martes, 11 de marzo de 2008

El voto y el comportamiento electoral: tres perspectivas de análisis


De acuerdo con Bobbio, el comportamiento electoral es el proceso de formación y de manifestación de las preferencias individuales respecto de la oferta electoral. En el análisis del comportamiento electoral intervienen factores que definen las preferencias de los individuos a la hora de manifestarse electoralmente, es decir, desde el preciso momento de pensar cuál será su candidato y hasta el momento en que llega a las urnas y lo expresa en una papeleta válida. Entre esos factores pueden destacarse la clase económica, la tradición histórica, la ideología, la religión, las diferencias étnicas o raciales, el lugar de residencia y los intereses particulares que tengan con respecto al triunfo o derrota de un partido político específico, entre otros.

Un ejemplo para ilustrar lo anterior puede ser el siguiente: un elector que toda su vida a votado por el partido A, ya sea porque cree fielmente en la ideología de ese partido (afiliación ideológica) o porque su familia a votado siempre por esa agrupación política (tradición) de repente se encuentra en una encrucijada porque el partido B, el oponente por histórico de A, le ofrece muchísimas ventajas económicas, por ejemplo, un alto puesto con un buen salario y con bonificaciones extra. Si a lo anterior le sumamos que el elector pasa en ese momento por una crisis económica producto de la falta de trabajo, entonces se encontrará en una encrucijada aún mayor. Puede ser que siga fiel al partido A porque siempre ha votado por este, puede ser que vote por el B para obtener el trabajo, puede ser que se abstenga de votar el día de las elecciones, o lo haga por el partido C, D o E, etc. Lo anterior revela que la causalidad del voto no es unilineal, sino que muchos factores intervienen en la decisión y que es posible que ninguno de ellos esté por encima de los demás.

Este suceso puede verse desde tres ópticas. En primer lugar, si lo vemos desde la perspectiva del elector racional, el votante haría un cálculo racional de sus intereses, en el sentido de maximizar utilidades, por lo que votaría por B pues ese partido le va a dar el trabajo y si su interés es salir de la crisis económica o escalar posiciones socioeconómicas, lo puede lograr con ese sueldo. La preferencia del individuo, en este caso, está determinada por su interés individual y la búsqueda de su beneficio personal.

Segundo, si cambiamos la lente racional y utilizamos la institucionalista, el mismo elector podría inclinarse por continuar votando por el partido A, pues toda su familia ha votado por él siempre, razón por la cual se puede decir que la tradición está institucionalizada. Es una institución porque, de acuerdo con Peters, es una estructura informal, en este caso, un conjunto de normas compartidas que trasciende al individuo y hace de su interacción algo predecible, que tiene cierta estabilidad a través del tiempo, que afecta su comportamiento individual y que lo restringe (no vota por el partido B, C o D) e involucra ciertos valores compartidos.

En tercer lugar tenemos la opción de la teoría del discurso: en este caso, el ejemplo de nuestro votante sería inteligible sólo dentro del contexto político, socioeconómico, cultural e histórico específico. Así, nuestro votante podría estar motivado a elegir en virtud de condiciones específicas que sólo él conoce, como por ejemplo, las razones que ha tenido su familia para votar siempre por el mismo partido. Si este hecho se da en el país T, un observador que provenga del país X posiblemente no comprendería cómo el votante, sin trabajo y en plena crisis económica, desaprovecha una oportunidad como la que le ofrece el partido B y se inclina por el que tradicionalmente ha sido de su predilección. No lo comprendería porque quizá tal caso sea inoperante en su país, puesto que tal vez venga de uno donde la cultura política de sus ciudadanos hace que estos elijan a sus gobernantes en función de las propuestas o de las ideologías o sistemas de ideas que tenga.

Para concluir, los tres enfoques analíticos brindan una explicación distinta pero igualmente válida, haciendo que el mismo fenómeno pueda ser explicado, comprendido y estudiado a partir de cualquiera de las anteriores corrientes académicas, pues metodológicamente hablando son válidas para la ciencia política, para el estudio del poder. Ahora bien, de igual manera son válidas para aplicar al tema del abstencionismo. Para el votante que utilice el método racional, no votar resulta un mecanismo idóneo para maximizar sus intereses y ello implica un proceso de decisión a partir de un valor subjetivo: es más valioso para él quedarse en casa, ir a trabajar o hacer cualquier otra cosa que dedicar tiempo para votar. Para el enfoque institucionalista, sin embargo, es un poco más complicado dar cuenta del fenómeno abstencionista, toda vez que la elección libre y democrática se ha consolidado como institución de todo régimen democrático, por lo que la irrupción del elemento abstencionista viene más bien a resquebrajarla. Ahora bien, en tanto el abstencionismo se convierta en una constante de los procesos electorales, es posible considerarlo como una institución, pero ello llevaría muchos años hasta que sea un elemento consolidado y trascienda al votante del ejemplo en términos temporales. Respecto a la teoría del discurso, no habría ningún cambio epistemológico, puesto que si la acción es inteligible sólo dentro del contexto político, socioeconómico, cultural e histórico determinado, da igual entonces que el elector vote o no, pues sus motivaciones serían muy específicas y sólo él podría conocerlas.


Alejandro Barrantes Requeno

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No entiendo cual es la diferencia entre el segundo y tercer enfoques:

2- "el mismo elector podría inclinarse por continuar votando por el partido A, pues toda su familia ha votado por él siempre, razón por la cual se puede decir que la tradición está institucionalizada"

3-"Así, nuestro votante podría estar motivado a elegir en virtud de condiciones específicas que sólo él conoce, como por ejemplo, las razones que ha tenido su familia para votar siempre por el mismo partido."

Como que el ejemplito se le complicó. En ambos casos se sigue la tradición familiar, pero en el 3 se hace por "las razones que ha tenido su familia".

En todo caso, la teoría del discurso abarcaría las otra dos, o no?

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el punto anterior. Sería bueno aclarar cuál es la diferencia entre el segundo y tercer enfoque. Y además, si se ve de manera general, la decisión de votar o no votar, sea por convencimiento ideológico, tradición familiar e intereses o motivaciones personales son parte de una misma cuestión: al fin y al cabo el individuo es quién determina y decide por quién vota, independientemente de si su criterio, preparación académica o nivel intelectual es considerado adecuado o inadecuado para este tipo de actos. Considero que el referendum del TLC fue un claro ejemplo de esto.

Pd. con motivaciones personales me refiero a las opiniones o actitudes de los electores como por ejemplo votar por un candidato por su atractivo físico, o no votar por alguien porque cae mal, es decir, muchas cuestiones que pueden ser consideradas banales o intrascendentes pero que juegan un papel importante en el criterio de los electores para elegir un candidato.
Con respecto a los intereses, es tener un objetivo específico beneficio concreto por votar por X partido político: trabajo, plaza de propiedad como docente, puesto en alguna institución.

La ASOJOD dijo...

Interesado:

El enfoque institucionalista y el de teoría del discurso no son iguales. La gran diferencia es que en el institucionalismo, la heurística (camino corto para la elección)consiste en votar por "A" porque siempre se ha hecho así; ojo que no hay otra razón para votar por "A" que la simple tradición (es así para todos los votantes de cualquier lugar y momento que se inclinan por esta heurística). La teoría del discurso, por su parte, explica es que la decisión de votar por "A" sólo es intelegible en un marco sociocultural, político y económico muy específico, de modo que según este enfoque no es posible encontrar razones objetivas sino que sólo cada persona sabe por qué vota por "A".

Rodman:

Por supuesto que el voto es una decisión individual. Lo que estas tres teorías buscan es plantear un camino analítico para identificar los patrones comunes que siguen los individuos a la hora de elegir. Sin embargo, hay muchos factores que influyen en la elección y politológicamente hablando, destacan el nivel educativo, la zona geográfica, la edad, la clase social, preferencias, valores, ideas, gustos, etc.

No obstante, cuando usted habla de atractivo físico o aprecio, está haciendo referencia a más heurísticas que, como tales, escapan del análisis teórico pues son caminos cortos que sólo el elector sabe por qué elige.

Alejandro
ASOJOD

José Cardona dijo...

"En este blog no alimentamos trolls (excepto a Ivan y, ocasionalmente, a Terox)"

jajaja

Interesado dijo...

Pero entonces de qué sirven esos cacareados enfoques?

Es como decir:

"La gente vota por tres razones: interés, tradición y todo lo demás"

Además, cada votante está influenciado por todos esos factores, algunos más que otros. Es más, a priori, estoy casi seguro que el más fuerte es el interés, lo que pasa es que muy pocos votantes se pueden ver beneficiados DIRECTAMENTE por el triunfo de un candidato...

Maes, quitaron los anónimos? Cuál es el miedo?

La ASOJOD dijo...

Interesado: lo de los anónimos fue una "metida de patas" mía que ya corregí. Es que estaba probando algo y se me olvidó activarlo.

Luego, respecto a los enfoques, como le respondía Rodman, son enfoques que buscan dar pistas sobre las razones generales por las que se toma una decisión electoral, pero de ningún modo pretender determinar las razones específicas.

Sin embargo, cuidado con la afirmación de que muy pocos se pueden beneficiar directamente por el triunfo de un candidato, pues con el triunfo hay todo un premio psicológico para los que votan a ganar.

Alejandro
ASOJOD