El día de hoy queríamos dedicarlo para analizar
el daño que causan en general nuestros medios de comunicación, cuando expresan
opiniones como si fueran verdaderos juicios “analíticos” (hablando en términos
kantianos). Es decir, expresan opiniones, como si las mismas fueran ciertas en
si mismas, sin advertir que lo que hay detrás de las mismas es el paradigma
(Kuhn) dominante de nuestros tiempos: la necesidad del Estado de intervenir lo
privado para alcanzar bienestar general.
Habiendo desnudado nuestro objetivo, deseamos
presentar un sencillo pero ejemplificante caso. El día 10 de abril del presente
año en los micrófonos de “Hablando Claro” se encontraba el presidente del TSE Luis
Antonio Sobrado. En ese momento, se discutía una serie de reformas que se
pretenden efectuar sobre la materia electoral. Particularmente, nos interesó
aquella que se refería a la obligación de los medios de comunicación de otorgar
espacios gratuitos para los partidos políticos. Inmediatamente, los
entrevistadores resaltaron la conveniencia de dicha propuesta, advirtiendo
además que cualquier oposición sólo podría ser fruto del afán codicioso y
materialista de los dueños de los medios. Desafortunadamente dicho análisis que
pretende ser crítico, no es más que el mero reflejo del paradigma dominante, el
cual nos condena a afirmar sin pensar, pero lo que es peor, nos constriñe a
esperar que todos los demás asentamos ante una verdad tan obvia y manifiesta.
Pues este día, en ASOJOD queremos atrevernos
a ser diferentes, y proponer un análisis alternativo. Parece que todo resulta
muy claro: existe un bien superior que es la democracia, al cual cualquier
interés particular debe ceder en beneficio de la mayorías. Así las cosas, quién
podría ser tan mezquino para objetar dicha reforma. El problema, es que el
mundo es más complejo que el simple juego maniqueo que se nos vende: individuos
privados malos que deben ser regulados por el Estado. Un ejemplo muy sencillo
para desmentir esto: la libertad de conciencia. En ASOJOD, vemos un problema de
fondo mucho más grande con dicha propuesta (más allá del tema de regalarle
espacio al Estado) y es precisamente el tema de la libertad de conciencia.
Pensemos por un momento, en un dueño de medios que sea homosexual: por qué esta
persona va a tener que poner al servicio de un tipejo como Justo Orozco todo lo
que ha producido con el sudor de su frente, para escucharlo decir que es un
pecador o alguien con una enfermedad. Igualmente, por qué un dueño de medios
que por ejemplo sea pro vida, tiene que prestar sus recursos para escuchar a un
político que abogue a favor del aborto.
Como se ve, cualquier propuesta tiene siempre
un sin fin de implicaciones: éticas, políticas, sociológicas, económicas, etc,
implicaciones que no pueden ser analizadas correctamente a partir de una
aplicación en automático de un paradigma tan pobre e ingenuo. Lo más triste, es
que esas meras opiniones infundadas y precoces pasen en nuestro medio como
análisis críticos de la realidad nacional.

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