El reciente informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial
nos ubica como uno de los tres países más competitivos de Latinoamérica,
después de Chile y Panamá.
El informe detalla, en términos generales, que seguimos arrastrando los
mismos problemas institucionales que dificultan el entorno de negocios y el
inicio de nuevos emprendimientos, como el exceso de trámites y burocracia, el
desequilibrio en las finanzas públicas y el gasto del gobierno, así como el
difícil acceso al financiamiento. Señala además que Costa Rica posee ventajas
competitivas como su mano de obra preparada, así como las capacidades en el
campo de innovación y la tecnología de la información y de las comunicaciones. Esto
nos ha ubicado en el lugar 51 entre 144 economías evaluadas en el informe.
Existe, según el documento, un punto en el que Costa Rica reporta
mayores retrasos cuando de competitividad hablamos: la infraestructura, particularmente
la que se refiere a carreteras y puertos, donde rivalizamos con países con los
peores entornos productivos del mundo.
¿Qué tiene que ver Costa Rica con Sierra Leona, un país cuyo nombre se
asocia a los diamantes de sangre; uno de los países más pobres del mundo
asolado por un déficit de alimentos que golpea al 70% de la población que se
ubica por debajo de la línea de pobreza y con un 35% de su gente desnutrida,
según datos de la FAO? ¿Qué tiene que ver nuestro país con Rwanda, una nación
que nos remite a genocidios, matanzas tribales y horrores ocurridos hace veinte
años?
Pocas conclusiones podríamos obtener y pocas comparaciones realizar, si
no fuese porque el Foro Económico Mundial se encarga de decirnos que cuando de competitividad
se trata, estos países alejados de la mano de Dios poseen carreteras y puertos que
resultan ser más eficientes que los nuestros. Créalo o no, en términos de
infraestructura rivalizamos codo a codo, con lo más bajo del mundo.
Así, cuando de la calidad de los puertos hablamos entre las 144 economías
valoradas, encontramos que Rwanda –sin litoral marítimo- se ubica en
la posición 98, Sierra Leona se posiciona en el lugar 105, mientras que Costa
Rica se ubica en el puesto 115. En términos de calidad de las carreteras
encontramos que Rwanda se ubica en el lugar 46 entre las 144 economías, al tiempo que Sierra Leona se
ubica en el lugar 111 y Costa Rica, por otra parte, se posiciona en el lugar
119.
¿Qué nos dicen estos datos? ¿Podríamos asegurar
objetivamente que las carreteras y puertos de estos países, entre las
naciones más pobres del mundo, son mejores que los nuestros?
La respuesta seguramente es
no. Pero lo cierto es que para los estándares de los empresarios
de estos países, sus carreteras y puertos son suficientes para responder a sus necesidades productivas, pero para el sector productivo
costarricense, según nuestros estándares y productos, nuestro nivel de desarrollo, de acuerdo con nuestros requerimientos,
las carreteras y puertos de este país son sin duda deficientes.
La competitividad, cuando nos
apartamos de los datos duros, se mueve en el plano de las percepciones, y para
nuestra economía la percepción del empresario desde hace mucho es que el país perdió el norte
en materia de infraestructura vial, gracias a la incapacidad de gestión de los
organismos del Estado responsables.
Costa Rica no es un país rico,
pero contamos con recursos financieros aprobados por más de US$2000 millones
para obra pública desde hace más de cuatro años, los cuales tienen una
ejecución de menos del 30%. El problema, sin duda, es la gestión institucional.
Peor aún es que existan grupos organizados que defiendan en statu quo de
nuestros puertos, y se opongan a la concesión del puerto del Caribe.
¿Es esta una prioridad para el
gobierno del presidente Solís? La verdad, como muchas otras cuestiones del
gobierno, es que no sabemos, pero al leer el Informe de los 100 Días del
presidente podemos deducir que no: a la obra pública le dedicó un párrafo, sin
ninguna propuesta concreta.
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