Probablemente pocos hechos desnuden nuestro total y absoluto
subdesarrollo como lo es el famoso tren. Todo parece indicar que pronto una
nueva ruta de tren estará en funcionamiento, propiamente en
la provincia de Cartago; pero la cuestión es si dicha noticia debería
provocarnos alegría o satisfacción o por el contrario pena, lástima,
frustración e impotencia.
Realmente resulta doloroso pensar que la basura (literalmente
basura) europea (propiamente la española) sea recibida con bombos y platillos
en nuestro país. Es decir, las locomotoras que ya no sirven en el primer mundo
(debemos aclarar que en el barrio pobre del primer mundo), son el alivio y
salvación de los pobladores del tercer mundo. Pocas veces el famoso dicho: “la basura de unos puede ser el tesoro
de otros” se puede apreciar en toda su dimensión como en el presente caso.
Esta situación, es simplemente un síntoma más de la decadencia
total en la que se encuentra sumergido el Estado costarricense. Un estado
atrofiado, inútil y paralizado. Un Estado que no es capaz de afrontar los retos
que plantea el siglo XXI, un Estado que con cada día que pasa pierde mayor
competitividad a nivel mundial, con la consecuencia lógica que esto significa
en el empeoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes.
Así, mientras los pobres ticos nos alegramos con ser el centro de
reciclaje de las locomotoras europeas, y con viajes de hasta treinta minutos
para un par de kilómetros, nuestros vecinos panameños avanzan a pasos
agigantados para la construcción de su metro, reír o llorar he ahí nuestra
encrucijada…

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