martes, 12 de julio de 2016

La Columna de Carlos Federico Smith: Evolución reciente de la pobreza en la humanidad



En varias ocasiones he leído a personas en lugares como Facebook, quienes alegan que la pobreza de la humanidad ha venido aumentando notoriamente y, generalmente, señalan, más o menos veladamente, que el responsable de ese aumento de la miseria es el sistema capitalista.  Incluso lo hacen a pesar de que en el pasado reciente presenté en Facebook, así como en otros sitios, una serie de estudios de economistas que cuestionan seriamente tal impresión.

Casualmente he estado leyendo un libro reciente de Steven Radelet, titulado The Great Surge: The Ascent of the Developing World [El Gran Surgimiento: El Ascenso del Mundo en Desarrollo], (New York: Simon & Schuster Paperbacks, 2015), el cual trata del tema que antes introduje.  El señor Radelet es profesor de desarrollo económico en la Universidad de Georgetown y autor de varios libros y de numerosos artículos acerca de dicho tema. Creo que, para los mal pensados de que se ha de tratar de uno de esos liberales clásicos, quienes no ven más allá del mercado, muchos de los trabajos desempeñados por el señor Radelet parecen acercarlo a administraciones demócratas de los Estados Unidos. Lo interesante para el caso es que su perspectiva se une a la de muchos otros economistas en cuanto al progreso de la humanidad, con las usuales divergencias en ciertos detalles, mas no en lo esencial. Me refiero a personas como Pedro Schwartz, Surjit Bhalla, Deepak Lal, Angus Maddison, Lloyd Reynolds, François Bourguignon, Christian Morrisson, Martin Ravallion y Shaohua Chen, quienes han estudiado el progreso humano logrado en cuanto a la eliminación de la miseria.

Empecemos por aclarar un par de detalles técnicos acerca del tema. Primero, que la pobreza, como número, puede ser definida de distintas maneras.  La usual de una persona en pobreza extrema es que se tiene ingresos menores a un $1 al día, aunque el Banco Mundial usa una de $1,25 al día.  La primera ha sido la más aceptada y surgió porque es, más o menos, igual al promedio de líneas de pobreza que utilizan los gobiernos de los 15 países más pobres del mundo. Pero siempre cualquier línea de pobreza será arbitraria (por ejemplo, en los Estados Unidos es de $16 al día, pero, interesantemente, señala el autor Radelet que  “por supuesto que la de $1 al día es una línea de pobreza especialmente baja… De manera que durante la última década los economistas se han enfocado en una línea de pobreza mayor de $1,25 al día…”. Lo importante es que “el patrón de cambio es similar” cualquier que sea la línea de pobreza utilizada en los estudios, aunque, “por supuesto, que el número de pobres es mayor entre más elevada se defina a la línea de pobreza.” (Op. Cit., p. 29). Ver la tendencia y su cambio a través del tiempo es lo útil y valioso y vemos que ellas se manifiestan independientemente de la forma en que se defina la línea de pobreza extrema.

Segundo, los datos se ajustan ante el comportamiento de la inflación de los diversos países a lo largo del tiempo –esto es, a los cambio en el nivel de precios. Tal ajuste se hace para que los datos se presenten en términos de precios “constantes”. También, dado que es importante poder hacer comparaciones entre países, los datos se ajustan mediante lo que se denomina “paridad del poder de compra”, que toma en cuenta los diferentes niveles de precios que existen entre los países, para lo cual se utiliza un tipo de cambio denominado en términos de su poder adquisitivo. De esta forma todos los bienes y servicios de los diferentes países son valorados a precios comparables, pues las mediciones internas son llevadas a cabo en monedas domésticas de los diferentes países y mediante un ajuste de “paridad del poder de compra” la medición se traduce a una moneda en común.

Asimismo, es crucial entender la diferencia que existe entre pobreza extrema absoluta y pobreza extrema relativa.  Al número total de personas que viven en pobreza extrema debajo de lo que hemos considera como la línea de pobreza, se le denomina “pobreza extrema absoluta”, en tanto que al porcentaje de personas con respecto al total de personas en el país cuyos ingresos diarios son inferiores a, digamos, $1 o un $1,25, se le llama pobreza extrema relativa.

Esto es muy conveniente, porque bien puede ser que en un país (o conjunto de ellos), la población en condiciones pobreza extrema es relativamente cada vez menor, al tiempo que población en pobreza extrema puede ser mayor. Por ejemplo, hace 50 años, cuando, supongamos, la población de un país era de 500.000 personas, 150.000 de sus habitantes estaban en condiciones de pobreza extrema estaban (esto es, la pobreza extrema relativa es de un 30%). Suponga, para efectos de hacer una comparación, que la población total actual del país es de 1.000.000 de habitantes y que hay un monto absoluto mayor de personas en condiciones de pobreza extrema; digamos que 200.000 personas. Si se comparan las cifras de pobreza absoluta -150.000 hace 50 años con 200.000 en la actualidad- es claro que la pobreza extrema en términos absolutos aumentó en dicho lapso: se incrementó en 50.000 personas. Pero, términos relativos sucede lo contario: se redujo de un 30% hace 50 años a un 20% en la actualidad (200.000 de la población total de un millón).  Por tal razón, el concepto básico para analizar el comportamiento de una población en condiciones de pobreza extrema a través de los años, se efectúa en términos relativos y no absolutos.

Previo a brindar algunos datos de la actualidad citados por Radelet, veamos algo histórico importante que él nos señala: “Según la mejor estimación que tenemos, elaborada por los economistas François Bourguignon y Christian Morrisson, en 1820 cerca de un 94% de la población mundial; o sea, cerca de mil millones de personas, vivía con menos de $2 al día (a precios de 1985). Esto es, casi 19 de 20 personas en el mundo vivían con ingresos sumamente exiguos… La mayoría de la gente vivía con mucho menos: 84% con menos de $1 al día. Lo que nosotros consideramos como pobreza extrema no sólo estaba ampliamente extendida, sino que era la norma, para casi todo mundo.” (Op. Cit., p. 24-25).

En los siglos XII y XIII los ingresos empezaron a aumentar lentamente, pero no de forma extensiva, pero ya para el siglo XIX la tónica general empezó a cambiar: “los inicios de la manufactura moderna y la industrialización ayudaron a crear millones de empleos para trabajadores pobres poco calificados… Al hacerse más sofisticada la manufactura y los trabajadores adquirieron habilidades especializadas, lo cual tomó varias décadas, los salarios empezaron a aumentar. Para mediados del siglo XIX, los ingresos estaban creciendo más rápidamente, comparado con cualquier otro período previo de la historia de la humanidad”. (Op. Cit., p. 25). Sólo pregunto si el lector puede decirme ¿cuál es el sistema económico que a mediados del siglo XIX impulsó ese crecimiento?  Por si no lo saben, lo resumo en la palabra “capitalismo.”

Ahora veamos algunos comentarios que nos presenta Radelet en torno a cómo fue evolucionando la pobreza en el globo. Tengamos presente que, al surgir tal desarrollo industrial capitalista, la porción de gente que vivía en pobreza extrema empezó a declinar constantemente por primera vez en la historia humana -esto es, empezó a reducirse la pobreza extrema relativa. Pero, como también la población crecía con mayor rapidez, es de esperar que creciera la cantidad de personas en pobreza extrema (absoluta). Esto es crucial: creció la pobreza extrema en términos absolutos, pero se redujo la pobreza extrema en términos relativos. Porcentualmente, por dos siglos, la pobreza relativa había venido decreciendo, pero, con el crecimiento de la población, la cantidad absoluta de personas en condiciones de pobreza extrema continuó aumentando. A pesar de ello, señala Radelet, “ese patrón o tónica general cambió radicalmente, empezando a inicios de la década de los ochentas y especialmente en la de los noventas.” (Op. Cit., p. 28).

Lástima que cueste tanto poner gráficos en este tipo de comentarios, especialmente en Facebook, pues demostraría evidentemente lo expuesto. De manera que trataré de exponer lo sucedido con la pobreza a través de un amplio período histórico, sin ayuda de gráficos, tanto sobre pobreza absoluta como relativa, tales como aparecen en el libro de Radelet, esperando que la explicación sea clara para los lectores.

El análisis de Radelet tiene como base principal la información proveniente de François Bourguignon and Christian Morrisson, “Inequality Among World Citizens: 1820-1992,” The American Economic Review, Vol. 92, No. 4 (Set. 2002), p.p. 727-744. Si alguien está interesado en obtenerlo puede hacerlo de manera gratuita en http://piketty.pse.ens.fr/files/BourguignonMorrisson2002.pdf

Según Radelet, “en 1820 cerca de 900 millones de personas estaban viviendo con menos de $1 al día (a los precios de paridad de poder de compra del año 1985). Debido al crecimiento de la población, para 1950 dicho número había crecido a casi 1.4 miles de millones… Luego empezó un período de transición: al recuperarse Japón y Europa de la Segunda Guerra Mundial y al empezar algunas naciones subdesarrolladas (como Corea del Sur y Taiwán) a tener un crecimiento económico más rápido, el número de personas viviendo con menos de $1 al día, dejó de crecer y permaneció relativamente invariable por cerca de 40 años. Eso puede no sonar como algo importante, pero lo fue.  Ningún cambio fue grande, en tanto que el crecimiento histórico continuo de los pobres había llegado a un alto, a pesar del crecimiento persistente de la población mundial.

Luego, empezó un cambio significativo a principios de los noventas. Por primera vez en la historia del mundo, el número total de gente viviendo en pobreza extrema empezó a caer, y cayó rápidamente (la letra en cursiva es del autor).” (Op. Cit., p.p. 28-29)

Debido a que los datos presentados por Bourguignon y Morrisson se extienden hasta 1992, se hace necesario acudir a información que presentan Shaohua Chen and Martin Ravallion, “The Developing World is Poorer than we Thought, but No Less Successful in the Fight Against Poverty,” The Quarterly Journal of Economics, Vol. 125, No. 4, (nov. 2010). Puede obtenerse en http://www.ppge.ufrgs.br/sabino/ecod03/bibl/qje%2017.pdf

Citando dicho trabajo, dice Radelet: “Según Ravallion y Chen, el número de personas viviendo con menos de $1 al día en 1993 fue de un poco más de 1.3 miles de millones, comparable aproximadamente al conjunto de datos previo (el de Bourguignon y Morrisson). Luego, este número empezó a descender. Asombrosamente, para el 2011 - 18 años después- el número de personas viviendo con menos de $1 al día se había reducido a 600 millones.  Traten de imaginar la enormidad del cambio: después de haber crecido incansablemente desde inicios de la historia del hombre, el número de personas alrededor del mundo viviendo en la pobreza abyecta se redujo en más de la mitad, en tan sólo dieciocho años (la letra cursiva es del autor).”  (Op. Cit., p. 29).

Continúa Radelet: “El número de personas en extrema pobreza permaneció estable en poco menos que 2 mil millones entre 1981 y 1993, cuando empezó a declinar –rápidamente. Para el 2011, el número había declinado a mil millones –un descenso de casi a la mitad en tan sólo dieciocho años (la letra cursiva es del autor). Aunque datos para después del 2011 no están disponibles, todas las indicaciones son de que la tendencia continúa, con algo como 50 millones o más de personas que cada año van siendo excluidas de la pobreza extrema.” (Op. Cit., p. 29)

La información valiosa que nos ha transmitido Radelet sobre la evolución de la pobreza absoluta no se queda aquí. Cabe preguntarse ¿qué ha sucedido en términos relativos?; esto es, ¿qué ha pasado con en el porcentaje de personas en pobreza extrema con respecto a la población total? 

Señala Radelet: “Entre tanto el porcentaje de la población mundial viviendo en pobreza extrema se ha venido reduciendo con mayor rapidez, En 1981, un 53% de la población en los países en desarrollo vivía en pobreza extrema. Pero para el 2011, dicha proporción se había reducido a tan sólo un 17% –un caída del 36% en 30 años: un logro notable. En tanto que una de cada dos personas vivía en pobreza extrema tan sólo hace 30 años, hoy día se ha reducido a una entre seis.”

Espero que la información que he suministrado basada en el libro de Radelet sirva para evitar una crítica desinformada de la evolución de la pobreza, especialmente en años recientes de la historia del hombre. ¡Como que el capitalismo de mercado funciona mejor que sistemas económicos alternativos!

Jorge Corrales Quesada

lunes, 11 de julio de 2016

Tema polémico: el rezago de la política

Vivimos en una época de disrupciones aceleradas. Como nunca antes en la historia de la humanidad, los cambios tecnológicos están impactando prácticamente todos los ámbitos de nuestra existencia; desde el transporte, nuestra salud, la forma en que aprendemos, nos educamos y la manera en que nos comunicamos. Todos los campos de nuestra vida están cambiando vertiginosamente.

En 2001 Raymond Kurzweil, actual director de ingeniería de Google, había teorizado sobre la forma en que la ciencia y la tecnología se convierte en información, se acelera y crece exponencialmente. La denominada «La ley de rendimientos acelerados», planteada por Kurzweil, señala como la tasa de cambio en una amplia variedad de sistemas evolutivos tiende a aumentar exponencialmente, no linealmente, como nuestra propia intuición podría prever.

El planteamiento de los rendimientos acelerados resulta interesante, pero de la misma forma en que las tecnologías están volviendo más potentes a la física, medicina o la biología, los cambios también están generando tendencias contradictorias que tensionan a la sociedad y a las políticas públicas.

Ejemplos de estas contradicciones en nuestras sociedades se reflejan, por ejemplo, en una mayor demanda por participación en la toma de decisiones, pero al mismo tiempo, una creciente presión por reacciones más rápidas en los procesos mismos de toma de decisiones, o una mejor observancia a través de regulaciones, aparejados de procesos más ágiles y fluidos.

Larry Downes había señalado esta creciente dificultad en los procesos de toma de decisiones, cuando en el año 2000 expuso la denominada «La Ley de la Ruptura o Disrupciones», según la cual el acelerado cambio tecnológico está creando una brecha entre su avance y la capacidad de las sociedades para acelerar al mismo ritmo, pero más aún, entre el avance de las tecnologías y las sociedades, con el lento cambio económico. Según la Ley de Ruptura, la brecha de avance es aún más amplia entre la velocidad de cambio tecnológica, de las sociedades y las economías, con la lentísima capacidad de los sistemas políticos para ajustarse a ese cambio.

Así, mientras en la Grecia antigua basaban las prácticas de curación en la magia y la religión, en la actualidad se trabaja en la corrección de errores genéticos dañinos del ADN de las personas, a través de avances tecnológicos, por citar un solo ejemplo. Al mismo tiempo, nuestros sistemas políticos que teóricamente deben regular todos estos avances tecnológicos, funcionan bajo la misma lógica  y con las mismas prácticas desde hace cientos o miles de años. 

Los sistemas políticos y los procesos de toma de decisiones mejoran lentamente, en forma incremental, mientras la tecnología lo hace de manera exponencial.

Todo lo anterior podría parecer demasiado teórico, pero el impacto de la brecha entre la tecnología y la política hoy se traduce en un palpable y realista descontento con la política, la creciente insatisfacción de demandas sociales ante la incapacidad de procesamiento de todos los inputs dentro del sistema político, en el surgimiento de líderes populistas que prometen resolver estas demandas y un sentimiento de desorientación entre los tomadores de decisión.

Quienes hoy operan los sistemas políticos deberían entender esta realidad, para introducir la variable innovación dentro de la política y cambiar la forma en que entendemos su funcionamiento a la luz de los avances del siglo XXI. 

martes, 5 de julio de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: ¡qué importa si a los consumidores se les cargarán las pérdidas de RECOPE!

No sé si pronto algún tribunal superior decidirá que RECOPE puede solicitar a la ARESEP que le permita aumentar los precios de los productos que nos vende, a fin de no tenga pérdidas. Veamos las razones de las pérdidas de RECOPE en el 2015 por más de ₡6.000 millones, según el informe que presenta La Nación del 6 de junio, bajo el título “RECOPE reportó una pérdida de ₡6.000 millones en el 2015: Baja en ventas de hidrocarburos y gasto por cesantía golpearon operación el año pasado.”

Una de las razones de dicha pérdida, según RECOPE, es que el año anterior tuvo una caída en sus ventas anuales de 19.4 millones de barriles en el 2014 a 19 millones en el 2015. Esta reducción se debió al menor uso del ICE de energía térmica, pero, además, porque “dicha baja, aunada a la reducción tarifaria por el precio internacional de crudo, provocó una caída del 27% en los ingresos de la Refinadora comparado con el 2014.” Uno puede entender el efecto de la baja en la demanda de uno de los productos de RECOPE, al dejar el ICE de adquirir tanto búnker como antes, gracias a una mejora en su coctel productivo, pero no el por qué se cayeron los ingresos de RECOPE ante la baja internacional de los precios del crudo, pues dicha baja debería haber estimulado su consumo. Por otra parte, también se redujo el costo de adquisición de la materia prima de RECOPE, reflejándose en una baja de su partida de gastos, de manera que el efecto total sobre las utilidades no necesariamente tendría, en el todo, que ser negativo.

Más interesante es la otra explicación que la administración de RECOPE, en palabras de Clara Luz Acuña, directora financiera de la entidad, brinda acerca de las pérdidas mencionadas: fue “debido a una situación ‘extraordinaria’ generada por la provisión de auxilio de cesantía para los trabajadores”. El gerente de administración y finanzas de RECOPE, Édgar Gutiérrez señaló que “el mayor gasto se dio por el registro de ₡14.000 millones de provisión por cesantía”, pues se hizo necesario actualizar la reserva de prestaciones de RECOPE, que, según la auditora externa de RECOPE, Deloitte, no se había podido determinar si tal provisión era la correcta o no. La crítica de Deloitte se dio porque “la empresa estatal no efectuó, en el 2015, el cálculo actuarial que cada año debe hacerse de prestaciones legales.” RECOPE hizo un aumento tan elevado de las prestaciones, al reconocer que no tenía previamente la provisión correcta al respecto.
 
Aquí viene lo interesante, dada la decisión reciente de la Sala Constitucional autorizando a RECOPE a cargar los costos de su convención colectiva en los precios finales. La convención define las prestaciones que paga la entidad con “un tope de 20 años de cesantía a los empleados cuando se pensionan”, en contraste con los 8 años de acuerdo con la legislación general. Sabemos que RECOPE siempre ha financiado su convención colectiva con ajustes ordinarios a los precios de los combustibles que vende a los consumidores y, ahora, la Sala Constitucional obliga a la ARESEP a no excluir de los precios aquellos gastos por beneficios laborales. Esto anuncia lo inevitable: RECOPE pedirá a la ARESEP que le incluya en los precios a los consumidores gastos como el exceso de prestaciones, que debe pagar según su convención colectiva.  

Así, los patos de la fiesta de RECOPE seremos, una vez más, los ciudadanos consumidores obligados del monopolio de RECOPE. El lector se preguntará ¿por qué RECOPE no redujo sus gastos?  Ciertamente se redujeron los costos de la materia prima traída del exterior, pero los egresos de operación, que no los incluyen, más bien ascendieron en el 2015, al pasar de alrededor de ₡106.000 millones en el 2014 a ₡112.917 millones en el 2015; esto es, un aumento del 6.2% en el año. El rubro que más aumentó fue el de transferencias, que pasó de ₡7.742 millones en el 2014 a ₡17.864 millones; esto es, un incremento del 130%.  Aquí entra el aumento en el fondo de provisión de cesantía arriba citado.

No sólo recientemente se ha incrementado el precio de los combustibles por el alza internacional del precio del petróleo, sino que ahora se avecina este nuevo incremento, gracias al privilegio autorizado ahora por la Sala Constitucional.  Estamos de burros amarrados –los ciudadanos consumidores- ante un tigre suelto -RECOPE. No nos queda más que hacer todos los esfuerzos de nuestra parte para traer competencia, abriendo el monopolio y logrando que esos privilegios de convenciones colectivas no nos sean trasladados a los consumidores.  Ya le han jalado mucho el rabo a los pobres burros amarrados: siempre terminamos apechugando con los desafueros de RECOPE.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 4 de julio de 2016

Tema polémico: volverán las oscuras golondrinas...a delinquir

Nuestro tema polémico de hoy no tendrá ni la elocuencia ni el romanticismo de los versos del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer pero trata sobre lo mismo: golondrinas. Solo que son otras golondrinas, es decir, los reos que ordenó liberar el Presidente Luis Guillermo Solís.

Hace poco más de un mes, el Gobierno de la  República ordenó la excarcelación de casi 400 privados de libertad, alegando que lo hacía para cumplir con diversas sentencias de la Sala Constitucional que exigían respetar los derechos de estas personas, que estaban en condiciones de hacinamiento que ponían en peligro su salud e integridad física.

Poco tiempo después del anuncio, los presos comenzaron a salir, pese a los reclamos de la mayoría de actores políticos y sociales del país. Sin embargo, tan rápido como salieron, empezaron a hacer sus fechorías. Luego de que uno de ellos abusara sexualmente de una joven de 25 años, el mandatario indicó que "una golondrina no hace verano", para defender la excarcelación, alegando que era un caso aislado. 

Pero no resultó ser un caso aislado. Más allá de la forma chabacana, insensible y, por qué no decirlo, irresponsable con la que el mandatario abordó una situación tan delicada (seguramente no habría reaccionado igual si la víctima hubiese sido algun familiar suyo), durante el mes de junio se presentaron otros casos de personas liberadas por su directriz que reincidieron en la comisión de delitos, ya sea venta de drogas, asaltos y robos o, incluso, delitos sexuales contra menores de edad. Pese a todo esto, el Poder Ejecutivo insiste en su cabezonada y sigue excarcelando delincuentes.

Las golondrinas de esta histora, que se parecen más a los pájaros de la célebre obra de Alfred Hitchcock, volvieron a las calles pero para delinquir. Con esto se evidencia el gazapo, la improvisación y la torpeza con la que la Administración Solís Rivera ha manejado la situación de la seguridad. Tantos recursos que año a año se invierten en nuestro país para atacar la delincuencia y la violencia, y ahora se vienen a desperdiciar con la liberación de estos tipejos que solo llevan dolor y temor a las comunidades. 

Solís y su gabinete están más concentrados en los derechos que supuestamente se le están negando a los privados de libertad cuando deberían concentrarse en los derechos de las víctimas, de las personas honestas que han sufrido por los actos de los antisociales. Una cosa es otorgarle un beneficio de excarcelación o de pasar a un régimen semi institucional a alguien cuya sentencia es por un delito menor y otra muy diferente y errada es permitir a violadores, asesinos y asaltantes violentos salir, pues la probabilidad de que estas personas reincidan o busquen a quien los denunció y lo ataquen, es muy alta. 

En ASOJOD consideramos que si el problema es el hacinamiento, la solución no es la liberación, sino que pasa por la construcción de más infraestructura carcerlaria. Es cierto que también hay que trabajar en la prevención y en la generación de condiciones que ofrezcan oportunidades a las personas para que tengan un ingreso honrado, pero eso es un proceso cuyos resultados se verán con el tiempo. La problemática actual exige una respuesta inmediata y la única forma de abordarla es mediante la ampliación de las prisiones. 

Pero acompañando a esto, consideramos que debería variar la forma de ver las cárceles. Hoy son prácticamente escuelas para quienes están adentro, donde aprenden formas más elaboradas de dañar a las personas y donde acumulan más resentimiento y odio que luego descargan contra los inocentes al salir.  Las cárceles deberían convertirse en espacios donde los reos no solo purguen una condena sino donde también trabajen, tanto para mantenerse ocupados y dejar de pensar en nuevas formas de cometer delitos como para que puedan resarcir a la sociedad el daño cometido. 

No nos parece justo que una persona que ha sido víctima de un delito tenga que pagar con sus impuestos la manutención del privado de libertad; este último debería trabajar para cubrir, con lo que genere, los gastos en que debe incurrir el Estado por su encarcelamiento. Además, con esos recursos, también podría pagar a la víctima o a sus familiares por los daños que le ha causado (pues muchas veces los sentenciados son condenados a pagar por la vía civil los daños pero al no tener nada registrado a su nombre, no lo hacen) e, inclusive, podría aportarlos a su propia familia para ayudar con los gastos de un hogar que ha quedado desmenbrado por la errada decisión de uno de sus miembros. 

Sin duda, hay opciones más inteligentes y sensatas que la simple liberación de delincuentes. Hemos ofrecido una y de seguro, la discusión seria y propositiva presentará otras. Lástima que eso es algo que el Gobierno del cambio no parece entender.

martes, 28 de junio de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: mi propuesta para resolver problemas con los actuales Colegios Profesionales

Hace un par de semanas escribí un comentario en torno al costo que ciertas políticas de los colegios profesionales ocasionan a la sociedad costarricense.  No sé por qué, pero esperé que surgieran críticas razonadas a mi opinión; sin embargo no las ha habido.  Siempre he pensado que la crítica inteligente es el motor del avance del conocimiento, pero su ausencia puede haberse debido a uno o varias de las siguientes razones o tal vez de otras que no he podido vislumbrar. 

La primera razón es que los argumentos que expuse en torno al costo de los colegios profesionales eran pertinentes y que, por lo tanto, fueron aceptados por los lectores.  Esta es una visión tal vez arrogante de mi parte, pero tal vez es porque uno hace un esfuerzo para exponer su conocimiento acerca del tema, en la expectativa de que haya cierta racionalidad en lo argumentado.
 
La segunda, es que, al menos los dirigentes o propugnadores de la existencia de los colegios profesionales en Costa Rica, tales como los conocemos, prefirieron guardar un silencio oportunista, pues no tienen suficientes bases para refutar lo comentado. Eso es posible: ignorar al crítico y a la crítica como si fueran irrelevantes es una vieja estrategia usual de quienes quieren mantener el estatus quo.

Y la tercera, es que nadie o casi nadie lo leyó.  Esta es la que verdaderamente me inquieta, pues, al tratarse de un tema vital en los hogares de nuestro país, al ser una muestra clara de una colusión en contra de los intereses de los consumidores, que somos la mayoría de los costarricenses, podría indicarnos un desinterés de parte de la ciudadanía, hecho que tan sólo da campo a que la explotación verdadera pueda permanecer impune, que quede imperecedera y que continúe el grave daño que se ocasiona a la mayoría de los ciudadanos, en beneficio de unos relativamente pocos.
Dicho esto, lo que más me ha llamado la atención es la ausencia de una pregunta esencial ante mi comentario, cual es que definiera mi posible solución al problema que significa la actual estructura de los colegios profesionales en el país. Tal pregunta devendría de una aceptación o cuasi-aceptación de que el problema expuesto es real y que no es resultado de la imaginación de la mente de alguien.

Es cierto que cuando uno encara un problema, no es necesario que brinde sus soluciones: el hecho de demostrar la existencia de tal contrariedad permite a las mentes buscar posibles formas de resolverlo y, tal vez, hasta de evolucionar y encontrar un problema ulterior por resolver. A veces hay cosas sumamente complejas; en otras ocasiones se le pide a uno que cuál es la solución que brinda, cuando, en verdad, buscarla tal vez le corresponda más apropiadamente a ser brindada por un tercero, como cuando este posee mayor o mejor información.  Pero esta última estrategia ante el postulante se suele hacer para demeritar el análisis por “incompleto”, e ignorando el posible aporte del que ha señalado cierto conocimiento de un problema mas no de la solución.
Por eso quiero fijar mi posición, brindando algunas sugerencia que podrían evitar el daño que señalé en mi comentario anterior provocado por el cartel que lo son los colegios profesionales del país. Esto lo logra mediante una restricción de la oferta de servicios en el mercado, de manera tal que permite lograr precios más elevados que los que se determinarían en el mercado, así como también por la ausencia de una competencia real que permita a los consumidores beneficiarse de ella, al igual que logran entronizar, por medio de regulaciones arbitrarias, políticas de precios que claramente perjudican al consumidor, como lo es el precio mínimo a que se pretende obligar a pagar a los consumidores en el caso reciente expuesto del Colegio de Médicos de Costa Rica, que prohíbe a sus asociados cobrar menos para que no se rompa el cartel.
Mi posición general es a favor de la existencia de los colegios profesionales -¡calma, ya diré de qué forma!- y se basa en un principio esencial que acepto como parte del derecho humano a la libre asociación.  Al respecto es bien clara la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, acerca de la legitimidad de que el ser humano, por su propia naturaleza, es libre de asociarse, obviamente sin que dicha asociación tenga como objetivo el daño a terceros. Dicha declaración, promulgada en el seno de las Naciones Unidas en 1948, dice así en lo pertinente: “Artículo 20: Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.”
Claramente uno tiene el derecho, por ejemplo, de formar parte de partidos políticos, asociaciones comunales, clubes, agrupaciones sindicales, cámaras, sindicatos y similares, pero no de organizarse en pandillas, lo cual más bien consistiría un delito, dado que su fin último es dañar a otras personas. Mientras que en los primeros casos las personas se agrupan para lograr fines comunes, deseables, pacíficos, la libertad de asociación no es para que conformen pandillas o mafias que buscan dañar deliberadamente a terceros. Piense, por ejemplo, la clase de mundo en que viviríamos si un tirano declarara una prohibición para que las personas puedan asociarse en partidos políticos o que denegara el derecho a los individuos de formar asociaciones.
Y es obvio, como dice la segunda parte de dicho artículo 20 de la Declaración de los Derechos del Hombre, que su pertenencia en dichas asociaciones es voluntaria y no obligatoria. Nadie nos puede obligar a formar parte de un partido político o de una iglesia de una denominación específica o de una asociación para el ejercicio de la caridad, como la masonería. Deben ser actos libres de las persona y la imposición, la obligatoriedad, de pertenecer a una agrupación determinada es contraria a ese principio de libertad esencial.
Por tales razones no veo nada anormal en que un grupo de profesionales pueda crear una asociación que agrupe a individuos que poseen cierta característica en común y que no buscan, como un objetivo, dañar a otras personas. Por el contrario, es una virtud que puedan unir esfuerzos en asuntos que una sociedad considera como positivos y convenientes. Y que, por supuesto, dicha asociación no sea producto de compulsión –las juventudes nazis, por ejemplo, en la época trágica de Alemania o ciertos sindicatos en algunos países, afortunadamente no aquí, en donde un obrero para trabajar en una fábrica se ve obligado a afiliarse a un sindicato. Es por ello que, en lo particular, creo en la existencia de colegios profesionales que puedan promover los intereses de los agremiados, en donde la asociación sea voluntaria y en donde no se persigan objetivos que dañan a la comunidad en general (terceros).
Me opongo, eso sí, a los actuales colegios profesionales en el país porque, tal como están organizados, realizan prácticas que dañan a la colectividad de no-miembros, en donde, además, se exige la pertenencia en dicho colegio a profesionales a fin de que puedan trabajar para vivir como personas libres. Tal como lo señala el inciso 1 del artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos antes mencionada, “toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.”
¿Cómo logramos resolver los problemas ocasionados en nuestro país por el actual sistema de colegios profesionales?  Estos, tal como están hoy, gozan de una autorización exclusiva, monopólica, del estado, que impiden una competencia deseable.  En mi opinión, propondría legislación para acabar con dicho monopolio, de manera tal que se permita (que no se impida) que puedan existir tantos colegios profesionales como las personas asociadas puedan requerirlo. Dicha propuesta no sería que tan sólo exista en la sociedad una misma cantidad de colegios como hay de profesiones distintas, sino que haya posibilidad para la existencia de diversos colegios profesionales de una misma rama profesional.
Por ejemplo, debería existir la libertad para que un grupo de profesionales -sugiero un mínimo de 20, porque me parece tal número, pero no es algo mágico- se pueda juntar libremente y formar un colegio de una rama profesional, de forma que compita con otros colegios de su misma profesión igualmente constituido.  Por ejemplo, que en lugar de un único Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica, puedan existir otros colegios, como ejemplos serían Colegio de Abogados y Abogadas (para estar a la moda en la lexicología hoy de moda) de San José, de Heredia, de Alajuela, etcétera, o bien el Colegio Libre de Abogados y Abogadas, o un Colegio de Abogados y Abogadas “José María Castro Madriz” o “Ricardo Jiménez Oreamuno” o qué sé yo… Como un jardín con muchas flores…
¿Qué tal un Colegio de Economistas y Economistos Socialistas, o Liberales, o de Cartago, o de la República o del Reino, etcétera? Que haya diversidad de agrupaciones profesionales que compitan entre sí y que busquen el logro de intereses legítimamente aceptados en el país, sin restricción alguna que limite su existencia, excepto estar constituidos por aquel grupo mínimos de 20 profesionales. Y ellos que se organicen como puedan a lo interno.
Sé que de inmediato me dirán: “Hasta delincuentes podrían organizar un Colegio de Abogados y Abogadas de cualquier cosa o, tal vez peor, que un grupo de brujos, hechiceros y curanderos monten su propio Colegio de Médicos y Médicas”. 
Aquí surge un tema muy importante: en particular ¿cómo hace el consumidor para saber que el profesional que lo dice ser, en realidad lo es y que no se trata de un embustero? Creo que tal certificación o prueba la debe exigir quien contrata o adquiere sus servicios.  Por ejemplo, al ser la Caja Costarricense del Seguro Social el demandante de los servicios de profesionales de la Medicina, que esta pueda verificar que no está contratando a un nigromante o a un adivino y sí a un médico. Esa exigencia la puede instaurar el demandante (la Caja) y sin duda que el prestigio, la reputación, de cada una de las asociaciones médicas que conceptualmente propongo, serviría para colar a los verdaderos profesionales de los falsos.  Lo mismo puede hacerlo el consumidor directo, al poder verificar la asociación que le muestra el profesional que le ofrece el servicio e incluso aquí el poder del prestigio, la reputación y el buen nombre del colegio respectivo jugarían un papel esencial.  Esto exigiría también al consumidor ser responsable de sus propias acciones y decisiones: que sepa que puede estar escogiendo a un brujo para resolver un problema de salud, en vez de un profesional médico preparado para ello y exigir la prueba de la probidad profesional y de la membresía de él, que incluso sería básico para cualquier eventual litigio por mala praxis ante un engaño o un daño ocasionado.
Lo importante de tener gremios profesionales que compiten entre sí, es que no podrían restringir artificialmente la competencia deseable de gente preparada para el ejercicio de una profesión, incluso impidiendo que se tomen medidas en las universidades en donde el objetivo real es producir una menor cantidad de profesionales que oferten en el mercado.  Porque hoy si, por ejemplo, resucitaran Sócrates o Adam Smith o Carlos Marx, no podrían ni ejercer en sus profesiones ni trabajar en las universidades por carecer de un título o bien por no ser miembros del colegio correspondiente.

La propuesta es sólo una idea, que sin duda puede ser mejorada o desechada si es que no sirve, pero no debemos continuar con un sistema monopolístico que tanto daño causa a los consumidores por la falta de competencia.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 27 de junio de 2016

Tema Polémico: Cuotificación de la vida

En días pasados la Diputa Epsy Campbell propuso establecer cuotas a favor de egresados de Colegios Públicos para la admisión a la Universidad de Costa Rica. Días después Patricia Mora sugirió cuotas para los pueblos indígenas en los puestos de Diputados. Por último la misma diputada Campbell planteó la idea de obligar realizar nombramientos paritarios entre hombres y mujeres en puestos del Poder Ejecutivo.

Todas estas propuestas no hacen más que reflejar nuestra patología estadista. No negamos, que sin duda alguna existen grupos en la sociedad que históricamente han sido marginados, incluso a nivel legal. Pero ello no significa que la solución a dichas injusticias históricas sea restringir espacios de libertad y elección a las personas, y perpetuar otras injusticias presentes sobre personas que no han sido responsables de los deslices y malas prácticas pasadas.


Las sociedades libres deben progresar realmente hacia la igualdad, tolerancia y diversidad desde los planos sociológicos y culturales, no políticos y legales. La verdadera inclusión es libre, la otra no es más que un triste maquillaje. Precisamente, en estas batallas los liberales tenemos mucho que aportar, toda vez que somos de las pocas ideologías que se preocupan por una defensa intrínseca del individuo, sin importar su origen, clase, género, nacionalidad, preferencia sexual, raza, etc. Debemos todos contribuir a construir sociedades abiertas, pero ellas se construyen desde la praxis y no desde la ley.

lunes, 20 de junio de 2016

Tema Polémico: El Capitalismo y la Conciencia Social


Muchas personas erróneamente tienden a asociar el Socialismo con la conciencia social, por lo tanto, se dice que todas las personas que son más afines al Capitalismo carecen de este conocimiento o virtud. El Capitalismo es un sistema económico que alcanza un alto grado de actividad productiva por medio de capital privado. En este sistema, las personas intercambian bienes y servicios satisfaciendo de esta manera sus necesidades individuales y esto trae como resultado un beneficio generalizado de la sociedad. Este hecho de que cada individuo genere riqueza basado en un interés individual no quiere decir de ninguna manera que propicie una inexistencia de conciencia social. 

Podemos entender conciencia social como un conocimiento del bien y el mal. La conciencia social en las personas genera un deseo de que todos los seres su alrededor tengan sus necesidades básicas cubiertas y tengan la capacidad para lograr auto realizarse ¿Y por qué este conocimiento no puede existir en un sistema capitalista?

Es irónico pensar de esta manera pues los mismos hechos históricos contradicen esta aseveración. Desde que inició el movimiento capitalista en el mundo más personas han podido salir de la pobreza que en cualquier otro momento en la historia. Además, gracias al Capitalismo y su incentivo a la generación de nuevas tecnologías se originan constantemente formas de producción más eficientes de modo que se satisfagan las necesidades de cada vez más individuos. Desde un punto de vista de conciencia social se podría decir con toda certeza que el Capitalismo ha dado mejores resultados que otros sistemas. 

Los críticos del Capitalimso dicen que el problema es que con este sistema se genera un afán de lucro y es antagónico con la conciencia social ¿Por qué? ¿Adónde está el fundamento de esta aseveración? Todas las personas tienen afán de lucro en algún grado y esto no quiere decir que sean incapaces de ayudar al prójimo. En un sistema basado en el mercado, las personas adquieren capital en libertad y con la misma libertad pueden usar su capital privado  y su tiempo de la manera que mejor les parezca y puede ser en mejoramiento de la calidad de vida de otras personas y/o del medio ambiente. Inclusive, voluntariamente y sin violar las libertades de otros, grupos de personas constantemente se ponen de acuerdo y forman organizaciones privadas con objetivos claros de ayuda social, en mejoramiento del medio ambiente, etc. Todo esto sucede en sistemas capitalistas. 

La conciencia social nace del individuo y es este el que debe ponerla en práctica.  Lo que no se vale es que un grupo de personas le arrebaten la propiedad a unos a para dársela a otros supuestamente con un carácter de ayuda social. Este tipo de acciones, características de sistemas Socialistas,  lo único que generan es que no se genere riqueza y, por lo tanto, se propicia la pobreza en forma generalizada.