
viernes, 5 de marzo de 2010
Viernes de Recomendación

jueves, 4 de marzo de 2010
ECONOMÍA: Cómo Milton Friedman salvó a Chile

La magnitud de un terremoto se mide en una escala logarítmica. El terremoto que afectó en 1994 a Northridge, California, fue de una magnitud de 6,7 en la escala de Richter. Pero sólo liberó la mitad de energía sísmica que el de 7,0 que asoló Haití en enero, que fue el equivalente a la explosión simultánea de 2.000 bombas del tamaño de la que cayó sobre Hiroshima.
En cambio, el terremoto del sábado en Chile alcanzó una magnitud de 8,8. Es decir, casi 500 veces más potente que el de Haití, o aproximadamente un millón de Hiroshimas. Sin embargo, el balance provisional de fallecidos —795 en el momento de escribir estas líneas— es muy inferior frente a las 230.000 personas que se estima han muerto en Haití.
No es causalidad que los chilenos habitaban en casas de ladrillo, y los haitianos en casas de paja, cuando llegó el lobo a derribar la vivienda. En 1973, el año en el que el gobierno protochavista de Salvador Allende fue derrocado por el general Augusto Pinochet, la economía estaba en la ruina. La inflación alcanzaba una tasa anual de 1.000%, se habían agotado las reservas en divisa extranjera y el PIB per cápita era aproximadamente el de Perú y muy inferior al de Argentina.
Lo que Chile tenía era capital intelectual, gracias a un programa de intercambio entre la Universidad Católica y el departamento de economía de la Universidad de Chicago, por aquel entonces el hogar académico de Friedman. Incluso antes del golpe de estado de 1973, varios de los Chicago Boys chilenos habían redactado una serie de propuestas que equivalían a un manual para liberalizar la economía: drásticas reducciones del gasto fiscal y de la oferta monetaria; privatización de las compañías estatales y eliminación de obstáculos para la libre empresa e inversión extranjera, figuraban entre las medidas.
En la mitología izquierdista —especialmente en el tedioso y largo libro La doctrina del shock, de Naomi Klein publicado en 2007— los Chicago Boys no fueron simplemente los compañeros de ruta tecnocráticos de la dictadura de Pinochet, sino cómplices de sus crímenes. "Si la teoría económica pura de Chicago se puede llevar a cabo en Chile sólo con el precio de la represión, ¿deberían sentir alguna responsabilidad sus autores?", escribió el columnista Anthony Lewis en The New York Times en octubre de 1975. De hecho, Pinochet había sido indiferente a los consejos de los Chicago Boys hasta que la persistente crisis económica lo obligó a buscar alternativas. En marzo de 1975, se reunió durante 45 minutos con Friedman y le pidió que le escribiera una carta proponiéndole algunos remedios. Friedman respondió un mes más tarde con una propuesta de ocho puntos que reflejaba básicamente las ideas de los Chicago Boys.
Después de esto, Friedman se pasaría el resto de su vida siendo acusado de cómplice del mal. Durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Economía al año siguiente fue recibido con protestas y abucheos. El propio Friedman no pudo decidir si los insultos lo divertían o molestaban. Posteriormente, indicó con un dejo de ironía que había dado a las dictaduras comunistas el mismo consejo que a Pinochet, sin ser criticado por la izquierda.
En Chile, Pinochet designó a una sucesión de Chicago Boys en los principales cargos económicos. Para 1990, el año en el que cedió el poder, el PIB per cápita había subido 40% (en dólares de 2005) mientras las economías de Perú y Argentina se estancaron. Los sucesores democráticos de Pinochet —de una coalición de centroizquierda— ampliaron la ofensiva liberalizadora. El resultado es que los chilenos se han transformado en el pueblo más rico de Sudamérica. Tienen los niveles más bajos de corrupción, la tasa de mortalidad infantil más baja y el menor número de personas que vive por debajo del umbral de la pobreza.
Chile también cuenta con uno de los códigos de construcción más estrictos del mundo, algo que tiene sentido en un país que está entre dos masivas placas tectónicas. Pero tener códigos es una cosa y hacerlos cumplir es otra. La calidad y consistencia de la aplicación de las normas está relacionada generalmente con la riqueza de las naciones. Mientras más pobre un país, más probable que se intenten reducir costos con el acero de refuerzo, o se use concreto de mala calidad, o se mienta sobre el acatamiento de las normas. En el terremoto de 2008 en Sichuan, China, miles de niños quedaron sepultados bajo escuelas construidas de acuerdo a los códigos.
En "La Doctrina del Shock", Klein titula uno de sus capítulos "El Mito del Milagro Chileno". En el libro, la única cosa que logran Friedman y el resto de los Chicago Boys fue llevar la riqueza a la clase alta y eliminar la mayor parte de la clase media. Pero los chilenos de todas las clases sociales—que enfrentan las secuelas de un shock real— pueden tener otra interpretación de Friedman, que los ayudó a darles los recursos primero para sobrevivir al terremoto, y ahora para reconstruir sus vidas.
Bret Stephens
martes, 2 de marzo de 2010
Elecciones 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
Tema polémico: discriminación positiva...de nuevo
A pesar de haber abordado este tema, en ASOJOD consideramos que se requiere reiterar nuevamente en él, pues la futura presidente se reunió recientemente con Oscar López, líder del PASE y ambos acordaron impulsar una ley para que el 5% total de puestos del sector público sean ocupados por personas con discapacidad.
Las incongruencias de este tipo de propuestas saltan a la vista: ante una propuesta de estas ¿quién estaría en contra de ayudar a los discapacitados, a las mujeres, a los indígenas, etc? La accesibilidad se ha vuelto un tema políticamente correcto y su importancia dentro de la agenda de políticas públicas responde más a lo pasional que a lo racional, olvidando que t0da política pública seria no puede juzgarse a la luz de lo que se prometa o de sus buenas intenciones, sino a parti de los resultados y consecuencias reales.
El problema no acaba aquí: ¿si la idea es tan buena por qué sólo 5%? ¿por qué no aplicarla al sector privado también? ¿por qué los asiáticos, los inmigrantes, indígenas, caucásicos, negros, gordos, flacos, mujeres, hombres, altos, bajos, adultos mayores, jóvenes, etc. no tienen leyes que les garanticen sus debidas cuotas? Además, surge la interrogante de cuál es el criterio para asignar los privilegios: ¿por qué sólo 5% de los puestos de trabajo y no salarios más altos? ¿por qué no vacaciones más prolongadas? ¿por qué no obligar a todos los tax payers a financiar transportes exclusivos que vayan de la casa al trabajo de la persona discapacitada? ¿por qué no asignar también 5% de los cupos de matrícula en las universidades o 5% de representación en el Congreso, en las Juntas Directivas de las instituciones públicas y en otras entidades? ¿Qué pasará con los espectáculos públicos? ¿No sería justo también asignar un 5% de los espacios en teatros, cines, estadios y demás?
En ASOJOD preguntamos si este tipo de legislación no ataca más bien la meritocracia, premiando a las personas por circunstancias accidentales (sexo, etnia, discapacidad) en lugar de premiarlos por sus méritos, capacidades y logros? La respuesta, al menos para nosotros, es afirmativa. De ahí que consideramos que el eterno problema que nos afecta como país es precisamente que todo el mundo quiere privilegios, curiosamente obtenidos a costa de los demás, de forma que lo que unos ganan, los otros lo pierden. Así, esta ley hará que alguien pueda no obtener un empleo por el sólo hecho de no contar con una discapacidad, así como ocurre hoy en día para los puestos elegibles de diputados, donde también alguien puede estar en desventaja sólo por el hecho de su sexo.
Este es uno de los retos más grandes que cuenta Costa Rica para el Siglo XXI: una reforma normativa que promueva una verdadera igualdad ante la ley. Es vital que el Estado deje de decretar ganadores y perdedores, favorecidos y perjudicados, no importa si estas discriminaciones ocurren en el campo económico, cultural, educativo, político, etc. Si queremos una sociedad más inclusiva, sólo la conseguiremos mediante la no diferenciación y categorización, rechazando la fórmula de "igualdad para los iguales y desigualdad para los desiguales". Para ello requerimos una actitud crítica, que nos permita distinguir las soluciones reales a a los problemas concretos, de los meros slogans y discursos políticamente correctos. De lo contrario, entraremos en una espiral de demandas, donde cada vez más grupos organizados pidan sus cuotas y privilegios y los demás no podamos pagarlos.
viernes, 26 de febrero de 2010
Viernes de recomendación

El premio Nobel de economía 2009 fue sorpresivo: le fue entregado por primera vez a una mujer, Elionor Ostrom, que en realidad no es economista (al menos no formalmente), sino, politóloga.
El trabajo de Ostrom, que se refleja en este artículo, se ubica dentro del neo institucionalismo económico, centrándose en la acción colectiva y en la toma de decisión en diversos marcos institucionales (teoría iniciado por Mancur Olson en La lógica de la acción colectiva: bienes públicos y la teoría de grupos).
Ostrom desafía, a través de su investigación sobre la forma de auto-organización a nivel local para mantener los recursos comunes, los postulados que surgieron del trabajo de Garret Hardin en The Tragedy of Commons, pues sugiere que no existen solo dos soluciones posibles a los dilemas del tipo planteado por Hardin: propiedad privada o propiedad bajo el control gubernamental.
Ostrom señala que existe la posibilidad de que los usuarios mismos de un bien público encuentren formas de organizarse de manera que logren crear sus reglas que especifiquen derechos y deberes para todos aquellos que están involucrados.
jueves, 25 de febrero de 2010
¿Soberanía de los gobernantes o de los individuos?
Sin embargo, quiero retomar la discusión filosófica sobre el concepto de soberanía inherente en éste y otros debates similares, como el que tuvimos con el TLC con Estados Unidos.
En el siglo XIX, un gran liberal francés, Benjamint Constant, brindó una conferencia titulada “Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos". En ella, Constant marcó la diferencia entre los dos conceptos de libertad que caracterizaban el debate político en la Grecia Antigua y en los tiempos modernos (en ese entonces siglo XIX). Constant indicó que en las polis griegas, la libertad implicaba la capacidad de los hombres libres (una minoría) de participar en los debates públicos y votaciones democráticas con las que se regían dichas entidades. Era la libertad de los hombres de gobernar sus propios estados sin estar sometidos a un monarca o pueblo extranjero. Sin embargo, la libertad de los antiguos, como Constant la describió, era muy diferente a la libertad de los modernos. Los griegos tenían esclavos después de todo, y la libertad de los pueblos podía desembocar en la aniquilación del individuo y en la instalación de tiranías como la de Esparta. “Hace del individuo un esclavo de tal forma que los pueblos sean libres”.
Constant la comparó con la libertad de los modernos, que es la capacidad de un individuo de vivir su propia vida de la mejor manera siempre y cuando respetara los mismos derechos de los demás. Dicho concepto versaba en el individuo, a diferencia del colectivo (llámese patria, polis, pueblo, nación, etc.).
Casi 200 años después de que Benjamin Constant hiciera dicha distinción, en nuestro país, y en muchos otros, sale a relucir una y otra vez la discusión sobre soberanía y libertad. Veámoslo en el tema del TLC con Estados Unidos. En la campaña sobre el referéndum del 2007, los opositores cargaban contra el acuerdo ya que éste pisoteaba nuestra soberanía. La interrogante es, ¿la soberanía de quién? ¿La de los gobernantes de decidir por los demás qué compañía de teléfonos podemos usar o a quién le podemos comprar pollo? Pues sí, esa soberanía se veía limitada por el TLC. ¿Pero qué hay de la soberanía del individuo de poder tomar esas decisiones por sí mismo? El TLC, con todos sus defectos, ampliaba dicha soberanía.
De igual forma, cuando hablamos de “soberanía monetaria” estamos hablando de la soberanía de un puñado de economistas (junta directiva del Banco Central) de decidir las condiciones y el valor de la moneda que usamos de manera obligatoria. Varias objecciones se vienen a la mente, desde las propias de la escuela austriaca (¿cuéntan estos economistas con toda la información económica necesaria para tomar decisiones acertadas?) hasta las de la escuela de Public Choice (¿defenderá esta junta directiva, nombrada por políticos, el supuesto interés común de los costarricenses o impulsará los intereses particulares de grupos de presión?). Pero el tema de la soberanía radica en que los individuos deberían tener la libertad de escoger la moneda que más les conviene. En este sentido, aún mejor que dolarizar, sería permitir que todas las divisas tengan poder liberatorio en Costa Rica, de tal forma que las personas escojan la moneda que prefieren a la hora de hacer sus transacciones económicas (en la medida que eso se permite en Costa Rica, ya la gente escogió el dólar).
De tal forma, podemos hablar de una sobería de los gobernantes y una soberanía de los individuos. Los matices varían. La tiranía de los Castro apela a la “soberanía del pueblo cubano” para mantener una prisión al aire libre en Cuba. Es la soberanía de los Castro, no de los cubanos. De igual forma (aunque guardando dramáticamente las distancias), la soberanía monetaria es la soberanía de la Junta Directiva del Banco Central (con nombres y apellidos) y no de los costarricenses.
Cuando se trata de cualquier debate político, prefiero la soberanía de los individuos sobre la soberanía de los gobernantes.
Juan Carlos Hidalgo
Imitación, innovación y empresarialidad
Imitar no es simplemente repetir lo que uno mismo ya ha hecho antes: se trata de copiar lo que ha hecho otro, observando, reflexionando, comprendiendo y añadiendo la nueva facultad o conducta al repertorio de habilidades propias. El aprendizaje suele requerir una fase inicial de atención consciente hasta que la tarea se automatiza y puede invocarse a voluntad o como un hábito que no requiere el esfuerzo de pensar.
Imitar conductas existentes más o menos generalizadas tiene sentido evolutivo: un comportamiento muy nocivo tiende a desaparecer al eliminar a sus agentes portadores, de modo que la simple existencia de algo muestra su capacidad de supervivencia; además, al ser la competencia un fenómeno relativo, hacer lo mismo que todos significa estar en terreno seguro y, al menos, no quedarse atrás. Para no malgastar recursos al resolver un problema, conviene averiguar si alguien lo ha resuelto ya antes; pero en ocasiones es mejor ignorar las respuestas de otros para así no restringir la imaginación y abrirse a la posibilidad de soluciones alternativas.
La innovación no surge de la nada: consiste en recombinar elementos previos para producir algo original, novedoso. La innovación es una tarea problemática: en algunos ámbitos, todas o casi todas las combinaciones posibles ya han sido generadas (al menos a cierto nivel de abstracción, como en el caso de los argumentos literarios, donde existe un número limitado de personajes y tramas ya explorados); en otros ámbitos, hay tantas combinaciones posibles que su generación y comprobación sistemática completa es prácticamente imposible y es necesario utilizar heurísticas (técnicas de búsqueda basadas en conocimiento experto) para reducir el espacio de búsqueda y los costes de la misma.
Innovar de verdad implica pisar terreno desconocido, arriesgarse a equivocarse, ensayar y errar a menudo hasta eventualmente acertar. Las innovaciones que funcionan suelen ser graduales, marginales, construyen sobre lo que ya existe e intentan mejorarlo, exploran ámbitos desconocidos pero cercanos a los ya dominados.
Las novedades pueden surgir accidentalmente, de forma inconsciente o no intencionada. Pero también pueden ser resultado de acciones intencionales: los emprendedores son personas proactivas, que se fijan objetivos y ponen en marcha proyectos para alcanzarlos, que imaginan formas mejores de hacer las cosas e intentan llevarlas a cabo. Un emprendedor puede actuar simplemente para satisfacer sus propios deseos de forma autónoma; pero, en general, los participantes en mercados con división de trabajo son productores especializados y consumidores generalistas. Los empresarios suelen intentar organizar nuevos proyectos productivos para servir a los demás: por un lado ellos mismos son causantes de cambios al crear y hacer crecer sus empresas, y por otro lado especulan intentando predecir las potencialmente diferentes condiciones del mercado en el futuro (preferencias y capacidades de los agentes económicos) para adaptarse a ellas.
El emprendedor es responsable del dinamismo y la coordinación del mercado: busca desajustes para aprovechar oportunidades de beneficio y su propia actividad origina situaciones diferentes con nuevas oportunidades. El emprendedor es el explorador que se arriesga, lanza su propuesta y se somete al juicio de los consumidores.
Los empresarios no suelen trabajar solos en sus proyectos. Son coordinadores de recursos humanos, necesitan contratar empleados, trabajadores que siguen indicaciones, obedecen órdenes. Todo ser humano puede ser empresario en principio, pero pocos lo son en la práctica: muchos no tienen el ánimo o la perspicacia necesarios, la capacidad de tomar decisiones bajo incertidumbre, o no quieren asumir riesgos.
La empresa es una aventura, algo heroico, pero lo épico es precisamente lo que se sale de lo ordinario. El empresario debe no solo enfrentarse a los competidores establecidos, a otros empresarios con diferentes innovaciones, y a los intereses creados que se sienten amenazados y preferirían que todo siguiera igual: también tiene que tirar con su entusiasmo y los incentivos adecuados de los trabajadores que carecen de su iniciativa y su ímpetu creador.
Francisco Capella
lunes, 22 de febrero de 2010
Universidad Socialista de Costa Rica
Nuestra Universidad de Costa Rica, principal casa de educación superior del país, nuevamente nos sorprende (para mal) con el pronunciamiento aprobado en la sesión N.° 5421, extraordinaria, del jueves 18 de febrero de 2010. En dicho documento, el Consejo Universitario se refiere a la concesión de los puertos de Limón.
Contra todo sentido de racionalidad y en nombre del “bien común” (sea lo que sea que esto signifique), el consejo pseudouniversitario dijo que: “El rechazo del Sindicato de JAPDEVA a la propuesta del Gobierno de entregar en concesión al sector privado transnacional los puertos de Moín y Limón, se fundamenta en las consecuencias lesivas que esta tendría no solo para JAPDEVA, sino, también, para el desarrollo de la provincia de Limón y el desarrollo nacional, debido a que la principal fuente de financiamiento de esta entidad es producto de la administración de un 11% del total de los servicios portuarios.”
Sumado a tan “sesuda” consideración, el consejo hace oda del sindicato de JAPDEVA, posicionándolo como víctima del maltrato del gobierno, (pobres sindicalistas mártires de la patria).
¿Es una broma?... ¿que pasa por la mente de estos “académicos”?, acaso no se han enterado que, quién atenta contra el desarrollo de la provincia de Limón es el propio sindicato!!!, seguramente estos “académicos” no salen de la biblioteca universitaria, no ven las noticias ni leen informes, y si lo hacen, el sesgo ideológico no les permite ver la diferencia, pues su costumbre es cubrirse con la bandera, invocar a Juanito Mora, cantar la patriótica, denunciar al neoliberalismo salvaje y luego, redactar sus pronunciamientos.
Dentro de lo dicho en el pronunciamiento, el consejo solo tienen razón en una cosa, es ilegitimo ofrecer 80.000 millones de colones (137 millones de dólares), a los trabajadores de JAPDEVA, la verdad es que los costarricenses no tenemos porque pagar un cinco a tales sanguijuelas.
El consejo universitario ha perdido el rumbo desde hace mucho tiempo, nuestra educación superior esta en manos de una camarilla socialista cuyo interés no es precisamente el desarrollo de la ciencia, la tecnología y profesionales serios y capaces. En ASOJOD, lo hemos denunciado reiteradamente y no cesaremos en llamar las cosas por su nombre.
Tema polémico: la ética del lucro

Muchas veces es posible observar a organizaciones, fundaciones y demás, presentarse como agrupaciones sin fines de lucro; en otras ocasiones, vemos a políticos erigir la bandera del sistema tributario de tipo progresivo, donde los que ganan más, pagan más. También están aquellos que ensalzan la pobreza, la austeridad y rechazan la riqueza y la ostentación. Por supuesto, nunca falta quien atribuya todos los males de la humanidad al dinero, al tiempo que sugiere que el mundo estaría mejor sin él.
Pues bien, todas estas son apenas algunas de las formas en que en nuestras sociedades -especialmente las latinoamericanas-se rechaza la riqueza, el lucro y el dinero, ya que es común que la gente vea esos elementos como negativos y corruptores de la naturaleza humana. ¿Por qué? Bueno, hace ya muchos años, Max Weber explicó, en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" que la religión podría tener algún tipo de influencia respecto a las consideraciones acerca del dinero.
Él decía que en los países europeos del sur, donde predominaba el catolicismo, existía una visión negativa de la riqueza, mientras que en los países del norte, fundamentalmente protestantes, se percibía la riqueza como una bendición. Siguiendo ese razonamiento, al ser las sociedades latinoamericanas eminentemente católicas, podría establecerse que de una u otra forma, el influjo de esa corriente religiosa ha contribuido a la construcción de opiniones negativas en torno a la riqueza. Y aunque quizá no pueda establecerse que tal relación sea directa, el hecho de que en Latinoamérica la "Teología de la liberación" haya tenido espacio, dice muchas cosas, máxime cuando se le analiza a la luz del asentamiento de las teorías socialistas en el ideario político de la región.
Precisamente, este último punto podría dar pistas para entender por qué en Latinoamérica persiste una consideración ética negativa hacia la riqueza, toda vez que el influjo colectivista, en cualquiera de sus expresiones políticas, ha sido considerablemente fuerte, en especial cuando se compara con otras regiones del mundo (quizá con las excepciones de Rusia y China). En todo caso, sea con los regímenes socialistas moderados de Arbenz y Allende, con el estatismo socialdemócrata costarricense, con el socialismo revolucionario cubano, el socialismo del Siglo XXI venezolano, el peronismo argentino, el aprismo peruano, el sandinismo nicaragüense o el priismo mexicano, los países de la región latinoamericana han transitado, durante más de un siglo, por el camino de la lucha de clases, el revanchismo, la ignorancia, la indecencia y el robo institucionalizado como elementos legitimadores de un discurso populista que se ha afincado no sólo en el poder sino que también ha calado hasta los fundamentos éticos de los individuos en torno a la riqueza, el lucro y el dinero.
Por supuesto que han existido variaciones de grado en cuanto a estos regímenes: mientras en Cuba y Venezuela, la riqueza es inaceptable para los individuos libres (no para los gobernantes) y está prohibida por ley, en otras como Costa Rica y Argentina, se permite la acumulación siempre y cuando los ciudadanos se resignen a ver cómo se les arrebata "solidariamente" su dinero para dárselo a otros, en un acto que los progresistas gustan llamar "justicia social" como eufemismo para validar el robo. En cualquier caso, en estos lugares persiste un común denominador: sea por una cuestión religiosa o por una tradición ideológica específica, lo cierto es que en esas sociedades, las calificaciones negativas respecto a la riqueza se han ido consolidando hasta el punto de servir de acicate para la aparición de líderes que le digan a las masas lo que quieren escuchar.
En esos contextos es donde han surgido los Fidel Castro, los Hugo Chávez, los Pepe Figueres, los Juan Domingo Perón, los Salvador Allende y demás figuras de tan "grueso calibre", que quizá no rechazaban obtener riqueza para sí, pero que indudablemente se aprovecharon de una mentalidad imperante en sus sociedades que calificaba éticamente a esta como negativa. Así, arribaron al poder y se han mantenido allí, vivos o muertos (en este caso su tradición), alimentando el odio, la envidia, la mediocridad y la creencia de que la riqueza es obtenida a partir de un juego de suma cero o que conseguirla es un acto indigno que debe avergonzar a las personas con "conciencia social".
Sin lugar a dudas, para ASOJOD, esta mentalidad no sólo atenta contra el progreso individual sino contra la libertad misma, pues en tanto que en una sociedad persista un odio visceral hacia la riqueza, la propiedad privada, el esfuerzo, el trabajo y el ahorro, la fórmula política terminará en un autoritarismo que procure emparejar a todos hacia abajo, redistribuir la riqueza quitándole a unos para dárselo a otros sin importar que no lo merezcan, incentivar la mediocridad de quienes se atienen a esperar la "justicia social" como regalo prometido. Una sociedad guiada por este tipo de regímenes es la antesala de la esclavitud y la pobreza, donde unos trabajarán para que otros disfruten de lo producido o donde ninguno se esforzará porque no tendría sentido hacerlo si todo lo que logre se lo quitarán. Es el camino de servidumbre del que Hayek nos hablaba en su reconocida obra literaria.
Por ello, nosotros no sólo advertimos los peligros que implica la mentalidad enemiga de la riqueza y del dinero, sino que también defendemos una ética del lucro, considerando como un derecho del individuo ganar dinero como resultado de sus ideas, esfuerzo y, por qué no, hasta suerte. ¿Qué hay de malo en querer ser rico? ¿Qué hay de malo en trabajar duro, aplicarse disciplinadamente a una actividad honesta y disfrutar de los resultados? Siempre y cuando la riqueza sea generada por la libre empresa y el libre intercambio, por individuos que voluntariamente dispongan de sus bienes, habilidades y recursos y acuerden, sin coacción alguna, realizar transacciones y entablar relaciones, no habrá ningún daño a los demás. Y, como bien nos enseñó Smith, por la búsqueda del interés individual, se contribuirá indudablemente al progreso de la sociedad.
viernes, 19 de febrero de 2010
La Unidad recargada...
Varios disidentes del fenecido Partido Unidad Social Cristiana anuncian la creación de un nuevo partido político, igualmente socialcristiano, pero sin la macabra influencia de Calderón y los suyos.Ya veremos como se desarrolla esta aventura política, después de todo, un nuevo partido político nunca está demás en nuestra querida Costa Rica.
Viernes de recomendación
jueves, 18 de febrero de 2010
Va de nuevo
En ASOJOD nos preguntamos, ¿hasta cuando dejará el gobierno de turno en paz a las personas que quieren trabajar sin que NADIE los hostigue?
ECONOMÍA: El mito liquidacionista de Hayek y su regla monetaria

En noviembre de 2002, en un discurso que ofreciera en honor a Milton Friedman, pronunció las siguientes palabras: "Permítanme terminar mi conferencia abusando levemente de mi carácter de representante de la Reserva Federal. Quiero decirles a Milton y a Anna: en lo que respecta a la Gran Depresión, tienen razón, fue culpa nuestra. Lo lamentamos mucho. Pero gracias a ustedes, no volveremos a hacerlo".
El titular de la Fed parece defender la misma línea que Milton Friedman y Anna Schwartz expusieran en su famoso libro de 1963, A Monetary History of the United States, 1867-1960, donde estudiaron la historia monetaria de EE.UU. y concluyeron que la inestabilidad económica tiene como causa la inestabilidad de la política monetaria.
En relación con la crisis del treinta, estos dos economistas de Chicago, afirman que la gran depresión tuvo como causa directa a “la gran contracción”, la que provocó una gran deflación de precios que destruyó una parte sustancial del sistema bancario (de los 25.000 bancos que operaron en 1929, sólo quedaron 12.000 en 1933). El error más significativo del período habría sido que la Fed abandone el uso de la política monetaria, debiendo más bien expandir la base monetaria para evitar la mencionada contracción secundaria y la deflación de precios.
Y en tal sentido actuó Ben Bernanke en los últimos años. Baste remarcar que hacia fines de 2007 la Fed revirtió la tendencia alcista de la tasa de interés de corto plazo y dese agosto de 2008 a enero de 2009 duplicó la base monetaria, elevándola de 0,9 a 1,8 billones de dólares. El efecto inmediato fue una leve recuperación de la economía estadounidense, con síntomas alentadores respecto a la actividad económica, aunque preocupantes en lo que refiere a la generación de empleo.
¿Qué dicen los economistas al respecto? ¿Qué podemos esperar de tal política? A muchos llamará la atención que esta política goza hoy de enorme consenso. Un consenso que no sólo incluye la política activa, discrecional y anti-cíclica keynesiana o el anti-deflacionismo monetarista, sino también a las políticas defendidas por Friedrich A. von Hayek y la Escuela Austríaca de Economía.
¿Pero acaso Hayek no habría recomendado una completa liquidación de las malas inversiones? La respuesta es negativa, y para demostrarlo, no hay que ir a un texto perdido, sino a su libro central de la década de los años 30, a Precios y Producción (1931).
En este famoso libro, Hayek explica que la Reserva Federal debe expandir la base monetaria para evitar esta “contracción secundaria”. En términos de la ecuación cuantitativa (MV=PY), Hayek propone “su regla” de mantener MV constante. Esto traería dos consecuencias: primero, en lo que refiere a los aumentos de productividad que el mundo experimentó en la década de 1990, la economía debió crecer sostenidamente (aumento de Y) acompañada de una sana deflación de precios (reducción de P o lo que Joseph Salerno denominó como growth deflation). De haber permitido la Reserva Federal que los precios cayeran a lo largo de la década, hoy no estaríamos inmersos en esta crisis.
Segundo, y ya metidos en problemas, Hayek proponía (como ideal) que la Reserva Federal permita la necesaria liquidación de mercado mientras la autoridad monetaria evita la contracción secundaria (el pánico) mediante el mantenimiento de un flujo constante de gasto. En otras palabras, ante una contracción secundaria, apliquemos una expansión primaria de dinero, manteniendo MV constante.
Vale la pena aclarar que el aumento de la oferta monetaria (M) que proponía Hayek, y hoy defienden Lawrence White y George Selgin, entre otros, no sería de la magnitud, ni de la calidad, que Bernanke ofrece hoy. Por un lado, la expansión de la oferta monetaria supera el 20%, un monto que está bastante por encima de lo que el mercado habría necesitado para evitar la “contracción secundaria”. Por otro lado, y ya en el plano cualitativo, la Fed expandió la base monetaria desarrollando rescates arbitrarios, favoreciendo el riesgo moral y comprando deuda privada de alto riesgo, en lugar de comprar deuda del gobierno y ahora tiene una cartera de activos cuyo valor y liquidez desconoce y que le será difícil revender en cuanto comience a aumentar la velocidad de circulación del dinero.
Lo dicho, nos lleva a conjeturar que —aun cuando Bernanke expandió la base en un contexto de amplio consenso— en el mediano plazo los niveles de inflación tenderán a elevarse y la Fed tendrá dificultades para evitarlo.
Adrián Ravier
miércoles, 17 de febrero de 2010
Asojod en twitter

Estimados lectores, ahora ASOJOD también se encuentra en twitter, los invitamos a esta nueva herramienta de comunicación. Muchas gracias.
martes, 16 de febrero de 2010
Infierno fiscal
No faltarán quienes corran alarmados por la declaración del gobierno francés, rasgándose las vestiduras por la calificación ¿nefasta? de paraíso fiscal. Por el contrario, en ASOJOD desearíamos que Costa Rica fuera un paraíso fiscal: un lugar donde podamos conservar la totalidad del producto de nuestro trabajo y esfuerzo; un lugar donde nuestra propiedad privada no se vea mancillada por el robo institucionalizado. Pero la realidad nos evita soñar y nos hace darnos cuenta que Costa Rica es, en realidad, un infierno fiscal, donde día a día somos asaltados por el Gobierno, que se vale de la coacción para despojarnos de nuestros ingresos. Ni qué decir de Francia, donde la cosa es aún más fea, siendo uno de los países europeos con mayores impuestos, mayor gasto público y mayor proteccionismo: o sea, la "casa matriz" del Infierno.
Lo que sí nos preocupa mucho es que, por la estúpida legislación francesa, las empresas de ese país que estén instaladas en Costa Rica y demás territorios considerados paraísos fiscales, sufran castigos que los alejen de acá. Gracias al largo brazo intervencionista del Estado francés, ahora cientos de costarricenses podrían perder su empleo y sus ingresos. ¡Vaya solidaridad!