toda una vida hicieron plata exenta por medio de sus offshores y, al final, tampoco pagaron nada (ni cuita), pues al ponerse viejos vendieron sus acciones a bancos extranjeros sin estar sujetos a impuestos sobre la renta. Por eso no puedo votar por él ni por doña Laura. Me lo impide la conciencia.

Jorge Guardia

martes, 10 de noviembre de 2009

Estamos advertidos


Si alguien quiere votar por Ottón Solís es porque 1) ha perdido la razón o 2) es perverso. Resulta que este candidato propone la misma fórmula trasnochada e ineficaz: más impuestos para "resolver" los problemas que afectan al país.

A Solís parece que le molesta la riqueza. Utiliza sus dotes de Planificador (¿Central?) para definir lo que, según él, es suntuario. Este "economista" desconoce el aporte fundamental de Carl Menger a la disciplina-la teoría del valor subjetivo- y pretende erigirse como el ser omnisciente, capacitado para definir qué es suntuario y qué no lo es para gravarlo. ¿Será que, de ganar la Presidencia, Ottón Solís empezará a decirnos qué es valioso, qué es importante, qué es útil, qué es bueno y qué es deseable y, a punta de decretos y leyes, nos hará seguir sus disposiciones?

Hayek nos advirtió de la fatal arrogancia de personajes de esta calaña, pero pareciera que nuestros padres y abuelos no le hicieron caso, pues Ottón no es el único que ha llegado lejos usando ese discurso. La Costa Rica actual, forjada desde hace más de 60 años, se basa en esa "lógica" perversa: unos atribuyéndose la capacidad de decidir por los demás e imponer su criterio mediante el mecanismo de compulsión y coerción conocido como Estado, sea para definir lo que según ellos es válido o no o simplemente para redistribuir la riqueza.

Sin embargo, Ottón Solís parece estar llegando más lejos con su discurso, planteando impuestos de renta global y mundial, para tasar hasta el último centavo que un ciudadano reciba. Le molesta tanto la riqueza que quiere acabarla: desea arrebatársela a sus legítimos dueños y entregársela a personas que no han hecho nada para tenerla. Desea imponerle un castigo a quienes, con base en su esfuerzo, trabajo, buenas ideas comerciales y empeño, han ganado dinero, tratándolos como simples ladrones a los que se les decomisa el botín después de un golpe.

El lema de la campaña de Solís es "La Costa Rica que queremos". ¿Queremos eso? Estamos advertidos para el futuro: si queremos generar riqueza, una Costa Rica con Ottón Solís no sería el lugar adecuado para hacerlo. Ya podemos estar claros acerca de los que nos puede pasar si los costarricenses ponen en Casa Presidencial a un fatal arrogante planificador, con dotes de omnisciencia y muy poco respeto hacia el individuo y la propiedad privada: trabajaremos unos para que otros disfruten de los resultados.

A 20 años del muro



Porque nunca se debe olvidar el mal que produjo el experimento totalitario del siglo XX.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Tema polémico: el ingreso de nueva Inversión Extranjera Directa


Mucho se ha hablado en contra de la Inversión Extranjera Directa (IED), por considerarla una forma de "neocolonialismo", en tanto las "grandes compañías vienen al país a llevarse toda la riqueza y dejan apenas unos centavos en empleo". Para ASOJOD, nada más lejano que esto, toda vez que la IED aporta muchas cosas importantes para el desarrollo de un país, por lo que queremos dedicar este Tema polémico a explicar los aportes de esta cuestión.

Recientemente, la gran noticia desde el punto de vista comercial, ha sido la apertura de la tienda por departamentos Simán, en la V Etapa de Multiplaza. Esta empresa, de origen salvadoreño, inaugura su primera de tienda aportando 350 empleos directos y alrededor de 100 indirectos provenientes de empresas que proveen productos y servicios, compitiendo con importantes empresas en su ramo. A todo esto, cuando se le consultó al dueño de su principal competencia, la tienda hondureña Carrión, su respuesta fue: “Me alegra que vengan otras empresas como la nuestra, esto nos obliga a mejorar nuestro servicio e incorporar más surtidos en nuestra mercadería”.

Este es un buen ejemplo de la forma en que trabaja el libre mercado. Varias compañías compiten para poder colocar sus productos ofreciéndole cada vez más mercadería y mejores precios a sus clientes. El gran beneficiado de todo este proceso es el consumidor que, al tener una mayor gama de opciones, tiene mayor libertad para gastar su dinero en la forma que encuentre más placentera. He ahí uno de los primeros aportes de la IED.

Sumado a esto, el ingreso de Inversión Extranjera Directa (IED) ayuda mejorar la condición económica del país desde el punto de vista laboral y empresarial. El beneficio en el empleo con la llegada de IED es evidente, puesto que se generan más plazas de trabajo pero otra gran ventaja es que puede contribuir con que las condiciones laborales del país mejoren. El aumento en la oferta de puestos de trabajo permite que las condiciones laborales sean cada vez mejores puesto que, al haber una mayor necesidad de trabajo, los buenos trabajadores pueden solicitar mejores tratos por parte de sus patronos. Este aumento de plazas de trabajo no solo se da en forma directa sino que también propicia un incremento en otras empresas nacionales y extranjeras por medio de los encadenamientos productivos que se generan.

Otro factor de potencial beneficio de la IED es el apoyo técnico, tecnológico y curricular que estas empresas trasladan a sus trabajadores, a sus empresas proveedoras y, en algunas ocasiones, a escuelas y universidades. Por ejemplo, y volviendo al caso de Simán, un grupo de 75 salvadoreños han venido a capacitar a sus empleados en técnicas de ventas y políticas comerciales de la empresa. Estas son entradas de conocimiento al país que no tienen ningún costo sobre los ciudadanos. Otras veces, especialistas en tecnología de Intel trasladan conocimiento y equipo a los trabajadores costarricenses y los grandes operadores de apuestas y call centers enseñan nuevos modelos organizacionales a los costarricenses. Y todo eso se traduce en más y mejores conocimientos por los que los tax payers no necesariamente tuvimos que pagar.

En ASOJOD creemos que el país debe tomar medidas para ser cada días más competitivos en el mundo globalizado de modo que la entrada de IED sea cada vez mayor mejorando de esta maneras las condiciones económicas de todos, pues las que aportamos acá, son apenas unas de las ventajas de la IED.

Es importante impulsar la creación e instalación de más empresas, sin importar que sean costarricenses o extranjeras, pero que le permitan a los individuos desarrollar sus capacidades creativas, sus ideas, sus propuestas de negocio y, más importante aún, contribuyan al bienestar económico de las personas.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Conferencia de Rand


En este video se presenta una conferencia que ofrecieron Jennifer Burns y Ann Heller, respecto a sus respectivos libros sobre Ayn Rand. En los últimos meses la obra de Rand ha crecido en interés, aumentando las ventas de sus libros en Amazon, con artículos escritos sobre ella en The Economist, y un especial en el mes de noviembre dedicado a ella por Reasontv. Probablemente el Siglo XXI recibirá mejor el pensamiento de Rand que el anterior.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, en ASOJOD queremos ofrecerles un interesante ensayo de Friedrich Hayek, titulado "Libertad bajo la ley", donde el autor aborda el problema derivado de la perversión del concepto "ley", en tanto ha pasado de ser entendido como una norma general aplicable a muchos casos y de forma imparcial, a ser sinónimo de cualquier disposición emanada del Parlamento, aún cuando contravenga la función clásica que se le ha asignado: salvaguardar la libertad.

jueves, 5 de noviembre de 2009

ECONOMÍA: Limiten el tamaño del FMI a cero


Al "demasiado grande para quebrar" muchos han contrapuesto el "demasiado grande para rescatar". En efecto, hay empresas privadas cuya quiebra trastoca enormemente la economía y, pese a la fe ciega que muchos tienen hacia la omnipotencia estatal, su rescate podría llegar a comprometer la solvencia misma del Estado. El caso de Islandia en octubre de 2008 demuestra que no todo sistema bancario puede ser rescatado, especialmente cuando su tamaño es varias veces superior al del PIB de una economía: simplemente, el Gobierno no puede captar ni vía impuestos ni vía deuda los recursos suficientes para recapitalizar a las empresas concursadas.

Por este motivo, diversos economistas están proponiendo limitar el tamaño de las empresas: que no haya ninguna demasiado grande como para que no pueda ser rescatada. En concreto, el FMI ha sugerido restringir el tamaño de los bancos, pues en la reciente crisis ha sido la bancarrota de Lehman Brothers —la mayor en la historia de EE.UU.— la que disparó un proceso de contracción crediticia que hasta ese momento sólo se había producido de manera atemperada.

En principio, la idea puede parecer lógica: si los bancos son pequeños, no podrán hacer mucho daño. Olvidan, sin embargo, los del FMI que lo importante no es el tamaño de las empresa, sino de la industria. Hay industrias donde es más eficiente que haya muchas compañías muy pequeñas que unas pocas muy grandes —esencialmente allí donde ninguna empresa ofrece ninguna ventaja diferencial en su producto con respecto a las restantes y no existen economías de escala— y viceversa.

En el caso de los bancos, y en general en todas las industrias de red —aquellas donde todas el servicio que prestan las compañías a sus usuarios depende en buena medida de sus interrelaciones—, suelen aparecer empresas de gran tamaño que actúen como intermediarios o market makers. Cuanto mayor sea el tamaño de estas empresas, mayor capacidad poseen para coordinar a sus clientes y beneficiarles del efecto red: si un madrileño quiere sacar dinero en un cajero de Praga tendrá que acudir a un banco que esté en Madrid y en Budapest o bien a un banco praguense que esté asociado de alguna manera con uno madrileño a través de alguna compañía que proporciona esta infraestructura. Lo mismo sucede si queremos comprar acciones de compañías checas o hacer una emisión de deuda en Shangai.

Para prestar esos servicios es, pues, imprescindible que exista una red, que puede ser tanto interna a la propia empresa (el cable de Telefónica) o externa a la misma (el servicio de pago por tarjeta que ofrecen los comercios gracias a VISA). Dicho de otra manera, si el FMI impide que que sean las propias empresas las que proporcionen a sus clientes sus propias redes y que crezcan merced a ellas, tendrán que recurrir a redes externas provistas por otra empresa. No tendremos, por consiguiente, un sector financiero más pequeño, sino uno más atomizado con redes externas.

Pero poco o nada ganaremos con ello si es fruto de la imposición estatal. En EE.UU., el número de bancos fue históricamente muy elevado debido a las prohibiciones para abrir sucursales en otros estados. Pero ello no evitó la Gran Depresión. En 1929 el número de bancos era de alrededor de 25.000 y en 1934 apenas llegaba a a 15.000. En cambio, en 2006 el número de bancos era de 7.401 y a finales de 2008 todavía se mantenía en 7.086. En 1929 había muchos bancos muy pequeños y, por consiguiente, quebraron muchos de poco tamaño; en 2006, había pocos muy grandes y, por consiguiente, quebraron pocos de gran tamaño.

En una crisis financiera, lo que se tambalea son porciones de la industria —su tamaño relativo dentro del sistema económico—, no empresas concretas —su número absoluto. Si el FMI quiere limitar los ciclos debería preguntarse más bien por qué el conjunto del sector financiero tiende a sobredimensionarse tanto durante los booms económicos y luego se paraliza durante las crisis.

La respuesta ya la sabemos: la fuerte expansión crediticia que llevan a cabo los bancos endeudándose a corto e invirtiendo a largo les permite prestar cantidades de dinero muy por encima del ahorro real de una sociedad. Por ahí tendría más sentido la reforma: impedir que haya crédito no respaldado por ahorro. Sin duda, con esta medida el tamaño de la banca en general sería mucho menor y las crisis se reducirían a su mínima expresión. Pero ay, entonces habría que comenzar por cerrar los bancos centrales estatales y, entre ellos, el banco central de los bancos centrales: el Fondo Monetario Internacional. ¿No se preocupa esta institución por su propio tamaño y por los irresponsables préstamos que ha extendido en los últimos meses a países del todo insolventes?

Juan Ramón Rallo

miércoles, 4 de noviembre de 2009

S.O.S: sálvese quien pueda


Desgraciadamente el día de ayer se dio una lamentable noticia. El oficial del OIJ Randall Mauricio López Garita, se convirtió en una víctima más del hampa. Desafortunadamente se está volviendo costumbre la muerte de nuestros agentes de seguridad, que todos los días salen valientemente a cumplir su trabajo de protegernos.

Esta situación es absolutamente inaceptable, este país no puede seguir en manos del hampa. Nuestras fuerzas policiales requieren de todo el apoyo del gobierno: más y mejores armas -no es posible que los delincuentes anden con AK-47 y nuestros pobres policías con armas que parecen de juguetes-, mejores salarios, profesionalización de los cuerpos policiales, seguros de vida de primera calidad, así como seguros de lesiones, y por último se debe reformar el Código Penal para que agregar como causal de homicidio calificado el homicidio que se realice en contra de un oficial en el cumplimiento de sus labores. Es vital que recobremos la seguridad, no es posible que tengamos miedo hasta dentro de nuestras propias casas.

Absurdo


Una verdadera metida de pata es la última salida del TSE. Resulta que el TSE en razón del artículo 142 del Código Electoral le ha pedido a los bancos estatales abstenerse de hacer publicidad. Evidentemente es deseable que en campaña electoral las instituciones públicas -cualquiera de ellas- se abstengan de favorecer a un partido o candidato en particular ya sea explícita o implícitamente. Lo que parece verdaderamente ridículo es que se les prohiba informar al público de actividades necesarias de su propio giro comercial, como lo es informar al público de sus promociones y ofertas. Esto parece como que sacado del Código de Ética del PAC.

martes, 3 de noviembre de 2009

Aplicaciones de la curva de Laffer


Arthur Laffer, conocido como economista de la oferta, se hizo famoso con su recomendación de bajar los impuestos para aumentar la cantidad recaudada por el fisco.

La curva de Laffer, que supuestamente dibujó originalmente en una servilleta de papel, mientras explicaba el concepto a colegas en un bar, tiene forma de campana y demuestra el punto máximo que la gente está dispuesta a aguantar imposiciones de terceros, tales como impuestos. Ese tope no es igual para todo el mundo, pero todo el mundo tiene su propio tope.

La curva de Laffer tiene que ver principalmente con impuestos, la forma de extorsión utilizada por los gobiernos para financiar sus operaciones. Eso recuerda la forma de operar de las mafias porque el gobierno amenaza con altas multas y cárcel a quienes quiere sacarle dinero. Pero como, al contrario de las mafias, generalmente nos podemos quitar de encima al gobierno en las próximas elecciones, la severidad de la extorsión gubernamental es frenada por la posibilidad de una resistencia electoral. No es un cálculo fácil y a menudo se equivocan, pero –al igual que las mafias- los gobiernos ofrecen algunos beneficios compensatorios a sus víctimas.

La curva de Laffer tiene otras aplicaciones además de los impuestos. Cualquier tipo de intromisión gubernamental está sujeta a su agudo discernimiento. Por ejemplo, regulaciones no exageradas serán siempre más fáciles de cumplir que de oponerse a ellas. Es más, el estatismo que sufre la mayoría de las sociedades es a menudo aguantado y no combatido, entre otras razones porque muchos le encuentran la vuelta, utilizando su inteligencia, contratando expertos en las leyes o comprando funcionarios.

Entonces vemos que la curva de Laffer es útil para entender por qué no hay suficiente resistencia al estatismo o por qué sólo una pequeña proporción de la población se molesta en orquestar una resistencia que es costosa en relación a su posibilidad de éxito. En las naciones subdesarrolladas, la situación es diferente, lo cual explica la frecuencia de revueltas y revoluciones contra los mandatarios. En esos países, a lo contrario del caso de los países ricos, el grueso de la población tiene poco o nada que perder.

El pequeño porcentaje de ciudadanos que insisten en rechazar alguna imposición gubernamental en los países desarrollados no logra, generalmente, cambiar el régimen, pero mantiene viva la protesta.

La mayoría de la gente está dispuesta a aguantar cierta cantidad de intrusión y molestias de parte de burócratas y vecinos. Robos menores no suelen ser reportados a las autoridades. Pero no es normal acostumbrarse a los atropellos.

Se hace evidente que el estatismo, aun en pequeñas dosis, tiene malas consecuencias y que la vida es mejor y más agradable cuando se goza de gran libertad individual. Parece que el tope de la curva Laffer lo alcanza la gente cada día más fácilmente y por eso hay esperanzas de que disminuya el estatismo en nuestro mundo.

Tibor R. Machan

lunes, 2 de noviembre de 2009

Tema polémico: el alza en el desempleo


La nueva Encuesta de Hogares nos trae malas –pero esperadas– noticias:el desempleo ha aumentado en el último año. Mientras que en el 2008, el desempleo afectaba al 4.9% del total de la fuerza de trabajo, este año la cifra se disparó a un 7.8%. Por supuesto que la crisis internacional ha sido un factor relevante para dicho aumento, pero no el único. Aunque el Gobierno procure lavarse las manos, atribuyendo dicho crecimiento en el desempleo a causas exógenas, lo cierto es que en ASOJOD creemos que el statu quo en Costa Rica también es responsable de la situación, en particular, al obstaculizar el clima para hacer negocios y el emprendedurismo. Por ello, queremos aprovechar este Tema polémico para presentar presentar algunas propuestas que servirían a impulsar dichos rubros y, por tanto, generar mejores condiciones de vida en nuestro país.

En primer lugar, como lo hemos venido diciendo en anteriores ocasiones, la inseguridad ciudadana desincentiva la inversión en el país, tanto de empresas nacionales como extranjeras. Nadie va a querer arriesgar su capital si no hay garantías en el cumplimiento de la ley y en la protección de la propiedad privada.

En segundo lugar, hay que tener una política económica sensata. Las empresas tampoco van a invertir si existe una irresponsable emisión de moneda que cree inflación y aumente periódicamente sus costos y disminuya sus ganancias. Asimismo, se debe iniciar el camino a la dolarización, no sólo como mecanismo para impedir al Banco Central manejar la oferta monetaria, sino también, para compatibilizar las transacciones, pues gran parte de ellas ya se hacen en dólares (alquileres, precios de casas, carros, servicios, etc.) pero las personas ganan en colones.

Como bien se sabe, la inflación es el más cruel de los impuestos, ya que afecta más fuertemente a los trabajadores, que ven con cada día que pasa, reducido el poder adquisitivo de sus salarios. Además la inflación afecta la posibilidad de adquirir créditos a tasas bajas y por periodos de tiempo extendidos, dificultando la ampliación o creación de negocios existentes.

A la par de esto, es necesario consolidar la apertura en servicios como telecomunicaciones, electricidad, suministro de agua y seguros, pues los precios y calidad actuales no permiten la competitividad de las empresas instaladas en suelo costarricense. Al mismo tiempo, con la ruptura de monopolios y la eliminación de barreras a la libre competencia, tanto los usuarios empresariales como residenciales, se beneficiarán obteniendo mejor calidad y a un menor costo, con diferentes opciones a donde escoger, de acuerdo con sus necesidades y preferencias.

En el mismo orden de ideas, hay que convertir a Costa Rica en una gran zona franca, dando un trato igualitario a todas las empresas como una forma de respeto al principio de igualdad ante la ley y Estado de Derecho básico, con el fin de abolir privilegios mercantilistas y aumentar la competitividad del país, para poder atraer más empresas y potenciar a las fundadas acá. Junto con esto, se requiere una apertura más agresiva al mercado internacional, tanto mediante la eliminación unilateral de aranceles para facilitar la importación, como por medio de la negociación con otras naciones para conseguir una entrada más beneficiosa de las exportaciones. Pero, sin dejar de lado, que la apertura comercial no debe limitarse únicamente a bienes y servicios, sino que también debe incluir libertad de movilización de capitales y fuerza de trabajo.

De igual forma, el tema fiscal se erige como fundamental para facilitar la creación e instalación de empresas. No es lo mismo tener que pagar un alto porcentaje en impuestos que una tasa más competitiva, como lo han demostrado Irlanda, República Checa, Singapur, entre otros. De ahí que se torne necesario avanzar hacia una simplificación y reducción de las tasas impositivas mediante el establecimiento de un flat tax bajo, generando con ello un clima favorable para el empresario y evitando la evasión fiscal, pero en especial, salvaguardando la propiedad privada de los individuos que, día a día, producen riqueza.

En cuanto al tema de trámites, es fundamental eliminar gran cantidad de trámites, permisos, licencias, etc. que sólo desincentivan la inversión y el emprendedurismo y, al mismo tiempo, son terreno fértil para la corrupción. No puede tolerarse que, en nuestro país, se tarde más de 150 días para montar un negocio y que, con este tipo de prácticas, se limite la oportunidad a cientos de personas que quieren empezar su emprendimiento o desean invertir sus recursos en actividades productivas.

Respecto a la parte laboral, hay que reconocer que la rigidez anticuada del Código de Trabajo debe de ser reformada, toda vez que vivimos en un mundo dinámico y cambiante que requiere que, tanto patrones como trabajadores, tengan la posibilidad de establecer las condiciones laborales que mejor se adapten a sus situaciones particulares, especialmente garantizando la libre contratación y despido, así como la libre movilidad laboral, acuerdos en que sólo deben intervenir las partes y no el Estado.

Como puede observarse, es mucho lo que hay que hacer y todavía faltaría detallar más propuestas. Pero son quizá estas las más importantes y las que mayor impacto tendrían si se quiere atacar el problema del desempleo. No es contratando gente para que caven huecos y luego los tapen (típica política keynesiana) que se resuelve este asunto; es eliminando la intervención del Estado y las grandes trabas que hoy afectan a los empresarios y consumidores, que la situación puede mejorar.

sábado, 31 de octubre de 2009

Un premio para la economía práctica


El Premio Nóbel de Economía entregado hace un par de semanas a Elinor Ostrom y Oliver Williamson me pareció a primera vista una buena elección. Ahora pienso que fue una excelente decisión. La razón es que la corriente económica predominante se ha vuelto extremadamente matemática y cada vez más aislada de la realidad. Muchos economistas se sientan en sus oficinas y derivan pruebas. Pocos salen y hacen el tedioso trabajo de examinar las estructuras institucionales que construyen los seres humanos para resolver sus problemas de la vida real. Entre estos pocos, están Ostrom y Williamson.

Las investigaciones de ambos dependen de valiosa información fuera del campo de la economía. Ostrom deriva mucho de ésta a partir de estudios de caso sobre recursos de propiedad comunal, y Williamson de historiadores de negocios tales como el difunto Alfred Chandler. Algunos han resumido sus investigaciones afirmando que las instituciones alternativas al libre mercado funcionan muchas veces bien. Pero esa aseveración puede llevar a la conclusión errónea de que las soluciones gubernamentales son la respuesta. Los mercados libres son solo un subconjunto de las instituciones libres.

Una mejor manera de resumir su trabajo es señalando que lo que Ostrom y Williamson realmente demuestran es que las asociaciones voluntarias funcionan.

Veamos el trabajo de Williamson. Partiendo de las investigaciones de Ronald Coase, Premio Nóbel de Economía de 1991, acerca de porqué existen las empresas, Williamson mostró que estas instituciones voluntarias existen para resolver problemas que son difíciles de solucionar mediante transacciones de mercado impersonales.

Tenemos, por ejemplo, una mina de carbón que depende de una línea de tren para despachar su producción. Antes de que el dueño de la mina logre desarrollarla, quiere estar seguro de que el propietario de la línea de tren no cobrará un precio de monopolio. Antes de que el potencial dueño del tren construya los rieles, él quiere estar seguro de que el dueño de la mina, su único cliente, no tratará de aprovecharse de él pagando un precio por debajo de la cantidad que lo compensaría por su alto costo fijo. La solución: integrar verticalmente. Que el dueño del tren también sea el dueño de la mina y así soluciona el problema.

Antes del trabajo de Williamson, muchos juristas y economistas habían visto a la integración vertical como una manera de adquirir poder de mercado. Este argumento tenía poco sentido, como lo indicaran los académicos especializados en antimonopolio Robert Bork y el difunto Ward Bowman, ya que es difícil multiplicar el poder de mercado utilizando la integración vertical. Como señaló el comité del Nóbel, el trabajo de Williamson derivó en menos preocupación acerca de que la integración vertical aumente el poder de mercado y esto ha causado que jueces y reguladores antimonopolio sean menos hostiles a la integración vertical.

Aunque el comité del Nóbel no resaltó el artículo clásico de 1968 de Williamson, “Economías como defensa antimonopólica”, yo lo haré. En él, Williamson demostró que las fusiones horizontales de empresas en la misma industria—inclusive aquellas que aumentan el poder de mercado y en las que esta situación resulta en un precio más alto—pueden generar eficiencia. La razón radica en que si las fusiones reducen los costos, la reducción de éstos puede crear más ganancias para la economía que las pérdidas incurridas por los consumidores por su precio más alto.

¿Y qué hay del trabajo de Ostrom? Muchos economistas conocen el clásico artículo del difunto Garrett Hardin, “La tragedia de los comunes”. Su idea era que cuando nadie es dueño de un recurso, es sobre-explotado ya que nadie puede controlar su uso y cada persona tiene el incentivo de consumirlo antes que otros. Esta idea nos ha ayudado a comprender bastante el comportamiento humano y ha llevado a que muchas personas clamen porque el recurso sea propiedad privada o controlado por el Estado.

No tan rápido, dijo Ostrom. Examinando docenas de estudios de caso, ella encontró ejemplos de propiedad comunal que funcionaban—esto es, que no derivaron en los resultados trágicos previstos por Hardin—así como otros que no funcionaron. ¿Había diferencias sistémicas? Sí, e interesantemente los que funcionaban tenían una especie de sistema de derechos de propiedad, solamente que no era el de propiedad privada.

Basándose en sus investigaciones, Ostrom propuso varias reglas para administrar recursos comunales, las cuales, el comité del Nóbel ha resaltado. Entre ellas están reglas que claramente deberían definir quién obtiene qué, métodos efectivos para resolver conflictos, la obligación de que la manutención del recurso debería ser proporcional a los beneficios que las personas derivan de su uso, que el monitoreo y castigo sea realizado por otros usuarios o por alguien que está sujeto a una rendición de cuentas para con éstos, y que los usuarios se les permita participar en el diseño y la modificación de las reglas. Nótese la ausencia de soluciones gubernamentales impuestas desde arriba. En su trabajo acerca de economía del desarrollo, Ostrom concluye que las soluciones impuestas desde arriba hacia abajo no ayudan a los países pobres. ¿Estás escuchando, Banco Mundial?

En un artículo escrito con Harini Nagendra, Ostrom escribió: “Concluimos que las fórmulas sencillas acerca de la propiedad formal, particularmente aquella basada enteramente en la propiedad pública [estatal] de las tierras forestales, no resolverá el problema del uso del recurso”. Garth Owen-Smith, quién ayudó a resolver el problema de la propiedad común de los elefantes en Namibia al asegurar a los habitantes locales beneficios financieros compartidos del turismo y de la caza de trofeos, se basó en gran medida en el trabajo de Ostrom. Si los locales se benefician teniendo una población de elefantes, es mucho menos probable que los maten y mucho más probable que prevengan que otros lo hagan.

David Henderson

viernes, 30 de octubre de 2009

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, en ASOJOD queremos compartir un nuevo espacio llamado Catalaxia, donde se pretende analizar la realidad nacional e internacional desde una óptica liberal, con un enfoque fresco y novedoso, con mensajes cortos pero muy profundos, con ánimos de transmitir las ideas de la libertad. Felicitaciones a los creadores por tan excelente iniaciativa.

jueves, 29 de octubre de 2009

ECONOMÍA: El lado oscuro de la crisis económica global


La crisis va llegando a su fin. Eso, al menos, es lo que se desprende de los últimos pronósticos de crecimiento realizados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y de cuanta declaración a los medios brinda uno y otro funcionario, de uno y otro país, en una y otra cita cumbre. Pero, ¿por qué creerles a quienes la negaron cuando aquélla aún no se manifestaba, la minimizaron cuando estalló, y la ahogaron en un océano de liquidez monetaria y gasto fiscal cuando amenazaba ya con tumbarse a economías regionales enteras?

En darle pronta “solución” a esta crisis el mundo ya ha gastado todo lo que gastó en las dos grandes guerras, el New Deal y el Plan Marshall juntos, descontando el factor inflación. Solucionar un problema y posponerlo, sin embargo, son dos cosas distintas. Quien soluciona algo resuelve aquello que impide que se ejecute la acción; quien pospone, empero, pasa para mañana lo que no quiere hacer hoy. Y qué mejor ejemplo de lo que pareja observación implica que darle un vistazo aéreo al sector inmobiliario estadounidense, epicentro del terremoto financiero del 2007. El mercado de valores respaldados por hipotecas —títulos de deuda que permiten que la banca comercial libere recursos y así pueda seguir otorgando préstamos hipotecarios—, en lo que va del año, ha simplemente desaparecido, lo que ha llevado a que la Reserva Federal, el banco central, se vea obligado a crear dinero del aire con el cual comprar el 100% de esta emisión, unos $700 mil millones. No se puede hablar de solución a una crisis mientras en una economía de “mercado” desaparecen los mercados.

El estado de salud de la economía global no sólo no mejora sino que se agrava. En los últimos meses son más y más aquellos países en los que el PBI presenta una divergencia entre el real y el nominal, de tal manera que mientras el primero aumenta, el segundo se desploma, y esto, desde 1971, el fin del sistema monetario de Bretton Woods, es inusual. Un PBI real que crece indica un mayor volumen de producción, y uno nominal que cae, una menor facturación corporativa, es decir, se produce más, pero se vende a cada vez menores precios, lo que lleva a que las utilidades corporativas disminuyan, y, por lo tanto, a que la recaudación tributaria caiga, en países tan distintos como Perú, Chinay EE.UU. A lo dicho en relación a esta inusual y dañina divergencia, súmenle la contracción crediticia y monetaria (M3) que ha empezado a darse en ambos lados del Atlántico, en Europa y en EE.UU., y que habla de saturación sistémica de deuda y de imposibilidad por parte de las autoridades monetarias de reinflar la economía (léase burbuja) global.

Pero China, creen desinformadamente algunos analistas, va en rescate de la economía global. Ignoran que, con todo el potencial de crecimiento que este gran país tiene, por el momento, y según pautas del Consejo Estatal, lejos de aumentar su producción va a verse forzada a reducirla en ocho sectores industriales claves, que años atrás ya presentaban serios problemas de exceso de capacidad instalada —excesos que requieren una pronta “solución” que no puede seguir siendo postergada (aceros, cemento, aluminio y construcción naviera, entre otros).

En el largo plazo, el crecimiento económico acumulativo de la humanidad, no cabe duda alguna, es impresionante. Vaya este único ejemplo: la esperanza de vida de un español del Siglo de Oro (1500-1700) era apenas unos treinta años, pero hoy, y gracias a una mejor alimentación (resultado de una mayor producción) y una buena salud (resultado de innovaciones tecnológicas y descubrimientos en el campo científico), sus descendientes pueden aspirar a vivir ochenta años y más. Las distorsiones y señales falsas que produce la intervención estatal en la economía derivan en que la actividad económica se reduzca considerablemente ¡Ha surgido la crisis! Y dedos acusadores señalan unas veces al inversionista, otras al empresario, como los grandes responsables.

Estos son momentos en los que se olvida que nuestra historia, la de la humanidad, a partir del siglo XIX, es una historia de éxito, de progreso, de avance en todo campo de la acción humana. Una historia en la que, en lo político, la democracia liberal le reserva un papel fundamental al Estado: proteger, garantizar los derechos individuales, en especial, los derechos de propiedad. Sólo y recién entonces, en lo económico, y con esta motivación de por medio, esos dos grandes motores del desarrollo, el inventor y el productor, entran en acción, inventando y produciendo más allá de sus necesidades inmediatas.

Charles Philbrook

Falacias del liberalismo: EL LIBERALISMO DESCANSA EN LA LEY DE LA SELVA.


La expresión “ley de la selva” aplicada a la posición liberal se usa básicamente para dar a entender que en dicho orden político cada persona está por sí misma, sin tomar en cuenta a las demás, en donde todo se vale, primando la supervivencia del más fuerte. La falla atribuida al liberalismo es que asume que la persona tiene como único interés el propio y que no toma en cuenta a intereses distintos de éste, actuando así en consonancia.

El liberalismo como sistema político está reglado por el principio de legalidad, que esencialmente garantiza la libertad de cada individuo frente a la coerción. Esto es, asigna al Estado la función de protegerlo del abuso que otros puedan pretender imponer sobre su persona. Se supone que en una “ley de la selva” el más fuerte sería quien se impusiera –como “animalitos”- mientras que en una sociedad liberal el principio de la igualdad ante la ley de las personas garantiza la igualdad de los derechos de cada individuo. Esto implica someter con la fuerza de la ley ejecutada por el Estado a quien pretenda despojar a otros de de su libertad innata. “El más fuerte” sería así restringido cuando intente ir más allá de los límites fijados a su propia libertad, esencialmente que se le impida traspasar los dominios de libertad de otras personas en sociedad.

En el sistema liberal el monopolio de la fuerza en manos del Estado garantiza que los individuos sean iguales ante la ley. Garantiza la libertad de los individuos ante quien amenace despojarles de ella. En la concepción liberal el Estado es también limitado, a diferencia de lo que caracteriza a órdenes políticos totalitarios. Aquí resulta crucial la existencia de una Constitución que de alguna manera reconozca los derechos primarios innatos a las personas; esto es, su libertad, ante el poder del Estado. Es necesario que el Estado tenga un lugar propio limitado por el principio de legalidad, de manera que se proteja a las personas del abuso que ese Estado puede cometer contra ellas.

Entre las instituciones básicas que se ha ido diseñando a través del tiempo para limitar dicho poder del Estado se encuentran no sólo aquellas propias del orden político, tales como división de poderes, frenos y contrapesos entre distintos poderes públicos, la existencia de un parlamento, sino crucialmente el derecho a la propiedad que poseen las personas. Como dice Hayek, “La ley, la libertad y la propiedad son una trinidad inseparable. No puede haber ley en el sentido de reglas universales de conducta que no determine límites a los dominios de la libertad al fijar reglas que permiten a cada cual estar seguro de adónde es libre de actuar.” (Friedrich A. Hayek, Law, Legislation and Liberty, Vol. 1: Rules and order, Chicago: The University of Chicago Press, 1973, p. 107). De aquí se deriva aquella idea fundamental de que los individuos son libres de actuar en todo aquello que la ley no prohíba, en tanto que el Estado sólo puede actuar en aquello que la ley le permite hacerlo.

En la anarquía –ausencia de Estado- regiría la ley del más fuerte en el sentido de que no habría ley que limitara tal posibilidad (excepto algunos teóricos que señalan que la ley, mediante la costumbre, surgiría espontáneamente, limitando el accionar de los individuos). No voy a referirme al tema de las utopías como tampoco al hecho de que es imposible, en un orden que cambia permanentemente como el liberal, definir para siempre los derechos de propiedad, lo cual requiere de un Estado que evite conflictos sobre derechos de propiedad que los defina. Me parece que este es un papel que el Estado debe desempeñar en un orden político liberal.

Por lo expuesto, se puede rechazar la aseveración inicial de que el orden liberal se apoya en la llamada “ley de la selva”, sino todo lo contrario dado que, si bien limita el papel del Estado a un mínimo necesario para garantizar la libertad de los individuos, el interés propio se ve limitado por el derecho que por ley poseen las demás personas.

Una consideración final acerca de la idea de que la falla del liberalismo radica en que en dicho orden político la persona tiene como único fin el interés propio sin tomar en cuenta otros intereses diferentes a éste. A esto es lo que en ciertos sectores se le ha llamado el carácter egoísta del liberalismo. Otras versiones destacan que el liberalismo se fundamenta en la avaricia o en el consumo sin freno. Pero hay un error en adscribirle exclusividad en cuanto a defectos humanos, que son propios de cualquier orden político. Por ello me parece muy afortunada la advertencia que formula Schwartz, al indicar que “todos esos vicios connaturales a los seres humanos (avaricia, egoísmo, prepotencia ante el consumo) aparecen en la sociedad libre más a las claras que en las pacatas (tímidas, tranquilas o pacíficas) sociedades cerradas de la Edad de Oro ‘dichosa’, como decía Don Quijote, ‘porque entonces los que en ella vivían ignoraban dos palabras de tuyo y mío.’” (Pedro Schwartz, “Los límites de la razón y la ética del liberalismo,” en Nuevos Ensayos Liberales, Madrid: Espasa Hoy, 1999, p. 223. Los paréntesis son míos.).

No sólo las sociedades abiertas son precisamente más abiertas en cuanto a que permiten reflejar las debilidades individuales, pero no significa ello que tales debilidades están ausentes en otros órdenes políticos, los cuales, al posiblemente no ser tan abiertos como el orden liberal, lo que hacen es ocultar tales condiciones. En todo caso, el error radica en confundir el término egoísmo con lo que podría denominarse amor propio, que cuando se degenera es que se convierte en egoísmo. Por ello es que Adam Smith en la Teoría de los Sentimientos Morales nos dice que “También interesarse en nuestra propia felicidad e interés en muchas ocasiones aparecen ser principios de acción muy plausibles. Los hábitos de la economía, la industria, la discreción, la atención y la aplicación del pensamiento, se suponen que generalmente son cultivados a partir de motivaciones en el interés propio y al mismo tiempo son entendidos como calidades muy valiosas que merecen la estima y aprobación de todos.” (Adam Smith, The Theory of Moral Sentiments, Indianapolis: Liberty Classics, 1969, p. 481.).

La libertad, que es la base del orden liberal, para proseguir los intereses propios es tan importante para el individuo egoísta como al mayor de los altruistas, quienes así pueden actuar en el logro de sus propias escalas de valores. Lo normal en la conducta de las personas es incorporar los intereses propios en su toma de decisiones, pero también los de sus familias, amigos, vecinos y asociados; esto es, como dice Hayek, “Uno de los derechos y deberes fundamentales del hombre libre es decidir qué necesidades y qué necesitados se les antojan más importantes” y señala que “parte esencial de la libertad y de las concepciones morales de una sociedad libre es la elección de nuestros asociados y, generalmente, de aquellos cuyas necesidades hacemos nuestras.” (Friedrich A. Hayek, Los Fundamentos de la Libertad, Madrid: Unión Editorial, 1975, p. 94).

Carlos Federico Smith