martes, 18 de septiembre de 2007

Los jinetes del Antiapocalipsis



El paso del siglo XX al XXI ha evidenciado un fenómeno notable: mientras que en los países europeos más desarrollados, el índice de religiosidad de la población muestra una tendencia a la baja, en otras naciones ricas –especialmente en Estados Unidos– la curva se presenta a la inversa. En ese país, la influencia de la llamada “derecha religiosa” es cada vez más notoria en los círculos de gobierno, pero el avance del proceso electoral muestra también a los candidatos demócratas, tradicionalmente más liberales, dispuestos a esgrimir el factor religioso como elemento proselitista. Esto ha traído una erosión del muro divisor entre Estado e Iglesia, erigido por los fundadores (impulsados por el pensamiento de Paine, Jefferson y Madison), al punto que la definición de muchas de las políticas públicas en ese país se ven influenciadas por el criterio de los principales líderes religiosos y por el credo manifiesto de muchos políticos, comenzando por el propio presidente Bush.

Pero toda acción genera una reacción en sentido opuesto. Algunos estudios indican que al menos un 10% de la población estadounidense se considera aconfesional, cuando no abiertamente atea. Y muchas de esas personas no parecen estar dispuestas a seguir de brazos cruzados ante lo que sucede.

Versión camuflada. El impacto de este movimiento se ha manifestado de diversos modos. Uno de sus hitos se produjo en el 2005, cuando un grupo de padres de familia llevó a los tribunales a la junta de educación de Dover, Pensilvania, debido a su insistencia de que el llamado “diseño inteligente” fuese enseñado en las escuelas como una alternativa científica a la teoría darwiniana de la evolución. El fallo dictado en diciembre de ese año declaró que, efectivamente, dicha doctrina no constituye más que una versión camuflada del creacionismo bíblico y que, por ende, su enseñanza en las escuelas públicas viola la separación constitucional entre Estado e Iglesia.

Últimamente, la reacción se ha hecho sentir más bien en las librerías. Cuatro autores en particular han visto convertidos sus más recientes libros en sorpresivos éxitos editoriales. En ellos libran un ataque frontal contra el extremismo religioso, evidenciado tanto en los EE. UU. como en otros sectores del mundo, particularmente por las tres grandes religiones abrahamánicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Pero tampoco exoneran de responsabilidad, en menor grado, claro, a quienes –a pesar de sus creencias más moderadas– también propician la noción de que una fe irracional e intolerante puede justificar lamentables acciones.

Sam Harris publicó el año pasado suCarta a una nación cristiana , libro corto, pero directo a la yugular. Christopher Hitchens le siguió conDios no es grande: cómo la religión lo contamina todo , obra cuyo título no deja lugar a dudas. Por su parte, el físico Victor Stenger publicó a inicios de este año el libroDios: la hipótesis fallida; cómo la ciencia demuestra que Dios no existe .

A la cabeza. Pero, sin duda, el peso pesado del cuarteto lo constituye The God Delusion (El engaño de Dios), del biólogo de la universidad inglesa de Oxford Richard Da-wkins. Publicado en el 2006, ascendió rápidamente en la lista de libros del New York Times y ocupó la portada de la revista Time. En la actualidad ocupa el primer lugar de la categoría de religión en Amazon.com y supera (junto con la obra de Hitchens) incluso al libro Jesús de Nazareth, del mismísimo papa Benedicto XVI.

Desconozco si alguno de estos libros está disponible en el país o en idioma español. Sin embargo, me parece sugerente una de las ideas plasmadas por Dawkins: que no existe mérito alguno para otorgar a las organizaciones religiosas un estatus social o jurídico privilegiado. En momentos en que nuestra Asamblea Legislativa discute un proyecto para exonerar de impuestos a todas esas entidades, quizás resulte oportuno dar pensamiento a las razones que ofrecen los citados autores.

Por Christian Hess
Tomado de la Nación

¿Doble Moral?

En ASOJOD creemos que de cara al referéndum se debe dar un debate serio y con ideas, definitivamente repudiamos los medios recomendados por el famoso memorandum, pero nos gustaría que los Grupos del No también fueran igual de críticos frente aquellos que estando en contra del tratado llaman e incitan a la violencia, ejemplo de ello es este video musical por el cual ningún dirigente del NO ha hecho ningún escándolo o censura.

La globalización y los pobres


El movimiento anti-globalización fue inaugurado en Seattle en 1999, cuando miles de activistas y sindicalistas protestaron contra una nueva ronda de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio. Millones de personas fueron arrastradas a estas protestas debido a la declaración de principios en contra de la OMC que fue distribuida en el Internet y firmada por alrededor de 1.500 grupos diferentes, desde iglesias hasta militantes comunistas. La primera denuncia contra la OMC en la declaración afirma que el libre comercio y la globalización "han contribuido a la concentración de la riqueza en las manos de unos pocos ricos; han incrementado la pobreza de la mayoría de la población del mundo; y mantienen patrones insostenibles de producción y consumo”.

La pobreza también es uno de los grandes temas cuando uno lee a los escritores y teóricos anti-globalización. Su visión es que la globalización está haciendo al rico más rico y al pobre más pobre. Si esta es su principal preocupación, entonces definitivamente deberían cambiar de opinión sobre el proceso globalizador si recibieran información nueva que no sólo muestra que la globalización no está aumentando la pobreza, sino que de hecho es una manera eficiente de reducir la miseria humana. Eso es lo que voy a exponer en este ensayo, y también presentaré el debate actual en términos de medidas de pobreza. ¿Qué ha sucedido con la pobreza en esta era de globalización, y por qué?

¿Relativa o absoluta?


Para empezar, debemos definir a qué nos referimos cuando hablamos de pobreza. A menudo se presenta la discusión sobre si la pobreza absoluta o relativa es la medida más relevante. La pobreza absoluta no es una medida de miseria, sino de iniquidad. En lugar de medir qué tan pobre es una persona, esta medida nos dice qué tan pobre es ese individuo en relación con otros. Una medida de pobreza frecuentemente utilizada por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas califica a una persona como pobre si gana menos de la mitad de un salario promedio en el país en que vive. Eso significa que una persona que es catalogada como “acaudalada” cuando vive en un país pobre como Nepal, sería considerada tan pobre como un ratón de iglesia si viviera en el rico Estados Unidos. Estos datos relativos, consecuentemente, no pueden ser comparados internacionalmente.

Pero el problema más grande con el concepto relativo es que distorsiona completamente nuestra visión de la pobreza. La miseria en China ha sido reducida a una velocidad jamás vista en las últimas dos décadas. La gente tiene salarios más altos y niveles de vida mejores que nunca antes. Pero al mismo tiempo la diferencia de ingresos dentro de China se ha ensanchado y, por lo tanto, la pobreza relativa ha aumentado, aún cuando todo el mundo es más rico que antes. ¡Definitivamente debe haber algo malo con una medida que indica que la pobreza está creciendo cuando todo el mundo se está haciendo más rico! Únicamente aquellos que consideran a la riqueza como un problema más grande que la pobreza pueden encontrar algo malo en que algunos millonarios se estén convirtiendo en multimillonarios mientras que otros salen de la miseria.

Es preferible entonces el concepto de pobreza absoluta, por ejemplo, una línea monetaria específica. Pero esa visión también ha sido desafiada. Como lo ha enfatizado Amartya Sen, un economista indio y premio Nóbel, la pobreza no es sólo un problema material. Ésta es algo más amplio, ya que consiste en no tener posibilidades, de haber sido negado de oportunidades básicas de libertad y escogencia. Los ingresos pequeños son a menudo sintomáticos de la ausencia de estas cosas, de gente que está sujeta a la coerción y a la marginalización. El desarrollo humano significa llevar a cabo una vida razonablemente sana y segura, con un buen nivel de vida y libertad de escoger un estilo de vida propio.

Pero aún cuando acepto en gran parte estas críticas, la investigación del desarrollo material es importante. Tanto porque indica cómo se han desarrollado estos condicionantes, así porque también contribuye al desarrollo de los mismos. Son los recursos materiales, individuales y de la sociedad, los que les permiten a las personas liberarse, educarse, obtener salud y dejar de ver morir a sus hijos. Pueden y deberían ser combinados con otros indicadores de bienestar humano, sin embargo son unos de los más importantes.

La línea de pobreza más común a nivel internacional es la definición de pobreza absoluta del Banco Mundial. De acuerdo a esta definición, uno es pobre si su ingreso es menor a un dólar por día, $1.08 para ser exactos. Y esto es ajustado al poder adquisitivo, de tal forma que corresponda al mismo nivel en todos los países. Se escogió esta definición porque era el valor promedio de las definiciones de pobreza en los diez países más pobres en donde el Banco Mundial cuenta con estadísticas detalladas. Y quizás también porque es fácil de popularizar y recordar. Utilicemos esta definición para profundizar en los cambios históricos en los niveles de pobreza.

La extensión de la pobreza

En 1820, aproximadamente el 85 por ciento de la población mundial vivía con un equivalente de un dólar por día, convertido al poder adquisitivo contemporáneo. El mito más grande en el debate sobre la globalización radica en que la pobreza supuestamente es algo nuevo, y que las cosas están empeorando. No es así. Hace cien años todos los países eran naciones en desarrollo. Lo nuevo sobre el mundo moderno no es la pobreza, sino la riqueza; el hecho de que algunos países y regiones hayan escapado de la miseria.

Algo sucedió a principios del siglo XIX y la pobreza empezó a disminuir. En 1910 el 65 por ciento de la población mundial vivía en la pobreza absoluta, cifra que cayó al 55 por ciento en 1950. Entonces aconteció otro gran cambio. El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas ha observado que la pobreza mundial ha disminuido más durante los últimos 50 años que durante los 500 años que le precedieron. En 1970 la pobreza absoluta había sido reducida a un 35 por ciento, en 1980 era poco más de un 30 por ciento, y en la actualidad es de aproximadamente un 20 por ciento. (A menudo se menciona la cifra del 23 por ciento, pero eso es como proporción de la población en los países en desarrollo.)

Aún cuando la proporción de personas en condición de pobreza ha venido disminuyendo en los últimos 200 años, el número de pobres ha aumentado debido a que la población mundial ha crecido constantemente. Lo especial con la reducción de los últimos 20 años es que por primera vez en la historia humana, no sólo la proporción, sino que también el número absoluto de pobres ha disminuido. De acuerdo al Banco Mundial, durante estas dos décadas la población mundial ha crecido en aproximadamente 1.800 millones, pero el número de pobres absolutos ha sido reducido en alrededor de 200 millones de personas. El desarrollo material de la última mitad de siglo ha tenido como resultado que el mundo tenga más de 3.000 millones de personas que han sido liberadas de la miseria.

Sin embargo, incluso estos resultados alentadores probablemente sobreestiman la pobreza mundial, ya que el Banco Mundial utiliza información de sondeos como base para sus mediciones de consumo. Esta información es notoriamente poco confiable. Por ejemplo, sugiere que los surcoreanos son más ricos que los suecos e ingleses, y que Etiopía es más rico que la India. Además, los sondeos captan menos y menos del ingreso de un individuo. La persona pobre promedio en exactamente el mismo nivel de pobreza en las encuestas de 1987 y 1998 en la realidad ha visto aumentar su ingreso en un 17 por ciento. Uno de los problemas más básicos es que la gente comienza a olvidarse de lo que consumió hace tan solo un día atrás, pero los sondeos son hechos sobre el consumo de las personas de hace una semana o un mes. Un sondeo indio del año 2000 mostró que preguntas sobre el consumo en un período más corto cambiaba las respuestas dramáticamente. Cuando acortaron el período a tan solo los últimos días, la extensión de la pobreza rural en la India “cayó” del 43 por ciento al 24 por ciento.

El ex economista del Banco Mundial Surjit S Bhalla publicó recientemente sus propios cálculos que complementan los resultados de los sondeos con datos de informes nacionales (en el libro Imagine There’s no Country, Institute for Internacional Economics, 2002). Bhalla encontró que la meta de las Naciones Unidas de reducir la pobreza mundial por debajo del 15 por ciento para el año 2015 ya había sido alcanzada y superada. De hecho, la pobreza absoluta ha caído de un nivel del 44 por ciento en 1980 a un 13 por ciento en el 2000. De acuerdo con los cálculos de Bhalla, 800 millones de personas han salido de la miseria absoluta en 20 años. De ser cierto, acabamos de atestiguar una reducción de la pobreza de tal magnitud que probablemente nunca más presenciaremos.

Crecimiento económico

Resulta extremadamente difícil realizar cálculos globales sobre la pobreza, así que es imposible decidir quién está en lo correcto y quién está equivocado sobre la verdadera extensión de la pobreza. Pero de lo que sí estamos seguros es de la dirección. Existe un consenso entre el Banco Mundial y Surjit Bhalla en cuanto a que el mundo nunca ha atestiguado una reducción tan grande en la pobreza mundial como la vista en los últimos 20 años. Y dicha disminución no ocurre arbitrariamente, es una consecuencia natural del crecimiento económico. Ningún país ha logrado reducir la pobreza exitosamente sin alcanzar un crecimiento sostenido a largo plazo. Ni tampoco existe ningún caso de lo contrario, es decir, de un país que haya contado con un crecimiento sostenido por mucho tiempo que no haya beneficiado a la población pobre. Si tenemos un crecimiento del 3 por ciento al año, esto significa que la economía, nuestro capital y nuestros ingresos se duplicarán cada 23 años. Este es un crecimiento de la prosperidad sin paralelo, y hace palidecer incluso a las medidas gubernamentales más enérgicas tendientes a redistribuir el ingreso.

Esto hace que el crecimiento sea la mejor cura para la pobreza. Algunos economistas han hablado de un efecto “cascada” o “goteo”, en el sentido de que unos toman la delantera y se hacen ricos primero, y luego partes de esta riqueza caen a los pobres, como resultado de los ricos demandando la mano de obra de los pobres. Esta tesis recuerda la imagen de un pobre recogiendo las sobras que caen de la mesa de un rico, sin embargo, ésta es una visión completamente equivocada del verdadero efecto del crecimiento. Al contrario, el pobre obtiene beneficios del crecimiento en casi la misma extensión y la misma velocidad que el rico. La gente de pocos recursos se beneficia inmediatamente del aumento en el valor de su mano de obra y de los bienes que compra más baratos en relación a su ingreso.

Dos economistas del Banco Mundial, David Dollar y Aart Kray, estudiaron 40 años de estadísticas de ingresos de 80 países. Sus investigaciones muestran que el crecimiento beneficia a los pobres al igual que a los ricos. Con un crecimiento del 1 por ciento los pobres aumentan sus ingresos un promedio de un 1 por ciento, con un crecimiento del 10 por ciento lo aumentan, en promedio, un 10 por ciento. No siempre y no en todas partes—hay excepciones y variaciones—pero en promedio.

Esto también ha posibilitado combatir la miseria e incrementar los niveles de vida en general. Durante los últimos 30 años, la hambruna crónica y la extensión del trabajo infantil en los países en desarrollo han sido reducidas a la mitad. En el último medio siglo, la expectativa de vida ha aumentado de 46 a 64 años y la mortalidad infantil ha sido reducida del 18 por ciento al 8 por ciento. Estos indicadores son mejores en la actualidad en los países en desarrollo de lo que fueron en los países ricos hace cien años.

No es una coincidencia que las grandes oleadas en la reducción de la pobreza también han sido los periodos de dos historias únicas de crecimiento. En su Reporte sobre Desarrollo Humano de 1997, el PDNU señala que la humanidad ha visto dos “grandes avances”. El primero empezó en el siglo XIX con la revolución industrial en Estados Unidos y Europa. El segundo comenzó durante el período posguerra y se encuentra ahora en pleno apogeo, especialmente con Asia alcanzando logros espectaculares en la lucha contra la pobreza, el hambre, la enfermedad y el analfabetismo. Seis de cada diez asiáticos estaban en la pobreza absoluta en 1975. La cifra hoy en día es menos de dos de cada diez.

También es absolutamente necesario entender que estos fueron los dos períodos en los cuales Occidente, y luego Asia empezaron a globalizarse de manera integral. Déjenme escoger dos ejemplos que muestran el ligamen entre la globalización y la reducción de la pobreza. El ejemplo europeo es Suecia en el siglo XIX, y el ejemplo asiático es Taiwán en el siglo XX.

Milagro económico 1: Suecia

En 1870, Suecia era más pobre de lo que hoy en día es el Congo. La gente vivía veinte años menos de lo que se vive en la actualidad en los países en desarrollo, y la mortalidad infantil era el doble de la del país en desarrollo promedio. Mis ancestros estaban literalmente muriéndose de hambre. La ausencia de comercio, mercados y comunicaciones en alguna región representaba que el fracaso de una cosecha ahí diera paso a una hambruna. La gente limpiaba los huesos de los pescados y otros animales y hacía sopa de ello.

Si uno hubiera redistribuido todas las propiedades suecas a mediados del siglo XIX, aún así se le habría dado a todos los suecos una vida en la pobreza, al nivel del Mozambique de hoy en día. Pero Suecia se salvó gracias a la liberalización. En unas pocas décadas, un grupo de políticos liberales le dieron a Suecia libertad religiosa, libertad de expresión, y libertad económica, de tal forma que la gente pudiera empezar sus propios negocios y vender y comprar libremente en el mercado.

Un acuerdo comercial con Inglaterra y Francia en 1865 hizo posible que los suecos nos especializáramos. No podíamos producir bien comida, pero podíamos producir acero y madera, y venderlos en el extranjero. Con el dinero que ganábamos podíamos comprar comida. Y debido a que contábamos con un mercado libre, las personas y las compañías tenían que pensar en nuevas y mejores ideas—de otra forma los consumidores le comprarían a otra gente. En 1870 comenzó la revolución industrial en Suecia. Nuevas compañías exportaron a otros países alrededor del globo y la producción creció rápidamente. La competencia forzó a nuestras compañías a ser más eficientes, y viejas industrias fueron cerradas de tal forma que pudiéramos satisfacer nuevas demandas, tales como mejor vestimenta, servicios médicos y educación.

Para 1950, antes de que se forjara el Estado Benefactor sueco, la economía sueca se había cuadruplicado. La mortalidad infantil había sido reducida en un 85 por ciento y la expectativa de vida había aumentado milagrosamente en 25 años. Estábamos en camino a abolir la pobreza. Nos habíamos globalizado.

Aún más interesante es que Suecia creció a una tasa mucho más rápida que la de los países desarrollados con los que comerció. Los salarios en Suecia crecieron de un 33 por ciento del salario promedio de Estados Unidos en 1870 a un 56 por ciento a inicios del siglo XX, aún cuando los salarios estadounidenses habían aumentado considerablemente durante el mismo período. Esto no debería sorprender a nadie. Los modelos económicos predicen que los países pobres deberían tener tasas de crecimiento más altas que los ricos si existe un flujo libre de capital, comercio e ideas entre ellos. Los países en desarrollo tienen más recursos potenciales que aprovechar, y se pueden beneficiar de la existencia de naciones más ricas a las cuales exportar bienes y de las cuales importar capital y tecnología más avanzada, mientras que los países más ricos ya han capturado muchas de esas ganancias. Esta es la razón por la cual la globalización es la esperanza de los países pobres.

Milagro económico 2: Taiwán

La transición que le tomó 80 años a Suecia la hizo Taiwán en 25 años. Esto debido a que Taiwán empezó en un mundo aún más globalizado, con países todavía más ricos con los cuales hacer negocios y copiar ideas. En 1950 Taiwán era un país extremadamente pobre con una población hambrienta. Taiwán era tan pobre como Kenia y otras naciones africanas; hoy es 20 veces más rico. La diferencia fue que Taiwán decidió globalizarse. En contraste con los países africanos y latinoamericanos, donde producían todo lo que ellos mismos necesitaban, Taiwán siguió la tendencia del Este Asiático y se especializó en las industrias en las que eran mejores, exportaban sus productos a Occidente, e importaban el resto. Las fábricas eran sucias, las máquinas peligrosas y los taiwaneses trabajaban largas jornadas.

La transición de Taiwán del hambre a niveles de vida propios del sur de Europa es personificada en un anciano que conocí cuando visité ese país, el señor Wang. Sus padres eran agricultores pobres que obtuvieron derechos de propiedad sobre su finca en los sesenta, de tal forma que pudieron invertir y conseguir créditos. Es así como Wang empezó una fábrica de producción de juguetes como muñecas Barbie, implementos deportivos como patinetas, tijeras de hierro inoxidable con agarraderas plásticas, etcétera.

Si el movimiento anti-globalización hubiese existido cuando Taiwán se industrializó, hubiera protestado contra las fábricas y nos habrían dicho que estábamos explotando mano de obra barata. Muy seguramente habrían organizado un boicot. Si suficientes estadounidenses y europeos se hubieran unido al boicot, Taiwán todavía sería pobre hoy en día.

Esto se debe a que estas fábricas con malas condiciones laborales fueron las primeras piedras para el desarrollo de Taiwán. El señor Wang perdió dos dedos en una máquina, pero también se convirtió en un millonario. La decisión de globalizarse dio paso al milagro económico taiwanés. En tan solo diez años, el número de negocios se triplicó, y la pobreza se redujo a la mitad. A la fecha, el comercio internacional de Taiwán ha crecido 400 veces, y los salarios reales aumentaron 10 veces. En la actualidad es un país con estándares de vida cercanos a los del sur de Europa.

Milagro económico 3: Vietnam

A partir de estos ejemplos históricos podemos aprender que el crecimiento económico es necesario para la reducción de la pobreza. Y también aprendemos que la libertad económica y el comercio son esenciales para el crecimiento económico. Es por esta razón que las transiciones económicas de Suecia y Taiwán están siendo repetidas hoy en día por las naciones globalizadoras de nuestro tiempo. Los estudios muestran que en promedio, los países con mercados abiertos crecen de 3 a 5 veces más rápido que las economías cerradas. Las economías pobres que se abren crecen en la actualidad más rápido que Suecia y Taiwán.

Déjenme escoger un ejemplo. Hace un par de meses visité Vietnam, un país comunista que está reconsiderando su modelo. Cuando las políticas socialistas condujeron a la hambruna de mediados de los ochenta, Vietnam empezó a abrirse y a liberalizar sus mercados. Desde entonces la economía del país se ha duplicado y la pobreza ha sido reducida a la mitad. La razón más importante es el surgimiento de las exportaciones de Vietnam. También lo ha sido la llegada de empresas multinacionales, ya que le han dado al país acceso a los beneficios de la globalización—ideas, capital y tecnología foráneos. Nike es a menudo catalogada como un enemigo de los pobres, pero cuando visité a un distribuidor de Nike en Raigón, el líder del sindicato local me dijo que incluso las autoridades del partido comunista usan las fábricas como ejemplos positivos de buenos negocios, donde los trabajadores obtienen salarios altos y un ambiente laboral bueno y saludable.

Cuando Nike empezó operaciones hace 10 años, los trabajadores caminaban por horas hacia las fábricas. Luego de tres años con salarios de Nike, estas personas podían viajar en bicicletas; otros tres años más tarde todos viajaban en ciclomotores al trabajo.

Visité a Tsi-Chi, una joven vietnamita. Su trabajo en Nike le ha permitido abandonar el pesado e insalubre trabajo en la finca de la familia, donde tenía que estar al aire libre todo el día, bajo el sol abrasador y durante los períodos de lluvia. Ahora gana 5 veces más de lo que hacía antes, y gana más que su esposo—lo cual, por supuesto, posibilita su independencia. Ella tiene ahora acceso a servicios de salud, compró una televisión y amplió su casa. Hace una generación, ella habría tenido que poner a su hijo a trabajar desde una temprana edad. Sin embargo, Tsi-Chi me dijo que ella quiere darle una buena educación, de tal forma que llegue a ser un doctor. Ella no es la excepción. El crecimiento ha triunfado donde una vez la prohibición fracasó: 2.2 millones de niños vietnamitas han pasado del trabajo infantil a la educación en los últimos 10 años.

Si los anti-globalizadores se hubieran salido con la suya, y todos hubiéramos boicoteado las fábricas y los bienes producidos por mano de obra barata, Tsi-Chi habría perdido su empleo y hubiera tenido que volver a la finca, y poner a su hijo a trabajar. Si las multinacionales y los mejores salarios son una forma de explotación, entonces el problema en nuestro planeta es que los países pobres no están siendo lo suficientemente explotados.

Obstáculos domésticos

Vietnam no es un caso exitoso aislado. Un informe reciente del Banco Mundial concluyó que 24 países en desarrollo con una población total de 3.000 millones de personas están integrándose a la economía global más rápido que nunca. Su crecimiento per cápita también ha aumentado de un 1 por ciento en los sesenta a un 5 por ciento en los noventa. Al ritmo actual, el ciudadano promedio en estos países en desarrollo verá su ingreso duplicado en menos de 15 años.

Algo que merece la pena ser destacado es que los países industrializados durante este tiempo crecieron únicamente un 2 por ciento. En otras palabras, los países grandes en desarrollo están creciendo más rápido que las naciones ricas, lo que significa que la desigualdad mundial está siendo reducida. Pero esto no sucede en todas partes. Los principales problemas tienen lugar en África, donde la cantidad de pobres continúa aumentando rápidamente. Creo que existen dos explicaciones comunes pero erróneas acerca de este hecho. La primera es que la globalización es la culpable. El problema con este argumento es que África es la región del mundo menos democrática, menos liberal, menos capitalista y menos globalizada. Si la globalización es tan terrible, ¿cómo es que puede generar crecimiento y reducir la pobreza en todas partes, y al mismo tiempo ser responsable por la pobreza y la miseria en el lugar donde menos ha penetrado?

La otra explicación errónea se basa en un tipo de diferencias de las características culturales o biológicas. Por ejemplo, se afirma que los asiáticos son más trabajadores o más inteligentes que los africanos. El problema con esta explicación es que no existe una diferencia así de clara entre las economías asiáticas y africanas. Podemos ver que excepciones en Asia, tales como Corea del Norte y Birmania, con políticas extremadamente aislacionistas y anti-mercado, no han seguido el éxito de la región. Están estancados en la miseria más profunda. Y también podemos ver que excepciones africanas que han intentado un enfoque más pro-mercado y pro-globalización, como Botswana, Uganda e islas Mauricio, han experimentado crecimiento económico y reducción de la pobreza.

La diferencia no radica en que algunos países fracasan porque sus habitantes son estúpidos o no trabajan lo suficiente. La diferencia radica en que algunos obtienen la libertad para utilizar su inteligencia, y para trabajar en beneficio propio y otros no. Anteriormente mencioné que Taiwán era tan pobre como Kenia hace 50 años, pero que en la actualidad es 20 veces más rico. Yo creo que las dos mejores explicaciones acerca de la pobreza en Kenia son los obstáculos domésticos y externos a la globalización y al capitalismo.

Recientemente visité Kenia y vi a la gente trabajando duro y siendo innovadora, el problema es que tenían que dedicar toda esa energía, no a la producción, sino a evadir las regulaciones, las restricciones al comercio y la corrupción. Conocí a Simón, un agricultor pobre que sembraba repollo. Su sueño era mejorar su finca, conseguir riego para sus sembradíos, y construir una casa. Pero, ¿cómo podría alcanzar todo eso cuando el gobierno se niega a reconocer su derecho de propiedad sobre su tierra? En este caso él no puede pedir prestado el capital para invertir. Y aún si así pudiera mejorar su finca, él no se quedaría con la recompensa—sino el gobierno.

El economista peruano Hernando de Soto ha explicado este problema de falta de derechos de propiedad en su innovador libro El Misterio del Capital. La gente en el Tercer Mundo ocupa terrenos comunitarios, construye casas baratas en barrios marginales las cuales están mejorando constantemente, y establecen pequeñas tiendas de abarrotes en las esquinas, justo como lo hacía la gente en el mundo Occidental hace un par de siglos. El problema es que en los países latinoamericanos y africanos es prácticamente imposible registrar un terreno como propiedad. De hecho, los pobres del mundo no son realmente pobres, pero los gobiernos no les reconocen sus riquezas, y debido a esto bienes raíces valorados en aproximadamente 9.3 billones de dólares no están registrados oficialmente. Esta es una suma colosal, superior al valor combinado de todas las compañías registradas en las bolsas de valores de los países ricos—Nueva York, Nasdaq, Toronto, Tokio, Londres, Frankfurt, París, Milán—y una docena más.

También conocí a Pamela en los enormes tugurios de Kibera, en Kenia, quien me explicó cómo a ella no se le permite vender sus empanadas de carne sin un permiso del gobierno. Si uno no obtiene un permiso, la policía le puede exigir sobornos cada vez que lo vean. Como alguien dijera acerca de los barrios bajos: “No es seguro andar con dinero, hay muchos policías alrededor”. Sin un permiso ella no puede obtener créditos y expandirse. Obtener un permiso toma 11 procedimientos burocráticos, 61 días y el ingreso de medio año. ¿Quiere empezar un negocio para hacerse rico? Olvídelo, en Kenia se necesita ser rico para empezar un negocio. Como resultado dos tercios de todos los puestos de trabajo en Kenia se encuentran en el sector informal. La producción es a pequeña escala para el mercado local, a menudo oculta de clientes potenciales debido a que se tienen que esconder de las autoridades.

Una vez más, este problema acontece en la mayor parte de los países africanos y latinoamericanos. Empezar un negocio en Argentina toma 15 procedimientos burocráticos y 68 días, en Paraguay toma 18 pasos burocráticos y 73 días. En Bolivia obtener un permiso oficial cuesta casi dos años de ingreso, en Nicaragua cuesta más de tres años de ingreso. Si, como lo sostengo, la globalización es una extensión de la economía de mercado clásica, con su especialización y competencia, entonces los países deben contar con instituciones básicas de mercado para estar en capacidad de participar completamente. Y, por lo tanto, la gente necesita mayor libertad y liberalización, no menos.

Proteccionismo

Pero a menudo incluso eso no es suficiente. También están los obstáculos externos. Fue difícil encontrar historias exitosas en Kenia. No hay sectores en expansión ni industrias en crecimiento, excepto una: la de las flores. Conocí a June, quien era administradora en un cultivo de flores y me explicó que Kenia es el principal exportador de flores a Europa. Cuando le pregunté cuál era la diferencia entre su sector y otros, ella me contestó que la Unión Europea había accedido a mantener bajos los aranceles a las flores de Kenia. Los europeos permitieron que el libre comercio funcionara. Sin embargo, éste es un éxito aislado de Kenia, y un ejemplo aislado de libre comercio. La vergüenza del Occidente es que no estamos practicando lo que predicamos. El problema no es que los países Occidentales están supuestamente tratando de engañar a los países pobres a que participen en un estilo de globalización neoliberal y de multinacionales, sino que estamos impidiéndoles participar en ella. El problema no es que no tengamos algo llamado “comercio justo”, sino que no tenemos libre comercio.

Durante los últimos 50 años hemos liberalizado el comercio, pero tuvimos dos grandes excepciones: textiles/prendas y agricultura. Estos son precisamente los bienes de mano de obra intensiva que un país pobre está en capacidad de producir en las etapas tempranas de desarrollo. Es así como a los países en desarrollo les damos la oportunidad de vendernos todo lo que no pueden producir. La Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas calcula que los países en desarrollo podrían exportar $700.000 millones más cada año si los países ricos abolieran el proteccionismo. Eso es casi 14 veces lo que los países pobres reciben cada año en ayuda externa.

Alguien dijo que tras la liberalización de la economía china en el mundo quedan únicamente tres economías con planificación centralizada, Cuba, Corea del Norte y la Política Agropecuaria Común de la Unión Europea. Esta política agrícola le cierra la puerta a los bienes de los países pobres a través de cuotas y aranceles, pero también subsidia a nuestros agricultores con miles de millones de dólares; y a través de subsidios a las exportaciones y la llamada ayuda alimentaria vertimos el superávit en los países pobres, de tal forma que sacamos de competencia a los agricultores en sus propios países. Suecia produce azúcar a partir de remolachas azucareras, en lugar de importarla de países con mano de obra barata y el clima y suelo adecuados. En promedio, una vaca en la Unión Europea recibe cada día más en subsidios que lo que 3.000 millones de personas en los países en desarrollo tienen para subsistir.

Pero un fin a los subsidios y al proteccionismo no es un acto de generosidad; es un acto de racionalidad ya que nosotros mismos perdemos con estas políticas, y únicamente se beneficia un pequeño grupo de presión. Las barreras y subsidios a la agricultura y horticultura de los países de la OCDE cuestan casi $1.000 millones al día. Es difícil comprender una suma tan exorbitante; $1.000 millones es una fortuna, $300.000 millones es tan solo una cifra. Por eso es mejor ponerlo en perspectiva. A ese precio uno podría enviar alrededor del mundo por avión en clase ejecutiva a todas las vacas que hay en los países de la OCDE, 60 millones de ellas. Además, se le podría dar a cada una de las vacas casi $2.000 en efectivo para gastar en tiendas libres de impuestos durante sus escalas. Las vacas podrían tener esta clase de viajes cada año. Tanto dinero es lo que los contribuyentes y consumidores nos vemos obligados a pagar para destruir las posibilidades de competir de los países pobres.

El problema con el proteccionismo no se limita a ser un simple inconveniente con las barreras de Occidente. Un problema aún mayor es el proteccionismo de las naciones pobres. Los países generalmente necesitan más comercio, y eso significa no sólo exportaciones sino también importaciones. Las importaciones son necesarias para los consumidores y para la competencia y la especialización en la economía, además para combatir monopolios. Y las exportaciones también necesitan de aranceles bajos a las importaciones. Aproximadamente un 40 por ciento de las exportaciones de los países en desarrollo van dirigidas a otros países en desarrollo. Si entonces los consumidores pobres se ven forzados a pagar precios altos por productos de compañías de sus propios países, no estarán en capacidad de comprar productos de compañías de países vecinos, en cuyo caso los productores también se verán perjudicados por esta política. Podrán conseguir un monopolio en su propio mercado, pero por otro lado se verán imposibilitados de vender en otros mercados. Esto destruye la especialización, la cual es el motor para el crecimiento. Los aranceles de los países en desarrollo contra otros países en desarrollo son más de dos veces y medio más altos que los aranceles de los países industrializados contra los países en desarrollo. Por lo tanto, más del 70 por ciento de los costos aduaneros que los países pobres se ven obligados a pagar son establecidos por otros países pobres. Las naciones en desarrollo se beneficiarían más de la liberalización de los países pobres que de la liberalización de los países ricos.

Lo que dicen los pobres

Usualmente al final de cada discusión sobre pobreza y globalización, los críticos dicen que las estadísticas brindan una visión superficial. La economía no lo es todo. También deberíamos preguntarles a los pobres sobre lo que ellos opinan acerca de la globalización. Estoy de acuerdo. Pero en ese caso, no podemos limitarnos a preguntarles a dos o tres personas escogidas por los anti-globalizadores. Necesitamos una amplia muestra representativa que sea estadísticamente sólida. Eso fue hecho recientemente cuando The Pew Center sondeó a 38.000 personas en 44 naciones, cubriendo al mundo en desarrollo en todas las regiones. El interesante resultado fue que la gente tiene una visión positiva de la globalización en todas las regiones, pero que las impresiones sobre la globalización son mucho más positivas en los países pobres que en los ricos. Si hay un grupo que simpatiza relativamente con las visiones anti-globalización es el de los acaudalados en los países ricos.

Esta encuesta titulada Pew Global Attitude Survey señala que únicamente el 28 por ciento de la gente en Estados Unidos y Europa Occidental consideraba que un creciente comercio global y el aumento de los lazos empresariales eran “muy buenos”. En el Asia en desarrollo el 37 por ciento así lo consideró, y en el África sub-Sahariana no menos del 56 por ciento pensó que eran muy buenos. Más de un cuarto de los estadounidenses y europeos occidentales creía que la globalización tiene un efecto negativo sobre sus países. Menos de 1 de cada 10 personas en Asia y África sub-Sahariana pensaba igual. Apenas un poco más de la mitad de las personas en los países ricos consideraba que las empresas multinacionales tienen un efecto positivo en sus países, pero hasta un 75 por ciento de los africanos así lo veía. Más de un tercio de los entrevistados en los países ricos piensa que la anti-globalización tiene un efecto positivo, pero en África solo un poco más de un cuarto pensaba lo mismo.

Parece que los estadounidenses y europeos, más que otros pueblos, toman por descontado la libertad, la riqueza y la tecnología, sin examinar o entender el proceso de mercados e internacionalización sobre las cuales dependen. Pero la gente que carece de libertades y oportunidades ve a la globalización como una forma de obtenerlas.

Aún cuando hemos atestiguado la reducción de la pobreza más grande en la historia, la miseria está todavía con nosotros, y en muchos lugares se agrava. De acuerdo con el Banco Mundial, 1.200 millones de personas viven en la pobreza absoluta, y 900 millones padecen de hambruna crónica. La historia, las estadísticas, la teoría y los mismos pobres dicen que el problema no es la globalización, sino la falta de acceso a los frutos de ésta. Vale la pena entonces repetir las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan, brindadas en la conferencia de la UNCTAD en Bangkok el 12 de febrero del 2000, justo después de las demostraciones contra la OMC: "Los principales perdedores en el muy desigual mundo de hoy en día no son aquellos que están muy expuestos a la globalización. Son aquellos que han quedado excluidos”.

Johan Norberg, tomado de http://www.liberalismo.org/articulo/351/83/

lunes, 17 de septiembre de 2007

Reformas y sociedad abierta


La democracia es un sistema en permanente reforma; sólo las tiranías, surgidas de idealismos totalizadores, se resisten a reformarse y sólo los fanáticos, intoxicados igualmente de idealismo totalizador, repudian el reformismo y exigen revoluciones definitivas, que resuelvan todo de la noche a la mañana.

Una de las grandes enseñanzas de Karl Popper, útil tanto para el científico a la búsqueda de la verdad como para el político a la búsqueda de mejores arreglos institucionales para la vida social, fue la prevención contra el idealismo platónico y hegeliano que propone soluciones holísticas o totalizadoras, definitivas.

La tentación revolucionaria surge de la superstición idealista de estirpe platónica: Hay un mundo de ideas y arquetipos perfectos y bastaría con que alguien lo establezca en la vida social para que reinen la paz, la armonía y la justicia perfecta. Un gran mérito filosófico de Popper fue justamente revelar cómo Hegel –abuelo común del marxismo y del neopositivismo- es el eslabón intelectual entre Platón que proclamaba la tiranía de los sabios como el gobierno perfecto y los atroces totalitarismos que el mundo padeció en el siglo pasado.

Dando un salto de la filosofia a la vida pública cotidiana encontramos la expresión de ese idealismo totalizador en la retórica granidlocuente de no pocos políticos del todo o nada. Matizada, esa misma grandilocuencia está en quienes siempre encuentran motivos de rechazo hacia cualquier intento de reforma sea porque les parece lleno de imperfecciones, sea porque se les antoja tímido o parcial, sea porque no se aviene con un mundo abstracto de esencias ideales e inmutables.

A veces, incluso esas pretendidas esencias inmutables –por ejemplo: "soberanía nacional" o "identidad nacional"- se acaban revelando como auténticas patrañas cuando las confrontamos con la realidad.

Al discutir una reforma, sería muy provechoso que no se olvidasen estos dos sencillos principios: 1. Dada nuestra incapacidad de abarcar de un solo golpe toda la realidad, está en la naturaleza de la democracia reformarse continuamente, como quien procede por aproximaciones o, incluso, por ensayo y error, y 2. Dado que no hay, aquí en la tierra, reformas últimas, definitivas y perfectas la pregunta no debe ser si tal o cual reforma nos lleva directo al paraíso –ninguna lo hace- sino si significa un avance o un retroceso. La grandilocuencia sólo estorba.

Por Ricardo Medina
Tomado de AIPE

Etanol, la nueva religión


Los devotos de los biocombustibles aseguran que éstos cambiarán el mapa político mundial, liberarán a los países pobres de su dependencia de los países ricos, reducirán el calentamiento global y la contaminación ambiental, atraerán inversiones a los países en desarrollo, crearán empleos para los pobres, restringirán el terrorismo, ahorrarán divisas, traerán una mayor democracia global, en fin, solucionarán todos los problemas imaginables. La fe en los biocombustibles es la nueva religión mundial, una mezcla de estatismo de izquierda y derecha (de Lula a Bush), ecologismo, nacionalismo y la vieja teoría de la dependencia. Solo se precisa de buenas políticas públicas, dicen. No es cierto; sin subsidio estatal, todo se derrumba.

Los vehículos que funcionan con etanol o biodiesel consumen no solo etanol y biodiesel sino también el aporte obligatorio de los contribuyentes, incluso de los muy pobres y de los ciudadanos de a pié, quienes con gran esfuerzo pagan sus impuestos. La industria de los biocombustibles, para despegar, necesita del subsidio estatal. Una vez que crezca y se consolide, y que el precio del petróleo haya aumentado lo suficiente, entonces el etanol supuestamente no necesitará más subsidios ni la protección del gobierno. Pero en EE.UU. hay industrias, como la del acero, que después de 100 años siguen siendo subsidiadas.

Se habla tanto de los biocombustibles que mucha gente está convencida que representan una verdadera solución al creciente costo del petróleo, un combustible que los creyentes aseguran se está acabando rápidamente. Pero, ¿qué ocurrirá si las reservas de petróleo no disminuyen y los precios no se disparan? En ese caso, el gobierno se verá forzado a eliminar los subsidios al etanol, agricultores e industriales abandonarán su producción y se habrá perdido toda la inversión realizada en el sector. Y, lo que es peor, el subsidio realizado con los impuestos de la gente se habrá derrochado inútilmente.

La apuesta a los biocombustibles es un juego de alto riesgo que los burócratas, viendo a corto plazo y alentados por grupos interesados, realizan no con patrimonio propio, sino con el esfuerzo y ahorros de la gente. El fracasado programa Pro-Alcohol en Brasil dilapidó 9.000 millones de dólares en subsidios. El petróleo, pese a los ecologistas de izquierda, está lejos de acabarse. Las proyecciones de precios del petróleo para el 2030 indican que estará en el orden de 59 dólares por barril (EIA 2007). Y en la medida que suben los precios del petróleo también subirán los precios del etanol y biodiesel, dado el alto consumo energético requerido en la producción de biocombustibles.

La realidad es que las reservas globales de carbón, petróleo bituminoso y petróleo común son abundantes. El proceso que transforma carbón en petróleo se tornará rentable si el precio del petróleo se mantiene por encima de 50 dólares por barril. Existen reservas de carbón para 500 años de uso de petróleo. El futuro parece brillante.

Los biocombustibles, además, originan graves problemas ecológicos, al igual que otras fuentes renovables como el sol, viento e hidroeléctricas. Para generar 1.000 MW de electricidad, típico de una central nuclear, se requieren unas 600.000 hectáreas de cultivos de caña o maíz. Para generar la energía eléctrica que produce la central Itaipú mediante biocombustibles habría que cultivar más del doble de todo el territorio de Paraguay. Estudios recientes demuestran que los países pobres que en buena medida aún cocinan con leña, carbón o bosta de vaca, pueden ocasionar más daño que el CO2 proveniente de los vehículos de países desarrollados.

Un informe de las Naciones Unidas indica que el uso de maíz y caña de azúcar para producir biocombustibles puede ocasionar grandes hambrunas y miles de muertos. En Brasil, grandes superficies utilizadas para cultivos de subsistencia han sido reasignadas a biocombustibles y en muchos países el precio de los alimentos se ha incrementado.

Sí, esta nueva religión del etanol es altamente peligrosa para el bienestar mundial.

Por Porfirio Cristaldo Ayala
Tomado del Instituto CATO

¿Agresión o libertad de expresión?


La mañana del 6 de setiembre, asistí a una manifestación pacífica organizada por estudiantes de diversas carreras de la UNA, denominada “UNA SÍ” pues me sentí totalmente identificada con el mensaje que se reflejaba en la invitación: “Un pensamiento diferente, una oportunidad para TODOS”. Cómo no identificarme si vivimos en un país donde todos tenemos la oportunidad de expresarnos y, más aún, en una casa de enseñanza donde bien lo asegura el Estatuto Orgánico en el artículo 1, inciso d: “el respeto a las distintas posiciones teóricas, metodológicas, ideológicas, religiosas y filosóficas de los miembros de la comunidad universitaria”.

Al hacerme presente en la explanada de Ciencias Sociales, observé a administrativos, académicos y estudiantes retirando el material a favor del Tratado de Libre Comercio (postales, pancartas, boletines informativos, etc.). Me sorprendió mucho ver la intolerancia de estas personas, pues no soportaron la presencia de material que iba en contra de su ideología. Los ánimos se caldearon y la violencia verbal emergió por parte de los miembros del NO. Un alto funcionario administrativo dio una orden verbal a los guardas para no dejar entrar a ninguna persona con camiseta alusiva al SÍ TLC o con material de la misma tendencia, por lo que nos trasladamos de la explanada de Ciencias Sociales a la explanada del 11 de Abril.

Defensa de posiciones. No me caracterizo por gritar en este tipo de eventos, pero sí por defender lo que pienso. Y en esa explanada afirmé a más de un estudiante y académico que estaba a favor del TLC, de modo que ejercí responsablemente mi derecho a la libre expresión, consagrado en la Constitución. No obstante, al ver que los opositores al TLC se encontraban alterados por la manifestación de mis compañeros, decidí retirarme hacia mi casa. Cuando me dirigía hacia el parqueo de la Biblioteca Central, un estudiante que portaba una camiseta con distintivos del NO al TLC me preguntó a mis espaldas que si efectivamente yo estaba a favor del TLC. Cuando volteé para responderle afirmativa y orgullosamente, el joven me golpeó con puño cerrado y certero en mi rostro.

El golpe fue tal que, además de lesionar mi rostro (confirmado médicamente por el Centro de Salud de la UNA) perjudicó mi sentimiento de seguridad. No obstante, y a sabiendas de que mi puesto dentro de la Federación de Estudiantes de la UNA me hace vulnerable e identificable, decido hacer público este hecho. Lo que más me duele no es el golpe, sino que en esta casa de enseñanza no sea posible transmitir opiniones diferentes y que el respeto a la diversidad no sea más que una utopía. Pero, como estudiante de Educación de Preescolar, comprendí que mi obligación es trasmitir valores a niños en formación, por lo cual debo inculcar la fortaleza y la tolerancia.

Golpe a la razón. Me lamento y entristezco, al darme cuenta de que las universidades públicas dejaron de ser centros de estudio donde se inculcan el respeto a la diferencia, el debate equilibrado y sano; y se convirtieron en sectas de adoctrinamiento donde, si usted no piensa igual que ciertos grupos, acallan su diferencia a golpes.

Siendo así, me preocupa pensar qué pasará de ahora en adelante. Temo pensar que las manifestaciones de violencia por parte de personas con ideologías radicales aumenten al punto de la irracionalidad. Y eso es lo más decepcionante de todo, máxime cuando se trata de un país con tradición democrática y pacífica como Costa Rica.

Mi libertad de expresión esta lesionada y amedrentada, pero mi decisión continúa firme: SÍ a las oportunidades, SÍ al TLC.

Por Cristina Bartels González
Tomado de la Nación

Sí a la democracia si conviene


El 23 de agosto, la Asociación de Estudiantes de Administración Aduanera y Comercio Exterior de la UCR llevó a cabo en excelente forma la organización de un segundo debate entre el Movimiento Estudiantil Universitarios por el SÍ y la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (FEUCR), grupos antagónicos en el ámbito universitario, en cuanto al entendimiento de la realidad nacional, el futuro que ambiciona nuestro país y en este momento de coyuntura, claro está, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

El debate que se dio esta vez en un sentido real de la palabra –lo que, lamentablemente, hasta hace algún tiempo era poco común en la UCR– pudo realizarse dentro de los marcos del respeto a la hora de expresar posiciones a favor del acuerdo comercial, en un ambiente que se ha querido estereotipar del todo como icono exclusivo del NO y tristemente no como aquel centro académico donde reine la diversidad de opinión, que es la que debe reinar en todo centro universitario.

Asombrosa hipótesis. Lamentablemente el cinismo entre los que defienden la oposición al acuerdo comercial parece, muchas veces, no tener límites, y eso es lo que nos molesta, ya que ese día el vicepresidente de la FEUCR, Ricardo Solís, nos sorprendió al lanzar una hipótesis que no deja de asombrarnos, al decir que, si el TLC está aprobado en los otros países de Centroamérica, posiblemente se deba a la inexistencia en estos países de un sistema democrático o a sistemas democráticos muy maltrechos. Este tipo de hipótesis, que nos parece una increíble falta de respeto a los sistemas democráticos de los países hermanos centroamericanos, nos lleva a preguntarnos: ¿Qué entienden la FEUCR y algunos otros grupos que podrían llegar a respaldar esta hipótesis del compañero Solís por democracia? ¿Acaso será la democracia de las calles, que ya algunos alientan?

Lo curioso del caso es que son precisamente este tipo de grupúsculos los que constantemente encabezan marchas, manifestaciones, conciertos o algún tipo de evento alentando el irrespeto a las instituciones democráticas, cuestionando la legitimidad del Tribunal Supremo de Elecciones, la Sala IV e inclusive la legitimidad hasta del propio Presidente, instituciones y figuras que sin duda representan pilares de todo sistema democrático en cualquier parte del mundo, del cual en ocasiones sorpresivamente deciden enorgullecerse, curiosamente solo cuando les sirve para justificar cierta postura, hipótesis, o alguna de las instituciones que lo componen les da la razón, ya que, de no ser así, parece olvidárseles ese orgullo profesado aquella noche, y resulta muchísimo más sencillo deslegitimarlo tildando a las instituciones que lo componen de vendidas o serviles.

Por Daniel Calvo
Tomado de la Nación

Nada que ver


¿Cómo afecta la posición de quienes apoyamos la aprobación del TLC el memorándum Casas-Sánchez? De ninguna manera. La pregunta parece extraña e innecesaria, pero pareciera que los opositores del tratado creen que el memorándum invalida las razones que esgrimen quienes votaremos "SÍ" el 7 de octubre. Nada más alejado de la realidad.

Tampoco nos deslegitima moral o intelectualmente. Aquí que cada palo aguante su vela. El Ministro y el diputado deberán asumir la responsabilidad de sus actos. Si eso tendrá consecuencias sobre sus carreras políticas o si los descalifica políticamente solo el tiempo lo dirá (eso de pronunciar políticamente liquidados a ciertos actores políticos parece más un deseo secreto que una predicción objetiva, sobre todo si consideramos que un expresidente, acusado de hechos infinitamente más graves que ser autor de un memorádum imprudente, se encuentra al borde de una nueva candidatura presidencial). Pero eso es asunto de ellos. El resto de quienes apoyamos la aprobación del TLC no tenemos nada que ver con esto y no debemos cargar (ni dejar que nos quieran hacer cargar) con responsabilidades ajenas.

Desde el punto de vista de las razones que tenemos para apoyar la ratificación del tratado nada ha cambiado. Por supuesto que quienes se oponen tratarán de descalificar moralmente esta posición, pero eso es simplemente otra estrategia, de las mcuhas que se han utilizado en este proceso. Una que por cierto no habría desentonado en el famoso memorándum.

Por Roberto Gallardo

domingo, 16 de septiembre de 2007

¿Qué ocurre en el mundo?

Muchos grupos tienen el interés de hacernos creer que cada día que pasa la pobreza aumenta, que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, por supuesto el único culpable de estos males es el chivo expiatorio de la globalización. Pero ¿es esto cierto, estamos cada día peor? Este pequeño video nos da la respuesta a partir de las estadísticas de los índices de desarrollo humano.

La Realidad del TLC en México


Los opositores del TLC han echado mano a todo tipo de mitos para tratar de convencer a los costarricenses a votar NO el próximo 7 de octubre. Una de las mentiras que más ha calado en la población es el supuesto fracaso de México en su TLC con Estados Unidos. La gente del NO habla de la pérdida de millones de empleos, el empobrecimiento masivo de ese país y, como consecuencia, el aumento de la migración hacia suelo estadounidense. Según ellos, a Costa Rica le aguarda una suerte similar si aprobamos el tratado en el referéndum.

La realidad mexicana es muy diferente de este escenario fatídico que nos presentan. En primer lugar, es cierto que México experimentó un aumento importante en la pobreza a mediados de la década de los noventa. La gente del NO achaca este fenómeno a la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos. No obstante, la historia es más compleja.

Recordemos que en 1995 México experimentó una de las peores crisis económicas en su historia. Las causas de este descalabro poco tenían que ver con el TLC, y de hecho estallaron antes de que este entrara en vigencia. En 1994, meses antes de las elecciones presidenciales, el candidato del PRI –y virtual futuro presidente de México–, Luis Donaldo Colosio, es asesinado en un mitin político en Tijuana.

Este magnicidio tuvo enormes repercusiones en la imagen internacional de México como un país seguro para la inversión internacional. En momentos en que el país se debatía entre la democracia y la autocracia, el asesinato acrecentó los temores sobre la estabilidad política mexicana.

La inversión extranjera que había empezado a llegar en años anteriores con la perspectiva de un TLC con Estados Unidos empezó a abandonar el país en cantidades crecientes, lo que generó una ola de pánico en toda la economía. El 20 de diciembre de 1994, la salida masiva de capital provocó el derrumbe del peso mexicano, el cual perdió más del 60% de su valor en relación con el dólar en tan solo tres días.

Había empezado lo que luego sería conocido como la “Crisis del Tequila”. En 1995 la economía se contrajo en un 6,2% y la inflación se disparó al 52%. La pobreza aumentó en casi 20 puntos porcentuales.

Después de la crisis. Nótese que el TLC con Estados Unidos entró en vigencia el 1 de enero de 1995, semanas después del estallido de la crisis, por lo que no se le puede achacar el dramático aumento de la pobreza experimentado ese año.

Todo lo contrario, gracias precisamente a este acuerdo comercial, la economía mexicana se pudo recuperar rápidamente, a diferencia de lo acontecido durante la crisis de la deuda de 1982 en donde México perdió toda una década de crecimiento.

Según estadísticas del Instituto Mexicano de Seguridad Social, de 1998 a la fecha la economía mexicana ha generado poco más de 4.800.000 empleos formales. Tan solo el año pasado se crearon más de 900.000 puestos de trabajo, como lo reseña la revista The Economist en su edición del 16 de agosto. Se calcula que uno de cada dos empleos que se generan en este país está asociado directa o indirectamente al comercio internacional.

Además, la pobreza ha experimentado una fuerte reducción también. Esta revista indica que en la última década, la pobreza extrema, definida como la incapacidad de alimentar a una familia, cayo del 36 al 14 por ciento. Según informa, “aproximadamente 15 millones de hogares de 27 millones podrían tener ingresos de clase media para el año 2012”.

Además, destaca que “los ingresos de la mitad más pobre de la población están aumentando más rápido que el promedio”.

Es así como el coeficiente Gini –que mide la distribución del ingreso en un país– muestra una clara mejoría en la última década.

No todo es color de rosa en México. Grandes sectores de la población continúan sumidos en la pobreza y la migración hacia el norte es una realidad de todos los días. Sin embargo, afirmar que los mexicanos están peor que hace 12 años debido a este acuerdo comercial es una gran mentira.

Por Juan Carlos Hidalgo
Tomado de la Nación

Seguridad nacional digital


Los que violaron la Seguridad Nacional para robar un correo electrónico de Casa Presidencial no son “hackers” aficionados, ni lo hicieron por curiosidad juvenil. La probabilidad es que son delincuentes profesionales, extranjeros, motivados por dogma y/o dinero (ciertamente no “subalternos decentes”). Tan censurable como ha sido el contenido del documento debe serlo la manera en que fue obtenido. Los periódicos publican la información sencillamente porque eso deben hacer los periodistas.

No hay ninguna razón para creer que esto haya sido un hecho aislado. Es muy probable que la violación haya sido sistemática durante meses y alguien tomó la decisión de sacar, uno de los documentos robados, a la luz pública. Enviar un anónimo a cualquier periódico es la manera de hacerlo, sin tener que dar explicaciones.

No creo que ningún costarricense justifique el robo de información a la Presidencia de la República, por el contenido de uno de los documentos. El hecho de que la violación sea digital y no física, no cambia para nada la magnitud del crimen. Para mi es difícil pensar que el dogmatismo haya llevando a algunos a creer que el fin, de veras, justifica los medios.

Si las comunicaciones del presidente de la República estaban comprometidas, debemos asumir que las de todos nosotros también lo están. Claro que la mayoría de nosotros no trasegamos información importante, pero es muy duro pensar que en este país no hay nada privado ni confidencial. Los hechos confirman las capacidades de robo digital que existen actualmente en el país. Las normas de seguridad de la Presidencia eran, obviamente, insuficientes, pero las técnicas de investigación forense digital permitirán identificar pronto a los delincuentes. Los rastros y pistas digitales son más sutiles, y en ocasiones menos obvias, pero existen y son contundentes.

Un artículo del 10 de septiembre en el Guardian de Londres, titulado “China flexiona el músculo de su ejército informatizado”, describe con lujo de detalles la guerra digital que se está llevando a cabo a nivel mundial. Esta guerra busca no slo robar secretos militares estratégicos, sino también secretos comerciales, industriales y políticos, así como la posibilidad de interrumpir (cuando las circunstancias lo requieran) el funcionamiento de los sistemas del “enemigo”. La existencia del brazo “informatizado” del Ejército de Liberación del Pueblo parece estar bien documentada, algunos sugieren que hay hasta 120 países activos en la guerra digital.

Pensar que Costa Rica, por no tener ejército, está inmune a la guerra digital es ser sumamente iluso, al igual que lo es pensar que los enemigos de la Presidencia de la República no reciben apoyo extranjero. Haber violado las normas de seguridad de la Presidencia es, sin duda, más que un acto delictivo.

Como mencioné en un artículo anterior, la seguridad en Internet, es como la del salvaje Oeste. Mal haríamos en dejar a los usuarios a que se valgan por si mismos. El Gobierno, las empresas y las instituciones deben asumir una actitud proactiva en cuanto a la seguridad digital.

El robo de información (bits) debe ser perseguido y penado igual que el robo de objetos (átomos). Debemos educar a la población en la utilización de medidas preventivas (por ejemplo, correo electrónico “encriptado” y monitoreo constante de redes y sistemas). Internet es una gran herramienta que ha cambiado al mundo, es el “lugar” de trabajo, estudio y entretenimiento del futuro, debemos aunar esfuerzos para hacer que sea (y aparente serlo) un lugar seguro. Anunciar a Costa Rica como un país digitalmente inseguro, no solo es erróneo y denigrante, sino que atraerá criminales digitales de todos los rincones del planeta.

Por Roberto Sasso
Tomado de la Nación

Miedo y pecado


¿Dónde radica la autoridad moral para señalar la estrategia del miedo en las argumentaciones en torno al TLC? La respuesta impone hacer una precisión conceptual entre la expresión de un temor fundado en realidades objetivas y el infundir miedo mediante la sistemática fabricación y propalación de falacias. La consideración del primero como uno de los factores de interacción en determinada dinámica no es solo legítimo, sino tantas veces deseable y necesario, como lo atestigua el logro de una eficaz evacuación ante los peligros de un evento natural potencialmente devastador. La utilización de lo segundo es un fraude social, es tratar de hacer prevalecer una visión, apoyándose en falsedades deliberadas con un móvil no aparente.

Cabe preguntarse quiénes y en favor de qué particulares intereses han asustado con la vaina vacía, al afirmar que el TLC tiene jerarquía superior a la Constitución, que entrega la soberanía, que contando con aprobación multilateral se puede renegociar, que suprime las potestades del Estado en seguridad, ambiente, vida o educación pública, que nos dejará sin agua ni territorio insular, que implicará la quiebra de sectores agrícolas, que la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) es eterna e inmutable, etc.

Algunos casos. Por el contrario, es riguroso y legítimo expresar temor cuando este se sustenta en realidades objetivas, cuando estudios de campo revelan que la no aprobación del TLC implicará la no generación de muchos empleos adicionales en el sector exportador, cuando se pone techo a nuestra capacidad para conquistar mercados, cuando fuentes primarias revelan la inminente pérdida de puestos de trabajo o incluso de las ya iniciadas inversiones para enfrentar el salto productivo derivado del Tratado, cuando ya existe interés de compañías de alto valor tecnológico que, ante un desenlace negativo, se abstendrían de invertir, cuando nuestras ventas hacia Centroamérica ahora tendrían que competir en desventaja contra las de los Estados Unidos y otros vecinos, y cuando cualquier habitante deba supeditar sus necesidades en telecomunicaciones y seguros a lo que las respectivas instituciones nos puedan ofrecer.

Es la preocupación por las consecuencias claramente perjudiciales de una postura. Del mismo modo, es virtuoso el temor que emana del rigor lógico, como la consideración de que el NO entraña efectos previsibles como la afectación negativa del clima de inversión y del posicionamiento de Costa Rica en el mapa productivo mundial, la pérdida de algunos de los beneficios de la ICC o el efecto adverso que tendría la noción de país hostil para el turismo estadounidense justamente cuando la oferta en ese sector se expande a nuestros alrededores. En suma, es la honestidad en su tratamiento la que hace del miedo un ardid o una expresión de responsabilidad.

Por Pablo Mata Ferreto
Tomado de la Nación

sábado, 15 de septiembre de 2007

Oportunidades


Ya es conocida por todos la gastada frase de nuestros estudiantes, intelectuales, sindicalistas, etc, de que: ¨las empresas transnacionales acaban con la pequeña industria local, de que los pobres e inútiles costarricenses no pueden hacer nada ante ese poderío asfixiante del capital internacional¨. Desgraciadamente para ellos estas conclusiones siempre son producto de un pseudo análisis que sólo se basa en sus trasnochados prejuicios los cuales son carentes de cualquier cosa que se le parezca a un método científico.

En ASOJOD decimos esto ya que la realidad nos sigue dando ejemplos de que estos dogmas de fe proclamados por los Grupos del No, son desvirtuados constantemente. Ahora es la cadena Wal-Mart la que viene a silenciar los cantos de sirena de estos grupos. Esta cadena con su programa una ¨Mano para Crecer¨ le esta abriendo las puertas a las Pymes heredianas para que coloquen sus productos tanto en Hipermás, Más x Menos, Palí y Maxi Bodega. Pero la ayuda no acaba ahí ya que Wal-Mart también capacitará a las Pymes en temas para la reducción de costos y mayor eficiencia.

Cómo explican los Grupos del No esta dicotomía entre la realidad y sus primitivas creencias, ¿no es que la globalización sólo beneficia a los ricos?. Por supuesto no hay forma de conciliar los slogans del NO con lo que la experiencia nos muestra. Por ello al igual que Ulises en la Odisea no nos queda más remedio que amarrarnos al mástil para no caer ante la tentación de estos cantos de sirena, para así poder seguir avanzando a paso firme aprovechando todas las oportunidades que el siglo XXI nos presenta.

Del TLC y miedos


Hoy es día de nuestra Independencia, es un momento ideal para reflexionar sobre los valores de la democracia y los sacrificios que se deben hacer cuando se quiere actuar en una sociedad basada en la justicia y en los derechos. Será un día lleno de discursos sobre el referéndum, unos y otros se aprovecharán de la fecha histórica para sacar provecho de su posición.

La democracia es así, incluye a todos aquellos que quieren trabajar por Costa Rica, abriendo nuevas oportunidades y haciendo que el país progrese, y también incluye a todos aquellos que, a sueldo de países extranjeros, desean mantener las cosas como están, ganando dineros en cuentas extranjeras que nadie controla, mientras desestabilizan el país cada vez que pueden para tratar, según ellos, de volver el hemisferio americano al régimen de dictaduras comunistas de años anteriores.

El tema del memorando no me parece tan grave ni merecedor de tanta bulla. Se trata de una idea plasmada por dos personas que, como dicen los chiquillos, “no pegó”. Pero bueno, no puede castigarse a las personas por pensar, ni tampoco es que se haya girado una directriz o decreto o ley sobre lo dicho, simplemente fue una mala idea que nunca se implementó. Si por cada “metida de patas” que uno haya hecho en su vida le hicieran ese tipo de escándalo, viviríamos llenos de temor. Y ese es el problema de todo este escándalo, sus opositores utilizan la táctica que ellos mismos denuncian: ¡qué ironía!, infunden temor en las personas para que no piensen en el TLC, y si piensan, que no lo expresen públicamente.

Es decir, lo que desean no es una posición pensada del votante, sino una actitud del hígado, donde llenos de falsos miedos: que se van a vender órganos humanos, que van a venir tanques de guerra, que las medicinas van a costar mucho más, etc., decidan no votar a favor del TLC. Cómo es que dice la canción: “Bla, bla, bla, bla, bla… bla ,bla, … llueve sobre mojado”.

Costa Rica no puede quedar aislada del concierto internacional, es imposible subsistir hoy en día sin poner en marcha una política agresiva de libre comercio con sus principales socios. Después de Estados Unidos, seguirá la Unión Europea y luego China. Claro la alternativa es mantenernos como quieren los sindicatos, aislados del mundo y jugando de islita, como Cuba, pero no creo que ustedes ni yo queramos vivir haciendo fila para comprar raciones de alimento que nos da el Gobierno.

Yo no voto con el corazón, mi corazón está para otras cosas, para enamorarme, para amar, para tener sentimientos. Yo voto con mi mente, pongo a funcionar mi cerebro y digo enfáticamente: Sí.

Hermes Navarro del Valle, tomado del periódico La Prensa Libre

Estimado amigo del NO


Te escribo porque sé que te gusta debatir y no pelear; que, pese a nuestras posiciones sobre el TLC, hay mucho más entre nosotros, por eso sabemos respetarnos. También has corroborado que quisieras debatir siempre a profundidad, pero hay un grupo en el NO que es preocupante y que muchas veces se necesita de la explicación rápida y fácil, porque hay que contrarrestar de algún modo que de las filas del NO salgan cosas como insurrección y los grupos vociferantes y violentos como el de San Isidro de Heredia.

Esgrimen argumentos tan faltos a la verdad: al ICE lo van a privatizar junto a los servicios públicos: electricidad, agua, telecomunicaciones y todo lo demás. Por eso debemos contra argumentar con algo light y comprensible: “pero… en ninguna parte del Tratado dice eso sobre la Caja”, por ejemplo. Ya que ese núcleo dentro del NO solo busca difundir miedo con una propaganda muy a la Goebels. ¡Hasta la historia están manipulando! “El Destino Manifiesto ¡revive!”. “Si pasa el TLC es hacer realidad el sueño de William Walker”.

Ni todos ni mayoría. Estoy seguro de que sabés que yo sé que esos ni son todos ni mayoría en el NO. Pero allí están. Sembrando emociones muy fuertes: el miedo como la número uno, un fortísimo maniqueísmo, algo más que un dejo de chauvinismo, y mucho odio. Allí están, son del NO. Quiénes son útiles a quién, esta por verse. En general, del NO salen mucho menos argumentos respetuosos y racionales y, sí, muchas reacciones altamente delirantes, irracionales y mentirosas.

La supuesta conversación en Giacomín, que Pilar Cisneros denunció en La Nación , entre unos periodistas del 7 y Casa Presidencial salió (recibí el e-mail) hace meses desde la Escuela de Trabajo Social de la UCR. También de esa U salieron pasamontañas, cócteles molotov y fue allí donde un grupo de irracionales impidieron, mediante vociferantes agresiones verbales a Arias, cuando candidato, asistir a un debate radial. No es nada nuevo. Además, eso de estar denunciando dictaduras, complots, confabulaciones, connivencias, etc., en contra del pueblo no tiene mucho sentido, a menos que sea para crear rencores. El odio es contagioso. También obnubila fácilmente. Así se manipula a grupos grandes, a veces muy grandes. ¡Hay aliados que sería mejor no tener!

Maltrato verbal. También es muy molesto cuando a uno se le trata de vendepatria, traidor, vendido y se hace una campaña de descrédito, difamación y descalificación a priori a todos los que no queremos ver las verdades absolutas que ellos pregonan. No podemos ni decir que en el TLC no hay una sola disposición que lesione la soberanía del país ni que proponga privatizar los servicios que da el Estado, porque estamos diciendo ¡medias verdades! Ya que fuerzas ocultas muy poderosas harán añicos la soberanía nacional, nuestra idiosincrasia, nuestros recursos, nuestro territorio, nuestra educación, nuestro sistema de salud, nuestro agro…

Pero, el Tratado, ¿dónde lo dice? “Está implícito en todo el tratado…”, cuando no evaden la respuesta. “Si no lo ven es porque son unos inocentes”, si es que no quieren insultarte. Además, somos unos grandes irrespetuosos si nombramos a Fidel, Hugo y Daniel, olvidando que fueron ellos mismos, solitos, sin que siquiera se los pidieran, los que tomaron partido. Bueno, a Hugo si se lo pidió nuestro diputado más ibérico. ¡Son del NO! Lo hicieron saber pública y notoriamente. Hay bastante cinismo cuando se nos exige una campaña de ideas, nada más. ¡Ya qué en el NO solo debatimos con argumentos…!

Definitivamente, hay gente dentro del NO mucho más cercana a la traición que, digamos, los negociadores del TLC. Son los radicales de izquierda, que están detrás de la manipulación mediante el miedo y el odio. Sí, estoy de acuerdo, en el SÍ se ha utilizado el miedo, se ha exagerado, mentido y también hay radicales. Pero no se apela en forma organizada a ningún tipo de violencia como esos del NO. Por eso los veo más peligrosos considerando, además, que históricamente la derecha costarricense nunca se ha armado ni ha llamado al levantamiento insurreccional ni ha desconocido la institucionalidad.

Volviendo a los negociadores, ¿serán traidores? Todo lo contrario: negociaron pensando en la patria, en su totalidad. No en alguno, o algunos, de sus grupos sociales. Tomaron en cuenta tanto a ricos como a pobres: tengo la impresión de que un abaratamiento de los bienes de consumo, en especial los de consumo básico, benefician en forma rápida el poder de adquisitivo de todos los consumidores. Eso es casi inmediato. Después de un par de años se robustecerán y aumentarán las exportaciones y el empleo. No veo el beneficio así como muy focalizado que digamos. ¡Tal vez, como no he visto lo que está implícito en la totalidad del TLC en una forma metafísica y maligna, no haya comprendido nada sobre las plagas que se nos vienen!

“Agenda oculta”. Y como bien se sabe, todos los que estamos con el SÍ tenemos una agenda oculta, somos capitalistas: perversos per se. El problema es que ¡la mía está tan oculta que nunca la he visto! Además, creo que debe estar relacionada con alguna fuente de optimismo y confianza: sigo sin temerle al TLC. Creo que los ticos ganaremos dentro de él mucho más de lo que perderemos y que por fuera no solo no ganaremos nada, sino que perdemos más que adentro.

Ya tomaste tu decisión, y sé que no te convenceré. Ponele más cerebro que emociones. No apoyés a los sinrazón. Puede ser peligroso.

Álvaro Herrera Ortiz, tomado del periódico La Nación