martes, 7 de febrero de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el pueblo y los impuestos


El 30 de enero La Nación publicó su encuesta de UNIMER, la cual expone la enorme reacción negativa de los costarricenses, a la pretensión de aumentar los gravámenes por parte de la administración Chinchilla, apoyada en ello por el opositor PAC. Casi un 75% de los entrevistados señaló, atinadamente en mi opinión, que el plan de impuestos no ayudaría a paliar la crisis fiscal. Este porcentaje es notable. Y destaco que La Nación, que contrató esa encuesta, ha sido un fuerte y declarado promotor del aumento de impuestos en el país. Lo ha hecho tanto desde sus páginas editoriales, como por artículos de muchos de sus más reconocidos comentaristas de planta. Este resultado ha de haber sorprendido a los estatistas de ese medio, quienes más se han preocupado por atiborrar de impuestos a la ciudadanía, en vez de exigir una real y significativa disciplina en el gasto público.

Un resultado importante de la encuesta es la expresión ciudadana acerca de las opciones existentes para resolver el problema fiscal. La más significativa es la disminución del gasto público (un 50%). Si a ésta se le unen la reducción de trámites y burocracia (un 33%), la disminución en servicios (un 18%) y la privatización de instituciones (otro 16%), que van en la misma línea que la primera de las respuestas, resulta evidente el deseo social de disminuir el déficit estatal, no mediante un aumento de los impuestos, sino reduciendo de diversas formas el excesivo gasto público. El ciudadano no es tonto: se ha dado cuenta clara de que tener un déficit en el sector público sólo significa que es un gasto gubernamental en exceso. Por ello, lógicamente, lo que hace es clamar por su reducción.

Pronto surgirá algún arrogante quien exclamará que “¿qué sabe el pueblo acerca de cómo se logra un impostergable equilibrio fiscal?”. Lo cierto es que la ciudadanía se ha dado cuenta de que, entre más plata se le da al fisco, ello no ayuda a resolver la crisis económica del sector público. Es por eso que en la encuesta tan sólo un 15% arguye que “la reforma paliará el bache fiscal.” La historia le da la razón a los primeros: en los últimos 25 años, durante los cuales hemos tenido muchos episodios de ampliación de impuestos existentes y la creación de nuevos gravámenes -todo siempre llevado a cabo baje el prurito declarado de disminuir el déficit- únicamente durante cuatro años se ha tenido superávit y dos de esos años, 2007 y 2008, se caracterizaron por un fuerte crecimiento económico nacional y externo. La plata, que por impuestos le entró al gobierno, sólo le sirvió para para que luego la gastara. De inmediato, de seguido, se vuelve al ciclo de pedir otro aumento de impuestos para financiar ahora al nuevo déficit.

En estos momentos los ciudadanos claman porque se haga algo distinto a simplemente darle más recursos al fisco. Por ello, un primer buen paso es que un 46% pide que se recolecten mejor los impuestos vigentes. Me atrevo a pensar, si es que no se le preguntó o no se presentó la información correspondiente, que si a la ciudadanía se le hubiera cuestionado acerca de si considera apropiado que, en tanto unos cada vez tienen que pagar más y más impuestos, a otros se les exime de su pago, las respuestas se orientarían hacia el principio esencial de que haya un trato igual ante la ley de todos los ciudadanos. Es claro que hoy hay algunos que no pagan, mientras que son otros a quienes casi siempre les cae encima el peso tributario.

No me interesa, en este momento, comentar los efectos político-electorales de la reacción ciudadana frente al paquete impositivo. Deseo recalcar en esta oportunidad el enorme divorcio que hay entre algunos políticos social-demócratas y un pueblo encabritado con los impuestos. En una reunión de la social-democracia internacional recientemente celebrada en nuestro país, el invitado de honor, el ex primer ministro de Grecia, Andreas Papandreau, pretendiendo ser “un buen experto internacional”, con sólo un par de días de estar en Costa Rica alabó y urgió la aprobación del paquete de impuestos Chinchilla-Solís, causando enorme satisfacción entre los políticos de siempre allí presentes. El mayor responsable del déficit gubernamental griego, que hoy tiene en jaque a todo el continente europeo y casi que a la economía mundial, fue alabado por nuestra Presidenta por su buena conducción económica de la pobrecita Grecia. No pudo este gobierno social-demócrata dejar de mostrar lo “soplas” que puede llegar a ser.

Lo descrito es un ejemplo de la falsedad de ciertas alabanzas en el campo político, así como una demostración de una grave falta de sentido de común, cuando se elogia tan reprochable actuación en cuanto a una buena conducción de las finanzas de una nación. Pero, más que todo, esa zalamería de nuestros políticos se hace para encubrir un vano fingimiento: no es cierto que el país vive en una abundancia que tan sólo está para ser gravada con más y mayores impuestos. Un excesivo gasto estatal y el desperdicio en el uso gubernamental de los recursos escasos que un pueblo pobre paga en impuestos, ciertamente constituyen la mayor muestra de la falta de solidaridad con la ciudadanía de los políticos gobernantes. Tal vez esta conducta tan sólo sea explicable, si entendemos que lo que pasa es que este gobierno cree tener la capacidad de dirigir bien nuestra nación, pero que ese pretendido atributo no pasa de ser una ilusión politiquera más que se nos ha querido imponer.

Jorge Corrales Quesada

Puede encontrar este artículo también en el foro “Políticamente incorrecto” del sitio http://latforum.org

lunes, 6 de febrero de 2012

Tema Polémico: Enrededos de Campaña


Desgraciadamente una nueva noticia ha aparecido en las últimas semanas que desacredita aún más a nuestra clase política.

Resulta que ahora es el PLN el que se ha visto envuelto en un nuevo escándalo respecto al manejo de los fondos de su campaña. Así han aparecido cheques que aparentemente no han sido endosados por quien debiera, contrataciones exorbitantes por supuestos servicios de colaboradores del partido, etc. La Presidente intentó minimizar el asunto afirmando que esos eran problemas aislados, pero con cada día que pasa se destapan nuevas irregularidades.

Lamentablemente, parece que estas noticias se están volviendo costumbre cada vez que transcurre una campaña política. Así con cada nueva revelación, aumenta el desencanto por la política y los políticos en la opinión pública costarricense.

Estas denuncias (acá no sólo nos referimos a las del PLN o el ML, sino a cualquier denuncia contra cualquier partido político) deben ser tomadas con toda la seriedad por parte de las autoridades electorales y judiciales. Con ello no nos referimos a que se debe montar un show político y cacería de brujas que dure tres días, para que después el asunto sea totalmente olvidado por el nuevo “escándalo”. Sino, lo que debe existir es un procedimiento serio, que nos permita esclarecer cada uno de estos sucesos, por medio de una armonía entre la realidad de los hechos y la normativa a aplicar lo cual permita .

La credibilidad del sistema institucional costarricense así como su viabilidad depende de poder atender de forma coherente y transparente este tipo eventos, de lo contrario llegaría el día en que desafortunadamente simplemente no haya marcha atrás y que con ello se encuentren dadas todas las condiciones necesarias para el levantamiento de un líder o movimiento mesiánico.

viernes, 3 de febrero de 2012

Viernes de recomendación


El día de ayer se conmemoró el 107º aniversario del nacimiento de Alisa Zinovievna Rosembaun, mejor conocida como Ayn Rand. Sin duda alguna, se trata de una de las personas más brillantes que ha pasado por nuestro planeta, dejando grandes textos como "La rebelión de Atlas", "El Manantial", "La virtud del egoísmo" y muchos otros, donde impregnó sus maravillosas ideas y que en ASOJOD nos hemos dado a la tarea de difundir.

Por eso, en este Viernes de recomendación, queremos compartir con ustedes un excelente ensayo del profesor Alejandro Mercado, titulado "Ayn Rand", donde explica el pensamiento de esta espectacular filósofa.

Esperamos les guste y los motive a seguir leyendo su espectacular obra.

jueves, 2 de febrero de 2012

Jumanji empresarial: el concepto de un sistema perfecto de gobierno


El “ingeniero social” es el reformista que está dispuesto a “liquidar” todo lo que no se ajuste a su plan para la organización de los asuntos humanos. Aún así, los historiadores e incluso a veces las víctimas a quien mata no se oponen a encontrar algunas circunstancias atenuantes a sus masacres o masacres planeadas apuntando que están en último término motivado por una ambición noble: quería establecer el estado perfecto de la humanidad. Le asignan un lugar en la larga fila de diseñadores de planes utópicos.

Es ciertamente una locura excusar de esta manera los asesinatos en masa de gángsters sádicos como Stalin y Hitler. Pero no hay duda de que muchos de los más sangrientos “liquidadores” se vieron guiados por las ideas que inspiraron desde tiempo inmemorial los intentos de los filósofos de meditar acerca de una constitución perfecta. Una vez incubado el diseño de un orden ideal como ése, el autor va en busca del hombre que pueda establecerlo suprimiendo la oposición de todos los que estén en desacuerdo. En esta línea, Platón ansiaba encontrar un tirano que usaría su poder para la realización del estado ideal platónico. La cuestión de si a otra gente le gustaría o disgustaría que él mismo tuviera en la tienda nunca se le planteó a Platón. Para él era cosa sabida que el rey que se convertía en filósofo o el filósofo que se convertía en rey era el único con derecho a actuar y que todos los demás, independientemente de su voluntad, tenían que someterse a sus órdenes. Visto desde el punto de vista del filósofo que está convencido de su propia infalibilidad, todos los disidentes aparecen sencillamente como obcecados rebeldes resistiéndose a lo que les beneficia.

La experiencia ofrecida por la historia, especialmente por la de los últimos 200 años, no ha sacudido esta creencia en la salvación por la tiranía y la liquidación de los disidentes. Muchos de nuestros contemporáneos están firmemente convencidos de que lo que se necesita para hacer perfectamente satisfactorios todos los asuntos humanos es la supresión brutal de toda la gente “mala”, es decir, de aquellos con los que no están de acuerdo. Sueñan con un sistema perfecto de gobierno que (según piensan) ya existiría desde hace mucho tiempo si esta gente “mala”, guiada por la estupidez y el egoísmo, no hubiera obstaculizado su establecimiento.

Una escuela moderna supuestamente científica de reformistas rechaza estas medidas violentas y echa la culpa de todo lo que se considera deficiente en las condiciones humanas al supuesto fracaso de lo que llama la “ciencia política”. Las ciencias naturales, dicen, han avanzado considerablemente en los últimos siglos y la tecnología nos ofrece casi mensualmente nuevos instrumentos que hacen la vida más agradable. Pero “el progreso político ha sido nulo”. La razón es que “la ciencia política se detuvo”. La ciencia política tendría que adoptar los métodos de las ciencias naturales: no debería seguir perdiendo su tiempo en meras especulaciones, sino estudiar los “hechos”. Pues, como en las ciencias naturales, “se necesitan los hechos antes de las teorías”.

Difícilmente puede uno malentender más lamentablemente todos los aspectos de las condiciones humanas. Restringiendo nuestra crítica a los problemas epistemológicos planteados, tenemos que decir: Lo que hoy se llama “ciencia política” es esa rama de la historia que se ocupa de la historia de las instituciones políticas y de la historia del pensamiento político manifestado en los escritos de autores que disertaron acerca de las instituciones políticas y diseñaron planes para alterarlas. Es historia, y como tal no puede, como se ha apuntado antes, proporcionar nunca ningún “hecho” en el sentido en que se usa este término en las ciencias naturales experimentales. No hay necesidad de pedir a los científicos políticos que ensamblen todos los hechos del pasado remoto y de la historia reciente, calificados falsamente como “experiencia presente”. Realmente, hacen todo lo que puede hacerse a este respecto. Y no tiene sentido decirles que las conclusiones derivadas de este material tendrían que “probarse mediante experimentos”. Es superfluo repetir que las ciencias de la acción humana no pueden realizar ningún experimento.

Sería absurdo afirmar apodícticamente que la ciencia nunca conseguirá desarrollar una doctrina apriorística praxeológica de organización política que ponga una ciencia teórica al nivel de la disciplina puramente histórica de la ciencia política. Todo lo que podemos decir hoy es que ningún hombre vivo sabe cómo podría construirse una ciencia así. Pero incluso aunque esa nueva rama de la praxeología fuera a aparecer algún día, no serviría para tratar el problema que filósofos y estadistas estaban y están ansiosos por resolver.

El que toda acción humana tenga que juzgarse y se juzgue por sus frutos o resultados es una antigua obviedad. Es un principio con respecto al cual los Evangelios están de acuerdo con las enseñanzas a menudo mal entendidas de la filosofía utilitaria. Pero lo crucial es que la gente difiere ampliamente una de otra en su valoración de los resultados. Lo que algunos consideran como bueno o mejor es a menudo rechazado con vigor por otros como completamente malo. A los utópicos no les preocupaba decirnos que la disposición de los asuntos del estado satisfaría mejor a sus conciudadanos. Simplemente exponían qué condiciones del resto de la humanidad serían más satisfactorias para ellos. Ni a ellos ni a sus adeptos que trataban de aplicar sus programas se les ocurrió nunca que hay una diferencia fundamental entre estas dos cosas. Los dictadores soviéticos y sus séquitos piensan que todo está bien en Rusia si ellos están satisfechos.

Pero incluso si dejáramos aparte este asunto, tenemos que destacar que el concepto del sistema perfecto de gobierno es engañoso y contradictorio.

Los que eleva al hombre por encima de todos los demás animales es el conocimiento de que la cooperación pacífica bajo el principio de la división del trabajo es un método mejor de preservar la vida y eliminar la incomodidad percibida que dedicarse a la competencia biológica despiadada por lo que los filósofos han llamado el estado de naturaleza o helium omnium contra omnes o la ley de selva. Sin embargo, para preservar la paz, es indispensable estar dispuestos, como lo están los seres humanos, a repeler con la violencia cualquier agresión, ya sea por parte de matones interiores o de enemigos exteriores. Así, la cooperación humana pacífica, el prerrequisito de la prosperidad y la civilización, no puede existir sin un aparato social de coerción y coacción, es decir, sin un gobierno. Los males de la violencia, el robo y el asesinato solo pueden prevenirse por una institución que, siempre que se necesite, recurra a los mismos métodos de actuación para cuya prevención ha sido establecida. Aquí aparece una distinción entre el empleo ilegal de la violencia y el recurso legítimo a ella. Ante el conocimiento de este hecho, algunos han calificado al gobierno de un mal, aunque admitan que sea un mal necesario. Sin embargo, lo que se requiere para alcanzar in fin visto y considerado como beneficioso no es un mal en la connotación moral del término, sino un medio, el precio a pagar por ello. Aún así, permanece el hecho de que acciones que se consideran altamente objetables y delictivas cuando las perpetran personas “no autorizadas” se aprueban cuando las cometen las “autoridades”.

El gobierno como tal no solo no es un mal, sino la institución más necesaria y beneficiosa, pues sin él no podría desarrollarse ni preservarse ninguna cooperación social duradera ni civilización. Es un medio para ocuparse de la imperfección propia de muchos, tal vez la mayoría de toda la gente. Si todos los hombres fueran capaces de darse cuenta de que la alternativa a la cooperación social pacífica es la renuncia a todo lo que distingue al homo sapiens de las bestias carnívoras y si todos tuvieran la fortaleza moral como para actuar de acuerdo con ello, no habría necesidad del establecimiento de un aparato social de coerción y opresión. No es que el estado sea un mal, sino que los defectos de la mente y el carácter humano que requieren imperativamente la operación de un poder de policía. El gobierno y el estado nunca pueden ser perfectos, porque deben su raison d'être a la imperfección del hombre y solo pueden alcanzar su fin, la eliminación del impulso humano innato a la violencia, recurriendo a la violencia, lo mismo que se pretende que eviten.

Es un arma de doble filo otorgar a una persona o grupo de personas la autoridad para recurrir a la violencia. El incentivo implícito es demasiado tentador para un ser humano. Los hombres que han de proteger a la comunidad contra la agresión violenta se convierten fácilmente en los agresores más peligrosos. Transgreden su mandato. Usan incorrectamente su poder para oprimir a quienes esperan que les defiendan de la opresión. El principal problema político es cómo impedir que el poder policial se convierta en tiránico. Ese es el significado de todas las luchas por la libertad. La característica esencial de la civilización occidental que la distingue de las civilizaciones detenidas y petrificadas del este fue y es su preocupación por la libertad frente al estado. La historia de Occidente, desde la época de las πολις griegas hasta la resistencia al socialismo del día de hoy, es esencialmente la historia de la lucha por la libertad contra las invasiones de los funcionarios.

Una escuela de pensamientos superficial de filósofos sociales, los anarquistas, eligió ignorar el asunto sugiriendo una organización de la humanidad sin estados. Simplemente olvidaron el hecho de que los hombres no son ángeles. Son demasiado torpes como para darse cuenta de que a corto plazo un individuo o un grupo de individuos pueden ciertamente avanzar en sus propios intereses a costa de los intereses a largo plazo de otra gente e incluso de los suyos propios. Una sociedad que no esté dispuesta a detener los ataques de esos atacantes asociales y miopes está indefensa y a merced de sus miembros menos inteligentes y más brutales. Mientras que Platón fundamentaba su utopía en la esperanza de que esté disponible un pequeño grupo de filósofos perfectamente sabios y moralmente impecables para la dirección suprema de los asuntos, los anarquistas suponían que todos los hombres sin excepción estarían dotados de la sabiduría perfecta y la impecabilidad moral. No entendían que ningún sistema de cooperación social puede eliminar el dilema entre los intereses de un hombre o un grupo a corto plazo y los que hay a largo plazo.

La propensión atávica del hombre a someter por la fuerza a las demás personas se manifiesta claramente en la popularidad de la que disfruta el esquema socialista. El socialismo es totalitario. El autócrata o el consejo de autócratas son los únicos que pueden actuar. Todos los demás hombres estarán privados de discreción para elegir o apuntar a los fines elegidos; los oponentes serán liquidados. Al aprobar este plan, todo socialista supone tácitamente que los dictadores, los encargados de la gestión de la producción y todas las funciones del gobierno, cumplirán precisamente con sus propias ideas acerca de lo que es deseable y lo que no lo es. Al divinizar el estado (si es un marxista ortodoxo, lo llama la sociedad) y asignarle un poder ilimitado, se diviniza a sí mismo y apunta a la supresión violenta de todos aquéllos con quienes está en desacuerdo. El socialista no ve ningún problema en la dirección de los asuntos políticos porque solo le importa su propia satisfacción y no tiene en cuenta la posibilidad de que un gobierno socialista no actúe de una forma que a él no le guste.

Los “científicos políticos” están libres de las ilusiones y los autoengaños que afectan al juicio de anarquistas y socialistas. Pero ocupados con el estudio del inmenso material histórico, se empezaron a preocupar por el detalle, por los innumerables ejemplos de pequeños celos, envidias, ambiciones personales y codicia que mostraban los actores en la escena política. Adscriben el fracaso de todos los sistemas políticos hasta ahora intentados a las debilidades morales e intelectuales del hombre. Tal y como lo ven, los sistemas fracasaron porque su funcionamiento satisfactorio habría requerido hombres de cualidades morales e intelectuales solo excepcionalmente presentes en la realidad. A partir de esta doctrina, trataron de escribir planes para un orden político que pudiera funcionar automáticamente, por decirlo así, y no se viera afectado por la ineptitud y los defectos de los hombres. La constitución ideal tendría que garantizar una dirección inmaculada de los asuntos públicos a pesar de la corrupción e ineficiencia de los gobernantes y el pueblo. Los que buscan un sistema legal así no caen en las ilusiones de los autores utópicos que suponían que todos los hombres o al menos una minoría de hombres superiores son intachables y eficientes. Disfrutaban de una aproximación realista al problema. Pero nunca plantearon la pregunta de cómo los hombres contaminados por todos los defectos inherentes a la condición humana podrían ser inducidos a someterse voluntariamente a un orden que les impediría dar rienda suelta a sus caprichos y modas.

Sin embargo, la principal deficiencia de esta aproximación supuestamente realista al problema no es ésta. Ha de verse en la ilusión de que el gobierno, una institución cuya función esencial es el empleo de la violencia, podría funcionar de acuerdo con los principios de moralidad que condenan perentoriamente el recurso a la violencia. El gobierno busca mediante la fuerza el sometimiento, el encarcelamiento y la muerte. La gente puede tender a olvidarlo porque el ciudadano que cumple las leyes se somete dócilmente a las órdenes de las autoridades para evitar el castigo. Pero los juristas son más realistas y califican a una ley a la que no se asocia una sanción como una ley imperfecta. La autoridad de la ley hecha por los hombres se debe completamente a las armas de los policías que obligan a obedecer sus provisiones. Nada de lo que pueda decirse acerca de la necesidad de acción gubernamental y de los beneficios que de esto se derivan puede eliminar o mitigar el sufrimiento de quienes languidecen en prisión. Ninguna reforma puede hacer perfectamente satisfactoria la operación de una institución cuya actividad esencial consiste en infligir dolor.

La responsabilidad por el fracaso en descubrir un sistema perfecto de gobierno no se basa en el supuesto retraso de lo que se llama la ciencia política. Si los hombres fueran perfectos, no habría necesidad de gobierno. Con hombres imperfectos ningún sistema de gobierno podría funcionar satisfactoriamente.

La preeminencia del hombre consiste en su poder de elegir fines y recurrir a medios para alcanzar los fines elegidos: las actividades del gobierno se dirigen a restringir esta discreción a los individuos. Todo hombre trata de evitar lo que le produce dolor; las actividades del gobierno consisten en definitiva en infligir dolor. Todos los grandes logros de la humanidad fueron producto de un esfuerzo espontáneo por parte de individuos; el gobierno sustituye la acción voluntaria por la coacción. Es verdad que el gobierno es indispensable porque los hombres no son intachables. Pero diseñado para ocuparse de algunos aspectos de la imperfección humana, nunca puede ser perfecto.

Ludwig von Mises

miércoles, 1 de febrero de 2012

Desde la tribuna: la sabiduría política y la popular


El plan de impuestos, en estudio de la Asamblea Legislativa, alega, como telón de fondo, que los políticos de turno fortalecerán a los pobres, quitándoles a los ricos. La última encuesta de opinión muestra que esa historieta es ya poco creíble.

Es nefasto para la vida política y social de un país, el construir el mito social en torno tres subyacentes mitos utilizados como basamento.

Primero, que el gasto público puede estimular una economía. Segundo, que los impuestos pueden repartir riqueza y tercero, que los políticos son quienes mejor deciden quien paga y quien recibe. Tanto el primer supuesto como el segundo resultan falsos, y hay suficientes estudios para refutarlos, pero no vale la pena entrar hoy a discutirlos en toda su vastedad.

Me refiero en esta nota, a la confianza depositada en la sabiduría y el conocimiento de los políticos para determinar quién paga y quién recibe, porque choca con una muy evidente realidad. Los políticos no tienen por qué estar mejor dotados para esas decisiones y además de sus limitacioes intelectuales y cognoscitivas, carecen, frecuentemente, de escrúpulos, dejados de lado con el fin de de avanzar sus agendas personales.

Ello no quiere necesariamente afirmar que hay malas intenciones sino, más grave, que aún tratándose de las mejores, la asignación de recursos realizada por el Estado, en vez de la sociedad, resultará siempre en una defectuosa asignación y en una vejación de libertades.

De todo ello, hay muestras abundantes y suficientes para abandonar la esclavizante idea de que los políticos sean llamados a decidir quién recibe y quién paga. Basta, en Costa Rica, recordar cómo se ha olvidado a los ciudadanos en la asignación y construcción de obras públicas, la contratación de cámaras para controlar velocidad y la asignación de las pensiones para altos funcionarios.

Ante tanta, abundante y hasta reciente prueba, resulta puro y destilado error, proponer mayores impuestos para financiar las decisiones desinformadas de los políticos, para no cargar innecesariamente el argumento, también, con las malintencionadas.

A la letanía de las buenas intenciones y sabiduría de los políticos, urge ponerle de frente la sabiduría, indignación e incredulidad popular. A lo mejor, con el hastío frente a tanta falsedad, algo se ha logrado.

Mario Quirós Lara

lunes, 30 de enero de 2012

Tema polémico: praxis y pensamiento liberal


El liberalismo como movimiento político con opciones de acceder a puestos de poder está muerto, por el momento, o al menos agonizando en nuestro país.

La principal trinchera partidaria, donde las ideas liberales eran “defendidas” sufrió meses atrás el toque de gracia, debido al supuesto mal uso de fondos públicos por parte del Movimiento Libertario. Luego surgió otra propuesta de organización política (Partido por la Libertad) del que poco se sabe y cuyo ámbito de acción se limita al Internet.

No es que el liberalismo esté huérfano en el país. Existen organizaciones que aún enarbolan las ideas de la libertad, como la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE), pero entre un think tank y un partido político hay mucha diferencia. El primero es un reservorio de ideas, discusión y debate intelectual, el segundo es praxis y acción política. El primero sin el segundo se queda en el ámbito de las ideas, con impacto nulo o casi nulo en el mundo de lo concreto, de lo cotidiano. El partido político sin el respaldo de la formación de ideas es un hervidero de populismo sin cabeza.

Debemos ser sinceros. El liberalismo como acción política en Costa Rica vive en el letargo, como esperando a que algo suceda, que alguien responda. Duerme el sueño de los justos mientras en otras trincheras se arman hasta los dientes, esperando arrasar con todos los espacios de poder político.

Pareciera, triste es decirlo desde este espacio, que somos incapaces de conjugar la praxis política y la reflexión ideológica sincera, ajustada a un ideario de pensamiento consistente con los principios liberales, como si una cosa y otra fueran incompatibles. Lo cierto es que hemos sido muy buenos generando ideas, pero pésimos en materializarlas.

Por eso es tan importante que los liberales decidan. O se permanece como una reflexión o se pasa a la acción. Existe suficiente capacidad intelectual, pero es necesario que exista a voluntad de ensuciarse las manos y no todos los liberales costarricenses están dispuestos a hacerlo.

Es importante que se conjuguen las voluntades y capacidades para formular una propuesta coherente y agradable al costarricense.

miércoles, 25 de enero de 2012

Desde la tribuna: la lonchera controlada


El Estado costarricense, por medio del Ministerio de Educación Pública en consuno (¿colusión?) con el Ministerio de Salud, ha establecido una prohibición de vender determinadas comidas en las sodas de las escuelas y colegios públicos.

El asunto sí que se las trae. Ya expresé que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

Apunto a dos cosas principales. La primera es relativa a la patria potestad, autoridad parental o derecho de regir a los menores. En esta medida el Estado hace un movimiento de sustitución de la posición de los padres de familia. Un movimiento administrativo, político y jurídico según el cual se atribuye la decisión respecto de la alimentación que conviene a los menores.

También es básico el segundo asunto. Si el Ministerio de Educación tuviese la actividad a su cargo totalmente enfilada, organizada, en gran estado de desarrollo, con los fines satisfechos o en buen cumplimiento, qué más que ponerse a apuntalar los logros con algunas decisiones que pudiesen salir del ámbito de su competencia. Mas no es así, el MEP hace aguas por todas partes.

Hay dos asuntos complementarios. Uno de ellos es relativo al procedimiento y a la “propiedad de las escuelas públicas”. El procedimiento de la Ley General de la Administración Pública establece al menos audiencias y resolución dentro de la ciencia, la técnica y el conocimiento adecuado. Dudo seriamente de que ello se haya satisfecho. Están en medio importantes derechos fundamentales y no puedo entender que mediante disposición administrativa (reglamento, bajo el vehículo del Decreto) se pretenda regular , prohibir u organizar el asunto. Es sabido que solo la ley puede incursionar en tal área, además de que su intervención habría de ser proporcional, racional, razonable y, sobre todo, necesaria.

La Administración pública ha alegado que se trata de actividad que se realiza dentro de las escuelas y colegios públicos y, por ende, se trata de algo así como competencia interna. Sin embargo, señalo, habría que ver si las escuelas y colegios públicos son del MEP o son de la sociedad costarricense (incluso del propio Estado).

El MEP no es sino un órgano del Estado, parte de otro órgano (Poder Ejecutivo) público. Así que no puedo entender que sean territorios del Ministro, sino propiedad de la comunidad (de la sociedad costarricense). Curioso que por una parte corresponda la administración a las Juntas de Educación y por otra parte el MEP pretenda centralizar las decisiones. No obstante, la cita de que un asesor legal del MEP se refirió al asunto señalando que debía analizar los contratos de arrendamiento de las sodas para ver su antigüedad y contenido, termina de complicar la tendencia autoritaria. ¿Quién firma los contratos? ¿El MEP o las Juntas?

Pero también hay que cuestionar los presupuestos de la medida. Resulta que la información que suple la misma fuente pública, señala que un porcentaje bastante parecido (alrededor del 20%) en escolares y liceístas padece obesidad. Con ello se cae la decisión.

Primero, porque no apunta a la buena alimentación sino a evitar la obesidad. Son cosas distintas. Segundo, porque es inaceptable una censura a la totalidad (100%) para evitar la obesidad de una quinta parte.

Además de todo, es dudoso que eviten la obesidad de este modo, pues no hay garantía de lo que pase extramuros escolares. En sí misma, la prohibición es una negación de la filosofía y pretensiones de la educación.

En todo caso, los alimentos excluídos, prohibidos, proscritos y condenados sin juicio, no son dañinos per se, sino en una determinada proporción.

Por otra parte, está el tema de los comedores escolares. Este tema, desde la antigua pero legalmente vigente concepción de los comedores escolares, empezó como un subsidio parcial y amenaza con convertirse en un uso total. ¿Qué pasa en estos comedores? ¿Son la excelsitud alimentaria, nutritiva e higiénica? ¿Quién lo dice? En todo caso, objeto el concepto por totalitario, estatista y excluyente de la autonomía de la voluntad y fortalecimiento familiar.

Finalmente, ha surgido la polémica acerca de la efectividad de la medida prohibitiva si, por otra parte, el MEP no encuentra el instrumento para intervenir la lonchera escolar. Porque, aunque no lo crean, han sobrado ideólogos y partidarios de la liberticida medida y se la han pasado cavilando acerca de cómo controlar la lonchera.

¡Policías de las frituras, inspectores del chicharrón, policías de tránsito de la restricción a la gaseosa, censores de la galleta y demás ejércitos de la prohibición, hay que levantar barricadas, escavar trincheras, construir alambradas, registrar salveques y loncheras, obligar a volver las bolsas del pantalón al revés, abrir las bocas y no dejar pasar nada!

Recuerdo que hace muchos años, los estadounidenses que venían de intercambio a nuestro país insistían en tomar cocacolas y comer cornflakes. Estaban prevenidos contra los peligros del agua y otras comidas. No podían tomarse el riesgo de enfermarse con comida contaminada, agua sucia y otras cosas.

La medida actual más bien prohíbe lo que a ellos se recomendaba. ¿Estamos seguros de que los estudiantes no se enfermarán de tomar el agua o los refrescos en agua en lugar de ingerir gaseosas? ¿A algunos no los afectará la leche que tomarán en lugar de la gaseosa? ¿Estarán libres de pecado las frutas o podrán transportar hepatitis y otros males? ¿No será mejor una comidilla empacada, aunque el MEP no la quiera, que una expuesta a contaminación?

En fin, el camino iniciado por el MEP evidencia su distracción de lo principal, su abandono de la competencia básica y el autoritarismo de muchos.

Federico Malavassi Calvo

lunes, 23 de enero de 2012

Tema polémico: el frío no está en las cobijas


El ex vicepresidente Kevin Casas, en su artículo “Requiem por un sueño” acierta al decir que nuestro país es ingobernable, pero falla en las causas para explicar el fenómeno.

Gobernabilidad es la actuación de los Poderes Públicos en un espacio considerado como legítimo por los actores políticos, lo que genera la aceptación del mandato y la obediencia de sus disposiciones. Nótese que la palabra legitimidad es clave en el análisis.

Costa Rica no es ingobernable por el pluripartidismo ni por la existencia de actores capaces de frenar el proceso de toma de decisiones. Ni siquiera lo es por la incapacidad de las autoridades para tomar decisiones. Son la falta de legitimidad del proceso decisional, la ausencia de representatividad y la falta de inclusión de los diferentes actores en la construcción de los acuerdos lo que provoca la ingobernabilidad en el país.

La legitimidad es el reconocimiento o la justificación para ejercer el poder político y percibir obediencia simultáneamente. Puede ser legitimidad de origen –el reconocimiento del “derecho a mandar” – o legitimidad en ejercicio –el éxito de la gestión gubernamental en la administración del mandato otorgado–, y la ausencia de alguna de esas dos acepciones hace que la actuación de los Poderes Públicos se convierta en ilegítima y se disuelva la obediencia.

El error de don Kevin es preocuparse más por la rapidez decisional sin abordar el problema de fondo: la legitimidad del proceso y de las decisiones finales. Por eso es que el frío no está en las cobijas: el sistema político costarricense no es ingobernable por la parálisis decisional, la oposición o la discusión, sino porque los actores políticos no están considerando legítimo el proceso de toma de decisiones.

Al no estar apegadas esas actuaciones a los valores, expectativas, intereses o aspiraciones de los diversos actores políticos, estos tienen los incentivos necesarios para evitar que se lleven a cabo acciones que consideran nefastas y utilizan los poderes de veto y los mecanismos que las reglas del juego les otorgan para frenar o paralizar el proceso.

Lo que ha pasado en nuestro país es que los actores no están dispuestos a aceptar, cual contrato de adhesión, las ocurrencias del Gobierno. No están dispuestos a que su voto se convierta en un cheque en blanco que lo autorice a dar rienda suelta a sus tonterías y desaciertos. Para eso han decidido fraccionar al Primer Poder de la República, en el cual, los representantes simplemente están aplicando los checks and balances del sistema republicano, de forma tal que controlan al oficialismo en el Parlamento y al Ejecutivo, para evitar la concentración de poder y para garantizar la representación de las diversas fuerzas políticas que les han dado voz y voto para defender sus intereses y aspiraciones.

Gracias a esos checks and balances, actos tan reprochables como el tristemente célebre “memorándum del miedo” generaron un repudio que sentó las responsabilidades políticas del caso. Gracias a esos mecanismos se ha logrado frenar la aprobación de un proyecto tan absurdo e ilegítimo como Solidaridad Tributaria, que afectará a todos los ciudadanos que trabajan honradamente y son explotados por un Gobierno irresponsable e incapaz, que está en problemas tanto por las erradas decisiones de la Administración de la que don Kevin fue parte como por los propios yerros de este periodo.

Preocuparse sólo por la rapidez decisional sin tomar en cuenta la legitimidad del proceso podría ser solo un grave error conceptual, pero en muchas ocasiones esconde algo más peligroso. Cuando se exige que las decisiones se tomen sin discusión, sin análisis, sin reflexión ni estudio, sin oposición ni oportunidad para ofrecer alternativas, salta a la vista no solo la fatal arrogancia del proponente (quien cree que su idea es tan perfecta que no requiere más que la aceptación sumisa), sino también un preocupante desprecio por la diversidad de opiniones, por el pluralismo, por la representatividad y por los derechos individuales.

La historia nos ha enseñado que cuando surgen líderes mesiánicos o partidos únicos (o hegemónicos) que ofrecen dictar el rumbo a seguir, sin cuestionamientos ni preguntas, solo con la fe inquebrantable en su sapiencia, los resultados son macabros. Esperamos que ese no sea el sueño por el que don Kevin hace un réquiem.

viernes, 20 de enero de 2012

Viernes de Recomendación

Para el día de hoy, queremos presentarles el siguiente video del senador republicano Ron Paul en que habla sobre la pérdida de valor del dolar en el tiempo, las consecuencias de la inflación y la necesidad de cerrar la Reserva Federal y sus prácticas irresponsables y volver a un sistema responsable de emisión de moneda


miércoles, 18 de enero de 2012

Desde la tribuna: ingobernabilidad


El termino ingobernabilidad sirve varios propósitos políticos. Uno de los mas comunes es ser justificación para la mala gestión publica y el otro, complementario, para pedir aún más potestades como supuesto medio para resolver los problemas nacionales. Este viciado esquema produce resentimiento e impunidad y recicla los problemas del proceso político, magnificándolos.

La falta de capacidad para resolver los problemas sometidos al proceso en que los políticos son protagonistas, el proceso político, queda entonces impune. Los responsables van de la radio a la prensa escrita y a la televisión o a las “redes sociales” ofreciendo una solución para la supuesta ingobernabilidad, pero en realidad están pidiendo más poder para ellos y aun más impunidad.

Una sociedad fundada en la impunidad se convierte inmediatamente en una basada en la irresponsabilidad y con ciudadanos pusilánimes, pequeños, acobardados por el poder.

El verdadero problema de nuestras sociedades es la falta de responsabilidad, el desestímulo a las personas responsables y el estímulo cada vez mayor a la irresponsabilidad. Brillan al ojo los ejemplos en las concesiones de obra pública, en la educación publica y en la CCSS, la dejadez de muchos tribunales y la creciente burocratización de las relaciones entre ciudadanos, todo bajo inimaginados pretextos.

La responsabilidad ciudadana, tanto como la personal, solo es posible en un ambiente de libertad, nunca de tiranía explicita o implícita en que los seres humanos tienen castradas sus relaciones naturales, normales, por las regulaciones impuestas por la política. Con el propósito de ofrecer gobernabilidad, los políticos van concentrado poder y acorralando la libertad y la responsabilidad.

Cada vez que un político habla de ingobernabilidad con el fin de alojarse en la impunidad y enardecerse con más poder, está connotando unos ciudadanos ignorantes y acobardados como parte de su discurso. Ya va siendo hora de volver a la gobernabilidad y de acabar con el desgobierno y la impunidad. La libertad es tanto la prevención como el tratamiento de la impunidad, porque es el único camino cierto y fundamento, de la responsabilidad.

Mario Quirós Lara

lunes, 16 de enero de 2012

Tema Polémico: La Revolución de Ron Paul


El martes de la semana pasada, el senador por Texas, Ron Paul, obtuvo el segundo lugar en los resultados de las primarias republicanas en New Hampshire, Estados Unidos. Una semana antes, obtuvo un reñido tercer lugar en Iowa. Esta semana se perfila como uno de los favoritos en las primarias de South Carolina. Con estos resultados, es claro que Ron Paul se ha convertido indudablemente en un contendiente fuerte para la candidatura republicana por la Presidencia de los Estados Unidos. Lo que hace tan solo un año era un movimiento, ahora tiene aires revolucionarios. Y es que Ron Paul responde al descontento de una gran cantidad de estadounidenses que están cansados de tener un Estado cada vez más entrometido en todos los aspectos de la vida cotidiana y cada vez más endeudado perjudicando el futuro de las próximas generaciones.

Muchos estadounidenses se han dado cuenta que por ese camino el país cada vez más pierde su grandeza y han visto una luz de esperanza en manos de este candidato liberal (cuando nos referimos a “liberal” estamos hablando del verdadero concepto ligado a la defensa de la libertad y no al concepto equivocado “liberal-socialista” utilizado en los EEUU para referirse a seguidores del partido demócrata). Paul se ha encargado, durante sus años en política, de dejar en evidencia las nefastas consecuencias de un Estado sin ningún tipo de responsabilidad fiscal y monetaria, un Estado con cada vez menos respeto por la libertades individuales de las personas, incluida la libertad a la vida, pues manda a sus ciudadanos al resto del mundo a combatir luchas sin justificación que para lo único que han servido es para alimentar el odio por esa nación en distintas partes del mundo. Paul representa a ese grupo de personas cada vez más grande que quiere un cambio de verdad en la política con propuestas claras y sencillas por medio de una campaña electoral basada en principios y no en favor de los intereses de grupos particulares como ha sido característico tanto en republicanos como en demócratas.

En ASOJOD celebramos la revolución de Ron Paul. Tal vez no compartimos algunas cosas pero su línea es muy similar a la nuestra y es el tipo de representante político que deseamos para nuestro país: alguien coherente y consistente, defensor de las ideas de la libertad, sin temor a decir lo que piensa ni con consideraciones de cálculo político para el futuro. Un hombre valiente capaz de defender sus ideas.

Tal vez Ron Paul no logre convertirse en el candidato republicano pero la gran ganancia de esta revolución no es una nominación sino haber logrado que todas estas ideas a favor de la libertad ahora estén en boca de una gran mayoría. Temas de suma relevancia como la existencia de la Reserva Federal, la responsabilidad fiscal, la guerra perdida contra las drogas que antes no se hablaban ahora son importantes en todos los debates y tienen a la gente pensando. Al ser un país tan influyente, esperamos que estos nuevos debates puedan extenderse por el resto del mundo y que lleguen a nuestra pequeña nación. Ojalá que pronto en Costa Rica estas ideas obtengan la misma relavaría y se pueda generar una revolución aquí también.

Indistintamente si gano o no, las ideas que ahora están boca de todos los ciudadanos estadounidenses y del mundo gracia sa sus mensajes es una ganancia significativa.

viernes, 13 de enero de 2012

Viernes de Recomendación


El día de hoy les presentamos el trabajo: "Crisis de la razón y crisis de la democracia" del profesor Gabriel Zanottie. En el mismo el filósofo argentino explora las razones por las cuales las democracias occidentales contemporáneas han sido incapaces de suplir las demandas de sus ciudadanos, así como posibles salidas a dicho atascamiento instuticional.

lunes, 9 de enero de 2012

Tema polémico: lo que Costa Rica necesita




El día de ayer aparece publicada la noticia de que una cadena de comida rápida se sumará más a la competencia en el mercado nacional. En estos difíciles momentos económicos que nos agobian no puede más que alegrarnos esta nueva inversión.

Precisamente este es el camino que deberían buscar nuestras autoridades en el 2012: facilitar la inversión nacional y extranjera y dejar de una vez por todas la idea de que este país se va a desarrollar a punta de más impuestos. La inversión crea nuevas fuentes de empleo, mayor consumo y con todo ello más tributos. Por eso el reto permanente de este país seguirá siendo crear una agenda de competitividad que permita al sector productivo desarrollarse y crecer.

Llama la atención cómo este mercado de las comidas rápidas ha ido creciendo a lo largo de estos años. Cada vez son más las empresas que ingresan al mercado así como los locales que abren empresas consolidadas desde hace años. Esperamos que no aparezca algún ingeniero social que se le ocurra crear la SUCOR (Superintendencia de Comidas Rápidas), en donde una serie de expertos definan cuántas empresas pueden operar en el mercado, bajo qué requisitos y bajo queé formas (tal y como ha pasado lamentablemente con el mercado de las telecomunicaciones), o que aparezcan absurdos debates que quieran restringir el acceso a este tipo de comidas como ha ocurrido en los últimos años en Estados Unidos.

Lo que requerimos los costarricenses, son más opciones, más empresas, más libertad, más fuentes de empleo y más inversión, no un estado que asfixie los planes individuales con más regulaciones e impuestos y que pretenda cuidar a los gobernados de ellos mismos. Esperamos que el 2012 este lleno de noticias como estas y no como el 2011, en donde los medios de comunicación nacional se vieron bombardeados por las pésimas ideas de políticas públicas de este gobierno.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desde la tribuna: ¿se puede cristiano y liberal? Ideas para un debate


Los valores cristianos:

No hay duda alguna de que existe una cultura cristiana occidental. Tal cultura tiene profundos basamentos que logran conjugar la antigüedad grecorromana con los principios cristianos.

Estos principios fueron permeando poco a poco el mundo occidental y han logrado una valiosa síntesis.

Para muchos autores, tal síntesis puede apreciarse en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Cuando uno se pregunta por la esencia de los valores cristianos, no debería haber duda en contestar con “Amar a Dios sobre todas las cosas … y al prójimo como a ti mismo” (Mateo 22-36-40). Síntesis expresada por el mismo Jesucristo pero que no borra todo el cúmulo de enseñanzas y responsabilidad que también pregonó intensamente Jesús.

Algunos grandes pensadores y maestros han desarrollado toda la filosofía cristiana a partir del Evangelio y el Antiguo Testamento: La Patrística, San Agustín, La Escolástica, Santo Tomás de Aquino y un rico tejido de Encíclicas. La lista es inagotable.

La responsabilidad del cristiano es evidencia misma de que tiene libertad. Son caras de una misma moneda.

En el pasaje del Evangelio relativo a “… dad al César lo que es del César …” (Mateo 22:21, Marcos 12-17, Lucas 20:24 y la idea de Pablo en relación con los impuestos en Romanos 13:7) sobran quienes dejan campo libre al Estado (es del César). Como una especie de separación total entre el cristianismo y la forma de administrar la sociedad.

Por ello vale la pena señalar que la separación entre Iglesia y Estado no puede significar que un cristiano debe abstraerse del modo en que actúa el Estado.

El cristiano no puede limitarse a orar para que las autoridades lo hagan bien, esperar que el la actuación del Estado sea buena y abstenerse de participar en la política.

El tema es cómo ha de hacerlo y cuáles programas e ideas debe impulsar (asimismo, cuáles debe combatir).

Incluso, debe preguntarse si el ser cristiano implica una ideología política (¿humanista, socialista, marxista, liberal, demócrata algo, social algo, republicano, peronista, priísta, etc?).

De lo que no tengo duda alguna es de que un cristiano sí debe participar y debe hacerlo de un modo que se acorde con sus creencias (respeto a la verdad, a los valores fundamentales del cristianismo y a los derechos humanos).

El amor, la caridad, la fraternidad … ¿implican socialismo político y económico? No veo de dónde. Sería fariseísmo. El amor, la caridad y la fraternidad implican un modo de actuar personal, obligaciones personales, no imposiciones sociales ni mucho menos obligaciones sociales. Ello no quiere decir que hay que impulsar un sistema indiferente o que no tenga previsiones sociales, sino que no puedo transplantar valores y obligaciones personales a la estructura social sin más. Incluso, en la valoración del amor al prójimo, hay toda una gama de interpretaciones importantes que no pueden hacerse de lado. Nadie puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa. No se puede imponer el amor social y no practicar el personal. Sería una contradicción. No se puede amar al prójimo lejano (contradictio in terminis, oxímoron o absurdo) y olvidar al cercano. Un padre de familia tiene obligaciones ciertas con sus familiares (esposa e hijos) y más tenues con el resto de integrantes de la sociedad. Por tal razón, al exagerar o transplantar algunos valores o principios (caridad y fraternidad, por ejemplo, al campo político o social por norma jurídica, lo que sucede es una situación ilógica, más bien demagógica).

En cambio, los principios elementales del Estado de Derecho (el pueblo como elemento esencial del Estado y sus implicaciones, el Derecho como instrumento de acción y sus consecuencias) parecen conjugarse perfectamente con el cristianismo (no idolatrar a un Estado como a un becerro de oro, ni a una sociedad con abstracción de sus integrantes).

De allí que el constitucionalismo resulta ser armonioso con el cristianismo. En la consecuencia de ello van ir apareciendo los modos y derechos del Estado de Derecho: republicanismo o su equivalente en las monarquías constitucionales, el ser humano como fin y no medio, el respeto a los derechos fundamentales (incluyendo la vida, la libertad y la propiedad).

El liberalismo:

El liberalismo ha tenido como centro el reconocimiento de la libertad del ser humano y sus implicaciones en diversos ámbitos. Así pues, hay consecuencias políticas, económicas, filosóficas y jurídicas.

En algunas de sus manifestaciones históricas y sus actuaciones ha habido enfrentamiento innegable y hasta físico y grosero con la Iglesia Católica y con algunas otras denominaciones o cultos.

Ello, por supuesto, ha pasado en grado mayor con el marxismo y sus derivaciones. No obstante, algunos socialistas han querido apropiarse del cristianismo y desautorizar la posibilidad de que cualquier otro tipo de concepción política pueda ser compatible con él.

El liberalismo tiene un concepto de ser humano, con libertad y responsabilidad. En ello es similar al cristianismo.

El liberalismo promueve la tolerancia y la libertad ajenas, en ello es igual al cristianismo (aunque algunas concepciones cristianas no crean en la libertad y menos en la libertad de culto).

El liberalismo promueve la economía de mercado y el trabajo. El cristianismo promueve el trabajo y no es incompatible con la economía de mercado.

El liberalismo promueve la libertad jurídica y política y ahora estamos claros que tales valores son perfectamente compatibles con el cristianismo.

Los liberales son anticlericales. El clericalismo es opone a los pasajes del Evangelio que se citan respecto de “dad al César …”. Podría concluirse entonces que el clericalismo no es cristiano.

Los liberales no se oponen a la caridad, a la fraternidad ni al amor. Lo que combaten es el transplante irracional de dichos temas al mundo político y jurídico, creando distorsiones sociales y económicas.

El liberalismo se opone a un Estado irracional, abusivo, dictatorial e irrespetuoso de los derechos y libertades públicas. El cristianismo debería estar en la misma línea.

Algunos cristianos quieren llevar la moral cristiana a moral pública y legislar en relación con tal concepción incluso en el ámbito penal. El liberalismo está en contra de ello. No se pueden salvar las almas por ley. Hay evidentes errores del pasado que dan la razón al liberalismo. Reitero que se trata únicamente de algunos cristianos.

El liberalismo defiende el derecho de propiedad y lo considera importante para activar y crear mercados. El cristianismo ha estudiado y señalado que el derecho de propiedad es conforme al Evangelio y doctrina cristiana.

Hay algunos liberales que no son cristianos. Hay demasiados socialistas y marxistas que son enemigos del cristianismo.

Interés de la pregunta:

En el siglo XIX hubo muchos enfrentamientos entre el liberalismo y el cristianismo. No fueron tantos como los que tuvo el cristianismo con el marxismo y sus derivaciones ni con el fascismo y sus similares.

Ello ha llevado a muchos a pensar que no se puede ser cristiano y liberal. También han sido muchos los que lo han pregonado y no han tenido empacho en señalar como incompatibles con el cristianismo la economía de mercado, la riqueza, la globalización (aunque sea enano de otro cuento), la caída del marxismo, la libertad empresarial, el derecho de propiedad, la libertad política, el conocimiento, el avance científico, la tecnología, la libertad de pensamiento y la libertad en varios aspectos (incluyendo política, prensa y filosofía).

Por supuesto que además, con la crítica desde el púlpito a algunas situaciones sociales, políticas y jurídicas, algunos no han sabido entender las causas y han hecho análisis que con sus prejuicios han desorientado a algunos cristianos.

Ejemplo de ello es culpar a los ricos de la existencia de pobres. Igual, señalar en la libre empresa o progreso la mala suerte o vida de otros. Asimismo, señalar que la libertad es la causa de los vicios. O que la libertad de prensa y espectáculo es la culpable directa de la perversión de costumbres. Detrás de algún púlpito hay más estatolatría que amor al prójimo, más marxismo que amor a Dios, más totalitarismo que difusión del Evangelio, más doctrina propia que cristianismo.

Por ello es menester plantearse si se puede ser cristiano y liberal, si un cristiano puede defender la libertad, si un cristiano puede apoyar la economía de mercado, si un cristiano debe defender la propiedad y la empresa, si un cristiano puede defender la riqueza, si un cristiano debe promover la difusión de los derechos e, incluso, si un cristiano debe entender los riesgos del clericalismo.

No basta poner los ejemplos de Lord Acton y el Padre Sirico, solo para mencionar a un par de conspicuos pensadores y difusores de la armonía necesaria entre cristianismo y liberalismo. Aunque l a historia está llena de pensadores y políticos cristianos y liberales es importante señalar que se trata de vivencia y pensamiento absolutamente armonioso.

Para algunos, como mi buen amigo Luis Lépiz, incluso se trata de un tema de necesidad. Para Luis es un deber cristiano impulsar la economía de mercado con el propósito de poner las condiciones para que los pobres puedan progresar y la riqueza aumente y se distribuya. Su intenso estudio de estos temas le lleva a la conclusión de que no hay otro camino.

Conclusión:

Aunque abunda bibliografía al respecto, lo cierto es que parece ser necesario estar repasando estas esenciales cuestiones.

No tengo duda de la perfecta compatibilidad entre el cristianismo y el liberalismo. Incluso, al igual que mi amigo Luis Lépiz, estimo que se trata de una conclusión necesaria. Creo que el buen cristiano no puede evitar ser liberal.

No obstante, como buen liberal dejo el asunto a la discusión abierta y sin prejuicios. Sin ánimo de agotar la discusión, planteo este tema para Navidades y Fin de Año. Al final apunto alguna bibliografía interesante.

Feliz Navidad, cristiana y liberal.

PS: Abunda literatura respecto de tema tan importante. Propongo algunas lecturas de diverso motivo, enfoque y profundidad, únicamente para estimular el pensamiento y estudio alrededor del tema.

http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/5_5_Montes.pdf
http://alteran1985.blogspot.com/2009/01/liberalismo-cristiano.html
http://institutointerglobal.org/historia/2136-ique-es-liberalismo-cristiano
http://www.liberalismo.org/articulo/16/55/liberalismo/catolicismo/eaco/g0lan/
http://almela.blogspot.com/2009/05/liberalismo-y-cristianismo.html

Federico Malavassi Calvo

lunes, 19 de diciembre de 2011

Tema polémico: cómo el grinch se quiere robar la navidad


Es víspera de noche buena; los aldeanos se preparan para celebrar las fiestas de navidad. Miles de familias corren para comprar los regalos, preparar las cenas y compartir con sus seres queridos tanta felicidad.

En los hogares, todo es paz y tranquilidad. Nadie quiere perderse la algarabía y por eso, aunque apurados y ataviados, todos guardan la amabilidad.

Ni el frío, ni las presas, ni la ligera garúa merman el espíritu festivo. Todos disfrutan sin notar que alguien trama contra ellos su plan coercitivio.

En una fría cueva ubicada en Zapote, con la ayuda de sus compinches de Cuesta de Moras, el grinch criollo prepara furtivo su garrote. Maquina con sus gendarmes, dos torpes duendes malvados, un terrible plan sacado de libros empolvados. Dicen que su propuesta nos ayudará a salir de problemas, pomposas palabras para disfrazar sus estratagemas.

La verdad es que el grinch quiere robarse la navidad, aumentando los impuestos sin que exista representatividad. No hay discusión y quienes osen a oponerse serán atacados, gracias a la oportuna ayuda de sus comunicadores comprados.

Por eso, en el cónclave, ha nombrado general de sus huestes a un gato, con tan mala suerte que los errores y desaguisados, lo han metido en un zapato. No es el gato con botas, sino un gato con brumas, cuyas malas justificaciones lo han convertido en el centro de las bromas.

Con la ayuda de los mojigatos, el grinch ha logrado orquestar un PACto que le permita dar el garrotazo pufrefacto. El plan ha avanzado presto y veloz, casi sin contratiempos, excepto los que la propia torpeza del que daña enmaraña.

En sus propios mecates se ha enredado el grinch criollo, forzando la marcha de un plan que condena al subdesarrollo. Por eso manda a su ejército que, antes de Navidad, resuelva el embrollo.

¿Por qué antes de Navidad? Porque el grinch quiere aprovechar la emotividad para dar su zarpazo, evitando que los aldeanos sientan el cachiporrazo. Todos extasiados con carnes, frutas y regalos, pólvora y globos, son víctimas fáciles de abominables robos.

El grinch quiere aprovechar el descuido para meter su mano en los bolsillos, esperando encontrar monedas, billetes y chequecillos. Mientras todos están dormidos, quiere irrumpir para sustraer las posesiones de los aldeanos desguarnecidos.

De momento, un grupo de valientes que han denunciado el asalto a mano armada, tiene la propuesta varada. Miles de frenos han presentado, aunque todas sus ideas el grinch ha rechazado, gracias a la mayoría de representantes que quiere ver el robo consumado.

No obstante, el plan de momento ha fallado. Contar con gendarmes que no piensan y solo asienten es riesgoso, pues su torpeza los lleva a un accionar desastroso.

Pese a todos los yerros y desaguisados, los aldeanos deberían estar más atentos y pellizcados. Un grinch y sus duendes les quieren robar lo que tanto esfuerzo y trabajo les ha costado ganar.

Esta Navidad no podrá ser tranquila y pacífica, cuando un grupo de bandoleros merodea con una intención terrorífica. Rogarle al Mesías de El General que salve a los aldeanos no tiene sentido, porque la deidad está con el saqueo comprometido.

Por eso, un poco más de atención y reflexión, no caerían mal entre los aldeanos. Quizá todos juntos puedan conformar un frente espanta villanos.

Si a esos malhechores y sus ideas retorcidas, todos los aldeanos deshechan de por vida, el futuro de la villa podrá ser prometedor. Aunque de momento, es suficiente que después de las fiestas, el panorama deje de ser tan comprometedor.