Es interesante el
análisis resumido que hace La Nación del 3 de agosto en su artículo “El coctel
que llevó al Gobierno a su actual crisis económica,” que desde el 2018 presenta
un déficit primario; esto es, el último año en que el gobierno gastó menos que
lo que recibe de ingresos, excluyendo el gasto por el pago de intereses. Esto
equivale al ahorro del gobierno sin tomar en cuenta el pago de intereses por la
deuda pública.
Prefiero tener una
idea del déficit total del gobierno, resultado de la comparación del total de
ingresos percibidos menos el gasto total, incluyendo el pago de intereses, pues
da una idea, en mi opinión, más apropiada del ahorro efectivo del gobierno.
Después de todo, los intereses de la deuda pública se deben pagar, al igual que
muchos otros gastos corrientes.
En todo caso, en
el 2008 el país tuvo un superávit primario (más ingresos que gastos sin tomar
en cuenta el pago de intereses) del 2.4% del PIB y ya en el 2017 el país tenía
un déficit primario (más gastos que ingresos sin tomar en cuenta el pago de
intereses) del 3% del PIB. El superávit financiero con respeto al PIB en el
2008 (que incluye intereses) fue de un 0.2% del PIB y ya para el 2017 el
déficit financiero ascendió a un 6.2 y “amenaza con superar el 7.2% este año.”
(Debo hacer notar que el artículo de La Nación consigna erradamente los datos
del 2008, pues dice que el superávit primario fue de un 0.2%, cuando esa cifra
corresponde al superávit financiero).
Señala el artículo
citado que “Según la Contraloría [en su Memoria Anual del 2017] el superávit
del 2008 fue el resultado del aumento en la recaudación de impuestos y de la
contención del gasto público que se practicó a inicios de los años 2000.” Pero,
ya en el 2009 la cosa cambió debido esencialmente a dos factores: la caída de
ingresos tributarios por la crisis económica mundial y un aumento de los gastos
durante la administración Arias (recordemos al Plan Escudo).
La Contraloría
dice que el gasto “aumentó, principalmente por un alza en los salarios,
atribuible a que el Gobierno decretó correctivos en las bases salariales de los
puestos profesionales del Servicio Civil que pretendía llevar a un sitial
intermedio las escalas del sector público (percentil 50) y continúa aumentando
de manera inercial.”
Según la
Contraloría, el crecimiento inercial del gasto gubernamental se debe a varias
razones: (1) “la gran cantidad de instituciones -330 en total- que trabajan
gracias a” las transferencias del Gobierno Central a sus presupuestos; (2) que
muchas instituciones que reciben esas transferencias se dan por leyes que
obligan al Gobierno a hacerlas, como es el caso del Fondo Especial para la
Educación Superior, que obliga al Gobierno Central a transferir el 8% del PIB a
las universidades públicas; (3) los salarios y los pluses. “En promedio, para
el período 2012-2017, los incentivos crecieron a una tasa del 6.3% en
comparación al 5.2% promedio de las remuneraciones básicas,” cita el medio a la
Contraloría (y obviamente el conjunto de ambos -salarios base y pluses- aumenta
significativamente las remuneraciones totales).
Por su parte, del
lado de los ingresos, según el artículo de La Nación, la Contraloría señala que
“las exoneraciones y la evasión fiscal son significativas,” y menciona que “en
el 2015, los impuestos que se dejaron de cobrar por un tratamiento tributario
diferenciado fue equivalente a un 5.34% del PIB,” lo cual me parece que es
resultado de estimaciones de evitaciones legales, como, por ejemplo, las
exoneraciones a insumos para bienes exportados, que son permitidas y usuales en
sistemas impositivos para mantener la competitividad externa de la producción
doméstica, así como de evasiones, que son ilegales y responsabilidad del
Ministerio de Hacienda por su recaudación (me imagino que esto incluye a los
contrabandos, que bien sabemos se da por impuestos excesivos).
Asimismo, para
llenar el hueco entre gastos e ingresos, el gobierno acudió al endeudamiento.
Es así como en el 2008, el porcentaje que, de la producción nacional de ese
año, representa el endeudamiento del gobierno (esto es, de todos los
costarricenses, quienes seremos quienes terminemos pagando estas obligaciones)
ascendió a un 24.1%, pero ya para el 2017 ese porcentaje se acerca a la mitad
de la producción anual.
En otras palabras,
el gobierno ha usado cada vez más endeudamiento para pagar los gastos
corrientes, tales como salarios, que se han convertido, entre otros, incluyendo
pluses y decisiones legislativas que crean nuevas funciones para el estado sin
determinar de dónde procederán los recursos para ello, en detonantes del
crecientemente elevado gasto gubernamental. Por ejemplo, “en promedio, para el
período 2012-2017 los incentivos (o pluses) crecieron a una tasa anual del 6.3%
en comparación al (sic) 5.2% promedio de las remuneraciones básicas.”

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